domingo, 25 de diciembre de 2016
Rocío Dúrcal - CAMINO DE BELÉN
sábado, 24 de diciembre de 2016
Homilía de la Natividad del Señor 2016
HOMILÍA DE LA NATIVIDAD DEL
SEÑOR 2016
En la lectura del profeta Isaías nos
habla de un mensajero que trae los pies cansados que anuncia la paz, que trae
la Buena Noticia. De un mensajero que es guía y compañero de los hermanos que
viven el sufrimiento y la incredulidad. Sólo aquellas personas que son capaces
de reconocer que Dios les puede aportar algo extraordinario a su existencia que
de otro modo no podrían alcanzar. Esas personas que viven el trascurso de sus
días como una sucesión pero que empiezan
a intuir que hay algo que les está faltando, que existe una inquietud
dentro de su corazón que no está cuajando y por mucho que beban en otras
fuentes -en la bebida, en los afectos desordenados, en las drogas, en el juego,
etc.- no consiguen sofocarla, sino que se incrementa quedando aún más reseca la
garganta de su alma.
Esos pies benditos y hermosos que
traen la Buena Noticia desean acompañarnos durante la trama de nuestra vida, ya
sea en el júbilo de la fiesta, en el silencio de la plegaria, en la
preocupación por la enfermedad de un ser querido que está lejos de uno o en lo
más cotidiano que nos haga sufrir.
Como creyentes que somos, como
consagrados por el mismo Creador de todo cuanto existe, como pobres pastorcitos
que adoramos al Niño Dios recién nacido, estamos llamados a ser sus antorchas
llameantes que acompañen a los hombres de nuestra época a redescubrir el
sentido de su ser. Ahora está muy visible en ese Niño indefenso envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
Muchos no estarán dispuestos a escuchar una voz distinta de la que ellos están
ya acostumbrados. Dirán que ya son viejos para cambiar o simplemente a la mediocridad
se han acostumbrado: «Vino a su casa, y los suyos no la recibieron».
¿Y cuál es su casa?¿dónde está la casa del Señor? Todo bautizado es templo del
Espíritu donde puede morar el Hijo del Altísimo. De muchas de esas casas el
Señor no recibe el alojamiento.
Nosotros tenemos la vocación de ser
mensajeros de la Buena Noticia y acompañar en la fe a los que se dicen
bautizados participando del sufrimiento que supone que no respondan, que se
muestren indiferentes o molestos por escuchar lo que no quieren ni oír. Es
participar en la prueba de la fe por ardor, donde no cabe en el mensajero ni la
tibieza en la fe ni la incredulidad. Sabiendo que tiene asegurado la
incomprensión de muchos, la indiferencia de la mayoría y la burla de algunos.
De este modo ese mensajero «que pregona la victoria, que dice a Sión:
"Tu Dios es rey"» será probado en la fe y se convierte en
compañero de sufrimiento de quienes no creen. Compañero de sufrimiento porque sabrá
que los demás no comprenderán las razones de fondo de por qué actúa o siente de
un modo determinado. Compañero de sufrimiento porque en aquellos que ama ese
Niño Dios no ocupa el lugar que debería.
Es la fe ardiente probada la que
permite la compasión, porque se nos hace entrar personalmente en la sequedad,
en la soledad, en la amargura, en la falta de sentido de la vida de quien no
cree. Y entonces cuando ese mensajero redescubre que en ese mensaje que él
mismo anuncia, recibe ese impulso que procede de lo sobrenatural que le hace
levantarse, alzar la mirada, reconfortar en el gozo su corazón y obtener la certeza moral de la existencia
de ese Dios que enjuga las propias lágrimas, que nos reconforta en el duelo
y nos infunde esa esperanza que nos permite ver, a través de la densa niebla,
el rostro tierno e inconfundible de aquel que nació del seno de la Virgen
María.
