domingo, 1 de julio de 2007

El ciego de Betsaida

Fuente: www.iglesianavarrajoven.org


EL CIEGO DE BETSAIDA

Muchos se encontraron con Jesús y no quedaron indiferentes ante ese encuentro podemos recordar el de la Samaritana o el de Zaqueo. Eran encuentros que transmitían vida y donde Jesús acogía hablaba y en algunos casos curaba. Nos centraremos ahora en el encuentro con el ciego de Betsaida, estamos de nuevo ante un encuentro que va cambiar la vida en este caso del ciego que recupera la vista. Llama la atención de la fe que tienen los que acompañan a este ciego para que lo toque Jesús para ser curado. Una cura que le permite al ciego ver lo que hay a su alrededor el contacto con Jesús ha sido curativo. Ha vuelto a ver puede volver a disfrutar de la luz ha salido del mundo de las tinieblas de la oscuridad se abre un mundo nuevo lleno de luz y de posibilidades nuevas. Pero vayamos mas halla de la curación física tan bien se puede ver con los ojos de la fe y apliquémoslo a nosotros mismos cuantas veces vamos ciegos por la vida, vivimos en la oscuridad y no nos damos cuento o nos queremos dar. Tal vez necesitemos tener un encuentro con Jesús por medio de los sacramentos, la oración, por un acontecimiento, la palabra de un hermano...hay muchos medios de encontrarse con Jesús. Un encuentro que nos saque de la ceguera en la que estamos sumidos, un encuentro que nos transmite la Buena Nueva que nos hace ver las cosas de otro modo, no encerrándonos en nosotros mismos sino que nos permite abrirnos a los demás. Que en un principio nos ayude a vislumbrar y que posteriormente la luz se abra paso. Jesús nos ayuda a ello nos acompaña esta junto a nosotros y nos hace recobrar la vista cuando lo necesitamos. Como el ciego de Betsaida tenemos que acercarnos con fe y nuestra mirada después será nueva.
PARA LA REFLEXION
Marcos 8, 22-26

Llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?» Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan» Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía de lejos claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

Reflexión
¿Ves algo? Cristo en este pasaje nos hace esta pregunta.
¿Podremos responderle que sí vemos? Impresiona que Dios mismo esté preguntando de esta forma. Pero ¿qué es lo que quiere que vea? ¿Cómo tengo que verlo?
Jesús nos pregunta si vemos con los ojos de la fe, es decir: que si en todo lo que hacemos está detrás la mano de Dios. Esta es la visión que Él quiere que tengamos en todas nuestras actividades, no quedarnos solamente con el ver cosas borrosas: "...veo a los hombres como árboles...", más bien hay que procurar que nuestros ojos estén limpios.
¿Qué es lo que no nos deja ver bien? Las preocupaciones de la vida, los problemas que agrandamos, el querer estar a la moda, buscar tener por tener, o por envidia... Por eso limpiemos nuestra vista, quitando lo que más nos estorbe para mirar con claridad la mano de Dios en nuestra vida, haciendo lo contrario a lo que nos aparta de tan digna visión.

Cuatro virtudes y diez mandamientos de la carretera

Fuente: Diario Palentino, 1 de julio de 2007
Cuatro virtudes
y
diez mandamientos de la carretera
«En el viaje hacia nuestro destino, los cristianos sabemos que Dios camina junto a nosotros y nos preserva de tantos peligros»
JOSÉ IGNACIO MUNILLA, Obispo de Palencia

