domingo, 17 de septiembre de 2017

3MC - 3 Minute Catechism - 41. ¿Qué es el pecado?

El pecado es como el queso

Primera Confesión 2016

Homilía del Domingo XXIV del tiempo ordinario, ciclo a

HOMILÍA DEL DOMINGO  XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo a

            La Palabra de hoy es muy clara. Quien no quiere perdonar, quien se obsesiona en la venganza no puede pensar que sea sabio ni religioso. Porque el sabio, en todo momento, pone a Dios en medio. ¿Cómo es posible que alguien se considere religioso cuando le carcome por dentro el odio y el rencor? Cristo es la medida de todas las cosas. A más odio, menos de Cristo;  a más perdón, más del Señor. El rencor y la ira nos conduce a la perdición porque deforma nuestra alma buscando las cosas humanas, y lo nuestro es buscar las cosas del cielo, y no las de la tierra.
            Muchas realidades que vivimos o situaciones delicadas de conflicto son oportunidades que el Señor permite para calibrar la calidad de nuestra fe. Cuando uno cae en la cuenta de que en esto el Señor está en medio, todo cambia. Nos dice el libro del Eclesiástico: «Si un ser humano alimenta la ira contra otro, ¿cómo puede esperar la curación del Señor? Si no se compadece de su semejante, ¿cómo pide perdón por sus propios pecados?». Hace poco leí esta leyenda que decía: «No basta con ser sincero, hay que ser verdadero». Si yo quiero realmente y valoro de verdad el amor de Dios, Jesucristo me pide que ponga todas las cartas descubiertas sobre la mesa. Y cuando lo hacemos nos damos cuenta de la tarea que tenemos por delante, que el amor hay que trabajarlo y hay que emprender una guerra interna contra todo aquello que me impide amar al hermano. Porque el hermano que tengo en frente es mi espejo. Si el otro me pone enfermo de los nervios es porque interiormente la soberbia y la ira me dominan, y se manifiestan en el exterior con mis manifestaciones o comentarios. Cristo es la Verdad y estando más cerca de Él sabremos cómo vivir en la verdad. Porque cuando vivamos en la verdad sabremos ayudar incluso a aquellos que nos calumnian, nos atacan y desean nuestro mal.  Recordemos que el perdón no tiene medida.
            Si aceptamos que hemos sido redimidos por Cristo, sabemos que le pertenecemos. Que somos soldados de Cristo y debemos de tomar las armas de la luz para afrontar las tentaciones y acechanzas del único enemigo que es Satanás. La muerte y la resurrección es algo que acontece en cada uno de nosotros. Siempre que vivimos y nos desvivimos por los demás luchando contra el egoísmo radical lo pasamos mal, porque es algo que implica renuncia, negación de uno mismo. Pero al mismo tiempo somos luz de Cristo para nuestros hermanos y esperanza de una vida mejor para aquellos que estén con nosotros. No se trata de ser solidarios, aquí lo que se proclama es una donación absoluta.
            Ser solidarios para ‘llevarnos bien y sentirnos como buenas personitas’ es muy sencillo, consiste en organizar festivales solidarios, teatros y demás actividades para poder recaudar dinero... o colaborar en una ONG o algo por el estilo. Es verdad que esto es lo que realmente vende a la gente y algunos tienden a calibrar la eficacia de la pastoral por el nivel de participación solidaria que se dé en una parroquia. Pero no duden que apenas salten algunas chispas, al carecer de espiritualidad, esto prende y genera un incendio sin precedentes.
            Y digo que esto de ser ‘solidario’ vende porque se ve. Se puede contar el dinero recaudado para una causa justa, se puede contar la gente involucrada en la participación y organización… hay números y se hacen fotos, entrevistas, se redactan artículos, se saca en la radio y televisiones locales…. O sea, vende. Sin embargo la oración silenciosa, las horas de confesionario escuchando y reconciliando penitentes, la oración contemplativa ante la Custodia, la lectura atenta y pausada de la Palabra de Dios, el esfuerzo de acompañamiento diario y constante a las familias y a los consagrados y consagradas, etc…., eso no se ve y nadie lo saca en los medios…. Y ya se sabe, lo que no sale en los medios no existe.
Lo nuestro es la donación absoluta y esto solamente se puede hacer cuando hay una relación de amistad íntima con Cristo. Por que solamente Él te irá dando razones del por qué e irá conquistando tu alma para vivir para Él. Porque vivir para Dios es, de algún modo, destruir la espiral del mal.  


