miércoles, 13 de febrero de 2008

Condenado en Argelia un cura que oró con emigrantes

Fuente: Resumen de prensa del 13 de febrero de 2008‏ de: Opina2000 (opina2000 iglesianavarra.org)

Condenado en Argelia un cura que oró con emigrantes

EL PAÍS

Pierre Wallez, un sacerdote francés, no podía imaginarse que su visita del 26 de diciembre a los subsaharianos en Maghnia iba a ser la última. Llevaba ocho años auxiliándoles en los bosques cercanos a esa cuidad argelina pegada a la frontera marroquí.

Se desplazaba generalmente acompañado por un médico argelino de las urgencias del hospital de Maghnia que curaba las heridas de esos emigrantes que viven a la intemperie y aspiran a cruzar a Marruecos para, desde ahí, dar el salto a España. Las patrullas de Gendarmería siempre dejaban circular al sacerdote y al médico.

El 9 de enero los gendarmes cambiaron de parecer. Registraron a los dos voluntarios y encontraron "pruebas" para detenerles. El clérigo llevaba todo el ornamental litúrgico para decir misa y el médico un botiquín de primeros auxilios y medicamentos.

Tras 30 horas en el cuartelillo, el cura fue inculpado por haber rezado -no llegó a decir misa- el 26 de diciembre en un lugar no autorizado para el culto no musulmán con un puñado de cameruneses, nigerianos y ghaneanos. Su acompañante fue acusado de ejercer la medicina al margen de un centro público, pero utilizando medicamentos del hospital en el que trabajaba.

"Es difícil imaginar en qué lugar autorizado los emigrantes sin papeles y que viven en plena naturaleza pueden reunirse para practicar su religión", se indigna monseñor Alphonse Georger, obipo de Orán.

"(...) todas las medicinas han sido sufragadas por la Iglesia católica en el marco de la ayuda humanitaria que brinda a los desamparados", precisa el obispo. "Ninguna prueba del empleo de material hospitalario ha podido ser aportada excepto, acaso, el esparadrapo", concluye.

Wallez fue condenado el 30 de enero, por un tribunal de Maghnia, a un año de cárcel -no debe ingresar en prisión- y a una multa de 200.000 dinares (2.075 euros). Al médico le cayeron dos años -sí deberá ingresar en prisión- y la misma multa.

"La Iglesia católica de Argelia", reza un comunicado recién publicado por el obispado, "no comprende esta sentencia contra dos personas que efectuaron, de acuerdo con su conciencia, gestos religiosos o humanitarios". Ha recurrido el veredicto.

Las autoridades argelinas emprendieron, hace dos años, una ofensiva contra el proselitismo, que consideraban agresivo, de los evangélicos. "Está claro que ya no establecen diferencias" entre católicos y evangélicos, constata monseñor Tessier, arzobispo de Argel.

"El fenómeno del proselitismo", aseguraba hace una semana el jeque Bouamran, que encabeza el Alto Consejo Islámico argelino, "es, desde hace algún tiempo, en nuestro país más visible y más cínico". El ministro de Asuntos Religiosos, Buabdalá Ghamalá, insistía, por su parte, en el necesario respeto de la legislación argelina que no permite erigir lugares de culto sin su autorización previa.

La Iglesia recibe 150 millones del Estado y le ahorra varios miles.

Fuente: Resumen de prensa del 13 de febrero de 2008‏ De: Opina2000 (opina2000@iglesianavarra.org)

La Iglesia recibe 150 millones del Estado y le ahorra varios miles

EL MUNDO

«La Iglesia española no sólo no está subsidiada, sino que le ahorra al Estado muchos miles de millones de euros». Lo asegura el gerente del Episcopado, Fernando Giménez Barriocanal. Y como buen contable, con datos en la mano. «La Iglesia recibe en total del Estado, a través del IRPF, 150 millones de euros y, sólo en Educación, le ahorra 3.983 millones».

El vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal habla con precisión y claridad absolutas ante unos 60 delegados de medios de comunicación de toda España reunidos en la sede del Episcopado para celebrar sus jornadas anuales. Y con la facilidad expositiva que le da el ser decano de la Facultad de Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid y catedrático de Contabilidad.

«A veces somos tan acomplejados que no contamos lo que hacemos. Parece que nos da vergüenza. Además, nosotros no tenemos que inventarnos nada. Disponemos de muchísimos testimonios de gente entregada y de datos que avalan lo que hacemos por y para la sociedad», dice Barriocanal.

El contable de Dios aporta datos concretos para avalar su tesis. «Sólo Cáritas ha empleado el año pasado 184 millones de euros entre los más pobres, y eso es más del total que recibe la Iglesia del Estado».

Y añade más datos. El más significativo es el de la enseñanza, donde la Iglesia le ahorra al Estado 3.983 millones de euros. Y es que el Estado paga 4.000 euros anuales por cada plaza de colegio público. En cambio, a los concertados les paga casi la mitad. «En cada plaza concertada, el Estado se ahorra más de 2.000 euros», concluye el ponente. Contando que la Iglesia educa en sus centros a 1.350.000 alumnos, las cuentas están claras a su favor.

