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miércoles, 25 de marzo de 2026

La aconfesionalidad bien entendida no exige amputar la memoria de España

 

La aconfesionalidad bien entendida

no exige amputar la memoria de España

La aconfesionalidad no exige una España sin memoria

Conviene empezar por una precisión que hoy se omite con demasiada ligereza: la aconfesionalidad del Estado no significa la amnesia religiosa de la sociedad, ni la desecación cultural del espacio público, ni la obligación de tratar a España como si fuera un solar vacío sobre el que cada generación pudiera empezar de cero. La Constitución no dice eso. Lo que establece es que ninguna confesión tendrá carácter estatal y, al mismo tiempo, que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y cooperarán con la Iglesia católica y con las demás confesiones. La aconfesionalidad española no equivale, por tanto, a hostilidad frente al hecho religioso, sino a neutralidad institucional unida al reconocimiento de una realidad social e histórica que no puede fingirse inexistente.

La Semana Santa como patrimonio vivo de la nación

España no es un laboratorio abstracto. Es una comunidad histórica concreta, con una continuidad cultural, jurídica y espiritual reconocible. Y dentro de esa continuidad, la Semana Santa no comparece como una simple actividad más entre otras posibles ocupaciones de la calle. Forma parte de un patrimonio vivo que ha modelado durante siglos el calendario, el arte, el lenguaje, la sensibilidad moral y la misma imaginación colectiva de nuestro pueblo. En ella se entrelazan fe, memoria, vínculos comunitarios, belleza, penitencia, duelo y esperanza. Reducirla a un uso coyuntural del espacio público es no entender lo que ahí está en juego.

Las raíces cristianas de la cultura política europea

Además, conviene recordar algo que a menudo se pasa por alto con un aire de superioridad histórica bastante apresurado. La cultura política europea no nace de una ruptura limpia con el cristianismo, ni puede explicarse únicamente desde una Ilustración leída como negación de toda herencia religiosa. Europa es también hija de una matriz bíblica y cristiana que ha contribuido de manera decisiva a sedimentar convicciones hoy tenidas por irrenunciables: la dignidad de cada persona, el valor de la conciencia, el límite moral del poder, la responsabilidad hacia el prójimo, la intuición de que la justicia no se deja agotar del todo por la legalidad positiva. Cuando el artículo 10.1 de la Constitución sitúa en la base del orden político la dignidad de la persona, sus derechos inviolables y el libre desarrollo de la personalidad, eso no brota de la nada. Brota de una historia moral larga, compleja y fecunda.

Neutralidad del Estado no es borrado cultural

Por eso resulta empobrecedor presentar la modernidad española como una tarea de vaciamiento simbólico. La aconfesionalidad bien entendida no obliga a descristianizar la vida común para parecer más adulta, más neutral o más europea. Lo que exige es otra cosa: que el Estado no se identifique con una confesión determinada y que garantice a todos el ejercicio de sus derechos. Pero ese deber no autoriza a los poderes públicos a comportarse como si aquello que ha dado forma a la nación fuese un residuo embarazoso que hubiera que tolerar en silencio hasta su disolución. La neutralidad del Estado no puede convertirse en una técnica de borrado cultural. En España, la cooperación con las confesiones no es una anomalía; forma parte del diseño constitucional. Y esa neutralidad, tal como ha sido entendida entre nosotros, no impone indiferencia ante la historia, sino precisamente una forma de equilibrio que evita tanto la confesionalidad estatal como la desmemoria programática.

Libertad religiosa para todos, sin negación de la historia

Llegados aquí, importa hacer una segunda precisión, no menos necesaria. Defender todo esto no implica negar derechos a quienes profesan otras religiones ni a quienes se incorporan a nuestra sociedad desde otros horizontes culturales. La libertad religiosa vale para todos, y vale de verdad. No se reduce a la intimidad de la conciencia ni queda encerrada en el ámbito doméstico. Comprende también, dentro de la ley, formas de expresión comunitaria y pública. Esa afirmación debe sostenerse sin vacilaciones. Pero una cosa es reconocer plenamente ese derecho y otra, muy distinta, exigir que toda tradición religiosa deba recibir idéntico lugar simbólico en el espacio público, con independencia de su arraigo histórico, de su densidad cultural o de la relación efectiva que mantenga con la biografía concreta del país.

