martes, 20 de enero de 2026

Discurso del Papa León XIV a los responsables del Camino Neocatecumenal

 


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A
LOS RESPONSABLES DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

Aula de la Benedición
Lune
s, 19 enero 2026

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Enlace:https://www.vatican.va/content/leo-xiv/it/events/event.dir.html/content/vaticanevents/it/2026/1/19/neocatecumenali.html

 

En el audio se dice 'movimiento', pero no es un movimiento, sino que tal y como nos decía Carmen Hernández Barrera, el Camino Neocatecumenal es un itinerario personal de iniciación cristiana en pequeñas comunidades parroquiales, centrada en la Palabra, la Liturgia y la Comunidad.

(El documento está en  lengua italiana. Os ofrezco esta traducción al español)

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con vosotros!

 

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos.

     Me alegra encontrarme con vosotros tan numerosos. Saludo a los miembros del Equipo internacional del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, María Ascensión Romero y don Mario Pezzi, así como a los obispos y a los sacerdotes que os acompañan.

Un pensamiento especial va para las familias aquí presentes, expresión de vuestro anhelo misionero y de ese deseo que debe animar siempre a toda la Iglesia: anunciar el Evangelio al mundo entero, para que todos puedan conocer a Cristo.

Precisamente este deseo ha animado siempre y sigue alimentando la vida del Camino Neocatecumenal, su carisma y las obras de evangelización y catequesis que representan una valiosa contribución para la vida de la Iglesia. A todos, especialmente a quienes se han alejado o a aquellos cuya fe se ha debilitado, ofrecéis la posibilidad de un itinerario espiritual mediante el cual redescubrir el significado del Bautismo, para que puedan reconocer el don de la gracia recibida y, por tanto, la llamada a ser discípulos del Señor y sus testigos en el mundo.

Animados por este espíritu, habéis encendido el fuego del Evangelio allí donde parecía apagarse y habéis acompañado a muchas personas y comunidades cristianas, despertándolas a la alegría de la fe, ayudándolas a redescubrir la belleza de conocer a Jesús y favoreciendo su crecimiento espiritual y su compromiso de testimonio.

En particular, además de a los formadores y a los catequistas, quisiera expresar mi gratitud a las familias que, acogiendo el impulso interior del Espíritu, dejan las seguridades de la vida ordinaria y parten en misión, incluso hacia territorios lejanos y difíciles, con el único deseo de anunciar el Evangelio y ser testigos del amor de Dios. De este modo, los equipos itinerantes compuestos por familias, catequistas y sacerdotes participan en la misión evangelizadora de toda la Iglesia y, como afirmaba el papa Francisco, contribuyen a “despertar” la fe de los «no cristianos que nunca han oído hablar de Jesucristo», pero también de tantos bautizados que, aun siendo cristianos, «han olvidado […] quién es Jesucristo» (Discurso a los adherentes al Camino Neocatecumenal, 6 de marzo de 2015).

Vivir la experiencia del Camino Neocatecumenal y llevar adelante la misión exige también, por vuestra parte, una vigilancia interior y una sabia capacidad crítica, para discernir algunos riesgos que siempre acechan en la vida espiritual y eclesial.


    Vosotros proponéis a todos un camino de redescubrimiento del Bautismo, y este Sacramento, como sabemos, al unirnos a Cristo nos hace miembros vivos de su cuerpo, un único pueblo suyo, una única familia suya. Debemos recordar siempre que somos Iglesia y que, si el Espíritu concede a cada uno una manifestación particular, esta se da —como nos recuerda el apóstol Pablo— «para el bien común» (1 Co 12,7) y, por tanto, para la misma misión de la Iglesia. Los carismas deben ponerse siempre al servicio del Reino de Dios y de la única Iglesia de Cristo, en la que ningún don de Dios es más importante que otros —si no es la caridad, que a todos los perfecciona y armoniza—, y ningún ministerio debe convertirse en motivo para sentirse mejores que los hermanos y excluir a quien piensa de modo distinto.

Por eso os invito también a vosotros, que habéis encontrado al Señor y vivís su seguimiento en el Camino Neocatecumenal, a ser testigos de esta unidad. Vuestra misión es particular, pero no exclusiva; vuestro carisma es específico, pero da fruto en comunión con los otros dones presentes en la vida de la Iglesia; el bien que hacéis es mucho, pero su fin es permitir que las personas conozcan a Cristo, respetando siempre el camino de vida y la conciencia de cada uno.