El gerente de los obispos enumera otras partidas, sin contabilizar en dinero contante y sonante. Pero que fácilmente, podrían ascender a varias decenas de miles de millones de euros. Algunos obispos, como el de Zaragoza, monseñor Ureña, habla de unos 36.000 millones de euros.

Barriocanal no quiere avanzar cifras globales. Pero sí partidas anuales. Por ejemplo, dos millones y medio de personas asistidas; medio millón de pobres atendidos; 334.000 personas atendidas en los dispensarios de la Iglesia; 26.000 niños en centros de tutela de la Iglesia; 72.000 ancianos en sus residencias; 60.000 voluntarios de Cáritas, o 2.800 voluntarios en las cárceles. Una relación no exhaustiva.

«Muy malos en marketing»

«Damos más de lo que recibimos y, además, ese dinero no va a la Iglesia, sino a la sociedad. ¿Qué institución privada atiende a dos millones y medio de personas? No la hay. Pues eso hay que darlo a conocer, porque somos muy malos en marketing», concluye Barriocanal.

Pero todavía queda un estrambote. «Todo eso sin contar el enorme bien religioso que la Iglesia presta a la sociedad, con sus 22.700 parroquias, sus 20.000 curas, sus 70.000 catequistas o el millón y medio de niños y jóvenes que reciben formación espiritual y humana», añade Barriocanal. Y remata: «O el enorme patrimonio histórico que la Iglesia conserva y paga facturas. Con maravillas que casi todas son deficitarias, excepto para las ciudades que reciben el flujo turístico». Y pone dos ejemplos. La ciudad de Sevilla recoge 22 millones de euros al año procedentes de turistas que van a ver la catedral. Y el Camino de Santiago genera más de 400 millones de euros al año.

La conclusión es obvia y el gerente del Episcopado propone dos iniciativas fundamentales para plasmarla. Primera: «Dar a conocer la vida de la Iglesia, todo lo que hacemos. Porque, hasta ahora, en comunicación nos tenemos que poner un suspenso. A veces, parece que estamos peleados con los medios y la gente sigue sin tener idea de lo que hace la Iglesia». Y segunda: «Convencer a los fieles de que ser católico afecta al bolsillo y que el compromiso de la fe también pasa por la cartera».

Como colofón, el obispo de Jerez y presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación, monseñor Del Río, subrayó que «el nuevo modelo de financiación puede fracasar, sobre todo si los curas no se implican a fondo en él».



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LAS CUENTAS DEL EPISCOPADO
Recibe 150 millones de euros procedentes del IRPF.

Le ahorra al Estado 3.983 millones de euros, sólo en educación.

Asiste a dos millones y medio de personas.

Atiende a medio millón de pobres, 334.000 personas en los dispensarios, 26.000 niños en centros de tutela y 62.000 ancianos en residencias.

Voluntarios: 60.000 personas trabajan para Cáritas y 2.800 en las cárceles.

lunes, 4 de febrero de 2008

Con perdón...insistimos (Sobre la Nota de los obispos)

Fuente: www.enticonfio.org
Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre
OBISPO DE PALENCIA


Con perdón… insistimos
(Sobre la Nota de los obispos)

¡Hay que ver la escandalera que se ha armado con la Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española! En ella, los obispos ofrecen a los católicos unos criterios morales, ante las próximas Elecciones Generales. Bien es cierto que las reacciones y las declaraciones de estos días, están en sintonía con las virulentas reacciones que tuvieron lugar tras la concentración de las familias el 30 de diciembre, en la Plaza de Colón de Madrid. No es mi intención entrar en el comentario detallado de la Nota. Animo a su lectura directa, sin intermediarios que indispongan a su recepción, y ahora me limito a hacer algunos comentarios que ayuden a la reflexión:

A) Diferencia de talante: Ya sabemos que estamos en una sociedad muy plural, y que cada vez es más difícil esperar que los principios morales que propone la Iglesia vayan a ser objeto de un consenso generalizado. Pero, más allá de la pluralidad de pensamiento, me parece muy significativa la diferencia tan notable de talante, entre la forma de expresarse de los obispos y la de la mayoría de sus críticos.
Por ejemplo, el punto tercero de la Nota episcopal habla en estos términos: “Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás. Deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera”.
Desde luego, nada que ver con el estilo y las formas de los políticos que han realizado declaraciones como éstas: “Los obispos son unos hipócritas”, “Es una jerarquía integrista, fundamentalista, neoconservadora, que ni siquiera puede representar al sentimiento de la mayoría de los católicos españoles", “Los obispos nos están apretando (…) y nos están llevando a la denuncia de los Acuerdos con la Santa Sede”.