Acoger sin desdibujarse: pluralismo y continuidad común

Una sociedad libre puede acoger sin desdibujarse. Puede abrirse sin renunciar a su nombre. La hospitalidad no obliga a la autonegación. El pluralismo tampoco consiste en fingir que todas las tradiciones pesan lo mismo en la configuración histórica de una nación. Consiste, más bien, en hacer posible una convivencia leal entre libertades diversas dentro de un marco común que no ha surgido ayer y que no necesita avergonzarse de sus propias raíces para ser justo. Integrarse en una comunidad política no equivale a diluir la identidad personal, pero tampoco puede significar vivir como si la historia de esa comunidad fuese irrelevante o puramente decorativa.

La libertad pública de la religión no impone tabla rasa

Aquí se juega, en el fondo, la cuestión decisiva. La libertad religiosa, en nuestro ordenamiento, protege también su manifestación pública, con los límites que nacen del orden público y de los derechos ajenos. Eso es indiscutible. Lo que ya no es tan indiscutible es la pretensión de convertir ese reconocimiento en una suerte de tabla rasa simbólica, como si el derecho exigiera ignorar toda diferencia de arraigo entre unas tradiciones y otras. No es así. Garantizar la libertad no obliga a practicar una ficción de indiferencia histórica. Al contrario: una convivencia verdaderamente justa sabe distinguir entre el respeto debido a toda persona y a toda confesión, y el hecho igualmente real de que algunas expresiones religiosas forman parte del patrimonio histórico compartido de una nación de una manera singular y no intercambiable.

La singularidad de la Semana Santa nace de su arraigo histórico

Ahí es donde la Semana Santa reclama ser comprendida con más finura y con menos esquematismo. Su singularidad no deriva de que el Estado deba profesar una fe, ni de que una mayoría sociológica pueda imponerla como norma civil. Deriva de un hecho histórico, cultural y social objetivo: durante siglos, el cristianismo ha contribuido de forma decisiva a configurar el alma visible de España, sus fiestas, sus ciudades, su arte, sus ritmos, su lenguaje y hasta su manera de representar el sufrimiento y la misericordia. Reconocer públicamente esa singularidad no rompe la igualdad de derechos. Lo que rompería la igualdad sería negar derechos a otros. Pero no es lo mismo reconocer un derecho que declarar intercambiables todas las tradiciones con independencia de su lugar en la historia común.

Los derechos no dependen de la reciprocidad internacional

También conviene añadir una precisión que suele estropearse cuando se formula con prisas. La defensa de la libertad religiosa en España no puede depender de la reciprocidad con otros países, porque aquí hablamos de derechos fundamentales personales, no de favores condicionales ni de compensaciones geopolíticas. Si una persona vive entre nosotros, tiene derecho a que su libertad sea respetada conforme al ordenamiento, sin que se le pida responder por lo que hagan regímenes ajenos. Pero de esa verdad no se sigue que Europa deba callar cuando esos mismos derechos son negados a cristianos y a otras minorías religiosas en distintos lugares del mundo. Una civilización coherente protege la libertad en casa y la reclama fuera. No para rebajar aquí la dignidad de nadie, sino para no convertir en retórica vacía los principios que dice defender.

La verdadera cuestión: neutralidad o ceguera histórica

De modo que la cuestión de fondo no es si España debe ser neutral en materia religiosa. Eso ya está resuelto. La cuestión verdadera es si esa neutralidad ha de interpretarse como una forma de ceguera histórica. Y ahí la respuesta debería ser inequívoca. No corresponde al Estado apropiarse de una confesión, pero tampoco le corresponde administrar el olvido de aquello que ha contribuido decisivamente a formar la sociedad a la que sirve. La aconfesionalidad no manda vaciar el espacio público de toda memoria religiosa; manda impedir que el poder político se identifique con una fe determinada y, a la vez, le exige gobernar con conciencia de la realidad histórica del país.

 

Un reconocimiento singular sin privilegio confesional

Por eso la Semana Santa puede y debe recibir un reconocimiento singular. No como privilegio arbitrario, no como resto vergonzante de un pasado que se tolera por rutina, sino como expresión de una continuidad histórica y cultural que sigue viva y que ha dejado una huella objetiva en la vida española. Y por eso mismo, la acogida de nuevas minorías religiosas debe hacerse desde la plena libertad de sus miembros, desde la lealtad al marco constitucional y desde el respeto mutuo dentro de una cultura común que no necesita borrarse para ser hospitalaria.

