domingo, 3 de enero de 2016

Homilía del Segundo Domingo después de Navidad

DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD
            El hombre moderno, el hombre de la calle, aquellos que han recibido una importante catequización por parte de la televisión, planteamientos ideológicos y que han sido bombardeados por mil y un frentes... tiene una conciencia muy clara de su libertad.  No quiere ser forzado ni chantajeado por nada ni por nadie en sus decisiones. Con su dinero puede hacer lo que crea oportuno, lo mismo con su familia, con la educación de sus hijos o en cualquier otro tipo de campo. Sin embargo sí que es sensible ante el dolor de los demás y a la necesidad de responder al amor con amor. Otra cosa es lo que dure ese sentimiento ante el dolor del prójimo y con qué tipo de amor se responde al amor.
            En los noticiarios suelen dar noticias indicando el alto nivel de contaminación ambiental en las ciudades. Se restringen el uso de vehículos, incluso el tránsito por las calles y se indica la necesidad del uso de mascarillas. Una contaminación que nos daña seriamente la salud. Nuestra alma está sufriendo las consecuencias de la contaminación del pecado. La percepción de las cosas está alterada. Hace unos días una señora de unos setenta años se mostraba feliz porque su nieta de veintiséis años había quedado embarazada de su novio. Esta chica y ese chico no son más que novios, sólo novios. No hay un amor consolidado simplemente una pasión desatada, a lo que la abuela se felicitaba.
            Muchos ciudadanos,  gran parte de ellos bautizados, han asimilado una serie de convicciones que son incompatibles con la fe cristiana y que les hace muy difícil vivir conforme con su fe así como poder sintonizar con las enseñanzas morales y doctrinales de la Iglesia. Resulta que un matrimonio –de los que alguna vez acuden a la Eucaristía, o incluso de los asiduos- ante el conocimiento de un embarazo donde el niño va a tener algún problema serio, optan sin pensárselo dos veces, por el aborto como su solución. O catequistas, o no digamos algún cura –que se dedica a vivir a costa de la iglesia- que plantean sin problemas los anticonceptivos y métodos artificiales para impedir la procreación, y lo hacen porque lo creen ético y así lo enseñan erráticamente confundiendo conciencias y dañando a las almas.
            Los cristianos debemos de despertar de nuestro letargo. Esta cultura tiene como eje fundamental el propio hombre, de tal manera que el hombre no debe su existencia a nadie ni debe de dar cuenta de su actuar ante un ser supremo. Se piensa que podemos disponer de nosotros ilimitadamente, sin tenernos que someter a nadie ni a nada. Que cada cual puede configurar su vida como le de en gana. De tal modo que nuestros deseos son nuestros derechos. Tenemos derecho a ampliar nuestra existencia y de ser felices como nos parezca mejor. Entonces cada uno crea su verdad, porque se niega que haya una verdad objetiva. Se niega la existencia de la ley natural. A la Iglesia se nos ataca de intolerantes y xenófobos por manifestar abiertamente nuestra más radical oposición que un niño sea tratado como una niña haciéndole vestir como niña para que descubra su identidad sexual. Se ataca de intolerantes, intransigentes, de malos ciudadanos a los cristianos por no aceptar que dos hombres se casen entre sí o que dos mujeres se casen entre sí y que encima adopten niños. Parece que aquí no hay leyes ni exigencias morales que nos liguen a nada ni a nadie por encima de nuestro propio bienestar. Se crean nuevos derechos que no tienen en cuenta la más mínima norma moral objetiva que pueda ser vinculante.  Es decir, vivimos en un constante espejismo. Nos pensamos muy seguros en esta mega estructura social, cimentada en el más puro relativismo y donde la creación de nuevos derechos no han tenido en cuenta la ley natural. Es que hemos mordido el anzuelo de Satanás. Y toda esta mega estructura empecatada tiene menos consistencia que una tela de araña ante el aguacero que le va a dar de lleno.  Esta mega estructura empecatada genera dolor, sufrimiento, desesperación, vacío existencial,...muerte eterna.
            El Salmo responsorial de hoy nos proclama que Dios «anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel». Y no sólo eso, sino que además, San Pablo nos abre la inteligencia anunciándonos que «Dios nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor». Por lo tanto, para un cristiano lo importante no es buscar su bienestar, no es moverse por la creación de unos derechos sustentados en el vacío del pecado. Lo nuestro es anunciar al que es la Palabra; proclamar con nuestro modo de ser, actuar, pensar y sentir que el Evangelio conecta con las aspiraciones más profundas del corazón del hombre, a la vez que muestra los errores del modo de interpretar la vida de esta sociedad.