B) Una falsedad: Es totalmente falso que la Iglesia Católica haya “entrado en campaña electoral”. Los obispos no han hecho sino ofrecer a los católicos cerca de cuarenta criterios morales, que les sirvan como orientación antes de decidir libremente su voto. Los principales han sido: respeto a toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, tutela jurídica del matrimonio, apoyo a la familia en su derecho de educar moralmente a sus hijos, firmeza ante el chantaje terrorista, distinción entre la sana laicidad y el laicismo, moderación de los nacionalismos, atención especial a los inmigrantes, vivienda accesible para todos, respeto a la naturaleza, colaboración con el desarrollo internacional de los pueblos, defensa de la mujer discriminada y humillada, lucha contra la esclavitud de las redes de prostitución, denuncia de las diferencias injustas entre personas y comunidades autónomas, etc.
La Nota no entra a juzgar los diferentes partidos políticos. Se limita a declarar una doctrina moral consolidada, sin hacer referencia a nadie en concreto.

C) Un anhelo: Aunque la Nota episcopal afirma que los católicos tienen derecho a apoyar a distintos grupos políticos y a militar en ellos, es de sobra conocido que ninguno de los partidos políticos con representación parlamentaria en España cumple la totalidad de las orientaciones morales señaladas por la doctrina católica.
Por desgracia, nos estamos acostumbrando a la teoría del “mal menor”, como única formula de sentirnos representados en la vida pública. Sin embargo, lo razonable es que “el mal menor” sea algo transitorio -nunca definitivo-, y que al mismo tiempo los católicos vayamos dando pasos decididos hacia “el bien”.
Imagino que no hará falta aclarar que no es tarea de los obispos la de conformar alternativas políticas, sino la de limitarse a dar orientaciones morales. Ahora bien, ¿no habrá suficientes laicos católicos que se sientan llamados a desarrollar una vocación política coherente con el ideal cristiano, de forma que no nos veamos obligados indefinidamente a optar por el mal menor?

D) “La verdad os hará libres” (Jn 8, 32): Vivimos inmersos en un ambiente de acoso a la Conferencia Episcopal Española. En los momentos actuales, un obispo se lo tiene que pensar mucho antes de atreverse a hablar en público. Una de las mayores tentaciones que tiene que vencer es la del miedo, ya que cualquiera de sus palabras puede ser sacada de contexto y extrapolada por unos medios de comunicación mayoritariamente imbuidos de la cultura secularizada, laicista y anticlerical. En la práctica, el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libertad religiosa están en peligro.
Sin embargo, al publicar esta Nota, mis hermanos de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española han obrado con la libertad evangélica y la valentía que se alimenta de la plena confianza en las palabras de Cristo: “Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir” (Lc 12, 11-12).

Zapatero y sus colegas... pícaros sastres confeccionando sus conocidas 'cortinas de humo'

Madrid

La polémica por la nota de la Conferencia Episcopal sobre las elecciones generales del 9 de marzo continuó creciendo ayer, al hacerse público que el embajador español ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, trasladó el viernes al Vaticano «la perplejidad y la sorpresa» del Gobierno ante el documento en el que los obispos llaman, sin citarlo, a no votar al PSOE.

Según explicaron fuentes del Ministerio de Exteriores y de la Embajada española en Roma, la queja del Ejecutivo se centra en el párrafo del comunicado referido a la negociación con ETA (véase el texto íntegro de ese punto en la página 44). La gestión de Vázquez ante la Santa Sede fue confirmada por el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien expresó en Rute (Córdoba) el deseo del Gobierno de mantener con el Vaticano una buena relación. No obstante, Moratinos se mostró «indignado y perplejo» por los criterios electorales hechos públicos por los obispos. «Quiero expresar mi opinión como católico, no sólo como militante socialista, y quiero expresar mi indignación y perplejidad, porque no creo que ningún católico del siglo XXI lo pueda entender».

Para Moratinos, la Iglesia tiene «una jerarquía integrista, fundamentalista, neoconservadora, que ni siquiera puede representar el sentimiento de la mayoría de los católicos españoles». El Ministro se quejó de que no se puede identificar como católico «con alguien que utiliza políticamente el terrorismo para dividir a todos los demócratas españoles, olvidando que muchos representantes católicos han participado, como en el caso de España o siguen participando como en el caso de Colombia en negociaciones, y digo negociaciones y no conversaciones, para poner fin a la violencia, teniendo como interlocutores a grupos terroristas».

Moratinos cerró sus declaraciones afirmando: «Creía que la división entre Estado e Iglesia era una asignatura ya superada y no entiendo cómo se vuelve a utilizar la política en materia religiosa». Por otra parte, ayer se informó de que el presidente Zapatero afirmó el viernes por la noche en Vigo que «la actitud de los obispos va a abrir el debate sobre la posible revisión de los acuerdos del Gobierno con la Iglesia».

domingo, 3 de febrero de 2008

Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008

Fuente: http://www.conferenciaepiscopal.es/documentos/Conferencia/elecciones2008.html

Preguntas y respuestas [formato MP3] (8.051 Kb - 45,47 min.)
http://www.conferenciaepiscopal.es/RuedadePrensa/2008/CCVII_permanente/preguntas.mp3

Nota de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Española
ante las elecciones generales de 2008
Madrid, 30 de enero de 2008

1. Los españoles hemos sido convocados a las urnas para el próximo 9 de marzo. Como en otras ocasiones semejantes, los Obispos ofrecemos a los católicos y a todos los que deseen escucharnos algunas consideraciones que estimulen el ejercicio responsable del voto. Hablamos como pastores de la Iglesia que tienen la obligación y el derecho de orientar el discernimiento moral que es necesario hacer cuando se toman decisiones que han de contribuir al pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos y a la promoción del bien común.

