martes, 10 de enero de 2023

Funeral de mi padrino de bautismo

Funeral de Pedro García Gutiérrez

Paredes de Nava (Palencia) 11 de enero de 2023

 

Hermanos, el tiempo va transcurriendo y por el camino de la vida nos van dejando muchos seres queridos, los cuales se han ganado un lugar en nuestro corazón.

Esta tierra se ha ido forjando en el tiempo con personas con ese carácter castellano que han sabido sobrevivir en los malos tiempos con su trabajo. De tal modo que su trabajo, su sentirse cristiano y su experiencia acumulada nos han ayudado a ser lo que somos nosotros ahora.

Pedro había adquirido esa capacidad de soportar el dolor sin quejarse, sin lamentarse. Es una característica que han adquirido aquellos que se han ido curtiendo con la dureza de la vida.

Y es Dios quien llamó a la existencia a Pedro y es Dios quien ahora le reclama para sí.

            Hay personas que me dicen ‘¿por qué no han vuelto nadie del más allá para decirnos cómo se está allá?’. Lo dicen porque en el fondo no se creen esto de la resurrección de los muertos y lo ven como un cuento o una fábula. Yo sé que hay uno que sí que regresó de la muerte, porque los lazos de la muerte no tuvieron la suficiente fuerza como para poderlo sujetar: Esa persona es Jesucristo. La dificultad reside en que es complicado creerse esto de la resurrección si uno no tiene ardiente  y viva la llama de la fe, ya que las sombras del dolor tienden a desanimarnos y a caer en la angustia.

            Santa Teresa de Jesús nos comenta que «la vida es una mala noche en una mala posada» [Camino de Perfección, 40,9], ya que todo lo que uno sufre, si lo hace por amor, todo adquiere sentido de plenitud y ayuda a ascender hacia la presencia de Dios. Porque, como ella misma también nos dice: «Solo el amor es el que da valor a todas las cosas» [Exclamaciones 5,2].  Todo lo que hacemos en la vida tiene valor si lo hacemos con amor; Ya San Pablo nos lo recuerda: «Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que suena o címbalo que retiñe. (…) Si no tengo amor, nada soy» [Cfr. 1 Cor 13].

            Pedro es una persona, digo que es -hablo en presente-, porque no puede morir aquel que ha sido creado por el amor con mayúsculas, que es Dios. Dios es amor y el amor no muere; luego aquel que ha sido creado a base de amor no puede desaparecer, no puede morir, no puede desvanecerse. Es verdad que el mismo Jorge Manrique nos escribió en las ‘Coplas por la muerte de su padre’, diciéndonos aquellos versos bellísimos:

«Nuestras vidas son los ríos

que van a dar al mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

e consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

e más chicos;

i llegados, son iguales

los que viven por sus manos

e los ricos».

 

Pero más cierto aún es que aquellos nombres que han sido inscritos en el Libro de la Vida, resurgirán de sus cenizas y serán conducidos la presencia del Todopoderoso. De tal modo que todo lo que acá hicimos, allá tuvo su eco, y todo el sufrimiento de esta vida servirá como catarsis, purificación para alcanzar la otra vida. Recordad: el amor no puede morir, porque Dios, que es Amor, es Eterno y Dios es nuestro Garante y nuestro constante protector.

Pedro era una persona de iglesia. Amante de su cofradía de Jesús Nazareno y de la Quinta Angustia. Con quince años empezó a ser cofrade y ha querido a su cofradía hasta el último momento. Yo he sido testigo de cómo él quería a sus hermanos cofrades del mismo modo que ellos le quieren a él. Un cofrade fiel y bueno. Pedro es de esas personas religiosas castellanas que se sentía orgulloso de ser paredeño y cofrade. El ser cofrade era algo que había vivido desde pequeño y lo llevaba en la sangre.

Recuerdo con agradecimiento la alegría que me manifestaba cuando le visitaba o hablaba con él por teléfono. Esa alegría es algo que le caracterizaba porque era una persona que le gustaba estar con la familia y con los amigos. Siempre que tenía oportunidad presumía de sus nietos y se le veía rejuvenecer cuando estaba con ellos. Para él, Paula, Daniel, Marta, Rodrigo y Sandra siempre era un motivo para sonreír y sentirse orgulloso de ellos. Sus hijos le han mostrado siempre su cariño y él lo sabía, y de hecho disfrutaba con ellos.

Pedro, a parte de ser mi tío, era mi padrino de bautismo; luego yo era su ahijado. Y yo ahora, junto con todos vosotros y la oración que aportáis, le estamos despidiendo de esta vida terrenal ya que ahora está naciendo a la vida celestial.

Pedro, cuando encuentres y te reúnas con tu esposa Teodora, dile de parte de tus hijos, de tus nietos y de toda tu familia que los dos habéis sido para nosotros un bellísimo regalo de Dios.

Dale Señor el descanso eterno y brille para él la luz eterna. Amén.

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