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domingo, 30 de mayo de 2010

Seminario Menor Diocesano de Palencia: PUERTAS ABIERTAS

12 de junio de 2010
DÍA DE PUERTAS ABIERTAS
EN EL SEMINARIO MENOR DIOCESANO
"SAN JUAN DE ÁVILA" DE PALENCIA (ESPAÑA-SPAIN)


martes, 25 de mayo de 2010

Ovación al Sacerdote D. Jesús Vigo

OVACIÓN AL SACERDOTE DON JESÚS VIGO

15 de mayo, San Isidro, Día del Mundo Rural:
Jóvenes y pueblo: un mismo futuro

Presente, ¿y...?

En el mundo rural, la Iglesia comparte algunos de los retos de las comunidades situadas en ciudades y pueblos más grandes. Por ejemplo, conseguir implicar a niños y jóvenes, más allá de la Primera Comunión. Pero el problema crece cuando esos chicos se cuentan con los dedos de una mano.

Uno de los motivos para marcar la X en la Declaración de la Renta esgrimidos el pasado 5 de mayo en la rueda de prensa de presentación de la Campaña 2010 de la Conferencia Episcopal Española es «que en ámbitos rurales siga habiendo ayuda sacerdotal». Al hablar de la Iglesia y el mundo rural, se suele olvidar, sin embargo, que el esfuerzo del sacerdote que recorre kilómetros de carreteras secundarias para atender pastoralmente pequeños pueblos dispersos será inútil si, en esas poblaciones, llega algún día a faltar la gente. Por eso, el tema del Día del Mundo Rural que, unido a la fiesta de San Isidro, se celebra el próximo domingo -Jóvenes y pueblo: un mismo futuro- subraya la necesidad de un relevo generacional que, en estos momentos, parece casi imposible.
En la diócesis de Palencia, el padre don Jesús Vigo recoge en su propio coche a los adolescentes que se preparan para la Confirmación en la unidad pastoral de la que es sacerdote. Hay dos grupos, los dos de menos de cinco miembros. Lo mismo ocurre con los niños de Primera Comunión. Don Jesús Vigo es responsable de diez parroquias en torno a Bustillo de la Vega, que oscilan entre la veintena y el centenar de habitantes. Don Jesús ha implicado a todos los chicos como monaguillos y, para las chicas, está intentando crear una asociación de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón. Con ello, les ha dado «un motivo para que continúen en la parroquia después de la Primera Comunión», y también espera que estas actividades les permitan ampliar horizontes fuera del pueblo. Para esto último, cuenta con la ayuda de la diócesis y de sus actividades para jóvenes y para niños, aunque estas últimas «están aún en los comienzos».

Pocos, y además dispersos

Junto a la falta de jóvenes, la dispersión complica mucho la organización de actividades. Lo sabe bien don Rubén Pulido, que en los concejos asturianos de Ponga, Amieva y Onís, tiene a su cargo 52 aldeas. Su trabajo, que no le falta, se centra sobre todo «en los ritos religiosos y el acompañamiento a los mayores». Los pocos jóvenes que hay, implicados en tareas ganaderas, viven tan separados que es difícil que participen en las actividades de la parroquia, y mucho más en citas para un ámbito más amplio, como el diocesano. Su principal esperanza para que se avive la vivencia de la fe en la zona, que «no es muy profunda», es el testimonio ocasional de misioneros como los de la organización Juventud y Familia Misionera, que visitaron la zona la pasada Semana Santa, y, en el día a día, los niños. Para ellos, además de actividades en las fiestas y alguna excursión, el sacerdote ha ideado un «sistema de puntos por las cosas buenas que hacen, con lo que se logra que buena parte de ellos se mantengan en la parroquia después de la Primera Comunión». Sin embargo, desde Palencia, don Jesús Vigo cree que «nuestra labor pastoral es de presente» y no se hace muchas ilusiones respecto al futuro, pues «la mayoría de los jóvenes piensa en marcharse en cuanto pueda. Quedarse aquí no tiene para ellos ventajas; ni para relacionarse, ni para formarse, ni en la vida cotidiana». Él procede de Galicia, y percibe que la mentalidad de un sitio y otro es distinta: «Allí la gente tiene más gusto por el campo, y viven en él aunque trabajen en núcleos más grandes». Por el contrario, de sus palabras se desprende que, en sus pueblos castellanos, la mentalidad es urbana.

María Martínez López

miércoles, 12 de mayo de 2010

ACI Prensa :: San Juan Bautista Maria Vianney, Cura de Ars

ACI Prensa :: San Juan Bautista Maria Vianney, Cura de Ars

San Juan Bautista Maria Vianney, Cura de Ars4 de Agosto

Cura de Ars, nacido en Dardilly, cerca de Lyon, Francia, el 8 de Mayo de 1786; muerto en Ars el 4 de Agosto de 1859.; hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze.

En 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan Bautista María Vianney fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecen haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, limitándose a un poco de aritmética, historia, y geografía, y encontró el aprendizaje, especialmente el estudio del latín, excesivamente difícil. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, después primer obispo de Dubuque, le ayudaba en sus lecciones de latín.

Pero ahora se presentó otro obstáculo. El joven Vianney fue llamado a filas, al haber obligado la guerra de España y la urgente necesidad de reclutas a Napoleón a retirar la exención que disfrutaban los estudiantes eclesiásticos en la diócesis de su tío, el Cardenal Fesch. Matthieu Vianney intentó sin éxito procurarse un sustituto, de modo que su hijo se vio obligado a incorporarse. Su regimiento pronto recibió la orden de marchar. La mañana de la partida, Juan Bautista María fue a la iglesia a rezar, y a su vuelta a los cuarteles encontró que sus camaradas se habían ido ya. Se le amenazó con un arresto, pero el capitán del reclutamiento creyó lo que contaba y lo mandó tras las tropas. A la caída de la noche se encontró con un joven que se ofreció a guiarle hasta sus compañeros, pero le condujo a Noes, donde algunos desertores se habían reunido. El alcalde le persuadió de que se quedara allí, bajo nombre supuesto, como maestro. Después de catorce meses, pudo comunicarse con su familia. Su padre se enfadó al saber que era un desertor y le ordenó que se entregara pero la cuestión fue solucionada por su hermano menor que se ofreció a servir en su lugar y fue aceptado.

Juan Bautista María Vianney reanudó entonces sus estudios en Ecully. En 1812 fue enviado al seminario de Verrieres; estaba tan mal en latín que se vio forzado a seguir el curso de filosofía en francés. Suspendió el examen de ingreso al seminario propiamente dicho, pero en un nuevo examen tres meses más tarde aprobó. El 13 de Agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por Monseñor Simon, obispo de Grenoble. Sus dificultades en los estudios preparatorios parecen haberse debido a una falta de flexibilidad mental al tratar con la teoría como algo distinto de la práctica - una falta justificada por la insuficiencia de su primera escolarización, la avanzada edad a la que comenzó a estudiar, el hecho de no tener más que una inteligencia mediana, y que estuviera muy adelantado en ciencia espiritual y en la práctica de la virtud mucho antes de que llegara a estudiarla en abstracto. Fue enviado a Ecully como ayudante de M. Balley, quien fue el primero en reconocer y animar su vocación, que le instó a perseverar cuando los obstáculos en su camino le parecían insuperables, que intercedió ante los examinadores cuando suspendió el ingreso en el seminario mayor, y que era su modelo tanto como su preceptor y protector. En 1818, tras la muerte de M. Balley, Vianney fue hecho párroco de Ars, una aldea no muy lejos de Lyon. Fue en el ejercicio de las funciones de párroco en esta remota aldea francesa en las que el "cura de Ars" se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano. Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó "La Providencia" y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de "La Providencia" en el catecismo, y estas enseñanzas catequéticas llegaron a ser tan populares que al final se daban todos los días en la iglesia a grandes multitudes. "La Providencia" fue la obra favorita del "cura de Ars", pero, aunque tuvo éxito, fue cerrada en 1847, porque el santo cura pensaba que no estaba justificado mantenerla frente a la oposición de mucha buena gente. Su cierre fue una pesada prueba para él.

Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque "las almas le esperaban allí". Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban Ars con la finalidad de ver al santo cura y oír su enseñanza cotidiana. El Venerable Padre Colin se ordenó diácono al mismo tiempo, y fue su amigo de toda la vida, mientras que la Madre Marie de la Providence fundaba las hermanas auxiliadoras de las ánimas del purgatorio por su consejo y con su constante aliento. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta. Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital y que infundía en su audiencia tanto por su modo de comportarse y apariencia como por sus palabras, pues al final, su voz era casi inaudible.

Los milagros registrados por sus biógrafos son de tres clases:
. en primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos; . en segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro; . en tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.

El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.
El 3 de Octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado Venerable por Pío IX y el 8 de Enero de 1905, fue inscrito entre los Beatos. El Papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial.

[Nota: En 1925, el Papa Pío XI lo canonizó. Su fiesta se celebra el 4 de Agosto]
SUSAN T. OTTEN Transcrito por Gerard Haffner Traducido por Francisco Vázquez

viernes, 30 de abril de 2010

La ilusión de sentirse llamado por Jesucristo: El Seminario Menor

Una pequeña visita a una realidad cotidiana: El Seminario Menor

La ilusión de sentirse llamado por Jesucristo: Parte Primera

El Seminario Menor acoge y acampaña a chicos comprendidos entre los doce y dieciocho años que, con cierta inquietud vocacional pretenden descubrir qué quiere Dios de ellos, en actitud de apertura al sacerdocio ministerial.


La ilusión de sentirse llamado por Jesucristo: Parte Segunda
Cuidar la formación integral de los seminaristas menores; favorecer que el Seminario sea una experiencia religiosa intensa; animar y provocar el compromiso en la vida ordinaria de los seminaristas menores; que la experiencia de discernimiento vocacional del Seminario Menor, sea progresiva y que se intensifique en trabajo y relaciones a partir de 4º ESO, y expecialmente en el bachillerato; crear un ambiente de alegría y de trabajo, de elegancia y sencillez, de responsabilidad y dinamismo entre los seminaristas; favorecer el acompañamiento personal de los seminaristas con el diálogo personal y atendiendo a sus propias situaciones... son algunos de los medios que tenemos para ayudar a estos chicos.

La alegría del sacerdocio

La alegría del sacerdocio

Mons. Josep Ángel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa nos ofrece una bellísima Carta Pastoral en el Adviento 2009 bajo el título

"LA ALEGRÍA DEL SACERDOCIO".

El texto íntegro lo pueden encontrar en el siguiente enlace: www.bisbatdeterrassa.org/archivos_pdf/Carta_Pastoral09_castellano.pdf

El corazón de los jóvenes está sediento de felicidad, y esa sed sólo puede ser saciada por Dios. Está sediento de bondad, de belleza, de autenticidad, en definitiva, de un ideal de altura capaz de colmar su anhelo de infinito. En ese camino de búsqueda de sentido, el encuentro con el Señor provoca un cambio radical porque se ha hallado el tesoro por el que vale la pena darlo todo (cf. Mt 13,44), y ese hallazgo produce plenitud y alegría, y llena de sentido la existencia. Desde este primer momento se puede considerar la posibilidad de una vocación que comporte dejarlo todo por el seguimiento del Señor”.

Continúa diciéndonos Mons. Josep Ángel: “Pero es necesario profundizar en el encuentro con Cristo, y que establezcan con él una relación personal intensa. La vocación al sacerdocio ministerial comienza por un encuentro con el Señor, que llama a dejarlo todo y seguirle, que quiere que su llamamiento se prolongue en una vida de amistad con Él y de misión que compromete toda la existencia. La vocación es un misterio que afecta a la vida de todo cristiano, porque todo cristiano está llamado a la santidad, pero que se manifiesta con mayor relieve en los que Cristo invita a dejarlo todo para seguirle compartiendo vida y misión”.

Y continúa aportándonos: “La historia de toda vocación cristiana y particularmente de toda vocación sacerdotal, es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde. Este modelo de llamada y de respuesta, de iniciativa de Dios y de libertad responsable del hombre, aparece siempre en las escenas vocacionales a lo largo de la Sagrada Escritura y de la historia de la Iglesia. Ahora bien, hemos de subrayar que la iniciativa de la llamada pertenece a Dios. Esto queda bien reflejado en las palabras de Jesús a los Apóstoles: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he destinado para que vayáis y déis fruto y que vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16).”

(Los videos son del Seminario de Oviedo tomados de you tube, bajo el título CAMPAÑA DEL SEMINARIO 201O ENTREVISTA)

jueves, 29 de abril de 2010

Sacerdote, testigo de la misericordia (video)

Son seis minutos largos para adentrarse en un ramillete de vidas con las que se cruza el ministerio de un cura hoy. El sacerdote que ha descubierto el regalo de la LLAMADA VOCACIONAL y se ha "embarcado" en esta vida apostólica, dejándolo todo. "Revestirse de Cristo" le ha supuesto tomar en serio la vida de la gente, sufrir y gozar con ellos. Las vidas que se cruzan en el ejercicio de su sacerdocio y su capacidad de acompañar esas vidas, muestran a las claras la necesidad de su ministerio de trabajar en la promoción de las vocaciones.
Producciones CONTRACORRIENTE.

lunes, 29 de marzo de 2010

EUCARISTÍA en un CAMPO DE CONCENTRACIÓN, Por Van Thuan.

EUCARISTÍA en un CAMPO de CONCENTRACIÓN. Por Van Thuan

Van Thuan
Revista Id y Evangelizad
nº 42, febrero 2005


Cuando en 1975 me metieron en la cárcel, se abrió camino dentro de mí una pregunta angustiosa: ¿Podré seguir celebrando la Eucaristía? Fue la misma pregunta que más tarde me hicieron los fieles. En cuento me vieron, me preguntaron: ¿Ha podido celebrar la Santa misa?

En el momento en que vino a faltar todo, la Eucaristía estuvo en la cumbre de nuestros pensamientos: el pan de vida. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo (Jn 6, 51).

¡Cuántas veces me acordé de la frase de los mártires de Abitene (s. IV), que decían: Sine Dominico non possumus! ¡No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía!

En todo tiempo, y especialmente en época de persecución, la Eucaristía ha sido el secreto de la vida de los cristianos: la comida de los testigos, el pan de la esperanza.

