lunes, 17 de marzo de 2008

Estamos ya en la Semana Santa

ESTAMOS YA EN SEMANA SANTA

En los textos de la Pasión del Señor tenemos una auténtica escena donde aquí queda reflejado qué es el pecado y qué es la misericordia. La Iglesia da gran importancia a lo que es la Pasión. Es más, los escrituristas nos dicen que lo primero que fue escrito fue la Pasión del Señor. Después se fueron añadiendo otros episodios.

La Pasión es un escenario en el que todos nos vemos reflejados. En esos personajes que rodean a Jesús, los soldados romanos, los apóstoles… todos estamos participando en aquellas escenas en donde vendimos, en donde traicionamos al Hijo de Dios. Todos nos vemos reflejados de una manera en aquellos personajes, como con Verónica que enjugó el rostro de Cristo, como con Simón de Cirene que ayudó al Señor a llevar la cruz.

¿Quieres saber lo que es el pecado?, ¿quieres saber lo que es la misericordia?, mira la Pasión del Señor y aquí tienes todo. Tú tienes parte en cada uno de esos personajes. Tú también tienes parte de ese soldado que atravesó con la lanza el corazón de Cristo que torturó al Señor y al mismo tiempo también eres la Verónica que limpia el rostro de Jesús, y al mismo tiempo eres Juan que estás al pié de la Cruz.

En el relato de la Pasión nos encontramos desmenuzados que tipos de pecados se dieron allí: violencia, incredulidad, rechazo, burlas, debilidad de Pilato, crueldad de los soldados, traición de Judas, negación de Pedro, abandono de sus discípulos.

Los discípulos abandonaron al Señor y huyeron. Allí todos salieron corriendo dejando al Señor solo. Si os dais cuenta, nosotros definimos la vida cristiana como un seguimiento de Jesucristo. ¿Qué quiere decir cristiano?. Cristiano quiere decir discípulo de Cristo. ¿Quién es el buen discípulo de Cristo?, quien creen en su doctrina y la practica y sigue al Señor. Para entender qué es el pecado hay que entender que la primera clave del pecado es el abandono del Señor.
Cuando uno abandona al Señor ocurre que todo se desencadena, cuando nos alejamos de su presencia ‘todo vale’ y aceptamos como válido y bueno cosas que antes, al lado de Cristo, las hubiéramos rechazado de plano. Cuando uno deja de poner sus ojos en Él ya se está hundiendo.

¿Se acuerdan de ese pasaje del Evangelio en el que Jesús manda a Pedro que ande sobre las aguas para que fuera a dirigirse hacia Él?. Pedro sale de la barca, empieza dirigirse hacia Jesús, al comienzo camina sobre las aguas, pero llega un momento en el que Pedro, por miedo, porque él empieza a hacer razonamientos ve que eso es imposible, empieza a sentir la fuerza del viento, empieza a mirarse a sí mismo, aparta su mirada de los ojos de Jesús y empieza a hundirse en aquel lago.

De aquí viene la enseñanza: Cuando apartamos nuestros ojos del Señor, cuando dejamos de mirarle a Él y empezamos a mirarnos a nosotros mismos ahí es cuando nos hundimos, ahí es cuando dejamos de ser discípulos de Jesús, cuando dejamos de seguirle. Por lo tanto, aquel pecado colectivo que allí ocurrió, con los Doce Apóstoles, cuando le abandonaron en la hora de la Pasión, ese dejarle solo, es también una forma de definir lo que es el pecado.

En el fondo cuando decimos que hemos dejado sólo a Jesús… eres tú quien te has quedado solo: somos nosotros quien nos quedamos con una ausencia divina, sin la asistencia divina. Hay un pasaje de la Sagrada Escritura, del Antiguo Testamento para explicar esto, y es que el Pueblo de Israel, allí en el desierto se revelaba contra Yahvé, eran desobedientes, eran de dura cerviz, y entonces dice la Sagrada Escritura que es entonces cuando Yahvé les abandonó a sus solas fuerzas. Es decir: tu mismo, si tú le estás rechazando, si tu no quieres agarrarte de su mano, sigue tu solo, con tus solas fuerzas, vas a ver que pronto te pegas un tropezón, vas a ver que coscorrón te llevas. Es decir, no es que Dios castigue. Es que resulta que el mayor castigo es que nos quedemos solos porque no hemos querido ir con el Señor, ¿y que es lo que te pasa?, pues que te hundes. Si nosotros no queremos ir con el Señor, si no queremos ir de su mano, el Señor respeta nuestra decisión, pero tu castigo va a ser el ir solo. La primera definición de lo que es el pecado es esta: el abandono en ese seguimiento del Señor.

Sólo hay una cosa en la vida por la que merece la pena vivirla: La amistad con Jesucristo. Así pues, pongámonos manos a la obra y mimémosla con especial devoción. Así sea.

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