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domingo, 16 de mayo de 2010

Los transexuales no existen

Los transexuales no existen

Para las personas que no están a gusto con su sexo, para aquellas que dicen que están en el cuerpo equivocado, se ofrece la cirugía. Una vez intervenidos quirúrgica y plásticamente, los hombres se vuelven mujeres y viceversa. Pero este cambio es solamente relativo: su real sexo no ha cambiado.

¿Por qué no han cambiado de sexo, si tienen ahora apariencia del otro sexo, y hasta senos y vaginas o penes artificiales? Porque los cambios son estéticos, y en parte hormonales, pero su sexo sigue siendo el mismo. Son personas mutiladas, con implantes, pero esencialmente con el mismo sexo natal.

La esencia de la sexualidad está en los genitales, pero en ellos fundamentalmente en los órganos que producen uno de dos elementos: espermatozoides u óvulos. Mientras un individuo tenga testículos y una próstata que produzcan semen y testosterona, ese individuo seguirá siendo varón. Si le son extirpados los testículos, entonces quedaría relativamente asexuado, pero eso no lo convierte en mujer. ¿Conserva la próstata y/o no tiene ovarios? Es varón, mutilado, pero varón.

Al revés, una mujer a quien le desaparezcan los senos, la vagina y la vulva en particular, aunque le injerten prótesis que simulen dos testículos y un pene, seguirá siendo mujer, en tanto tenga ovarios que producen óvulos y estrógeno. Si éstos le son extirpados, sería también relativamente un ser asexuado, pero eso no la convierte en varón: no tiene testículos, es mujer con apariencia masculina.

Los tratamientos hormonales que reciben los varones que desean ser mujeres, junto con los implantes para hacer crecer los senos y las caderas, redondear las piernas y eliminar vello masculino, no convierten a nadie en mujer. Se trata de un varón con elementos femeninos artificiales. Si le retiran los testículos y el pene, y le hacen un hueco simulando vagina y vulva, seguirá siendo varón con apariencia de mujer: sólo parece mujer.

En resumen de lo anterior: la sexualidad física esencialmente está determinada por la presencia de órganos que producen uno de los dos gametos: espermatozoides u óvulos. La producción de hormonas sexuales puede inhibirse.

Hay otros elementos físicos diferenciales que no se cambian y que difieren entre los sexos, como es la estructura ósea, distinta para hombres y mujeres; un esqueleto puede ser identificado como el de un hombre o de una mujer. No hay cirugía que cambie o modifique esto. Las cuerdas vocales son distintas y cambiarlas de sexo está más que en chino. Esa “manzana de Adán”… delata.

Pero hay algo esencial en la diferencia de sexos, que nadie, ningún cirujano plástico, puede cambiar, y que hace permanente la esencia de ser varón o mujer: el ADN. Veamos una cita del texto “ADN Y MEDICINA FORENSE, Diez años de Experiencia”, escrito por Rosario Alicia Sotelo Lago, Graciela Eleta y Carlos Gatti, de Argentina:

“El ADN es el componente fundamental de los cromosomas y contiene la información hereditaria requerida para transmitir, de padres a hijos, similitudes y diferencias.

“El número de cromosomas de la especie humana es de 46, los cuales se agrupan en 23 pares: 22 de ellos llamados ‘pares autosómicos’ no presentan diferencias de acuerdo al sexo; el restante, el par 23, ‘par sexual’, tiene características diferentes determinadas por cada uno de los sexos. Los 23 pares de cromosomas están contenidos en el interior del núcleo celular”.

Todos sabemos que el ADN, la “huella digital genética” de la persona, se determina en el momento de la concepción y permanece invariable a través de la vida, conservándose en los restos humanos también permanentemente. Por eso, la medicina forense tiene en el método del ADN un aliado excelente.

Supongamos que un cirujano logra implantar funcionalmente a un supuesto transexual los necesarios ovarios o testículos, los del nuevo sexo (que serían ajenos). El testarudo ADN se mantiene en el sexo original. La psique es también muy necia: no cambia, sólo se adapta parcialmente. De hecho, el cerebro tiene algunas características sexuales. Así, el cambio sigue siendo relativo, aunque sea satisfactorio para el paciente y su médico (y su cuenta de cheques).

Bajo estos argumentos, la transexualidad verdadera no existe. Quienes dicen haber cambiado, transmutado su sexo al contrario, de varón a mujer o viceversa, lo han hecho solamente en algunos elementos corporales, pero la esencia de su sexo no ha cambiado; su ADN así lo confirma y su incapacidad de producir los gametos contrarios, espermatozoides u óvulos, les impide cambiar de sexo.

Con un sexo se nace y se muere, aunque se modifiquen las anatomías en buena parte y se produzcan cambios a base de hormonas; las propias, por cierto, seguirán produciéndose en el cuerpo modificado, en tanto permanezcan ovarios o testículos y no sea inhibida su función. La nueva sexualidad relativa solamente puede mantenerse en lo que fue logrado por cirugía, con tratamientos hormonales de por vida (las hormonas naturales son muy tercas).

Quienes se han sometido a las intervenciones plásticas para “cambiar” artificialmente de sexo, pueden estar muy satisfechos(as) con su nueva anatomía, y hasta obtener legalmente su cambio de nombre y sexo, y ser socialmente aceptados(as) en su nueva personalidad, pero no han dejado, esencialmente, de ser lo que nacieron: varones o mujeres.

Todo esto es importante para nuestra sociedad, pues la promoción del argumentado “derecho” a cambiar de sexo, es solamente el apoyo al cambio de partes de la anatomía, sin poder modificar la esencia sexual, con el ADN a la cabeza de todo ello. Hace más o menos felices (¿felices?) a algunos, pero también frustrados de por vida a otros, los tardíamente arrepentidos.
Fuente: Yo influyo.com
Autor: Salvador I. Reding Vidaña

miércoles, 5 de mayo de 2010

El cristiano ante el amor (parte 7)

El cristiano ante el amor (parte 6)

El cristiano ante el amor (parte 5)

El cristiano ante el amor (parte 4)

El cristiano ante el amor (parte 3)

El cristiano ante el amor (parte 2)

LOS DESEOS FUNDAMENTALES DE LOS ADOLESCENTES

El cristiano ante el amor (parte 1)

sábado, 1 de mayo de 2010

El cristiano ante el amor. Parte 1ª

El cristiano ante el amor. PARTE PRIMERA


El cristiano ante el amor...

... Creado por amor y para amar.

Antes de que el lector de este blog se llame a confusión, quisiera despejar un extremo importante. Este documento se ha confeccionado a partir de los materiales entregados en un cursillo de educación afectiva y sexual importida por el COF de la diócesis palentina.
Tanto me aportó este cursillo que me puse manos a la obra y elaboré un total de 14 PowerPoint para poder ayudar a los adolescentes con los que trabajo. Este trabajo está ideado para ser visualizado en una pantalla grande con su correspondiente cañón de video, POR ESO MUCHAS COSAS NO SE PODRÁN VER CON LA CLARIDAD QUE YO DESEARÍA. Por eso les pido disculpas de ante mano.
Este trabajo intenta ayudar a orientar a adolescentes que, mareados por toda la mal información que reciben (métodos anticonceptivos, preservativos, condones, posturas sexuales o técnicas amatorias) les ayude a entender el papel tan importante que desempeña la inteligencia y el corazón en el mundo del sexo. Todo desde un punto de vista cristiano. El chico y la chica tienen corazón e inteligencia, así como el deseo de AMAR Y SER AMADO. La libertad es algo que todos tenemos, pero puede crecer o disminuir. La sexualidad tiene relación con el sentido de la vida. La sexualidad o es un abrazo lleno de ternura que te desea lo mejor en la vida o es algo que daña, una tragedia.
La persona es un SER PARA EL ENCUENTRO. Una relación educativa es mirar a la persona, decirle a lo que él está llamado y saber sacar algo más de él.
En un palabra: Mi cuerpo está diseñado por Dios para salir al encuentro con el otro y también con el Otro.



domingo, 11 de noviembre de 2007

La enseñanza de la Iglesia Católica sobre los métodos naturales de planificación de la familia

Fuente: http://www.vidahumana.org/vidafam/iglesia/ensen_nfp.html
La enseñanza de la Iglesia Católica
sobre los métodos naturales
de planificación de la familia

La diferencia moral entre la anticoncepción y los métodos naturales:

Según la enseñanza de la Encíclica Humanae vitae, número 14, del Papa Pablo VI, publicada el 25 de julio de 1968, la anticoncepción consiste en una acción que le destruye al acto conyugal su natural fuerza procreativa, ya sea que dicha acción se lleve a cabo antes, durante o después del acto conyugal.

Ahora bien, los métodos naturales consisten esencialmente en conocer cuándo la mujer es fértil y cuando no, entonces, si se están espaciando los nacimientos, los esposos evitan las relaciones conyugales durante el tiempo fértil y las tienen durante el tiempo infértil. De esa manera los métodos naturales no le destruyen a ningún acto conyugal su natural fuerza procreativa, sino que respetan los ciclos de fertilidad e infertilidad que Dios mismo ha puesto en la naturaleza femenina para espaciar o buscar los nacimientos. Los métodos naturales son una manera racional de usar lo que Dios ha creado respetándolo al mismo tiempo; mientras que los métodos anticoncepctivos no.
Al destruirle su natural fuerza procreativa al acto conyugal, los anticonceptivos están separando la apertura a la vida de la unión conyugal. Como los métodos naturales no le destruyen a ningún acto conyugal su natural fuerza procreativa, no están separando deliberadamente la apertura a la vida (cuando quiera que esta sea posible) de la unión conyugal.

Sin embargo, alguien podría insistir: "Pero en ambos casos se busca evitar los hijos". El hecho de que en ambos casos se busque el mismo fin no quiere decir que ambas maneras de buscarlo sean buenas. Dos personas pueden decidir conseguir un automóbil, un fin bueno. Pero si una la obtiene por medio de su dinero honestamente ganado y la otra por medio del robo, es evidente que la primera actuó bien; mientras que la segunda no. Un fin bueno no justifica y medio malo, ambos tienen que ser buenos para que la acción sea buena.

"¿Pero - alguien podría objetar - no se supone que el evitar los hijos sea contrario a la voluntad creadora de Dios?" No si los esposos utilizan métodos naturales y tienen motivos serios para usarlos. Dios mismo ha creado tiempos fértiles y tiempos infértiles en el ciclo femenino (de hecho los tiempos infértiles son mucho más largos). Es lógico pensar que Dios no tiene la intención de que el esposo y la esposa tengan hijos todas las veces que se unan, si éstos tienen motivos serios para evitarlos. Lo que Dios sí exige es que se respete la estructura original del acto conyugal, con su doble finalidad de apertura a la vida y unión en el amor conyugal. La clave para evaluar moralmente los métodos naturales se encuentra en la intencionalidad. Es decir, los métodos naturales no son malos en sí mismos (como lo es la anticoncepción). Pero si se llevan a cabo por motivos no serios, sino egoístas, entonces sí son malos. Pero en ese caso lo son por la intención mala y no por los métodos en sí. Mientras que en el caso de la anticoncepción, todos sus métodos son malos en sí mismos, independientemente de la intención, y para que una acción sea buena, ambos, la intención y la acción misma, tienen que ser buenas.