Sin memoria compartida, la libertad pierde su suelo

Una nación que pierde la conciencia de su propia continuidad no se vuelve más justa; se vuelve más débil, más disponible para la intemperie, más fácil de fragmentar. Y una aconfesionalidad que confundiera neutralidad con desmemoria acabaría dejando sin protección precisamente el suelo histórico y moral sobre el que la libertad llegó a hacerse posible entre nosotros.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Et habitavit in nobis (Jn 1, 14)

 «Et habitavit in nobis» (Jn 1, 14)

(Catecismo Iglesia Católica 456–460)

 


La gran noticia que te saca del “modo supervivencia”

Esto no es un dato:

es un “Dios se ha metido en tu vida”.

La Encarnación no es una pieza decorativa del Credo ni un tema “para una época del año”: es Dios dando un paso hacia ti. Y lo más desconcertante es que lo hace sin esperar a que tú tengas la vida ordenada, el carácter pulido y el corazón impecable (o sea, sin esperar a que seas una versión idealizada de ti mismo). Dios entra en nuestra historia como se entra en una casa donde vive gente real: con barro en el suelo, con platos pendientes y con conversaciones que todavía duelen. Y, si lo piensas bien, eso es un alivio: si Dios no se asusta de tu realidad, tú puedes dejar de vivir escondiéndote de tu propia realidad.

Tres preguntas sencillas lo iluminan todo:

por qué, para qué y cómo.

Para entender este misterio sin enredarte, basta con una ruta muy humana: por qué se hizo hombre (qué estaba pasando en el corazón del mundo), para qué se hizo hombre (qué venía a hacer), y cómo se hizo hombre (de qué manera lo hizo). Son preguntas simples, pero abren puertas grandes, porque no te dejan quedarte en “qué bonito” y te obligan a aterrizarlo en tu vida.

La frase clave es cortita… y te incluye:

“por nosotros”.

La Iglesia lo confiesa así: Cristo se encarnó “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”. Traducido a vida real: Dios no vino a curiosear; vino por nosotros. Esto corta una sospecha silenciosa que muchos llevamos dentro: “sí, Dios existirá… pero conmigo irá a lo suyo”. La Encarnación dice lo contrario: Dios te mira, te busca y te incluye. No eres un extra en la historia.

Donde había abismo,

Dios puso un puente.

Cuando el corazón se endurece, la vida se vuelve triste de formas creativas: poder sin misericordia, placer sin verdad, violencia normalizada, familias rotas, personas que ya ni saben descansar sin escaparse… Y en lugar de responder con un portazo o con un “reinicio”, Dios responde acercándose. Aquí encaja una imagen preciosa: el arcoíris como signo de promesa y misericordia; Cristo como el arcoíris definitivo, el puente vivo entre dos orillas que parecían imposibles de unir: la orilla de Dios y la del pecador. Cuando tú sientes que hay un abismo entre lo que sueñas y lo que eres, Dios no te grita desde lejos “¡salta más fuerte!”. Dios pone el puente… y te dice: “Ven. Cruza conmigo”.

Jesús no vino solo a darte ideas bonitas:

vino a rescatarte.

Aquí el mensaje es claro: el Verbo se hizo carne para salvarnos reconciliándonos con Dios. Esto es importantísimo porque hoy es fácil presentar a Jesús como “un gran modelo humano” (que lo es) y quedarse ahí. Pero si nos quedamos ahí, falta lo principal. Cristo no es solo inspiración: es salvación. Y salvación significa que hay una herida que tú no curas solo a base de fuerza de voluntad. A veces quieres hacer el bien y te vence lo de siempre; quieres perdonar y no te sale; quieres ser fiel y te dispersas. Eso no se arregla con una frase motivadora. Se arregla con un Salvador.

Dicho en cristiano de andar por casa:

Una deuda que no había manera de pagar.

Piénsalo con esta comparación: una deuda imposible. Te has metido en un lío tan grande que dices: “No llego, no puedo, no tengo con qué”. Pues ahí entra Cristo. Y conviene decirlo sin azúcar: la misericordia no es “pobrecito”. La misericordia es amor que actúa, amor que se arremanga, amor que entra en tu historia y hace lo que tú no podías hacer. Por eso se dice que Cristo es “propiciación”: dicho sencillo, se pone en medio, abre paso, carga con lo que nos separaba y nos devuelve la paz con Dios.