Lecturas del domingo XXIV del tiempo ordinario, ciclo a, 17/09/2017
-Lectura del libro del Eclesiástico 27, 33-28, 9
-Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.
-Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

-Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

sábado, 9 de septiembre de 2017

Homilía del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, ciclo a

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO a
            «Hijo de hombre, te he nombrado centinela de Israel». Así empieza la primera lectura de hoy tomada del profeta Ezequiel. Un centinela, que guarda la ciudad, que emplazado en su puesto de observación descubre quienes están por la inmediaciones, quien entra y sale. Los demás pueden descansar, relajarse, trabajar, hacer lo que hagan con normalidad, pero cuando escuchen la voz del centinela, todos deben de acudir para salvar la ciudad, y si alguien no lo hace está perdido. Ese centinela militar es el encargado de dar la alarma ante el peligro.
            El profeta Ezequiel se siente responsable de la suerte espiritual de su pueblo, y por eso se cree en la obligación de mantenerse vigilante frente a los peligros que sobre él se ciernen. El profeta Ezequiel ha anunciado primero la destrucción de Jerusalén en castigo de los pecados acumulados durante generaciones por la comunidad israelita. Ahora tiene que anunciar los nuevos peligros para la vida religiosa de todos aquellos que se exiliaron y formar la conciencia de éstos para restaurar la nación.
            En esta misma línea de ser centinela que vigila por dónde acecha el enemigo nos lo planteaba esta semana el apóstol San Pablo. El apóstol nos ofrecía criterios de discernimiento para nuestra vida cristiana diciéndonos que nuestras malas acciones van engendrando una mentalidad que nos aleja de Dios (cfr. Col 1, 21-23). Una persona podría pensar que un pecado muy grave jamás lo llegaría a cometer. Pero si uno van dando de paso a una, a otra y a otra acción… que no son adecuadas ni cristianas, poco a poco se va adentrando en una oscuridad en su conciencia, y al darse cuenta de que –por lo menos aparentemente- no acarrea consecuencias, puede llegar a realizar pecados o acciones perjudiciales de un nivel tan serio que antes, en un principio, eran impensables de realizar.
            El profeta, como centinela espiritual del pueblo, anuncia los peligros que nos acechan. Si no quieren oírle, no tendrá responsabilidad alguna sobre la muerte de ellos, como en el caso del centinela militar. Al contrario, si éste no cumple su misión de anunciar el peligro de la invasión del enemigo, será responsable de lo que pasare y pagará con su vida su falta en el cumplimiento del deber.
            Ahora bien, nosotros que estamos en la iglesia y vivimos nuestro ser iglesia católica en una comunidad cristiana concreta, ¿percibimos – a la luz de la Palabra y en el ejercicio de la corrección fraterna- por dónde nos acecha el enemigo y no nos deja crecer? Quizá pueda ser la indiferencia, o la frialdad, o la comodidad o pereza, o el egoísmo y los propios intereses los enemigos que pueden estar atacando a las comunidades cristianas. De ahí que escuchemos y atendamos a la voz de alerta del centinela.
            Cuando el amor disminuye, se nota las consecuencias. Esto es igual que el tema del agua: Cuando muchos a la vez hacen uso de los grifos del agua, la presión disminuye, tanto que a veces el propio calentador de gas no enciende. El Demonio ya se preocupa de que tengamos fugas de agua, porque él ya sabe ‘dónde nos aprieta el zapato’. Dice la Palabra: «Si con alguno tenéis deudas, que sean de amor, pues quien ama al prójimo ha cumplido la ley» (Rom 13,8). Seamos claros, cualquier excusa es buena para no amar al hermano. Cualquier excusa es buena para que la presión del agua del amor sea inferior o salga como un inservible hilito de agua.
¿Por qué tengo yo que preocuparme de esta persona cuando es un egoísta y un egocéntrico insoportable? ¿Por qué tengo yo que visitar en el hospital o en su casa a este hermano enfermo cuando me molesta por lo que dice o hace? Además, ¡con las cosas que he hecho yo –que han sido muchas- jamás me lo han agradecido y por algo que les pido que hagan o me apoyen me dejan en la estacada! A lo que la Palabra, como centinela de nuestras vidas, nos dice: «Si con alguno tenéis deudas, que sean de amor».
            La comunidad cristiana nos tiene que ayudar a ponernos las pilas, los unos a los otros. Que esos centinelas nos digan cuáles son nuestras faltas, eso, con toda garantía nos van a molestar y nos enfadaremos…, de eso estoy totalmente seguro (si te pinchan, saltas y sangras), pero ayudaremos y nos ayudaran a ir actuando contra los enemigos que acechan la ciudad, a cerrando esos grifos y arreglando esas fugas de amor para podernos salvar y gozar del abrazo del Padre Eterno.

