DOMINGO QUINTO DE PASCUA, ciclo b
Una comunidad cristiana debe ser movida por el Espíritu Santo. Todos los servicios y tareas que uno desempeña dentro de la Iglesia han de estar motivadas por el amor a Dios. No debemos buscar nuestro interés, sino el interés de Cristo. Es que resulta que si empezamos a buscar nuestros propios intereses y nos dejemos mover por nuestras propias apetencias nos estamos constituyendo en obstáculos de la gracia y estamos impidiendo que Cristo sea conocido y amado.
La primera comunidad era fecunda porque lo prioritario era tener un encuentro personal con Cristo que fuera la columna vertebral tanto a la hora de pensar como de obrar. Son muchos los jóvenes que se reciben el sacramento de la confirmación y no han llegado a descubrir quién es Cristo para ellos y lo que Cristo les está pidiendo. Y lo que genera pena es que estos jóvenes llegan a pensar que esto es lo único que ellos pueden adquirir en su vida cristiana. El propio Pablo de Tarso fue transformado a partir de ese encuentro con el Resucitado y todo lo empezó a estimar basura con tal de tener a Jesucristo a su lado.
Hermanos, podemos tener las iglesias más o menos llenas de personas, pero lo que nos interesa es que cada uno tenga tan dentro de sí al Señor que llegasen a pensar: Yo no puedo entender mi vida sin Cristo. La primera comunidad cristiana no podía entender su vida sin Cristo.
Podemos pensar, de modo equivocado, que nuestra vida está como dividida en carpetas clasificadoras: una cosa es la vida familiar, otra la laboral, otra la religiosa y así todas y cada una. Y esto es un error ya que solo hay una única persona con una única vida. No podemos ser esquizofrénicos. Si nuestra vida desea dar fruto debemos de estar unidos a la vid que es Cristo. Nosotros somos sus sarmientos y le necesitamos siempre y en todo momento. Daremos fruto siempre que estemos unidos a Él. Del mismo modo que se observa cómo una amistad se resquebraja y se termina distanciando llegando, incluso a perder el trato, del mismo modo nosotros podemos distanciarnos de la vid y llegar a terminar estériles en el amor. A toda costa debemos de evitar el distanciamiento del Señor. Curiosamente si nosotros damos un paso hacia atrás, Él da un paso hacia delante para aproximarse a nosotros.
Les voy a poner un ejemplo un poco duro. En todo el tiempo que llevo de sacerdote me he encontrado con jóvenes que mantienen conversaciones soeces, sucias y que lejos de instruir, demuelen. Es que resulta que de lo que ‘está lleno el corazón habla la boca’. Estoy seguro que las lecturas que ellos hacen y las imágenes que ellos ven no les están ayudando, sino les está deformando espiritualmente. En cambio un cristiano que está unido a Cristo que es la vid, eso se nota, y mucho. En primer lugar porque lucha contra el pecado, y si cae está deseando confesarse para estar de nuevo en estado de gracia. Lucha contra sus pasiones y desea seguir conociendo a Cristo porque Cristo le llena de gozo su corazón. Es cierto que es un gozo difícil de calificar, ya que es un gozo espiritual, y sobre todo, todo lo que se proponen hacer o hacen es para decir a Dios una cosa bien clara: Señor, te amo.
