sábado, 13 de agosto de 2022
sábado, 9 de julio de 2022
Homilía del Domingo XV del Tiempo Ordinario, ciclo C
Domingo XV del Tiempo Ordinario, ciclo C
sábado, 25 de junio de 2022
Homilía del Domingo XIII del Tiempo Ordinario, Ciclo C
sábado, 11 de junio de 2022
Homilía de la Santísima Trinidad 2022
Domingo de la Santísima Trinidad
12
de junio de 2021, Ciclo C
Hoy celebramos a la Santísima
Trinidad, que es el misterio de Dios, y el hombre tiene una cierta capacidad de
conocer a Dios. Podemos deducir, a través de las obras, de las criaturas de las
que estamos rodeados, la existencia de un creador. El hombre tiene una
capacidad natural de conocer a Dios. Pero una cosa es conocer la existencia de
un ser supremo, infinito, fuente de la creación y origen del mundo; y otra cosa
distinta es conocerle en su interioridad, conocerle en su intimidad, el ¿cómo
es Dios? Y claro está, el definir el cómo es Dios supera nuestra capacidad
natural de conocimiento de Dios, y requiere de la misericordia de Dios el
revelarse, y esto es la revelación.
En la revelación hemos conocido que
Dios es el amante, al amado y el amor. Dios Padre el amante; Dios Hijo el amado
y Dios Espíritu Santo el amor. Y además, afirmamos que hemos sido creados a su
imagen y semejanza; por eso nos importa mucho conocer cómo es Dios, conocer su
intimidad, pues dado que hemos sido creados a su imagen y semejanza,
difícilmente nos entenderemos a nosotros mismos sin conocer a Dios. Es como una
persona que no ha podido conocer a sus padres y quisiera poder conocerlos,
porque se da cuenta de que si no ha conocido a sus padres, él no llega a
conocerse a sí mismo; su propia personalidad permanece oculta porque si no
conozco a mis progenitores, yo mismo no termino de entenderme. Porque de
nuestros padres hemos recibido una gran heredad espiritual, no sólo un parecido
físico. Por eso aplicando este ejemplo a lo que es nuestra relación con Dios,
nosotros queremos conocer a nuestro Padre que es Dios, el cual nos ha hecho a
su imagen y semejanza. Y si no le conocemos, nosotros no terminaremos de
conocernos porque Él ha puesto su sello en nosotros.
Y ese sello que Dios ha puesto en nosotros tiene una
característica muy especial, porque Dios no es un ser solitario, ni un ser
aislado ni individual. Dios es un ser comunitario, es Padre, es Hijo y es
Espíritu Santo: es comunión de amor. Y esto que pertenece a la esencia de Dios
está marcado, como un sello, en nosotros. El hombre tiene una vocación a la
comunión de amor. Y es paradójico observar que en la medida que en nuestra
cultura se ha secularizado, precisamente una de las consecuencias de esa
secularización ha sido el perder ese sentido comunitario que tenemos. El hombre
secularizado se ha aislado y vive mucho más aislado que el hombre religioso.
Más aislado de la propia familia, es una familia menos extensa, es más nuclear,
tiene menos relaciones familiares; más aislado de la propia Iglesia, el hombre
tiene una religiosidad en la que la vida de Iglesia no le identifica; más
aislado de la sociedad, donde las relaciones sociales son mínimas y cada uno
vive aislado en pequeña burbuja. El hombre secularizado tiende a aislarse
porque al alejarse de Dios va perdiendo la huella que Dios ha inscrito en
nosotros a vivir en comunión, a ser imagen y semejanza del Dios que es
comunión. Vivir menos en familia, vivir menos en Iglesia, vivir menos en
sociedad es fruto de la secularización. Dios no ha querido que seamos
autosuficientes, no nos ha hecho autosuficientes; nos ha hecho seres en
comunión, con una misteriosa relación entre nosotros, muy superior a la que
podemos percibir visualmente.
