viernes, 12 de octubre de 2007

Tres actitudes distintas ente las pruebas o la adversidad

Fuente: www.loiola.org





Hacía rato que José se paseaba de un lado al otro de la casa sin dejar de mirar el reloj. Eran las 12h de la noche, su hija aún no había regresado y su angustia aumentaba por momentos. Cuando de repente se abrió la puerta y allí estaba ella con sus ojos anegados en lágrimas. José la miró y adelantándose hacia ella, la apretó fuertemente y amorosamente contra su pecho, sin decirle nada, las preguntas vendrían después, el sabía que cualquier cosa que pudiera decir en aquel momento podría ser contraproducente…


Pero no hizo falta, la joven empezó a hablar con su padre, quejándose entre sollozo y sollozo acerca de su vida y de los obstáculos que incomprensiblemente le surgían al paso y de lo difícil que era para ella alcanzar las metas que se fijaba, por más que se había preparado, finalmente habían desechado su solicitud para aquel puesto de trabajo… José solo la escuchaba atentamente y la dejaba hablar reteniendo en su memoria todo cuanto ella decía, para ayudarla en el momento oportuno, que, el sabía que no era aquel; volcando en ella, eso sí, toda su ternura, porque el sabía de la importancia que supone el poder desahogar el corazón de todo cuanto le oprime para poder empezar a buscar soluciones…


Al fin ya eran cerca de la una de la madrugada cuando se retiraron cada uno a su dormitorio.
Pero pasaban las horas y José seguía sin poder conciliar el sueño, porque en su pensamiento se repetía una y otra vez una de las frases que había dicho su hija: "Ya no sé que hacer papá, en ocasiones me siento que voy a desfallecer, me siento con deseos de renunciar a todo, a veces incluso hasta a la propia vida. Me siento cansada de luchar. Cuando un problema se resuelve, otro nuevo surge.". Hasta que al final vio cómo podía ayudar a su hija, pero de una manera práctica, y la solución se la ofrecía su mismo trabajo.


No se si os he dicho, que José tenía un pequeño Restaurante en el cual hacia de cocinero. Así es que mientras desayunaban le dijo a su hija: "Hoy me acompañarás y me ayudarás en la cocina."


Al llegar al Restaurante ambos se pusieron dos delantales y el padre llenó tres cazuelas pequeñas con agua y las puso a calentar al fuego, mientras le decía a su hija que no se moviese de su lado y estuviese atenta. Cuando el agua comenzó a hervir, el hombre colocó dentro de la primera zanahorias, dentro de la segunda, huevos y, dentro de la tercera, granos de café. Los ingredientes quedaron así cocinándose por varios minutos, mientras que la impaciente hija se preguntaba cual era el significado de todo aquello…


Al cabo de veinte minutos el padre apagó los hornillos. Sacó una zanahoria de la cazuela y la colocó en un bol e hizo lo mismo con un huevo y finalmente, tomó una tacita y la llenó de café.
Y, dirigiéndose a su hija, le preguntó: "¿Hija, que ves?"- "Veo una zanahoria, un huevo y café." - le respondió ella, asombradísima ante aquella pregunta.


Entonces José le pidió a su hija que alargara la mano y tocara la zanahoria. Al hacerlo notó que la zanahoria estaba blanda y suave. A continuación le pidió que tomara el huevo y lo rompiera. Al quitarle la cáscara al huevo encontró que el interior del mismo se había endurecido. Y por último le pidió que probara el café. Y ella así lo hizo, deleitándose de su exquisito sabor y en su rico aroma.


- Entonces la hija volviéndose hacia su padre le preguntó: "¿Qué me quieres decir con todo esto, papá?"
" Verás hija: cada uno de estos ingredientes se ha enfrentado a la misma adversidad, al agua caliente; sin embargo cada uno de ellos ha reaccionado de manera distinta. La zanahoria ha ido al agua dura y fuerte, pero después de unos minutos se ha puesto blanda y débil. El huevo ha ido al agua con fragilidad, su interior líquido estaba protegido por una débil cáscara; pero después de haber experimentado el agua caliente, su interior se ha endurecido. Sin embargo los granos de café han sido distintos, después de estar en el agua caliente, los granos han transformado el agua en café".


