EN EL SEMINARIO MENOR DIOCESANO
"SAN JUAN DE ÁVILA" DE PALENCIA (ESPAÑA-SPAIN)
La alegría del sacerdocio
Mons. Josep Ángel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa nos ofrece una bellísima Carta Pastoral en el Adviento 2009 bajo el título
"
El texto íntegro lo pueden encontrar en el siguiente enlace: www.bisbatdeterrassa.org/archivos_pdf/Carta_Pastoral09_castellano.pdf
“El corazón de los jóvenes está sediento de felicidad, y esa sed sólo puede ser saciada por Dios. Está sediento de bondad, de belleza, de autenticidad, en definitiva, de un ideal de altura capaz de colmar su anhelo de infinito. En ese camino de búsqueda de sentido, el encuentro con el Señor provoca un cambio radical porque se ha hallado el tesoro por el que vale la pena darlo todo (cf. Mt 13,44), y ese hallazgo produce plenitud y alegría, y llena de sentido la existencia. Desde este primer momento se puede considerar la posibilidad de una vocación que comporte dejarlo todo por el seguimiento del Señor”.
Continúa diciéndonos Mons. Josep Ángel: “Pero es necesario profundizar en el encuentro con Cristo, y que establezcan con él una relación personal intensa. La vocación al sacerdocio ministerial comienza por un encuentro con el Señor, que llama a dejarlo todo y seguirle, que quiere que su llamamiento se prolongue en una vida de amistad con Él y de misión que compromete toda la existencia. La vocación es un misterio que afecta a la vida de todo cristiano, porque todo cristiano está llamado a la santidad, pero que se manifiesta con mayor relieve en los que Cristo invita a dejarlo todo para seguirle compartiendo vida y misión”.
Y continúa aportándonos: “La historia de toda vocación cristiana y particularmente de toda vocación sacerdotal, es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde. Este modelo de llamada y de respuesta, de iniciativa de Dios y de libertad responsable del hombre, aparece siempre en las escenas vocacionales a lo largo de
(Los videos son del Seminario de Oviedo tomados de you tube, bajo el título CAMPAÑA DEL SEMINARIO 201O ENTREVISTA)
EUCARISTÍA en un CAMPO de CONCENTRACIÓN. Por Van Thuan
Van Thuan
Revista Id y Evangelizad
nº 42, febrero 2005
Cuando en 1975 me metieron en la cárcel, se abrió camino dentro de mí una pregunta angustiosa: ¿Podré seguir celebrando
En el momento en que vino a faltar todo,
¡Cuántas veces me acordé de la frase de los mártires de Abitene (s. IV), que decían: Sine Dominico non possumus! ¡No podemos vivir sin la celebración de
En todo tiempo, y especialmente en época de persecución,
Eusebio de Cesarea recuerda que los cristianos no dejaban de celebrar
En memoria mía
En la última cena, Jesús vive el momento culminante de su experiencia terrena: la máxima entrega en el amor al Padre y a nosotros expresada en su sacrificio, que anticipa en el cuerpo entregado y en la sangre derramada.
Él nos deja el memorial de este momento culminante, no de otro, aunque sea espléndido y estelar, como la transfiguración o uno de sus milagros. Es decir, deja en
Jesús quiere que
Vuelvo a mi experiencia. Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes... Les puse: Por favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago. Los fieles comprendieron enseguida.
.Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible
Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: medicina contra el dolor de estómago, y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.
La policía me preguntó:
–¿Le duele el estómago?
–Sí.
–Aquí tiene una medicina para usted.
Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: Medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo, como dice Ignacio de Antioquía.
A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con Él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!
Quien come de mí vivirá por mí
Así me alimenté durante años con el pan de la vida y el cáliz de la salvación.
Sabemos que el aspecto sacramental de la comida que alimenta y de la bebida que fortalece sugiere la vida que Cristo nos da y la transformación que él realiza: El efecto propio de
Así, en la prisión, sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo. Sentía que mi vida era su vida, y la suya era la mía.
En el campo de reeducación estábamos divididos en grupos de 50 personas; dormíamos en un lecho común; cada uno tenía derecho a
Una vez por semana había una sesión de adoctrinamiento en la que tenía que participar todo el campo. En el momento de la pausa, mis compañeros católicos y yo aprovechábamos para pasar un saquito a cada uno de los otros cuatro grupos de prisioneros: todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche, los prisioneros se alternaban en turnos de adoración. Jesús eucarístico ayudaba de un modo inimaginable con su presencia silenciosa: muchos cristianos volvían al fervor de la fe. Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible.
