sábado, 29 de septiembre de 2007

Humor: Videollamada inoportuna

Seguir a Cristo es incómodo

Jesucristo desea suscitar en nosotros hambre y sed de Dios. Es que resulta que nosotros nos hemos instalado en lo práctico, en lo cómodo, en lo que se ve y hemos perdido cierta visión de lo divino o de lo eterno.

Al meditar la Palabra de Dios no nos podemos quedar con la imagen de que el rico sea el malo y el pobre sea el angelical, ni tampoco a viceversa. A lo largo de la historia siempre ha habido y habrá ricos y pobres. Jesucristo va mucho más allá. Es el Señor el que nos está poniendo ‘las cartas levantadas sobre el tapete’ mostrándonos cómo está llamado a ser un cristiano que desee serle fiel. Él al mostrarnos ‘sus cartas’ con toda transparencia nos está invitando a sincerarnos, tanto con nosotros mismos como con Él. Y eso de sincerarse con uno mismo, eso de reconocer la propia miseria, eso de conocer y reconocer los propios pecados… eso no gusta ni le apetece a nadie.

Me acuerdo de aquel adolescente que estaba en el instituto durante la clase de trabajos manuales para hacer con marquetería una avioneta a pequeña escala. Y cuando estaba serrándola, con mucha paciencia para no salirse de los trazos señalados y evitar que se rompiese el pelo de la sierra… estaba pensando para sí que le estaba quedando una chapuza. El caso es que se le acercó un compañero que al verlo trabajando le comentó que le gustaba como lo estaba haciendo. Y nuestro afanoso muchacho le contestó que gracias que le estaba llevando su trabajo. Al cabo de un rato se le acercó un amigo de la pandilla que al ver la avioneta que estaba serrando dijo a nuestro chico: -‘Oye, que estás serrando más de la cuenta y además el dibujo trazado sobre la madera sería bueno que lo borrases e hicieras de nuevo’. – A nuestro chico las palabras de su amigo le sonaron a truenos y lanzándole la goma de borrar le contestó muy mal ‘mandándole a paseo’.

Yo me siento identificado con este adolescente. Muchas veces, aún sabiendo que nuestro obrar no es correcto ni justo, aceptamos los cumplidos, aceptamos que nos ofrezcan la miel en la boca, pero nos incomoda que nos digan ‘las cosas a las claras’ sabiendo, para remate fiesta, que el otro tiene toda la razón.

Jesucristo cuando coloca ‘sus cartas sobre el tapete’ nos está de algún modo incomodando porque nos está forzando a reconocer que mis cosas, mis preocupaciones, mi dinero, mis egoísmos me están impidiendo llegar a Dios. ¿Y cómo se yo que no estoy llegando a Dios?, yo lo conoceré en el momento que sepa si me estoy preocupando de las necesidades de los demás. Y resulta que cuando usted y un servidor colocamos mis cartas y las suyas ‘sobre el tapete’ nos quedamos desnudos ante la presencia de Dios. Nuestras cartas son las siguientes: ‘Vivir a todo tren’ al límite de nuestras posibilidades, dejarnos seducir por lo que nos anuncian, nos venden, centrarnos en nuestras cosas y olvidarnos de las inquietudes y dolores de los demás… y así un amplio elenco de actitudes y de comportamientos que solemos tener con cierta frecuencia.

Las cartas del Señor son misericordia, comprensión, dar sin esperar nada a cambio, la disculpa sin límites, el amor hecho persona y que hace que los otros se sientan reconocidos, queridos, amados, apreciados.

Sin embargo Jesucristo nunca nos recrimina nuestros defectos ‘a la cara’. Él prefiere otros métodos más cariñosos, y a la vez, acertados. ÉL VA POR DELANTE, NOS MARCA CON SUS PASOS LOS SENDEROS A SEGUIR. Jesucristo va siempre por delante de nosotros con su testimonio.

Hoy ser creyentes implica el optar. El mundo nos venderá todo lo vendible para engañarnos y que sigamos viviendo en nuestra ‘burbuja’ en donde la comodidad y el bienestar sea perfecto y nadie nos incordie. Sin embargo LA FE NOS HACE DISCERNIR, NOS LLEVA A LA VERDAD, NOS ENFRENTA A NUESTRO PROPIO YO y ‘tira de las orejas’ a nuestro amor propio y nos dice que esa avioneta que estamos haciendo en marquetería está mal delineada y serrada.

JESUCRISTO ES NUESTRA ÚNICA RIQUEZA Y EL MOTOR DE NUESTRO EXISTIR. Que nuestra actitud sea la de unas personas abiertas a Dios, solidarias con los más necesitados y conscientes de que lo efímero jamás puede eclipsar el don de la fe.

Humor: Teología de la obesidad.