Dime: "¿Cuál de ellos eres tú hija mía?"…
¿Eres la zanahoria que por fuera aparenta dureza y fortaleza pero que con el fuego de la prueba se ablanda y pierde su fortaleza de carácter?¿O tal vez eres el huevo que al comienzo es suave en su interior, pero el fuego de una fracaso, de una separación, una enfermedad, una muerte, lo endurece? ¿Por fuera pareces el mismo, pero por dentro te has endurecido y ahora tienes un corazón amargado?¿O eres como los granos de café?. No se si sabes, que para que el grano de café suelte todo su sabor, el agua tiene que calentarse a 100 grados centígrados; o sea que mientras más caliente, más sabor le da al agua, hasta transformarla en café, en un delicioso y aromático café. Si tú eres como el grano de café y en esos momentos dejas que Jesús entre a formar parte de tu prueba, de tu sufrimiento, de tu adversidad, si te confías a Él, y te abandonas en su Amor, el amor de Jesús te transformará en Él y tu sufrimiento se acabará transformando en una ofrenda agradable al Padre, y acabarás haciendo de esa prueba, de esa adversidad, una alabanza, un himno de acción de gracias al Señor, pues todo cuanto Él permite que nos suceda es para nuestro bien y desprenderás allí donde estés ese delicioso "aroma" de Jesús".


¿Cual eres tú cuando la adversidad, cuando la prueba golpea a tu puerta?, ¿cómo respondes? ¿como las zanahorias, como los huevos, o como el café?

sábado, 6 de octubre de 2007

Educación para la Ciudadanía: ¿Divide y vencerás?

Fuente: enticonfio.org

Don José Ignacio Munilla Aguirre
OBISPO DE PALENCIA


De acuerdo con los planes previstos, la asignatura de Educación para la Ciudadanía no se comenzará a impartir en Castilla León hasta el curso 2008-2009. Este ínterin en el que nos encontramos, debería ser aprovechado por todos nosotros para llevar a cabo una reflexión, no ya sólo sobre los principios morales en juego, sino también sobre las estrategias prácticas que se están desarrollando. Con este deseo, en el presente artículo me quiero referir a los manuales de esta asignatura que han sido aprobados por el Ministerio de Educación, para el presente curso.


Ha sido curioso comprobar este primer año, cómo el Ministerio ha dado luz verde a libros de texto que abordan, de forma totalmente contradictoria, los temas morales en litigio. Por ejemplo, dependiendo del manual elegido, el aborto puede ser presentado como un derecho de la mujer o, por el contrario, la vida tiene una dignidad que la hace moralmente inviolable desde el momento de su concepción hasta su muerte natural. En la misma línea de lo anterior, el libro de texto de la editorial Casals afirma que "la religión ayuda a las personas a ser buenos ciudadanos, ya que fomenta valores positivos para la convivencia democrática como la honradez, la paz y la solidaridad". Más aún, afirma que “la marginación de la voz de los creyentes es injusta y poco democrática y favorece una imposición ideológica por parte del Estado". Ahora bien, en el texto editado por Laberinto, Fernando Savater llama la atención sobre la presencia de la asignatura de Religión en Bachillerato y comenta que responde a "un contorsionismo oportunista que antes o después -mejor antes- habrá que revisar definitivamente". En el libro se previene a los jóvenes de la “necesidad de defenderse del clericalismo apoyado por la derecha”.

Los textos de las editoriales Octaedro y Algaida defienden el amor libre, explican el matrimonio homosexual como una opción equiparable al heterosexual, arguyen que la diferencia en las relaciones de sexo es una simple construcción cultural sin fundamento alguno en la naturaleza, etc. Por el contrario, en otros manuales, como los de Santillana, Edebé y SM, se dan orientaciones notablemente distintas…

Ante tantas contradicciones, nos surge una pregunta bastante obvia: ¿qué sentido tiene imponer una asignatura moral obligatoria, argumentando que “todos los españoles tienen que ser educados en los mismos valores democráticos”, si luego se permite la publicación de manuales tan contradictorios? Alejandro Tiana, Secretario General de Educación del Gobierno de España, pasaba muchos apuros para responder a esa pregunta: "Cada uno ha adaptado la asignatura a su manera y es lógico que muestren divergencias en una sociedad plural como la nuestra. No tiene importancia. Lo relevante es que cada centro puede elegir el texto que más le guste".