2. Con tal finalidad pensamos que es éste un momento apropiado para leer y meditar de nuevo la Instrucción Pastoral aprobada el 23 de noviembre de 2006 por la Asamblea Plenaria de nuestra Conferencia Episcopal bajo el título de “Orientaciones morales ante la situación actual de España”. Recordamos algunas ideas fundamentales de esta Instrucción, que han de ser comprendidas, por tanto, en el conjunto de aquel relevante texto.

3. Respetamos a quienes ven las cosas de otra manera. Sólo pedimos libertad y respeto para proponer libremente nuestra manera de ver las cosas, sin que nadie se sienta amenazado ni nuestra intervención sea interpretada como una ofensa o como un peligro para la libertad de los demás. Deseamos colaborar sinceramente en el enriquecimiento espiritual de nuestra sociedad, en la consolidación de la auténtica tolerancia y de la convivencia en el mutuo respeto, la libertad y la justicia, como fundamento imprescindible de la paz verdadera (n. 81).

4. Si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública (n. 50).

5. Los católicos y los ciudadanos que quieran actuar responsablemente, antes de apoyar con su voto una u otra propuesta, han de valorar las distintas ofertas políticas, teniendo en cuenta el aprecio que cada partido, cada programa y cada dirigente otorga a la dimensión moral de la vida. La calidad y exigencia moral de los ciudadanos en el ejercicio de su voto es el mejor medio para mantener el vigor y la autenticidad de las instituciones democráticas (n. 56). No se debe confundir la condición de aconfesionalidad o laicidad del Estado con la desvinculación moral y la exención de obligaciones morales objetivas. Al decir esto no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica. Pero sí que se atengan al denominador común de la moral fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo (n. 55).

6. “Es preciso afrontar - señala el Papa - con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social” (n. 56). La legislación debe proteger al matrimonio, empezando por reconocerlo en su ser propio y específico (n. 41).

7. No es justo tratar de construir artificialmente una sociedad sin referencias religiosas, exclusivamente terrena, sin culto a Dios ni aspiración ninguna a la vida eterna (n. 13). En ese sentido parece que apuntan, entre otras cosas, las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública, así como el programa de la nueva asignatura, de carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía” (n.18), que lesiona el derecho de los padres - y de la escuela en colaboración con ellos - a formar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas y morales. Es necesario promover un gran pacto de Estado sobre la base de la libertad de enseñanza y la educación de calidad para todos.

8. El terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y totalitarismo (n. 65). Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político (n. 68).

9. La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la configuración política de la unidad de España (n. 73). Al mismo tiempo, enseña que, también en este caso, es necesario tutelar el bien común de una sociedad pluricentenaria y - en palabras de Juan Pablo II a los obispos italianos - “superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros del separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada” por parte de todos. Hay que evitar los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas (n. 74).

10. En este momento de la sociedad española, algunas situaciones concretas deben ser tenidas muy particularmente en cuenta. Nos parece que los inmigrantes necesitan especialmente atención y ayuda. Y, junto a los inmigrantes, los que no tienen trabajo, los que están solos, las jóvenes que pueden caer en las redes de la prostitución, las mujeres humilladas y amenazadas por la violencia doméstica, los niños, objeto de explotaciones y de abusos, y quienes no tienen casa ni familia donde acogerse. Hay que trabajar también para superar las injustas distancias y diferencias entre las personas y las comunidades autónomas, tratando de resolver los problemas más acuciantes, como son el trabajo, la vivienda accesible, o el disfrute equitativo de la naturaleza, compartiendo dones tan indispensables para la vida como el agua y cuidando con esmero el patrimonio común de la creación (n. 80). En el orden internacional, es necesario atender a la justa colaboración al desarrollo integral de los pueblos.
Que el Señor ilumine y fortalezca a todos para actuar en conciencia y conforme a las exigencias de la convivencia en justicia y libertad.

miércoles, 30 de enero de 2008

Del sexo casual a la castidad

Fuente: http://www.unav.es/capellaniauniversitaria/testimonios/dawneden.htm
Del sexo casual a la castidad

La periodista Dawn Eden ha publicado el libro "The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On" (La Emoción de la Castidad: Encontrando Satisfacción con la Ropa Puesta), en el que sostiene que para la mujer tiene mucho más sentido la castidad que el sexo casual. Una controvertida periodista americana experta en música rock, y que por muchos años fue una abanderada de la "revolución sexual", se ha convertido -tras abrazar la fe católica- en una ferviente promotora de la castidad. Ella misma explica sus razones. El pasado 10 de marzo, Eden publicó el siguiente artículo traducido al español por El Espectador de Bogotá:

Del sexo casual a la castidad

Un mantra de la generación de los sesenta era que todo debía ser gratis. Pero en las reediciones del festival de Woodstock décadas después, los hippies ya vendían como buhoneros el agua a US$5 la botella. El “amor libre”, sin embargo, era todavía alentado al ritmo en que el Nuevo Establecimiento se aferraba a su autoestima revolucionaria, mediante la promoción del sexo por el sexo como puro placer sin consecuencias.

