viernes, 24 de agosto de 2007

Afectividad en el mundo juvenil: EDUCAR EL CORAZÓN

Fuente: http://www.iglesianavarrajoven.org/v3/IMG/doc/Aprender_a_amar.doc

AFECTIVIDAD EN EL MUNDO JUVENIL
EDUCAR EL CORAZON

Hemos de ser conscientes del contexto en el que nos toca vivir, y del desafío al que os enfrentáis. La humanidad vive un período nuevo de la historia y nos encontramos en una sociedad cuyo talante viene reflejado muy bien en la palabra light. El hombre de hoy es hedonista y consumista, compra cada mañana una cosa nueva y a la tarde la tira porque es vieja. Es relativista y escéptico, prefiere un pensamiento débil que no le comprometa. Nuestra época es la época del feeling, del sentimiento; se vive de impresiones, impactos sensoriales o emocionales, de los pasajero.

Las relaciones personales afectivas están impregnadas de este modo de concebir la vida. Por ello, este mundo se caracteriza por la manipulación emocional y el manoseo afectivo, en el que se busca entrar en la intimidad del otro para manipularlo y conseguir que el otro sea objeto del propio placer.

Sin embargo, todos somos conscientes de que el ser humano tiene necesidad de vivir el amor, y esto lo experimentamos en una doble vertiente: deseamos recibir amor, es decir cariño, amistad, solidaridad.... pero también deseamos dar amor, la entrega de sí mismo al otro en todo su ser.

La psicología nos enseña que éstos son los rasgos del amor y que forman parte de la vida del hombre de tal modo que son necesarios para su desarrollo y educación. Además, la meta de todo proceso de maduración está en el desarrollo de la capacidad de amar.

Hoy se da por supuesto que todo el mundo sabe amar, y no se dedica tiempo a hablar y cultivar el amor en todas sus dimensiones. Es cierto que en los medios de comunicación se dedica un tiempo a ello, pero en la gran mayoría de las ocasiones haciendo de ello un espectáculo y/o reduccionismo al campo sentimental o biológico.

Hablar de amor es algo que está muy oído, muy usado, es un tema que está repetido en canciones, slogans, televisión...sin embargo, no siempre esto es expresión del amor.

Durante los últimos años hemos asistido a la reducción del amor al sexo, y hoy es una osadía hablar del amor en serio. Todo esto es consecuencia de la Revolución Sexual que comenzó desvinculando la sexualidad de la procreación, posteriormente desvinculó la sexualidad del amor, para acabar finalmente relativizando el cuerpo perdiendo su dignidad y pudiendo ser manipulado. Esto se manifiesta en relaciones sexuales sin compromiso, anticoncepción, post-coitales, aborto, desviaciones sexuales; en definitiva una cultura de soledad y muerte.
Los frutos de esta revolución son el aumento de personas que sufren un proceso de maduración personal deficiente, marcado por profundas carencias afectivas y emotivas; el aumento de matrimonios rotos y el número de amistades o compromisos fracasados. Por ello, hoy más que nunca es necesaria la Revolución del Amor para la cual es necesario aprender a amar, educar el corazón.

Es necesario hablar, dedicar un tiempo al amor, ya que es la única empresa realmente importante nuestra vida: ¡cuánta gente se dedica a grandes empresas y proyectos y al final de su vida se sienten fracasados porque han fracasado en el amor.

Sin embargo, no basta con hablar del amor, hay que aprender a amar. Podemos decir que el amor surge de forma espontánea, y, si esto es cierto, también lo es que para que el amor permanezca requiere un esfuerzo.

Tenemos que aprender a amar como desde pequeños aprendemos a desarrollar el resto de nuestras capacidades: hablar, andar, jugar, pensar.... y también a amar; y, esto lo aprendemos desde niños en la familia donde nos sentimos queridos por nosotros mismos.

Siendo algo tan importante hay que dedicarle tiempo y esfuerzo porque amar es un arte; por eso, quien más sabe de amor no es quien más ha leído sino quien más ha amado. Muchas de nuestras madres son expertas en amar, y si les pidiéramos que nos explicaran como se ama en muchas ocasiones no encontrarían palabras, pero podemos aprender de sus hechos que son los que más hablan y enseñan.

El amor es uno de esos saberes que sólo practicándolo se alcanza y que al practicarlo transforma al propio sujeto.

En esta sociedad se hacen más necesarios que nunca jóvenes capaces de amar con autenticidad, que en su manera de vivir manifiesten una intención limpia al acercarse a los otros y al ofrecer su intimidad. Que garanticen con su vida una acogida libre y sana.

En la adolescencia y juventud es donde se empieza a hacer consciente la vivencia afectiva. Por ello habitualmente es donde empiezan las auténticas amistades. Una verdadera amistad entre chicos-chicas es una escuela de amor.

Educar el corazón, la afectividad, debe ser la médula de toda pedagogía familiar, escolar, de grupos, parroquias... Sin embargo, es un tema que permanece un poco en el olvido. Por eso, muchas personas llegan a la edad adulta sin ese equilibrio afectivo indispensable para vivir la vocación al amor, ya sea en el matrimonio o en la virginidad.

Se suele decir que el hombre es razón, inteligencia, pero la psicología va por otro camino. En la mayoría de las ocasiones, el corazón es el que mueve nuestro entendimiento. Por eso la educación del corazón es tan importante como la de la inteligencia. Sólo al calor de los estados afectivos, las ideas se transforman en actos, se hacen fecundas en la vida... Y si no, pensar por qué estáis aquí, qué es lo que os ha traído a este encuentro. Seguro que ha sido el deseo de amar, la amistad entre vosotros y con Jesús.