Se acerca la festividad de San Cristóbal, patrono de los conductores. Nuestra reflexión cristiana se ve este año muy enriquecida por la reciente publicación por parte del Pontificio Consejo Vaticano para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, de un interesante documento, con el título de Orientaciones para la Pastoral de la Carretera (19-VI-07). El documento tiene cuatro partes: la primera está dedicada a las comunicaciones por carretera; la segunda y la tercera parte respectivamente, se refieren a las mujeres y a los niños de la calle; y la cuarta, a los sin techo. En esta carta nos queremos centrar en la primera parte: la Pastoral para los usuarios de la carretera.
Una vez más, hemos sido testigos de cómo determinados medios laicistas se mofaban de un pronunciamiento religioso en una cuestión como ésta: «¿También tiene que meterse la Iglesia en un tema profano como éste? ¿Es competente en el terreno de la carretera? ¿Qué tiene que ver la fe católica con la velocidad?...» Pues sí, ciertamente, ¡tiene mucho que ver! Al contrario de lo que muchos puedan pensar, la vida espiritual no es un capítulo aparte de nuestra vida cotidiana. Se trata de nuestra misma vida –la única que tenemos- pero iluminada y conformada por el Espíritu de Cristo.
El hecho de que, anualmente, los accidentes de carretera causen en el mundo 1,2 millones de víctimas mortales y 50 millones de heridos, tiene muchas implicaciones morales. Y es que la conducción también tiene aspectos morales. La buena conducción presupone el cultivo de diversas virtudes, como son el dominio de sí, la prudencia, la cortesía, el espíritu de servicio, la paciencia… De hecho, la tentación también se nos hace presente al volante, de múltiples formas: instinto de dominio, prepotencia, ira, irresponsabilidad, rebelión a las normas y a la autoridad, etc. El documento encuadra y resume en cuatro, las principales virtudes del conductor: caridad, prudencia, justicia y esperanza.
1.- Caridad: Jesús nos dijo aquello de «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12, 31). Quererse a sí mismo es condición indispensable para poder conducir responsablemente un vehículo. Muchas imprudencias en la carretera no son sino la manifestación de la amargura interior y de un indisimulado autodesprecio.
A lo anterior debemos añadir la caridad hacia el prójimo, especialmente hacia los más débiles al volante (ancianos, niños, conductores inseguros, etc). El documento pontificio recoge unas palabras de Pío XII, dirigidas en 1956 a un grupo de automovilistas: «No olvidéis respetar a los usuarios de la carretera, observad la cortesía y la lealtad hacia los demás conductores y peatones, y mostradles vuestro carácter servicial. Enorgulleceos de saber dominar una impaciencia a menudo muy natural, de sacrificar a veces un poco de vuestro sentido del honor para que triunfe esa buena educación que es un signo de la verdadera caridad. Así, no sólo podréis evitar accidentes desagradables, sino que contribuiréis a hacer del coche un instrumento incluso más útil para vosotros mismos y para los demás y capaz de que os procure mayor comunión».
2.- Prudencia: Supone la humildad de no sobrestimar las propias cualidades. Exige precaución, para afrontar los imprevistos que se pueden presentar en cualquier circunstancia. La prudencia requiere armonía de actitudes y disposiciones, madurez de juicio y un hábito de autocontrol.
3.- Justicia: Exige de quien conduce un conocimiento completo y exacto del Código de Circulación y una toma en consideración responsable de sus reglas. Asimismo, a consecuencia de la virtud de la justicia estamos obligados a reparar el mal que hayamos podido causar, además de solicitar o conceder el perdón requerido.
4.- Esperanza: En el viaje hacia nuestro destino, los cristianos sabemos que Dios camina junto a nosotros y nos preserva de tantos peligros. El documento nos invita a emprender nuestros desplazamientos en presencia de Dios, encomendándonos a nuestro Ángel de la Guarda, a San Cristóbal, al Arcángel Rafael, a Santa María del Camino… Mas aún, se nos invita a tener momentos de oración durante el viaje, con una mención expresa del Santo Rosario, que «debido a su ritmo y repetición apacible, no distrae la atención del conductor».
Junto con la exhortación al ejercicio de las virtudes por parte del automovilista, el documento brinda también un decálogo muy práctico para usuarios de la carretera, evocando los Diez Mandamientos dados a Moisés:
I. No matarás.
II. Que la carretera sea para ti un instrumento de comunión entre las personas, y no de daño mortal.
III. Que cortesía, corrección y prudencia te ayuden a superar los imprevistos.
IV. Sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente.
V. Que el automóvil no sea para ti expresión de poder y dominio, ni ocasión de pecado
VI. Convence con caridad a los jóvenes, y a los que ya no lo son, para que no se pongan al volante cuando no estén en condiciones de hacerlo.
VII. Apoya a las familias de las víctimas de los accidentes.
VIII. Haz que se encuentre la víctima con el automovilista agresor en un momento oportuno, para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón.
IX. En la carretera, protege a la parte más débil.
X. Siéntete tú mismo responsable de los demás.

viernes, 29 de junio de 2007

No sólo de dinero vive la persona

Fuente: Signos de los tiempos; Boletín Bimestral; Formación sociopolítica de la diócesis de Burgos.