No creo que sea muy osado concluir que, en este primer año, el objetivo prioritario del Gobierno ha sido el de impedir a toda costa un número elevado de objetores. De lo que se trataba ahora era de introducir la asignatura, sin sufrir un desgaste excesivo, máxime en el contexto de un año electoral. Luego, en años posteriores, ¡tiempo habrá de ir ajustando los contenidos!.
La estrategia del “divide y vencerás” se ha concretado, en este primer año, en dar el visto bueno para que los colegios privados puedan impartir la asignatura con algunos manuales de contenidos no problemáticos, con el objetivo de evitar un frente común de rechazo a una inaceptable intromisión del Estado en la educación moral de los alumnos.

De esta forma, se ha logrado quebrar un principio clave, que es formulado en el famoso artículo 27.3 de la Constitución, cuestión tratada específicamente en el anterior artículo de esta sección “El valor de la palabra”, con fecha de 1 septiembre. Por lo pronto, lo que se ha conseguido es que los profesores, por su cuenta, o los centros escolares, sean quienes decidan la orientación moral de los alumnos, en lugar de los padres.

Y al margen de las consideraciones anteriores, la aprobación de esos manuales académicos tan dispares, deja patente la imposibilidad de una ética global de la vida, basada meramente en los principios democráticos de nuestra legislación (que era uno de los argumentos de los defensores de la asignatura). El caso que comentamos refleja claramente que el Estado no puede imponer obligatoriamente unos conceptos morales tan amplios, sin entrar en colisión con muchos de los principios morales de las familias españolas. En resumidas cuentas, ¡muy ingenuos seríamos si pensásemos que el problema de fondo ha quedado resuelto con esa pluralidad editorial de libros de texto!.

Me fio de Jesucristo porque me ha dado pruebas de su amor...

Hoy la Palabra de Dios nos saca a la palestra el tema de ‘la fe’. Para mucha gente la fe es creer lo que no vemos con nuestros ojos. Sin embargo esta no es una respuesta adecuada para un cristiano. Fe es poner nuestra confianza en alguien del que nos fiamos porque nos ha dado pruebas de su amor. El garante de nuestra fe es Jesús de Nazaret, el Cristo.

No hace mucho un compañero que es profesor de religión en secundaria me contaba que haciendo una encuesta con sus alumnos para conocer en que cosas creían los muchachos y se encontró con una sorpresa. Partiendo de los diversos puntos del Credo, o sea, creo en Dios, que es Padre… etc., les fue poniendo en tres columnas las tres opciones, si creían, si tenían sus dudas o si simplemente no creían. Todo esto de un modo anónimo, para que tuvieran la máxima libertad de expresarse sin temor. Mi compañero se encontró que la mayoría sí creía en Dios Padre, del mismo modo creían en el Hijo, alguno sólo lo concebía como un hombre extraordinario del estilo de los grandes personajes históricos. Ya surgían las dudas con respecto al Espíritu Santo, pero aún así un tanto por ciento elevado creía. Pero donde se dio el desplome casi total fue cuando llegó el apartado de la fe que toca eso de la resurrección de los muertos. Algunos sí que creían que Jesucristo había resucitado pero no tenían tan claro que nosotros también resucitemos. Y otros dudaban sobre la resurrección de Cristo pero creían que sí que habría un más allá después de nuestra muerte. Y me comentaba este compañero profesor de religión que era bastante difícil que entendieran estos muchachos la celebración de la Eucaristía cuando lo que precisamente celebramos es la presencia viva y real de Cristo entre nosotros. ¿Cómo van a celebrar algo de lo que no creen o tienen unas grandes dudas?. Tal vez demos por supuestas cosas que, en realidad no lo están. Es cierto que la fe es un regalo de Dios, pero también es cierto que tenemos la obligación de alimentarla y testimoniarla.