            Cristo nos ha engendrado a una nueva vida. Dice el Evangelio: «Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios». ¡Hay que nacer del agua y del Espíritu de Dios!.  La Iglesia es una nueva creación, que está siendo asistida por el mismo Dios que  por medio de Cristo nos va mostrando la verdad más auténtica de cada cosa, circunstancia y situación.  El mundo dice odiar esta nueva creación, porque se ven denunciados en su proceder. Mas cuando se terminen desplomando y el océano se trague todo el armazón donde tienen ensamblado toda la concepción de su existencia podrán tener a la Iglesia que les pueda rescatar ya que  como madre, sabe acoger, sanar y perdonar. Dios no es rencoroso, ya que aunque él vino a los suyos y los suyos no le recibieron.... sin embargo si ahora nos arrepentimos y estamos dispuestos a acogerle sin reservas..., él vendrá a nosotros de nuevo. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

Homilía de la Sagrada Familia de Nazaret 2015

LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET 2015
            La Palabra de Dios de hoy nos ofrece mucha claridad. Vamos a ver: antes del reconocimiento jurídico existe la realidad. La unión del hombre y de la mujer que conforman con sus hijos una familia eso es así, no porque lo reconozcan unas leyes, sino que es una realidad pre jurídica. Antes del reconocimiento del derecho existía ya. Esto de la familia es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública, se impone a ella. Pero los cristianos tenemos que estar muy atentos, que 'no nos den gato por liebre'. ¿Por qué digo esto?, lo digo porque en la sociedad está reinando una concepción positivista del derecho. Con otras palabras: La concepción positivista del derecho viene a decir que son las leyes las que crean la realidad; o sea que son las leyes las fuentes de las realidades. De tal manera que todas las realidades han nacido de leyes que las regulan. También hay otra concepción del derecho, la del derecho natural que defiende que 'hay algo que es previo a las leyes' que son la realidad misma que las leyes están llamadas a tutelar, a ordenar. Pero atención, según la concepción del derecho positivista, una cosa es moral o inmoral dependiendo si está prohibida o si no está prohibida. O sea, lo que da la moralidad o inmoralidad a las cosas depende si está prohibido o no, o si está legalizado. Y así sucede que en un estado algo está prohibido y en el del lado eso mismo está legalizado. O sea, es como si las leyes mismas fueran las normas de la moral. Pero para los cristianos, y todos aquellos que tienen sentido común, la ley será fuente de la moral en la medida en que esa ley ha recogido algo que es de derecho natural. Los que defienden la concepción positivista de la ley, que una cosa es buena o mala según lo establezca la ley, defienden -de una manera solapada- que así es la democracia. Ellos afirman que esas leyes afirman en sentir de la mayoría y que esas leyes son una expresión popular. A lo que nosotros les refutamos que también las mayorías se pueden equivocar. Voy a poner un ejemplo: ahora va a resultar que el derecho a la vida de un niño que está en el seno de su madre depende de lo que diga la mayoría. La mayoría dirá lo que crea oportuno decir, pero ese niño tiene ese derecho a la vida y no puede depender de una votación. Como también sería ridículo que dependiera la existencia de Dios del resultado de un referéndum, como si la existencia de Dios la creásemos nosotros o nosotros la fuéramos a suprimir. Esta concepción positivista de las leyes se contrapone totalmente con la concepción cristiana. La concepción cristiana es la creencia en la ley natural; y no es el hombre el que crea la moralidad con sus leyes. El matrimonio es una institución pre jurídica. Hay gente, en los debates políticos o en los televisivos, que atacan a la Iglesia diciendo que la concepción judeo cristiana del matrimonio se desea imponer. Pero lo que no saben es que esto del matrimonio es mucho anterior a la Iglesia.
            Estamos celebrando el nacimiento del Hijo de Dios. Y lo nuestro es acoger tanto al que viene como el mensaje que nos trae. Somos alumnos y alumnas de la escuela de Jesucristo. Desde el momento en que fuimos bautizados nos inscribimos para aprender a ser cristianos en este momento histórico concreto que nos ha tocado estar.  Nos dice el Evangelio que «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres». Esa es nuestra tarea, eso es lo que 'tenemos entre manos', crecer en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres'. Pero al pensamiento reinante no le interesa que tu crezcas; te quiere pequeño, reducido, sumiso y sin criterios. En gran parte porque creen conocer lo que es el cristianismo y con dos ideas mal formadas se dan por satisfechos.
            Los que estamos matriculados en esta escuela de Jesucristo se nos pide una cosa bien clara: Obediencia a la Palabra. El Evangelio nos cuenta que la Santísima Virgen María «conservaba todo esto en su corazón». Si al corazón le nutrimos de encuentros frecuentes con la Palabra de Dios, al corazón le vamos formando y educando en esa escuela taller del Maestro. Nuestra ley es el precepto del amor y vamos concretando ese amor en el aquí y ahora siendo ayudados por el Espíritu Santo que va moldeando nuestro sentir, obrar y pensar.
            En muchas de las casas de los pueblos en el tiempo frío se prenden las estufas. Esas estufas de hierro fundido precisan de carbón o madera para poder hacer frente a las bajas temperaturas. Sólo así, reponiendo el carbón o la madera, se consigue estar a gusto en esa casa y huele a hogar. El corazón del hombre es muy caprichoso y enseguida se deja seducir por cualquier cosa: enseguida se queda, no frío, sino helado, un cubito de hielo. Como no sea alimentado frecuentemente de ese particular carbón que es la Palabra de Dios, en vez de ser una fuente de la que irradie calor se convierte en una cámara frigorífica de potentes bombas que refrigeran todo lo que pille. Si mi alma está fría, descuidada, desnutrida por la escasez de la Palabra divina, resultará que la otra persona es un obstáculo para mis pretensiones, una molestia para mi comodidad, un elemento a eliminar porque ya no me es útil...y cada uno de nosotros nos alzamos como auténticos tiranos de los demás.

