Homilía Breve del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, ciclo a
Mateo 25, 1-13 — ¿Qué mantiene encendida la lámpara de nuestra fe?
Las diez
jóvenes representan al pueblo de Dios, a todos nosotros, que caminamos
hacia el encuentro con Jesucristo. Él es el Esposo, y la boda representa la
alegría de la vida eterna. Nuestra existencia es precisamente ese camino que
comenzó el día de nuestro nacimiento y que terminará con el encuentro
definitivo con el Señor.
Pero, mientras caminamos, necesitamos luz.
Las lámparas
nos recuerdan la fe que ilumina nuestra existencia. El salmista lo expresa
con unas palabras hermosas: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi
sendero» (Sal 119 [118], 105). La Palabra de Dios nos permite comprender
nuestra vida y reconocer el camino que debemos seguir.
Ahora bien, una
lámpara necesita aceite para continuar alumbrando. Y aquí encontramos una de
las enseñanzas fundamentales de Jesús.
El aceite
representa esa vida de fe que se alimenta escuchando la Palabra de Dios,
acogiendo sus enseñanzas y aprendiendo a vivir conforme al Evangelio. Es nuestra
relación con Cristo, que necesita ser cultivada cada día mediante la oración,
la Eucaristía, la vida comunitaria y el amor concreto a los demás.
Podemos
comprenderlo fácilmente pensando en un matrimonio. El día de la boda, los
esposos se prometen amor para toda la vida. Pero aquella promesa necesita
hacerse realidad cada jornada. Si dejan de escucharse, de hablar, de perdonarse
y de cuidar su relación, el amor puede ir enfriándose, aunque continúen
viviendo bajo el mismo techo.
Algo parecido
puede sucedernos con Jesucristo. Podemos estar bautizados, acudir a misa y
conservar muchas costumbres religiosas, pero ir perdiendo poco a poco la
familiaridad con su Palabra. Y eso termina notándose en nuestra manera de
vivir.
Cuando llega una
discusión familiar, cuando debemos perdonar una ofensa, cuando un hijo nos
preocupa o tenemos que cuidar a nuestros padres ancianos, necesitamos que el
Evangelio ilumine nuestras decisiones. De poco sirve tener una lámpara si no
disponemos del aceite que mantiene viva su llama.
Por eso las cinco
jóvenes sensatas llevaron unas pequeñas vasijas, llamadas alcuzas, con
aceite de reserva. Fueron prudentes porque supieron anticiparse. Comprendieron
que la espera podía prolongarse y prepararon lo necesario.
Las necias, en
cambio, no pensaron en ello. Habían salido con sus lámparas, pero descuidaron
lo que necesitaban para mantenerlas encendidas.
Y ocurre algo sorprendente: las diez se
quedaron dormidas, también las sensatas.
Jesús sabe que
podemos cansarnos, atravesar dificultades y perder el entusiasmo de los
primeros años de nuestra vida cristiana. La diferencia no consiste en que unas
nunca se cansaran, sino en que habían cuidado su preparación.
A medianoche se
escucha un grito: «¡Que llega el esposo!». La noche nos recuerda también esos
momentos de enfermedad, sufrimiento o desconcierto en los que necesitamos
especialmente la luz de Cristo.
Entonces las necias descubren que les
falta aceite y se lo piden a sus compañeras. Pero estas no pueden dárselo.
No se trata de una
invitación al egoísmo. Jesús quiere enseñarnos que hay algo que nadie puede
hacer en nuestro lugar: responder personalmente a su amor. Nuestros padres
pueden transmitirnos la fe, nuestra comunidad puede acompañarnos y nuestros
hermanos pueden rezar por nosotros. Pero nadie puede sustituir nuestra decisión
de escuchar a Cristo y vivir según su Evangelio.
Finalmente, el
Esposo llega, las preparadas entran en la fiesta y la puerta se cierra. Es una
advertencia seria sobre la importancia de nuestra vida presente. No podemos
dejar indefinidamente para mañana nuestra respuesta a Dios.
Por eso Jesús
termina diciendo: «Manteneos, por tanto, vigilantes, porque no sabéis ni el día
ni la hora» (Mt 25, 13).
Quizá llevamos
muchos años siendo cristianos. Pero merece la pena preguntarnos si seguimos
escuchando a Jesucristo con el mismo interés, si su Palabra continúa orientando
nuestras decisiones y si estamos cuidando nuestra amistad con él.
Porque la fe no se
mantiene viva solamente por haber creído un día. Necesita alimentarse hoy,
mientras caminamos hacia el encuentro con el Esposo.

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