Hoy, ese dogma está siendo confrontado por una nueva contracultura —de mujeres castas— que está derribando las puertas para protestar porque el sexo de los buhoneros, como su agua, tiene en realidad un precio muy alto.

Pueden contarme entre esas hijas insatisfechas de la revolución sexual. Nací en 1968, como millones de otras niñas, en un mundo que alentaba a las mujeres a explorar su sexualidad. Se nos presentaba casi como un acto feminista. Incluso, la llamativa pregunta que sirvió de fundamento filosófico de la novela y programa de televisión Sex and the City —¿Puede una mujer tener sexo como un hombre?— no es más que una versión moderna de la misma pregunta que en 1962 hizo Helen Gurley Brown en Sex and the Single Girl.

Era el amanecer de la revolución sexual, cuando los bolsos de las mujeres comenzaron a cargar píldoras anticonceptivas al lado del Revlon Fire y el Ice Lipstick. Brown, quien sería después editora de Cosmopolitan, se preguntaba entonces si la mujer podía tener sexo libre sin consecuencias emocionales, y se contestaba que sí porque “igual que el hombre, es una criatura sexual”.

Su aporte dio origen a millones de artículos sobre “100 nuevos trucos sexuales” en las revistas femeninas. Y uno de los íconos feministas de la época, Germaine Greer, habló con entusiasmo de que “los rockeros son importantes porque desmitifican el sexo; lo aceptan como algo físico, y no son posesivos con sus conquistas”.

La filosofía olorosa a patchouli de Greer sigue viva en las revistas modernas, las series de televisión y las películas que dicen sin parar a las mujeres que si no son felices teniendo sexo premarital es porque lo están haciendo mal. Más que eso, las excepciones a la norma cultural —la pequeña minoría de mujeres que, por varias y tristes razones, se sienten impulsadas a ser meros objetos sexuales— son mostradas como el ideal platónico. Si rockeros, modelos, galanes de la televisión y del cine y estrellas pop se pueden llevar a la cama a un hombre diferente cada noche —y aparentan tener el mejor tiempo de sus vidas— con seguridad usted, humilde lectora, puede ocasionalmente esconder sus valores pasados de moda y follarse a un tipo al que acaba de conocer.

Sexo casual... y frecuente

El fruto de este aceptado estilo de vida de la mujer soltera es más semejante al de un hábito de drogas que a un paradigma de los encuentros amorosos. En un círculo vicioso, la mujer se siente sola porque no es amada y entonces tiene sexo casual con hombres que no la aman.

Esa fue mi vida. Me gasté mis 20 y mis tempranos 30 buscando sexo premarital de cualquier manera —anhelando el matrimonio pero buscando descansar en el placer físico, la validación del ego y un respiro de la soledad. Como historiadora del rock basada en Nueva York, colaborando para revistas como Mojo y Bilboard y escribiendo las notas de los discos remasterizados, las oportunidades para travesuras no tenían límite.

Me leí entonces I’m With the Band (‘Estoy con la banda’), de la super fanática del rock Pamela Des Barres, y envidié su habilidad para beber todo lo deseable de los rockeros —su buena figura, ingenio, creatividad y fama— sin que al parecer perdiera nada en sus aventuras con ellos. Mi gran secreto era que, bajo ese anhelo por tener una conexión amorosa, me aterrorizaba la intimidad. Mostrarme vulnerable abría la puerta a la posibilidad de un rechazo. Desde ese punto de vista, un músico de gira era mi compañero sexual ideal. Podía disfrutar con él una suerte de vínculo temporal de cuento de hadas, sin tener que derribar los muros que debía levantar para protegerme. El rechazo vendría cuando él siguiera al siguiente pueblo, y a la siguiente mujer, —pero de alguna manera, verlo venir me hacía sentir en control—. Estaba escogiendo, pensaba, el dolor menor.

Pero en esa época de sexo casual, había un momento que aprendí a temer más que cualquier otro. Me atemorizaba, no que el sexo fuera malo, sino que fuera bueno.
Si el sexo era bueno, incluso aunque en mi corazón sabía que la relación no iba a funcionar, sentía de todos modos como si el acto me hubiera unido a mi compañero sexual de una manera más profunda que antes. Está en la naturaleza del sexo despertar emociones profundas dentro de nosotras —que no son bienvenidas cuando uno está tratando de mantenerlas ligeras—.