            Lo nuestro es 'dejarnos de bobadas' y de 'quitarnos esos aires de grandeza' que nos suelen rondar para ser humildes ante Dios. Y lo primero de todo es reconocer que, cristianamente hablando, tenemos poco o ninguna idea. Un padre o una madre de familia -tanto en su matrimonio como con los hijos-, o no digamos nada si es un presbítero, una religiosa o un obispo...cuando se presentan las situaciones cotidianas uno tiene que empezar a dar pasos en cristiano. Y si somos sinceros estamos bastante ciegos, porque nuestro pecado nos nubla la visión. Realmente estamos como ciegos. De esos invidentes que pasean por las calles de nuestras ciudades ayudados de su bastón. Gracias a esa herramienta táctil esta persona puede notar sobre qué tipo de superficie está caminando y le va proporcionando información acerca de su ubicación. Nuestro particular bastón es la Comunidad cristiana, la Palabra de Dios, la Penitencia y la Eucaristía. Depende de nosotros aceptar la docilidad de la Virgen que 'guardaba la Palabra de Dios' en su corazón o la del impío que establece lo que está bien o mal a su conveniencia.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Homilía de Noche Buena 2015

NOCHE BUENA 2015
            Tal día como hoy se nos cuela en muchos de nuestros hogares un señor barrigudo, vestido de colorado que viene en un trineo tirado por renos valoradores. Pues que a mi casa no venga que le pongo un cepo en toda la chimenea y pega un brinco que sale escopetado por donde ha entrado. Muchos niños -de esos que han sido bautizados por sus padres- no se ilusionan por el nacimiento de Jesús, sino porque el señor ese barrigudo les deja, o bien debajo del árbol de Navidad o colgado en un enorme calcetín navideño los esperados regalos. Este es un ejemplo muy claro de lo mismo que les pasó a San José y a la Virgen, cuando nerviosos, por la inmediatez del momento, nadie se dignó en abrirles las puertas de las posadas. La Palabra se cumple aquí y ahora. San José y la Virgen vuelven a llamar apresuradamente a nuestras puertas y se encuentran que no tienen respuesta porque muchos esperan a un gordinflón colorado en vez del Hijo de Dios encarnado.
            Muchos padres hacen dejación de sus funciones a la hora de educar en la fe a sus hijos y esto es un problema sumamente serio porque las raíces cristianas se van perdiendo y con ellas los valores que van insertos. La fe no es algo exterior o añadido a nuestra cultura, sino que es un fermento dentro de ella que la purifica y perfecciona. Somos cristianos por opción fundamental. Cierto que algunos tienen únicamente de cristianos la partida de bautismo inscrito en su parroquia respectiva. Nosotros deseamos ser de aquellos que experimentan el gozo profundo en el alma por tener a Jesucristo a nuestro lado. San Pablo cuando escribe a Tito -uno de sus más cercanos colaboradores- le dice que al acoger el mensaje y a la persona de Cristo han entrado en una dinámica existencial totalmente nueva: que la fe ha de reestructurar totalmente todo. Y cuando digo todo es todo. Hay que empezar a redimir toda nuestra parcela social y cultural a la luz de la fe. Tal vez estemos tan mal- espiritualmente hablando- que creamos que estamos bien. Si nadie nos ha urgido a la conversión para que rompamos con nuestros actos y pensamientos de impiedad ni que nos alejemos de los deseos mundanos, tal vez pensemos que todo está en orden. Pero tan pronto como a Jesucristo le permites que nazca en tu hogar vas facilitando y abriendo una puerta de acceso para que entre un nuevo modo de entender tu existencia con la sabiduría procedente de Dios. Y lo primero que va a hacer va a denunciarte: La Palabra de Dios te denuncia por tu pecado, y eso escuece, y no poco.
            Pero claro, esto nos puede pasar lo mismo que suele suceder con esos fascículos para aprender idiomas. Al principio lo tomas con ganas y entusiasmo, pero van a apareciendo otras cosas más urgentes para hacer y la desgana y la pereza van haciendo de las suyas, ...pues uno termina dejando que esos fascículos duerman 'el sueño de los justos'. Uno puede ilusionarse al descubrir algo novedoso al sentir la aportación que Cristo le hace en su relación familiar...pero al sufrir la dificultad que implica ser fiel a Cristo hace que uno lo vaya dejando al sufrir por la falta de aliento. Por eso los hermanos son fundamentales para poder vivir la fe en comunidad y personalmente. No nos podemos conformar con la celebración dominical o asistir a la Iglesia cuando toque, sino que habría que dar un paso nuevo, decisivo y valiente: crear comunidades que se viva la fe dentro de las parroquias, y de este modo las parroquias fueran comunidad de comunidades. Sólo de este modo los cristianos podremos rehacer la visión del mundo y sus formas de convivencia adecuándolas a las exigencias y posibilidades de la vida cristiana que nace de la fe.              
             No olvidemos que el Señor nos quiere para que seamos miembros de su pueblo. Y esto yo no me lo saco de la chistera, lo dice con toda claridad la Palabra de Dios y en concreto lo saca a colación San Pablo: «Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras».

            Ese pequeño niño que hoy colocamos en el portal, junto a San José y a la Virgen María, ha venido para ofertarte una palabra que regenerará tu vida siempre que le dejes actuar a Él.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Homilía del Segundo Domingo de Adviento, ciclo c

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO. Ciclo c
Lectura del Profeta Baruc 5, 1-9
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 1-6