En nuestra sociedad, marcada como os decía por el hedonismo y el consumismo, y en la que no se da una auténtica educación del corazón, la afectividad tan imprescindible y decisiva en la vida, muchas veces acaba en dos desviaciones: sentimentalismo y sensualidad.

El sentimientalismo empieza por la sensibleria (necesidad de manifestación externa de afecto, de cariño). Primero te haces sensiblero para acabar siendo un sentimental (las cosas son buenas o malas dependiendo del sentimiento). El sentimentalismo te inutiliza para el auténtico amor.

La inseguridad es otra desviación de la afectividad no controlada. La hipersensibilidad unida a la imaginación exaltada provoca miedo, indecisión. La persona queda bloqueada para la acción. Perpleja, indecisa no acierta a tomar y mantener decisiones. Duda de todo, vive sin paz ni sosiego.

Por ello, para que nazca el amor es necesario encauzar todas nuestras potencias afectivas purificándolas de la sensibleria, del sentimentalismo.

La maduración afectiva estabiliza una vida pero no se consigue en un día. Actos constantes superando la sensibilidad nos conducen a triunfar en el amor. Casi cuarenta años de su vida necesitó Santa Teresa para alcanzar el equilibrio afectivo. Pero es una tarea que merece la pena, porque sólo al calor de los estados afectivos, las ideas se funden en actos, se encarnan fecundas en la vida, dando lugar a una renovación del mundo.

Aprender a amar es la gran tarea de la vida, especialmente en esta edad, porque es el momento en que se configura nuestra personalidad. ¿Pero qué es amar?.

Amar es desear el Bien, y procurar el Bien para alguien, es la búsqueda del Bien, la Verdad y la Belleza ( e intentar que las otras personas lo consigan).

Esta búsqueda del Bien, normalmente surge como una necesidad en la adolescencia y lo primero que nos sucede es que nos encontramos con nosotros mismos y nos damos cuenta de que no somos ni todo lo buenos, ni bellos, ni verdaderos como nos gustaría ser. Ante este descubrimiento existe el riesgo de evadirnos: no quiero conocerme para no decepcionarme. Sin embargo, tenemos que conocernos con nuestras virtudes y nuestros defectos, y aceptarnos tal y como somos. Aceptar no significa consentir, por lo que en todo proceso de amor se intenta superar esas limitaciones.

Para que triunfe un proyecto de amor es fundamental amarse a sí mismo; esto quiere decir encontrarse a uno mismo y querer crecer en el Bien, la Verdad y la Belleza.

Para amarnos a nosotros mismos la primera condición es conocer y descubrir que somos únicos e irrepetibles; el día que hacemos ese descubrimiento adquirimos confianza en nosotros mismos.

Sin embargo, no basta con conocernos a nosotros mismos, tenemos que aceptarnos, y esta aceptación ha de ser de toda nuestra persona. Para triunfar en un proyecto de amor hay que aceptar cada una de las parcelas de nuestra vida, también aquellas que generan tensión, sabiendo que las que se puedan cambiar intentaremos cambiarlas, pero siempre habrá aspectos que no podamos transformar y que habremos de aceptar y querer.

La gran pregunta que nos podemos hacer es ¿cómo me puedo aceptar a mí mismo?. Hay una solución que se da con mucha frecuencia en el mundo moderno. “esas ideas olvídalas y en el caso de que surjan dí ¡qué maravilloso soy!. Sin embargo, sólo podemos aceptarnos realmente a nosotros mismos dejándonos amar, con nuestras miserias y nuestras grandezas, dejarnos amar de manera gratuita tal y como somos. De aquí la importancia de una familia en la que los niños crecen siendo queridos por lo que son, los grupos de amigos verdaderos....

Para que haya un auténtico amor hay que entregarse, pero para poder entregarnos primero tenemos que poseernos ya que nadie puede entregar lo que no tiene. Por lo tanto, si no nos poseemos a nosotros mismos, si no somos dueños de nosotros mismos, es muy difícil que podamos hacer un proyecto de amor auténtico.

Es importante que distingamos distintos tipos de amor:
- Amor sensible: supone vivencias en cuyo origen no se produce propiamente una decisión personal y libre, sino que está en función de unas sensaciones producidas por unos estímulos y ajenas a nuestra voluntad. Es algo que nos pasa, que padecemos. Esto sucede en el enamoramiento, donde una fuerza emocional intensa surge entre dos personas, es algo que nos ocurre, nos pasa muchas veces sin premeditación y de lo que en ocasiones no podemos ser dueños.

Hay personas que sienten despertar arrebatos de pasión y con el paso del tiempo ya no sienten lo mismo por esa persona, dejan de experimentar el mismo atractivo, los mismos sentimientos (ya no es como al principio...). Ante esta constatación, con frecuencia se buscan dosis mayores que produzcan la misma sensación y/o cambiamos de persona.

El amor tiene un componente sensible. Pero hay que aprender a ser dueño de los sentimientos para que no nos esclavicen. El amor sensible tiende a alimentarse de ensueños, novelas, fantasías. Puede llevarnos a situaciones en las que nos alejamos de nuestras obligaciones, nos lleva a decepciones, nos encerramos en nosotros mismos incapacitándonos para el amor verdadero. Amar con amor en que predominan los sentidos es tener hambre siempre, no saciarse nunca, pasar la vida sin amar. En el fondo es un amor egoísta y por tanto no es amor.

Nadie puede prometer que sus sentimientos van ser los mismos durante toda la vida porque los sentimientos comienzan e incluso pueden llegar a desaparecer. Los sentimientos no dependen de nosotros.

