sábado, 6 de octubre de 2012

Homilía del Domingo XXVII del tiempo



HOMILÍA DEL DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo b

            Es curioso, ¿han oído ustedes de qué material estamos hechos los seres humanos? Resulta que ahora el libro del Génesis nos cuenta que nuestra materia prima es polvo de la tierra. Es algo muy poco consistente, barato, muy frágil. Y no solo eso, sino que además nos imaginamos como Dios actúa como un alfarero, se remanga el vestido y se pone ‘manos a la obra’ para crearnos. Lo que se nos quiere decir es que somos criaturas de Dios, que lo que somos se lo debemos a Él, que de Él hemos salido y a Él retornaremos. Y si Dios es nuestro Creador Él ha puesto en nosotros su sello, su impronta; Y como se tratase de una moneda con la efigie del monarca o gobernante y la inscripción ha acuñado su imagen en nuestra alma.
            Sin embargo Dios no ha acuñado su imagen para que nosotros seamos sus esclavos, tal y como hacían los partidarios de la esclavitud cuando se vendían y compraban los seres humanos como si se tratase de mercancía. Dios quiere que todos los hombres seamos hermanos y libres. Dios ha acuñado su imagen en nuestra alma para proponernos un proyecto de felicidad. ¡Atención! Dios nos lo propone y no nos lo impone. Uno de esos tantos proyectos de felicidad que Dios nos propone es el MATRIMONIO. Y este proyecto que es el matrimonio no es para todos, sino para algunos, ya que se trata de una vocación que Dios da a quien considera idóneos.
Y nos sucede lo mismo que a las monedas antiguas, ya fueran los maravedís, los denarios romanos o demás dinero acuñado en cualquier metal con las correspondientes efigies y escritos… el tiempo, el óxido, el desgaste de ‘ir mano en mano’, la suciedad, el estar muy deterioradas por los diversos percances que hayan podido atravesar…hacen que muchas veces sea complicado poder leer la trascripción y de reconocer por la efigie del correspondiente mandatario. La imagen que Dios había acuñado en el alma humana para proponer la vivencia auténtica del matrimonio había sufrido considerablemente a causa de la terrible erosión causada por el pecado. El pecado había deteriorado hasta grados insoportables el matrimonio. Recordemos que el matrimonio ‘no se lo ha sacado la Iglesia de la manga’; que Cristo no ha inventado ni ideado el matrimonio; el matrimonio está desde que el hombre es hombre, es lo que se llama matrimonio natural.
            Lo que Jesucristo ha hecho ha sido lanzar ‘botes salvavidas’, inyectar, como si fuera con una gran jeringa una potente dosis de amor en el proyecto de amor natural.  Lo ha llevado a cabo de tal modo que lo ha elevado a la categoría de sacramento, para que aquellos que nos reconocemos como criaturas de Dios y tenemos a Jesucristo como Señor podamos contemplar con toda nitidez y sin ningún tipo de dificultad ese proyecto de matrimonio acuñado por Dios en el alma de sus fieles. De tal modo que el esposo amando a su esposa y la esposa amando a su esposo se salven ya que en ese mismo amor conyugal se santifican adorando al Dios que hizo todas las cosas y que a ellos mismos les creó.

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