sábado, 3 de diciembre de 2011

Segundo domingo tiempo de Adviento, ciclo b

SEGUNDO DOMINDO DEL TIEMPO DE ADVIENTO, ciclo b

El Apóstol San Pedro, en su segunda carta nos escribe lo siguiente: «Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan». Como cristianos que somos debemos de reconocer la primacía de la vida de Dios, la primacía de la gracia. Creer de verdad que Él es. Creernos auténticamente que Dios existe, que está aquí y que desea hacer una alianza de amor con cada uno. Es hacer de la fe el criterio de mi vida, la norma de mi conducta. Si alguien os preguntase quién es Jesucristo o qué es la Iglesia, seguro que la respuesta emanada de la mente sería la correcta, ya que muchos de ustedes tienen los conceptos claros y se acuerdan de las contestaciones del catecismo. Sin embargo si la pregunta variase y fuera, ¿quién es Jesucristo para ti?¿qué te aporta Jesucristo a tu vida cotidiana?, seguro que la contestación sería mucho más lenta. Les comentaba a las chicas de confirmación que los conceptos los podemos tener más o menos claros, pero la vivencia de Jesucristo la tenemos demasiado adormecida.

Ahora bien, la culpa de que esté adormecida nuestra experiencia de lo divino no procede de Dios, sino que los únicos culpables somos nosotros. Cuando acudimos a la consulta del médico nos dan una cita. Uno llega a esa cita y enseguida se percata que tiene que esperar mucho tiempo, ya sea porque van muy atrasados, ya sea porque algunos pacientes han requerido mayor tiempo por parte del doctor. Y nos toca esperar. Con Jesucristo pasa todo lo contrario: Es el Señor Jesús el que nos está esperando a que le hagamos una visita. Jesucristo, pacientemente, está aguardándonos en el Sagrario para podernos sanar el alma y rejuvenecer nuestra vida espiritual. Y es que resulta que para esta consulta de Jesucristo médico de los cuerpos y de las almas no hay cola para aguardar, pocos están para ser atendidos por el Señor.

Precisamente hoy Juan el Bautista grita a pleno pulmón lo siguiente: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». La fe nos ofrece al Señor, sin embargo tendemos a clasificar y a encajonar todo lo que esté relacionado con Jesucristo con la etiqueta de ‘Iglesia’ y lo empaquetamos como algo que no tiene que ver ni con la familia, ni con la escuela, ni con los medios de comunicación, ni con lo que ocurre en el pueblo, etc. Y claro está, este razonamiento está equivocado. Jesucristo es el centro de nuestra existencia. Del mismo modo que las placas solares se aprovechan de los beneficios del sol para generar energía, del mismo modo nosotros debemos aprovecharnos de la Eucaristía y de la Palabra de Dios para recargar nuestras vidas espirituales e ir descubriendo lo que Dios quiere de nosotros. De este modo, al dejar que Jesucristo entre en nuestra vida, iremos descubriendo cómo tenemos que ir reformando nuestra mentalidad para ser y vivir como cristianos plenamente. Mientras tanto, tal y como dice el Apóstol San Pedro, Dios está ejercitando la paciencia con nosotros para darnos tiempo para convertirnos y salvarnos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Biografía de San Josemaría Escrivá

Benedicto XVI: "Dios no es sólo importante, es todo

Sin fe no se construye Europa

Sin fe no se construye Europa

2011-12-01 L’Osservatore Romano.
Sin la ayuda de la religión no se construye Europa.