Eusebio de Cesarea recuerda que los cristianos no dejaban de celebrar la Eucaristía ni siquiera en medio de las persecuciones: Cada lugar donde se sufría era para nosotros un sitio para celebrar..., ya fuese un campo, un desierto, un barco, una posada, una prisión... El Martirologio del siglo XX está lleno de narraciones conmovedoras de celebraciones clandestinas de la Eucaristía en campos de concentración. ¡Porque sin la Eucaristía no podemos vivir la vida de Dios!

En memoria mía

En la última cena, Jesús vive el momento culminante de su experiencia terrena: la máxima entrega en el amor al Padre y a nosotros expresada en su sacrificio, que anticipa en el cuerpo entregado y en la sangre derramada.

Él nos deja el memorial de este momento culminante, no de otro, aunque sea espléndido y estelar, como la transfiguración o uno de sus milagros. Es decir, deja en la Iglesia el memorial presencia de ese momento supremo del amor y del dolor en la cruz, que el Padre hace perenne y glorioso con la resurrección. Para vivir de Él, para vivir y morir como Él.

Jesús quiere que la Iglesia haga memoria de Él y viva sus sentimientos y sus consecuencias a través de su presencia viva. Haced esto en memoria mía (cf. I Co 11, 25).

Vuelvo a mi experiencia. Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes... Les puse: Por favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago. Los fieles comprendieron enseguida.
.Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible

Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: medicina contra el dolor de estómago, y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

La policía me preguntó:
–¿Le duele el estómago?
–Sí.
–Aquí tiene una medicina para usted.

Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: Medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo, como dice Ignacio de Antioquía.

A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con Él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!

Quien come de mí vivirá por mí

Así me alimenté durante años con el pan de la vida y el cáliz de la salvación.

Sabemos que el aspecto sacramental de la comida que alimenta y de la bebida que fortalece sugiere la vida que Cristo nos da y la transformación que él realiza: El efecto propio de la Eucaristía es la transformación del hombre en Cristo, afirman los Padres. Dice León Magno: La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo no hace otra cosa que transformarnos en lo que tomamos. Agustín da voz a Jesús con esta frase: Tú no me cambiarás en ti, como la comida de la carne, sino que serás transformado en mí. Mediante la Eucaristía nos hacemos, como dice Cirilo de Jerusalén, concorpóreos y consanguíneos con Cristo. Jesús vive en nosotros y nosotros en Él, en una especie de simbiosis y de mutua inmanencia: Él vive en mí, permanece en mí, actúa a través de mí.

La Eucaristía en el campo de reeducación

Así, en la prisión, sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo. Sentía que mi vida era su vida, y la suya era la mía.

La Eucaristía se convirtió para mí y para los demás cristianos en una presencia escondida y alentadora en medio de todas las dificultades. Jesús en la Eucaristía fue adorado clandestinamente por los cristianos que vivían conmigo, como tantas veces ha sucedido en los campos de concentración del siglo XX.

En el campo de reeducación estábamos divididos en grupos de 50 personas; dormíamos en un lecho común; cada uno tenía derecho a 50 cm. Nos arreglamos para que hubiera cinco católicos conmigo. A las 21.30 había que apagar la luz y todos tenían que irse a dormir. En aquel momento me encogía en la cama para celebrar la misa, de memoria, y repartía la comunión pasando la mano por debajo de la mosquitera. Incluso fabricamos bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo Sacramento y llevarlo a los demás. Jesús Eucaristía estaba siempre conmigo en el bolsillo de la camisa.

Una vez por semana había una sesión de adoctrinamiento en la que tenía que participar todo el campo. En el momento de la pausa, mis compañeros católicos y yo aprovechábamos para pasar un saquito a cada uno de los otros cuatro grupos de prisioneros: todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche, los prisioneros se alternaban en turnos de adoración. Jesús eucarístico ayudaba de un modo inimaginable con su presencia silenciosa: muchos cristianos volvían al fervor de la fe. Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible.

Así la oscuridad de la cárcel se hizo luz pascual, y la semilla germinó bajo tierra, durante la tempestad. La prisión se transformó en escuela de catecismo. Los católicos bautizaron a sus compañeros; eran sus padrinos.

En conjunto fueron apresados cerca de 300 sacerdotes. Su presencia en varios campos fue providencial, no sólo para los católicos, sino que fue la ocasión para un prolongado diálogo interreligioso que creó comprensión y amistad con todos.

Así Jesús se convirtió –como decía Santa Teresa de Jesús– en el verdadero compañero nuestro en el Santísimo Sacramento. Un solo pan, un solo cuerpo. Y Jesús nos ha hecho ser Iglesia. Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan (1 Co 10, 17). He ahí la Eucaristía que hace a la Iglesia: el cuerpo eucarístico que nos hace Cuerpo de Cristo. O con la imagen joánica: todos nosotros somos una misma vid, con la savia vital del Espíritu que circula en cada uno y en todos (cf. Jn 15).