Como custodios de esta unidad en el Espíritu, os exhorto a vivir vuestra espiritualidad sin separaros nunca del resto del cuerpo eclesial, como parte viva de la pastoral ordinaria de las parroquias y de sus diversas realidades, en plena comunión con los hermanos y, en particular, con los presbíteros y los obispos. Seguid adelante con alegría y con humildad, sin cerrazones, como constructores y testigos de comunión.


      La Iglesia os acompaña, os sostiene, os está agradecida por lo que hacéis. Al mismo tiempo, recuerda a todos que «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Co 3,17). Por eso, el anuncio del Evangelio, la catequesis y las diversas formas del actuar pastoral deben estar siempre libres de toda forma de coacción, rigidez y moralismos, para que no suceda que puedan suscitar sentimientos de culpa y temores en lugar de liberación interior.

       Queridísimos, os agradezco vuestro compromiso, vuestro gozoso testimonio, el servicio que realizáis en la Iglesia y en el mundo. Os animo a continuar con entusiasmo y os bendigo, mientras invoco sobre vosotros la intercesión de la Virgen María para que os acompañe y os custodie. ¡Gracias!

sábado, 17 de enero de 2026

Resumen de la Carta Encíclica Humanae vitae (Parte 3 de 3)


                                                                  Resumen de la

CARTA ENCÍCLICA

HUMANAE VITAE

DE S. S. PABLO VI


A LOS  VENERABLES HERMANOS LOS PATRIARCAS,
ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS DE LUGAR 
EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA,
AL CLERO Y A LOS FIELES DEL ORBE CATÓLICO
Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,
SOBRE LA REGULACIÓN DE LA NATALIDAD

 

(Parte 3 de 3)

jueves, 15 de enero de 2026

Resumen de la Carta Encíclica Humanae vitae (Parte 2 de 3)


                                                                        Resumen de la

CARTA ENCÍCLICA

HUMANAE VITAE

DE S. S. PABLO VI


A LOS  VENERABLES HERMANOS LOS PATRIARCAS,
ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS DE LUGAR 
EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA,
AL CLERO Y A LOS FIELES DEL ORBE CATÓLICO
Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,
SOBRE LA REGULACIÓN DE LA NATALIDAD

 

(Parte 2 de 3)

martes, 13 de enero de 2026

Resumen de la Carta Encíclica Humanae vitae (Parte 1 de 3)

 

Resumen de la

CARTA ENCÍCLICA

HUMANAE VITAE

DE S. S. PABLO VI


A LOS  VENERABLES HERMANOS LOS PATRIARCAS,
ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS DE LUGAR 
EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA,
AL CLERO Y A LOS FIELES DEL ORBE CATÓLICO
Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD,
SOBRE LA REGULACIÓN DE LA NATALIDAD

(Parte 1 de 3)

Las pantallas, el veneno que se instala en nuestros hijos sin que lo notemos

                   


                                                         Las pantallas,

el veneno que se instala en nuestros hijos

sin que lo notemos

domingo, 11 de enero de 2026

Tiempo Ordinario: el “modo normal” donde se te juega la vida (y sí, es más emocionante de lo que suena)

 

Tiempo Ordinario: el “modo normal” donde se te juega la vida

(y sí, es más emocionante de lo que suena)

         La palabra “ordinario” tiene mala prensa. Suena a “lo de siempre”, a “cuando no pasa nada”, a “hoy tocaba verde porque no quedaba otra”.

Como cuando alguien dice: “Hoy no hay plan”. Y tú entiendes: “Hoy hay sofá”.

Y aquí viene el giro: si crees que el Tiempo Ordinario es el tramo aburrido del año litúrgico, te han engañado por el nombre. No es el tiempo de “poca cosa”. Es el tiempo de lo importante en formato cotidiano.

Porque la vida no se decide solo en los días grandes. Se decide, sobre todo, en los días normales. En los martes. En los jueves. En ese domingo que llegas como llegas: peinado, despeinado o “modo supervivencia”.

No es un tiempo “sin misterio”. Es un tiempo para vivir el misterio sin maquillaje.

 

1.- ¿Qué es el Tiempo Ordinario, en lenguaje de calle?

 

En el año litúrgico hay temporadas con una personalidad clarísima: Adviento y Navidad, Cuaresma y Pascua. Ahí todo gira en torno a un foco muy concreto. Son como esas semanas en las que la familia se pone intensa: “¡Ahora sí, todos juntos, foto, comida, tradiciones, emoción!”