Así la oscuridad de la cárcel se hizo luz pascual, y la semilla germinó bajo tierra, durante la tempestad. La prisión se transformó en escuela de catecismo. Los católicos bautizaron a sus compañeros; eran sus padrinos.
En conjunto fueron apresados cerca de 300 sacerdotes. Su presencia en varios campos fue providencial, no sólo para los católicos, sino que fue la ocasión para un prolongado diálogo interreligioso que creó comprensión y amistad con todos.
Así Jesús se convirtió –como decía Santa Teresa de Jesús– en el verdadero compañero nuestro en el Santísimo Sacramento. Un solo pan, un solo cuerpo. Y Jesús nos ha hecho ser Iglesia. Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan (1 Co 10, 17). He ahí
Sí,
Somos una sola cosa: ese uno que se realiza en la participación en
Padre nuestro, pan nuestro
Si tomamos conciencia de lo que realiza
Si Eucaristía y comunión son dos caras inseparables de la misma realidad, esta comunión no puede ser únicamente espiritual. Estamos llamados a dar al mundo el espectáculo de comunidades donde se tenga en común no sólo la fe, sino que se compartan verdaderamente gozos y penas, bienes y necesidades espirituales y materiales.
El ministerio que desarrollo dentro de
Todos sabemos cómo, en los dos siglos que acaban de pasar, muchas personas que sentían la exigencia de una verdadera justicia social, al no hallar en el ámbito cristiano un testimonio claro y fuerte, han recurrido a falsas esperanzas. Y todos nosotros hemos asistido a verdaderas tragedias, bien sólo escuchando hablar de ellas, bien pagando personalmente.
En nuestros días el problema social no ha disminuido en absoluto. Desgraciadamente, gran parte de la población mundial sigue viviendo en la miseria más inhumana. Se está caminando hacia la globalización en todos los campos, pero esto puede agravar más que resolver los problemas. Falta un auténtico principio unificador, que una, valorando y no masificando a las personas. Falta el principio de la comunión y de la fraternidad universal: Cristo, pan eucarístico que nos hace uno en él y nos enseña a vivir según un estilo eucarístico de comunión.
Los cristianos estamos llamados a dar esta aportación esencial. Lo entendieron muy bien los cristianos de los primeros siglos. Leemos en
Pero la función social de
Pablo VI acuñó este estupendo programa: Hacer de la mina una escuela de profundidad espiritual y una tranquila pero comprometida palestra de sociología cristiana.
Jesús, Pan de vida, impulsa a trabajar para que no falte el pan que muchos necesitamos todavía: el pan de la justicia y de la paz, allá donde la guerra amenaza y no se respetan los derechos del hombre, de la familia, de los pueblos; el pan de la verdadera libertad, allí donde no rige una justa libertad religiosa para profesar abiertamente la propia fe; el pan de la fraternidad, donde no se reconoce y realiza el sentido de la comunión universal en la paz y en la concordia; el pan de la unidad entre los cristianos, aún divididos, en camino para compartir el mismo pan y el mismo cáliz.
Fuente: http://www.anecdonet.com/modules.php?name=News&file=article&sid=431
(Vida Nueva) “La confianza y la opción por el camino que Él tenía elegido para mí han resultado ser una gozosa aventura”. Así ve el sacerdocio Santiago Martín Cañizares, un seminarista que está acabando su formación en el Seminario mayor de Zamora. Su testimonio y los de otros tres futuros presbíteros representan distintas formas de sentir la vocación sacerdotal, recogidas esta semana en el ‘Pliego’ de Vida Nueva con motivo de la celebración, el próximo 19 de marzo, del Día del Seminario.
Para Santiago Martín, su opción por al sacerdocio es una aventura: “Porque cada día se despliega ante mí como un abanico de posibilidades de transmitir el Evangelio a los otros, desde la oración, la escucha o la ayuda a los olvidados de la sociedad”. Y es gozosa, ya que “sólo el creador de mi corazón sabe cómo puede llenarlo”. Por tanto, para él, la respuesta a la pregunta de por qué quiso ser sacerdote es clara: “Porque el Señor así lo quiere; yo no he elegido este camino, lo ha decidido el Señor por mí”.
Por su parte, Diego Pastor Perona , del seminario ‘
Lo que mueve por encima de todo a Iván Llovet, seminarista de Cádiz, a querer ser sacerdote, es su deseo de “ser un instrumento de Dios para hacerlo conocer y ayudarle a hacerse presente en medio de la sociedad a través del amor y de los sacramentos”. También “ser sus manos que partan y repartan el alimento de vida a todos los hombres y mujeres hambrientas y desilusionadas; y acompañen a personas enfermas”. Así como “ser sus pies, para estar presente entre sus hijos” y “ser su voz, para alentar y animar la esperanza de tantos desesperanzados”.