La radiografía del alma herida no te humilla:

te explica.

Se describe al ser humano como enfermo, desgarrado, muerto por dentro; perdido, en tinieblas, cautivo, prisionero, esclavo… y luego llega el giro: sanado, restablecido, resucitado, iluminado, liberado. ¿Te suena exagerado? A veces basta con mirar las cadenas que no se ven en fotos para reconocerlo. Y lo impresionante es esto: Dios no viene a señalar con el dedo; viene a darle la vuelta al drama.

Si no te conmueve el rescate,

la fe se te vuelve rutina.

Aquí hay una lección muy práctica: cuando se pierde el asombro, agradecer se vuelve pesado, la oración se enfría y todo “da pereza”. Pero cuando uno cae en la cuenta de lo que significa haber sido salvado, la gratitud sale sola. No por obligación, sino porque algo dentro dice: “¿Cómo no voy a dar gracias, si me han sacado de donde yo no podía salir?”.

 

Dios quería que supieras cómo te ama… viéndolo.

Hay gente que cree que Dios existe, pero vive como si Dios no le quisiera. Y esa diferencia lo cambia todo: el carácter, la esperanza, la manera de mirar. Por eso Dios no se limita a decir “te amo” desde lejos: lo dice con hechos. La Encarnación es el “te quiero” de Dios con cuerpo, rostro y cercanía.


Jesús no es el que te arregla y desaparece:

Es el que se queda.

Imagínate que llamas a un mecánico, te arregla el coche y se va, y tú sigues la carretera solo. Pues aquí pasa lo contrario: Dios envía a su Hijo para que vivamos por medio de Él. Es decir, Cristo quiere meterse en lo cotidiano: en tu trabajo, tu familia, tus conversaciones, tus cansancios, tus decisiones pequeñas… incluso en lo que escondes por vergüenza. Vivir por medio de Él no es añadir una “cosita espiritual” a la agenda: es cambiar el centro.

La gracia hace dos cosas a la vez:

Te cura y te levanta.

Dios no solo perdona: cura y eleva. No es “te perdono, pero tú allí y yo aquí”. Es “te perdono y te traigo cerca”. Para entenderlo sin complicaciones: no solo te saca del agua; te seca, te arropa, te sienta a la mesa y te dice: “Eres de casa”.

Dios se hizo visible para que la santidad

no fuera un sueño imposible.

Como Dios se ha hecho hombre, la santidad deja de ser una idea borrosa y se vuelve un camino concreto: puedes mirar a Cristo, escucharlo, seguirlo. Y eso es liberador, porque a veces “ser santo” nos suena a ser perfecto, raro y agotador. Aquí no va de máscara ni de pose piadosa: va de aprender su estilo—mansedumbre, humildad, misericordia, verdad, fidelidad—en lo real de cada día.

No se trata de huir de la vida:

Se trata de vivirla con el estilo de Jesús.

En algunas espiritualidades se intenta “salir” de lo material para tocar lo divino, como si la vida cotidiana estorbara. Aquí ocurre al revés: Dios entra en la carne. Por eso lo cristiano es tan realista: tu agenda, tu mesa, tus relaciones, tus cruces… no son estorbos para Dios. Pueden ser el taller donde Dios te forma. Y sí: la santidad suele parecerse menos a una hazaña heroica y más a una fidelidad humilde. Hoy hago el bien aunque no me apetezca, hoy perdono un poco, hoy vuelvo a empezar sin hacer un drama (que a veces nos encanta el drama, pero no siempre ayuda).

La meta no es solo estar perdonado:

Es vivir como hijo.

Aquí está la cima: el Verbo se hizo carne para hacernos partícipes de la vida divina. Dicho claro: Dios no solo cancela una culpa; cambia la condición. Seguimos siendo criaturas, sí, pero recibimos una filiación real: hijos en el Hijo. Es la diferencia entre “me han librado de un castigo” y “me han dado una casa”.

Él toma lo nuestro…

para darnos lo suyo.

Dios asume nuestra humanidad para comunicarnos su vida. Unir Dios y pecador suena tan imposible como juntar fuego y agua… y, sin embargo, eso es lo que sucede en Cristo. No para que nos creamos mejores, sino para que vivamos con una esperanza seria: Dios no solo te salva “de algo”; te salva “para algo”. Para la comunión, para la vida nueva, para una alegría con fundamento.