Sí, la Eucaristía nos hace uno en Cristo. Cirilo de Alejandría recuerda: Para fundirnos en unidad con Dios y entre nosotros, y para amalgamarnos unos con otros, el Hijo unigénito... inventó un medio maravilloso: por medio de un solo cuerpo, su propio cuerpo, él santifica a los fieles en la mística comunión, haciéndolos concorpóreos con él y entre ellos.

Somos una sola cosa: ese uno que se realiza en la participación en la Eucaristía. El Resucitado nos hace uno con Él y con el Padre en el Espíritu. En la unidad realizada por la Eucaristía y vivida en el amor recíproco, Cristo puede tomar en sus manos el destino de los hombres y llevarlos a su verdadera finalidad: un solo Padre y todos hermanos.

Padre nuestro, pan nuestro

Si tomamos conciencia de lo que realiza la Eucaristía, ésta nos hace enlazar inmediatamente las dos palabras de la oración dominical: Padre nuestro y pan nuestro. Da testimonio de ello la Iglesia de los orígenes: Se mantenían constantes... en la fracción del pan, narran los Hechos de los Apóstoles (2, 42). E indican su reflejo inmediato: La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común (Hch 4, 32).

Si Eucaristía y comunión son dos caras inseparables de la misma realidad, esta comunión no puede ser únicamente espiritual. Estamos llamados a dar al mundo el espectáculo de comunidades donde se tenga en común no sólo la fe, sino que se compartan verdaderamente gozos y penas, bienes y necesidades espirituales y materiales.

El ministerio que desarrollo dentro de la Curia Romana al servicio de la justicia y de la paz me hace especialmente sensible a esta instancia. Urge testimoniar que el cuerpo de Cristo es verdaderamente carne para la vida del mundo.

Todos sabemos cómo, en los dos siglos que acaban de pasar, muchas personas que sentían la exigencia de una verdadera justicia social, al no hallar en el ámbito cristiano un testimonio claro y fuerte, han recurrido a falsas esperanzas. Y todos nosotros hemos asistido a verdaderas tragedias, bien sólo escuchando hablar de ellas, bien pagando personalmente.

En nuestros días el problema social no ha disminuido en absoluto. Desgraciadamente, gran parte de la población mundial sigue viviendo en la miseria más inhumana. Se está caminando hacia la globalización en todos los campos, pero esto puede agravar más que resolver los problemas. Falta un auténtico principio unificador, que una, valorando y no masificando a las personas. Falta el principio de la comunión y de la fraternidad universal: Cristo, pan eucarístico que nos hace uno en él y nos enseña a vivir según un estilo eucarístico de comunión.

Los cristianos estamos llamados a dar esta aportación esencial. Lo entendieron muy bien los cristianos de los primeros siglos. Leemos en la Didaché: Pues si sois copartícipes en la inmortalidad, ¿cuánto más en los bienes corruptibles? Juan Crisóstomo exhorta a estar atentos a la presencia de Cristo en el hermano cuando celebramos la Eucaristía: Aquel que dijo: «Esto es mi cuerpo»... y que os ha garantizado con su palabra la verdad de las cosas, ha dicho también: lo que os hayáis negado a hacerle al más pequeño, me lo habéis negado a mí. Consciente de ello, Agustín había construido en Hipona una domus caritatis cerca de su catedral. Y san Basilio había creado una ciudadela de la caridad en Cesarea. Afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25, 40).

Pero la función social de la Eucaristía va más allá. Es necesario que la Iglesia que celebra la Eucaristía sea también capaz de cambiar las estructuras injustas de este mundo en formas nuevas de socialidad, en sistemas económicos donde prevalezca el sentido de la comunión y no del provecho.

Pablo VI acuñó este estupendo programa: Hacer de la mina una escuela de profundidad espiritual y una tranquila pero comprometida palestra de sociología cristiana.

Jesús, Pan de vida, impulsa a trabajar para que no falte el pan que muchos necesitamos todavía: el pan de la justicia y de la paz, allá donde la guerra amenaza y no se respetan los derechos del hombre, de la familia, de los pueblos; el pan de la verdadera libertad, allí donde no rige una justa libertad religiosa para profesar abiertamente la propia fe; el pan de la fraternidad, donde no se reconoce y realiza el sentido de la comunión universal en la paz y en la concordia; el pan de la unidad entre los cristianos, aún divididos, en camino para compartir el mismo pan y el mismo cáliz.