10 de septiembre 2017
Ezequiel 33, 7-9
Salmo 94, 1-2.6-9
Romanos 13, 8-10
Mateo 18,15-20


sábado, 26 de agosto de 2017

Homilía del domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo a

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A
            Hoy somos testigos de un fuerte tirón de orejas que Dios da a un alto funcionario de palacio llamado Sobná. Y me podéis decir, ¿pero Dios no es misericordioso lento a la cólera y rico en piedad? Pues sí, así es, pero también dice la Sagrada Escritura en el canto del Magníficat que «Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos».
            Entonces ¿por qué Dios ‘le canta las cuarenta’ a este cortesano llamado Sobná? Sobná era un soberbio de corazón. Este funcionario de la corte defendía abiertamente una política de alianzas con Egipto. Sobná llevaba la contraria abiertamente al profeta Isaías. El profeta Isaías apoyaba una política basada en confiar ciegamente en Yahvé y dejarse de alianzas extranjeras que no hacían más que perjudicar los intereses religiosos de Judá. Sobná, aprovechándose descaradamente de su status de privilegio en la corte, movía todos los hilos e influía en las personas que tomaban las decisiones para que fueran contra los intereses planteados por el profeta Isaías. Sobná maquinaba las cosas contra el profeta.
Y me pueden preguntar, ¿qué tiene de malo que Sobná –este alto funcionario real- apoyase la política de alianzas con Egipto?, ¿es que acaso no es una opción tan legítima y buena como la del profeta Isaías? ¿Por qué esta intolerancia? ¿Acaso no nos dicen que hay que ser tolerante y solidario con el que es distinto a nosotros o que todas las opiniones son válidas? ¿A qué viene entonces este ramalazo de intolerancia hacia Egipto? Es decir, si se dan cuenta, a los ojos y criterios mundanos, el mismo profeta Isaías pasaría por un intolerante, un tirano, un fanático, un xenófobo. ¿Qué tiene Isaías contra Egipto?
Isaías, que está lleno del Espíritu de Dios, tiene el don de discernimiento y sabe entender la voluntad de Dios en todo lo que ocurre. Sobná quiere hacer pactos con Egipto, para buscar las fuerzas y la estabilidad en todas las cosas que Egipto le proporciona. Egipto le proporciona comida, seguridad, estabilidad, diversión, comercio… cosas que hacen que el pueblo se olvide de Dios porque no le sienten como necesario. Pero se olvidan que los placeres de Egipto son efímeros, caducos, perecederos. Se olvidan que cimentando su vida en esas cosas que Egipto les proporciona van construyendo su convivencia diaria sobre terreno inseguro, movedizo. Egipto, con su faraón al frente, nos catequiza para llevarnos a su terreno, haciendo pasar al profeta Isaías como un impostor, intolerante e intransigente. Egipto te dice que todo es bueno y que todo es válido. Egipto usa de cosas, aparentemente inocentes y que pueden pasar desapercibidas por ser ‘normales’ pero que son muy corrosivas. Como muestra un botón:
En la actualidad hay un spot publicitario de un refresco muy conocido en el que aparece un chico joven, musculoso, con el torso desnudo y sudando por estar regando el jardín de una casa. Desde las habitaciones de la primera planta se encuentran un hermano y una hermana, ambos adolescentes, que desde la ventana están mirándolo con una lujuria descarada. Ambos y a la vez salen corriendo al frigorífico para ofrecer ese refresco al chico musculoso y de buen ver. Se pelean el hermano y la hermana para llegar el primero y así ofrecérselo. Y al llegar a su destino se encuentran que su madre se lo estaba ofreciendo en ese mismo momento al muchacho sudoroso disfrutando con una mirada poco casta. A lo que el funcionario real Sobná nos diría retando al profeta Isaías que qué tiene de malo este spot publicitario. A lo que el profeta Isaías le podría responder que cuando uno hace una alianza con Egipto y el pecado que conlleva nos olvidamos de Dios y damos por bueno y correcto cosas que nos llevarían derechitos al infierno. Porque ese hermano pone sus ojos en otro de su mismo sexo y se ve como normal. Porque esa hermana pone sus ojos con lujuria en ese muchacho y se ve como normal. Porque esa madre tontea con ese chico y se ve como normal en una mujer casada. Sobná siendo partidario de la alianza con Egipto ve esto como normal y como producto de una normal evolución social y cultural del pueblo y de la sociedad.
            El profeta Isaías sostiene que la única política que tenemos que sostener y apoyar es confiar ciegamente en Yahvé. Sobná se cree que con mentiras y comportándose buscando su propio interés va a alcanzar la misma meta que esperan tener lo que son fieles a Yahvé. Sobná se aprovecha de su situación de privilegio –al ser cortesano- y se pone a escavar su sepulcro en una zona recosa reservada para los ciudadanos de alta posición. Se piensa que haciendo trampas y comportándose de una manera deleznable iba a adelantar en la carrera a aquellos que han sido fieles a Yahvé. Y además quiere labrarse el sepulcro en la parte más saliente, en la zona más elevada, estando esta zona reservada a la nobleza judía para que mencionado mausoleo fuera por todos admirado desde la distancia. Sobná no tenía derecho a este tipo de sepulturas de privilegio, sino que se tenía que conformar con la común de la gente, ser enterrado como uno más, a una especie de fosa común (cfr. Jer 26, 23). Dios no se lo va a permitir, le echa de su puesto y le destituye de su cargo y le expulsa a Asiria, y allí las cosas le pintan muy mal, tan mal que él mismo es capturado como botín de los asirios acabando con sus huesos en la miseria y en la dura esclavitud. El desenlace de la vida de este antiguo alto cortesano es la consecuencia lógica de aquellos que no confían en Yahvé.
            Por eso mismo, en el Evangelio Jesucristo pronuncia una sentencia trascendente henchida de importancia y colmada de seriedad: « ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo». Sólo aquellos que como el profeta Isaías confían ciegamente en Yahvé y en su Hijo Jesucristo, podrán adquirir un discernimiento y unas energías sobrenaturales para afrontar el invierno glaciar de la secularización planteada por el Egipto seductor y por su maquiavélico faraón.