Hoy cuesta mucho entender esto, porque lamentablemente prevalece una mentalidad subjetivista que bloquea psicológicamente la comprensión de la moralidad objetiva de los actos humanos. ¿Qué queremos decir con esto del subjetivismo? Sencillamente que hoy se ha caído en una mentalidad que cree que el bien y el mal dependen de lo que el sujeto sienta u opine, sin importarle lo objetivo, es decir, sin importarle lo que está bien o mal independientemente de lo que uno sienta u opine.

El que determina lo que está bien y lo que está mal no es el sujeto o el individuo, sino Dios mismo, y Él ha inscrito en la naturaleza misma de las personas y de sus actos los valores que el hombre y la mujer deben respetar y promover. Los mandamientos de Dios nos indican la manera de respetar y promover dichos valores, al mismo tiempo que nos indican las acciones que hay que evitar debido a que van en contra de dichos valores. La moral no es arbitraria, sino que está en función del auténtico bien de la persona, y este bien ha sido inscrito en su propio ser por Dios mismo.

FUENTE: Iglesia Católica\Documentos pontificios\Humanae vitae: Plan de Dios para la humanidad.

jueves, 30 de agosto de 2007

Relaciones sexuales prematrimoniales

Fuente: www.soloparajovenes.org


El regalo de tu virginidad.
La virginidad es el ideal del ser total y de la integridad. La entrega de nuestro cuerpo a alguien expresa un compromiso absoluto. Esta unión sólo es verdadera y significativa después de que estemos sacramental, legal, social, emocional y espiritualmente comprometidos en el matrimonio.

De manera que la pregunta es: ¿desean entregarle todo su ser a su futuro esposo o esposa? El matrimonio es como hacer un regalo.

Digamos que ustedes quieren regalarle un radio a su amigo el día de su cumpleaños, pero deciden quedarse con la bocina, así que antes de envolverlo abren la caja y sacan la bocina. Al día siguiente su amigo abre el regalo y le fascina el radio, pero descubre que le falta algo muy importante... la bocina. Su amigo se ve privado del disfrute del valor total del regalo.

Si abandonamos la castidad y renunciamos a nuestra virginidad antes del matrimonio, estamos defraudando a nuestro futuro esposo o esposa al no ofrecerle la entrega total de nuestro yo. A nosotros nos corresponde elegir.
Danos corazones y mentes limpias,
¡Oh Señor, para que podamos mirarnos a los ojos!.
Razones para esperar hasta el matrimonio.
Una sola vez es suficiente para quedar embarazada, para contraer una enfermedad venérea y para contraer el SIDA.
Tus años de adolescente.
Los años de la adolescencia pueden ser una época muy especial para aprender, estudiar y prepararse para lo que algún día se quiera lograr. Es un tiempo para forjar el carácter que necesitamos para alcanzar nuestras metas y también una gran oportunidad para hacer nuevos amigos. La naturaleza te regala este tiempo especial para descubrir y crecer en tu identidad.
En esta etapa descubrirás al sexo opuesto, pero sin tener que hacer frente a las consecuencias que implican las relaciones sexuales.
Para divertirte no es necesario tener relaciones sexuales. Incluso, éstas, a tu edad obstaculizarían tu proceso de crecimiento hacia la madurez y tu preparación para lograr metas.
La TV, algunas canciones y las malas compañías pueden presionarte para que creas y actúes de otra manera, induciéndote a relaciones sexuales prematrimoniales. No hagas caso. Te están mintiendo. No te conviene.
Todavía tienes mucho que hacer antes de poder comprometerte para toda la vida con una persona que te ame, respete y tenga salud física y mental.
Algunas preguntas que debes hacerte:
Hay muchas cosas que debes saber antes de decidirte a tener relaciones sexuales.
Las siguientes interrogantes te pueden ayudar a decidir qué es lo mejor:
· ¿Está de acuerdo con mis valores morales el tener relaciones sexuales?
· En toda relación sexual existe la posibilidad de un embarazo. ¿Podría en este momento darle a un hijo (a) el apoyo emocional y económico que se merece?
· ¿Si termino con mi novio(a) me sentiría bien de haber tenido relaciones sexuales con esa persona?
· ¿Estoy seguro(a) de que nadie me está empujando a tener relaciones sexuales?
· ¿Quiere mi novio(a) tener relaciones sexuales ahora?
· "Para hacer lo que quieres, debes saber lo que quieres."
Razones para posponer el inicio de las relaciones sexuales:
1. Nunca tendrás que preocuparte de un embarazo ni sentirás vergüenza por tener que decírselo a tus padres. El anuncio de un embarazo es una alegría pero dentro del matrimonio.
2. Nunca tendrás que preocuparte de contraer, por vía sexual, el SIDA y otras enfermedades; algunas de ellas incurables.
3. Aprenderás a practicar el autocontrol, lo que aumentará tu fuerza de voluntad y te sentirás mejor acerca de ti mismo (a) cuando no cedas a las presiones que te rodean.
4. Darás buen ejemplo. Así estarás contribuyendo a construir un mundo mejor.
5. Estarás protegiendo tu propia reputación. Para llegar algún día a conseguir un buen esposo o esposa necesitarás tener buena fama. Es tonto empeñar el futuro por ceder a impulsos momentáneos y presiones de los demás.
6. Sabrás con seguridad si de verdad te quieren o sólo quieren el placer que puede proporcionar tu cuerpo.
7. Podrás canalizar tus energías juveniles hacia actividades que contribuirán a tu desarrollo y madurez como son: los estudios, el deporte, la música, la lectura, la pintura, el servicio a los necesitados, asociaciones juveniles, escolares o comunitarias, etc.
8. Aprenderás a conocer el verdadero amor. Sabrás distinguir entre el amor verdadero y el impulso o atracción sexual. El acto sexual es algo espontáneo y breve (un encuentro de una noche). El amor necesita tiempo para crecer y durar para siempre, que es lo que todos queremos. El verdadero amor nunca es desesperado sino que sabe esperar.
Cómo decir "No"
¿Te es fácil? Te felicito...
A pesar de que algunos quisieran hacernos creer lo contrario, muchos adolescentes inteligentes han decidido no tener relaciones sexuales prematrimoniales. No es fácil pero tampoco lo es nada que vale la pena en la vida. Si quieres triunfar en tu vida, tus estudios, el trabajo, el deporte, en el dominio de un instrumento musical, debes esforzarte.
Decir "no" a las relaciones sexuales prematrimoniales vale la pena.
Podrías decir:
· "Me gustas mucho, pero realmente no estoy preparado(a) para tener relaciones sexuales".
· "No quiero tener relaciones sexuales hasta que me case. Prefiero esperar".
· "Disfruto de tu compañía pero no creo que tengo edad suficiente para tener relaciones sexuales".
· "No tengo por qué darte explicaciones de no querer tener relaciones sexuales. Es tan sólo mi decisión y de nadie más".
· "Decidí no tener relaciones sexuales, así que por favor no me presiones".
· "Si realmente me quieres, respeta mi decisión de esperar".
· ¿Cuál sería tu respuesta?.
· Piénsalo bien y actúa con madurez.
· "Guarda tu dignidad de persona... así podrás respetar la dignidad de otros".
Recuerda:
· "No hagas caso a las presiones de películas, novelas, música, amigos(as) que te inducen a las relaciones sexuales prematrimoniales".
· "No te engañes. Tu vida es muy preciosa para ti, para los que te quieren y para tu patria.
· No te dejes engañar para no caer en embarazos fuera del matrimonio, abortos,enfermedades de transmisión sexual o la enfermedad fatal del SIDA".
· En toda relación sexual existe la posibilidad de un embarazo. Esta responsabilidad no es para ti ahora.
· Este es un tiempo para formarte y terminar tus estudios.
· No caigas en trampas que comprometen tu futuro. Para escoger lo que quieras para tu vida necesitas ser libre.

¡Nosotros esperamos...
y tú también puedes lograrlo!
Por Keith Kiser
Aunque suene extraño, Tami y yo éramos vírgenes cuando nos casamos. No fue fácil, permíteme decirlo; pero nos alegramos mucho de haber esperado.
Empezamos a salir en el noveno grado y continuamos haciéndolo por siete años antes de casarnos. A medida que nuestro amor y nuestra dedicación crecían, las tentaciones sexuales se volvieron una verdadera lucha. Ambos somos cristianos practicantes que querían obedecer a Dios, pero aunque Dios decía "no", nuestros cuerpos gritaban "si"… ¡y parecía que nuestros cuerpos gritaban cada vez más fuerte!.
Resistiéndose a las tentaciones sexuales.
Las hormonas estaban en competencia. Queríamos esperar, pero la carne nos decía "sigue adelante". La televisión, el cine y la música empeoraban las cosas. Sus mensajes nos estimulaban diciéndonos una y otra vez: "ten relaciones sexuales". Nuestra convicción de esperar se estaba debilitando. La impureza que lleva al acto sexual estaba destruyendo nuestra relación. El dolor, el pecado, la culpa y la confusión nos estaban separando.
Al borde del desastre, hicimos el compromiso de reservar las relaciones sexuales hasta el matrimonio y rezar juntos con regularidad. Reforzamos nuestra decisión median te la lectura de un libro acerca de mantener la pureza en una relación de noviazgo. Comprometidos con la castidad, nos ayudamos mutuamente en la lucha contra las tentaciones. Era difícil a veces, pero desarrollamos una gran disciplina y respeto mutuo. Una nueva apertura surgió y aumentó la confianza en nuestra relación. Nuestro amor floreció y se hizo más profundo.
Ahora podemos decir con gratitud que cuando finalmente nos casamos éramos vírgenes. No podemos expresar cuán maravillosa fue nuestra luna de miel. Sencillamente decimos que valió la pena esperar. Luchamos pero ganamos las batallas y ambos somos más felices, más fuertes y estamos más enamorados por haber esperado.
"Una sola carne."
¿Cómo es eso?. Tami y yo lo compartimos todo -nuestras posesiones, pensamientos, sueños, emociones, temores, sufrimientos y oraciones; todo lo que somos. Compartir nuestros cuerpos es la expresión física de la entrega total del uno al otro. Las relaciones sexuales no son solamente un signo de nuestro amor, también nos unen muy íntimamente, dándonos gracia y fortaleza para superar la adversidad.
Cuando una pareja se hace "una sola carne", éste es el conocimiento más íntimo posible. No solamente comparte usted su cuerpo, sino también sus emociones y su alma. Esta entrega de su yo más íntimo, y recibir el yo más íntimo de su cónyugue, es un privilegio maravilloso. Pero si uno de los dos puede "largarse", el don y el privilegio son abusados y despreciados. Amar significa desear lo mejor de lo mejor para una persona por toda la vida. Tener relaciones sexuales sin el amor comprometido del matrimonio hiere y habitualmente destruye la relación.
Las relaciones sexuales también crean niños, como signo del amor entre los esposos. ¿No es increíble que la unión espiritual y física del amor pueda crear una nueva vida? Imagínate esto: dos personas tan enamoradas que la entrega mutua crea un nuevo niño -una persona- un hijo o hija como tú y yo, con un alma que vivirá para siempre. (¡Qué belleza, ser co-creadores con Dios!)Y los bebés necesitan familias fuertes, con padres y madres amorosos. Esta es la situación ideal y es una razón por la cual Dios designó el sexo específicamente para parejas casadas. El acto sexual es para unir y para tener niños, y antes del matrimonio ambas cosas tienen dolorosas y graves consecuencias.
¿Qué hacer si ya has empezado a tener relaciones sexuales?.
Comprendemos que puedes estar ya teniendo relaciones sexuales y preguntándote por qué después de dar tanto de sí, tu relación está dando tropiezos. Sólo porque estés teniendo relaciones sexuales no quiere decir que ni tú ni él o ella estén dando "todo" de sí. Aunque dos personas digan que se aman, no han dado todo de sí mientras no hayan hecho públicamente votos de dedicar cada uno su vida entera al otro "hasta que la muerte nos separe".
Fuera del matrimonio, la intimidad sexual indica que por lo menos uno de los dos está actuando sin autocontrol de un manera egoísta y deshonesta. Esto destruye la relación convirtiéndose en una cuña y una piedra donde se tropieza en el desarrollo de un amor maduro. Las relaciones sexuales prematrimoniales te garantizan que tarde o temprano se romperá la comunicación.
Para restaurar tu relación actual y proteger tu futuro matrimonio necesitas suspender toda relación sexual inmediatamente, incluyendo todo lo que le precede. Dale a tu amor una oportunidad de hacerse más profundo y florecer. Puede parecer imposible al principio, pero puedes hacerlo. Tú y tu amada (tu futura esposa y tus hijos), estarán muy agradecidos de que hoy hayan hecho el compromiso de reservar las relaciones sexuales para el matrimonio. Y si ya han hecho ese compromiso, ¡felicitaciones!
Piensa en las consecuencias.
Si esperas hasta el matrimonio:
· Sabrás que la otra persona te quiere por lo que eres, no porque aceptas tener relaciones sexuales.
· Conservarás el respeto propio y el de los demás al permanecer firme y cumplir tu objetivo.
· Conocerás lo que es tener confianza, honestidad y paciencia.
· Experimentarás paz mental.
· Desarrollarás la verdadera intimidad.
· Tendrás una conciencia limpia.
· Tendrás unas relaciones sanas.
· Compartirás con tu esposa(o) un vínculo que nadie más ha compartido.
· Pondrás atención a las habilidades de comunicación y desarrollarás relaciones no sexuales.
· Tendrás un fundamento sólido cuando te cases.
· Podrás tener en el futuro una luna de miel muy especial.
Si no esperas, prepárate para...
El sufrimiento emocional:
· Culpabilidad
· Remordimiento
· Pérdida de autorespeto
· Depresión
· Pensamientos de suicidio
· Fracaso de las relaciones
· Ira