            Los creyentes vivimos en nuestra cultura con cierta incomodidad. La fe está llamada a enraizarse en las diversas realidades donde nos movemos y poder desarrollarse. Nadie puede olvidarse que el Evangelio ha sido causa de escándalo para los judíos y locura para los gentiles. Y que el Dios de Jesucristo no se parece a un carrito de la compra donde uno va echando lo que más le conviene. Del mismo modo que uno no puede arrancar las páginas de la Biblia que a uno no le convencen o le incomodan, porque terminaríamos arrojando a la hoguera hasta las mismas pastas del libro sagrado.
            Tampoco podemos condescender con determinados planteamientos de pensamiento o con determinados modos de entender las relaciones sociales o familiares porque, aparte de perjudicarnos, estaríamos distorsionando el Mensaje de Jesucristo. La Palabra nos exige obediencia. Pero podemos pensar que la Palabra está escrita en un libro, que a su vez está en una estantería y que somos nosotros los que estamos en el mundo y que nos tenemos que apañar como podemos, muchas veces muy zarandeados por el materialismo, por el relativismo, por la impiedad reinante. Vivir cristianamente aquí y ahora significa vivir estando muy espabilados. Hemos de tratar de discernir los elementos culturales en los que nos movemos analizando si es compatible o no con las afirmaciones de la fe.

            San Juan el Bautista hoy ya nos lo está diciendo con gran claridad pidiéndonos la conversión: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale». Y preparamos el camino del Señor escuchando su Palabra. La Palabra es la semilla que el Espíritu Santo deposita en nosotros para despertarnos y avivar nuestra unión a Cristo. Gracias al contacto directo y frecuente con la Palabra vamos cayendo en la cuenta de que las cosas en nuestra vida no las tenemos tan bien como pensábamos.  Los planetas del sistema solar cuando más alejado del Sol mas hielo aparece. Todos tenemos la experiencia de creernos muy seguros de muchas cosas, de decir, yo en ese pecado no voy a caer nunca. Pero... cuando uno va descuidando y alejándose del sol que es Cristo...cuando uno baja la intensidad en la oración, empieza un poco a relajarse en las costumbres, uno cae donde no debería de caer. Es decir, que cuando no dejamos actuar como tiene que actuar el Espíritu Santo ya se encarga el Demonio de 'campar a sus anchas' dañando todo lo que encuentra a su paso. Por eso San Juan el Bautista nos urge a la conversión para hoy y ahora, porque tal vez mañana sea demasiado tarde. 

sábado, 28 de noviembre de 2015

Homilía del Primer Domingo de Adviento, ciclo c



PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo c
            El Papa Benedicto XVI decía a los jóvenes que «quien se entrega a Jesucristo no pierde nada, sino que lo encuentra todo». Hace pocos días visitando las habitaciones del hospital me encontré con unas catequistas de confirmación. Las mujeres estaban desazonadas porque los chicos no les hacían ni caso y los padres aún menos. Querer que vivan como cristianos aquellos que no creen o creen mal es golpear en hierro frío. Primero tiene que despertar a la fe. Si este