Luego quedan 33 o 34 semanas donde la Iglesia no subraya un aspecto particular de Jesús, sino que recuerda a Cristo entero, en conjunto, especialmente en los domingos.

Dicho como lo dirías en casa: aquí no estamos en “especial Navidad” o “especial Pascua”. Aquí estamos en la serie completa, capítulo a capítulo. Con sus escenas, sus giros, y sus frases que te pillan desprevenido cuando tú venías pensando en la lista de la compra.

 

2.- ¿Cuándo cae? Dos tramos, como la vida misma

El Tiempo Ordinario aparece en dos periodos:

  • Primer tramo: empieza el lunes después del domingo posterior al 6 de enero y llega hasta el martes antes de Cuaresma (incluido).
  • Segundo tramo: vuelve el lunes después de Pentecostés y termina antes de que empiece el Adviento.

Esto explica por qué no es un bloque seguido: el año litúrgico hace dos grandes “paradas” muy intensas (Cuaresma y Pascua, y luego Adviento y Navidad). Y entre medias… vuelve la escuela de lo cotidiano.

Como la vida: un día es boda, al siguiente es lavadora. Y nadie se libra. Ni los santos.


3.- “Ordinario” no es “menos”. Es “entrenamiento”

Aquí la clave no es que “no pase nada”. La clave es esta: pasa lo más difícil.

  • Vivir la fe cuando todo va bien.
  • Vivirla cuando estás cansado.
  • Vivirla cuando no hay emoción.
  • Vivirla cuando la vida es… la vida (y el correo electrónico también).

El Tiempo Ordinario te enseña a vivir la redención y el encuentro con Jesús resucitado en modo real, sin necesidad de grandes efectos.

No es intensidad. Es constancia. Y la constancia, aunque no haga ruido, cambia a una persona más que mil momentos “inspiradores”.

(Además, seamos sinceros: la mayoría no necesitamos una emoción nueva. Necesitamos dormir. Y perseverar).

4.- El domingo: el corazón que late cada semana

Hay una idea sencilla que lo ordena todo: el domingo es el eje. Es el día del Señor, el día de la resurrección. Una especie de “Pascua semanal”.

Por eso, aunque existan fiestas preciosas de santos o celebraciones muy queridas, el domingo tiene prioridad. No por capricho. Por sentido: el domingo te recuerda cada semana lo esencial… incluso cuando tú habías decidido recordarte solo el desayuno.

Sin domingo, el año litúrgico se desinfla. Y sin Tiempo Ordinario, el domingo se quedaría sin continuidad, sin recorrido, sin historia: sería como tener “finales de temporada” sin capítulos intermedios. Mucha épica… y nadie entiende el argumento.

5.- El “plan” de lecturas: no es al azar (y eso se nota)

Aquí viene una joya: la misa no te suelta lecturas como quien baraja cartas. Hay un método pensado para que escuches a Jesús con continuidad y, con el tiempo, entiendas el conjunto.

El Evangelio: Jesús, paso a paso:

  • En el II domingo todavía se escucha el eco de la Epifanía: aparece, por ejemplo, el episodio de las bodas de Caná y otros textos de san Juan.
  • Desde el III domingo, se avanza de forma semicontinua por Mateo, Marcos y Lucas: se sigue una línea, aunque a veces se salten fragmentos pequeños.

Y hay una armonía muy bonita: al principio se leen los comienzos de la predicación de Jesús (muy cerca del Bautismo del Señor), y hacia el final del año aparecen temas de “horizonte”: hacia dónde va la historia, qué sentido tiene todo, qué esperamos.

La primera lectura: la Biblia “hablando entre sí”:

La primera lectura (muchas veces del Antiguo Testamento) se elige para que dialogue con el Evangelio del día. Así se ve algo muy simple: la historia de Dios no va a trozos; tiene continuidad.

No se trata de hacer un curso cronológico. Se trata de mostrar el puente: lo prometido, lo preparado, lo cumplido.
         Como cuando ves una escena y dices: “¡Ah, por eso aquello!” (la Biblia también tiene eso, solo que con más siglos).

La segunda lectura: cartas para la vida real:

La segunda lectura recorre de forma semicontinua cartas apostólicas (sobre todo de san Pablo y también de Santiago; otras aparecen con más fuerza en tiempos como Pascua o Navidad). Suelen ser fragmentos breves y escogidos para que se entiendan al escucharlos.