Por eso el amor es mucho más que un sentimiento.
- Amor verdadero: Amar es desear el Bien y procurar el Bien para alguien, es la búsqueda del Bien, la Verdad y la Belleza.
Amarse no es mirarse el uno al otro como si toda empezara y acabara en nosotros. No es un conjunto de miradas que se reflejan mutuamente. El amor es algo dinámico, creador, por eso aporta algo nuevo al mundo. La mirada amorosa y la vida que se hacen donación de amor, suponen salir de sí mismo. El amor no son dos personas que se miran mutuamente, sino que amante y amado miran juntos en una misma dirección; el amor es una forma de relacionarnos en la que salimos de nosotros mismos para ir al encuentro del otro tras un bien; por eso el amor auténtico es siempre fecundo, busca el bien, la verdad y la belleza.

Pero, ¿cuáles son las características de este amor?
1- En primer lugar he de decir que el amor no es sólo un sentimiento, es también un acto de voluntad, por eso necesita un aprendizaje.

El sentimiento es algo que surge en nosotros y de lo que en cierto modo no somos dueños, sin embargo en el amor la voluntad es la dueña del querer. El amor verdadero es fruto de una decisión libre de un sujeto que elige querer.

Comenta Erich Fromm en El arte de amar “Amar a alguien no es meramente un sentimiento poderoso. Es una decisión, es un juicio, es una promesa. Si el amor no fuera más que un sentimiento, no existirían bases para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento comienza y puede desaparecer. ¿Cómo puedo yo juzgar que durará eternamente, si mi acto no implica juicio y decisión?”.

Por otra parte, el amor verdadero conlleva en muchas ocasiones sufrimientos. Sólo cuando se superan las dificultades, tanto externas como internas que generan sentimientos no siempre agradables, el amor es auténtico. Una prueba que podemos dar a una persona de nuestro amor y afecto es sufrir por ella.

2- En segundo lugar el amor auténtico supone un conocimiento verdadero y una aceptación de sí mismo.
No puede amarse lo que no se conoce y tampoco puede conocerse, de verdad, lo que no se ama.

Un conocimiento auténtico requiere el cultivo de otros hábitos: capacidad de reflexión, auto-análisis, silencio... Sin embargo, hoy en día vivimos en una sociedad llamada de la información, en la que todos éstos hábitos son difíciles de conseguir. Solicitados continuamente por los ruidos, ocupaciones y conocimientos externos no tenemos tiempo para conocernos y muchas veces somos un misterio para nosotros mismos.

3. – La tercera característica es el conocimiento y aceptación del otro: tal y como es, no tal y como nos gustaría que fuera, y esto supone una renuncia a nuestras pretensiones. Muchas veces tenemos la tentación de querer conseguir que el otro sea como yo deseo y esto sería una manipulación, una reducción de su condición personal a objeto deseable por mí. Hay algo personal, irrepetible, sagrado en el otro que me impide convertirlo en algo acomodable a mis sueños. Es alguien y no una cosa manipulable.

4.– En cuarto lugar el amor auténtico es exigente: “el que ama intensamente no admite nada que pueda disminuir su amor” (Santo Tomás).

Hay factores externos, personas, cosas (el juego, las adicciones, la famosa secretaria...) que pueden disminuir el amor; pero no sólo debemos fijarnos en éstos sino que también los factores internos como son los defectos personales, pueden disminuir el amor de la otra persona. Por eso, el verdadero amante exige del amado que corrija sus defectos personales.

¿Cómo puede ser compatible el respeto y la aceptación del otro con la exigencia?. Si amar es querer el bien para el otro, quererle es desear y hacer todo lo que esté en nuestra mano para que desaparezcan todas las limitaciones que pueda tener.

Amor y exigencia no están reñidos. Una cosa es aceptar las debilidades, limitaciones... y otra cosa es pactar con ellos.

Por otra parte, el amado ha de tener una actitud generosa y ha de aceptar las correcciones que el otro le haga; es más, antes incluso, comienza a corregir aquellos defectos que puedan entorpecer el amor.
Si bien el amor surge de forma espontánea, requiere para su crecimiento de un trabajo común, consciente y constante.

5. – Por último, el amor humano puede ser eterno pero no absoluto.
Una de las características del amor auténtico es que puede durar siempre, precisamente porque la persona como tal no tiene límites.

¿De qué depende la permanencia del amor?. De la categoría de los amantes, de la capacidad de sorprenderse y renovarse, de saber exigir y aceptar las limitaciones del otro. De intentar profundizar en el conocimiento y aceptar que nunca tocamos fondo. El amor puede ser eterno en la medida en que se abre a los demás y a valores que trascienden la propia pareja. De otro modo corremos el peligro de encerrarnos en nosotros mismos, cayendo en el egoísmo.

Pero el amor entre dos personas no puede ser absoluto, como nosotros no somos absolutos. Decíamos que amar es querer el bien. Cuando amamos buscamos el bien, el amor al otro es una forma de abrirse al bien. Pero el otro no es el Bien, el otro es bueno.

Sólo en la medida en que ese amor me lleva al Bien absoluto que es Dios, ese amor será auténtico. Juan Pablo II dijo en el Encuentro Mundial de la Juventud celebrado en Santiago de Compostela: “A través de aquél amor que nace en vosotros –y quiere ser esculpido en el proyecto de toda la vida- debéis ver a Dios que es amor. Por lo tanto os pido que no interrumpáis el diálogo con Xto.”

El corazón, nuestra capacidad de amar, es el tesoro más hermoso que Dios nos ha regalado, la fuerza que ha puesto a nuestra disposición y a la del mundo. Sin embargo, muchas veces es difícil lograr el equilibrio afectivo que nos hará amar a los demás con un amor auténtico. Para alcanzar este equilibrio es necesario:
A.-Poseerse: nadie puede dar lo que no tiene (conocerse, aceptarse y quererse)
B.-Amar con amor noble: en las relaciones personales se pueden dar diferentes situaciones.
Hay un atractivo de instinto que no produce verdadera alegría y que no es amor.
Hay un amor sensible que es más elevado, pero que tenemos que saber ser dueños de él para que no nos esclavice.