presbítero a esta altura de la película viene diciendo que entre todos los presentes casi ni recolectamos un gramo de fe, tal vez alguno se pueda molestar conmigo. De todos modos Jesucristo ya nos decía «porque yo os aseguro que si tenéis fe como un grano de mostaza, diríais a ese monte: ’Desplázate de aquí a allá’, y se desplazará» (Mt 17, 20). Ahora bien, cuando un cristiano empieza a despertar en la fe tiene que comenzar a sentir que hay cosas que empiezan a sobrar en su vida. Si una persona va paseando por la calle bajo el justiciero sol de pleno mes de agosto con un abrigo y con bufanda alguna tuerca le falta. Es decir, uno caerá en la cuenta de que empieza a tener fe cuando se empieza a despegar de muchas cosas. De todos modos, hay que ser muy ingenio para llegar a pensar que esos niños de primera comunión o esos  chicos de confirmación vayan a vivir como cristianos si ni se plantean personalmente el hecho de despertar a la fe. Seamos claros, es una pérdida miserable de tiempo y de energías. De hecho muchas parroquias podrán tener mucho dinero, pero poquita vida cristiana. Digo esto porque de haber vida cristiana se notaría, tal y como se nota un incendio en medio de un bosque en plena noche. Y si no hay incendio no hay calor, ni fuego ni nada de nada. ¿Cómo van a vivir en cristiano un matrimonio si no tienen referentes? ¿Cómo van a descubrir lo que supone ser cristiano en el noviazgo sino tienen a quienes poder consultar a aquellos que lo han vivido teniendo a Cristo en todo el medio? ¿Cómo van a trasmitir la fe a los hijos si ellos mismos no valoran ni la fe, ni la pertenencia a la Iglesia y entienden su ser cristianos como una sucesión de actos públicos socialmente reconocidos que se han de hacer cuando o bien sea necesario o bien uno ‘lo sienta’? Es que realmente no me extraña que estemos tan mal si los propios presbíteros tenemos tan poco celo por la salvación de la almas.
            Dice San Pablo a los de Tesalónica: «Habéis aprendido de nosotros como proceder para agradar a Dios». Cuando uno despierta a la fe descubre lo que es el amor, empieza diferenciar entre las cosas que vienen de Dios y lo que viene de Satanás. Y una vez que el cristiano está encendido en el amor a Cristo es entonces cuando entra en escena la moral cristiana como algo comprensible y deseable.
Si a uno le empiezas a decir que no haga eso ni aquello otro, y lo que está pensando que ni se le ocurra, te terminará cogiendo una rabia que ni te lo puedes llegar a imaginar. Dios no dejaría de ser ‘alguien’ que ‘nos corta el rollo en todo momento’ y la Iglesia es la madrastra malvada que atosiga al personal y de la que uno se desea liberar lo antes posible.
Cristo es consciente de nuestra gravísima mediocridad y de la escasa evangelización que estamos llevando a cabo, ya que se sigue pensando que las cosas tal y como están, aunque estén mal pues se deja pasar. Sin embargo el Señor nos dice: «levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Es decir, la liberación se acerca, pero ¿estaremos levantados y alzados? ¿Estemos levantados ante Dios o escondidos entre los arbustos tal y como lo estaban Adán y Eva tras saberse desnudos?

sábado, 21 de noviembre de 2015

Homilía de Jesucristo, Rey del Universo

DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo b
Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, 22 de noviembre 2015

            Un signo característico de la presencia de Jesucristo es que es rey y uno permaneciendo en su reinado es salvado. Pero resulta que el mundo se ha separado de Dios. Nosotros éramos del mundo, ahora somos de Cristo aunque estamos en esta tierra como desterrados. Y porque somos de Cristo también somos ciudadanos del Cielo que tenemos temporalmente nuestra morada en esta tierra.
Sin embargo no olvidemos que antes éramos como todo el mundo, siguiendo las sugerencias del Demonio. Antes profesábamos con nuestros labios nuestra total adhesión a Dios como el único Señor y Rey de nuestras vidas, mientras ofrecíamos incienso a otros dioses en los que teníamos puesto nuestro corazón y las esperanzas. Decíamos que éramos monoteístas, pero éramos politeístas prácticos. Ahora, tal vez sigamos cayendo en ese pecado mortal del politeísmo y de la idolatría, pero ahora con la diferencia de conocer dónde están nuestras debilidades para evitarlas refugiándonos en el Señor. Nos dice Jesucristo: «Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24). Y le respondemos al Señor que estamos totalmente de acuerdo y que Él es el único que ocupa todo nuestro corazón. Pero es que resulta que uno ha prestado algo de dinero para comprar algo o para hacer un favor a alguien y está esperando recuperarlo lo antes posible. Y el tiempo pasa y el dinero no llega y uno empieza a hacer juicios contra el hermano, se le envenena la sangre y está en 'un sin vivir' en tensión ansiando tener entre sus manos ese dinero.          
            Recuerdo a esa madre de familia, que vivía con una mísera pensión, con el marido en el paro, con niños a su cargo, que va a los ultramarinos del pueblo para adquirir los alimentos básicos para su familia y va dejando a deber cada vez más con el ánimo de poder saldar las cuentas tan pronto como ella pueda. Es que encima mucha gente sintiéndose con derecho a juzgarla, a criticarla, murmurar de su esposo llamándole zángano y no cortándose 'ni un pelo' para humillarla. A lo que se sumaba que el dueño de la tienda de ultramarinos iba poniendo muchos reparos en darle la comida a esa pobre mujer, llegando casi a mendigárselo y los vecinos que conocían su precaria situación se burlaban a sus espaldas y nadie era capaz de ayudarla como los cristianos deberían de hacerlo, ya que hubo ya alguien que lo hizo por cada uno de nosotros. Sin embargo, bien acuden al culto pero su corazón está muy lejos del Señor. ¿Acaso en esta situación de precariedad y de injusticia se está dejando a Jesucristo que ejerza su reinado? No se le está permitiendo porque las fuerzas de Satanás se oponen con todas sus ganas. Lo curioso de todo esto es que la mayoría de la gente encarcelan a Cristo en el templo no permitiéndole que su reinado traspase ese pórtico, soltando a los demonios para que anden a su aire y se pavoneen por las calles y casas.