No sólo de dinero vive la persona
España se ha introducido en 30 años en la lista de países más avanzados. Los ciudadanos hemos pasado de una simple política de ahorro familiar, a depositar nuestros fondos en alguno de los múltiples productos que la ingeniería financiera saca al mercado. Nos queda sin embargo realizar una reflexión cotidiana sobre las condiciones éticas de la ganancia especulativa derivada de los movimientos del capital. La globalización está generando un paraíso fiscal a escala planetaria que conlleva una impunidad en el movimiento del dinero que no tiene fronteras (no así las personas) y una pérdida dramática de atribuciones sociales y políticas de los poderes públicos y locales, ideal para muchos intereses, pero nefasto para muchos derechos sociales y laborables.

La actual política económica mundial a la que nos sumamos con la simple acción de depositar nuestro capital en las entidades al uso, nos involucra como agentes activos “ingenuos”, dentro de un sistema en el que el dinero acude a financiar proyectos en algunas ocasiones inconfesables. Un sistema que, a su vez, justifica la industria contaminante, la producción de armamento a gran escala, el incremento exponencial del beneficio de unos pocos, el blindaje de las grandes patentes farmacéuticas, los ajustes estructurales de países en desarrollo, las políticas arancelarias que impiden las exportaciones a los países pobres. Un entramado de codicia que “hace violencia al individuo y su heredad” (Mq 2,2). El sistema económico es opaco y promueve un sujeto económico pasivo y desentendido de las grandes cuestiones de fondo.

El problema no es, seguramente, perseguir el beneficio normalizado que puedan generar las múltiples fórmulas económicas y financieras disponibles: bolsa, accionariado, inversiones, etc. sino la falta de responsabilidad social de esta actividad y el nulo análisis ético que acompaña a estas actuaciones desde la premisa de que toda ganancia es, en sí misma, aséptica. Ganar dinero, no se somete a un juicio moral.

En Estados Unidos, en los años 50, se acuñó la expresión 'inversiones socialmente responsables' para referirse a aquellas que, además de buscar la rentabilidad, cumplían ciertos requerimientos religiosos o sociales. En España, apenas el 0,03% de los movimientos de capital entran dentro de este concepto.

Debemos responsabilizarnos de una manera más activa del destino de nuestros ahorros, tanto a la hora de depositarlos o invertirlos, como a la hora de gastarlos. Podemos apostar por nuevos instrumentos que, insertados en el mercado, se comprometan a una “sostenibilidad ética”: Comercio justo, consumo responsable, banca ética…, entidades que nos aseguren la responsabilidad medioambiental, la transparencia financiera y la apuesta por las iniciativas que permitan la inserción social y laboral de los colectivos en exclusión.

Los ciudadanos podemos y debemos exigir qué se hace con nuestro dinero y a dónde va destinado. Se trata de un modo más de empoderamiento y de participación que nos conducirá a sociedades más responsables.

Alfredo Calvo. CARITAS

Dale una oportunidad a la inmigración

Fuente: Signos de los tiempos; Boletín bimestral, Departamento de formación sociopolítica de la diócesis de Burgos.

Estamos viviendo unos momentos interesantes socialmente. Las gentes de los pueblos más pobres se acercan a nuestra tierra, a nuestras fábricas, a nuestras casas en busca de la vida que se les niega en sus tierras.

Ese movimiento, lo mismo nos enriquece y despierta en nuestras propias posibilidades de futuro, como nos sumerge en una especie de miedo a perder nuestras cosas, nuestra seguridad, nuestro espacio.

Esta novedad que nos permite plantearnos nuestra manera de estar en la tierra y el modo que tenemos de gastar cada uno de los minutos de nuestra vida, lo llamamos inmigración. Y la inmigración no es otra cosa que la consecuencia de un desequilibrio socio económico y político. Y, en muchas ocasiones, la consecuencia de la explotación a que hemos sometido a sus pueblos y sus gentes durante siglos.

Nosotros no conocemos, y es una falta de respeto, las tremendas situaciones de las que huyen, en las que sobreviven ellos y sus familias o las que quieren transformar.

Pero cada vez que conocemos una de esas historias, y cada inmigrante trae una historia tan maravillosa, fantástica e ilusionante y dramática como nuestra propia vida, se nos abre generosamente una nueva ventana para ampliar y mejorar la perspectiva de la realidad del mundo en que desarrollar nuestra solidaridad y vivir nuestra esperanza.

Es cierto que otras personas vienen para mejorar porque saben que el nivel de vida nuestro es mejor o hay más posibilidades. Y que también hay gente que viene a aprovecharse a robar o a desequilibrar nuestros ambientes. Cada uno viene con su mundo, sus aspiraciones y sus lacras. Si se integran nuestro mundo se engrandece.