La fe no es un título que adquirimos ni tampoco un producto que podemos comprar en un mercadillo. La fe es algo vivo y a la vez quebradizo, que se muere sino se la alimenta y se quiebra sino se la cuida. Sabemos por experiencia propia que hay altos y bajos en esto de la fe. Y esto es sencillo, porque cualquier circunstancia dolorosa nos hace dudar… pero sobre todo tiene que prevalecer nuestra fidelidad a Jesucristo.

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar una altísima montaña, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria solo para él, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció.
La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. El alpinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no tan gratos de su vida.
Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente, sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba de la cintura a las estacas clavadas en la roca de la montaña.
En ese momento de quietud, suspendido en el aire, no le quedó más que gritar: AYÚDAME DIOS MIO!!!.
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

-¿QUE QUIERES QUE HAGA? –a lo que el alpinista atemorizado le contestó:
- Sálvame Dios mío.
Dios le volvió a preguntar -¿REALMENTE CREES QUE YO TE PUEDA SALVAR?.
-Por supuesto Señor. –Dijo el alpinista lleno de miedo.
-ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE...

Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró más aún a la cuerda....

Cuenta el equipo de rescate, que encontraron a un alpinista colgando muerto, congelado, agarradas sus manos fuertemente a la cuerda... A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO...

¿Y tú?, que tan aferrado estás a tu cuerda queriéndolo tener todo “atado y bien atado”... ¿Te soltarías?.

No dudes nunca de Dios. Nunca debes decir que Él te ha olvidado o abandonado. No pienses jamás que Él no se ocupa de ti. Recuerda siempre que Él te sostiene de su mano.

Romper nuestra sordera

Fuente: http://enticonfio.org/

Don José Ignacio Munilla Aguirre
OBISPO DE PALENCIA

Romper nuestra sordera

¿Es Dios el que se ha quedado mudo, o somos nosotros los que nos hemos quedado sordos? Basta que nos asomemos a la Sagrada Escritura, para convencernos de lo segundo. Precisamente, en ella se presenta a Jesucristo como la Palabra pronunciada por Dios Padre para romper nuestra “sordera” y para acallar los ruidos que, dentro y fuera de nosotros, nos impiden escuchar la voz divina, la de nuestra conciencia y la de nuestros hermanos.

Al igual que hizo con el sordomudo del Evangelio (cfr. Mc 7, 34), también hoy, Jesucristo “toca nuestros oídos y nuestra lengua” y pronuncia su poderoso “effetá!” (¡ábrete!). Es una llamada a abrirnos a la escucha de la voz de Dios que resuena en nuestro interior, como un eco de la predicación de la Iglesia y del clamor de tantas personas y situaciones, a través de las cuales Dios sigue saliendo a nuestro encuentro. Ciertamente, distraídos por mil reclamos y replegados en nuestros problemas, tenemos el riesgo de permanecer sordos a la VOZ de quien es la PALABRA: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap 3, 20).

La tarea de la Nueva Evangelización que se nos presenta en el Tercer Milenio, consiste en ofrecernos como altavoces del Verbo Divino: poner voz a esa Palabra de Dios, buscando conductos eficaces para que su mensaje eterno llegue al hombre moderno. Para romper la sordera de nuestro Occidente secularizado, como decía Juan Pablo II, es necesario emprender la Evangelización con nuevos métodos, nuevas expresiones y un nuevo coraje, en fidelidad al mensaje inmutable de Cristo y de su Iglesia. No podemos permanecer impasibles mientras que Dios es un auténtico desconocido para un gran número de nuestros hermanos. El celo apostólico nos lleva a revivir aquel sentimiento apremiante de San Pablo: “¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1Cor 9, 16).

Pero, nos equivocaríamos si pensásemos que el problema principal de la Evangelización es un problema de métodos. Los métodos son de gran ayuda e indispensables, pero nuestra necesidad fundamental es la de un celo apostólico ardiente, que sólo puede brotar de un corazón enamorado de Dios. Ésta es la clave de la Nueva Evangelización: ¡Sólo los enamorados enamoran! Y a ello hemos de añadir la búsqueda de recursos creativos, actuales y eficaces para llegar a quienes permanecen sordos a esa Voz que viene de lo alto. Ciertamente, en nuestros días es más urgente que nunca anunciar a Jesucristo en los grandes areópagos modernos de la cultura, de la ciencia, de la economía, del arte, de la música y de los medios de comunicación.
Concluyo transcribiendo algunos de los eslóganes que la Iglesia de Singapur divulgó en la prensa local. Fueron publicados uno a uno, en días sucesivos, a modo de reclamo publicitario, con el deseo de “romper nuestra sordera”.