Labels: homilías,
homilías
martes, 20 de diciembre de 2016
Homilía para la Noche Buena 2016
NOCHE BUENA
2016
Hace
unos días, en nuestra ciudad, organizaron una cabalgata a un personaje bien
entrado en kilos, gordinflón, vestido de rojo y además con unas papadas
coloradas que daba la impresión de estar dando, de vez en cuando, algún
lingotazo a la botella de whisky. En otra carroza, no se si era la anterior o
la posterior a de este barrigudo colorado, había una serie de personas
caracterizadas, vestidas como los personajes de fantasía de Disney. Y lo más
curioso es que esos personajes de fantasía, sin darse cuanta nos estaban dando
un mensaje claro, que todo eso es fantasía, que es falso, que es inconsistente, que es un espejismo en medio de nuestro
particular desierto y que por mucho que vayamos corriendo hacia ese espejismo
creyendo que es verdad y que podemos hallar ese oasis, terminamos muriendo en
el intento de la manera más absurda.
Durante el recorrido de
esta carroza, a ambos lados, abarrotado de personal, niños, adultos y mayores.
Ese personaje, Papa Noël, muchos niños le adoran porque le relacionan con los
regalos que esperan tener. El barrigudo este se dedica a dar cosas, a dar
regalos, a satisfacer el ansia de los demás para tener cosas.
Según
el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2015 el total de procesos de
disolución de matrimonios fueron 101.357. De ellos 96.562 fueron divorcios;
siendo la duración media de los matrimonios de unos 16 años con dos meses. Aquí,
en nuestra Comunidad Autónoma, en Castilla y León, durante el año 2015, fueron 4.063 rupturas de matrimonios, siendo
3.865 los divorcios. Cataluña se lleva la palma. En el año 2014 se suicidaron
en España 3.914 personas. Estos datos hacen pensar. ¿Cómo es posible que esta
sociedad nuestra esté bajo los efectos de unos densos nubarrones de oscuridad? ¿Podemos
satisfacer nuestra alma teniendo cosas? ¿Acaso tener cosas y amontonar cosas
aportan algo de sentido a la vida de uno? Pues parece que el gordo barrigudo
dice que sí, mientras que los personajes de ficción de Disney le hacen la
contra –quitándole la razón- sin que ellos lo lleguen a saber: Ya que son espejismos y en espejismos se
quedan.
En
medio de aquel gentío que se amontonaba para ver pasar la cabalgata de este
personaje tan poco frecuentador de gimnasios, con unas temperaturas típicas de
un invierno castellano, estaba viendo cómo un muchacho, sorteando a la gente
allí plantada, venía caminando con paso ligero sujetando un farol y dentro,
protegida para no apagarse, una vela encendida. Resulta que el Obispo había
entregado la Luz de
la paz de Belén. De allá viene, del lugar del nacimiento del Salvador. En
medio de todo aquel jolgorio la luz de Belén estaba pasando y muy pocos se
percataron de su paso. Por donde pasaba generaba claridad, pero muchos ojos
preferían ver otras cosas. Tenían sus ojos en la cabalgata y sus corazones
esperando ser saciados de consumismo y más consumismo. Mientras unos dan cosas, hay otro que es Dios que se da a sí mismo en su Hijo, en ese pobre portal en Belén.
Y aquel que experimente la acogida de la
misma persona de Cristo empezará a adquirir un sentido nuevo y con
consistencia en su existencia.
Lo mismo le pasó a San
José. Él desesperado por encontrar un lugar digno para que su esposa diera a
luz al que es la Luz , y llamó a muchas
puertas, pero sus moradores prefirieron sus comodidades y sus minucias. Su
egoísmo y sus pecados personales impidieron que pudieran disfrutar de un
acontecimiento que hubiera supuesto para ellos una causa de salvación.
El
profeta Isaías nos dice: «El pueblo que
caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de
muerte, y una luz les brilló». ¿Cuántas personas están bajo la sumisión de
la oscuridad de su pecado viéndose privado del amor auténtico? Muchas. Cristo
nos enseña a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos para esperar una
gran dicha, una gran alegría, una gran recompensa: Estar con Él.
Mucha
gente había en Belén en aquellos días cuando Jesús nació. Era mucho el alboroto
de las personas que iban y venían a causa del famoso edicto del emperador
Augusto mandando que cada cual se empadronase. Y aún así cada cual iba a lo
suyo, intentando siempre vivir un poco mejor, con más comodidades, con mayor
calidad de vida, etc. Sólo los pobres de
corazón pudieron ver a Dios en ese pobre portal y adorarlo con todo el corazón.