Pero no quería meteros en esta reflexión sobre la inmigración, sino presentaros una situación que nos permita replantearnos también la realidad de un Estado que necesita y acoge mano de obra de todas las procedencias y que debe hacerles un hueco donde quepan todas sus realidades. Y la tarea que tiene nuestra Iglesia, y cada una de nuestras comunidades, para reconocerles y respetarles dejándoles ese sitio que necesitan para seguir siendo lo que son.

La invitación es a que seamos respetuosos desde nuestra fe con la suya, que les mostremos nuestra esperanza con una acogida abierta y generosa, porque a Dios le gustan tanto nuestros cantos como los suyos, le enternece tanto nuestra caridad como la suya, le conmueve tanto nuestro ayuno como el suyo y le engrandece tanto nuestra misericordia y generosidad como las suyas.

Tenemos una oportunidad única y elocuente este año.
Fermín González

Eucaristía y compromiso con la eco-justicia

¿De donde brota el compromiso con lo que recientemente llamamos eco-justicia: es decir, la acción social para promover la vida, la paz y la justicia, así como también para proteger el medio ambiente?.

El Concilio Vaticano II nos dice: «La Eucaristía es la fuente y el culmen de toda vida cristiana» (LG 11). Es el recuerdo de las comidas de Jesús en la memoria práctica de la celebración eucarística o comida de acción de gracias. En sus comidas, Jesús se revela y revela un rostro de Dios. “Ahí está la revelación directa de Jesús en su más simple verdad...” (J. Guillet). En estas comidas cotidianas Jesús anunció una nueva fraternidad entre los seres humanos y significó el Reino abriendo la participación en su mesa a todos: pobres, pecadores y gente marginada.

Para testimoniar que Dios es paz y don de vida, debemos valorizar la donación de Jesús a los suyos, su fidelidad al proyecto del Padre, la entrega de su vida a Dios, y mostrar cómo en la cruz nos reveló un nuevo rostro de Dios. Celebrar la Cena es testimoniar a un Dios Amor que da su vida por todos los hombres y mujeres, perdona a todos y no excluye a nadie.

Por otro lado, Jesús coincide radicalmente con los antiguos profetas y denuncia con fuerza el hecho de que la práctica del culto pueda llevar a las personas piadosas y religiosas a olvidar o descuidar los imperativos esenciales de la justicia y el amor a los demás:
Si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23‑24).

Porque es imposible amar a Dios y rendirle culto si el hombre se desentiende de su hermano.
La celebración fundacional de la comunidad cristiana reunida es una comida de acción de gracias. De ahí sale la comunidad enviada a formar una sociedad del acoger, compartir y repartir. El trigo y la uva se transforman en pan y vino, y lo que representan simbólicamente (la vida diaria de las personas, de las familias y la sociedad) se consagra, es decir, se transforma para significar una nueva vida, la Vida con mayúscula.

Así, la comunidad se siente llamada a cuidar de la vida, cuidar la tierra y del ambiente, cuidar de las relaciones humanas familiares y sociales; es una misión de gratuidad y responsabilidad: de la gratitud por el don brota la responsabilidad para cuidar la vida, cuidar la tierra y el medio ambiente, cuidar la sociedad y las relaciones humanas. Por tanto la celebración de la Eucaristía es inseparable del compromiso social y ecológico; es inseparable la gratuidad por el don de la vida y la responsabilidad de cuidarla en la vida diaria; es inseparable el culto y el cuidado de una vida digna para todos y cada uno de los hombres, para todo el planeta.

COMISIÓN JUSTICIA Y PAZ

Propuesta para el trabajo personal o en grupos
1. La Iglesia vive del amor solidario, testimonio del Reino de Dios, y eso se expresa como signo en la Eucaristía: ¿Por qué, al hablar de la Eucaristía, dedicamos tan poco espacio a su relación con la vida social y a las exigencias de la solidaridad entre nosotros?.
2. En la vida de nuestras parroquias y comunidades, ¿qué importancia real tiene el compromiso y la denuncia? ¿Cuánto tiempo se dedica a promoverlos y compartirlos?.
3. Si la Eucaristía es comunión, ¿se puede excluir a alguien de ella? Los sectores más deprimidos y marginados de nuestra sociedad ¿se sienten acogidos por la Iglesia? ¿acuden a nuestras celebraciones? .
4. Lee la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25‑37). El sacerdote y el levita dejan tendido en la cuneta a aquel hombre precisamente porque la fidelidad a los ritos establecidos era para ellos algo irrenunciable. ¿Puede ser utilizada la religión como elemento generador de injusticia e insolidaridad? ¿Se te ocurre algún ejemplo de hoy?