sábado, 21 de mayo de 2022
Homilía del Domingo VI del Tiempo Pascual, Ciclo C
sábado, 14 de mayo de 2022
Homilía del Domingo V del tiempo de Pascua, ciclo C [Jn 13,31-33a.34-35]
Domingo 5º de Pascua, ciclo C
domingo, 8 de mayo de 2022
Homilía del Cuarto Domingo de Pascua, ciclo C
Domingo IV del tiempo Pascual
jueves, 14 de abril de 2022
Homilía del Jueves Santo 2022
Hoy es Jueves Santo. Nosotros los
cristianos tenemos una dificultad que debemos de superar: Estamos acostumbrados
a ver las cosas ya sea desde la barrera hasta las gradas más altas, pero evitamos el ruedo, es decir, donde
se cuecen los acontecimientos fundamentales, donde los toros salen bravíos por la
puerta de los toriles. Luego ¿qué es la Semana Santa para aquellos que la viven
desde la barrera hasta las gradas más altas?, no será de ser más que un momento
de encuentro emotivo ante los pasos procesionales, un asistir a los cultos y un
reunirse con los familiares durante estos días. Y yo os lanzo una cuestión:
Esto que estamos celebrando, que es la muerte y resurrección de Cristo, que es
lo más importante de nuestra fe y en dónde se juega toda nuestra salvación
¿genera en mí un dinamismo de conversión, de tener sed del Dios vivo, de romper
con mis planes para seguir los planes que Dios tiene para mí? Aparte de lo
emotivo que puedan tener estos días ¿sientes que Cristo te llama a que entregues
toda tu vida por amor a tus hermanos? ¿Te das cuenta si de algún modo Cristo
tiene algún tipo de influencia en tu vida? ¿Estás satisfecho con tu vida, con
tu familia, con tu trabajo, con tus relaciones personales, familiares, laborales,
sociales y eclesiales? Porque si te encuentras satisfecho de lo que eras y de
cómo vives es porque aún no te has planteado ni la posibilidad de iniciar un
proceso de conversión y te encontrarás muy cómodo en las gradas más altas de
esa plaza taurina. Pero te recuerdo, que tu salvación está en juego.
Pero
si optas por estar en el ruedo, donde se cuece estos acontecimientos
salvíficos de Jesucristo, todo va cambiando. Nos sucederá como esos pasatiempos
de los periódicos donde nos retan a que encontremos las siete diferencias entre
dos dibujos muy semejantes o que nos plantean que descubramos los errores en
las imágenes para superar los acertijos/retos visuales. Al estar al lado de
Cristo, Cristo te pone en la verdad
para que descubras cómo tu pecado te está condicionando/perjudicando en todas
las facetas de tu vida y tú ni te has percatado de ello, porque el Demonio te
ha domesticado con sus constantes mentiras. Por ejemplo, durante esta cuaresma ¿qué
grado de generosidad has tenido a la hora de dar limosnas, a la hora ayunar y
de hacer oración –sobre todo por tus enemigos? Esta cuaresma ¿te ha servido
para amar de corazón a tu esposo o esposa, perdonándole aunque sepas de
antemano que la otra persona no tiene la razón? ¿O te has estado moviendo esta
cuaresma en un ambiente de confort, de comodidad, sin complicarte la
existencia? Porque si has estado viviendo durante estos cuarenta días sin
complicarte la vida, se podría entender que ni te planteases estar ahora mismo
en el ruedo de la plaza taurina.
Hoy Cristo nos regala tres dones,
totalmente necesarios para nosotros, la institución del Orden Sacerdotal, la institución
de la Eucaristía y el mandamiento del Amor fraterno. Y si has vivido estos
cuarenta días de preparación para la Pascua con intensidad te estarás dando
cuenta que tienes a Jesucristo como tu principal aliado contra tu propio
pecado, y que amando sin reservas a los demás es como descubrirás la Vida que
sólo Dios te puede conceder.
14 de abril de 2022