            Nosotros vivíamos antes según el proceder de este mundo. Nosotros nos elaborábamos nuestra particular verdad para afrontar la vida cotidiana, engañándonos a nosotros mismos y así acostumbrarnos a la oscuridad de las tinieblas. Es cierto que conocíamos el parecer del Señor en la mayoría de las cosas que nos acontecían, pero siempre buscábamos la vía intermedia para no romper con Dios y seguir conviviendo con nuestra mediocridad. Y de este modo andábamos en la mentira ya que al no seguir las inspiraciones de Dios nos estábamos aliando al mal. Y Cristo hoy te dice que Él ha venido para ser testigo de la verdad  y que todo el que es de la verdad, escucha su voz. Ahora bien ¿somos conscientes cuando no escuchamos su voz? La respuesta a esta pregunta va acompañada de otra pregunta: ¿vivimos según el proceder de este mundo? ¿Lo que mueve nuestro corazón son aquellas cosas que llegan a entristecer el corazón de Cristo? Un castigo terrible caerá sobre aquellos que no permitan que Cristo reine en su ser. Un castigo terrible que es buscado con entera libertad ya que uno mismo ha impedido que la gracia sanante de Cristo entre dentro de él.
            Si el agua purificadora de Cristo no nos empapa, si el Espíritu Santo no anida en nuestras almas habremos matado nuestro propio bautismo, y lo único que nos quedará será un papel con la partida de bautismo. Ante esto surge una cuestión ¿en qué consiste en ser cristiano hoy?, ¿acaso no basta con cumplir asistiendo a Misa como se ha hecho toda la vida?, ¿en qué consiste? Consiste en que se realice en nosotros el amor de Cristo. Y, ¿en qué consiste el amor de Cristo? El amor de Cristo consiste en amar a tu enemigo. Jesucristo nos dice: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen». Y claro, como siempre estamos buscando tres pies al gato, nos brota inmediatamente la pregunta espontánea: ¿Quien es mi enemigo? Surge esta pregunta porque de alguna manera nos intentamos disculpar ante Dios. Pues tú enemigo y el mío es aquel que hace lo que yo no quiero que haga. Aquel que no piensa como yo, aquel que con su forma de ser me siento desafiado y ‘me saca de mis casillas’, ese es mi enemigo y a ese yo le tengo que amar. ¿Y por qué le tengo que amar si no le puedo ni soportar? Le tengo que amar porque, como dice San Pablo, «llevando siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús para que se vea en nuestro cuerpo que Cristo está vivo, resucitado». Porque si Cristo no estuviese vivo dentro no podríamos extender los brazos en la cruz. Vamos a ver, pensemos, ¿cómo llevas tú el morir de Jesús?, pero en cosas concretas, aterrizando en lo concreto. ¿Te dejas crucificar por los defectos de tu hermana que a veces te resulta hasta insoportable?

            Dios nos ha destinado para hacer una obra enorme que es conducirnos a la santidad. Cristo es el Santo, Cristo es el rey, Cristo es el Señor. Abandonémonos en Él con infinita confianza.  