Especialmente en un contexto cada vez más multicultural, donde los valores comunes, si se relativizan, corren el peligro de ser vaciados de contenido y de autoridad. Sobre la base de estas consideraciones llega el llamamiento a sostener el proyecto de una plataforma estable de diálogo entre el Consejo de Europa y los representantes de las religiones, de los grupos no confesionales y de los medios de comunicación. La petición llegó al término del encuentro sobre el «Papel de los medios de comunicación en la promoción del diálogo intercultural, de la tolerancia y de la mutua comprensión: libertad de expresión de los medios de comunicación y respeto de la diversidad cultural y religiosa», organizado en Luxemburgo por el mismo Consejo de Europa. En especial, Anne Brasseur, de la asamblea parlamentaria del mismo organismo, fue quien propuso dar un seguimiento concreto a la recomendación ya puesta bajo la atención del Comité de los ministros del Consejo de Europa.
Se reconoce, por lo tanto, la urgencia de escuchar lo que las comunidades religiosas presentes en el continente tienen que decir con respecto al respeto recíproco y a una convivencia fructífera. Un campo en el que los representantes religiosos, principalmente cristianos, y católicos en particular, hacen alarde de una reconocida experiencia, construida a lo largo de décadas de relaciones ecuménicas y entre los diversos credos. «Hay una nueva atención —explica monseñor Aldo Giordano, observador permanente ante el Consejo de Europa— y una mayor conciencia del papel de las religiones. La perspectiva es correcta, también porque aquí no se trata de sustituir al diálogo interreligioso, que obviamente se mantiene desde hace mucho tiempo en otras sedes, ni se pretende afrontar temas teológicos. Se trata de reconocer que la religión es determinante para la identidad cultural que, en Europa, es una identidad evidentemente cristiana. Por lo demás, precisamente en virtud de esta identidad, naturalmente llevada a la apertura hacia el otro, el continente busca afrontar de manera justa los nuevos desafíos que se le presentan».
Entre estos está el tema de la educación. De quienes operan en el mundo de la comunicación, pero también de quien lee o escucha las noticias. Al organizar el encuentro en Luxemburgo, el Consejo de Europa reconoció que el periodismo tradicional y los nuevos medios de comunicación tienen un papel crucial al favorecer actitudes tolerantes o no con respecto a las diversas comunidades religiosas. Aparentemente es una observación que se da casi por descontado. Pero permite afirmar que las diversidades objetivas y no eliminables que existen entre los credos no se pueden evocar siempre como pretexto para que surjan sentimientos de hostilidad, que a menudo son de otra naturaleza: «Las religiones tienen mucho por decir —observa el padre Duarte Da Cunha, secretario del Consejo de las conferencias episcopales europeas— en la construcción de una comunidad multicultural. Estas son interpeladas por los medios de comunicación para contribuir a dicha construcción. Pero, al mismo tiempo, es preciso que los medios de comunicación adquieran mayor conciencia cuando se refieren a la vida religiosa de las comunidades». Estereotipos y sensacionalismos constituyen el peligro más evidente. Además de la falta de competencia profesional y la ignorancia que, como destacó Anne Brasseur, «es el peor enemigo de la tolerancia».
El extremismo, por desgracia, no es un hecho nuevo en el continente. Hoy —dijo el secretario general del Consejo de Europa, Thorbjørn Jagland, presentando el encuentro en Luxemburgo— «Europa se está polarizando, también por los efectos de la crisis económica. Presenciamos el éxito de partidos que se escudan en estos sentimientos, la discriminación en las relaciones con los rom, el antisemitismo, las actitudes hostiles en las relaciones con los musulmanes. Creo que, por ejemplo, los musulmanes se deben conocer mejor. Se reconoce la gran contribución que el islam ha dado también a la cultura europea pero, al mismo tiempo, el rol del cristianismo en la construcción de la identidad de Europa».
Se trata también de compartir aquellos valores comunes que no se interpretan a partir del derecho positivo en base al contexto histórico y cultural sino que asumen un carácter universal porque son inherentes a la naturaleza humana. Derechos fundamentales que —observa el padre Laurent Mazas, del Consejo Pontificio para la Cultura— «son un patrimonio que Europa ha heredado del cristianismo y que no tienen nada que ver con la evolución jurídica que hoy a veces se pretende acreditar». En el momento de identificar una base común de convivencia, los católicos recuerdan que los valores universales son los que Europa deriva precisamente de su identidad cristiana. Por lo demás, quien quiere construir puentes lo hace precisamente sin atravesar las montañas.
Marco Bellizi

BENEDICTO XVI: LA FAMILIA, CAMINO DE LA IGLESIA