martes, 13 de marzo de 2012

Homilía del segundo domingo de cuaresma, ciclo b

DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA

4 de marzo de 2012

Estamos inmersos en el tiempo litúrgico de la cuaresma. La cuaresma no se caracteriza, ni mucho menos, ni por la comodidad ni por lo sencillo. La cuaresma es un tiempo de lucha interior; es un ‘tiempo de gracia’ para vaciarnos de nosotros mismos y llenarnos de Dios.

Nuestra vida cristiana se debería de asemejar a una guitarra española. Las cuerdas perfectamente afinadas para que el artista pudiera interpretar la más bella pieza musical. Sin embargo, son muchas las veces en las que nuestra particular guitarra o bien no tienen cuerdas o bien están totalmente desafinadas. Alguno me podría decir ¡qué más da que la guitarra esté afinada o no!

Hermanos, no podemos negar que siempre es más cómodo vivir en la mediocridad, es más fácil no exigirnos nada, dejar las cosas tal y como están, aún sabiendo que están mal. Pero es que resulta que vivir en la mediocridad y ser pasota en la vida espiritual es algo que es impropio de los cristianos. Es que resulta que si hacemos ‘las cosas por amor a Dios’ tenemos que empezar a esforzarnos en nuestra vida cristiana. Por lo tanto el tiempo de cuaresma es una oportunidad para ponernos ante la presencia de Jesucristo, dejar que el Señor revise nuestra vida, dejarnos corregir por Él y encauzar nuestros pasos hacia Él.

Los Doce apóstoles ya estaban escuchando de los labios del Maestro que Él iba a padecer mucho, ser desechado por los ancianos y sumos sacerdotes, que iba a morir cruelmente. Jesucristo les estaba hablando de dolor, sudor y lágrimas. Y que este camino doloroso era también el de sus discípulos. Realmente el panorama era muy poco alentador. Jesús, sabiendo que sus amigos necesitaban de ‘una sobredosis de gracia divina’ que les alentase en medio de tantas dificultades y penurias optó por transfigurarse para manifestarles a las claras quién era: El Hijo único amado de Dios.

Todos nosotros necesitamos de momentos de soledad con el Señor para sentirnos queridos por Él. No son precisamente pocos los problemas y ‘quebraderos de cabeza’ que sufrimos diariamente por eso necesitamos de un remanso de paz para ponernos ante la presencia de Dios y así recibir su gracia para seguir siéndole fiel. Tal y como nos dice San Pablo en la carta a la comunidad de los romanos: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? », ya que nada no separará del amor de Dios.

No hay comentarios: