jueves, 11 de junio de 2026

Resumen catequético de la carta pastoral de Mons. Antonio Suetta, Obispo de Ventimiglia-San Remo

 Resumen de la carta pastoral de mons. antonio suetta

No hay amor más grande

Resumen catequético de la carta pastoral de Mons. Antonio Suetta, Obispo de Ventimiglia-San Remo

La carta pastoral No hay amor más grande, de Mons. Antonio Suetta, Obispo de Ventimiglia-San Remo, quiere ayudar a la diócesis a vivir cristianamente una realidad concreta: la presencia de musulmanes en el propio territorio. El texto no parte de una preocupación sociológica, sino de una pregunta profundamente evangélica: ¿cómo debe amar, acoger, testimoniar y anunciar una comunidad cristiana cuando convive con personas de otra religión?

La respuesta de la carta se apoya en una convicción central: la caridad cristiana no se reduce a la ayuda material ni a la buena convivencia; alcanza su plenitud cuando conduce al testimonio y al anuncio del amor de Dios revelado en Jesucristo.

La frase evangélica que ilumina todo el documento es: «No hay amor más grande que este: dar la vida» (Jn 15,13). Desde esa palabra de Jesús se entiende el título de la carta y también su intención: mostrar que el mayor acto de caridad consiste en anunciar a Aquel que es camino, verdad y vida.

1. Una carta nacida en un momento significativo

Mons. Antonio Suetta sitúa la carta en un contexto muy concreto. Por una parte, recuerda los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís y el especial Año de San Francisco establecido por el papa León XIV, del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027. Este aniversario invita a los cristianos a mirar al Santo de Asís como modelo de santidad y testigo constante de paz.

Por otra parte, el Obispo de Ventimiglia-San Remo recuerda el 60 aniversario de la declaración Nostra Aetate (Nóstra Etáte), del Concilio Vaticano II, documento que ayuda a la Iglesia a situarse ante una sociedad multirreligiosa y ante personas de religiones distintas.

La carta, por tanto, une dos grandes referencias: san Francisco de Asís y el Concilio Vaticano II. Desde ahí, Mons. Antonio Suetta quiere aplicar esta enseñanza a la realidad concreta de su diócesis, donde en los últimos años ha aumentado la presencia de inmigrantes musulmanes.

2. San Francisco y el sultán: una imagen para la Iglesia de hoy

La carta comienza mirando a san Francisco de Asís en su encuentro con el sultán Malik al-Kamil, en Egipto, en el año 1219. Francisco atraviesa la frontera del campamento cruzado y se encuentra con el jefe del bando adversario. No va armado con fuerza humana, sino con su hábito y con su fe.

Este episodio, dice la carta, sigue interpelándonos después de ocho siglos. No sabemos con certeza qué se dijeron san Francisco y el sultán, pero sí sabemos que el sultán acogió a Francisco y lo dejó marchar ileso, algo sorprendente en un contexto de fuerte tensión entre musulmanes y cristianos.

Mons. Antonio Suetta recuerda después la enseñanza franciscana de la Regla no bulada. Según esa enseñanza, los frailes que van entre los no cristianos pueden comportarse de dos maneras. Primero, no deben hacer litigios ni disputas, sino estar sometidos a toda criatura humana por amor de Dios y confesar que son cristianos. Después, deben anunciar la palabra de Dios para suscitar la fe.

Esta parte es fundamental para entender toda la carta. San Francisco enseña que el cristiano no debe discutir agresivamente, pero tampoco debe esconder su fe. Primero está el testimonio humilde de la vida; después, cuando llega el momento, el anuncio explícito de la Palabra de Dios.

El resumen de esta enseñanza podría expresarse así: la vida cristiana abre el corazón; la palabra cristiana anuncia a Cristo.

3. La realidad actual: convivimos con personas de otras religiones

Mons. Antonio Suetta invita a mirar la realidad del territorio diocesano. En él hay hombres y mujeres de religiones distintas del cristianismo, especialmente musulmanes. Esta presencia plantea preguntas que la carta formula con claridad: ¿la percepción cristiana de Dios y la musulmana son iguales? ¿Cuál debe ser la actitud cristiana hacia ellos? ¿Qué testimonio podemos dar? ¿Cómo mantener el equilibrio entre el respeto por su fe y la necesidad del anuncio del Evangelio?

Estas preguntas muestran que la carta no quiere una respuesta superficial. No basta con decir “hay que respetar” ni basta con decir “hay que anunciar”. La carta quiere mantener juntas ambas exigencias: respeto verdadero y anuncio verdadero.

Para responder, Mons. Antonio Suetta recurre a Nostra Aetate (Nóstra Etáte), que enseña a mirar con estima a los musulmanes, porque adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y omnipotente, creador del cielo y de la tierra.