El embarazo:
· Matrimonio inmediato
· Adopción (dar tu bebé a otra familia)
· Madre o padre soltero
· El aborto y sus consecuencias.

La enfermedades venéreas y otros problemas de salud:
· Sida
· Sífilis
· Gonorrea
· Herpes
· Clamidia
· Verrugas genitales
· Infecciones vaginales
· Riesgo de esterilidad
· Cáncer cervical
· Cáncer del seno
¡Advertencia!
Aunque uses anticonceptivos te arriesgarás a tener problemas, incluyendo el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual.
Soy una joven responsable...
· Mis besos valen más que una fiesta o un cine.
· Mi cuerpo es templo de Dios, no un juguete.
· El primer "no" resultará difícil, después se hace más fácil.
· La virginidad sigue siendo una virtud, la lujuria sigue siendo pecado capital.
· Mi manera de vestir, actuar y hablar pueden ser una tentación para mi novio.
· Observaré la modestia por el bien de los dos.
· Mis padres han hecho mucho por mí, me comportaré de modo que siempre se sientan orgullos de mí.
· Mi novio será también algún día esposo y padre de familia.
· Deberá ser un héroe a los ojos de su esposa e hijos. No haré nada por impedirlo cuando salgamos juntos.
· Quiero ser esposa y madre algún día, conservaré mi pureza y mi cariño para mi esposo e hijos.
· Si por mi debilidad llegara a quedar embarazada, no tomaré la vía fácil, no abortaré a mi hijo por nacer.
Soy un joven responsable...
· Los padres de mi novia han puesto su confianza en mí, no los defraudaré.
· Respetaré a mi novia como espero que otros hombres respeten a mi hermana.
· Respetaré su feminidad porque mi madre es mujer. Le pediré a mi novia que no haga algo de lo que pueda luego avergonzarme si mi madre llegara a enterarse.
· Mi novia me ha dado el honor y el placer de su compañía; no es correcto que yo espere más en pago por esta invitación.
· Mi novia será esposa y madre algún día.
· Ella deberá ser ejemplo para sus hijos y el orgullo de su esposo. La ayudaré a ser tan pura y decente como quisiera que fuese mi esposa.
· La hombría es entereza tanto de carácter como física.
· Perder el control de sí mismo es señal de debilidad, quiero que ella sepa que soy un hombre.
· Dios está en todas partes, lo ve todo, lo sabe todo. Las tinieblas podrán ocultarme del público, pero no de la vista de Dios.
· Si por mi debilidad llegara a dejar embarazada a una joven, no la presionaré para que se practique un aborto.
¿Es mejor vivir juntos antes de casarse para tener un buen futuro?:
En los últimos 30 años, el número de parejas que viven juntas y tienen relaciones sexuales prematrimoniales ha aumentado enormemente. Se dice que casi la mitad de las parejas que acuden a un sacerdote para casarse en la Iglesia Católica, están viviendo juntas.
¿Y tú piensas que el vivir con tu pareja antes de casarte es mejor para tener un buen futuro juntos? Si eso es lo que tú ya lo estás haciendo, es importante que estés consciente de los muchos y diferentes aspectos de esta decisión, así como de sus implicaciones para tu propio futuro.
Preguntas que debes hacerte:
1.- ¿Por qué decidiste vivir con tu pareja (esto es, por miedo a hacer un compromiso permanente, para probar la relación, por conveniencia, porque necesitabas compañía, por razones monetarias o para escapar de tu hogar)?.
2.- ¿Qué has aprendido de esa experiencia? ¿Cómo ha afectado esta tu relación?.
3.- ¿Qué o quién te está presionando para que te comprometas a casarte en este momento? ¿Existen presiones externas?.
4.- ¿Por qué has acudido ahora a la Iglesia Católica en lugar de a otra iglesia o a un juez de paz o notario para que te case?.
5.- Si tener la bendición de Dios es importante para ti, ¿no te preocupa el hecho de que al vivir con tu pareja antes de casarte estás violando los mandamientos de Dios?.
La mayoría de las parejas saben que la Iglesia Católica enseña que vivir juntos sin casarse es para la pareja un pecado grave, pero muchos no comprenden por qué esto es así. Hay tres áreas importantes a considerar con respecto al por qué la Iglesia se opone a que las parejas vivan juntas sin casarse:
1.- Es contrario a la ley de Dios.
2.- La falta de comunicación entre la pareja, la cual es una consecuencia de esta decisión.
3.- Su efecto social negativo en lo que concierne a la comunidad.
La Ley de Dios.
El matrimonio es un compromiso entre tres personas: un hombre, una mujer y Dios. Sin embargo, las Escrituras dicen que las relaciones sexuales prematrimoniales ofenden a Dios. "Que todos respeten el matrimonio y mantengan la pureza de sus relaciones matrimoniales; porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio" (Hebreos 13,4).
Cuando las parejas viven juntas sin casarse, han dejado a Dios fuera de su relación, pues no han hecho ningún compromiso ante Él. Al comenzar su vida juntos, sin incluir a Dios, la pareja establece un precedente de excluir a Dios de su relación.
Según las enseñanzas de la Iglesia Católica, las relaciones sexuales antes del matrimonio son un grave acto inmoral, que priva a la persona de la gracia de Dios. Por tanto, la pareja que vive en concubinato, no debe recibir los sacramentos de la Eucaristía o la Reconciliación (Confesión), hasta que deje de tener relaciones sexuales. Además, si la pareja no recibe el Sacramento de la Reconciliación (confesión) antes de casarse por la Iglesia Católica, no será bendecida con todas las gracias que provienen del Sacramento del Matrimonio. Sin embargo, si la pareja decide dejar de tener relaciones sexuales, puede volver a recibir los sacramentos, siempre y cuando reciba el Sacramento de la Reconciliación antes de comulgar.
Las relaciones sexuales en el matrimonio constituyen uno de los más grandes regalos de Dios. No son algo sucio ni causan culpabilidad. Sin embargo, un hombre y una mujer que están viviendo juntos sin casarse y conocen las enseñanzas de la Iglesia, probablemente sentirán culpabilidad. Esto les puede dar un sentido equivocado a las relaciones sexuales, e inclusive puede causar cierta culpabilidad una vez que ha tenido lugar el matrimonio. La pareja que no tiene relaciones sexuales antes de casarse o deja de tenerlas, de cierto tendrá una mejor luna de miel y una comprensión más fructífera después de casada, de la relación sexual matrimonial.
Comunicación.
El matrimonio es un compromiso serio. Las personas deben tomarse el tiempo suficiente para hablar, pensar y orar con calma y claridad. Si la pareja está viviendo una vida casta; es decir, se está absteniendo de tener relaciones sexuales, cada una de esas personas podrán pensar más objetivamente sobre el compromiso que van a hacer, sin ser excesivamente influenciadas solamente por la atracción sexual.
La comunicación no es igual entre las parejas que viven juntas, que entre las que no lo hacen. Las relaciones sexuales se pueden convertir en un modo de resolver los problemas en las primeras etapas de la relación, cuando en realidad lo que se necesita es el diálogo. El tener un período de abstinencia sexual le permite a la pareja estar consciente de la necesidad de tener intimidad emocional, no simplemente genital. La relación entonces puede crecer con respecto al respeto mutuo, la amistad y finalmente la confianza.
Hacer un compromiso con otra persona es hacerse transparente y vulnerable con respecto a las emociones y los sentimientos. Cuando esto ocurre en un espíritu de amorosa confianza, la pareja está lista para hacer un compromiso de por vida ante Dios, y finalmente, para disfrutar mutuamente de la intimidad sexual con su cónyuge.
Tu comunidad.
Cuando está planeando su boda, rápidamente la pareja se da cuenta, de que su casamiento involucra a otras personas también: sus padres, su familia, sus amistades y a toda la comunidad cristiana.
La Iglesia espera que sus miembros sean castos antes de casarse (es decir, se abstengan de tener relaciones sexuales). Si la pareja vive junta antes de casarse, la situación confundirá y escandalizará a la comunidad. La confundirá porque las personas se preguntarán si la Iglesia ha cambiado su enseñanza sobre las relaciones sexuales prematrimoniales. La escandalizará porque presentará un ejemplo a los miembros más jóvenes de la comunidad (hermanos, hermanas, sobrinos y sobrinas), haciéndoles creer que este es un comportamiento apropiado para un cristiano.
La decisión de no vivir juntos sin casarse le envía un mensaje a la comunidad, de que la pareja toma en serio su matrimonio y su relación con Dios. Es importante mencionar también que la mayoría de los padres prefieren que sus hijos no vivan con su pareja antes de casarse. Finalmente, la decisión de no vivir juntos sin casarse, es un ejemplo para futuros hijos y nietos, de que la pareja respeta a Dios y a Su Iglesia.
Estadísticas.
Aunque a nadie le gusta que lo consideren una estadística, podemos aprender mucho de las parejas que han vivido juntas sin casarse y de lo que ellas han aprendido.
Las parejas que viven juntas antes de casarse tienen una probabilidad de un 50% mayor de divorciarse, que las que no lo hacen (1).
El convivir antes de casarse debilita el compromiso de casarse porque produce actitudes y valores que aumentan la probabilidad de divorciarse (2).
El concubinato está relacionado con una menor exclusividad sexual después del matrimonio. (Es decir, el adulterio es más común.) (3)
Los que viven juntos sin casarse afirman que contraen matrimonios que son menos felices, tienen menos comunicación con su cónyuge y un compromiso menos fuerte con la institución del matrimonio que los que no viven juntos antes de casarse (4).
Las evidencias que proporcionan estas estadísticas claramente indican, que aquellos que deseen tener un matrimonio sano y duradero, no deben vivir juntos antes de casarse. Todas estas son las razones por las cuales la Iglesia Católica siempre ha enseñado que el concubinato es un pecado y además es malo para la pareja, inclusive después de su matrimonio. Por tanto, una persona honesta y sincera se dará cuenta de que ese comportamiento no es bueno para su futuro.
Vivir juntos no funciona.
Las investigaciones muestran que los matrimonios que empezaron "viviendo juntos" tienen una frecuencia de divorcio de un 50% mayor.