Vivir a lo grande


Más que palabras
¡Vamos a darle a la vida toda la amplitud y grandeza que la vida tiene teniendo como modelo a María, cuyo Corazón es reflejo precioso del Corazón de Jesús!.

Pero vivir con grandeza no significa salir en los periódicos, darle a la vida toda su amplitud no significa llenar la agenda de nuevas actividades... estamos hablado más bien de descubrir en cada pequeña cosa, en cada momento, en cada silencio y en cada persona, los grandes regalos de amor y compañía que nos hace el Señor, y no dejarlos escapar entre prisas y problemas. Estamos hablando de no dejar que la superficialidad amortigüe la vivencia de cada segundo que pasa en nuestro reloj o el significado de cada palabra que decimos. Así, cuando el Señor dice “sed mis testigos” no reduce la palabra “testigo” a lo que nosotros entendemos, es decir, una persona que habiendo presenciado un acontecimiento lo relata, sino que es ¡mucho más!, Él nos habla de una persona capaz de desgastar su vida con alegría transmitiendo a los demás el Amor de Dios que ha experimentado en sí. O cuando el Señor dice “sois mis amigos”... no se refiere únicamente, como nosotros, a personas con las que compartes tiempo y en las que confías, aunque también, sino a aquellos a quienes ama por encima de todos los límites humanos, a aquellos por los que va a dar su propia vida por amor, porque la vida de sus amigos es tan preciosa a sus ojos que lo da todo por no perderles... Ojala profundicemos de esta manera en aquello que vivimos y decimos: “cristiano”, “familia”, “gracias”...

¡Así vive también María cada instante!, con esa “verdad” pronuncia cada palabra (quizá por eso habla poco). De esta manera exclama en la Anunciación: “He aquí la esclava del Señor...” (Lc1,38). La expresión “esclava” o “sierva” indica su pleno abandono a la voluntad de Dios, su libre y cariñosa sumisión, como tantas veces hemos escuchado. Pero la expresión “siervo” no es pasiva ni abre una distancia abismal entre dos personas, entre Dios y Ella como nosotros podríamos interpretar, sino todo lo contrario. El siervo es comprendido ya en el Antiguo Testamento como aquél a quien Dios llama para que, estando cerca de Él, compartiendo con Él “preocupaciones” por los hombres, dialogando con Él, lleve a cabo una misión a favor de los demás. Así le ocurrió a Abraham cuando el Señor no sólo le llama a realizar una misión, sino que también conoce los deseos de su corazón y cumple sus promesas de colmarlo. Así le ocurre a Moisés, de quien nos dice la Biblia que Dios hablaba con él como un amigo habla a un amigo, a David, a Gedeón, a los profetas, a la reina Ester que también se llama a sí misma “sierva” (Est 4,17)...

Íntima armonía
Llamándose “sierva”, María se une en armonía de disposiciones íntimas a su Hijo, al “siervo doliente” del cántico de Isaías, que no quiere que le sirvan, que no viene a ser servido sino a servir y a entregar totalmente su vida en la obra de la redención. En la vida de Jesús la voluntad de servir es constante y sorprendente, lo abarca todo, desde lo más sublime, como su entrega enamorada en la cruz y su silencio ante las acusaciones falsas, hasta lo más pequeño, como cuando busca un prado con hierba para que la gente pueda sentarse cómodamente a comer, o cuando ya resucitado espera a los discípulos con el almuerzo preparado y a ninguno le extraña que Jesús les haya preparado algo para comer... ¡quizá es que lo hacía a menudo!.

También María, teniendo conciencia de la altísima dignidad que suponía para una mujer judía ser la madre del Mesías y aún más, la madre de Dios, ante el anuncio del ángel se declara de forma espontánea la “esclava del Señor”, ¡y no se queda en palabras!, terminado el anuncio y estando ya encinta, se pone en camino ¡y deprisa! hacia Ain Karem donde Isabel, ya mayor y embarazada también, necesita alguien que le ayude... es decir, que realice con ella o en su lugar las tareas de la casa, la preparación de lo necesario para el niño que va a llegar... estamos hablando de oficios muy humildes hacia los que María se lanza, con prisa, por servir. Esos son los caminos del Señor que tantas veces no son nuestros caminos: a mayor dignidad, mayor gusto y prontitud por ponerse al servicio, en lo concreto, de los demás.