Fuente: http://www.anecdonet.com/modules.php?name=News&file=article&sid=431

viernes, 19 de marzo de 2010

Homilía del DÍA DEL SEMINARIO 2010

Homilía del DÍA DEL SEMINARIO 2010

No hace mucho visitando a una enferma en el hospital me encontré con un adolescente que estaba cuidando de su madre que recobraba las fuerzas después de una delicada operación quirúrgica. El muchacho al ver que yo iba vestido de cura, parece que eso le dio confianza para hablar conmigo. En poco tiempo me contó muchas cosas… que sus padres iban a Misa todos los domingos, que en casa oían la emisora RADIO MARÍA, que le caía genial el profesor de religión de su instituto, que asistía semanalmente a la catequesis de confirmación y que era un incondicional del Real Madrid. Lo más llamativo era la cara de asombro que ponía su madre ya que ella no era capaz de sacarle, ni con sacacorchos, dos palabras seguidas a su hijo.

El muchacho me preguntó que dónde estaba yo de cura, que si atendía alguna parroquia. Le comenté que el Obispo me encomendó una tarea preciosa que era acompañar a muchachos de su edad y que la diócesis tenía un lugar privilegiado que es el Seminario Menor. Me llamó mucho la atención porque el chico sabía donde se encontraba el Seminario Menor, ya que un primo suyo había estado allí hace unos años y me comentaba que su primo hablaba del seminario con gran cariño, como de una etapa importante en su vida y llena de buenos recuerdos.

Sin embargo este adolescente, aunque oía campanas no sabía de qué campanario procedía las campanadas… por eso le pregunté: “Oye chico, ¿sabes lo que es el seminario?”. Él se encogió de hombros y me reconoció que no lo sabía. Y como yo me estaba dando cuenta de que este muchacho contaba con un cierto bagaje de conocimientos de la Biblia y de una cultura general cristiana le comenté lo siguiente: “Sabes que a Jesús le seguía mucha gente, y esos eran los discípulos. Sin embargo Jesús tenía un grupo más reducido, que Él mismo había ido llamando personalmente por su propio nombre, y a este grupo más reducido de los Doce son los Apóstoles”, y continúe comentándole: “Ese pequeño grupo elegido por el Señor fueron acumulando muchas experiencias a cerca de Jesús: Ellos comían con Jesús; ellos escuchaban las parábolas con el resto de la gente y luego, el Maestro, se lo explicaba más detenidamente a ellos; ellos le acompañaban por aquellos caminos y fueron testigos privilegiados de sus milagros; ellos disfrutaron, gozaron de su divina compañía; ellos sufrieron cuando capturaron y crucificaron a Jesús, tuvieron mucho miedo; ellos experimentaron un gozo inenarrable al descubrir, ante sus propios ojos, que Aquel que había sido cosido en el madero de la cruz y que había muerto de una manera tan trágica… pues había resucitado y que está vivo para siempre. En cierto modo, los Doce con Jesús formaron ya el primer seminario de la historia”.

El adolescente, como era lógico, me contestó que los Doce, que los Apóstoles lo tenían mas sencillo que nosotros porque ellos habían visto a Jesucristo. Daba la casualidad que su madre tenía sobre la mesita de su habitación en el hospital una radio de las que uno debe de sintonizar, con los dedos, manualmente, el dial de la cadena radiofónica que uno desee. Yo pedí prestada la radio a su madre y moví, intencionadamente el dial de la radio para que únicamente se oyese ruidos molestos por no estar sintonizada. Yo le comenté que cuando estaba Jesús en esta tierra y cuando caminaba por los senderos de Galilea muchos no le prestaron atención, muchos pasaron totalmente de Él y de su Mensaje de Salvación. Y que incluso le condenaron, sus propios paisanos, a morir en una cruz. Ellos sí lo tenían delante, pero no lo reconocieron porque no sintonizaron el dial correcto de la radio de su corazón para escuchar el mensaje del amor que vino a traernos Jesucristo. Ante esto, me di cuenta que había tirado por tierra su argumentación. Y que el Seminario era un lugar privilegiado para ayudar a los seminaristas para ir sintonizando con el dial de la emisora de Dios. Pero para poder sintonizar en el dial de Jesucristo uno debe de cuidar, con gran esmero, su íntima amistad con el Señor. Y que uno cuida su amistad con Dios confesándose con frecuencia; rezando diariamente; participando de la Eucaristía y comulgando en estado de gracia; leyendo la Biblia; cuidando mucho las miradas… para que no se escapen las miradas y el corazón esté libre para el Señor; y preocupándose de su formación cristiana. El muchacho me contestó que eso era muy costoso, a lo que yo le respondí que si se acordaba de aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena y que vino el viento huracanado, los ríos se desbordaron y su casa terminó siendo una gran ruina. Que él debía de ser listo y edificar su vida sobre roca.

Yo le explicaba al adolescente que el seminario era como “una especie de microclima” en el cual se puede escuchar la voz de Dios que te puede llamar a una vida apasionante, a la vida sacerdotal. El muchacho es cuando me comenta: “Es que las chicas me gustan mucho”, y yo le respondo: “¡Las chicas te gustan porque tú estás bien hecho!, y las chicas tienen esa cualidad de ser atractivas porque Dios así lo quiere. Es algo normal. Lo que sucede es que tú tienes que descubrir en lo profundo de tu corazón el lugar dónde tienes que encontrar el auténtico amor que te haga feliz. Y Dios puede hacerte muy feliz si él te llama al sacerdocio”.