Tenemos que amar con amor noble, un amor que no se busca, se da. No se preocupa de recibir sino de irradiar. Va al encuentro de los demás para consolarlos, acompañarlos, iluminar su vida. Su dicha es la felicidad del que ama. No es celoso, tiránico, monopolizador. Es generoso para entregarse, tierno para compadecerse. Ama sin exigir retorno aunque lo desea y espera. El amor noble es, sobre todo, fiel hasta la muerte. Amar con un corazón noble, es una grandeza para el que lo tiene, un tesoro para los demás.

C.- Domina tu corazón: Hay que tener cuidado para que dentro de nuestro corazón no entre nada turbio, malsano, novelesco, apasionado. Para ello hay que cuidar la vista, dominar la curiosidad, vencer la vanidad. Si esto sucediera no hay que dudar en extirpar la fibra por doloroso que sea.

Hemos de conservar un corazón de niño, puro y transparente como el agua de un manantial, aunque en muchas ocasiones sufra decepciones. El corazón debe conservar siempre su frescor aunque el cuerpo envejezca con el paso de los años. No hemos de olvidar que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Somos templo de Dios, Dios habita en mí y en el otro. Si somos limpios de corazón seremos capaces de ver a Dios habitando en cada ser humano, y nuestro amor será reflejo del amor de Dios.

D.- Amar a la Virgen: que María sea realmente nuestra Madre, levantemos un altar en lo más íntimo del alma y acudamos con frecuencia a ella; María nos consuela de todo. Ella es la que nos ayuda a superar todas las crisis.

Las crisis de confianza. A veces nos sentimos solos, como flotando en el vacío. Experimentamos crisis. Cierto desequilibrio se apodera de nosotros. Hay una tendencia a encerrarse en uno mismo, insistiendo en el auto-análisis.
Crisis de sentidos. El alma se encuentra desconcertada. Experimentamos emociones más intensas que parecen nuevas, desconocidas. Son fruto del pecado original. Nos turba hasta lo más profundo la tentación egoísta que nos aleja del bien, la verdad y la belleza. En estos momentos de intensa lucha María asegura la victoria.

Crisis del corazón. El corazón adolescente despierta hacia el amor humano. Despertar providencial que le prepara a la futura paternidad y maternidad, sea en el matrimonio o en la virginidad. El secreto deseo de amar y ser amado nos conmueve sin poder evitarlo. El amor a la Virgen calma los ardores de un corazón caprichoso y nos ayuda a saber esperar y madurar para ser capaces de amar con un corazón noble.

. Entonces tienes que tener cerca a una Madre a quien contar tus más íntimas confidencias, aun aquellas que no contarías a tu madre de la tierra.

E.- Amistad con Jesús: Hemos de tratarle como a un amigo íntimo. Esta amistad empieza por conocerle, reconociendo y adorando en El al Hijo de Dios. Pero todavía queda un paso: este Hijo de Dios es mi amigo, es mi hermano.

Hemos de contarle todo. Que Jesús no ignore nunca nuestras penas, nuestras alegrías; son tan nuestras como suyas.

Jesús está allí cuando creemos estar solos. Dentro de nuestro corazón, en la Eucaristía. El nos contesta cuando nadie nos responde. El nos ama, cuando todos nos abandonan. Sólo en el Corazón de Jesús alcanzamos la madurez afectiva de una vida plenamente humana y cristiana.

martes, 21 de agosto de 2007

Mensaje a los navarros de Mons. Francisco Pérez González

Fuente: iglesianavarra.org
Mensaje a los Navarros

de

Mons. Francisco Pérez González
(Arzobispo electo de Pamplona y Obispo electo de Tudela)



Queridos diocesanos de Navarra:

Nada más ser nombrado vuestro Obispo por el Santo Padre Benedicto XVI, quiero dirigirme a todos los navarros manifestándoos mi disponibilidad y servicio en nombre de Jesucristo y de su evangelio. No voy a vosotros con pretensiones especiales, sino que voy como un humilde servidor para llevaros el don más grande que tenemos los humanos: el Amor de Cristo y de su Iglesia. Falsearía mi servicio si fuera en mi nombre; voy en nombre de Jesucristo al que quiero amar con toda mi alma y desde quien os podré acompañar, ayudar, animar, alentar, aliviar y, en solidaridad, vivir vuestras preocupaciones y alegrías. Y voy también en nombre de la Iglesia a la que quiero con pasión, como se quiere a una madre, consciente de que mi misión será la de llevaros todas las gracias y dones que en ella se contienen. Me siento pequeño y pobre, pero al mismo tiempo rico porque estoy seguro de que Dios nos ama y de que, como buen Padre, está siempre abierto al perdón y a la misericordia. En él pongo todos nuestros afanes.

Voy a suceder a Mons. Fernando Sebastián que, durante catorce años, ha desarrollado una labor pastoral importantísima en medio de vosotros. Su testimonio, su celo y su entrega serán para mí un estímulo en la nueva misión que Cristo me encomienda en nombre de la Iglesia. Muy agradecidos hemos de estar todos a D. Fernando a quien, cariñosamente, así llamáis. Quiero decirle que estas tierras de Navarra siempre serán brazos abiertos para lo que necesite. También quiero recordar a Mons. José María Cirarda quien, desde su retiro, estoy seguro que reza y pide mucho por todos nosotros.

A todos los fieles cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que vivís en esa hermosa tierra de Navarra y que tantos santos ha dado a la Iglesia, os abrazo con todo mi afecto. Voy a vosotros desde otra Iglesia particular y personal a la que he servido y pastoreado durante casi cuatro años. Quiero agradecer al ámbito militar y a los cuerpos de la Seguridad del Estado su entrega en favor de la paz y armonía social.