Recordemos,
pasemos por el corazón aquellas palabras de Jesucristo en el Sermón del monte: «Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8). Sólo los pobres de corazón pudieron
ver cómo esa luz de Belén, llevada en ese farol, iba paseando entre el gentío,
sorteando los obstáculos y ante la indiferencia de la mayoría. Sólo los pobres
de corazón pudieron entender que «sólo
Dios basta» y que ese Niño era ya el supremo regalo. Dios no nos da cosas,
Dios se nos entrega a nosotros. Y de experiencia tenemos todos de esto: en la Santa Eucaristía. ¡Que fácil es
dar cosas y qué exigente es darse a sí mismo!, ¡qué fácil es ser un Papa Noël y que duro es ser ese Niño Dios que se da a
sí mismo! Y si por lo menos uno se diera a alguien que le cayese bien,
sería algo más gratificante. Pero como tengas que darte por entero a tu enemigo
–o a aquel que sabes de antemano que ha hablado largo y tendido mal de ti-, eso
es insufrible si se piensa hacer sin la gracia de Dios.
Labels: homilías,
homilías
domingo, 18 de diciembre de 2016
Homilía del Cuarto Domingo de Adviento, ciclo a
HOMILÍA DEL
DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO, CICLO A
Nos
enseña San Juan de la Cruz :
«Mira
que tu ángel custodio no siempre mueve el apetito a obrar, aunque siempre
alumbra la razón; por tanto, para obrar virtud no esperes al gusto, que bástate
la razón y entendimiento» (Escritos breves, Dichos de luz y amor, 36).
El Señor, cuando interviene en nuestra historia, tal vez no nos dice lo que
esperamos oír. Es más, cuando su voluntad no coincide con la propia nos hacemos
los remolones porque queremos evitar
cargar sobre nosotros el peso de la cruz. Y cuando uno no carga con su cruz
se convierte en una tortura y un ser insoportable para los demás. Un
profesional de cualquier campo –de la medicina, de la educación, de la banca,
del campo empresarial, etc.- que desea promocionar en su puesto de trabajo para
así ganar más dinero y estar mejor en dicho empleo y mencionada promoción no
termina de llegar. Es más, se lo conceden a otro que, a opinión del interesado,
no se lo merecía. Como no acepta su realidad y no es capaz ni de dar gracias a
Dios por mantener su puesto de trabajo, va reventando en críticas, malos humos,
un genio que lo termina pagando con la esposa y los hijos, etc. O ese chico que
va viendo cómo el tiempo trascurre y no encuentra a ‘su media naranja’ porque
siempre encuentra ‘pegas’ en las chicas que el Señor le va presentando. Y como
no cumple con ‘sus expectativas’ las rechaza y se lamenta por su situación de
soltería y le brota comportamientos de envidia ante todos aquellos que sí han
encontrado a su pareja. Ya nos lo recuerda San Juan de la Cruz : «El que no busca la cruz de Cristo
no busca la gloria de Cristo» (Escritos breves, Dichos de luz y amor,
101). Sin embargo el Señor sí nos alumbra la mente y nos regala el ejercicio
del discernimiento. Muchas cosas las tenemos que hacer, no porque lo deseemos,
sino porque es lo que debemos de hacer. Porque no queremos buscarnos a nosotros
mismos, sino cumplir con la voluntad divina.
Recordemos a Abrahán. Él
que moraba en Ur de los Caldeos con su esposa y todas sus posesiones. Y Abrahán
escucha una voz que antes nadie había escuchado que le dice que salga de su
tierra, de su patria y que vaya a un lugar indeterminado que ya se le irá
indicando. Abrahán, bien entrado en años, obedeció e hizo lo que Dios le dijo. ¿Acaso Dios
defraudó a Abrahán? ¿Acaso Dios no cumplió sus promesas con Abrahán? Su mujer
no había experimentado esa teofanía –esa manifestación divina- y no asumía la
cruz que le suponía dejar todo para ir a un lugar que ni Abrahán ni sabía ni
conocía. Y como consecuencia de no asumir su propia cruz trajo de cabeza al
pobre Abrahán.