“¿Qué debo hacer para llamar tu atención? ¿Poner un aviso en el periódico?”
(Dios)

“Necesitamos hablar.”
(Dios)

“Si te perdiste el amanecer que hice hoy para ti, no importa. Te haré otro mañana.”
(Dios)

“¿Te imaginas el precio del “aire” si te lo trajera otro proveedor?”
(Dios)

“No te olvides el paraguas. Hoy tengo que regar las plantas.”
(Dios)

“Si piensas que la Gioconda es asombrosa, deberías ver mi obra maestra… en el espejo.”
(Dios)

“Venid a mi casa el domingo antes del partido.”
(Dios)

“Amo las fiestas de casamiento, invítame a tu boda.”
(Dios)

“Diles a los niños que les amo.”
(Dios)

“¿Leíste mi primer best-seller? Es todo un desafío.”
(Dios)

“¿Tienes alguna idea de adónde vas?”
(Dios)

“Eso de “amar al prójimo”… lo dije en serio.”
(Dios)

“¡No me hagas bajar!”
(Dios)

viernes, 5 de octubre de 2007

La Iglesia contra la pena de muerte en EEUU

Fuente: www.iglesianavarrajoven.org

La pena de muerte en EE UU es un ejemplo de cómo una nación considerada «pionera» en derechos humanos continúa intentando resolver sus problemas sociales mediante el uso de la violencia. Pero, como recordó el año pasado el cardenal arzobispo de Washington, Theodore McCarrick, «no podemos enseñar que matar es malo matando. No podemos defender la vida acabando con ella». Por eso, decenas de asociaciones religiosas dedican sus esfuerzos a luchar contra uno de los mayores ataques a la vida. Consideran esta lucha como una «obligación moral», y urgen a todas las comunidades religiosas a situar la pena de muerte en su agenda de prioridades.

Mientras las diócesis de cada estado federal se han pronunciado repetidamente y han animado a los fieles a constituir grupos de presión contra la pena capital, también existen asociaciones a nivel nacional que continúan denunciándola como «innecesaria, inapropiada e inaceptable en el mundo de hoy». La más conocida es «Católicos contra la pena capital», que fue fundada en 1992 con intención de aunar esfuerzos contra la pena de muerte en la comunidad católica, difundir la enseñanza de la Iglesia entre legisladores y jueces, y animar a la jerarquía eclesiástica y a grupos religiosos a pronunciarse con más fuerza en contra de esta ley.

Los obispos contra la ley. En medio del auge de la lucha provida, en 2005 la Conferencia Episcopal de Obispos de EE UU promovió una campaña para acabar con el uso de la pena de muerte. Aunque, como matizó el cardenal McCarrick en la presentación, la causa no era nueva, la campaña sí. Los prelados realizaron un estudio a través de mil setecientas entrevistas -cuyos resultados pueden examinarse en www.usccb.org- sobre la actitud de los católicos ante la ley. Aunque el número de católicos que declararon apoyar activamente la pena de muerte había disminuido hasta situarse en un 20%, lo cierto es que sólo un 37% reconoció oponerse de forma activa. Pero no es la jerarquía la protagonista de la lucha católica contra la pena de muerte. Los laicos tomaron el testigo hace tiempo y las iniciativas se cuentan por decenas. Quizá la más significativa y a la que más gente puede llegar es la promovida por CURE (Ciudadanos Unidos para la Rehabilitación de Prisioneros), que piden a iglesias, monasterios, abadías y otros templos que hagan doblar sus campanas cada vez que un preso vaya a ser ejecutado. La iniciativa ya se realiza en 50 estados. Otra de las que ha sido adoptada por muchas de las asociaciones que luchan contra la pena de muerte en EE UU es la Declaración de Vida. Todo el que quiera asumirla pide que, si es asesinado, el culpable no sea condenado a pena de muerte.
El espíritu de la lucha «creyente» contra la pena de muerte lo resume la hermana Prejean, muy activa en esta batalla: «El movimiento para abolir la pena de muerte necesita de la comunidad religiosa porque el corazón de la religión habla de compasión, de derechos humanos y de la intrínseca dignidad de cada persona hecha a imagen de Dios». Y es que, como recordó Juan Pablo II en 1997, «la nueva evangelización exige seguidores de Cristo que sean incondicionalmente “provida”».

