sábado, 11 de junio de 2022

Homilía de la Santísima Trinidad 2022

 

Domingo de la Santísima Trinidad

12 de junio de 2021, Ciclo C

 


            Hoy celebramos a la Santísima Trinidad, que es el misterio de Dios, y el hombre tiene una cierta capacidad de conocer a Dios. Podemos deducir, a través de las obras, de las criaturas de las que estamos rodeados, la existencia de un creador. El hombre tiene una capacidad natural de conocer a Dios. Pero una cosa es conocer la existencia de un ser supremo, infinito, fuente de la creación y origen del mundo; y otra cosa distinta es conocerle en su interioridad, conocerle en su intimidad, el ¿cómo es Dios? Y claro está, el definir el cómo es Dios supera nuestra capacidad natural de conocimiento de Dios, y requiere de la misericordia de Dios el revelarse, y esto es la revelación.

            En la revelación hemos conocido que Dios es el amante, al amado y el amor. Dios Padre el amante; Dios Hijo el amado y Dios Espíritu Santo el amor. Y además, afirmamos que hemos sido creados a su imagen y semejanza; por eso nos importa mucho conocer cómo es Dios, conocer su intimidad, pues dado que hemos sido creados a su imagen y semejanza, difícilmente nos entenderemos a nosotros mismos sin conocer a Dios. Es como una persona que no ha podido conocer a sus padres y quisiera poder conocerlos, porque se da cuenta de que si no ha conocido a sus padres, él no llega a conocerse a sí mismo; su propia personalidad permanece oculta porque si no conozco a mis progenitores, yo mismo no termino de entenderme. Porque de nuestros padres hemos recibido una gran heredad espiritual, no sólo un parecido físico. Por eso aplicando este ejemplo a lo que es nuestra relación con Dios, nosotros queremos conocer a nuestro Padre que es Dios, el cual nos ha hecho a su imagen y semejanza. Y si no le conocemos, nosotros no terminaremos de conocernos porque Él ha puesto su sello en nosotros.

Y ese sello que Dios ha puesto en nosotros tiene una característica muy especial, porque Dios no es un ser solitario, ni un ser aislado ni individual. Dios es un ser comunitario, es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo: es comunión de amor. Y esto que pertenece a la esencia de Dios está marcado, como un sello, en nosotros. El hombre tiene una vocación a la comunión de amor. Y es paradójico observar que en la medida que en nuestra cultura se ha secularizado, precisamente una de las consecuencias de esa secularización ha sido el perder ese sentido comunitario que tenemos. El hombre secularizado se ha aislado y vive mucho más aislado que el hombre religioso. Más aislado de la propia familia, es una familia menos extensa, es más nuclear, tiene menos relaciones familiares; más aislado de la propia Iglesia, el hombre tiene una religiosidad en la que la vida de Iglesia no le identifica; más aislado de la sociedad, donde las relaciones sociales son mínimas y cada uno vive aislado en pequeña burbuja. El hombre secularizado tiende a aislarse porque al alejarse de Dios va perdiendo la huella que Dios ha inscrito en nosotros a vivir en comunión, a ser imagen y semejanza del Dios que es comunión. Vivir menos en familia, vivir menos en Iglesia, vivir menos en sociedad es fruto de la secularización. Dios no ha querido que seamos autosuficientes, no nos ha hecho autosuficientes; nos ha hecho seres en comunión, con una misteriosa relación entre nosotros, muy superior a la que podemos percibir visualmente.

jueves, 14 de abril de 2022

Homilía del Jueves Santo 2022

 


Jueves Santo 2022

            Hoy es Jueves Santo. Nosotros los cristianos tenemos una dificultad que debemos de superar: Estamos acostumbrados a ver las cosas ya sea desde la barrera hasta las gradas más altas, pero evitamos el ruedo, es decir, donde se cuecen los acontecimientos fundamentales, donde los toros salen bravíos por la puerta de los toriles. Luego ¿qué es la Semana Santa para aquellos que la viven desde la barrera hasta las gradas más altas?, no será de ser más que un momento de encuentro emotivo ante los pasos procesionales, un asistir a los cultos y un reunirse con los familiares durante estos días. Y yo os lanzo una cuestión: Esto que estamos celebrando, que es la muerte y resurrección de Cristo, que es lo más importante de nuestra fe y en dónde se juega toda nuestra salvación ¿genera en mí un dinamismo de conversión, de tener sed del Dios vivo, de romper con mis planes para seguir los planes que Dios tiene para mí? Aparte de lo emotivo que puedan tener estos días ¿sientes que Cristo te llama a que entregues toda tu vida por amor a tus hermanos? ¿Te das cuenta si de algún modo Cristo tiene algún tipo de influencia en tu vida? ¿Estás satisfecho con tu vida, con tu familia, con tu trabajo, con tus relaciones personales, familiares, laborales, sociales y eclesiales? Porque si te encuentras satisfecho de lo que eras y de cómo vives es porque aún no te has planteado ni la posibilidad de iniciar un proceso de conversión y te encontrarás muy cómodo en las gradas más altas de esa plaza taurina. Pero te recuerdo, que tu salvación está en juego.

            Pero si optas por estar en el ruedo, donde se cuece estos acontecimientos salvíficos de Jesucristo, todo va cambiando. Nos sucederá como esos pasatiempos de los periódicos donde nos retan a que encontremos las siete diferencias entre dos dibujos muy semejantes o que nos plantean que descubramos los errores en las imágenes para superar los acertijos/retos visuales. Al estar al lado de Cristo, Cristo te pone en la verdad para que descubras cómo tu pecado te está condicionando/perjudicando en todas las facetas de tu vida y tú ni te has percatado de ello, porque el Demonio te ha domesticado con sus constantes mentiras. Por ejemplo, durante esta cuaresma ¿qué grado de generosidad has tenido a la hora de dar limosnas, a la hora ayunar y de hacer oración –sobre todo por tus enemigos? Esta cuaresma ¿te ha servido para amar de corazón a tu esposo o esposa, perdonándole aunque sepas de antemano que la otra persona no tiene la razón? ¿O te has estado moviendo esta cuaresma en un ambiente de confort, de comodidad, sin complicarte la existencia? Porque si has estado viviendo durante estos cuarenta días sin complicarte la vida, se podría entender que ni te planteases estar ahora mismo en el ruedo de la plaza taurina.

            Hoy Cristo nos regala tres dones, totalmente necesarios para nosotros, la institución del Orden Sacerdotal, la institución de la Eucaristía y el mandamiento del Amor fraterno. Y si has vivido estos cuarenta días de preparación para la Pascua con intensidad te estarás dando cuenta que tienes a Jesucristo como tu principal aliado contra tu propio pecado, y que amando sin reservas a los demás es como descubrirás la Vida que sólo Dios te puede conceder.

 

14 de abril de 2022