miércoles, 4 de julio de 2007

El deseo sexual sin amor

Fuente: DOMINGO 27/6/2004 ABC

ENRIQUE ROJAS
Catedrático de Psiquiatría


El sexo con amor forma parte del camino hacia el desarrollo humano en el ámbito de la pareja .


La sexualidad humana ofrece una enorme complejidad. Sin embargo, su impulso fundamental es de tipo instintivo. Es la personalidad, formada por la inteligencia, la educación afectiva y la voluntad la que diferencia la sexualidad humana de la animal. La sexualidad es un elemento básico de nuestras vidas, y forma parte, de manera intrincada e inseparable, del mas grande de los sentimientos: el amor.
Aunque el estallido de la sexualidad se produce a partir de la pubertad, en realidad nos acompaña desde nuestro mismo nacimiento.Como Freud y otros estudiosos descubrieron, el niño presenta ya una faceta sexual desarrollada, que influye en la evolución de su personalidad
y que puede determinar, al menos en parte, su vida adulta.
Por todo ello es conveniente asumir la sexualidad como algo perfectamente natural, pero también como un factor vital que, relacionado con el deseo, debe ser educado. Como se supo desde los mismos comienzos de la psiquiatría moderna, la represión de la sexualidad puede producir trastornos; igualmente la entrega a una sexualidad descontrolada da lugar a una vida insatisfactoria e infeliz dominada por los impulsos hedonistas.
Las teorías sobre la sexualidad humana son numerosísimas, y tal vez no haya otro tema sobre el que se haya escrito tanto a lo largo de la historia. En realidad no fue hasta finales del siglo XIX que la sexología se convirtió en una ciencia gracias al libro Estudios sobre psicología sexual, del mencionado Ellis. En esta obra se analizaba por primera vez la sexualidad desde un punto de vista general, desvinculado del erotismo.
Ellis estudió la relación de pareja, la respuesta sexual de hombres y mujeres, o problemas como la frigidez y la impotencia. Desde entonces ha habido multitud de autores que se han dedicado a este tema que, sin duda, atrae, sorprende y fascina al ser humano: Kinsey, Master, Jonson, Pellegrini, Giese, Lorando...
El planteamiento ha sido distinto en cada caso. El marco ideológico en el que hoy se sitúa la sexualidad en muchos ambientes tiene tres notas negativas que debemos combatir: el agnosticismo (ignora su vertiente espiritual), el utilitarismo (enaltece lo útil y placentero como
esencial) y el positivismo (el sexo por si mismo, sin más). Unos han preferido concentrarse en detalles técnicos; otros han buscado una mejor expresión de las necesidades sexuales; algunos
han querido desmitificar el sexo, restándole importancia como cosa natural que es; y otros han preferido indagar en los medios para incrementar el placer.
Todos ellos, sin embargo, han coincidido en un punto: la sexualidad humana es variada, exclusiva de nuestra especie, pero guarda un poso animal en su impulso de base. Independientemente del punto de vista , casi todos los autores señalan, por una razón o por otra,
que hay que evitar dejarse dominar por ese impulso instintivo que priva a la sexualidad de sus mejores facetas y convierte la relación de pareja en un mero choque genital para satisfacer un apetito apremiante.
Por desgracia, estas sugerencias no parecen haber prendido en la sociedad moderna, agobiada por la inmediatez, el hedonismo, el consumismo y la permisividad.
Alcanzado el placer físico, la persona se siente vacía —como siempre que se realiza un deseo de manera impulsiva e impersonal— y esto produce sentimientos de culpa, obsesión y neurosis.
Convertir el sexo en una «religión», lo que parece ser una de las normas de la modernidad, es un error. La sexualidad es solo una parte del ser humano, importante, pero no la mas importante,
ni tampoco la única.
La sexualidad humana es, pues, algo mas que conseguir un orgasmo rápido. Es parte de una relación profunda entre dos personas, el inicio de un proyecto común que, partiendo de lo corporal, termina en una fusión psicológica , cultural y espiritual. La función básica de la sexualidad en la naturaleza es asegurar la continuidad de la especie por medio de la reproducción, pero en el género humano es algo mas.
La sexualidad es parte del amor, y el amor conduce al perfeccionamiento de la persona y a la verdadera felicidad. Para que la sexualidad sea satisfactoria y surja el amor es necesario saber controlar el deseo.
La sexualidad es una parte del amor, pero no es lo mismo que éste. Por el contrario, el sexo con amor forma parte del camino hacia el desarrollo humano en el ámbito de la pareja. El conocimiento del universo afectivo es importante en la vida sexual de la pareja. Forma parte de la educación del deseo, y permite disfrutar de una sexualidad mas completa, por cuanto hace que entren en el juego elementos como el autocontrol, la voluntad y el dominio sobre los impulsos. Las personas que se dejan gobernar por sus deseos inmediatos terminan siendo prisioneras y juguetes del momento y se convierten en egoístas incapaces de mantener una verdadera relación comprometida.
Hay que tener en cuenta que la sexualidad no es un fin en si misma, sino parte de un entramado. La relación sexual conamor auténtico esuna sinfonía donde se hospedan lo físico, lo psicológico, lo espiritual y la propia biografía. El amor ha sido una de las fuerzas que ha movido a la humanidad a lo largo de la historia. En nuestra tradición cultural occidental fueron, por supuesto, los filósofos griegos los primeros en estudiar detalladamente la naturaleza del amor. Entre sus conclusiones destaca la tesis de que el amor surge primero de un deseo físico, pero que luego se perfecciona en una relación mas profunda caracterizada por el afecto.
El cristianismo elevó el amor a la categoría de valor universal. El amor, tanto a Dios como al prójimo, es la máxima expresión del carácter humano y lo que verdaderamente nos convierte en seres superiores. El amor sería una suma de valores, como bondad, compromiso y generosidad. La idealización del amor cortés en la Edad Media corrompería en parte este concepto superior, al iniciarse un «vaciado» de la relación de pareja que alcanza su «cumbre» en los últimos compases del siglo XX. El Renacimiento proseguiría en esta línea y se iría alejando del concepto de amor pleno de la tradición cristiana original. La Celestina, y mas tarde Romeo y Julieta, son los precedentes de un nuevo concepto de amor que se va desarrollando poco a poco hasta llegar a la definición del amor del primer gran filósofo moderno, Descartes. Para el pensador francés el
amorera una de las pasiones fundamentales del ser humano —junto al deseo o el odio, entre otras—. Pascal estableció su famosa máxima: «El corazón tiene razones que la razón desconoce». El enciclopedista Diderot llegó aún mas lejos con una frase que, en nuestra opinión, es absolutamente errónea, pero que da buena fe de la forma de pensar de la ilustración:
«Se dice que el deseo es fruto de la voluntad, pero lo cierto es lo contrario:
la voluntad es fruto del deseo». En suma, se había llegado a la culminación de un proceso intelectual que separaba el amor del intelecto, como si fueran aspectos independientes.
Esta lógica, equivocada en nuestra opinión, condujo paso a paso al desarraigo del fín del milenio.
El amor, elaborado como pasión exaltada por los autores románticos, devino sentimiento vacío, expresión del hedonismo apresurado, y quedó privado de su verdadero valor como herramienta para alcanzar la plenitud del espíritu.
En la actualidad vemos los resultados de todo ello: una multitud de personas desorientadas, dominadas por el consumismo y privadas de felicidad. Todo el mundo nota que algo va mal, pero
no sabe decir exactamente qué. Es hora de efectuar un giro, de realizar un esfuerzo de superación tanto personal como social. La personalidad es una provincia de la afectividad. Grandes errores psicológicos arrancan de aquí, de separar el sexo y el amor.

El sexo como juego

Fuente: abc. 29/01/05


ENRIQUE ROJAS
Catedrático de Psiquiatría


La sexualidad es parte del amor. Y el amor debe conducir a la mejora personal y aproximarnos a mayores gradientes de felicidad.


El tema del preservativo está coleando. Hoy mi articulo no va a referirse a ese artilugio, sino a la antropología de la sexualidad.
Hay una sexualidad animal y otra humana. Las diferencias son de largo alcance, aunque en ambos se da la unión sexual (apareamiento y relación íntima completa).

Hay tres teorías especialmente vigentes en estos momentos sobre el tema:
1) el agnosticismo en el campo teórico, que declara que el conocimiento humano no puede conocer todo lo que aquí reside e ignora una antropología sexual;
2) el utilitarismo, que considera a la utilidad como principio básico de la conducta;
y 3) la visión integral de la sexualidad, que subraya que la sexualidad es un componente fundamental de la persona y que ésta no es algo puramente físico (genital), sino que mira al núcleo íntimo de la persona. Aquí se mezclan conartey armonía lo físico, lo psicológico, lo espiritual y lo biográfico.

La sexualidad humana es un bien. Podemos definirla como un lenguaje del amor. La separación entre sexo y amor es un defecto grave, porque limita y empobrece ese encuentro, ambos deben formar un binomio irrenunciable. Si nos preguntamos donde debe estar ubicado el mundo sexual, en qué parcela debemos encuadrarlo, la respuesta según los criterios de una antropología sólida y positiva es: dentro de la afectividad.

