miércoles, 22 de julio de 2026

Homilía de una gran mujer

 

TEODORA GARCÍA GUTIÉRREZ, 79 años                     

26 de abril de 2016

Parroquia de Santa María de Paredes de Nava

 

Estamos tristes porque hoy ha partido hacia la casa del Padre una de esas personas extraordinarias que dejan una bella huella en nuestro corazón. Realmente Dios nos pone a personas en nuestras vidas para que le reconozcamos de un modo  u otro.

Teodora era una mujer cristiana. De esas mujeres castellanas que han sacado adelante junto con su esposo a unos hijos siempre apoyándose en su fe y en la confianza de Nuestra Señora la Virgen de Carejas. Tuvo durante su vida la compañía de una particular cruz que la hizo sufrir: su frágil salud. Y lo que pudiera haber sido un obstáculo se convirtió en un cauce para hacerla llegar nuestras manifestaciones de amor, siendo correspondido por Teodora con esa sonrisa auténtica que brota del alma que hace que te sientas especial y acogido.  Un modo de ser que hace que te sientas importante, y realmente hay muy pocas personas saben acoger con la calidad humana como ella lo hacía.

Santa Teresa de Jesús, en una de sus poesías nos dejó escrito lo que sigue:

         «En la cruz está la vida

         y el consuelo,

         y ella sola es el camino

         para el cielo.

 

         En la cruz está el Señor

         de cielo y tierra,

         y el gozar de mucha paz,

         aunque haya guerra.

 

         Todos los males destierra

         en este suelo:

         y ella sola es camino

         para el cielo.

                                          (Sigue la poesía y concluye con estos versos…)

         Después que se puso en cruz

         el Salvador,

         en la cruz está la gloria,

         y el honor; y en el padecer dolor,

         vida y muerte, vida y consuelo,

         y el camino más seguro

         para el cielo»

 

Realmente la Palabra dada por Jesucristo siempre se cumple: «Yo os aseguro, que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante», dice el Señor (Jn 12, 24). Teodora es una de esas mujeres, que de un modo muy discreto, pasando desapercibida, han ido muriendo a sí misma, renunciando a muchas de sus cosas pensando primero en su esposo y en los hijos, para que los demás nos pudiéramos enriquecer con su trabajo, con su presencia, con su cariño y sacrificio. Con su trabajo callado iba levantando su hogar, iba dando un testimonio creyente a sus hijos y nietos. Muchas veces la entrega constante y cotidiana pasa desapercibida, pero cuando uno lo hace junto con Jesucristo, esa entrega constante y cotidiana es el camino acertado para santificarse en el amor.

Antes de ayer, 24 de abril, en casa de mis primos estuvimos comiendo. Yo tenía a mi tía a mi derecha. Parece que el Señor quisiese, que del mismo modo se despidió de sus discípulos en una cena, también se despidiese nuestra hermana Teodora en una comida. Al poco rato de dejarles para irme a Palencia, me pone un mensaje de texto mi prima a mi teléfono diciéndome que a su madre le estaban trayendo en ambulancia a Palencia. Tan pronto como puedo voy al hospital y me la encuentro en el BOX de UVI de Urgencias del Hospital Río Carrión. Inconsciente, en estado de coma. Acompañada de sus hijos le administré la Unción de los enfermos y la impartí la Bendición Apostólica. Dios le estaba llamando para tenerle junto a su lado. Y así fue, ya que su partida hacia el Padre tuvo lugar durante la noche de ayer.    Realmente tengo una profunda pena en mi alma porque se ha ido una persona muy amada. Mas tengo un consuelo, alzar la mirada al Cielo y allí poderla abrazar de nuevo.


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