Lectura del libro de Isaías 22, 19-23
Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc R. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20
27 de agosto de 2017


La Trasverberación de Santa Teresa de Jesús, año 2017

LA TRASVERBERACIÓN  DE SANTA TERESA DE JESÚS 2017
Únicamente los enamorados de Cristo pueden entender las cosas de Cristo y ser ambientadores del aroma de Cristo. Cristo no desea que seamos sus funcionarios ni sus asalariados, nos quiere suyos, porque somos un pueblo santo, una nación sagrada, un pueblo de su propiedad. Un pueblo que no ha sido comprado al por mayor, como cuando uno compra a granel los garbanzos y o las alubias para el cocido. No hemos sido comprados a granel, sino uno a uno, con su historia particular de pecado y de miseria.
Hermanas, cuando uno compra un piso, no solo compra el piso, sino que también –si uno no anda despierto- también adquiere las cargas, las deudas y todas las trampas económicas que el anterior dueño ha tenido. De tal modo que sus deudas pasan a ser tuyas propias. Pues Jesucristo nos ha comprado uno a uno a precio de su sangre, y ha adquirido para Él nuestros propios pecados y miserias. Unos pecados y miserias que nos conducían a la más absoluta de las catástrofes, a toda velocidad y derechitos al infierno. Como cuando uno se lanza al acantilado sin esperanza de salir de allí con vida, pues igual. Mas el Señor, por su infinita misericordia nos ha socorrido y lo ha hecho sin que nosotros nos lo mereciéramos.
Hay algunas personas, incluso algún cura muy atontado, que dice que eso del infierno no existe y que es semejando al ‘hombre del saco’ o al famoso ‘que viene el coco y te comerá’. Dicen que es un invento de los curas carcas, sacados de aquellos libros que nos hablan de la Inquisición, que atemorizaban al personal para así someterlos a su voluntad. Malos pastores que deforman la conciencia de sus feligreses condenándolos al privarlos de la luz. A lo que la propia Palabra de Dios les sale a responder. Cuentan que los apóstoles en una de las tantas ocasiones que les habrá pasado, venían cabizbajos, tristones y preocupados porque un demonio se les había resistido. Un niño poseído y que sufría mucho...no fueron capaces los discípulos de ayudarle. A lo que la madre de ese niño se acerca a Jesucristo pidiéndole auxilio y Cristo increpa al demonio y le expulsó (cfr. Mt 17, 14-20). A lo que Cristo les dice a sus discípulos que no pudieron echarle «por su falta de fe». Si uno no tiene fe se dejará orientar en la vida por todo aquello que le pueda apetecer, siendo pasto del mismo Satanás. Hay mucho cenutrio suelto que actuando como actúan y pensando como piensan terminan mareando hasta al mas espabilado.
            No hemos sido comprados a granel, como las alubias, lentejas, garbanzos o cebada. Hemos sido rescatados uno a uno y comprados,  precio de la sangre del Cordero de Dios, uno a uno. Cuando la civilización aun estaba sin civilizar llegándose a cometer el terrible atropello de la compra y venta de seres humanos, se ponían a los esclavos y esclavas sobre una plataforma un poco elevada, con una especie de pizarra colgando sobre sus cuellos, muy cerca de sus corazones, donde estaba anotado el dinero que costaba. Pagaban al comerciante de esclavos el correspondiente importe y pasaba a ser propiedad del nuevo amo e iban ‘de mal en peor’. Nosotros los cristianos llevamos una cruz colgada del cuello, muy cerquita del corazón, para recordarnos que hemos sido adquiridos a precio de la sangre del Cordero de Dios para ser sus hijos, para ser libres, dejando de ser esclavos del pecado. Y como la sangre del Hijo de Dios tiene un valor infinito, así es el valor que tiene nuestra propia dignidad. Ante esto sólo cabe una respuesta sensata: una vida dócil al Espíritu Santo en señal de agradecimiento profundo por el don recibido.
            A lo largo de la historia ha habido cristianos y cristianas que han respondido a este don recibido con una vida santa que al mismo Dios le ha agradado. Una de ellas es la vida de Santa Teresa de Jesús. Su fe fue tan alta y su confianza en el amor de los Amores tan elevada que fue premiada con una gracia mística: la transverberación. Dios escoge a los hijos e hijas que Él desea como señal de un amor excepcional que hacia Él le profesan. Una flecha divina marcó el corazón de Santa Teresa de Jesús. Cuenta la santa mística que cierta vez vio a su izquierda un ángel en forma humana. Era de baja estatura y muy hermoso, su rostro lucía encendido y dedujo que debía ser un querubín, uno de los ángeles de más alto grado. “Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”, describió Santa Teresa de Jesús.

            Y nuestra santa, buscando corresponder a este regalo divino hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Dice Dios en el libro del Deuteronomio: «Graba en tu corazón estas palabras que hoy te he dicho. Incúlcalas a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales» (Dt. 6, 6-9). Nosotros, los cristianos, llevamos el crucifijo colgado en el cuello al lado del corazón, pero hay veces que el Señor tiene un deseo que hace realidad, enviar a un ángel para abrasar en amor a aquella que por amor vive y muere, a Santa Teresa de Jesús.  