No es solo indulto: es adopción…

y aprender a vivir como hijo.

Imagina a alguien condenado sin salida y, de repente, llega un indulto inesperado. Ya sería inmenso. Pues aquí hay más: no solo te indultan; te adoptan. Y no solo te adoptan; te enseñan a vivir como hijo, te acompañan, te forman. Por eso la Encarnación no es un episodio sentimental: es un proyecto completo de Dios. Rescate, amor visible, camino concreto y comunión final. Y uno aprende a vivir como hijo dentro de la Iglesia Católica, y en concreto viviendo en una parroquia que está urgida a ser Comunidad de comunidades cristianas.

Para que esto te sirva hoy

Si lo dejas en “qué bonito”, no te sostiene;

si lo bajas a tu vida, te cambia.

La vida cristiana suele torcerse por dos extremos: o moralismo (muchas normas y poca misericordia que salva), o “buenismo” difuso (mucho “Dios te quiere” y poca vida transformada). Aquí va todo junto: gracia y virtud, abrazo y combate. Sobriedad, orden, generosidad, sacrificio… sí, porque el mundo nos dispersa. Pero todo sostenido por el centro: Cristo que rescata y se queda, que cura y eleva, que adopta y educa.

La pregunta final no es “¿lo entiendo todo?”,

sino “¿me dejo alcanzar?”.

Este misterio no se domina; se recibe. Y cuando se recibe, pasan cosas: baja el miedo, se afloja la dureza, nace la gratitud y aparece una alegría serena. No la alegría de “todo perfecto”, sino la alegría de saber: no estoy solo, no estoy perdido, no soy un error; soy alguien por quien Dios ha puesto un puente.

Dios no vino a gritarte desde su orilla:

vino a cruzar el puente contigo.

viernes, 13 de abril de 2012

Fiestas de Nuestra Señora del Rasedo en Cevico de la Torre


FIESTAS DE NUESTRA SEÑORA DEL RASEDO 2012


Estimados feligreses, hermanos todos en Cristo:

Con gozo acudimos a la llamada de la Madre para honrarla con las fiestas en su honor. Nuestro pueblo, de hondas raíces cristianas, se alza fervoroso para resguardarse en la dulce imagen de Nuestra Señora del Rasedo. Ella tiene esa particular habilidad de cobijarnos en su manto santo sin distinción. Nos quiere a todos y no desea dejar a ninguno, llegando a ser el más díscolo el sujeto del mayor de sus cuidados.

Nuestro pueblo ha de afinar los oídos para escuchar los consejos de la Madre e interiorizar la riqueza que nos aporta en su hijo Jesucristo. Sus palabras orientan a la reconciliación y cicatrizan heridas que hayan podido quedar enquistadas. Del mismo modo que al toque de las campanas de la Iglesia acudimos a la Eucaristía sintiéndonos miembros de un único pueblo, Nuestra Señora del Rasedo nos acaricia con su mirada sin tener en cuenta ni la cuna ni el color de las ideas.

Como Madre sufre con los que sufren. Su imagen siempre presente en el lecho del dolor alienta con la esperanza a todos los que son azotados con el flagelo de la enfermedad. Se mantiene firme al pie de esas particulares cruces deseando compartir ese padecimiento para que el enfermo disfrute de una tregua en medio de sus tormentos.

Nuestra Señora del Rasedo bendice a nuestros jóvenes y les lanza una súplica maternal para que sea su Hijo quien les oriente en sus vidas. Ella disfruta con sus presencias, es partícipe de sus dificultades y vigoriza todo lo noble que hay en ellos. La frescura juvenil en la Iglesia alegra el corazón de la Madre.

Las familias llamadas a ser ‘iglesias domésticas’ no deben de temer para abrir las puertas a Cristo. El soplo del Espíritu Santo se cuela por las rendijas de puertas y ventanas y así se escuchan aquellas sabias palabras de la Santísima Virgen en las bodas de Caná de Galilea: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). La formación cristiana de los niños y adolescentes es un elemento irrenunciable a lo que los padres se constituyen en garantes de ese derecho para sus hijos.