En esas noches, el peor momento era cuando todo terminaba. De un momento a otro me sentía sacudida de regreso a la tierra. Entonces me tiraba boca arriba y me sentía despojada. Él podría seguir ahí, y si estaba de mucha suerte, se recostaría a mi lado. Aun así, no podía dejar de sentir que el hechizo se había roto. Podíamos frotarnos las narices, reírnos como bobos o quedarnos dormidos en los brazos del otro pero sabía que era teatro, y él también. No estábamos realmente intimando —todo había sido solo un juego—.

Los campeones de la revolución sexual son en esencia cínicos. Saben en sus corazones que el sexo casual no hace felices a las mujeres —y por eso sienten la necesidad de promocionarlo todo el tiempo—. El sexo que tuve, antes que acercarme a la satisfacción personal y el matrimonio que buscaba, solo me había vuelto menos capaz de alcanzar un matrimonio o siquiera una relación comprometida. Sacrifiqué los que deberían haber sido los mejores años de mi vida, por una mentira negra.

Si bien creo que hay que enseñarles a las jóvenes que deben reservar el sexo para el matrimonio, hay un área en la que estoy de acuerdo con los opositores: la abstinencia no significa nada a menos que uno entienda exactamente lo que es. Y agregaría que para entender lo que es uno debe entender también lo que son el sexo y el matrimonio, qué significan, cuál es su propósito.

Eso suena simple, pero mientras crecía yo tuve poca idea del significado y el propósito del sexo y del matrimonio. Pensaba que el sexo era algo que uno hacía para divertirse o si quería tener hijos (bueno, en esto último iba por buen camino). El matrimonio, creía, significaba una autorización social para tener sexo con una persona en particular. La gente casada debía tener sexo solamente con su pareja porque... bueno, porque no era agradable poner cuernos, la infidelidad podía llevar al divorcio y sabía que eso era doloroso.

Todas estas suposiciones se basaban en lo que había visto viviendo con mi madre y, en menor grado, visitando a mi papá. Mis padres habían quedado heridos por el fracaso de su propia unión y su amargura manchó la imagen del matrimonio que me heredaron.

Como una quinceañera sin un fundamento moral que sostuviera mi decisión de guardarle la virginidad a Mr. Right —diferente del temor a ser lastimada por Mr. Wrong— me sentí libre de empujar el sobre. No, más que libre; me sentí con autoridad para forzar las cosas, pues tenía resentimiento de que Dios —si existía— no me hubiera enviado mi alma gemela. Me convertí en una de esas vírgenes míticas que llegan a “todo, menos...” El nombre Lewinsky todavía no se había vuelto un verbo, pero si hubiera existido, me imagino a los hombres diciéndoselo en secreto a mis espaldas.

El placer por el placer

Cuando, a la edad de 23 años, finalmente me cansé de esperar y perdí mi virginidad con un hombre al que no amaba, fue un gran acontecimiento para mí. Aunque, mirándolo en retrospectiva, no fue en realidad tan significativo. Cierto, mis aventuras se volvieron menos complicadas. Cuando hacía “todo, menos...”, me preocupaba de tener que explicar por qué no quería seguir hasta el final; una vez comencé a tener sexo, eso no era necesario. Pero en un sentido más amplio, la pérdida de mi virginidad, lejos de constituirse en la frontera entre el pasado y el presente, fue apenas un instante en mi continua degradación sexual. El descenso había comenzado desde que comencé a buscar el placer por el placer.

La filosofía hedonista que urge a los jóvenes ese tipo de comportamiento hace daño tanto a los hombres como a las mujeres; pero es particularmente dañina para la mujer, pues la presiona a subvertir sus más profundos deseos emocionales. He probado esa filosofía —de que una mujer puede fornicar como un hombre— y no funciona. No estamos hechas para eso. Las mujeres están hechas para un vínculo.

Por eso, por mucho que tratemos de convencernos de que no es así, el sexo siempre nos dejará sientiéndonos vacías a no ser que estemos seguras de que somos amadas, de que el acto es parte de una pintura mayor, de que somos amadas por lo que somos y no solamente por nuestros cuerpos. A mí me tomó mucho tiempo entenderlo.

Encuentro con la castidad

Ahora vivo un tipo de vida muy diferente. Todavía me encuentro de vez en cuando con viejos amigos músicos, pero me veo más con coristas de iglesia. Mi decisión de resistirme al sexo casual, de nuevo, estuvo influenciada por mi madre —aun cuando no de la manera que ella hubiera querido—.

Cuando era una quinceañera, mi madre abandonó sus creencias en la Nueva Era por el Cristianismo. Yo no tenía esos planes. Mi misión en la vida, como la veía, era diferente —creativa, liberal, rebelde—.