La dictadura del relativismo

Fuente: http://www.unav.es


Jaime Nubiola
Profesor de Filosofía Universidad de Navarra
Fecha: 4 de junio de 2005
Publicado en: La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Hace unas pocas semanas, en la misa previa al cónclave en el que había de ser elegido el nuevo papa, el entonces cardenal Ratzinger denunciaba con fuerza los vientos de relativismo que azotan nuestra sociedad occidental en las últimas décadas. El relativismo se ha convertido en una actitud de moda, mientras que "tener una fe clara según el credo de la Iglesia católica" es despachado a menudo como fundamentalismo. "Se va constituyendo -concluía- una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias". La expresión que acabo de subrayar, "dictadura del relativismo", llamó de inmediato la atención tanto de la audiencia como de la prensa, pues mostraba de manera bien gráfica la formidable capacidad poética del futuro papa que con sólo tres palabras diagnosticaba la enfermedad de la sociedad europea.

Algún periodista nacional consideró que esa expresión era un concepto absurdo, una contradicción in terminis, sin caer en la cuenta de que la combinación de esas dos palabras compone una figura literaria de enorme fuerza expresiva. Como es sabido, se trata de la figura denominada oxímoron, (del griego oxys, agudo, y moros, romo, estúpido), en la que mediante la yuxtaposición de dos palabras de significado opuesto se logra expresar un nuevo sentido, un contraste difícilmente alcanzable de otra manera: todos hemos empleado expresiones como "silencio atronador", "luminosa oscuridad", "graciosa torpeza" y tantas otras expresiones parecidas que llenan de sentido y viveza nuestra comunicación. Cuando el futuro Benedicto XVI hablaba de la dictadura del relativismo lo que estaba expresando con brillantez poética es que en nuestra avanzada cultura democrática se está imponiendo por vía de fuerza el principio de que todas las opiniones valen lo mismo, y por tanto, que nada valen en sí mismas, sino sólo en función de los votos que las respaldan.

Aquel mismo periodista argumentaba que "el relativismo es el alma viva del conocimiento científico". Y, exhibiendo un notable desconocimiento de la efectiva práctica científica, añadía: "Sólo quien duda de la exactitud de sus ideas puede sentirse impelido a ponerlas a prueba y, llegado el caso a descartarlas, o a restringir su campo de validez, abriendo paso a ideas nuevas, ellas mismas cuestionables". Nada más alejado de la realidad de la ciencia que esta caricatura. El científico no es nunca un relativista, no piensa que su opinión valga lo mismo que cualquier otra, y, si es un científico honrado, está deseoso de someter su parecer al escrutinio de sus iguales y de contrastarlo con los datos experimentales disponibles. El buen científico está persuadido de que su opinión es verdadera, que es la mejor verdad que ha logrado alcanzar, a veces con mucho esfuerzo. El científico sabe también que su opinión no agota la realidad, sino que casi siempre puede ser rectificada y mejorada con más trabajo suyo y con la ayuda de los demás.

En contraste con el periodista español, una conocida columnista del New York Times descalificaba al nuevo Papa como un absolutista, como "un archiconservador del Jurásico que desdeña la cultura del 'si te parece bien, hazlo' y las tendencias revolucionarias nacidas en los años 60 en favor de la diversidad y la apertura cultural". Maureen Dowd en su artículo aliaba al nuevo Benedicto XVI con el vicepresidente Dick Cheney en la batalla contra el progresismo liberal norteamericano, del que el New York Times es quizá su portaestandarte. Esta visión muestra bien el localismo miope de la prensa norteamericana, pero sugiere también que el relativismo que denunciaba el cardenal Ratzinger no ha afectado a los Estados Unidos tan profundamente como a Europa. Como reconocía la propia Dowd, citando al profesor de Utah, Bruce Landesman, "quienes sostienen posiciones progresistas no son relativistas. Simplemente están en desacuerdo con los conservadores acerca de qué es lo bueno y lo malo".