El seminario es un espacio privilegiado para DISCERNIR LA VOCACIÓN. Por eso es muy importante el papel que juega el DIRECTOR ESPIRITUAL que te va guiando por este itinerario de discernimiento vocacional. El muchacho como no entendía que era eso del DIRECTOR ESPIRITUAL le puse este ejemplo: “Tú imagínate que te encuentras bien adentrado en la espesura de la selva tropical. No consigues ver nada porque la maleza y las ramas te impiden poder divisar algo. Sin embargo, en dicha expedición tenéis la suerte de contar con un jefe de expedición que machete en la mano va, poco a poco, abriendo senderos seguros para poder llegar, sin muchos incidentes, al destino deseado. El DIRECTOR ESPIRITUAL sería como ese jefe de la expedición que con tesón y seguridad nos conduce y nos ayuda a discernir lo que Dios quiere de cada uno de nosotros. Y la brújula que tiene el DIRECTOR ESPIRITUAL así como el que está en dicha expedición es una: LA ORACIÓN ANTE EL SAGRARIO”.

Y el muchacho, intrigado me dice: “¿Cuándo uno puede saber si tal vez puede tener vocación sacerdotal?”... Lo cierto es que me alegré de la pregunta en cuestión. Yo le confesé que cuando uno va descubriendo que está mirando el Sagrario con los ojos de un enamorado. Y le comenté que contaban los feligreses del Santo Cura de Ars que él miraba el sagrario con los ojos de un enamorado”.

Muchos padres estáis preocupados por la educación de vuestros hijos. El Seminario Menor es el lugar adecuado que la diócesis os ofrece para vuestros hijos que cursen de primero de ESO hasta segundo de Bachiller. Muchas gracias.
Fdo. Roberto García Villumbrales

martes, 16 de marzo de 2010

Cope Santiago: El Espejo de Santiago: DÍA DEL SEMINARIO

Cope Alicante: El Espejo de Alicante: DÍA DEL SEMINARIO

Cope Valladolid: El Espejo de la Iglesia en Valladolid, DÍA DEL SEMINARIO

Cope Burgos: El Espejo de la Iglesia en Burgos: DÍA DEL SEMINARIO

Cope Palencia, EL ESPEJO DE LA IGLESIA: EL DÍA DEL SEMINARIO

SEMINARISTAS:

INMERSOS EN UNA “GOZOSA AVENTURA”

Cuatro testimonios

de vocación sacerdotal

con motivo del

del Seminario

OrdenacionesG(Vida Nueva) “La confianza y la opción por el camino que Él tenía elegido para mí han resultado ser una gozosa aventura”. Así ve el sacerdocio Santiago Martín Cañizares, un seminarista que está acabando su formación en el Seminario mayor de Zamora. Su testimonio y los de otros tres futuros presbíteros representan distintas formas de sentir la vocación sacerdotal, recogidas esta semana en el ‘Pliego’ de Vida Nueva con motivo de la celebración, el próximo 19 de marzo, del Día del Seminario.

Para Santiago Martín, su opción por al sacerdocio es una aventura: “Porque cada día se despliega ante mí como un abanico de posibilidades de transmitir el Evangelio a los otros, desde la oración, la escucha o la ayuda a los olvidados de la sociedad”. Y es gozosa, ya que “sólo el creador de mi corazón sabe cómo puede llenarlo”. Por tanto, para él, la respuesta a la pregunta de por qué quiso ser sacerdote es clara: “Porque el Señor así lo quiere; yo no he elegido este camino, lo ha decidido el Señor por mí”.

Por su parte, Diego Pastor Perona , del seminario ‘La Inmaculada’ de Valencia, empezó a sentir su vocación al ver a un compañero de parroquia que le anunciaba su partida para ser sacerdote. “Una vez se inicia esto, sólo la oración puede hacer frente a estos sentimientos y dudas. Orar. En la oración lo vi claro: aquél que siempre había estado junto a mí, Jesucristo, me llamaba. No tenía muy claro cómo y de qué manera, pero había una alegría en seguirle”, asegura. Una oración que Pastor reconoce que “también fue el punto fundamental para poder decir sí a la llamada”.

Lo que mueve por encima de todo a Iván Llovet, seminarista de Cádiz, a querer ser sacerdote, es su deseo de “ser un instrumento de Dios para hacerlo conocer y ayudarle a hacerse presente en medio de la sociedad a través del amor y de los sacramentos”. También “ser sus manos que partan y repartan el alimento de vida a todos los hombres y mujeres hambrientas y desilusionadas; y acompañen a personas enfermas”. Así como “ser sus pies, para estar presente entre sus hijos” y “ser su voz, para alentar y animar la esperanza de tantos desesperanzados”.

