domingo, 26 de agosto de 2012

Homilia del domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo b

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

Hermanos, les tengo que reconocer que me siento muy identificado con muchas de las cosas que les sucedió al pueblo hebreo en su camino de fe. Dense cuenta ustedes. Dios escucha el clamor de sufrimiento del pueblo oprimido bajo el yugo del faraón de Egipto. Ante esto Dios ‘toma cartas en el asunto’ y llama a Moisés para que sea el caudillo que conduzca a su pueblo a la libertad, y como la fuerza de Dios estaba con Moisés lo consiguieron. Pasaron penurias por el desierto durante el transcurso de los cuarenta años hasta que llegaron a la tierra prometida. Durante este penoso recorrido muchos de los israelitas, en vez de estar agradecidos a Dios por el don valioso de la libertad, se ponen a murmurar, a ‘crear un mal clima’, a atacar a Moisés y a burlarse de Dios. Mucha gente buena del pueblo que esta atravesando momentos de crisis de fe por no entender lo que les estaba sucediendo fueron contaminados y perjudicados por esta mala gente ya que se dejaron llevar o les convencieron. Otros en cambio se reafirmaron en su confianza en los designios divinos. Queda muy poco para llegar a la tierra prometida y Moisés fallece. Toma el relevo Josué y al llegar a la tierra prometida y lo primero que hace es congregar al pueblo y les pone ‘las cartas sobre la mesa’, y con toda la claridad les dice: «Si no os parece bien servir al Señor escoged a quien servir: a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis». En otras palabras, Josué está poniendo al pueblo en esta tesitura: Hemos estado soportando como si fuese pedruscos enormes el comportamiento lamentable de muchos de los que durante cuarenta años hemos caminado de la esclavitud a la libertad. Y les dice Josué, ahora haced lo que os dé la gana, cada cual es responsable de sus acciones. Y por eso Josué da testimonio públicamente de lo que está dispuesto hacer y les dice con toda la claridad: «Yo y mi casa serviremos al Señor». Josué plantea al pueblo que ya es hora de hacer una opción clara por seguir a Dios.

Jesucristo en el Evangelio de hoy nos lo encontramos un poco preocupado. Muchos discípulos abandonan a Jesús porque su mensaje es exigente. Hay gente que ya hace una opción clara por abandonar a Jesús. Cristo defiende su doctrina frente al relativismo. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida… y lo que era malo antes lo sigue siendo ahora; y lo que era bueno antes lo sigue siendo ahora. Una cosa no es buena porque esté permitida o el que legisle lo diga, sino que es buena porque en sí misma es buena. Por ejemplo: La pena de muerte está permitida y legal en determinados estados de los Estados Unidos y no es aceptable moralmente. El aborto es legal pero es claramente inmoral y totalmente inaceptable.

Y ante esta confusión reinante generada por la exigencia del mensaje de Jesucristo se produce la gran estampida de personal. Es entonces cuando Jesús hace la famosa pregunta a sus apóstoles: «¿También vosotros queréis marcharos?»

Y en medio de esa gran deserción hubo una persona que se fió de las duras palabras de Jesús y supo tener la lucidez de optar por fiarse de Él: “¡Señor!, ¿a quien iremos? `¡Tú tienes Palabras de vida eterna!”

Homilía del domingo XX del tiempo ordinario ciclo b

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO. Ciclo b

19 de agosto de 2012

Hermanos, resulta extremadamente complicado elaborar una homilía cuando uno es conciente de la realidad espiritual del pueblo y de la grave responsabilidad que recae sobre mis hombros. Uno se pone ante la presencia del Espíritu Santo y le ruega diciéndole: ¡ayúdame para que mis palabras sean oportunas, constructivas y así que mis feligreses te vayan conociendo más a ti, Dios creador de todo!

Sin embargo algo genera serenidad dentro de cualquier presbítero al constatar que nunca ha sido sencillo ser cristiano. Ustedes han escuchado, como yo, la carta que el apóstol san Pablo. Y San Pablo nos está diciendo una cosa bien clara, ‘no se va por las ramas’: «Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos». Todos aquellos que anunciamos a Cristo intentamos dar una serie de consejos prácticos que ayuden para conducta cristiana.