Es en el espacio de los sentimientos donde debe alojarse. La sexualidad es parte del amor. Y el
amor debe conducir a la mejora personal y aproximarnos a mayores gradientes de felicidad. El sexo con amor es el mejor camino para el desarrollo armónico de la pareja.

El ser humano es su cuerpo, pero no se agota en él. Sus principales dimensiones son cuatro:
1. El plano físico: es la base material de nuestro cuerpo. Ahí está la genitalidad, que conduce al final del acto sexual, con la penetración del pene en la vagina. De aquí emerge el orgasmo, la vivencia placentera que acompaña a ese unión sexual.
2. El plano psicológico: es la mente, los sentimientos, la sinfonía de ingredientes diversos que se hospedan dentro de nuestro patrimonio psicológico y que van desde la percepción a la memoria,
pasando por la inteligencia, la voluntad y los deseos. Toda una rica geografía de elementos diversos, que forman el mapa del mundo personal. Debe darse un encuentro de dos realidades
que se enriquecen recíprocamente, mucho mas que meros objetos.
3. El plano espiritual: es quizá el más complicado de definir, ya que es una esencia interior que no puede ser contemplada empíricamente. Lo espiritual hace más humano al hombre y lo eleva
de nivel y lo mueve hacia la trascendencia.
Es el paso de lo natural a lo sobrenatural, de la física a la metafísica, de la inmanencia a la trascendencia. Es la aspiración a lo absoluto.
4. El plano biográfico: en la relación sexual, dos personan se cruzan cada uno con su historia particular, con toda la grandeza y profundidad que ello significa.

Hay dos modos contrapuestos de relación sexual que quiero dejar claros.
Uno es la relación sexual sin amor verdadero: es preindividal y anónima, es más bien una relación genital en la que se usa el cuerpo del otro como objeto. Puede ser con el consentimiento de los dos (los dos se utilizan) ó a sabiendas sólo de uno de ellos. El sexo sin amor es algo animal, es lo que hacen los animales cuando se aparean y el acto se convierte en una reacción institiva, primaria, quese dispara ante el estímulo erótico.

Esta es una sociedad obsesionada con lo sexual, que lo ha convertido en objeto de consumo. Hay, simultáneamente, una divinización del sexo (sexo a todas horas, sobre todo en los medios de comunicación social, especialmente la televisión) y a la vez, una trivialización (como algo divertido, de usar y tirar, intrascendente, como pasatiempo). Se trata por tanto de una relación cuerpo a cuerpo, esta es una sociedad en donde con alguna frecuencia las personas son utilizadas como si fueran cosas. En esas circunstancias está en primer plano el concepto de desechable, tiplo kleenex, de uso sin más, son contactos sin vínculos, una apoteosis de los superficial y epidérmico, en donde uno se busca más a si mismo que al otro, en una actitud claramente egoísta y narcisista. Por eso la expresión «hacer el amor» me parece desafortunada e inexacta, pero se ha popularizado. No eres mas libre cuando haces lo que te apetece y te pide el cuerpo, sino cuando eliges aquello que te hace más persona.
Hoy en día vemos, a menudo, lo siguiente: el hombre fingiendo amor lo que busca es sexo, mientras que la mujer fingiendo sexo lo que busca es amor.
Lo dejo ahí, para que el lector extraiga las conclusiones que le parezcan.

En el otro extremo está la relación sexual con amor autentico y comprometido, cuya principal característica es que se trata de una relación integral, tomando esta palabra en toda la riqueza
de su expresión: es un encuentro íntimo que no es solo físico (genital), no solo psicológico (dos estilos y formas de ser), ni solo espiritual (espiritualista, algo propio de gentes «especiales»), ni solo biográfico... sino que es todo es a la vez y al mismo tiempo, formando una espléndida sinfonía de belleza que es capaz de ensamblar armónicamente todos los componentes que tiene el ser humano.
El que así actúa se puede decir que es íntegro y esa es una relación persona a persona. Se trata de una creación brillante, que redescubre la dignidad de la relación hombre-mujer, que tiene el coraje y la grandeza de ir contra corriente en una sociedad consumista de sexo desvinculado, tirando por la borda la relación puramente genital (sexo sin más).
La sexualidad con amor de verdad es un universo simbólico construido sobre los cuatro pilares claves: físico, psicológico, espiritual y biográfico. Las raíces son físicas; las ramas son psicológicas
y biográficas; la sabia es espiritual.
Hoy se ha instalado en el corazón de nuestra sociedad el sexo a todas horas como divertimento, como pasatiempo sin más referentes. Es una cosificación degradante, con dos notas paradójicas:
el sexo convertido en religión y el sexo trivial. El serhumano banalizado, encanallado, insignificante para lomás grande e íntimo, que reduce la sexualidad al placer genital y alorgasmosu icono definitivo.
Nos sumergimos así en la sexual performance: las marcas ó retos sexuales. Un sexo que se vuelve mentira y niega lo mejor la persona. La moral sexual no es un corsé que aprisiona, sino el arte de usar de forma correcta la libertad, la aspiración a lo mejor, a la excelencia. La obra bien hecha permanecerá.

martes, 3 de julio de 2007

Reflexiones sobre las relaciones matrimoniales

Fuente: www.arvo.net

Parece un hecho frecuente, incluso habitual, que la gente joven manifieste casi con urgencia su amor por el otro, por la otra, llegando a relaciones sexuales íntimas en cuanto se manifiesta la atracción de la una por el otro, de la otra por el uno.
Por Gloria María Tomás y Garrido

Voy a tratar de argumentar esta realidad, a partir de las experiencias globales, que todos tenemos, y que pueden dar lugar a posteriores conversaciones personales, prácticas y profundas, quizás privadas, porque hay asuntos en que la argumentación intelectual no parece suficiente ni completa. De fondo, y sin tapujos, defendería el bien de cada persona, sin componendas, fruto de muchas cosas, entre las que destacaría la amistad, la ciencia, y la experiencia.
El poeta Virgilio dice en La Eneida “¿Son los dioses lo que han puesto este ardor en nuestro espíritu? O por el contrario ¿hace cada uno un dios de su deseo...?
”Cada uno podemos también gritar como Virgilio, o al menos, hemos podido tener ganas de hacerlo; es que la persona humana, con su inteligencia, penetra las posibilidades de la sexualidad, las hambres de afecto... ; los animales no; carecen de imaginación erótica; ni crean, ni recrean, ni autoconstruyen sus placeres, sus deseos y sus amores...
Enamorarse es algo muy grande y resulta difícil ponerle límites. El amor cuenta con ¡tantos ingredientes! tiene de todo un poco; se siente algo, se necesita algo, se tiene que expresar ese algo...; toda la persona, también los gestos corporales, comienzan a actuar y a crecer. Y viene ese runruneo auténtico del «... me siento muy cercano a ti, quiero decir todo eso que quiero sentir; quiero sentir todo eso que quiero decir... ; quiero ya en presente, todo ese proyecto de futuro que estaba buscando y que lo encuentro contigo; mis gestos corporales piden autenticidad, quiero abandonarme en ti, y perder la conciencia, y dejarme llevar, y sentir y amar...»
Todo eso es verdad, y es muy bello, aunque, dichosamente, es sólo la punta del iceberg de todo lo que es el amor humano; el gesto corporal amoroso pide intimidad y la intimidad pide la elocuencia del cuerpo... ; la intimidad corporal es manifestación de amor, mas si reducimos a eso el amor, si centramos los comportamientos humanos en el “adelanto” de mecanismos sexuales, si no está en el marco idóneo, se resquebraja lo genuino de la conyugalidad: la relación de las almas, la concordia de los caracteres, y tantas otras formas de ternura y de compromiso; también ante el dolor y el sufrimiento.
Si la sexualidad se pone como lo único y lo primero en las relaciones amorosas hombre-mujer, la experiencia dicta que nos incapacitamos para lo que justamente buscábamos ¡cuántos matrimonios rotos y desilusionados...!
Pienso que, en parte, se ha reducido la biografía humana a la pura biología; se ha equiparado la calidad biológica a la calidad humana; el amor humano presentido ha quedado opaco; se pierde, por desprotección, la capacidad de ver de modo contemplativo, racional, poético, natural...
Las relaciones sexuales del hombre con la mujer están hechas y llamadas para la exclusividad: ahí la sexualidad manifiesta toda su belleza y su sentido originario; con un amor recíproco, para siempre, que es lo que protege esas relaciones y las fortifica.; la reciprocidad es una intuición muy profunda, es una parte de la vocación interior del ser humano varón hacia el ser humano mujer, el destino a la comunión, “a estar con...”; la sexualidad humana es donación y apertura a la vida... precisamente por ello haya dos cosas integradas en estas relaciones sexuales: el hijo, y las normas.
En la relación esponsal, en el amor que una da al otro, o uno da a la otra, se manifiesta en el hijo. Hijo y Amor. Coinciden el más profundo acto unitivo corporal del amor con el hecho de concebir: intimidad y donación; donación y fruto. Así lo expresa el poeta Miguel Hernández, no precisamente un conservador: “He poblado tu vientre de amor y sementera/ he prolongado el eco de la sangre a que respondo/ y espero sobre el surco como el arado espera:/ he llegado hasta el fondo./
De otra parte, todos comprobamos que lo valioso merece una protección; así lo vivimos tradicionalmente: desde la cajita para guardar una joya, a la funda de un ordenador portátil, pasando por las finísimas membranas que recubren nuestros órganos vitales.
Afirmo que sólo desde la belleza de la sexualidad cabe pensar en una educación en ella; para eso está el matrimonio; como una especie también de marco de protección, de lugar idóneo de amor.Hace ya algún tiempo, en un viaje a Amberes, la tierra de Rubens, aprendí que este genial y prolífico maestro, con toda su fogosidad, en sus numerosas obras, permitía a sus discípulos que pintaran los cuerpos humanos, pero no delegaba en sus discípulos el que pintaran los ojos; eso se lo reservaba a él... ; es que de alguna forma, en el mirar se encuentra algo de lo genuino de la persona, es su inteligencia, y su corazón y...es mirar más adentro.
La vida matrimonial es donación cumplida no prometida; el sentido de la parte se recibe del todo. Acogerse a las reglas naturales, canónicas, civiles, religiosas... no es plantearse que de su observación se deducirá si la sexualidad es mala o buena ¡no!; tenemos reglas porque hay una bondad que pide a la libertad humana saber venerar y respetar esa sexualidad. En resumen, habrá que seguir lo que dijo Cervantes: “ que es de vidrio la mujer/ pero no se ha de probar si se puede o no quebrar/ porque todo podría ser/ y no es cordura ponerse/ a peligro de quebrarse/ lo que después de romperse/ ya no puede soldarse/.
Si el pacto matrimonial queda debilitado u oscurecido por la falta de dominio, por la prisa, por la no coherencia en la identidad relacional, queda, al final, sólo la soledad... ¡que pena!La vida humana, las relaciones con los demás, el amor que podemos dar y recibir es muchísimo más que lo que la apariencia nos muestra, que lo que la fría técnica posibilita, o lo que una opinión pública generalizada y resquebrajada de algunos valores nos ofrece.
El amor entre hombre y mujer tiene su significado en la construcción de la familia, a través del matrimonio. Es la familia una de las sociedades que corresponde más inmediatamente a la naturaleza del hombre; en ella se facilita la consideración de los demás como “otro yo”, se cuida de su vida y de los medios necesarios para vivirla digna y casi siempre felizmente; allí cada miembro brilla con luz propia, es el rostro de alguien amado; con Dante digo y me recuerdo “Un amor che nella mente mi raggiona”.

martes, 26 de junio de 2007

Amor triunfal de dos personas sexuadas

Fuente: http://www.arvo.net/






Hablar de castidad en pleno siglo XXI puede parecer chocante y anacrónico. Tal vez porque, erróneamente, ese término suele aludir a un conjunto de negaciones del todo ajenas al amor, hasta acabar por identificarse con la pura y simple abstención del trato corporal.