Atrevámonos a vivir con esa amplitud, haciendo Verdad nuestra vida. Asumamos el riesgo que supone el acercarse tanto a Dios que las miserias de los hombres, a quienes ama, alcancen también nuestro corazón y nos hagan correr hacia el último lugar con alegría de servir.

Silvia María. Fscc

jueves, 28 de junio de 2007

La necesidad de lo humano para orar.

Cipecar - Centro de iniciativas de pastoral de espiritualidad

¿Qué ganamos con navegar hasta la luna si no somos capaces de cruzar el abismo que nos separa de nosotros mismos? (Thomas Merton).
”¿No sería gran ignorancia... que preguntasen a uno quién es, y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni su tierra? Pues sin comparación es mayor la que hay en nosotros cuando no procuramos saber qué cosa somos".
(Santa Teresa).

"El verdadero discípulo no tiene el corazón ambicioso,
ni los ojos altaneros.
No busca grandezas que superan su capacidad.
Ha acallado su alma y ha moderado sus deseos.
Como un niño en el regazo de su madre,
así está su alma en paz
y en silencio en el Señor" (Salmo 130).

RETOS DEL ORANTE
- Aprender que nada de lo humano es ajeno a la oración. Es una aberración pensar "que para enriquecer a Dios debe empobrecerse el hombre; para que Dios sea todo, debe el hombre ser nada" (Feuerbach).
- Cultivar la dimensión humana, desde lo más profundo hasta los pequeños detalles, porque es ahí, en la propia vida, donde se va a tejer la historia de amistad con Jesús, la Palabra de Dios encarnada.
- No esconder nada ni esconderse de nadie, "porque El sabe de qué estamos hechos" (Salmo 103,14).
- ¡No desperdicies tu vida!

Nuestras vidas están formadas de días y horas, Y cada hora es muy valiosa. ¿Hemos desperdiciado nuestros días y horas?. ¿Estamos desperdiciando nuestras vidas?"
(Thich Nhat Hanh).

HABITAR NUESTRA CASA
La oración es un don, pero sin mí, sin todo lo que supone mi vida, no puede florecer. Cultivar la oración y, a la vez, ser grandes desconocidos para nosotros mismos, es construir la casa sobre arena. Una persona superficial vive y ora superficialmente. Una persona profunda vive y hora maduramente. La oración y la vida se relacionan mutuamente.

· Llamamos "habitar nuestra casa" al empeño diario por conocernos, aceptarnos y querernos.
· Dimensión corporal. No perdemos el tiempo cuando prestamos atención a nuestro cuerpo. ¿Cómo acogeríamos al Señor sin contar con él?.
· Dimensión afectiva. ¿Cómo podríamos vivir sin sentimientos, sin afectos? ¿Cómo podríamos orar sin capacidad de asombro, de gratuidad, de ternura, de dolor, de alegría, de compasión?.
· Dimensión intelectual. ¡Qué pobreza cuando practicamos la oración sin cambiar de mentalidad! Nuestra forma de pensar, de situarnos ante el mundo de hoy, de escrutar los signos de los tiempos, oxigena y aporta verdad a nuestro encuentro con Dios.

LA DIMENSIÓN MAS HONDA
Es lo más profundo de nuestro ser. Ahí tiene lugar el encuentro con el tú, y por tanto, la oración. Así lo definió Santa Teresa: "Como el lugar principal en un palacio real con inmensas moradas, donde pasan las cosas más secretas entre Dios y la persona humana".
Los textos bíblicos hablan de "corazón" ("Dichosos los limpios de corazón" Mt 5,8), de "morada" (”¿No sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu?" Cor 6,19), de "hombre interior capaz de comprender la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor" (Ef 3,16-18).
La interioridad humana no es física, "no estamos huecos por dentro". Tampoco queda configurada por componentes de orden ético y psicológico. La persona de Cristo entra a formar parte de la interioridad del creyente; el Señor se queda en "quien come mi carne y bebe mi sangre" (Jn 6,57); él está-reside en "quien da mucho fruto" (Jn 15,5); "quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1Jn 4,16).

