Homilía del
funeral de sor Benita de las Nieves Retortillo Moro
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18.09.2025
19.08.2025,
11h Casa Provincial Noviciado de Palencia,
Misa
de las Exequias
Hermanitas
de los Ancianos Desamparados, hermanos todos en Cristo.
Como
dice el salmista: «Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la
aurora», la Hermanita Sor Benita vivió exactamente esa espera. Como esos
vigías que subían a lo alto de las torres para velar en la noche, ella se
mantenía despierta y alerta mientras la ciudad dormía. Pero no esperaba
enemigos; esperaba a su Amado.
Y esa madrugada, a
las 3:30, cuando toda Palencia dormía en la oscuridad más profunda, cuando las
calles estaban vacías y las ventanas cerradas, cuando parecía que faltaban
horas para el amanecer... para ella comenzó el día más luminoso de su vida.
Mientras la ciudad
seguía sumida en tinieblas, para la Hermanita Sor Benita aparecieron las luces
que había estado esperando durante sus 75 años de vida religiosa; no las luces
de los faroles de la calle, no el alba que vendría más tarde sobre los tejados
de Palencia, sino la luz del encuentro definitivo con Aquel a quien había
aguardado con la misma intensidad ansiosa del centinela que espera el día. ¡Que
emocionante debe de ser encontrarse con Dios!
Nosotros formamos
parte de esa heredad que el Señor se ha reservado para sí. Somos como parte de esa
tribu de Leví que carecía de una herencia de unas tierras o de unas
propiedades, sino que, su único gozo es estar con el Señor, tal y como lo canta
el salmista: "El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte
está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad".
Sor Benita ha elegido a Dios como su única herencia, como la parte que le tocó
en la vida, y lo ha disfrutado en medio de sus Hermanitas en esta Congregación.
Hay vidas que encuentran su razón de ser, y hay vidas que la buscan hasta el
final. La Hermanita Sor Benita tuvo la fortuna de hallarla pronto; con sus 17
años salió de su pueblo natal Villaumbrales, para ingresar como postulante en
Palencia. Cada amanecer junto al Señor era un día que valía la pena, cada
entrega era tiempo sembrado en eternidad. ¡Qué regalo descubrir que caminar con
el Señor no es tiempo perdido, sino la única manera de no desperdiciar la vida!
«El Señor ha
estado grande con nosotros, y estamos alegres» (cfr. Sal 126, 3) y estamos
alegres porque el Señor «grandes cosas ha hecho por nosotros». Y este
salmo también se ha cumplido en Sor Benita porque ya fuera en Maracaibo
(Venezuela), ya fuera en Colombia o en Puerto Rico, o ya fuera en nuestra
Patria española vivió su vocación como esa lámpara de aceite contantemente
alimentada por la oración y el servicio por los ancianos. Una vida así, sí que
merece la pena ser vivida.
La recuerdo con
gran cariño en su carrito de ruedas con esa expresión que desbordaba bondad y
ternura. Estoy seguro que ahora será ella la que tire de algún carrito de
ruedas en la Patria del Padre Eterno.
Dale Señor el
descanso eterno, y brille para ella la luz perpetua. Que su alma y las almas de
todos los fieles difuntos descansen en paz. Así sea.
19.09.2025, Casa
Provincial-Noviciado de Palencia (España)
Roberto García Villumbrales
Capellán
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