miércoles, 27 de octubre de 2021

Miércoles de la semana XXX del tiempo ordinario, RADIO MARÍA

 

Miércoles 27 de octubre de 2021

Semana XXX del Tiempo Ordinario, año impar

Radio María

 

            A todos los radio oyentes de Radio María, y de una manera más particular a nuestros enfermos, mayores y a todos los que se encuentren en los hospitales, residencias de ancianos o en sus casas, un cordial saludo en Cristo.

 

            Hoy Jesús nos dice una frase que nos ha podido quedar un tanto desconcertados: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán».

Hay sacerdotes que dicen que todos vamos al cielo, que el infierno no existe, que eso de confesarse es algo del pasado, que lo importante es ser buenos ciudadanos y que Satanás es un invento para meter miedo. Estos sacerdotes se piensan que la vida cristiana es como una escalera mecánica –de esas que hay en el metro de Madrid o en los grandes centros comerciales- que te va subiendo sin que tengas que esforzarte por subir ni un escalón… ¡Pues como esos sacerdotes estén algo rellenitos no entrarán por esa puerta estrecha ni haciendo un esfuerzo extraordinario por meter la barriga para dentro! A todas luces esos curas no se han enterado de lo que nos dice Jesucristo y terminan perjudicando a sus fieles.

 

Jesús quiere que tú te salves y que seas santo. Él va a poner todo de su parte para que tú puedas disfrutar de la salvación. Por eso estamos en la Iglesia, que es la gran escuela de los discípulos del Señor, donde celebramos la fe, donde nos confesamos, donde nos alimentamos de su Palabra y de su Cuerpo y Sangre, donde rezamos y vamos aprendiendo a vivir como cristianos en medio de esta sociedad en la que Dios no pinta nada.

 

Cuando Jesús nos dice que ‘nos esforcemos por entrar por la puerta estrecha’, nos está diciendo que en la vida cristiana es preciso integrar tanto la ascética, que es el poner todo de nuestra parte; y junto a la ascética está también la mística, que es el ser dóciles a la acción del Espíritu, el dejar que el Espíritu actúe en nosotros. Por eso en la primera de las lecturas nos escribe San Pablo y nos cuenta que: «sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien». Dicho con otras palabras, déjate moldear por el Espíritu, déjate hacer para que te enamores de Jesucristo y le sigas adonde Él quiera que vayas. La ascética y la mística son como la cara y la cruz de una misma moneda que nos ayudan a acoger el don de la salvación de Dios.

 

Voy a usar una imagen, una comparación, con todas las limitaciones que esto tiene para ayudar a entender el modo de cómo podemos colaborar con la Gracia divina: Imagínense ustedes un globo, de esos que se suelen usar en los cumpleaños. Supongamos que ese globo lo hemos hinchado con el gas helio y así lo tenemos en el techo de nuestro salón. Porque si el gas helio no está contenido dentro de ese globo, ese globo no puede ascender, y por mucho que le inflemos con nuestros pulmones ese globo no puede quedarse en lo alto del techo. En todo caso el globo quedará en el suelo o sobre  una silla o una mesa. Jesús nos llama a que hagamos todo lo posible para que posibilitemos que la Gracia de Dios entre en nuestra alma para que nos eleve a lo alto como ese globo lleno de helio. ¿Qué medios podemos poner nosotros para colaborar activamente con la Gracia divina, para ser un colaborador del Espíritu de Dios? Es decir ¿cómo cultivar esa ascética cristiana?, pues confesándote, rezando, perdonando de corazón y rezando por los que te han hecho algo malo... ‘Es que mi cura no confiesa…, es que mi cura dice la misa del domingo en quince minutos, es que le pido consejo espiritual y resulta que el cura está peor que yo’… Tú sé fiel a Cristo, y ten en cuenta que el Demonio intentará que te desalientes y que tires la toalla en tu vida cristiana. ¡Pero tú estate firme y fortalece los músculos de tu alma, porque el Espíritu Santo constantemente te sostiene entre sus alas!

sábado, 18 de septiembre de 2021

Homilía del Domingo XXV del Tiempo Ordinario, ciclo b

 Homilía del Domingo XXV del Tiempo Ordinario, Ciclo b

19 de septiembre de 2021

             Si pudiera poner un eslogan o una frase que pudiese resumir lo que hoy aquí estamos celebrando usaría la del Salmo responsorial: «El Señor sostiene mi vida».  Es evidente hermanos que a nadie le gusta estar enfermo, ser víctima de incomprensión, de maledicencia o de críticas. Es cierto que esto lo podemos asumir, no con emoción porque no causa ninguna emoción, sino como aquel que deposita en las manos del Padre una ofrenda doliente pero fragante, con silencio y paz. Todo esto tiene una palabra equívoca, la palabra ‘abandono’. Siempre que uno pronuncia esta palabra en los auditorios provoca una serie de extrañezas e incomprensiones, porque abandonarse le suena a algunas personas a pasividad, resignación, fatalismo, cruzarse de brazos, no hacer nada…Pero he de decirles desde el principio que no se trata de un abandono pasivo, sino dinámico. Es más, la vivencia del abandono coloca a la persona en su máximo nivel de eficacia, productividad y potencialidad. Pueden comprender que si se trata de abandonar todo lo negativo, todo lo destructivo del corazón, el resultado ha de ser eminentemente positivo y lo es. En todo acto de abandono en principio palpita un ‘no’. Pero no estamos hablando de una experiencia negativa, sino más bien de una experiencia oblativa. Porque hay que sacrificar, una criatura vivísima pero autodestructiva, regresiva y agresiva que palpita en nosotros. Un ‘no’ a lo que yo quería o hubiese querido: Venganza, me hicieron una infamia y me brota instintivamente el impulso de venganza. Pero ‘no’ a esa venganza. Resentimiento porque todo me está saliendo mal en la vida, no a ese resentimiento. Tristeza y vergüenza porque no nací siendo tan poca cosa y físicamente o moralmente, no a esa tristeza y vergüenza. ¡Qué pena a aquello que sucedió y que al suceder ya  fue un hecho consumado y no podemos volver atrás!, no a esa pena. Y en el abanico general de nuestra vida vamos diciendo ‘no, no, no’, muriendo y muriendo a todos los impulsos agresivos, regresivos y autodestructivos. En el fondo del abandono está un morir, un sacrificar una realidad vivísima pero negativa y autodestructiva. Hay un ‘no’, y hay un ‘sí’. ‘Sí Padre, lo que tu dijiste, sí a lo que tú dispusiste, permitiste’. Estamos en la espiritualidad de los anakín bíblicos, cuya palabra específica y básica es ‘hágase’.

            Todo lo que nosotros nos resistimos lo convertimos en enemigo. Si no me gustan estas manos, estas manos son mis enemigas; si no me gusta este tipo antipático que vive y trabaja conmigo es mi enemigo; si no me gusta este frio, esta lluvia, ese sol o esta niebla o granizo, es mi enemigo. Los enemigos existen dentro de nosotros y nuestros enemigos existen en tanto y en cuanto nosotros les damos vida con nuestras resistencias mentales. Si nuestros enemigos están dentro de nosotros, nuestros amigos también están dentro de nosotros. Si acepto estas manos, estas manos son mis amigas; si acepto a este tipo antipático que convive conmigo es mi amigo, el problema no está en él, está en mí. Si acepto este cuerpo, este cuerpo es mi amigo… si acepto este viento, es el hermano viento; si acepto la enfermedad, es la hermana enfermedad. Uno de los mayores puntos de sabiduría del cristiano consiste en hacerse hermano y amigo de la hermana enfermedad. Si acepto la muerte, es la hermana muerte. En nuestras manos está en trasformar a todos nuestros enemigos en amigos, todos los males en bienes y todo gracias ‘a la reconciliación’. ‘Reconciliación’ es que antes era enemigo de algo y ahora no lo soy; porque antes lo rechazaba y ahora lo acepto. Puedo ser enemigo de mi nariz, y estar toda la vida pensando mal de mi nariz porque no me gusta y amargarme la vida por mi nariz, voy a reconciliarme con mi nariz, que es tanto como decir, voy a aceptar de las manos de Dios el hecho de que tenga esta nariz, estas manos o aquel tipo tan desagradable y antipático. Este es pues el concepto de reconciliación: hacer la paz, aceptar. Tantas cosas que nos resistimos inconscientemente.

            La gente vive resentida y desesperada porque aquella cosa le salió mal y no tuvieron suerte, porque aquí o allí hubo un accidente y que les destrozó todo lo que se proponían, porque simplemente aquí hubo una lamentable equivocación en la vida y ahora en este momento ya no se puede hacer nada, hechos pasados, hechos consumados. Como se podrán darse cuenta, más de un 60, 70, 80 o 90 % de las cosas no tienen solución, o la solución no está en nuestras manos. ¿Cómo me hubiera gustado haber nacido con un temperamento alegre y jovial para estar feliz con la gente y nació con un temperamento desagradable que entristece a los que tiene al lado por ser desaborido, desagradable y retraído?... pero cada uno es como es. Por lo tanto un tanto por ciento de las cosas que nos suceden no tienen solución. Si no hay nada que hacer ¿qué se consigue con resistir a realidades que uno no puede cambiar? Las cosas que tienen solución se solucionan combatiéndolas y las cosas que no tienen solución se solucionan dejándolas en las manos de Dios. Y las dejamos en las manos de Dios porque esto de esta manera deja de ser una fuente de amargura para nosotros. La sabiduría nos dice que los imposibles, lo que no tiene solución, lo que nos hace sufrir sobremanera, hay que dejarlos en las manos del Padre. En tus manos lo dejo y haz de mí lo que quieras. Y por todo lo que hayas permitido de mí en mi vida vengo a decirte que ‘estoy de acuerdo con todo y que lo acepto todo, con tal que tu voluntad se haga en mi y en todas tus criaturas. Y no deseo nada más, Dios. Y pongo mi vida entre tus manos, y pongo mi vida entre tus manos y pongo mi pasado, mi presente y mi futuro entre tus manos,… te lo doy, Dios mío, incondicionalmente, con todo el ardor de mi corazón, porque te amo’. Y es una necesidad de amor el darme y entregarme entre tus manos, con infinita confianza porque tú eres mi Padre.

            Y de esta manera la paz ya está tocando la puerta de tu corazón. De tal manera que lo que tenga solución, combatir ferozmente; pero lo que no tiene solución, dejadlo en las manos de Dios. Cuando yo dijo ‘dejar’, cuando yo digo ‘que dejo este reloj encima de la mesa’, significa que yo me desprendí de este reloj, que ya no lo toco. El reloj está ahí y yo estoy aquí. ‘Dejar en la manos de Dios’ quiere decir que del mismo modo que yo dejo este reloj en un lugar y me desvinculo de él, pues ese fracaso, disgusto o problema al dejarlo en las manos de Dios yo ya me desvinculo de él y libero mi mente, ya lo dejé. Y pasa que la mente queda en silencio y pasa que automáticamente el corazón entra en paz. Silencio en la mente y paz en el corazón. Y el abandono es un homenaje en el silencio a Dios nuestro Dios, a Dios nuestro Padre.  Nosotros estamos en una experiencia de Dios y en este momento estamos afrontando la vida desde el punto de vista de la fe y de la experiencia de Dios. Por eso dijo que lo dejemos en las manos de Dios. Y poco a poco, entregando a Dios todo aquello que somos, por lo que luchamos y por lo que nos desborda en el dolor y en sufrimiento, proclamamos, con plena fe y convencimiento aquello que recitamos en el Salmo responsorial:  «El Señor sostiene mi vida».

sábado, 11 de septiembre de 2021

Homilía del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario, ciclo b

 Homilía del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario, Ciclo b

12 de septiembre de 2021

 

            Este evangelio de hoy tiene una pregunta central [Mc 8, 27-35] en Cesarea de Filipo «y vosotros ¿quién decís que soy yo?». A lo que el apóstol Pedro le responde «tú eres el Mesías», ‘tú eres el Cristo’. La palabra ‘Cristo’ aparece unas 500 veces en el Nuevo Testamento, y al comienzo aparece como una expresión clara que dice que ‘Jesús es el Cristo’, pero con el paso del tiempo llega a formar parte del propio nombre ‘Jesucristo’. De tal modo que a Jesús se le llama ‘Jesucristo’, o  solas ‘Cristo’. Y nosotros hemos pasado a llamamos ‘cristianos’, los que seguimos a ‘Cristo’.

            La palabra ‘Cristo’, en el Antiguo Testamento que está escrito en hebreo, se decía ‘masías’, que es ‘mesías’. En el Nuevo Testamento que está escrito en griego, el término hebreo de ‘mesías’, es traducido por ‘Cristo’, y ‘Cristo’ significa el ungido. Sabemos cómo en el Antiguo Testamento los reyes, los profetas eran consagrados mediante la unción de un óleo perfumado en un acto religioso que se llamaba ‘la consagración’, se les consagraba. Eran instrumentos de Dios, con ese aceite consagrado se manifestaba que Dios se apoderaba de ellos, se servía de ellos para ser instrumentos de Dios delante de los demás. Esos eran los ungidos. Con el paso del tiempo el Pueblo de Israel pide a Dios que envíe un Mesías, que sea el ungido, que sea  no sólo un futuro rey, sino que sea el Hijo de Dios, el que venga a nosotros consagrado por el Espíritu Santo. Primero fue Dios el que consagró a los hombres para que ellos fueran testigos de Dios en medio del pueblo y el culmen es que Dios mismo envía a su propio Hijo siendo ungido por el Espíritu Santo.

            Ahora bien, si era tan importante la pregunta y era tan importante la respuesta, ¿por qué Jesús les mandó enérgicamente que no se lo dijeran a nadie?, ¿por qué Jesús pidió ese secreto mesiánico? Obviamente porque existía un peligro de que fuera mal entendido, que esta expectativa mesiánica no fuera entendida conforme al designio de Dios. Y para matizar las cosas, Jesús toma a parte a Pedro y les empieza a enseñar que el Hijo del Hombre tenía que sufrir mucho, que tenía que padecer, ser desechado por los hombres…que tenía que ser crucificado y que al tercer día resucitaría. Y esto suscita un gran escándalo y Pedro intenta apartar a Jesús de tal idea porque ese no era el mesías que ellos estaban esperando, y la reacción de Jesús es contundente cuando a Pedro le llega a decir ‘apártate de mi vista Satanás’. La clave de todo esto es subsanar la idea de pensar en un mesías que venga a ayudarnos para luchar contra los malos. Hemos pensado que los malos son los de enfrente y que venga el Mesías en mi ayuda en mi batalla contra los malos. Y en aquel entonces los malos eran los romanos, pero cada uno de nosotros podemos pensar que los males de nuestra vida están concretados en determinadas personas, circunstancias o retos que son los malos a abatir. Y la visión de Jesús es bien distinta: Jesús no ha venido para luchar contra los malos, sino que ha venido a redimirnos y hacernos a todos los que somos pecadores que seamos santos redimiéndonos de nuestro pecado. El Mesías de Dios no ha venido a luchar contra los malos, sino para hacernos buenos a todos y salvarnos a todos. Otra cosa es que uno se deje salvar por el Señor. La frontera entre el bien y el mal no está ahí afuera, no es una trinchera en la que el mal está en el otro lado y yo estoy en el otro lado; sino que la frontera entre el bien y el mal pasa por la mitad de mi corazón.

            Jesús nos predice que en el plan de Dios está el de entregar su vida en sacrificio por la transformación del hombre para que renazcamos a una vida santa. Por eso termina el evangelio diciendo «si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga».

            Podemos tener un riesgo, porque podemos pensar como pensaban equivocadamente, pensando que tenemos a Dios de nuestra parte o de mi parte. La clave está en que yo esté de la parte de Dios. No pretender traer a Dios a mi servicio. No es el Cielo el que tiene que obedecer a la tierra, sino la tierra quien tiene que obedecer al Cielo. Jesucristo nos mete en una dinámica en la que se exige nuestra purificación y nuestra concepción de Dios. Y es la sabiduría de la cruz y esto supone el dejar de confiar en nuestra propia voluntad y confiar en la voluntad de Dios.

martes, 31 de agosto de 2021

San Antolín , mártir, Patrono de la diócesis y de la ciudad de Palencia

 San Antolín 2021

2 de septiembre de 2021

Hermanas, les voy a contar la leyenda de San Antolín. Nos remontamos a los tiempos del rey Sancho III  Mayor de Navarra, por el año 1035 d.C., al que gustaba cazar por tierras palentinas y siempre dispuesto a cazar una buena pieza. En aquel entonces Palencia era un auténtico vergel y la zona que conocemos de la Catedral ni siquiera existía. Era todo selvático. Cuenta la leyenda que cabalgaba el rey Sancho III Mayor de Navarra en su caballo cuando vio aparecer el jabalí más grande que se haya visto jamás en Palencia. Y al ver semejante pieza de caza tan codiciada el rey Sancho Mayor de Navarra se lanza en su persecución tras el jabalí y el jabalí corriendo a toda velocidad para intentar escapar. Y recorriendo el territorio por las tierras palentinas, cuentan que el jabalí se adentró en una cueva, en una cueva silenciosa, oscura, pero el rey Sancho de Navarra no desistió de su pieza de caza porque quería comerle como plato central de las viandas que se pensaba zampar. Mas el rey cuando su visión se acostumbró a la oscuridad de la cueva atisbó a la pobre fiera que estaba acorralada, mas al tensar el venablo, el rey no podía mover su brazo, se quedó inmovilizado en su brazo, sentía su brazo paralizado, el brazo no tenía fuerzas… y en estas cuentas estaba el monarca cuando se apareció el Santo, San Antolín y entonces el rey lo comprendió. El rey cayó de rodillas, se postró ante la imagen del santo, y mirándole a los ojos le dijo: “San Antolín, noble santo, vienes aquí a reprocharme mi actitud, no debía adentrarme en terreno sagrado, porque eso es lo que es esta cueva, terreno sagrado, y aquí he entrado a derramar sangre en donde no debería haberlo hecho. Ante ti me postro, San Antolín y prometo que aquí erigiré un templo, aquí erigiré una iglesia que tendrá como base esta cripta, esta cueva tan recóndita donde ese jabalí que me ha hecho ver la verdad mediante tu aparición, saldrá sano y salvo”. 

Y aquí tenemos precisamente el origen de la Catedral de Palencia, la Bella Desconocida. El origen de la Catedral de San Antolín que es así como se llama. Todos los años –los que se puede- se renueva la tradición de beber el agua de la cripta a la que atribuyen poderes curativos. Pero más allá de esa atribución que se le puede dar al agua del pozo de la cripta hay otra sumamente más importante. Fue de esa agua donde fueron bautizados los primeros cristianos palentinos y es ahí donde se nos recuerda que surgen nuestras raíces cristianas que nos conducen al cielo.

En esta solemnidad del Patrón de nuestra diócesis se nos recuerda que no hace falta ser un profesional para poder hablar de Dios. Dios es más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad. Es importante hablar de Dios porque de la abundancia del corazón habla la boca. Y es normal que aquel que tiene a Dios en su corazón lo exprese, y hable de Dios de una manera o de otra. Ahora bien, siempre será mucho más de lo que expresemos, porque nuestras palabras se quedan siempre cortas. Por eso, cuando hablemos de Dios, hay que hablar con humildad. Conocemos aquella imagen que utiliza San Agustín de aquel niño que estaba en la playa y quería hacer un agujero y meter agua con los cubos de agua. A lo que san Agustín se acerca al niño y le pregunta qué es lo que hacía, a lo que el niño le responde que estaba intentando meter todo el agua del mar en ese agujero de la arena. Y en ese momento San Agustín se da cuenta de que Dios le estaba dando una llamada a corregirse, porque él estaba intentando meter a Dios en su mente y eso no es posible. Somos nosotros los que estamos llamados a hacernos imagen y semejanza de Dios, no pretendamos meter a Dios en nuestros conceptos porque no podemos hacer un dios a nuestra imagen y semejanza. Somos nosotros los que tenemos que estar en continua transformación teniendo en cuenta de que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. No podemos manipular nunca el concepto de Dios.

Hoy en el día de nuestro santo Patrón, San Antolín, se nos recuerda que nuestras raíces son cristianas y que ha de circular por nuestras venas la savia de la gracia. Y del mismo modo que el rey Santo III Mayor de Navarra supo darse cuenta de que en esa cueva, de que en esa gruta aconteció algo sagrado que le cambió la vida, que también nosotros, cada día en la Eucaristía, descubramos el gozo de tener con nosotros al autor de nuestra vida y de nuestra alegría.

 GOZOS DE SAN ANTOLÍN PATRÓN DE PALENCIA

Pues en el cielo elevado
gozáis de eternos loores
rogad por los pecadores,
Antolín, mártir sagrado.

De sangre real nacisteis
en Pamiers, y en dones ricos,
en el rey Teodorico
tío y tutor vos tuvisteis;
empero libre de errores
os habéis vos conservado.
Rogad por ...

Muerto aquél a Roma huís
y en Salermo al fin paráis
donde en el yermo encontráis
sabios monjes do vivís
entre tales preceptores
veinte y dos años medrado.
Rogad por ...

El sacro orden recibido
de diácono, predicando
prodigios, muchos, obrando
la Italia habéis recorrido;
con el palo los ardores
de la sed habéis saciado.
Rogad por...

A vuestra patria volviendo,
de Arrio el error refutasteis
por lo que preso os hallasteis
dentro calabozo horrendo;
por el rey con los horrores
de hambre a morir condenado.
Rogad por...

Después del séptimo día
aún vivo os encontraron
y al pío Almaquio observaron
que el gran peso os sostenía;
de los grillos y traidores
al joven has desdeñado.
Rogad por...

Cuando Alarico murió
un ángel la libertad
os dio y a la soledad
el señor os dirigió:
de Almaquio y Juan los ardores
vuestro celo ha entusiasmado.
Rogar por ...

Del monte entre la aspereza,
Gesaleico os halló
y a sus soldados mandó
que os cortasen la cabeza;
vuestro cuerpo sus furores
al Aregia han arrojado.
Rogad por ...

Palencia por su patrón
siglos hace que os venera
y vuestros restos venera
y adora con devoción;
y con sus restauradores
un prodigio habéis obrado.
Rogad por ...

Pues por Jesús premiado
gozáis de célicos honores
rogad por los pecadores
Antolín, mártir sagrado.

domingo, 29 de agosto de 2021

Bodas de Oro de la Profesión Religiosa de una Monja Carmelita Descalza de Palencia

Bodas de Oro de la Hna. Ana María de la Santísima Trinidad

31 de agosto 2021

           

Hna. Ana María de la Santísima Trinidad estás aquí como fruto de una llamada particular que Cristo te hizo a ti personalmente: es tu respuesta a la llamada particular que Cristo te hizo, y tú has respondido con fidelidad. Y respondiendo a esta llamada de Cristo te has dedicado y te dedicas totalmente a Dios y a la perfección de la caridad movida por el Espíritu Santo. Con tu vida de oración y entrega estás colaborando en la santidad de la Iglesia y eres una discípula de Cristo que contribuye en la construcción del Reino de Dios junto a toda esta Comunidad de Carmelitas Descalzas.

            Una vida consagrada que es una llamada a mantener encendida esa lámpara, esa llama de la santidad. Una vida consagrada que sigue los consejos evangélicos como estado de vida. Es cierto que Jesús dio consejos evangélicos para todos sus seguidores, pero cuando de esos consejos que dio Jesús se convierten en estado de vida, en formas de vida explícita, es cuando estamos en el estado de vida consagrada, la cual es un regalo para la Iglesia y todas aquellas que se consagran son una bendición de Dios porque colaboran más estrechamente con el Divino Salvador.

            Es verdad que la primera consagración es la bautismal, donde se reafirma que nuestro corazón es de Dios, que nuestro corazón tiene dueño, que somos de Dios. Y el que hace los votos de la vida consagrada lo que hace es visualizar la consagración fundamental bautismal y la actualiza de una manera concreta viviéndolo a través de la consagración de unos votos. De tal modo que la vida consagrada es como un faro encendido en medio de la noche, en medio de la tibieza, en medio de la mediocridad para que recordemos todos que en el bautismo todos hemos sido consagrados a Cristo. Hoy nuestra Hermana Ana María de la Santísima Trinidad, en sus cincuenta años de consagración ha estado día y noche siendo ese faro encendido en medio de esta tierra iluminando el rostro de Cristo a toda la Iglesia, iluminando al conjunto de todos los fieles.

            Nuestra Hermana Ana María aporta y ha aportado a la Iglesia al entregarse a Cristo y a los hermanos, dando testimonio de la esperanza del Reino de los Cielos. La Hermana Ana María sabe que lo principal de su vocación no es qué cosas se hace, sino lo que es, lo que somos: la vocación es ser de Cristo. Y de ese ser de Cristo manan las diversas actividades diarias, desde pintar, rezar en el coro, tocar el órgano hasta planchar o hacer las formas. Ella sabe que lo esencial es primero el ser antes que el hacer. La vida de esta Comunidad de Carmelitas Descalzas nos recuerda a todos que somos de Dios, que nuestro corazón tiene dueño y que su dueño es Jesucristo. Nos recuerdan que tenemos a Dios como Padre y que nuestro corazón está centrado en esa filiación divina.

            La Hermana Ana María, junto a toda la Comunidad, es testimonio de la esperanza del Reino de los Cielos, porque ustedes adelantan lo que será ese don de la esposalidad que tendremos todos con Dios en los cielos. Allí no habrá esposos ni esposas, ni maridos ni mujeres, sino que allí seremos como ángeles con un único corazón en Dios. La vida consagrada nos adelanta esa esperanza de la vida eterna con el Señor. La vida consagrada nos recuerda que nuestro corazón esté libre de ataduras, sólo estar con el Señor, siendo un estímulo a la santidad. De tal modo que la santidad de los consagrados es un estímulo para los matrimonios, para los sacerdotes para todos los creyentes, y la hermana Ana María es un estímulo para aquellos que tenemos la suerte de conocerla. La vocación cuando se vive con intensidad, cuando se vive en plenitud acaba siendo un estímulo para los demás y este es el caso de nuestra hermana Ana María de la Santísima Trinidad porque durante estos noventa años de vida y cincuenta de consagrada ha ido realizando ese proyecto de santidad aquí en el Carmelo Teresiano, en el lugar donde el Señor la ha plantado y que ahora celebramos recordándonos que la principal llamada que hemos recibido en esta vida es una llamada a la santidad.

            La vida de esta hermana nuestra, Ana María, es un ‘amén’, es un sí confiado y total al Señor, confiándose totalmente a su Amado, Cristo el Señor. Ella dice ‘amén’ como la Virgen María, como señal de solidez, de fidelidad al Señor y en el Señor. Decir ‘amén’ es recordar que Dios es fiel y nosotros estamos llamados a confiar plenamente en su fidelidad. Y nuestra hermana Ana María diariamente proclama este ‘amén’ en señal y como signo de constante fidelidad al Señor aún en medio de la prueba. Este ‘amén’ significa también un acto de obediencia a la voluntad de Dios. San Agustín dice que “los que en esta vida dicen ‘amén’  a Dios, en la próxima vida dirán ‘aleluya’ “. Para poder gritar ‘aleluya’ en la vida eterna tienes que abrazar el ‘amén’ que es la obediencia, que es la fidelidad, es decir el ‘yo confío plenamente en la fidelidad de Dios’. Es un ‘amén’ a la fidelidad de Dios; es una ‘amén’ a la voluntad de Dios. Los que son fieles en el ‘amén’ en esta vida, reciben el don del ‘aleluya’ en la vida eterna. Y nuestra hermana Ana María de la Santísima Trinidad ha proclamado durante estos cincuenta años de vida consagrada en el Carmelo Teresiano ese ‘amén’ a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y lo seguirá haciendo hasta el día que ella, junto a todos nosotros podamos proclamar, junto con ella, a pleno pulmón el ‘aleluya’ en la Patria Celestial.

            Hermana Ana María, “el Señor te bendiga y te proteja,

ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor,

el Señor te muestre su rostro y te conceda la Paz”.

 

            Hermana, enhorabuena por estos cincuenta años de vida consagrada.