Por último, Ricardo Sanjurjo, del seminario de Santiago de Compostela, sintió la llamada de Dios cuando tenía encauzada su vida por un camino muy distinto al del sacerdocio: mientras estudiaba Ingeniería en la universidad. “Tenía esa sensación de que sabes que todo va bien, pero que, en el fondo, te falta algo que no sabes qué es. Y me rebelaba contra mí mismo: no podía ser así. Poco a poco, fui comprendiendo eso de la vocación. ¡El Señor tenía un plan para mí!”, explica.

Fuente: Más información en el nº 2.699 de Vida Nueva.

http://www.vidanueva.es/home/seminaristas-inmersos-en-una-%e2%80%9cgozosa-aventura%e2%80%9d/

martes, 9 de marzo de 2010

EL AÑO SACERDOTAL. El alma sacerdotal de los fieles.

Cura para todos...

La familia cristiana en el Año Sacerdotal

Fuente del texto: http://www.conferenciaepiscopal.es/seminarios/2010/Matrimoniales.pdf

Este año es para toda la Iglesia, no sólo para los sacerdotes. Conocer mejor el sacerdocio y a los sacerdotes, orar con ellos y por ellos y por las vocaciones sacerdotales, interesarse por el Seminario… son actividades que deben estar presentes en toda la comunidad cristiana; pero de modo específico debe empeñarse en esto la familia cristiana.

Con aire familiar y desde la especial importancia que tiene para el sacerdote la pastoral con las familias. En el ámbito de la parroquia y de los movimientos, cada familia cristiana debe ser un hogar para el sacerdote. De esta relación familiar, profundamente humana y fraterna, se derivan muchos bienes tanto para la familia como para el propio sacerdote.

La pastoral familiar es un lugar de encuentro humano, cristiano y eclesial entre sacerdotes y laicos que enriquece a unos y a otros. La importancia de esta relación ha sido señalada por la Iglesia: a todos los sacerdotes les compete trabajar con las familias, es una dimensión esencial y omnipresente del apostolado cristiano, que todos los sacerdotes están llamados a realizar.

Juan Pablo II dijo en el Año de la Familia «La pastoral familiar –lo sé por mi experiencia personal– constituye, en cierto sentido, la quintaesencia de la actividad de los sacerdotes en todo ámbito y a cualquier nivel».


domingo, 7 de marzo de 2010

Día del Seminario 2010, El Sacerdote, testigo de la misericordia de Dios

DÍA DEL SEMINARIO 2010.

EL SACERDOTE, TESTIGO DE LA MISERICORDIA DE DIOS.

http://www.conferenciaepiscopal.es/seminarios/2010/motivacion.pdf

El lema que titula la celebración del Día del Seminario para este año, «El sacerdote,testigo de la misericordia de Dios», también debe ayudarnos a tomar conciencia de aquellos rasgos que son propios de los sacerdotes y que han de ser los que un joven seminarista desee y anhele para su futuro comportamiento pastoral en la Iglesia y en la sociedad.

El tema de la misericordia vivida y testimoniada por el sacerdote se centra en una dimensión primordial y capital de su vocación concreta: la relación con Cristo pastor misericordioso. También esta relación debe ir creciendo gradual y paulatinamente durante los años de formación en el seminario.

Actualmente, seminaristas y sacerdotes son un haz de relaciones que modelan su forma de ser y espiritualidad. Llamados a la triple condición teológica (servidores de la Palabra, de la liturgia y de la comunidad), igualmente su formación reclama actitudes personales y espirituales coherentes con estas funciones que se darán en su ministerio. Por tanto, es el seminario el lugar más propio y único para iniciar a los candidatos al sacerdocio en las virtudes sacerdotales: la fe, la esperanza, la caridad pastoral, la vida orante, el celibato, la pobreza, la disponibilidad obediente, la formación teológica, la fraternidad presbiteral... ¡y las actitudes de misericordia!

Ante un panorama tan amplio, vamos a fijarnos en el tema de la misericordia como trabajo propio para esta campaña o jornada anual del Día del Seminario.

El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios

DÍA DEL SEMINARIO 2010

MOTIVACIÓN GENERAL

MISERICORDIA DE DIOS EN EL CAMINO VOCACIONAl

La teología del ministerio sacerdotal, basada en la Escritura y en la Tradición de la Iglesia, ha acuñado una fórmula que expresa fielmente la identidad del sacerdote: es signo sacramental de Cristo pastor . Esto significa que hay rasgos y actitudes que no pueden faltar en la vida de los pastores. De entre todos, el rasgo básico, primordial y de identificación vital del sacerdote con Cristo es su amor identificativo; esto es, encarna en sí las actitudes, acciones, comportamientos y sentimientos de Cristo.

Bajo la cobertura de este rasgo general, reflexionaremos acerca de la misericordia por medio de la cual el presbítero realiza su condición de ser signo sacramental de Cristo pastor.