sábado, 15 de marzo de 2014

Homilía del Domingo Segundo de Cuaresma, ciclo a


DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA, CICLO A

 

            El camino cristiano consiste en renovar primero nuestra casa, viviendo y anunciando el Evangelio de Jesús con una renovada autenticidad e intensidad. Cada cual nos movemos por ambientes muy diversos y a la vez muy secularizada. He aquí que nosotros corremos el alto riesgo de 'bajar la guardia' y dejarnos arrastrar por lo más fácil y aparentemente lo mejor. San Pablo cuando escribe a Timoteo nos dice: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé». No nos vale con conservar lo que tenemos sino que constantemente debemos de hacer frente al desafío de ser cristiano.

            Partimos de un hecho innegable: ¡Cristo ha vencido a la muerte! y Él nos conduce a la Vida Eterna. Al lado de Cristo nos conducimos por la vida de una manera luminosa e envidiable. Con claridad, con fervor y con coherencia. De esta manera los demás  hermanos verán en nosotros algo que es en sí mismo distinto, surgirán en ellos las preguntas eternas sobre el sentido de su vida, les cuestionará mucho las razones de fondo de nuestras palabras y acciones porque no manan de los criterios del mundo. Tendremos ocasión de anunciarles con sencillez el Evangelio de la salvación para que ellos también puedan disfrutar de la gracia de Jesucristo.

            Para convencer no bastan las palabras, hay que vivir intensamente lo que se anuncia. Algunas veces sentiremos que la alegría está muy pronunciada porque sentimos la presencia de Cristo muy cerca de nosotros; pero también llegarán las noches oscuras, las dudas y el desaliento donde el Señor nos prueba para afianzarnos en su seguimiento. San Pablo nos dice en su carta a Timoteo que «Él nos salvó y nos lleva a una vida santa». Algunos piensan que uno se acuesta pecador y se levanta santo. Necesitamos constantemente alimentarnos de Cristo y de descalzarnos ante su Palabra para dejarnos instruir por Ella. Según nos vayamos a la luz que es Cristo nos iremos enamorando más y más de su persona. De tal modo que, incluso en las decisiones más íntimas, el sentir y la Palabra de Cristo tiene un peso muy destacado. ¿Quiere decir eso que Cristo nos condiciona en la libertad? Esto es lo que el Demonio quiere que creamos. Cristo nos da la libertad porque desea que cada cual viva en la Verdad. Recordemos que la Verdad nos hará libres y el pecado nos hace esclavos (Jn 8,31-32).

            Dios cuando irrumpe en la conciencia hace que algo nos ocurra, que podemos disfrutar, aunque solo sea de un instante, de esa alegría pascual de sentir a Cristo resucitado y trasfigurado.

 

 

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