Por último, Ricardo Sanjurjo, del seminario de Santiago de Compostela, sintió la llamada de Dios cuando tenía encauzada su vida por un camino muy distinto al del sacerdocio: mientras estudiaba Ingeniería en la universidad. “Tenía esa sensación de que sabes que todo va bien, pero que, en el fondo, te falta algo que no sabes qué es. Y me rebelaba contra mí mismo: no podía ser así. Poco a poco, fui comprendiendo eso de la vocación. ¡El Señor tenía un plan para mí!”, explica.
Fuente: Más información en el nº 2.699 de Vida Nueva.
http://www.vidanueva.es/home/seminaristas-inmersos-en-una-%e2%80%9cgozosa-aventura%e2%80%9d/
La familia cristiana en el Año Sacerdotal
Fuente del texto: http://www.conferenciaepiscopal.es/seminarios/2010/Matrimoniales.pdf
Este año es para toda la Iglesia, no sólo para los sacerdotes. Conocer mejor el sacerdocio y a los sacerdotes, orar con ellos y por ellos y por las vocaciones sacerdotales, interesarse por el Seminario… son actividades que deben estar presentes en toda la comunidad cristiana; pero de modo específico debe empeñarse en esto la familia cristiana.
Con aire familiar y desde la especial importancia que tiene para el sacerdote la pastoral con las familias. En el ámbito de la parroquia y de los movimientos, cada familia cristiana debe ser un hogar para el sacerdote. De esta relación familiar, profundamente humana y fraterna, se derivan muchos bienes tanto para la familia como para el propio sacerdote.
La pastoral familiar es un lugar de encuentro humano, cristiano y eclesial entre sacerdotes y laicos que enriquece a unos y a otros. La importancia de esta relación ha sido señalada por la Iglesia: a todos los sacerdotes les compete trabajar con las familias, es una dimensión esencial y omnipresente del apostolado cristiano, que todos los sacerdotes están llamados a realizar.
Juan Pablo II dijo en el Año de la Familia «La pastoral familiar –lo sé por mi experiencia personal– constituye, en cierto sentido, la quintaesencia de la actividad de los sacerdotes en todo ámbito y a cualquier nivel».
DÍA DEL SEMINARIO 2010.
EL SACERDOTE, TESTIGO DE LA MISERICORDIA DE DIOS.
http://www.conferenciaepiscopal.es/seminarios/2010/motivacion.pdf
El lema que titula la celebración del Día del Seminario para este año, «El sacerdote,testigo de la misericordia de Dios», también debe ayudarnos a tomar conciencia de aquellos rasgos que son propios de los sacerdotes y que han de ser los que un joven seminarista desee y anhele para su futuro comportamiento pastoral en la Iglesia y en la sociedad.
El tema de la misericordia vivida y testimoniada por el sacerdote se centra en una dimensión primordial y capital de su vocación concreta: la relación con Cristo pastor misericordioso. También esta relación debe ir creciendo gradual y paulatinamente durante los años de formación en el seminario.
Actualmente, seminaristas y sacerdotes son un haz de relaciones que modelan su forma de ser y espiritualidad. Llamados a la triple condición teológica (servidores de la Palabra, de la liturgia y de la comunidad), igualmente su formación reclama actitudes personales y espirituales coherentes con estas funciones que se darán en su ministerio. Por tanto, es el seminario el lugar más propio y único para iniciar a los candidatos al sacerdocio en las virtudes sacerdotales: la fe, la esperanza, la caridad pastoral, la vida orante, el celibato, la pobreza, la disponibilidad obediente, la formación teológica, la fraternidad presbiteral... ¡y las actitudes de misericordia!
Ante un panorama tan amplio, vamos a fijarnos en el tema de la misericordia como trabajo propio para esta campaña o jornada anual del Día del Seminario.
El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios
DÍA DEL SEMINARIO 2010
MOTIVACIÓN GENERAL
MISERICORDIA DE DIOS EN EL CAMINO VOCACIONAl
La teología del ministerio sacerdotal, basada en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia, ha acuñado una fórmula que expresa fielmente la identidad del sacerdote: es signo sacramental de Cristo pastor . Esto significa que hay rasgos y actitudes que no pueden faltar en la vida de los pastores. De entre todos, el rasgo básico, primordial y de identificación vital del sacerdote con Cristo es su amor identificativo; esto es, encarna en sí las actitudes, acciones, comportamientos y sentimientos de Cristo.
Bajo la cobertura de este rasgo general, reflexionaremos acerca de la misericordia por medio de la cual el presbítero realiza su condición de ser signo sacramental de Cristo pastor.