domingo, 1 de noviembre de 2015

Homilía de la Solemnidad de Todos los Santos 2015

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 2015

            A lo largo de nuestra vida nos encontramos con muchos momentos de desaliento. Circunstancias o situaciones que nos generan gran desasosiego, ya sea porque las cosas no salen como pensábamos, bien sea porque las fuerzas empiezan a escasear en la lucha cotidiana. Además combatir el combate de la fe y luchar por ser fiel a Jesucristo es algo que termina agotando, ya que experimentamos en nuestra propia carne que un tesoro tan valioso lo llevamos en vasijas de barro y que la fuerza no procede de nosotros mismos, sino de Dios.
         Si Dios nos quitase la debilidad nos volveríamos unos soberbios y no llegaríamos a obtener el conocimiento de la verdad. Y sabemos muy bien de nuestra fragilidad, sabemos muy bien que somos vasos de barro porque conocemos cuales son nuestros pecados. Sabemos que somos perezosos, que juzgamos con gran facilidad. Cada cual conoce su debilidad. Y Dios ha puesto el tesoro de su mensaje; Dios ha puesto su Palabra en nuestras vidas, ha instalado su particular tienda de campaña en el santuario de nuestra alma porque así lo ha considerado Él oportuno. Y yo me digo, ¿cómo es posible que el Todopoderoso coloque en nuestras manos pecadoras un Mensaje tan sublime, tan extraordinariamente tan importante ya que en Él mismo reside nuestra propia salvación? ¿Por qué Dios actúa así? Dice el iniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Arguello que «desde lejos la luna brilla, pero si te acercas ves que la luna es toda polvo». Y es una verdad como un templo.
Tal vez encuentres a una religiosa, a un presbítero, a un Cardenal  o a un padre de familia magnífico, de esos ante los cuales ‘uno se quita el sombrero’, pero convives con ellos, vas conociéndole más en el trato frecuente y dices: Si la gente supiese como es ese presbítero,  o esa religiosa o padre de familia... se escandalizaría. ¡Cómo me siento tan defraudado de ellos! Es que todos somos barro, como ese barro de la luna.
         Sin embargo Dios, a pesar de nuestras miserias, traiciones, deslealtades, de los pecados de los que reincidimos una y otra vez... a pesar de todo esta miseria de nuestro ser, a pesar de eso Dios sigue depositando su Palabra en nuestros corazones para que nos demos cuenta que la fuerza viene de Dios, que este amor viene de Dios. ¿Cómo es posible que una esposa perdone la infidelidad de su esposo si no tiene la fuerza que le asiste de lo alto? ¿Cómo es posible que un inútil como un servidor pueda estar proclamando la palabra de Dios? ¿Cómo es posible? Es posible porque Dios está con nosotros y como reza el salmo, «por eso estamos alegres». Los presentes tenemos experiencia de que Dios actúa y damos fe de la existencia de Dios porque Él ha ido dejando sus huellas dactilares a lo largo de muchos momentos de nuestro existir.
         Dios permite que tengamos tribulaciones, sufrimientos. Dios nunca se recrea de nuestro sufrimiento, es más, no quiere nuestro dolor, sólo que toda nuestra vida sea una constante ofrenda agradable ante Él. Tendremos tribulaciones y sufrimientos pero una cosa nunca podremos olvidar: Estaremos atribulados por todas partes, «pero no abandonados». Nos perseguirán, nos podrán matar los hombres de cualquier modo o forma, pero no estaremos nunca abandonados por Dios. Nos dice San Pablo que  estamos «abatidos, pero no aniquilados, llevando siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús para que se manifieste en nosotros su resurrección».
         Ser cristiano es algo magnífico. Cuando nosotros aceptamos ser tratados injustamente, aceptando ser calumniados, perseguidos, por no tener dinero, por ser fiel a Cristo ante planteamientos políticos y morales, «el mundo recibe la vida» porque ve en nosotros la luz de Cristo resucitado.

         Y en medio de este particular desierto, donde los alacranes, las serpientes y escorpiones nos muerden en los talones aparece Dios con una palabra que se nos dirige a cada uno en particular: « ¡Ahí de mí si no anunciase el Evangelio! ». Los Padres del Desierto nos dicen que cómo la serpiente repta por la tierra y siempre está dispuesta a atacar al talón, para morder e inyectar su mortífero veneno. Mas si te has puesto el calzado para anunciar el Evangelio no te morderán porque has cubierto el talón y te protege totalmente. Por muy largos y afilados que sean los mortíferos dientes nunca podrá llegar a perforar ese calzado para anunciar el Evangelio. No te pueden morder las serpientes siempre que tengas celo por anunciar el Evangelio. Esa fue el modo de proceder de los santos y a ese modo de proceder estamos llamados todos a imitar.