Pero un día, en diciembre de 1995, estaba haciéndole una entrevista a Ben Eshbach —líder de una banda de rock de Los Angeles llamada Sugarplastic— y le pregunté qué estaba leyendo. Me contestó The Man Who Was Thursday (‘El hombre que fue jueves’), de G.K. Chesterton. Lo conseguí por curiosidad y me dejó cautivada. Pronto estaba consiguiendo lo que podía de Chesterton, comenzando por Orthodoxy (Ortodoxia).

Me mantuve leyendo a Chesterton, incluso mientras continuaba con mi estilo de vida libertino, hasta que una noche, en octubre de 1999, tuve una experiencia hipnótica —de esas en las que una no sabe si está despierta o dormida—. Escuché una voz de mujer que decía: “Algunas cosas no están para ser conocidas. Algunas lo están para ser entendidas”. Me arrodillé y me puse a rezar —y eventualmente entré a la Iglesia Católica—.

Una noche el año pasado salí a comer con un amigo, un encantador periodista inglés con el que hubiera comenzado a salir si compartiera mi fe (no lo hacía) y si estuviera interesado en casarse (tampoco). Me acribilló con preguntas sobre la castidad, llegando hasta a sugerir que, ya que llevaba tanto tiempo buscándolo, quizás no iba a encontrar al hombre que buscanba.

“No es así”, le respondí. “Mis posibilidades son mejores ahora que nunca antes, porque antes de ser casta estaba buscando el amor en los lugares equivocados. Apenas ahora es que estoy realmente preparada para el tipo de hombre que quiero que sea mi esposo”.

“Puedo tener 38”, concluí, “pero en términos de búsqueda de marido, tengo apenas 22”.
Hasta aquí su artículo. Dawn Eden es actualmente editora del Daily News de Nueva York, periódico que la contrató después de que su rival, el New York Post, la despidiera por defender abiertamente sus convicciones cristianas. Ganó su prestigio como periodista e historiadora del rock hace unos años, tiempo en el que se acostaba con algunos de sus entrevistados. Esa transformación de defensora y practicante del sexo libre a activista del celibato la llevó a la fama en Estados Unidos, país que ahora debate el tema por la aparición de su primer libro: ‘The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On” (“La emoción de la castidad: encontrando satisfacción con su ropa puesta”). Dawn Eden es un símbolo del movimiento que defiende la abstinencia sexual, cuyos miembros usan un anillo de plata para indicar que son castos.

Semillas que crecen

Fuente: http://www.iglesianavarrajoven.org/


La madurez en la Fe es como el desarrollo de una planta: cuando la semilla está plantada, si es cuidada crecerá y se fortalecerá hasta que florezca su hermoso fruto cuando llegue a la madurez. Un largo camino, constante, incesante, que no debe detenerse en su proceso si se quiere llegar a un buen final.

La planta, como un cristiano que está creciendo, no se vale por sí misma: la primera necesita a un jardinero que la cuide, que le ayude en aquello en lo que ella no es autosuficiente; por su parte, el joven necesita también a gente a su alrededor que le instruya y muestre el camino correcto. Ambos serían un apoyo, un ejemplo que, sirviéndose de su experiencia, harían más fácil el trayecto. La planta asentará sus raíces firmemente, aferrándose a la tierra de la que extraerá los nutrientes. El joven llegará a tener la suficiente capacidad como para comprender, asimilar y disfrutar de toda la riqueza que se le ha puesto alrededor: de la Palabra, las tradiciones, valores fundamentales como la amistad, el cariño y amor de su familia, la sociedad... Ambos tendrán una sólida estabilidad, un equilibrio que les permita permanecer ante los más huracanados vientos, las mayores tormentas, los momentos más duros.

Sin embargo, todo esto no es suficiente para el pleno desarrollo. Falta algo, lo más esencial. Algo sin lo que ni la planta ni ningún cristiano podrá llegar a la cumbre. Una planta requiere de la luz para la vida. Su motor más poderoso será el sol, hacia el que ascenderá y del que agradecerá su energía. Del mismo modo, el cristiano necesita al igual el Sol, la Luz, el cristiano necesita a Dios. Dios será quien nos ilumine en todo momento, en los buenos y en los malos; a Él agradecerá el cristiano su vida y todo lo que en ella acontece. Dios será el eje principal en su existencia y sin Él la persona no podrá resistir, como la planta tampoco puede sobrevivir en la penumbra.

martes, 29 de enero de 2008

Censura laicista en la Universidad

Fuente: http://enticonfio.org
Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre
OBISPO DE PALENCIA

Censura laicista en la Universidad

¡Qué verdad es que «Dios escribe derecho con renglones torcidos»! La primera persecución desatada contra los cristianos tras el apedreamiento de San Esteban, tal y como se narra en los Hechos de los Apóstoles, fue la ocasión dispuesta por la Providencia divina para la expansión del cristianismo fuera de Jerusalén (Hch 8, 1). Algo similar está ocurriendo tras el boicot violento protagonizado por un grupo de radicales laicistas en la Universidad de La Sapienza de Roma. El Papa hizo llegar su discurso al Rector de la Universidad, quien lo leyó ante el profesorado y el alumnado. Posteriormente, Internet y algunos medios de comunicación se están haciendo propagadores de la palabra acallada. ¡Pocos discursos papales habrán tenido tanta difusión, resonancia y fruto como éste! Yo también quiero prestar un altavoz más al discurso censurado por esa especie de “inquisición civil” contemporánea.

