miércoles, 11 de enero de 2012

Homilia de funeral

FUNERAL DE MARÍA DEL CARMEN AURORA PÉREZ BERNOT

La muerte de un ser querido nos quiebra el corazón y la desazón hace su aparición en nuestra alma. Nos resistimos a reconocer que no nos volveremos a encontrar con ella en esta tierra. Por la fe sabemos que volveremos a gozar de su presencia, pero ya allá, en el cielo. La muerte nos recuerda que hemos salido de las manos de Dios y que a Dios regresaremos. Unos regresan más temprano que otros, ya que nadie tiene en esta vida unas garantías que nos aseguren que vamos a disfrutar hasta determinada edad. Nuestra hermana María del Carmen ha partido hacia la casa del Padre a los 91 años de edad. Es cierto que la edad avanzada lleva consigo el deterioro del cuerpo, pero lo que a nosotros nos interesa es que el alma, lo espiritual del hombre, esa relación amorosa con Dios sea lo más fluido posible.

Muchas veces, nosotros los cristianos, nos comportamos de tal manera que pareciera que no necesitásemos del auxilio divino. Nos organizamos el tiempo durante nuestras jornadas y muy pocas veces nos acordamos de Dios. Doy un paso más: incluso en las relaciones humanas, en el trato con los demás, al faltar Dios, no nos comportamos como nos deberíamos de comportar. Es importante que recordemos que toda nuestra vida ha de ser un continua acción de gracias a Aquel que nos ha dado el ser.

El Papa Juan Pablo II insistía en tocar estos temas escatológicos, que él denominaba de las "realidades últimas". Nos decía así en una de sus Catequesis sobre escatología: «La vida cristiana ... exige tener la mirada fija en la meta, en las realidades últimas y, al mismo tiempo, comprometerse en las realidades 'penúltimas' ... para que la vida cristiana sea como una gran peregrinación hacia la casa del Padre».

En efecto, la vida en esta tierra es como una antesala, como una preparación, para unos más breve que para otros, tal vez más difícil o más dolorosa para algunos. Pero en realidad no fuimos creados sólo para esta antesala, sino para el Cielo, nuestra verdadera patria.

Santa Teresa de Jesús decía que esta vida terrena es como pasar una mala noche en una mala posada. Para San Juan Crisóstomo, "la muerte es el viaje a la eternidad". Para él, la muerte es como la llegada al sitio de destino de un viajero. También hablaba de la muerte como el cambio de una mala posada, un mal cuarto de hotel (esta vida terrena) a una bellísima mansión.

Nuestra hermana María del Carmen era devota de la Santísima Virgen María bajo las advocaciones de Ntra. Sra. Guía de Llanes y Ntra. Sra. del Rasedo. Que Santa María la ayude a alcanzar la gran meta: estar en la presencia de Dios.

Dala Señor el descanso eterno….

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