Mi misión es la de llevaros el amor de Cristo, lo mismo que he intentado realizar en las Diócesis precedentes. El lema de mi episcopado se fundamenta en la oración de Cristo al Padre: “Padre que todos sean uno para que el mundo crea”. En la unidad y para la unidad quiero vivir y siempre en comunión con el Papa y mis hermanos Obispos. No tengo otra divisa ni otra motivación; ésta es la única que me atrae y me urge para que Dios sea glorificado, adorado y amado siempre en medio de nosotros.

Ruego a Santa María la Real de la Catedral de Pamplona, a nuestros patronos San Fermín y San Francisco de Javier, a Santa Ana y San Agustín en Tudela y a todos los santos que veneráis en Navarra que nos protejan del mal, nos ayuden a vivir con pasión la santidad, como hicieron ellos, y a gozar de una fraternidad llena de paz y alegría.

Con mi bendición para todos y cada una de vuestras familias. Vuestro amigo y hermano,


+ Francisco Pérez González
Arzobispo electo de Pamplona y Obispo electo de Tudela

sábado, 18 de agosto de 2007

Cristo ¿resulta molesto?

CRISTO ¿RESULTA MOLESTO?
Todo lo que realmente merece la pena, no está exento de dificultades. Las lecturas de este día nos traen a la memoria los muros que tuvieron que saltar los profetas o las primeras comunidades cristianas, para ser coherentes con su fe.

Hace pocos días mantuve una conversación con una muchacha de unos 17 años, la cual a partir de una noticia que había oído en la radio la habían surgido unas cuantas dudas. Ella me decía que eso de la Iglesia que estaba bien, que se hacía importantes obras sociales, que era algo que estaba y nada más. Me contaba que para ella la misa era algo sin mucho sentido, que no la decía nada, que cuando ha tenido que ir era porque sus padres la obligaban y ella, como autodefensa, ponía el ‘piloto automático’ ‘pensado en las musarañas’ para que el tiempo pasase lo más rápido posible. También esta muchacha me expresaba, con cierta molestia, que la Iglesia, es decir, para ella, el Papa, los Obispo y los sacerdotes, queríamos como gresca, como discusiones, riñas, porque, según ella, estamos siempre a la contra: Que la Iglesia está en contra del aborto; que la Iglesia está en contra de la eutanasia; que la Iglesia está en contra de la píldora del día después, del preservativo y que incluso se había atrevido a sacar una especie de mandamientos del conductor. Ella me mostró su visión de la Iglesia como alguien que está en contra de todo. Decía que la Iglesia se metía en todo, que era una meticona y que cada cual era dueña de su vida y que nadie tenía que decirles nada.

Entonces me vino a la mente el texto del Evangelio de hoy, cuando Jesucristo nos dice esto: ‘He venido a prender fuego en el mundo’. La conté que yo tengo una especial predilección por los dulces, y en concreto por los pasteles de nata, así como los hojaldres y milhojas, sobre todo si son elaborados por las monjas. Y que cada vez que pasara en frente de una pastelería entrara en ella para comerme un rico pastel terminaría con una alta dosis de colesterol en mis venas así como con unos cuantos kilos de más que me impedirían utilizar la ropa, ya que me vería obligado a comprar ropa con unas tallas más grandes. A parte que si me dejara llevar por el placer del paladar, haría todo lo posible para, no pasear sólo una o dos veces por las calles de las pastelerías, sino todo el santo día estaría rondándolas adrede.
Es decir, que si nos dejamos llevar por el placer, por lo que me apetece no podríamos madurar, no podríamos crecer como personas y menos como cristianos. Es Jesucristo, el que por medio de su Santo Espíritu impulsa, dinamiza a la Iglesia Católica. Desea que demos pasos en libertad, en responsabilidad, que avancemos por la senda del amor auténtico.

Y a esta muchacha le puse un ejemplo. La dije lo siguiente: ¿no te has dado cuenta como a cualquier hora del día, cuando incluso los más pequeños están delante de la televisión, están poniendo publicidad anunciando preservativos, o cómo en un horario accesible para todos los públicos nos ponen películas con escenas de cama, con conversaciones lascivas?. Y es más, ¿no te das cuenta como se está justificando muy fácilmente el aborto, sobre todo en adolescentes?, ¿Por qué en un simple anuncio de televisión anunciando una bebida refrescante para jóvenes, después de que el muchacho enumerara a su supuesta madre las cosas ha hacer durante esa tarde termine la enumeración diciendo que por último 'se va a pescar', cuando lo que está diciendo con esas palabras es ir a buscar un rollo de fin de semana con una chica guapa?, ¿pero no está clara la concepción machista y prepotente del aquél que no es capaz de ver más allá de sí mismo?. Pero claro, la dije a la muchacha, como esta sociedad, la televisión y esta mentalidad alejada de Dios nos pone la miel en la boca, nos dan palmaditas en la espalda y nos dan gusto, podemos decir, que buenos somos y que bien estamos.
Pero resulta que viene Jesucristo que por medio de su Iglesia nos molesta, nos incordia, nos ‘toca las narices’ porque denuncia nuestra dejadez, porque nos saca de nuestra falsa comodidad.
Entonces yo la platee a esta muchacha esta cuestión: ¿Qué es lo que más ayuda a crecer y a vivir en libertad, el hecho de ‘vivir medio anestesiado’ con lo que te plantea en la sociedad, con lo que ves en la televisión y se leen en las revistas o aquellas personas que te dan empujones, que te inquietan, que te dicen cosas que no gustan pero que te ayudan a pensar y a madurar, que te facilitan a tomar con lucidez tus propias decisiones?.
A nadie le gusta que nos digan nuestros defectos o que nos digan cosas negativas de nosotros. Y Jesucristo que ve todos los recovecos sucios de nuestros corazones, nos intenta corregir por una simple razón: Porque nos ama.