domingo, 20 de agosto de 2017

Homilía del Domingo XX del Tiempo Ordinario, ciclo a

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo a
          La primera frase tomada del libro del profeta Isaías empieza diciéndonos: «Esto dice el Señor», que podría equivaler –en este caso- a poder decir algo como “estas pistas os da el Señor”. Sí, pistas, palabras de orientación venidas de lo alto del Cielo para que podamos descubrir todas aquellas cosas que las personas que viven mundanamente no pueden descubrir.
El Señor nos dice, « ¿queréis que yo pueda intervenir en vuestra vida para salvaros de vuestro particular fango de pecado en el que estáis adentrados?». Si al Señor le contestamos con un ‘sí’, un ‘sí quiero que intervengas en mi vida’, Él nos ofrece un itinerario abierto, una hoja de ruta para tal fin. Nos dice cosas como «observad del derecho, practicar la justicia», también nos ofrece estas otras pistas para poder seguir ese nuevo itinerario abierto por Dios para que nosotros sepamos cómo acoger su salvación: que sirvamos al Señor, que observemos el día del descanso, que amemos el nombre de Dios. Podemos pensar que el Señor nos lo pone muy fácil creyendo que con sólo decírselo con los labios ya estaría todo solucionado y conforme.
Sin embargo el Señor, buscando nuestra purificación y nuestro arrepentimiento sincero, nos pone pruebas en nuestro camino –algunas más duras que otras- que ponen en evidencia todas aquellas resistencias que ofrecemos a la acción divina. A modo de ejemplo: el esposo amando a la esposa y la esposa amando al esposo están amando a Dios, ya que los dos son una sola carne. Y pueden llegar a creer que por el hecho de estar casados por la Iglesia ya está todo como debe de estar. Pero ¿esto garantiza que este itinerario de salvación que el Señor les ha planteado lo están siguiendo? Llega el Señor, ilumina nuestra vida para descubrir que las cosas no marchan tan bien como pensamos. ¿Saben cuántos matrimonios se han roto a causa de los mensajes y fotos de los WhatsApp y de otras redes sociales? Llega la mujer –o el marido- y ve que su consorte tiene mensajes comprometedores e inapropiados de otras personas del otro sexo, o fotos de contenido indecente. ¿Cómo es posible que esto ocurra con aquella persona con la que comparto mi vida? Esto ocurre porque se prefiere seguir los dictámenes mundanos antes que hacer caso al itinerario divino. Si no dejamos que Dios intervenga en nuestra vida ya se procurará Satanás de arrasar con todo lo que encuentre a su paso en la tuya. O de aquel presbítero que se ve muy seguro de sí mismo y –al dejar la oración y el cultivo de la vida espiritual- cae en brazos de vicios y de malos hábitos haciendo todo lo posible para justificarlo. Yo conozco un caso concreto de un ministro ordenado, que le gusta hacer ‘levantamiento de codo’, poniéndose más contentillo de la cuenta –el alcohol hace milagros a la hora de desinhibirse perdiendo la vergüenza- que para justificar sus mejillas coloradas a causa de la bebida dice tan campante cosas como estas: “A Jesús también le llamaban comilón y borracho”. Y como siempre hay gente que tiene por vocación ‘buscarse pocos amigos’ le contesta a este particular deportista de ‘levantamiento de vidrio’ que Jesús sobre todo era virtuoso en grado sumo. A lo que el argumento de aquel que tiene las mejillas coloradas se cae por el suelo por inconsistencia pudiéndose vengar de malas maneras.
San Pablo a los Romanos nos lo dice con otras palabras: «En efecto, en otro tiempo desobedecisteis a Dios», pero atención, esa acción pasada de desobediencia se puede hacer presente en el aquí y ahora tan pronto como no seamos dóciles para seguir el itinerario trazado por Dios. Sin embargo Dios nos corrige con misericordia para que el pecador se pueda arrepentir y así alcanzar el regalo de la vida eterna.
¿Y cómo descubrir ese itinerario divino? Reconociendo que hay Alguien con mayúsculas, que tiene el poder de poder arrancar de nosotros mismos esos demonios. Dice la Palabra que «una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Esa mujer cananea reconoció y grito auxilio al único que podía ayudarla. Nos sigue diciendo la Palabra que «ella se acercó y se postró ante él diciendo: Señor, ayúdame». A lo que Jesús aprovecha esta ocasión para que también sus apóstoles pudieran abrir los ojos y que ellos también descubrieran este nuevo itinerario divino. Los judíos se sentían muy seguros de su salvación al saberse el pueblo elegido, a lo que Jesucristo les demuestra que una mujer cananea, una pagana, les puede adelantar en el camino de la salvación porque cree más esta mujer pagana en Jesús más que los propios apóstoles en Él. De este modo demuestra que la salvación de Dios no tiene fronteras.
Jesucristo nos recuerda que el hecho de estar en la Iglesia no nos garantiza nuestra salvación, porque nos podemos acostumbrar a estar, bajar la guardia en el combate contra Satanás y estar muertos en vida. Hace poco un amigo me contó un chiste muy ocurrente. Un joven llamado Manolito se acerca corriendo a su catequista y le dice: «¡Ya sé lo que significa mi nombre! ¡Mi nombre significa ‘monumento de piedra de una sola pieza’!». A lo que el catequista le mira de los pies a la cabeza y le responde: «Mira que eres tonto Manolito, eso que has buscado es un monolito». Hay cristianos que aún no se han enterado de lo que es ser cristiano, se han acostumbrado a estar en la Iglesia y a repetir una serie de costumbres y se han quedado estériles espiritualmente hablando. Les ha pasado como ha este Manolito, tan tonto como un monolito.


Paradojas de nuestro tiempo...