Desde ahí, la carta recuerda una verdad básica de la fe cristiana: Dios creó al ser humano a su imagen. Por eso, todo hombre y toda mujer poseen una dignidad que debe ser reconocida. El musulmán que vive en nuestro territorio debe ser mirado, ante todo, como una persona creada a imagen de Dios.

4. Lo que une a cristianos y musulmanes

La carta señala que existen aspectos comunes entre cristianos y musulmanes, especialmente la fe en el único Dios creador. Esta base común debe impulsar una actitud de acogida, respeto y sincera deferencia.

Además, reconocerse criaturas del único Dios coloca a cristianos y musulmanes ante una responsabilidad compartida: ayudar a un mundo que se aleja del Creador a comprender la trascendencia de la vida humana. Mons. Antonio Suetta afirma que esto abre la puerta a una colaboración en favor de una moral básica que la sociedad secularizada rechaza con frecuencia.

La carta no dice que cristianismo e islam sean lo mismo. Pero sí afirma que los elementos comunes deben favorecer la acogida, el respeto y cierta colaboración. La diferencia religiosa no anula la dignidad de la persona ni impide buscar juntos algunos bienes verdaderos.

5. Acogida y colaboración como testimonio cristiano

Mons. Antonio Suetta afirma que la acogida y la colaboración son ya dos maneras prácticas de testimoniar la verdadera fe en Jesús.

El texto señala una situación concreta: muchos musulmanes que llegan a países occidentales se sienten confundidos ante la secularización de la sociedad. Pueden identificar, de manera equivocada pero comprensible, la inmoralidad pública con la fe cristiana. Solo al entrar en contacto con cristianos coherentes con su fe pueden descubrir que la secularización no es el verdadero rostro del cristianismo, sino una corrupción de él.

Esta afirmación tiene una gran fuerza catequética. Antes incluso de hablar, el cristiano ya anuncia algo con su manera de vivir. Si un musulmán encuentra cristianos coherentes, puede comenzar a conocer el verdadero rostro de Jesús y a percibir la profundidad del amor de Dios.

Por eso la carta insiste en que el testimonio de la vida es más importante que las palabras. Las palabras pueden ser estériles; las obras abren los corazones y manifiestan el amor de Cristo.

6. El don más precioso: compartir lo que hemos recibido

Mons. Antonio Suetta dice que el mejor y más precioso don que los cristianos pueden y deben ofrecer a los musulmanes es el testimonio de la fe y de la vida cristiana, vivido con prudencia y caridad, por medio del diálogo y la colaboración.

Aquí aparece uno de los puntos centrales de la carta: con la acogida y el testimonio ya comienza el anuncio.

Amar al prójimo, especialmente al extranjero, significa también querer hacerlo partícipe de la alegría del Evangelio. La Iglesia, recuerda la carta, anuncia y debe anunciar a Cristo, que es camino, verdad y vida, porque en Él los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en Él Dios ha reconciliado consigo todas las cosas.

Por tanto, la acogida debe ir acompañada de la identidad espiritual cristiana. Mons. Antonio Suetta lo expresa con claridad: hay que hablar de Jesucristo no con imposiciones, sino con amor.

7. La misión pertenece a todos los bautizados

La carta recuerda la enseñanza de san Juan Pablo II en Redemptoris Missio: ha llegado el momento de comprometer todas las fuerzas eclesiales en la nueva evangelización y en la misión ad gentes (ad yéntes), y ningún creyente en Cristo ni ninguna institución de la Iglesia puede sustraerse a esta responsabilidad.

Mons. Antonio Suetta aplica esta enseñanza a la situación actual. Si en otro tiempo la misión ad gentes se pensaba principalmente en países de mayoría no cristiana, ahora esta responsabilidad debe asumirse también “en casa”, particularmente hacia los inmigrantes musulmanes presentes en el territorio.

La carta cita también al papa Francisco en Evangelii Gaudium: cada bautizado, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es sujeto activo de evangelización.

La consecuencia es clara: el anuncio del Evangelio no es una tarea reservada a unos pocos especialistas. Es una responsabilidad que nace del bautismo.

8. ¿Es necesario anunciar a Jesús?

La carta afronta una pregunta que puede surgir en muchos cristianos: ¿hay realmente necesidad de anunciar a Jesús? ¿No pueden salvarse los musulmanes siendo fieles a su religión?

Mons. Antonio Suetta responde manteniendo varias afirmaciones. La Iglesia reconoce que los caminos del Espíritu no tienen fronteras. También enseña que quien, ignorando completamente a Jesús, vive fiel a Dios siguiendo su conciencia, podría llegar de algún modo a la salvación. Pero la carta añade que esto sería con gran dificultad y sin ninguna garantía.