Pues Cristo es Aquel que te da empujones, que te incordia para que vivas como hijos de Dios y hermanos, que hace sonar el despertador para que pienses con lucidez, ames con intensidad y disfrutes de la plena libertad. Dice Jesucristo: ‘¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división’. Así sea.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Ante la Asunción de Nuestra Señora a los Cielos...




Ante la Asunción de Nuestra Señora a los Cielos...

Amigos; estamos celebrando una de las grandes fiestas de nuestra vida cristiana: la Asunción de Maria…la Ascensión de la Virgen. ¡Media España y medio mundo, eleva sus ojos al cielo! ¡Allá, en lo más alto, se abre una ventana para que, a través de ella, pase la Madre del mismo Dios! ¡María!.

¡Qué bien nos viene, la imagen de los juegos olímpicos para centrar esta fiesta!.
¿Qué es lo que buscan o pretenden los atletas o los deportistas, los países que participan? Competir para ganar. Subir al podium y con cuantas medallas más y mejor.
Pues mirad esta festividad de la Asunción, me atrevería a decir, es la gran medalla que DIOS da a la Virgen por haber estado ahí, por haber corrido hasta el final, por haber permanecido fiel, por no haber humillado –y esta es la diferencia con los juegos olímpicos- al adversario sino al revés: haberse humillado para que Dios hiciera que ello que tenia pensado.
Hoy es el día en que DIOS eleva a la Virgen en el podium del cielo; le abre sus puertas, la sienta a su lado por haber jugado en limpio con sencillez y obediencia, con pobreza y humildad, con pureza y con disponibilidad… No me extraña que miles de pueblos, parroquias, catedrales, ermitas, hombres y mujeres, continentes, la tengan como punto de referencia en sus vidas. La suerte que tuvo Ella la queremos tener nosotros.
No hace mucho, conversando con unos conocidos, me comentaron que se llevaron un susto porque fueron a pasar el día de excursión por las montañas del norte de Palencia y llegado un momento se encontraron desorientados a causa de la niebla. Pasaron nervios porque la noche se les echaba encima y estaban perdidos. Menos mal que se encontraron con otro excursionista que estaba por allí y como llevaba una brújula que les indicaba el NORTE, les orientó y pudieron salir sin dificultades.

Lo mismo nos pasa a nosotros en la vida. Nuestras montañas son el quehacer cotidiano, el trabajo, la casa, los hijos, los amigos, la familia, el esposo o la esposa... siempre ajetreados y siempre pendientes.

La niebla que se levanta en nuestras montañas es la decepción, es el desaliento, el cansancio, las desilusiones, los enfados, las ganas de ‘tirar la toalla’. Y esta niebla del desaliento se cuela por todos los recovecos de nuestra vida familiar, matrimonial, laboral, etc. Y es entonces cuando aparece el miedo, el ánimo decaído, la desazón, esa angustia que nos oprime con su nudo nuestra garganta.

El excursionista que nos encontramos en medio de la niebla que nos orienta y nos da serenidad es la Iglesia.

La brújula que lleva en sus manos ese amigo excursionista representa a los siete Sacramentos, la vida espiritual, la lectura frecuente de la Palabra de Dios, los ratos de oración ante el Sagrario.

Y el norte que indica la aguja de la brújula es el mismo Jesucristo. Y es Jesucristo el que disipa nuestra nieblas y nos da la gracia, la ayuda necesaria para afrontar el quehacer cotidiano, el trabajo, la casa, los hijos, la enfermedad, y todos los retos que se nos presenten, siempre afrontándoles con lucidez y con ilusión, ya que contamos como compañero de viaje con el mismo Señor Jesús.

Nuestra Madre, la Santísima Virgen María, no necesitaba tener esa brújula en la mano, como si fuera algo exterior a Ella. La Virgen tenía al mismo Jesucristo en su interior. Durante toda su vida se ha mantenido fiel dirigiendo, orientando sus ilusiones y dificultades, su quehacer, amar, pensar y sentir ordenado siempre hacia Dios. Desde su nacimiento hasta su asunción ha ido siempre caminando en línea recta hacia Dios. Una línea perfectamente recta cumpliendo la voluntad de Dios.

La Virgen María es también esa excursionista que sale a nuestro encuentro para orientarnos, para sacarnos de nuestra desorientación, de nuestro despiste. Y lo más importante, Ella nos da la mano para llevarnos ante su Hijo y Nuestro Señor.


Así sea.

domingo, 12 de agosto de 2007

El burro

Fuente: http://www.iglesianavarrajoven.org/v3/article.php3?id_article=486

EL BURRO

Un día, el burro de una campesina se cayó en un pozo. El animal lloró durante horas, mientras la campesina trataba de averiguar qué hacer. Finalmente la campesina decidió que el animal ya estaba viejo, el pozo estaba seco, y necesitaba ser tapado de todas formas y que realmente no valía la pena sacar al burro. Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarla. Todos cogieron una pala y empezaron a tirar tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Después, para sorpresa de todos, se tranquilizó... Después de unas cuantas paladas de tierra, la campesina miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble... Se sacudía la tierra y daba un paso hacia arriba. Mientras los vecinos seguían echando tierra encima del animal, él se sacudía y daba un paso hacia arriba. Pronto todos vieron sorprendidos cómo el burro llegaba hasta la boca del pozo, pasaba por encima del borde y salía trotando. La vida va a echarnos tierra, todo tipo de tierra... El truco para salirse del pozo es sacudirse la tierra y dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Nosotros podemos salir de los más profundos huecos, si nunca damos nuestro brazo a torcer. Sacudirse y dar un paso hacia arriba...