El misterio de nuestra interioridad se despliega en tres planos:
- El cuerpo es santo, es templo de Dios, envase de la interioridad.
- El corazón, lo interior del ser humano, sede en que anidan los sentimientos, pensamientos, amores, proyectos... y, que a su vez, es el recipiente de algo que lo rebasa.
- El Espíritu, Cristo, Dios en persona, su amor, su vida derramada y creciente dentro. Es la Trinidad que se dona y habita en el ser humano, en comunión con él. El cristiano al pensar en lo profundo de sí mismo se siente implicado en lo divino, se siente relacionado con las Personas de la Trinidad.

UNA LUZ QUE NOS REGALA MARÍA
- Frente al deseo de muchos de autocomprenderse y darse sentido a sí mismos, María es la mujer que deja que su Señor le regale su sentido.
- Frente al anhelo secreto del hombre de hoy de ser comienzo absoluto desde su libertad, María es la mujer que acepta "ser desde otro"; se deja mirar por su Señor y se le llena la vida de agradecimiento.

LA EXPERIENCIA DE UNA MUJER
Edith Stein afirma que sólo una actitud religiosa introduce en la morada interior. Los análisis psicológicos sólo se asoman y escrutan esa dimensión interior, no abren el diálogo con el Señor que habita dentro.
Para el cristiano lo más profundo de sí mismo no queda confinado en el yo, sino que implica la persona del Otro.
MOMENTO DE ORACIÓN
* Haz un corte en tu actividad, no porque ésta sea mala, sino para poder contemplar tu vida, como se ve el bosque desde fuera, y ver tu historia como un prodigio.
* Si puedes haz silencio, serénate, presta atención a todo lo tuyo con calma, como quien se sorprende hasta de los pequeños detalles.
* Ábrete al Espíritu:
Ven, Espíritu Santo,
enséñame a vivir con sentido y plenitud
lo normal y lo extraordinario,
lo llamativo y lo inadvertido,
la vida y la muerte de cada día.
* Escucha esta experiencia de San Agustín, puede ser la tuya.
"Tú estabas dentro de mí y yo fuera,
y así por fuera te buscaba...
Tú estabas conmigo,
mas yo no estaba contigo" (Confesiones).
* Mira lo que dice el Evangelio:
"Tú, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 5,6).

- Descúbrete habitado (a).
- Descúbrete mirado (a).
- Descúbrete amado (a).

* Ora con todo tu ser, unido a Jesús y a toda la Iglesia:
"Padre, me pongo en tus manos.
Haz de mí lo que quieras.
Sea lo que sea, te doy las gracias" (Carlos de Foucauld).

CUENTA CONTIGO PARA BUSCAR AL SEÑOR

Cipecar
www.cipecar.org

¿Qué es orar?

Cipecar - Centro de iniciativas de pastoral de espiritualidad




Una pregunta:
Comenzamos el Curso de Pedagogía de la Oración preguntando: ”¿Qué es orar?" La pregunta es la antesala de la sabiduría, como el deseo lo es del encuentro y la sed de la búsqueda del manantial.
Pregunta el que no sabe, pero quiere saber. Tenemos presente el mundo de hoy, saturado y hambriento, sin preguntas o con preguntas por la subsistencia.
¿Se hacen hoy muchas mujeres y hombres la pregunta sobre la oración?.


Muchas respuestas
A esta pregunta hay muchas respuestas, tantas como experiencias de oración.
"Dios es la eterna novedad" (San Juan de la Cruz) y los caminos de encuentro con él son también nuevos.
Cada testigo nos ha contado su experiencia, nos ha destacado en qué ha puesto el acento. Y el Espíritu no se contradice en la variedad de respuestas.


Un relato: " el mendigo y la perla"
Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó: "Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya, valiosa como es. Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí".


Enséñanos a orar
Si algo sabían los discípulos de Jesús eran oraciones. Eran judíos y tenían que recitar varias durante el día.
Pero vieron cómo vivía Jesús, lo fascinante que era su libertad y su ternura, su pasión por el Reino y su oferta de amistad, y se acercaron para pedirle: "Enséñanos a orar" (Lc 11,1). Y Jesús les mostró su corazón, les enseñó al Padre, les dio su vida, su secreto, lo que llevaba de más entrañable dentro.


Pregunta a los testigos
Esto es lo que alguno de ellos responde a la pregunta: ¿qué es orar?.
· San Juan Damasceno: "La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes".
· San Agustín: "La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El".
· Santa Teresa del Niño Jesús: "Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde la prueba como desde dentro de la alegría".