Y, en todo caso, afirma que la salvación solo llega a través de Jesucristo. Desde que el Hijo de Dios vino a habitar entre nosotros y realizó la obra de la redención, Él es el único acceso al Padre.

Por eso, descuidar el anuncio de Jesucristo sería despreciar su cruz salvadora y su mediación universal. En el fondo, sería traicionar la misión recibida como bautizados.

9. La imagen de la cuerda

Para explicar la urgencia del anuncio, la carta utiliza una imagen muy clara. Si vemos a alguien que intenta salir de un río, pero la corriente lo arrastra, y nosotros tenemos una cuerda para ayudarlo, sería una grave negligencia no lanzársela pensando que quizá podría salir solo y así sentirse más libre. La cuerda, dice la carta, es la liberación.

Con esta imagen, Mons. Antonio Suetta quiere hacer comprender que anunciar a Cristo no es quitar libertad, sino ofrecer salvación. Por eso recuerda también la exclamación de san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!».

La carta plantea incluso una pregunta fuerte: cuántos musulmanes que viven entre cristianos podrán decir en el día del juicio: “¿Por qué no me lanzaste la cuerda? ¿Por qué no me diste a conocer la verdad?”.

La intención de esta imagen es mostrar la seriedad de la misión. Si Cristo es la salvación del hombre, callarlo por negligencia sería faltar a la caridad.

10. El camino concreto del anuncio: primero suscitar interés

Mons. Antonio Suetta no presenta el anuncio como una acción precipitada ni como una imposición. Dice que, en primer lugar, habrá que suscitar interés por la fe. Y esto se hace mediante el testimonio de una vida cristiana, de una vida de amor, que lleve a otros a preguntarse cuáles son los motivos profundos de esa manera de vivir.

Cuando llegue la hora de esas preguntas, el cristiano deberá estar preparado para responder, siguiendo el consejo de san Pedro: estar siempre dispuestos a dar razón de la esperanza, pero con dulzura y respeto.

Este es uno de los equilibrios más importantes de la carta. El cristiano debe estar preparado para anunciar, pero debe hacerlo con dulzura y respeto. La verdad de Cristo no se anuncia con agresividad; se ofrece desde una vida que ya ha empezado a mostrar el amor de Dios.

11. Lo común y lo diferente entre la fe islámica y la fe cristiana

Mons. Antonio Suetta plantea después otra pregunta: ¿es tan distinta la fe islámica de la fe cristiana?

La carta responde distinguiendo. Cristianos y musulmanes tienen en común la fe en un solo Dios, creador de todo. Sin embargo, para los cristianos, Dios es nuestro Padre y, en su esencia, es Amor.

La carta afirma que esto puede sorprender a un musulmán, acostumbrado a ver a Dios como más lejano, alguien a quien debemos someternos, pero a quien no podemos conocer. En cambio, los cristianos saben que en Jesús tenemos la plena revelación del amor de Dios.

El texto compara después una afirmación del Corán sobre Jesús como palabra de Dios depositada en María con el prólogo del Evangelio de san Juan: el Verbo estaba junto a Dios, el Verbo era Dios, y el Verbo se hizo carne.

Mons. Antonio Suetta recuerda también que Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Según la carta, esta afirmación equivale para un musulmán a decir que Jesús es Dios, porque “la verdad” y “la vida” son dos de los 99 nombres de Dios que encontramos en el Corán.

Después, la carta explica que el rechazo coránico de que Dios pueda tener un hijo se refiere a una generación entendida de modo politeísta, que los cristianos tampoco atribuyen a Dios. No se refiere, según la explicación de la carta, a la generación eterna y puramente espiritual del Verbo, porque el Hijo es la misma Palabra de Dios.

Así se llega a una frase central: el núcleo de la fe cristiana no es una doctrina teórica, sino una Persona: Jesucristo.

12. No somos esclavos, sino hijos

La carta explica también una diferencia espiritual importante. Los católicos, siguiendo a Jesús, deben mostrar que el motivo para cumplir la voluntad de Dios no puede ser el temor al castigo ni el deseo de una recompensa, sino el amor.

Mons. Antonio Suetta lo expresa con una fórmula muy clara: no somos esclavos, sino hijos. Somos hijos que sabemos que somos amados por Dios Padre por medio de su Hijo, Jesucristo, y a ese amor queremos y debemos corresponder de corazón.

Este punto ayuda a comprender por qué el cristiano anuncia. No anuncia por obligación fría ni por deseo de imponerse. Anuncia porque ha recibido el amor de Dios y desea compartir la alegría de que el Hijo de Dios ha venido a salvarnos y nos enseña a amarnos unos a otros.