Comer sin tele

Fuente: http://www.forofamilia.org/documentos/LaFamiliaImportajunio07.pdf

COMER SIN TELE

Blanca Suárez.-
Ayer en casa se nos estropeó la televisión y se la han llevado a arreglar… Y por la noche, en la cena, me di cuenta de que estábamos todos en silencio mirando el hueco donde antes estaba la tele.Vamos,que para salir del paso me tuve que sentar encima del mueble y entretener a la familia:
- ¿Dónde está la sal? A: en la alacena.
B: En el armario… ¿Marcamos armario? ¡Síííííí!
En ese momento me puse a pensar qué pasaría si no existiese la televisión. ¡Sería el caos! Para empezar, ¿cómo decoraríamos el salón? ¿Tendríamos que volver a poner aquel cuadro del ciervo al que un perro le muerde el cuello?. Y, ¿dónde pondríamos los toreros y las bailaoras?.
¿Se lo imaginan? Sería horrible.Y tu única forma de hacer zapping sería: "Miro a mi padre, miro a mi madre, miro a mi padre, miro a mi madre… Y cuando me canso, miro al ciervo."
Y la distribución de los salones sería distinta, los sillones estarían puestos en redondo para poder
hablar y verse las caras… No como ahora, que las parejas siempre hablan de lado, como los egipcios.
¿Se han fijado? En la cama hablan de lado,en el coche hablan de lado y viendo la tele también, de lado. Si no hubiera tele, al verse de frente más de una pareja se llevaría una sorpresa:
- Oye, Mariló… ¡Si tú eres bizca!
- Pues anda que tú, que tienes unos agujeros de la nariz ...
Si no hubiese televisión sería un desastre. Y eso que no hay nada en el mundo que tenga más enemigos que la tele.
Por ejemplo, decimos que la tele tiene la culpa de que seamos unos incultos. De eso nada, la tele da mucha cultura.
¿Quién conocería Móstoles si no fuera por lo de las empanadillas?. ¿Quién sabría lo que es la arielita? ¿Y el ziritione? Si no fuese por ella nadie conocería animales exóticos como el lirón careto o Los Mosqueperros…
Y no sólo eso. Gracias a la tele sabemos idiomas, por ejemplo sabemos que yogur, en griego, se dice joroñiak ke joroñiak.Y gracias a Eurovisión sabemos que Abanibí Aboebé quiere decir "te quiero amor".
También aprendemos un idioma nuevo, el idioma de la tele… Si no hubiera televisión, cuando alguien dijera "Leche, cacao, avellanas y azúcar…" le responderíamos: "¡Po-tin-gue!" Y si le dijésemos a alguien sin venir a cuento: "Susanita tiene un ratón…" nos diría "pues que le eche matarratas".
Otra cosa de la que se acusa a la televisión es de fomentar la violencia. Aquí tengo que reconocer
que un poquito… sí. Tú estás viendo una película y te vas quedando sopa, te vas quedando sopa… Y de repente: "Chan, chan, chaaaaan… ¡¡¡Prolongue la vida de su lavadora con Calgón!!!" ¡La publicidad…! ¡Y,oye, te cabreas…!.
Y, por último, se dice que la televisión está llena de sexo… Total, porque en los programas sale una folclórica que va con un cubano que tiene un hermano gemelo...

¿En qué se ocupa Dios?

Fuente: http://ecclesiablog.blogspot.com/

miércoles 8 de agosto de 2007

¿EN QUÉ SE OCUPA DIOS?

Os ofrezco este cuento oriental que me parece precioso. Es un eco del canto del “Magníficat”, en el que se dice: Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
Sí, queridos amigos, ¿por qué nos empeñamos en escalar puestos, en tratar de ser más importantes y poderosos que otros? La grandeza de una persona no está en los títulos que posea, ni en el poder que ostenta, ni en el dinero que tenga. La grandeza de una persona le viene por ser imagen de Dios y queda subrayada por la humildad y la sencillez con la que se desenvuelve. Éste es el cuento que os traigo hoy:
Cierta vez, hace mucho tiempo, un anciano rey pensó que, habiendo visto ya en su vida todo lo que deseaba, solamente le faltaba ver a Dios. Llamó a sus sabios y consejeros y les ordenó que le hicieran ver a Dios. Aquellos le respondieron que era imposible cumplir tal orden. Él los amenazó con duros castigos.
En el campo, un pastor de ovejas se enteró del deseo del rey y de sus amenazas. Llegó hasta el palacio e hizo avisar al rey que él haría posible que viera a Dios. Una vez en la presencia del monarca, éste le preguntó si era capaz de mostrarle a Dios. El pastor le dijo que, si quería ver a Dios, tenía que salir al patio, con él, al mediodía. Así lo hicieron. El pastor le indicó entonces que, durante un minuto mirara fijamente el sol. El rey trató de mirarlo, pero no pudo, y protestó creyendo que el propósito del pastor era que quedara ciego. Entonces el pastor replicó:
-Señor, el sol es una de las obras de Dios, y no de las más grandes. Si su majestad no puede mirar directamente una de las obras de Dios, ¿cómo pretende ver al Creador del sol?. El rey reconoció que tenía razón y desistió de su propósito.-Sin embargo -agregó- tengo una pregunta que formularte. ¿Qué había antes de Dios?-Para obtener la respuesta -dijo el pastor- debe contar en forma regresiva a partir del número 10.
El rey contó: diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno. El pastor pidió que siguiera contando. El rey, fastidiado, dijo:
-¡No hay más números!.
El pastor agregó:
-Tiene razón. De la misma manera, el Uno es Dios. Con Él comienza todo, antes de él no hubo nada. El rey quedó conforme con la respuesta, pero le hizo otra pregunta. -¿En qué se ocupa Dios?. El pastor le contestó:
-Para saber eso, su majestad debe quitarse sus ropas reales y dármelas.
El rey se quitó sus ropas, las entregó al pastor, quien se vistió con ellas y pasó sus ropas de pastor al rey, pidiéndole que se vistiera con ellas. El rey preguntó:
-¿Qué más debo hacer?.
El pastor le respondió:
-Ahora tiene que bajar del trono y sentarse en el piso.
El rey así lo hizo. Entonces el pastor se sentó en el trono y declaró:
-La ocupación de Dios consiste en ensalzar a los humildes y humillar a los soberbios (Jacobo Beredjiklian - Cuento oriental).
Podríamos concluir esta lectura rezando con paz y sosiego, sin prisas, y con un corazón atento, el Salmo 130: Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros
Aprendamos de la Virgen María, nuestra madre, a vivir en la humildad, a esperarlo todo de Dios, a no considerarnos superiores a nadie, a tratar a todos como hermanos nuestros, a saber vestirnos con la ropa del otro, ponernos en el lugar del otro, para comprender y poder compartir con él su situación.
Con mi afecto y bendición,
+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Cristo, nuestro tesoro.