+ Frente a la leyenda negra: Lo primero que ha sorprendido a muchos legos en la materia, ha sido el dato histórico de que esta universidad laica, La Sapienza, que es la que más alumnos tiene en toda Europa, fuese creada en la Edad Media por el Papa Bonifacio VIII. Pero… ¿no nos habían dicho que la Edad Media había sido una época oscurantista en la que la Iglesia había mantenido en la ignorancia al pueblo?
Muy al contrario, la Iglesia se prodigó durante todos aquellos siglos en auspiciar universidades, dotándolas incluso de una autonomía desconocida hoy en día, que les eximía de la jurisdicción ordinaria, ya que contaban con sus propios tribunales para administrar justicia a los maestros y alumnos universitarios. El Papa recordaba en su discurso que la autonomía «siempre ha formado parte de la naturaleza universitaria, que ha de vincularse exclusivamente a la autoridad de la verdad, en libertad frente a autoridades políticas y eclesiásticas».
Benedicto XVI recuerda en su discurso dirigido a La Sapienza, que gracias a la contribución de Santo Tomás de Aquino, y en contacto con las filosofías árabes y judías, en el ámbito de la Universidad medieval se subrayó «la autonomía de la Filosofía y con ella el derecho y la responsabilidad propios de la razón, que se interroga basándose en sus propias fuerzas».

+ La fe estimula a la razón: Benedicto XVI se presenta siete siglos después en La Sapienza, comenzando por hacer la pregunta: «¿Qué hace o puede decir el Papa en la Universidad? ». Su tarea no consiste en «tratar de imponer a los demás de manera autoritaria la fe, que sólo puede ser transmitida en libertad», sino en «mantener despierta la sensibilidad por la verdad».
En efecto, la tentación del pensamiento contemporáneo no sólo es la de rechazar la fe, sino también la de prescindir de la razón. Nuestra actual Universidad tiene el riesgo de reducirse a la enseñanza de las ciencias experimentales, renunciando a las preguntas transcendentales sobre el sentido de la existencia. El pensamiento imperante en la cultura actual, tiene alergia a las preguntas últimas y definitivas. No acostumbra a preguntarse si algo es verdad o mentira, ni tan siquiera si es bueno o malo. Más bien, los planteamientos se derivan hacia otros matices menos comprometidos: la búsqueda de la eficacia, respuesta a intereses, la utilidad, la eficiencia, la calidad de vida, la felicidad identificada como bienestar...

El Papa quiere suscitar el deseo de la verdad, y por ello invita a la razón a ser ambiciosa en sus preguntas: «El obispo de Roma quiere invitar nuevamente a la razón a ponerse en búsqueda de lo verdadero, del bien, de Dios y, siguiendo este camino, alentarla a percibir las luces útiles surgidas a través de la historia de la fe cristiana y a percibir de este modo a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y que ayuda a encontrar el camino hacia el futuro».
Lejos de presentar la fe como contrincante de la razón, el Papa nos recuerda que el tradicional enemigo de la fe ha sido la superstición. De hecho, los cristianos de los primeros siglos «no acogieron su fe de manera positivista, o como la válvula de escape de deseos reprimidos», sino que «disipando la niebla de la religión mitológica», buscaron «la verdadera naturaleza y el verdadero sentido del ser humano».

+ Las raíces del árbol: El discurso de La Sapienza se refiere también al reconocimiento de las raíces culturales. El Papa lanza un llamamiento a la cultura occidental a no cerrarse a la verdad de la fe cristiana en nombre de la “presunta pureza” de la razón, pues ésta se “resecará”. Si la razón, preocupada por guardar su laicidad, pierde el contacto con las raíces de las que ha nacido, entonces pierde la valentía de la verdad y, al perderla, lejos de crecer, se empequeñece. Dice el Papa: «La filosofía no vuelve a empezar cada vez desde el punto cero del sujeto que piensa de manera aislada, sino que se mantiene en el gran diálogo de la sabiduría histórica, que crítica y dócilmente al mismo tiempo sigue acogiendo y desarrollando; pero tampoco debe cerrarse ante lo que las religiones y en especial la fe cristiana han recibido y dado a la Humanidad como señal del camino».

Al igual que en la memoria de la construcción europea ha quedado como referente el eslogan pronunciado al principio del Pontificado de Juan Pablo II en Santiago de Compostela -«Europa, ¡sé tú misma!, descubre tus raíces, aviva tu historia»-, así también en este discurso universitario que la “censura laicista” ha pretendido ahogar, quedarán para la posteridad el llamamiento del Papa en defensa de la razón, y su llamada a «mantener despierta la sensibilidad a la verdad».