Recordemos a Lot, sobrino
de Abrahán (cf. Gn 12,5): Cómo esos dos ángeles llegaron a Sodoma, que era
donde moraba, y le dicen que ese lugar va a ser destruido y salgan de allí con
presteza, con gran diligencia. Lot obedeció e hizo lo que Dios le dijo. Sin
embargo la mujer de Lot no asumió la cruz de tener que dejar su casa y posesiones simplemente porque unos
mensajeros le habían dado esa noticia, dudó de la Palabra de Dios y
desobedeció. Y como consecuencia de no asumir su propia cruz fue convertirse en
estatua de sal (cf. Gn 19).
Recordemos a José, el
hijo de Israel (cf. Gn 37), que acepto la cruz de un futuro injusto al ser
vendido, por envidia, por sus hermanos a aquellos comerciantes ismaelitas para
luego ser vendido en Egipto a Putifar, cortesano del faraón y jefe de la
guardia. Sin embargo sus hermanos, estaban sumidos y sufriendo los profundos
remordimientos de conciencia por ocultar a su padre lo que habían hecho con su
hermano. Y José fue altamente recompensado por Dios. JOSÉ
OBEDECIÓ E HIZO LO QUE DIOS LE DIJO.
Recordemos a Moisés, que
escuchando el mandato dado por Dios fue el instrumento puesto por Dios para que
sacara a su pueblo de la esclavitud del faraón. Moisés que aceptó la cruz de
hacer frente al faraón, que aceptó la cruz de tener a Aarón para que hablase a
la gente por Moisés, asimilando así Moisés su limitación y aceptando su humillación al ser torpe de boca
y de lengua (cf. Ex 4, 10). MOISÉS OBEDECIÓ
E HIZO LO QUE DIOS LE DIJO.
Recordemos a José de
Nazaret, el carpintero. Desposado con María de Nazaret, que resulta que ella
regresa de visitar a su prima Isabel y está en cinta sin haber hecho nada con
ella el pobre José. Su prometida siendo objeto de rechazo y de insultos por
parte de sus conciudadanos al estar embarazada antes de estar casada. La cruz
de José de Nazaret era muy pesada. Pero en sueños se le apareció un ángel del
Señor que se lo explicó y él, lejos de renegarse, hizo lo que le mandó el ángel
del Señor: José de Nazaret obedeció e hizo lo que dios le dijo. Y
esa cruz dolorosa se tornó en cruz gloriosa al ser el fiel custodio del Hijo de
Dios y de su esposa y Madre de Dios.
San
Pablo en su carta a los Romanos nos habla de ‘suscitar la obediencia de la fe’. El Espíritu Santo nos alumbra la
razón y abre el entendimiento. Sin embargo el hombre viejo, el pecado reside en
nosotros y nos renegamos porque queremos deshacernos de nuestras cruces, porque
no las queremos aceptar. No queremos obedecer a Dios porque no queremos sufrir.
Y alguna vez el demonio se frota las manos y ese pecado nos gana la partida y
sale de nosotros ese genio insoportable, esos ataques de cólera, ese acto de
soberbia y esa crítica ácida.
Recordemos
las palabras de Santa Teresa de Jesús al respecto: «Yo creo que, como el demonio ve
que no hay camino que más presto lleve a la suma perfección que el de la
obediencia, pone tantos disgustos y dificultades debajo de color de bien. Y
esto se note bien, y verán claro que digo verdad. En lo que está la suma
perfección, claro está que no es en regalos interiores ni en grandes
arrobamientos ni visiones ni en espíritu de profecía, sino en estar nuestra
voluntad tan conforme con la de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere,
que no la queramos con toda nuestra voluntad, y tan alegremente tomemos lo
sabroso como lo amargo, entendiendo que lo quiere su Majestad» (F 5,
10).
Lo
nuestro es buscar el rostro de Dios haciendo su voluntad, tal y como lo hizo
San José obedeciendo al ángel del Señor.