Una consecuencia práctica (y bastante divertida): a veces se dice “los católicos no leen la Biblia”. Vale, habrá quien la lea poco en casa, sí. Pero en la Misa hay un diseño para que, con constancia, la Palabra de Dios te acompañe muy en serio, especialmente a lo largo de tres años de domingos.

No se trata de acumular información. Se trata de dejarte acompañar. (Que es mucho más útil que ganar un concurso de preguntas bíblicas. Aunque también estaría bien, no vamos a mentir).

6.- Entre semana también hay camino

El Tiempo Ordinario no vive solo del domingo. Entre semana hay lecturas que complementan lo dominical. Y se organizan en ciclos para que, poco a poco, se vaya abriendo ese “tesoro” bíblico.

Traducción al lenguaje de todos los días: no es “esperar a la próxima gran temporada”. Es aprender a vivir la fe cuando el calendario no tiene fuegos artificiales.

Y sí; también cuando tu día no tiene fuegos artificiales… sino facturas.

7.- ¿Por qué verde? Porque esto va de crecer

El color del Tiempo Ordinario es el verde. Y el verde es un mensaje sin palabras: vida, esperanza, crecimiento. El verde no grita. Crece.

Como esas cosas que no notas en una semana… y un día te das cuenta de que te han cambiado por dentro.

El verde te recuerda esto: estás en tiempo de madurar. (No de “aguantar”. De madurar. Que suena mejor y es más verdad).

8.- “Pero yo vi blanco o rojo en Tiempo Ordinario…”

Sí. Y no era un despiste. Durante el año hay celebraciones con distinto “peso” (algunas son recuerdos opcionales, otras celebraciones obligatorias, otras fiestas, otras solemnidades). Cuando toca un santo o una celebración importante, el color puede cambiar:

  • Blanco, con frecuencia, en celebraciones de santos.
  • Rojo, cuando se recuerda a un mártir (por su entrega).

Y hay otra realidad muy humana: algunas celebraciones tienen más importancia en un país que en otro. El calendario tiene una base común, pero también acentos locales. Como en las familias: hay tradiciones que en tu casa son “sagradas” y en la de tu vecino ni se conocen.

9.- Un detalle que alegra el mapa:

En este tiempo caen muchas fiestas grandes

El Tiempo Ordinario no es un pasillo largo sin puertas. Tiene “paradas” que iluminan el camino, como:

  • la Santísima Trinidad (justo después de Pentecostés),
  • Corpus Christi,
  • el Sagrado Corazón de Jesús,
  • la Transfiguración,
  • la Exaltación de la Santa Cruz,
  • y al final del año litúrgico, Cristo Rey, que funciona como broche: te recuerda hacia dónde camina todo.

Es como una ruta larga con miradores. Sigues andando… y de pronto, sin avisar, el paisaje te recoloca el alma. (Y tú venías preocupado por tonterías. Nos pasa a todos).

10.- Cómo vivirlo bien (sin convertirte en “especialista”)

Aquí va lo más útil, y lo más simple: no intentes hacerlo todo. Elige una cosa. El método “una frase, una acción”:

1.     El domingo, quédate con una frase del Evangelio (una).

2.     Ponle nombre: “Esto hoy me pide…” (paciencia, verdad, compasión, valentía, ser más moderado a la hora de castigar a los niños; ayunar del uso del teléfono móvil; interesarme por el trabajo de mi esposo o esposa, no refunfuñar tanto…).

3.     Elige una acción pequeña para la semana. Pequeña de verdad:

o    una llamada pendiente,

o    pedir perdón sin discurso,

o    no alimentar un comentario venenoso,

o    dedicar diez minutos reales a alguien,

o    empezar un día sin móvil cinco minutos (sí, cuesta; por eso funciona).

Y ya. No diez propósitos. Uno. Pequeño, pero constante.
Simple, pero real. Ordinario… y transformador.

Para quedarte con una idea

Los tiempos fuertes te muestran “lo grande”.  El Tiempo Ordinario te enseña cómo se vive lo grande cuando el día es normal.

Porque al final, la vida no se mide por los días especiales.
Se mide por lo que haces con los días corrientes. Y ahí, precisamente ahí, el verde tiene sentido: esperanza que crece sin hacer ruido.