Fuente: www.masjoven.org
TEOLOGÍA DE LA OBESIDAD

Y Dios pobló la tierra con espinacas, coliflor y todo tipo de vegetales, para que el Hombre y la Mujer pudieran alimentarse y llevar una vida sana. Y Satanás creó McDonal´s. Y dijo al Hombre: “¿lo quieres con fritura y grasa?”. Y el Hombre dijo: “Tamaño grande”. Y el Hombre engordó.
Y Dios dijo: “Haya yogur, para que la Mujer conserve la silueta que he creado con la costilla del Hombre”. Y Satanás creó el chocolate. Y la Mujer engordó.
Creó Dios las ensaladas, y el aceite de oliva. Y vio que estaba bien. Y Satanás hizo helado. Y la mujer engordó.
Y Dios dijo: “Mirad que os he dado frutas en abundancia, para que os sirvan de alimento”.Y Satanás produjo el turrón y toda clase de golosinas. Y el Hombre, ya desde niño, engordó, y su colesterol malo se fue por las nubes.
Y creó Dios las zapatillas, y el Hombre decidió correr para perder los kilos de más.
Pero Satanás concibió la televisión con cable. Y agregó el control remoto, para que el Hombre al cambiar de canal, durante los anuncios, o al hallar “su programa”, no tuviera que hacerlo con el sudor de su frente. Y el Hombre aumentó de peso.
Y Satanás dijo a la Mujer: “ Es apetecible a la vista de Hombre un aperitivo”. Y la Mujer le acercó al Hombre patatas fritas, palitos salados, aceitunas, pinchos y cervezas.
Y el Hombre, aferrado al control remoto, devoró el aperitivo que era profuso en colesterol. Y vio Satanás que estaba bien. Y el Hombre llegó a tener las coronarias tapadas.
Y dijo Dios:”No es bueno que el Hombre tenga un infarto”. Y entonces creó el cateterismo y la cirugía cardiovascular.
Y Satanás creó...las listas de espera y procuró que desde pequeños los niños no estudiasen para llegar a ser bueno médicos o aceptables ministros de Sanidad...

Hablar bien

Fuente: http://www.conoze.com

Se ha vuelto costumbre, en algunos ambientes, la crítica constante y sonante al prójimo. La crítica negativa se ha convertido en deporte popular y tantos los medios de comunicación como la gente misma se apresuran, en más de un caso, a juzgar, sentenciar y condenar sin siquiera tomarse el trabajo de corroborar datos, hechos y realidades.
Toda persona tiene derecho a la buena reputación, salvo que su conducta no la merezca. Es una irresponsabilidad muy grande emitir juicios condenatorios sin pruebas, sin testigos, sin nada. Todos juzgan a todos menos a ellos mismos, autor de este artículo incluido.
Hablar bien de la gente que uno estima y nos cae en gracia es una tarea bastante sencilla. Pero la sabiduría y la hombría de bien reside precisamente en destacar virtudes, gestos y valores en aquellos que, por diversos motivos, no nos caen tan bien. Es muy fácil alabar a quien nos alaba, pues de alguna manera nos sentimos correspondidos en nuestro deseo. Pero no es tan sencillo ser dueño de tal actitud cuando quien obra con perfección no es santo de nuestra devoción, por decirlo de una manera vulgar.
Es costoso destacar las obras de bien en quien creemos que hace todo mal, o distinto según nuestro modo de pensar. Se suele creer, erróneamente, que admitir algún rasgo de perfección en los excluidos de nuestro amor y nuestra caridad, significa un retroceso en nuestro escalafón social o en nuestro ideario interior.
La crítica sistemática, casi por costumbre, es tremendamente injusta. En primer lugar, porque así como cada uno observa cosas criticables en los demás, de la misma manera, esos «demás», hallarán en nosotros tal vez aún más material objeto de crítica severa. En segundo lugar, no somos nadie ni tenemos los elementos de juicio suficientes, por lo general, para estar sentenciando al prójimo que no resulta agradable a nuestro paladar intelectual. Muchas veces, esa crítica, es señal certera de un pobre examen interior, de poca introspección, de poca reflexión.
Tomarse la costumbre de hablar bien de los demás, aún cuando tuviéramos elementos para hacer lo contrario, es señal de que uno encuentra su lugar en el mundo: un hombre o mujer que día a día luchan por superar sus defectos y no se creen superiores en nada a los demás. La crítica negativa destruye, desarmoniza y crea resentimientos inútiles y venenosos, que perduran por mucho tiempo y son tremendamente difíciles de borrar.
San Josemaría Escrivá, el fundador del Opus Dei, escribió en uno de sus libros de meditaciones, «Camino», lo siguiente: «Si no sabes alabar, cállate». Buena idea... ¿no?.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Humor: ¿Quién ha sido?

Cuando uno se adentra en la aventura de conocer a Dios...

Cuando uno se adentra
en la aventura de conocer a Dios...