Labels: homilías,
homilías
domingo, 11 de diciembre de 2016
sábado, 10 de diciembre de 2016
La muerte explicada por una niña con cáncer terminal
Fuente: http://www.alfayomega.es/32695/la-muerte-explicada-por-una-nina-con-cancer-terminal
La muerte explicada por una niña con cáncer terminal
Pensador/Aleteia
La muerte explicada por una niña con cáncer terminal
La muerte explicada por una niña con cáncer terminal
«Cuando yo muera, creo que mi madre sentirá nostalgia. Pero yo no tengo miedo a morir. ¡Yo no nací para esta vida!»
Como médico oncólogo, ya endurecido con largos 29 años de actuación profesional, puedo afirmar que he crecido y he cambiado con los dramas vividos por mis pacientes. No conocemos nuestra verdadera dimensión hasta que, golpeados por la adversidad, descubrimos que somos capaces de ir mucho más allá.
Me acuerdo con emoción del Hospital del Cáncer de Pernambuco, donde di mis primeros pasos como profesional… Empecé a frecuentar la enfermería infantil y me apasioné por la oncopediatría.
Viví los dramas de mis pacientes, niños víctimas inocentes del cáncer. Con el nacimiento de mi primera hija, comencé a asustarme al ver el sufrimiento de los niños.
¡Hasta el día en que un ángel pasó a por mí! Mi ángel vino en forma de una niña de 11 años de edad, ya probada por dos largos años de tratamientos diversos, manipulaciones, inyecciones y todas las incomodidades que provocan los programas químicos y las radioterapias.
Pero nunca vi a este pequeño ángel flaquear. La vi llorar muchas veces; también vi miedo en sus pequeños ojos; al fin y al cabo, ¡esto es humano!
Un día llegué al hospital muy temprano y encontré a mi pequeña ángel sola en la habitación. Pregunté por su madre. La respuesta que recibí, aún hoy, no consigo contarla sin experimentar una profunda emoción.
— Tío —me dijo ella— a veces mi madre sale del cuarto para llorar a escondidas en el pasillo… Cuando yo muera, creo que ella va a sentir mucha nostalgia. Pero, yo no tengo miedo a morir, tío. ¡Yo no nací para esta vida!
Le pregunté: — ¿Y qué es la muerte para ti, querida mía?
– Escucha, tío, cuando la gente es pequeña, a veces, nos vamos a dormir a la cama de nuestro padre, y al día siguiente nos despertamos en nuestra propia cama, ¿a que sí? (Recordé a mis hijas, en la época en que eran niñas de 6 y 2 años, con ellas yo hacía exactamente igual). Esto mismo es.
– Un día yo me dormiré y mi Padre vendrá a buscarme. Me despertaré en la casa de Él, ¡en mi verdadera vida!
Me quedé estupefacto, no sabía qué decir. Me impactó la madurez con que el sufrimiento había acelerado la visión y la espiritualidad de aquella niña.
– Y mi madre me recordará con nostalgia – añadió ella.
Emocionado, conteniendo una lágrima y un sollozo, le pregunté:
– ¿Y qué significa la nostalgia para ti, querida mía?
– ¡La nostalgia es el amor que permanece!
Hoy, a los 53 años de edad, desafío a quien quiera a dar una definición mejor, más directa y simple de la palabra nostalgia: ¡es el amor que permanece!
Mi angelito ya se fue hace muchos años. Pero me dejó una gran lección que ayudó a mejorar mi vida, a intentar ser más humano y cariñoso con mis pacientes, a revisar mis valores. Cuando la noche llega, si el cielo está limpio y veo una estrella, para mí es «mi ángel», que brilla y resplandece en el cielo.
Imagino que ella es una estrella fulgurante en su nueva y eterna casa.
Gracias angelito, por la vida bonita que tuve, por las lecciones que me enseñaste, por la ayuda que me diste. ¡Qué bueno que existe la nostalgia! El amor que queda es eterno.
Por el Dr. Rogério Brandão, oncólogo brasileño
Artículo publicado en el blog Pensador, y traducido por Aleteia
Artículo publicado en el blog Pensador, y traducido por Aleteia
Fecha de Publicación: 15 de Octubre de 2015
Homilía del Tercer Domingo de Adviento,ciclo a
Labels: homilías,
homilías,
Tiempo de Adviento Ciclo A
Suscribirse a:
Entradas (Atom)