CRISTO, NUESTRO TESORO
Una de las tareas que tenemos los sacerdotes es visitar a los enfermos, estar con ellos y llevarles la Sagrada Comunión. No hace mucho en una de estas visitas a una enferma anciana, hablando con ella me pidió que deseaba comulgar los domingos. El caso es que llegado el domingo fui a su casa y me abrió la puerta su hijo, de unos 40 años. Cuando me disponía a dar la comunión a su madre, él con voz despectiva me medio gritó diciéndome que dejara de hacer el tonto y de hacer perder el tiempo a los demás. Me dí cuenta como su madre se sintió avergonzada del comportamiento y de la falta de educación de su hijo. Entonces estando delante de nosotros su hijo y dirigiéndome a su madre le dije a ella: ‘Os traigo a vuestra casa a Aquel que nos acogerá algún día en el Cielo. El Señor se acerca a nosotros con palabras gestos de ternura y comprensión, a pesar de todas nuestras indiferencias, frialdades y desprecios’. Desde ese día aquel hijo no volvió a mostrarse con un comportamiento tan desafortunado cada vez que llevé la Sagrada Comunión a su madre.

En otra ocasión me comentó un compañero que un muchacho de catequesis de confirmación, un chico majo, iba faltando a unas cuantas sesiones de catequesis, de tal modo que estaba alejándose de la dinámica del grupo. El caso que un día se le encontró por la calle y le preguntó al muchacho que porqué no asistía a las catequesis, a lo que el muchacho le dijo que se aburría y que esto de la iglesia no le decía nada. Mi compañero le dijo que se diera a sí mismo una oportunidad, a lo que el chico accedió. Empezaron a crear pequeños momentos de oración antes de cada sesión de catequesis, fue hablando con cada uno con él contándole como andaban con los estudios, con la familia, con los amigos, lo que hacían con el tiempo libre, lo que revistas y libros solían leer… y con esos datos les fue, poco a poco, comentando cómo un cristiano está llamado a afrontar de una manera liberadora, ilusionante y nueva todos esos aspectos cotidianos de su vida. Les inició en el mundo de la oración y se fueron dando cuenta como su comportamiento en casa y en el instituto no era el correcto y empezaron a saber pedir perdón, a reconocer lo malo y a saber dar gracias por todo lo bueno y a saber pedir ayuda. En todo esto empezaron a descubrir el sacramento del perdón y cómo Dios da la gracia necesaria para retomar la relación de amistad con Él. Mi compañero le dice que no es lo mismo vivir con fe que vivir sin fe. Que no es lo mismo vivir en plena amistad con Dios que vivir al margen de Dios. Que no es lo mismo sentirse querido por Dios que sentirse apartado de su amor. Y lo que pasa es lo de siempre, si no se reza, si no se cultiva la vida espiritual uno termina más reseco y termina equivocando creyendo que no necesita a Dios. Estos muchachos ahora están empezando a descubrir que vivir en cristiano es algo que merece la pena, que seguir a Jesucristo llena el corazón.

¿Ustedes creen que Abrahán cuando salió de su tierra, ya anciano, las tenía todas con él?. Él creyó, el se fió, él dejó todas sus seguridades para ponerse en las manos de Dios. Abrahán era un hombre profundamente creyente con una íntima relación de confianza con Dios. Él no sabía donde iba, estaba por tierras extranjeras, sufrió mucho, pero se fió del Señor y el Señor le dio su gracia para afrontar las adversidades.

¿Ustedes piensan que Abrahán, Isaac, Jacob, nuestros antiguos padres del Antiguo Testamento o que la Virgen María, San José y todos los santos a largo de todos los siglos tenían todo arreglado, disfrutando de todo tipo de seguridades?. Pues no. Se encontraron con muchos problemas, cada jornada era un reto para afrontar con la ayuda divina. Su vida de oración era intensa y su amistad con Dios era muy frecuente.

Frente a quien dice que eso de la fe es una tontería yo les respondo que muchas veces he administrado el sacramento de la Reconciliación y cómo los penitentes han salido del confesionario alegres y con paz en el corazón. Cómo cuando te llaman para que administres el sacramento de la Unción de los Enfermos a una persona que está atravesando el lecho del dolor y cuando se lo administras los enfermos se quedan tranquilos, serenos, sabiendo que están en paz con Dios. Son algunos de los muchos ejemplos que les puedo poner de cómo la fe en Dios es fundamental para los cristianos.

Cristo es lo fundamental. Él es nuestro tesoro. Y donde esté nuestro tesoro que allí también esté nuestro corazón. Así sea.