Cuando uno se adentra en la aventura de conocer a Dios poco a poco se va disipando la niebla de nuestro alrededor y nos permite contemplar la realidad tal y cual es en verdad. Me voy a dar a entender. Seguro que todos creemos que, más o menos andamos bien por la vida, porque como no matamos, ni robamos ni hacemos mal a nadie… pensamos que nos movemos en unos varemos de comportamiento cristiano aceptable. E incluso resulta chocante encontrarse con personas que dicen todo convencidas que ellos no tienen de qué confesarse, que eso de la confesión no lo necesitan. Ante una contestación como esta me ‘quedo a cuadros’. Suelo comparar a los pecados veniales con ese polvo que se va sedimentando en los muebles. De tal forma que si uno no ha pasado la bayeta del polvo por ellos, a las pocas semanas se puede llegar a dibujar en los muebles con un simple dedo. La suciedad acumulada del polvo nos molesta porque no podemos disfrutar de la belleza en plenitud de ese mueble… y no digamos nada si alguien, encima, es alérgico al polvo.

Hagamos una comparación: El polvo en los muebles es la suciedad molesta como los pecados veniales son el afecto desordenado que debilita la caridad. La gravedad del pecado mortal ya es más seria, los cuales serían equiparables a las terminas que devoran toda la madera que se encuentran en el camino.

Les invito a realizar un ejercicio de imaginación: Ustedes supongan que nuestro corazón fuese un potente imán, capaz de atraer hacia sí cualquier cosa. Pero este corazón ahora mismo le tenemos perfectamente aislado en una caja especial y además con el interruptor, de momento, apagado, por lo cual, hasta ahora no ha podido apresar nada en su campo de atracción electromagnético. Ahora nos vamos a disponer a sacarlo de esta caja y vamos a dar el interruptor de encendido para que atraiga hacia sí todo lo que auténticamente desea, todo aquello por lo que se anhela. Da igual que sea una minucia como si fuese un sueño irrealizable o una inmensa riqueza, ya fuera lo que fuese. ¿Se lo imaginan?. Estoy totalmente convencido que tan pronto como hemos encendido el interruptor el 98 por ciento de nuestros corazones ya estén totalmente aplastado por el amasijo de una tonelada de deseos y de aspiraciones. Seguro que la mayoría de esos deseos son buenos, son legítimos, son cosas dignas de ser deseadas. Sin embargo una sola cosa es necesaria: Jesucristo. El resto es accesorio, es cierto que más o menos nos podrán ayudar y muchas veces nos entorpecerán, pero nunca nos darán esa plenitud a la que aspira toda la persona.

Y ahora viene la pregunta: ¿En alguna de esas rendijas que han quedado entre el corazón aplastado por el amasijo de deseos ha quedado algún recoveco para Dios?... A mí me resuena aquella conversación que mantuvo Jesús con Marta y María cuando fue a visitarlas: ‘Marta, Marta, andas inquieta con tantas cosas y una sola es importante, y María ha elegido la mejor y nadie se la quitará’.

El Señor Jesús nos está diciendo que sepamos colocar nuestras cosas en su justo lugar. Dicho con otras palabras: No hagamos como definitivo, como fundamental, como esencial para nosotros cosas que en realidad son simplemente tangenciales, relativas, inconsistentes. Si ponemos en el centro de la felicidad lo que debería de figurar en su extrarradio (dinero, placer, comodidad), cuando se quiebra todo ello, nos quedaremos tan desamparados que no habrá consuelo que valga. Pensemos que aún siendo nosotros los administradores de los bienes, el único dueño es Dios.

Si nos conociésemos tal y como Dios nos conoce podríamos saber al dedillo mejor todo aquello que tenemos apegado en el corazón y se disiparía la niebla que nos impide conocer nuestros pecados. No nos conformaríamos solamente en andar como cristianos del montón, sino que con valentía, como aquel que se siente profundamente enamorado y no entiende su vida sin su amada.

El comportamiento de aquel que se siente enamorado tiende a buscar la novedad para sorprender a la persona amada. Los santos han sido personas enamoradas profundamente de Jesucristo. Ellos fueron creativos y originales que en las circunstancias más adversas supieron anunciarle con esa intensidad que solamente regala el Espíritu Santo.

Cuando uno se adentra en la aventura de conocer a Dios enseguida cae en la cuenta de dónde tiene uno su corazón, porque tal y como enuncia el adagio, donde está tu corazón ahí está tu tesoro.

Humor: El papel es peligroso

Cuentos con moral: El corazón perfecto

Fuente: http://www.loiola.org


Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en el ni máculas ni rasguños.
Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.
Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.
De pronto un anciano se acercó y dijo: “Perdona mi atrevimiento, pero, por qué dices eso, si tu corazón no es ni tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío, o el de tantas otras personas ?”.
Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.
La mirada de la gente se sobrecogió ¿como puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron ...El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. “Debes estar bromeando,” dijo.“Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.”“Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo...
Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor.
Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.”“Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio.
De ahí quedaron los huecos, dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez- regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón. ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?”
El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.
El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección.
Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.
Sí, en verdad ahora, puedo ver lo hermoso que es tu corazón.
Y tu corazón, ¿cuántas cicatrices tiene?.