13. El único modo de mostrar que Dios es amor

Mons. Antonio Suetta afirma que solo hay un modo de hacer comprender que verdaderamente Dios es amor: manifestarlo con la propia vida.

Los cristianos están llamados a convertirse ellos mismos en expresión del amor de Dios por los demás: primero por los cristianos, después por los musulmanes y por todos.

La carta dice que el mejor don, el mayor bien que se puede dar a estos hermanos, es convertirse en manifestación del amor de Dios por ellos.

Pero añade una condición esencial: el amor debe ser libre. Por tanto, el anuncio del Evangelio a los musulmanes debe hacerse con delicado respeto a su libertad.

Esta afirmación resume bien el tono de la carta: anunciar a Cristo sí; imponer, no. Testimoniar con claridad sí; hacerlo sin respeto a la libertad, no.

14. La decisión pastoral de la diócesis

Después de exponer la motivación espiritual y doctrinal, Mons. Antonio Suetta anuncia una decisión concreta. A partir del año pastoral 2026-2027, la diócesis se comprometerá a dirigirse de manera especial, con caridad cristiana, testimonio y proclamación del Evangelio de la Verdad, también a los musulmanes que habitan en el mismo territorio.

Para ello, la Oficina de Pastoral Catequética, en colaboración con Cáritas Diocesana, propondrá un itinerario formativo específico y se promoverán ocasiones de encuentro.

La carta indica que el próximo mes misionero de octubre será propicio para comenzar este camino.

El objetivo es doble. Primero, conocer mejor la fe y la cultura de los musulmanes que los cristianos encuentran cotidianamente. Segundo, ejercer con más conciencia el deber de bautizados, que la carta define como una tarea de amor y, por tanto, de anuncio de Aquel que es la salvación del hombre.

15. Los medios que propone la carta

Mons. Antonio Suetta resume los medios humanos que el Señor pide para evangelizar:

la acogida con una caridad desinteresada,
el testimonio de una vida cristiana coherente,
el anuncio del amor de Dios en Jesucristo con libertad y sincero respeto.

Estos medios deben ir siempre acompañados por la oración. La carta subraya que el Espíritu Santo es el único capaz de cambiar el corazón y de llenarlo de la paz interior que acompaña su presencia.

Así, la evangelización no se presenta como simple actividad humana. Depende de la gracia del Espíritu Santo. Por eso la carta, fechada en la solemnidad de Pentecostés, recuerda la fuerza del Espíritu que llenó de entusiasmo y valentía el alma de los Apóstoles.

16. Pentecostés y el mandato de Cristo

En la parte final, Mons. Antonio Suetta invita a tomar en serio, en la Pentecostés de hoy, el mandato de Jesucristo: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

Para la carta, cumplir este mandato significa realizar el acto más alto y más hermoso de caridad: anunciar a Aquel que es camino, verdad y vida.

Por eso vuelve la frase que da título al documento: no hay amor más grande que este.

El texto concluye confiando a la Virgen María, madre nuestra y venerada como madre de Jesús también por los musulmanes, el deseo de transmitir el amor de Dios a todos, con la alegría y la fuerza que la Pascua ha traído: Jesucristo ha resucitado, ha resucitado verdaderamente.

17. Síntesis final para el pueblo cristiano

La carta pastoral de Mons. Antonio Suetta, Obispo de Ventimiglia-San Remo, puede resumirse así:

Los musulmanes presentes en el territorio deben ser acogidos con respeto, estima y caridad, reconociendo su dignidad como criaturas de Dios.

Los cristianos están llamados a colaborar con ellos allí donde sea posible, especialmente ante un mundo que se aleja del Creador.

La acogida y la colaboración son ya formas de testimonio cristiano, sobre todo cuando muestran una vida coherente con la fe en Jesús.

El testimonio de vida debe abrir camino al anuncio explícito de Jesucristo, porque Él es el camino, la verdad y la vida.

Anunciar a Cristo no es imponer, sino ofrecer con amor el don más precioso que la Iglesia ha recibido.

La evangelización debe hacerse con prudencia, caridad, dulzura, respeto, libertad y oración.

La misión no es una tarea opcional, sino un deber que nace del bautismo.

El mayor acto de caridad es anunciar a Jesucristo, en quien se revela plenamente el amor de Dios y en quien se encuentra la salvación del hombre.

18. Frase clave para recordar la carta

Acoger con caridad, vivir con coherencia y anunciar a Jesucristo con respeto: este es el camino que la carta propone para amar verdaderamente a los musulmanes de nuestro territorio.

Porque, como recuerda el título, no hay amor más grande.

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