Efectivamente, en el corazón de la sociedad americana se encuentra la convicción de que la democracia es una concepción ética, presidida por un uso comunitario de la razón. En una democracia los asuntos se discuten hasta la saciedad y si no se llega a un acuerdo razonable son finalmente los jueces quienes deciden acerca de la moralidad de un determinado modo de proceder. En una organización democrática la noción de verdad ha de estar en el centro de la vida pública. Si no hay verdad, no es posible el debate porque la discusión deja de ser un proceso de búsqueda y se transforma meramente en una tramoya del poder. Si no hay verdad, si todas las opiniones valen lo mismo, pierde todo su sentido el pluralismo democrático.

No es verdad que todas las opiniones merezcan el mismo respeto. Quienes merecen todo el respeto del mundo son las personas, pero no sus opiniones. Al contrario, tenemos la obligación de ayudar a los demás a mejorar sus opiniones, a cambiar sus convicciones, exhibiendo las razones que asisten a nuestras posiciones morales y sociales para permitirles que se pasen, si lo desean, a nuestro lado. En este sentido, es importantísimo distinguir con claridad entre pluralismo y relativismo. Mientras que el relativista no tiene interés en escuchar las opiniones de los demás, quien ama el pluralismo no sólo afirma que caben diversas maneras de pensar acerca de las cosas, sino que sostiene además que entre ellas hay -en expresión de Stanley Cavell- maneras mejores y peores, y que mediante el contraste con la experiencia y el diálogo los seres humanos somos capaces casi siempre de reconocer la superioridad de una opinión sobre otra y de adherirnos a ella.

En última instancia, un relativismo como el que crece actualmente en Europa corroe la democracia, porque clausura el diálogo y acaba con el pluralismo. Precisamente un día antes del fallecimiento de Juan Pablo II, el entonces cardenal Ratzinger afirmaba en Subiaco que "Europa ha desarrollado una cultura que, de modo desconocido antes de ahora para la humanidad, excluye a Dios de la consciencia pública". Y añadía: "En Europa se ha desarrollado una cultura que constituye en absoluto la contradicción más radical no sólo del cristianismo, sino de las tradiciones religiosas y morales de la humanidad". En sus palabras se advertía de manera luminosa que el relativismo de nuestro tiempo, hijo bastardo de la Ilustración, era el punto de partida de la cancelación de Dios en la vida pública.

El contraste -aquí meramente apuntado- entre el pluralismo norteamericano (In God we trust) y el relativismo europeo es sólo una caricatura, pero ayuda a entender bien aquel sugerente oxímoron de la "dictadura del relativismo" del que hablaba con preocupación el cardenal Ratzinger en la víspera del cónclave. El relativismo es probablemente la enfermedad más grave de la sociedad europea en el momento presente y considerar la enfermedad como algo saludable es en verdad la peor de las dictaduras.

domingo, 30 de septiembre de 2007

¡'Vivan' los síndromes de Down!.

Fuente: http://www.diocesispalencia.org/cartas.htm

¡'Vivan' los síndrome de Down!