Por Tomás Melendo

1. Acrecentar el cariño.
2. Fomentar la atracción.
3. Tú y solo tú.


Hablar de castidad en pleno siglo XXI puede parecer chocante y anacrónico. Tal vez porque, erróneamente, ese término suele aludir a un conjunto de negaciones del todo ajenas al amor, hasta acabar por identificarse con la pura y simple abstención del trato corporal. Para san Josemaría Escrivá, por el contrario, la castidad conyugal era una virtud tremendamente afirmativa, "una triunfante afirmación del amor", como recoge el título de este artículo. Y lo explicaba así: "La castidad -no simple continencia, sino afirmación decidida de una voluntad enamorada- es una virtud que mantiene la juventud del amor en cualquier estado de vida".

Refiriéndola a los casados, y con palabras que recuerdan las antes citadas, la castidad conyugal sería la virtud que hace posible y facilita que a los quince, veinte, veinticinco o muchos más años de matrimonio, cada esposo se encuentre tan enamorado del otro y éste le resulte tan atractivo, en todos los sentidos del término, como aquel día ya lejano en que los dos quedaron recíprocamente prendados; o mejor, porque es más cierto, mucho más amable y arrebatador que entonces, por cuanto el cariño prolongado le ha conducido a descubrir y ahondar en su riqueza personal y en su hermosura más real y certera.

La castidad, por consiguiente, es algo grande, excelso, positivo, que no se limita o resuelve en un conjunto de prohibiciones y que va mucho más allá de los dominios de la mera genitalidad. Su objeto propio, como el de toda virtud, es el amor: En este caso, el amor de dos personas sexuadas -varón y mujer- y justo en cuanto tales. Y su fin, hacer que se despliegue y fructifique ese cariño en todas y cada una de sus dimensiones, no sólo en las directamente relacionadas con el trato corporal ni genital. De esto continuaré hablando en próximos artículos.

Acrecentar el cariño
Se entiende entonces que el principal y más definitivo acto de esta virtud consista en fomentar positivamente, con las mil y una finuras que el ingenio enamorado descubre, el amor hacia el otro cónyuge.
Por eso, para vivirla en toda su grandeza, es oportuno que cada miembro del matrimonio dedique expresamente todos los días unos minutos a decidir aquel o aquellos detalles de cariño y delicadeza con los que dará una alegría al otro y elevará la calidad y la temperatura del amor mutuo; como también que ponga todos los medios a su alcance para que esas manifestaciones de afecto decidido lleguen a cumplirse, teniendo en cuenta que si no se empeña en darles vida es muy posible que el trabajo y las demás ocupaciones las dejen en simple "buena intención".
De manera similar, un marido enamorado tiene que estar dispuesto a repetir muchas veces al día a su esposa, junto con otras manifestaciones de afecto, que la quiere. ¡Claro que ella ya lo sabe! Pero necesita de forma casi perentoria que semejante confirmación gozosa le entre por los oídos muy a menudo: es una delicadeza aparentemente mínima, pero que la reconforta y le da vigor para seguir en la brega, a veces ingrata, de sacar adelante con bríos renovados el hogar y la familia. Y el varón, por su parte, además de agradecer también en muchos casos la declaración paralela de su esposa, necesita pronunciar esas palabras para reforzar, mediante la afirmación expresa y materializada, los quilates de su amor y de su fidelidad.
Además, y por poner otro ejemplo, marido y mujer han de esforzarse asimismo con frecuencia por sorprender a su pareja con algo que ésta no esperaba y que revela su aprecio e interés por ella. No sólo en los días señalados, en los que esas manifestaciones "ya se suponen", sino justo en aquellos otros en los que no existiría ningún motivo para tener una atención especial... ¡excepto el cariño enamorado de los cónyuges, siempre vivo y siempre creciente! Teniendo en cuenta, por otro lado, que lo importante es ese fijar la mirada en el otro, dedicarle tiempo y atención, y no necesariamente el valor material de lo que se ofrenda.
En la misma línea, para vivir la plenitud del amor que aquí estamos considerando, resulta imprescindible que los cónyuges sepan encontrar ratos para estar, conversar y descansar a solas, en las mejores condiciones posibles, venciendo la pereza inercial que a veces pudiera acosarles. Sin hacer de esto un absoluto, sino a modo de simple sugerencia, una tarde o una noche a la semana dedicada en exclusiva al matrimonio, además de facilitar enormemente la comunicación, constituye uno de los mejores medios para que la vida de familia -y, por tanto, el cariño hacia los hijos- progrese y se consolide, hasta dar frutos sazonados de calidad personal.
Por eso, la solicitud y el mimo a la propia pareja debe anteponerse a las obligaciones laborales y sociales y, si valiera la contraposición un tanto paradójica, incluso al cuidado "directo" de los niños... que quedará potenciado por el amor mutuo de sus padres.
Fomentar la atracción

A la vista de cuanto estamos viendo, resulta fácil comprender que es un acto de virtud -de la virtud de la castidad, en concreto- hacer cuanto esté en nuestras manos para aumentar la atracción, también la estrictamente sexual, a y de nuestro cónyuge.
Particularmente, parece manifestación de buen sentido aprovechar el gozo entrañable que Dios ha unido al abrazo amoroso personal e íntimo para resolver pequeñas discrepancias o desavenencias surgidas durante el día, para poner fin a una situación de tirantez, o para relajarse en momentos en que la vida profesional o familiar de uno u otra generan especiales tensiones. Como consecuencia, entre otras cosas, ambos tendrán que prestar atención a su aspecto físico.
Como también resulta imprescindible, y estamos ahora ante una cuestión más de fondo y de conjunto, que ambos esposos sepan presentarse y contemplarse, a lo largo de toda su vida, por lo menos con el mismo primor y embeleso con que lo hacían en los mejores momentos de su etapa de novios. Obrar de otra manera, dejar que el amor se enfríe o se momifique, equivale a poner al cónyuge en el disparadero, propiciando que busque fuera del hogar el cariño y las atenciones que todo ser humano necesita la cualquier edad!... y que nunca deben darse por supuestos.
Situada en este horizonte vital, la mujer debe estar persuadida de que la fecundidad embellece y de que su marido posee la suficiente calidad humana para apreciar la nueva y gloriosa hermosura derivada de la condición de madre.
Ciertamente, la maternidad reiterada suele "romper las proporciones materiales" que determinados y superficiales cánones de belleza femenina pugnan por imponernos. Pero el menos perspicaz de los maridos, si se encuentra de veras enamorado, advierte el esplendor que esa "desproporción" lleva consigo; reconoce que su mujer es más hermosa -e incluso sexualmente más atractiva- que quienes se pavonean con un remedo de belleza reducido a "centímetros" y "contornos". A poca sensibilidad que posea, un varón descubre embelesado en el cuerpo de su mujer, acaso menos vistoso: I) el paso de su propio amor de marido y padre; II) la huella de los hijos que ese cariño ha engendrado; III) la tarjeta de visita del Amor infinito de todo un Dios creador, que les demos! tró su confianza al dar vida y hacer desarrollarse en el seno de la esposa a cada una de esas criaturas... ¡Cómo no habría de sentirse cautivado por semejantes enriquecimientos!.
Después de bastantes años de casado y de trato con otros matrimonios, en ocasiones experimento la necesidad de pedir a las esposas que se "conformen" con gustar a sus maridos... y gocen plenamente con ello. Que, sobre todo con el correr del tiempo, no pretendan "gustarse a sí mismas" son sus críticas más feroces- ni admitan comparaciones con sus amigas o con otras personas de su mismo sexo... y mucho menos con las más jóvenes. Que crean a pies juntillas a sus esposos cuando éstos le digan que están muy guapas, sin oponer siquiera en su interior la más mínima reserva... Toda mujer entregada -esposa y madre- debe tener la convicción inamovible de que incrementa su hermosura radicalmente humana en la exacta medida en que va haciendo más actual y operativa la donación a su esposo y a sus hijos.
Tú y solo tú
La otra cara de la virtud de la castidad, aparentemente negativa, pero derivada de la misma necesidad de hacer crecer el cariño mutuo, podría concretarse en la obligación gustosa de evitar todo lo que pudiera enfriar ese amor o ponerlo entre paréntesis, aunque fuera por unos minutos. Por tanto, el sentido de esa renuncia es eminentemente positivo: de lo que se trata, también ahora, es de que el amor conyugal madure y alcance su plenitud. No debería olvidarse este extremo si se quiere comprender a fondo el verdadero significado de la virtud de la castidad, su valencia de tremenda afirmación.
Si nos atenemos a quienes se hallan unidos en matrimonio, que son los que aquí estamos contemplando, esa afirmación, tomada en serio, se constituye en criterio claro y delicadísimo de amor al cónyuge. Para el hombre casado no puede existir otra mujer, en cuanto mujer, más que la suya. Obviamente, ese varón (y lo mismo, simétricamente, se podría afirmar de su esposa) se relacionará con personas del sexo complementario: compañeras de trabajo, secretarias, alumnas, coincidencias en viajes... Y la educación y el respeto le llevará comportarse con ellas con delicadeza y deferencia. Pero a ninguna la tratará en cuanto mujer -poniendo en juego su condición de varón, que ya no le pertenece-, sino exquisitamente en cuanto persona.
Y esto, que de entrada podría presentarse como en exceso teórico e incluso artificial y alambicado, tiene una traducción muy clara y operativa: todo lo que yo hago con mi mujer justamente por ser mi mujer debo evitarlo al precio que fuere con cualquier otra: lo que comparto con ella por ser mi esposa no puedo compartirlo con nadie más.
Aunque estemos ante personas aparentemente maduras, en este punto es muy fácil ser ingenuos. Pues, en principio, y después de unos cuantos años de tratar a diario con nuestra pareja en los momentos de alza y en los de bancarrota, cualquier otra mujer o cualquier otro varón se encuentran en mejores condiciones que los propios para presentar ante nosotros "intermitentemente" -en los aislados espacios de trato mutuo- su cara más amable. No nos los encontramos sin arreglar, recién levantados o levantadas, cuando podría incluso decirse que "simplemente no son ellos/as"; ni suelen estar cansados o cansadas, ni tienen que resolver con nosotros los problemas planteados por los hijos o los quebraderos de cabeza de una economía no muy boyante... Arreglado o arreglada, dispuesto casi por instinto y con la más limpia de las intenciones a gustar y caer bien, pueden dar de sí lo mejor que poseen, sin que exista el contrapeso de los momentos duros y de flaqueza que por fuerza se comparten ! en el interior del matrimonio. Además, él o ella suelen ser más jóvenes y más comprensivos (entre otras cosas, porque no nos conocen a fondo), y se encuentran pasajeramente adornados con muchas prendas que, de manera un tanto artificial, engalanan su figura y su personalidad ante nuestra mirada -en esos momentos no del todo perspicaz-... y que el trato continuado y duradero sin duda devolvería a sus auténticas dimensiones.
Para redondear esta idea, y para ir terminando lo que de otro modo resultaría inacabable, añadiré que es bastante difícil que una mujer distinta de la propia deje de comprender los problemas que sufrimos en nuestro hogar y en nuestro matrimonio y de experimentar, al conocerlos, una sincera compasión por nosotros. Como también es improbable -aunque por motivos muy distintos- que un varón deje de entender los de una mujer casada si cede a que se los explique. En los dos casos es menester una categoría hoy por desgracia no muy frecuente para quedar mal y rechazar de manera educada pero decidida ese tipo de confidencias.
Y todo ello resulta, sin embargo, necesario para no enredar con la dicha propia y ajena y poner a nuestros "hijos" en un brete, vendiendo la grandeza profunda de una vida de familia vivida en plenitud por el superficial embeleso de unos momentos de satisfacción egocéntrica. El amor que empapa nuestro hogar nos llevará a eludir esas gratificaciones aparentes, con objeto de robustecer los cimientos de nuestra felicidad en el matrimonio.

