jueves, 2 de abril de 2015

Homilía del VIERNES SANTO, ciclo b

VIERNES SANTO, ciclo b, 3 de abril de 2015

 
A todos nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer para no sufrir. La mayoría de esos consejos suelen ser bastante poco afortunados. Hace no mucho, sin yo pretenderlo, escuché en el hospital, de una conversación muy poco lúcida. Una señora de mediana edad, convaleciente de una intervención quirúrgica,  estaba ‘poniendo verde’ a su esposo delante de su amiga. Y su amiga, como un mago que se ‘saca de su chistera la solución mágica’ le dice: « ¿Qué necesidad tienes de soportar a tu marido?, ¡divórciate de él y así que te deje en paz!» Para esta paciente hospitalizada, su esposo era su cruz. Y esta mujer, al no aceptar su cruz, se estaba dejando convencer por la catequesis de Satanás. Satanás le va adoctrinando e introduciendo su veneno,  y lo curioso es que Satanás ‘te sabe vender muy bien la moto’, y siempre te ofrece argumentos que además te parecen ser de peso para que le hagas caso a él. Y como sabe que cuando uno lo está pasando mal desea que dicho trance doloroso pase lo antes posible ya se encarga de ofrecernos 'de sus cosas' para engañar el corazón del hombre y no vaya detrás de la Verdad.

Jesucristo no se ha encarnado para engañarnos ni para hacernos perder el tiempo. Jesucristo ya sabe, que son muchos los que le abandonan porque su mensaje es duro y exigente, ahora bien, conduce a la Vida Eterna. Esa cruz dolorosa se ha de tornar en cruz gloriosa. ¿No te has parado a pensar que quizá en esa situación de dolor, inquietud, malestar... el Señor te va educando, guiando y fortaleciendo? Uno de los problemas que Dios tiene contigo -y también conmigo- es que la felicidad que nosotros pedimos es la que nos imaginamos. Y sucede que la felicidad que Dios nos quiere dar es mucho mayor y no se puede imaginar. De acuerdo, esa esposa puede 'dar con la puerta en las narices' a su esposo, simplemente porque no le soporta; esa esposa puede comportarse del mismo modo cómo él se ha comportado con ella, haciéndole exactamente lo mismo; y pasado el tiempo esa relación se llega a enquistar perdiendo una gran oportunidad.

La carta a los Hebreos nos dice que Cristo «ha sido probado en todo exactamente como nosotros». Cristo nos comprende y sale a nuestro auxilio. Posicionarse como cristiano en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia implica reconocer que tenemos cruces. Que esas cruces las hemos intentado ocultar, nos hemos 'hecho los despistados' porque no queríamos cargar con ellas y por eso hemos tenido una serie de comportamientos y actitudes -que desdicen de nuestra fe- pero que nos han mantenido entretenidos. Es como si uno tiene un gravísimo problema de salud y en vez de afrontar ese problema nos dedicamos a estar con morfina para evadir el dolor. Y esto es 'pan para hoy y hambre para mañana'. Muchos de nuestros comportamientos inapropiados y de los pecados que cometemos tienen como origen nuestra cobardía por no reconocer la cruz que tenemos y por no abrazarla con todas las fuerzas. El Demonio te dice -y me dice- que no tenemos cruces, que lo que pasa es que Dios quiere que vivamos como si fuésemos menores de edad y que no hay nada de malo en vivir en las claves del placer estando relajados.  

Cristo se acerca a tu lado y te habla al oído: «¿Quieres heredar la Vida Eterna? ¿quieres ser mi discípulo?, pues, carga con tu cruz y sígueme». Dios no va a permitir que achaques tu vida, ni que la vivas sin sentido. Lo que quiere es que te preguntes sobre tu vida y así le digas: «Mi vida sin tí, Señor, no es vida».

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