· Nuevo Catecismo: "La oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo".
· Santa Teresa de Jesús: "A mi parecer no es otra cosa oración sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama".


Algo imprescindible:
Los protagonistas:
Dios, que se da a sí mismo. La oración es ante todo un don de Dios misericordioso que nos trata como a hijos, sin mérito alguno de nuestra parte, y nos da al tiempo el poder de escucharle y responderle como a Padre. La oración es lo que hace Dios con el hombre, y no al revés. No conviene perder de vista este hecho primordial. Poder orar es, para nosotros, una gracia increíble, un don inmenso.


La persona humana, que responde. El don de Dios hace posible la respuesta del hombre. El hombre se siente hijo y no recibe los dones como siervo mudo, sino que acoge y agradece y actúa con iniciativa en el diálogo con Dios. La oración requiere empeño por parte del creyente, que se abre a Dios con todo su ser.


El encuentro. Dios, que muestra su rostro y se desvela como apasionado
buscador del hombre, y el orante, que también quiere descubrirle su rostro a Dios
en verdad, se encuentran y se comunican. Surge así un encuentro en fe y amor,
diálogo de amistad, trato familiar.


A tener en cuenta:
· Sé consciente de que Dios quiere entrar en comunión contigo. Llama a tu puerta para entablar amistad contigo. Abre.
· Busca tú momentos para estar con él. Fuérzate en alguna ocasión. La oración es un encuentro con Dios en la verdad, la de él y la tuya.
· Aprende a estar ante Él, con Él, y de Él.
· Recuerda siempre que la oración es un don y lleva a la vida.
· En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



MOMENTO DE ORACIÓN...


Se pone música de fondo y se proyectan dos diapositivas: una en que se vea a un grupo de gente por la calle y otra en que aparece una vela encendida junto a la Palabra. Se van diciendo estas o parecidas palabras.
Aquí estamos... Con nuestros nombres y nuestros años, con nuestro dolor y nuestro gozo. Y con nosotros viene mucha gente. Vienen los que hoy han sido noticia en el mundo, sobre todo, por su dolor. Vienen tantas personas anónimas que buscan algo más. Aquí estamos abiertos, disponibles para el encuentro con Dios.
Aquí estás, Señor... Tú siempre estás. Siempre estás a la espera, con el oído inclinado y el abrazo preparado. A menudo nos esperas mucho.
Tienes ganas de vernos, de que estemos contigo, porque nos quieres.


Canción:
Señor, enséñanos a orar, a hablar con nuestro Padre Dios.
Señor, enséñanos a orar, a abrir las manos ante ti.
Señor, enséñanos a orar.


Texto bíblico: Lucas 18,9-14
Dos hombres subieron al templo a orar, el fariseo y el publicano.
- Preséntate al Señor con una actitud humilde. No pretendas ser más de lo que eres.
- Preséntate con un corazón abierto a los hermanos. Que el orgullo de creerte bueno no te lleve al juicio o la condena de los otros.
- Ábrete de par en par al Señor de la misericordia.


Oración (Dicha por todos):
Padre nuestro...
María enséñanos a orar como oraste tú.
"Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador"
Cipecar


www.cipecar.org

miércoles, 27 de junio de 2007

Parábolas para todos...

LA CARTA DE DIOS



A san Antonio Abad le llevaron una vez una carta del Emperador Constantino. Como los monjes se admiraran que el emperador en persona escribiera a un simple monje, san Antonio les respondió: “Nos admiramos que un Emperador escriba a otro hombre, y ¿cómo es que no nos admiramos más de que Dios nos haya escrito ese mensaje personal y hermosísimo que nos mandó a cada uno y que se llama Sagrada Biblia?”.


CLAVOS QUE DEJAN HUELLA

Esta es la historia de un muchachito que tenia muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Un día descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llego el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.
Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta...
Su padre lo tomo de la mano y lo llevo hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.
Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastara, y la cicatriz perdurara para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física"

CALUMNIAS

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, y todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:"Quiero arreglar todo lo que hice, ¿como puedo hacerlo?", a lo que el sabio respondió:"Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suéltalas donde quiera que vallas".
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y en el cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo:"Ya he terminado", entonces el sabio contesto:"Esa era la parte fácil... ahora debes volver a llenar el saco con esas mismas plumas que soltaste, sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste pues sabía lo que eso significaba, y no pudo juntar casi ninguna. Al volver el hombre sabio le dijo:"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya esta hecho.
Lo único que puedes hacer ahora es perdirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".