sábado, 5 de diciembre de 2015

Homilía del Segundo Domingo de Adviento, ciclo c

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO. Ciclo c
Lectura del Profeta Baruc 5, 1-9
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 1-6

            Los creyentes vivimos en nuestra cultura con cierta incomodidad. La fe está llamada a enraizarse en las diversas realidades donde nos movemos y poder desarrollarse. Nadie puede olvidarse que el Evangelio ha sido causa de escándalo para los judíos y locura para los gentiles. Y que el Dios de Jesucristo no se parece a un carrito de la compra donde uno va echando lo que más le conviene. Del mismo modo que uno no puede arrancar las páginas de la Biblia que a uno no le convencen o le incomodan, porque terminaríamos arrojando a la hoguera hasta las mismas pastas del libro sagrado.
            Tampoco podemos condescender con determinados planteamientos de pensamiento o con determinados modos de entender las relaciones sociales o familiares porque, aparte de perjudicarnos, estaríamos distorsionando el Mensaje de Jesucristo. La Palabra nos exige obediencia. Pero podemos pensar que la Palabra está escrita en un libro, que a su vez está en una estantería y que somos nosotros los que estamos en el mundo y que nos tenemos que apañar como podemos, muchas veces muy zarandeados por el materialismo, por el relativismo, por la impiedad reinante. Vivir cristianamente aquí y ahora significa vivir estando muy espabilados. Hemos de tratar de discernir los elementos culturales en los que nos movemos analizando si es compatible o no con las afirmaciones de la fe.

            San Juan el Bautista hoy ya nos lo está diciendo con gran claridad pidiéndonos la conversión: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale». Y preparamos el camino del Señor escuchando su Palabra. La Palabra es la semilla que el Espíritu Santo deposita en nosotros para despertarnos y avivar nuestra unión a Cristo. Gracias al contacto directo y frecuente con la Palabra vamos cayendo en la cuenta de que las cosas en nuestra vida no las tenemos tan bien como pensábamos.  Los planetas del sistema solar cuando más alejado del Sol mas hielo aparece. Todos tenemos la experiencia de creernos muy seguros de muchas cosas, de decir, yo en ese pecado no voy a caer nunca. Pero... cuando uno va descuidando y alejándose del sol que es Cristo...cuando uno baja la intensidad en la oración, empieza un poco a relajarse en las costumbres, uno cae donde no debería de caer. Es decir, que cuando no dejamos actuar como tiene que actuar el Espíritu Santo ya se encarga el Demonio de 'campar a sus anchas' dañando todo lo que encuentra a su paso. Por eso San Juan el Bautista nos urge a la conversión para hoy y ahora, porque tal vez mañana sea demasiado tarde. 

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