sábado, 23 de junio de 2007

Aprender a amar.


Fuente: iglesianavarrajoven.org (Delegación de pastoral de juventud, universitaria y vocacional de la diócesis de Pamplona y Tudela)

Hemos de ser conscientes del contexto en el que nos toca vivir, y del desafío al que os enfrentáis. La humanidad vive un período nuevo de la historia y nos encontramos en una sociedad cuyo talante viene reflejado muy bien en la palabra light. El hombre de hoy es hedonista y consumista, compra cada mañana una cosa nueva y a la tarde la tira porque es vieja. Es relativista y escéptico, prefiere un pensamiento débil que no le comprometa. Nuestra época es la época del feeling, del sentimiento; se vive de impresiones, impactos sensoriales o emocionales, de lo pasajero.

Las relaciones personales afectivas están impregnadas de este modo de concebir la vida. Por ello, este mundo se caracteriza por la manipulación emocional y el manoseo afectivo, en el que se busca entrar en la intimidad del otro para manipularlo y conseguir que el otro sea objeto del propio placer.

Sin embargo, todos somos conscientes de que el ser humano tiene necesidad de vivir el amor, y esto lo experimentamos en una doble vertiente: deseamos recibir amor, es decir cariño, amistad, solidaridad.... pero también deseamos dar amor, la entrega de sí mismo al otro en todo su ser.

La psicología nos enseña que éstos son los rasgos del amor y que forman parte de la vida del hombre de tal modo que son necesarios para su desarrollo y educación. Además, la meta de todo proceso de maduración está en el desarrollo de la capacidad de amar.

Hoy se da por supuesto que todo el mundo sabe amar, y no se dedica tiempo a hablar y cultivar el amor en todas sus dimensiones. Es cierto que en los medios de comunicación se dedica un tiempo a ello, pero en la gran mayoría de las ocasiones haciendo de ello un espectáculo y/o reduccionismo al campo sentimental o biológico.

Hablar de amor es algo que está muy oído, muy usado, es un tema que está repetido en canciones, slogans, televisión...sin embargo, no siempre esto es expresión del amor.

Durante los últimos años hemos asistido a la reducción del amor al sexo, y hoy es una osadía hablar del amor en serio. Todo esto es consecuencia de la Revolución Sexual que comenzó desvinculando la sexualidad de la procreación, posteriormente desvinculó la sexualidad del amor, para acabar finalmente relativizando el cuerpo perdiendo su dignidad y pudiendo ser manipulado. Esto se manifiesta en relaciones sexuales sin compromiso, anticoncepción, post-coitales, aborto, desviaciones sexuales; en definitiva una cultura de soledad y muerte.
Los frutos de esta revolución son el aumento de personas que sufren un proceso de maduración personal deficiente, marcado por profundas carencias afectivas y emotivas; el aumento de matrimonios rotos y el número de amistades o compromisos fracasados. Por ello, hoy más que nunca es necesaria la Revolución del Amor para la cual es necesario aprender a amar, educar el corazón.

Es necesario hablar, dedicar un tiempo al amor, ya que es la única empresa realmente importante nuestra vida: ¡cuánta gente se dedica a grandes empresas y proyectos y al final de su vida se sienten fracasados porque han fracasado en el amor.
Sin embargo, no basta con hablar del amor, hay que aprender a amar. Podemos decir que el amor surge de forma espontánea, y, si esto es cierto, también lo es que para que el amor permanezca requiere un esfuerzo.

Tenemos que aprender a amar como desde pequeños aprendemos a desarrollar el resto de nuestras capacidades: hablar, andar, jugar, pensar.... y también a amar; y, esto lo aprendemos desde niños en la familia donde nos sentimos queridos por nosotros mismos.

Siendo algo tan importante hay que dedicarle tiempo y esfuerzo porque amar es un arte; por eso, quien más sabe de amor no es quien más ha leído sino quien más ha amado. Muchas de nuestras madres son expertas en amar, y si les pidiéramos que nos explicaran como se ama en muchas ocasiones no encontrarían palabras, pero podemos aprender de sus hechos que son los que más hablan y enseñan.

El amor es uno de esos saberes que sólo practicándolo se alcanza y que al practicarlo transforma al propio sujeto.

En esta sociedad se hacen más necesarios que nunca jóvenes capaces de amar con autenticidad, que en su manera de vivir manifiesten una intención limpia al acercarse a los otros y al ofrecer su intimidad. Que garanticen con su vida una acogida libre y sana.

En la adolescencia y juventud es donde se empieza a hacer consciente la vivencia afectiva. Por ello habitualmente es donde empiezan las auténticas amistades. Una verdadera amistad entre chicos-chicas es una escuela de amor.

Educar el corazón, la afectividad, debe ser la médula de toda pedagogía familiar, escolar, de grupos, parroquias... Sin embargo, es un tema que permanece un poco en el olvido. Por eso, muchas personas llegan a la edad adulta sin ese equilibrio afectivo indispensable para vivir la vocación al amor, ya sea en el matrimonio o en la virginidad.
Se suele decir que el hombre es razón, inteligencia, pero la psicología va por otro camino. En la mayoría de las ocasiones, el corazón es el que mueve nuestro entendimiento. Por eso la educación del corazón es tan importante como la de la inteligencia. Sólo al calor de los estados afectivos, las ideas se transforman en actos, se hacen fecundas en la vida... Y si no, pensar por qué estáis aquí, qué es lo que os ha traído a este encuentro. Seguro que ha sido el deseo de amar, la amistad entre vosotros y con Jesús.

En nuestra sociedad, marcada como os decía por el hedonismo y el consumismo, y en la que no se da una auténtica educación del corazón, la afectividad tan imprescindible y decisiva en la vida, muchas veces acaba en dos desviaciones: sentimentalismo y sensualidad.

El sentimientalismo empieza por la sensibleria (necesidad de manifestación externa de afecto, de cariño). Primero te haces sensiblero para acabar siendo un sentimental (las cosas son buenas o malas dependiendo del sentimiento). El sentimentalismo te inutiliza para el auténtico amor.

La inseguridad es otra desviación de la afectividad no controlada. La hipersensibilidad unida a la imaginación exaltada provoca miedo, indecisión. La persona queda bloqueada para la acción. Perpleja, indecisa no acierta a tomar y mantener decisiones. Duda de todo, vive sin paz ni sosiego.

Por ello, para que nazca el amor es necesario encauzar todas nuestras potencias afectivas purificándolas de la sensibleria, del sentimentalismo.

La maduración afectiva estabiliza una vida pero no se consigue en un día. Actos constantes superando la sensibilidad nos conducen a triunfar en el amor. Casi cuarenta años de su vida necesitó Santa Teresa para alcanzar el equilibrio afectivo. Pero es una tarea que merece la pena, porque sólo al calor de los estados afectivos, las ideas se funden en actos, se encarnan fecundas en la vida, dando lugar a una renovación del mundo.

Aprender a amar es la gran tarea de la vida, especialmente en esta edad, porque es el momento en que se configura nuestra personalidad. ¿Pero qué es amar?

Amar es desear el Bien, y procurar el Bien para alguien, es la búsqueda del Bien, la Verdad y la Belleza ( e intentar que las otras personas lo consigan).

Esta búsqueda del Bien, normalmente surge como una necesidad en la adolescencia y lo primero que nos sucede es que nos encontramos con nosotros mismos y nos damos cuenta de que no somos ni todo lo buenos, ni bellos, ni verdaderos como nos gustaría ser. Ante este descubrimiento existe el riesgo de evadirnos: no quiero conocerme para no decepcionarme. Sin embargo, tenemos que conocernos con nuestras virtudes y nuestros defectos, y aceptarnos tal y como somos. Aceptar no significa consentir, por lo que en todo proceso de amor se intenta superar esas limitaciones.

Para que triunfe un proyecto de amor es fundamental amarse a sí mismo; esto quiere decir encontrarse a uno mismo y querer crecer en el Bien, la Verdad y la Belleza.

Para amarnos a nosotros mismos la primera condición es conocer y descubrir que somos únicos e irrepetibles; el día que hacemos ese descubrimiento adquirimos confianza en nosotros mismos.

Sin embargo, no basta con conocernos a nosotros mismos, tenemos que aceptarnos, y esta aceptación ha de ser de toda nuestra persona. Para triunfar en un proyecto de amor hay que aceptar cada una de las parcelas de nuestra vida, también aquellas que generan tensión, sabiendo que las que se puedan cambiar intentaremos cambiarlas, pero siempre habrá aspectos que no podamos transformar y que habremos de aceptar y querer.

La gran pregunta que nos podemos hacer es ¿cómo me puedo aceptar a mí mismo?. Hay una solución que se da con mucha frecuencia en el mundo moderno. “esas ideas olvídalas y en el caso de que surjan dí ¡qué maravilloso soy!. Sin embargo, sólo podemos aceptarnos realmente a nosotros mismos dejándonos amar, con nuestras miserias y nuestras grandezas, dejarnos amar de manera gratuita tal y como somos. De aquí la importancia de una familia en la que los niños crecen siendo queridos por lo que son, los grupos de amigos verdaderos....