JOSÉ IGNACIO MUNILLA AGUIRRE
Obispo de Palencia

A veces, Dios permite ciertos sucesos, para que podamos comprobar de forma evidente e incuestionable, la deriva tan errónea por la que se conduce nuestra cultura, pues con frecuencia ocurre que solamente reaccionamos ante el mal, cuando hemos llegado a ver su rostro en toda su crudeza.
Me estoy refiriendo a un caso que se hizo público en Milán (Italia) a finales de verano: Una mujer embarazada de tres meses, esperaba gemelos. Al hacerse la prueba de la amniocentesis, se le comunica que uno de los gemelos tiene el síndrome de Down, por lo que solicita un aborto selectivo.
Llegado el momento de la intervención, los fetos se intercambian su posición y la doctora elimina por equivocación al sano, dejando vivo al que quería matar. Comprobado el error, tras los pertinentes análisis, días más tarde, la madre decide acabar también con el gemelo Down que continuaba vivo en su seno.
El caso es especialmente dramático, pero la cuestión de fondo no varía con respecto a los demás casos de aborto: El problema moral está en el endiosamiento de nuestro deseo. Perseguimos una realidad a medida de nuestros planes, y cuando las expectativas no se cumplen, somos capaces de autoerigirnos en dueños de la vida del prójimo, sin detenernos ante nada.
Esta es la inquisición contemporánea: ¡nuestra santa voluntad!. Si un niño es deseado, hoy en día podemos llegar a mimarlo hasta hacer de él nuestro tirano; y si no fuera deseado, procederemos a eliminarlo sin miramientos. Soy consciente de la dureza de estas palabras, pero estaría falseando la realidad si cayese en la tentación de dulcificarlas.
Me limito ahora a añadir una serie de reflexiones complementarias:
+ La dignidad de los síndrome de Down: ¿Somos conscientes de que los síndrome de Down han desaparecido prácticamente de nuestra sociedad? Bien es verdad que todavía conocemos algunos de edad más avanzada, pero… ¿dónde están los menores de 10 años, por ejemplo?Estamos ante uno de esos tabúes de los que a nadie le gusta hablar, porque presentimos muchas complicidades encubiertas. ¿Quién sería capaz de mirar a los ojos de estos niños y negarles su dignidad? ¿Quién se siente con derecho a definir y a establecer el concepto de normalidad, más allá del cual el derecho a la vida quedará sin protección?.
+ La prueba de la amniocentesis: A raíz de este triste episodio de Milán, el presidente de la Sociedad Española de Ginecología, Manuel Bajo Arenas, explicaba que «…si una embarazada se somete a la amniocentesis, normalmente aborta si el resultado es positivo. Si no, ¿para qué se iban a hacer la prueba?».
Lo cual plantea la responsabilidad moral de quienes, en su intencionalidad, se hacen cómplices de este grave pecado. La forma tan trivial en la que se oferta y realiza la amniocentesis en el sistema sanitario, está contribuyendo a desdibujar en muchas conciencias el principio de la inviolabilidad del don de la vida.Es un contrasentido que un diagnóstico médico se convierta en una sentencia de muerte.
+ Autopsia obligatoria: Parece que a nadie le llama la atención el hecho de que el diagnóstico de una amniocentesis sea suficiente para autorizar un aborto y que, sin embargo, posteriormente no se exija una autopsia para comprobar si verdaderamente el diagnóstico había sido acertado. ¡Cuántas sorpresas nos llevaríamos si pudiésemos comprobar la veracidad de tantos alarmismos a los que se recurre para cubrirse las espaldas!¿Quién no conoce a alguien que, según diagnóstico médico, tendría que estar muerto hace tiempo?.
+ Lo más grave, la impenitencia: En el momento en que aquellos padres, cuyo nombre desconocemos –y preferimos que así sea- supieron que el gemelo sano había sido eliminado por error, dispusieron de una ocasión de oro para reparar el error cometido.
Pudieron haber interpretado lo ocurrido como una llamada a rectificar sus valores de vida... Tras lo sucedido, podrían haber comprendido que el error no había estado en la elección del feto, sino en el aborto mismo. Pero, sin embargo, ¡¡volvieron a tropezar en la misma piedra…!! Quizás esto sea lo más grave de este caso –y no me estoy ahora refiriendo a esos padres-: el hecho de que nuestra sociedad mantenga la permisividad ante el aborto, a pesar de que seamos testigos de tantos dramas.
+ ¡Cuida de tu hermano débil!: Cuando en nuestras familias cristianas nacía un hijo con algún tipo de minusvalía o enfermedad crónica, nuestros padres nos inculcaban y educaban para que fuésemos sus custodios hasta el fin de sus días: «¡Cuida siempre de tu hermano débil!» –se nos decía-. Ahora resulta que ha sido el gemelo sano quien ha dado una lección a sus padres sobre cómo cuidar a su hermano enfermo. ¡Paradojas de la vida! Como también es una paradoja que haya miles de familias deseosas de adoptar y abiertas a acoger en adopción a quienes otros han desechado.
¡Que vivan los síndrome de Down!