La vida parroquial se nutre de las experiencias de encuentro con el Resucitado. Como los más bellos de los diamantes son pulidos para mostrar todo el esplendor así nuestra única motivación ha de ser el ‘hacer todo por amor a Dios’, de este modo el nombre de Dios será más alabado. No estamos inmunes de tensiones internas. Algunos proyectos se resquebrajan para ir dando paso a una etapa de nuevas generaciones.

Aún con el eco en nuestras calles de la alegría pascual transmitida por las Familias Misioneras durante la Semana Santa, debemos de alimentar nuestra fe y procurarnos una sólida formación cristiana. El Santo Padre Benedicto XVI nos presenta un instrumento muy útil para adentrarnos, dentro de poco, en el año dedicado de un modo especial a la fe: El Catecismo de la Iglesia Católica.

La Novena en honor a nuestra Señora del Rasedo es una ocasión propicia para piropear a la Madre de Dios y a la Madre de todos los hombres.

¡FELICES FIESTAS! ¡Santa Virgen del Rasedo!, ¡Ruega por nosotros!

ROBERTO GARCÍA VILLUMBRALES

(Cura Párroco)

martes, 27 de marzo de 2012

¡Dios existe!-Parte 3 "El barbero"

¡Dios tiene la culpa!-Parte 2 serie "El barbero"

El barbero y Dios no existe-Parte 1 "El barbero"

Encuentros on-line para sacerdotes

ENCUENTROS ON-LINE PARA SACERDOTES

Promovidos por el Instituto Alter Christus

www.alterchristus.org

Próximo miércoles 28 de marzo:

CONTENIDOS: Encuentros sobre la actualidad de la Iglesia


  • Comentario a documentos de la Santa Sede
  • Casos Teológicos
  • Casos pastorales


DÍA y HORA: Todos los MIÉRCOLES a las 22:00 hrs.

No hece falta registrarse con anterioridad, basta picar este enlace unos minutos antes de la reunión y una vez conectado asegurarse de que el Modo Audio está en USE MIC & SPEAKERS


Enlace: https://www3.gotomeeting.com/join/401306750

Equivalencias horarias:

= a las 19:00 hrs. Brasil

= a las 18:00 hrs. Argentina, Chile

= a las 16:30 hrs. Venezuela

= a las 16:00 hrs. NY, Panamá, Colombia y Perú

= a las 15:00 hrs. México DF, Guatemala, Honduras y Texas USA

= a las 13:00 hrs. California USA

sábado, 24 de marzo de 2012

Familias Misioneras para la Nueva Evangelización en Palencia

FAMILIAS MISIONERAS PARA
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
EN PALENCIA

En el marco de la nueva evangelización las Familias Misioneras están fortaleciendo notablemente con su testimonio de familia auténticamente cristiana a nuestra Iglesia. La Diócesis de Palencia acoge con alegría a familias enteras, sacerdotes, consagradas y apostólicos (seminaristas menores) que dan testimonio público de su fe en los pueblos misionados.
Ayudan a los Párrocos a organizar los oficios litúrgicos, a visitar a los hogares y animar a nuestros feligreses a participar de las celebraciones y seguir a Jesucristo.
Cada año son más de cien familias que se reparten por toda la geografía española y esta Semana Santa 2012 la Diócesis de Palencia se va a sentir enriquecida al estar en Cevico de la Torre, Carrión de los Condes y Bustillo de la Vega. Acogerles es un privilegio ya que su alegría contagiosa fortalece muchas rodillas vacilantes para seguir a Jesucristo sintiéndose comunidad cristiana.
Con su apostolado de ‘tu a tu’ favorecen la vivencia de la vocación cristiana de las familias. Colaborando con los párrocos encienden la ilusión de todos aquellos que quizás caídos en la rutina se habían enfriado en su vida de fe.
Más de un centenar de misioneros aportarán su experiencia cristiana en las parroquias de las Unidades Pastorales de Cevico de la Torre, de Carrión de los Condes y de Bustillo de la Vega.
Sus Cura Párrocos, D. Roberto García, D. Jesús Vigo y D. Julio José Gómez reconocen que su única motivación es que todos sus feligreses reaviven su fe y vayan acercando cada vez más al Señor.
Del 4 al 8 de abril abriremos nuestros hogares a las familias misioneras para acoger ‘a los benditos pies de los mensajeros que vienen anunciando la Buena Noticia’.








Página WEB de las Familias Misioneras:
http://www.soymisionero.es/