Para que haya un auténtico amor hay que entregarse, pero para poder entregarnos primero tenemos que poseernos ya que nadie puede entregar lo que no tiene. Por lo tanto, si no nos poseemos a nosotros mismos, si no somos dueños de nosotros mismos, es muy difícil que podamos hacer un proyecto de amor auténtico.
Es importante que distingamos distintos tipos de amor:
- Amor sensible: supone vivencias en cuyo origen no se produce propiamente una decisión personal y libre, sino que está en función de unas sensaciones producidas por unos estímulos y ajenas a nuestra voluntad. Es algo que nos pasa, que padecemos. Esto sucede en el enamoramiento, donde una fuerza emocional intensa surge entre dos personas, es algo que nos ocurre, nos pasa muchas veces sin premeditación y de lo que en ocasiones no podemos ser dueños.

Hay personas que sienten despertar arrebatos de pasión y con el paso del tiempo ya no sienten lo mismo por esa persona, dejan de experimentar el mismo atractivo, los mismos sentimientos (ya no es como al principio...). Ante esta constatación, con frecuencia se buscan dosis mayores que produzcan la misma sensación y/o cambiamos de persona.

El amor tiene un componente sensible. Pero hay que aprender a ser dueño de los sentimientos para que no nos esclavicen. El amor sensible tiende a alimentarse de ensueños, novelas, fantasías. Puede llevarnos a situaciones en las que nos alejamos de nuestras obligaciones, nos lleva a decepciones, nos encerramos en nosotros mismos incapacitándonos para el amor verdadero. Amar con amor en que predominan los sentidos es tener hambre siempre, no saciarse nunca, pasar la vida sin amar. En el fondo es un amor egoísta y por tanto no es amor.

Nadie puede prometer que sus sentimientos van ser los mismos durante toda la vida porque los sentimientos comienzan e incluso pueden llegar a desaparecer. Los sentimientos no dependen de nosotros.
Por eso el amor es mucho más que un sentimiento.
- Amor verdadero: Amar es desear el Bien y procurar el Bien para alguien, es la búsqueda del Bien, la Verdad y la Belleza.
Amarse no es mirarse el uno al otro como si toda empezara y acabara en nosotros. No es un conjunto de miradas que se reflejan mutuamente. El amor es algo dinámico, creador, por eso aporta algo nuevo al mundo. La mirada amorosa y la vida que se hacen donación de amor, suponen salir de sí mismo. El amor no son dos personas que se miran mutuamente, sino que amante y amado miran juntos en una misma dirección; el amor es una forma de relacionarnos en la que salimos de nosotros mismos para ir al encuentro del otro tras un bien; por eso el amor auténtico es siempre fecundo, busca el bien, la verdad y la belleza.

Pero, ¿cuáles son las características de este amor?
1- En primer lugar he de decir que el amor no es sólo un sentimiento, es también un acto de voluntad, por eso necesita un aprendizaje.

El sentimiento es algo que surge en nosotros y de lo que en cierto modo no somos dueños, sin embargo en el amor la voluntad es la dueña del querer. El amor verdadero es fruto de una decisión libre de un sujeto que elige querer.

Comenta Erich Fromm en El arte de amar “Amar a alguien no es meramente un sentimiento poderoso. Es una decisión, es un juicio, es una promesa. Si el amor no fuera más que un sentimiento, no existirían bases para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento comienza y puede desaparecer. ¿Cómo puedo yo juzgar que durará eternamente, si mi acto no implica juicio y decisión?”.

Por otra parte, el amor verdadero conlleva en muchas ocasiones sufrimientos. Sólo cuando se superan las dificultades, tanto externas como internas que generan sentimientos no siempre agradables, el amor es auténtico. Una prueba que podemos dar a una persona de nuestro amor y afecto es sufrir por ella.

2- En segundo lugar el amor auténtico supone un conocimiento verdadero y una aceptación de sí mismo.
No puede amarse lo que no se conoce y tampoco puede conocerse, de verdad, lo que no se ama.
Un conocimiento auténtico requiere el cultivo de otros hábitos: capacidad de reflexión, auto-análisis, silencio... Sin embargo, hoy en día vivimos en una sociedad llamada de la información, en la que todos éstos hábitos son difíciles de conseguir. Solicitados continuamente por los ruidos, ocupaciones y conocimientos externos no tenemos tiempo para conocernos y muchas veces somos un misterio para nosotros mismos.

3. – La tercera característica es el conocimiento y aceptación del otro: tal y como es, no tal y como nos gustaría que fuera, y esto supone una renuncia a nuestras pretensiones. Muchas veces tenemos la tentación de querer conseguir que el otro sea como yo deseo y esto sería una manipulación, una reducción de su condición personal a objeto deseable por mí. Hay algo personal, irrepetible, sagrado en el otro que me impide convertirlo en algo acomodable a mis sueños. Es alguien y no una cosa manipulable.

4.– En cuarto lugar el amor auténtico es exigente: “el que ama intensamente no admite nada que pueda disminuir su amor” (Santo Tomás).
Hay factores externos, personas, cosas (el juego, las adicciones, la famosa secretaria...) que pueden disminuir el amor; pero no sólo debemos fijarnos en éstos sino que también los factores internos como son los defectos personales, pueden disminuir el amor de la otra persona. Por eso, el verdadero amante exige del amado que corrija sus defectos personales.

¿Cómo puede ser compatible el respeto y la aceptación del otro con la exigencia?. Si amar es querer el bien para el otro, quererle es desear y hacer todo lo que esté en nuestra mano para que desaparezcan todas las limitaciones que pueda tener.

Amor y exigencia no están reñidos. Una cosa es aceptar las debilidades, limitaciones... y otra cosa es pactar con ellos.

Por otra parte, el amado ha de tener una actitud generosa y ha de aceptar las correcciones que el otro le haga; es más, antes incluso, comienza a corregir aquellos defectos que puedan entorpecer el amor.
Si bien el amor surge de forma espontánea, requiere para su crecimiento de un trabajo común, consciente y constante.

5. – Por último, el amor humano puede ser eterno pero no absoluto.
Una de las características del amor auténtico es que puede durar siempre, precisamente porque la persona como tal no tiene límites.
¿De qué depende la permanencia del amor?. De la categoría de los amantes, de la capacidad de sorprenderse y renovarse, de saber exigir y aceptar las limitaciones del otro. De intentar profundizar en el conocimiento y aceptar que nunca tocamos fondo. El amor puede ser eterno en la medida en que se abre a los demás y a valores que trascienden la propia pareja. De otro modo corremos el peligro de encerrarnos en nosotros mismos, cayendo en el egoísmo.

Pero el amor entre dos personas no puede ser absoluto, como nosotros no somos absolutos. Decíamos que amar es querer el bien. Cuando amamos buscamos el bien, el amor al otro es una forma de abrirse al bien. Pero el otro no es el Bien, el otro es bueno.

Sólo en la medida en que ese amor me lleva al Bien absoluto que es Dios, ese amor será auténtico. Juan Pablo II dijo en el Encuentro Mundial de la Juventud celebrado en Santiago de Compostela: “A través de aquél amor que nace en vosotros –y quiere ser esculpido en el proyecto de toda la vida- debéis ver a Dios que es amor. Por lo tanto os pido que no interrumpáis el diálogo con Xto.”

El corazón, nuestra capacidad de amar, es el tesoro más hermoso que Dios nos ha regalado, la fuerza que ha puesto a nuestra disposición y a la del mundo. Sin embargo, muchas veces es difícil lograr el equilibrio afectivo que nos hará amar a los demás con un amor auténtico. Para alcanzar este equilibrio es necesario:
A.-Poseerse: nadie puede dar lo que no tiene (conocerse, aceptarse y quererse)
B.-Amar con amor noble: en las relaciones personales se pueden dar diferentes situaciones.
Hay un atractivo de instinto que no produce verdadera alegría y que no es amor.
Hay un amor sensible que es más elevado, pero que tenemos que saber ser dueños de él para que no nos esclavice.

Tenemos que amar con amor noble, un amor que no se busca, se da. No se preocupa de recibir sino de irradiar. Va al encuentro de los demás para consolarlos, acompañarlos, iluminar su vida. Su dicha es la felicidad del que ama. No es celoso, tiránico, monopolizador. Es generoso para entregarse, tierno para compadecerse. Ama sin exigir retorno aunque lo desea y espera. El amor noble es, sobre todo, fiel hasta la muerte. Amar con un corazón noble, es una grandeza para el que lo tiene, un tesoro para los demás.

C.- Domina tu corazón: Hay que tener cuidado para que dentro de nuestro corazón no entre nada turbio, malsano, novelesco, apasionado. Para ello hay que cuidar la vista, dominar la curiosidad, vencer la vanidad. Si esto sucediera no hay que dudar en extirpar la fibra por doloroso que sea.

Hemos de conservar un corazón de niño, puro y transparente como el agua de un manantial, aunque en muchas ocasiones sufra decepciones. El corazón debe conservar siempre su frescor aunque el cuerpo envejezca con el paso de los años. No hemos de olvidar que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Somos templo de Dios, Dios habita en mí y en el otro. Si somos limpios de corazón seremos capaces de ver a Dios habitando en cada ser humano, y nuestro amor será reflejo del amor de Dios.

D.- Amar a la Virgen: que María sea realmente nuestra Madre, levantemos un altar en lo más íntimo del alma y acudamos con frecuencia a ella; María nos consuela de todo. Ella es la que nos ayuda a superar todas las crisis.

Las crisis de confianza. A veces nos sentimos solos, como flotando en el vacío. Experimentamos crisis. Cierto desequilibrio se apodera de nosotros. Hay una tendencia a encerrarse en uno mismo, insistiendo en el auto-análisis.

Crisis de sentidos. El alma se encuentra desconcertada. Experimentamos emociones más intensas que parecen nuevas, desconocidas. Son fruto del pecado original. Nos turba hasta lo más profundo la tentación egoísta que nos aleja del bien, la verdad y la belleza. En estos momentos de intensa lucha María asegura la victoria.

Crisis del corazón. El corazón adolescente despierta hacia el amor humano. Despertar providencial que le prepara a la futura paternidad y maternidad, sea en el matrimonio o en la virginidad. El secreto deseo de amar y ser amado nos conmueve sin poder evitarlo. El amor a la Virgen calma los ardores de un corazón caprichoso y nos ayuda a saber esperar y madurar para ser capaces de amar con un corazón noble.
Entonces tienes que tener cerca a una Madre a quien contar tus más íntimas confidencias, aun aquellas que no contarías a tu madre de la tierra.

E.- Amistad con Jesús: Hemos de tratarle como a un amigo íntimo. Esta amistad empieza por conocerle, reconociendo y adorando en El al Hijo de Dios. Pero todavía queda un paso: este Hijo de Dios es mi amigo, es mi hermano.
Hemos de contarle todo. Que Jesús no ignore nunca nuestras penas, nuestras alegrías; son tan nuestras como suyas.

Jesús está allí cuando creemos estar solos. Dentro de nuestro corazón, en la Eucaristía. El nos contesta cuando nadie nos responde. El nos ama, cuando todos nos abandonan. Sólo en el Corazón de Jesús alcanzamos la madurez afectiva de una vida plenamente humana y cristiana.