Si yo fuese agricultor les hablaría de cómo arar la tierra, regar, descantar el terreno o anécdotas del mundo agropecuario. Pero yo soy presbítero y tengo un cometido dado por Dios: conducir este rebaño que me ha encomendado por las sendas de la santidad. Debemos de tratar de descubrir en cada momento cuál es la voluntad de Dios y tratar de seguirla. Pero ¿cómo vamos a seguir la voluntad de Dios si previamente no hay un proceso serio de conversión? Un ejemplo: Si yo quiero renovar el mobiliario de una casa primero tengo que retirar los muebles viejos para poder amueblar con otros mejores. Si nosotros somos templo de Dios debemos de desechar todo aquello que ocupa espacio en nuestra vida y nos está alejando de Él. Pero para iniciar ese proceso de conversión uno debe de hacer una opción seria y firme por Cristo. Y cuando uno hace una opción seria y firme por Cristo rompe con todo aquello que genere oscuridad en su alma. Dice San Pablo: «No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu». Dicho con otras palabras: La caldera de calefacción de nuestra alma no ha de ser alimentada de multitudes de pecados, ya sean unos más grandes o enanos; sino que ha esta caldera ha de estar avivada por la gracia que se obtiene del sacramento del perdón, de la celebración de la Eucaristía, de la oración íntima con Cristo y del amor fraterno. Por eso dice San Pablo: «Fijaos bien cómo andáis». A los niños pequeños se les tiene que decir: ‘no pises los charcos’, ‘no me metas por el barro’, ‘no cojas eso del suelo que es caca’… pues lo mismo nos dice el apóstol a nosotros, pero ya diciéndonos cosas más serias y de mayor trascendencia.

Y el Señor, como quiere que nos salvemos y desea acompañarnos, se ha quedado bajo las especies del pan y del vino. Y Jesucristo desea una relación tan personal con cada uno de los presentes que se nos da en alimento para que Él, desde dentro de nuestro ser, nos vaya, poco a poco, transformando.

lunes, 13 de agosto de 2012

La Asunción de la Virgen a los Cielos 2012

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN A LOS CIELOS 2012
Hermanos todos en Cristo.
En este día entrañable de la Asunción a los cielos de Nuestra Santísima Madre les invito a clavar nuestras miradas en su santa imagen. Cuando una persona se encuentra cerca de una persona de buen corazón desea como si esa bondad se le contagiase también a él…pues nosotros estando cerca de la Virgen deseamos que sus motivaciones sean también las nuestras, que su modo de actuar sea también el nuestro y su manera de amar a Dios sea también nuestro.
Si nos acercamos a la Palabra de Dios y nos adentramos en el papel que tuvo la Santísima Virgen en la historia de la salvación nos daremos enseguida cuenta de que Ella, la Santísima Virgen hizo todo por amor a Dios. La motivación en sus actuaciones, la razón de su actuar era ‘hacer todo por amor a Dios’. María de Nazaret, como buena judía que era, escuchaba con toda su atención la Palabra de Dios. No la oía únicamente, sino que toda su alma estaba predispuesta para escucharla, acogerla y meditarla. Ella cultivaba su fe con gran dedicación y delicadeza para afinar el oído y así ir conociendo mas y mejor a Dios y a su santísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Al ir haciendo esto la Santísima Virgen, fue descubriendo cómo Dios habla en las cosas sencillas y cotidianas. Caía en la cuenta cómo Dios guarda silencio ante las personas soberbias que buscan el aparentar y figurar y cuyas motivaciones están muy lejos de la vida de gracia que Dios quiere de ellas.
Clavar nuestros ojos ante la imagen de nuestra Santísima Madre es una plegaria para mostrar a Dios nuestro deseo de vivir las 24 horas del día ante su soberana y divina presencia. Cuando uno se encamina hacia lo que el Señor quiere de nosotros enseguida se percata que uno tiene que hacer una parada obligatoria: El confesionario.
La Virgen, discípula perfecta de Cristo y modelo de entrega a Dios conoce la disposición interna de nuestras almas. Y como gran Madre que es tiene una psicología especial para darse cuenta de la interna capacidad para hacer las cosas por amor al Creador. Un nadador olímpico no está allí porque sí. Todos los días ha tenido que sacrificarse para entrenar, y todo ha ido orientado para exprimir todas las capacidades para competir en la piscina olímpica. El sacrificio diario y el entrenamiento cotidiano le ha ido capacitando y fortaleciendo sus músculos para rendir al 100% en la competición. Lo mismo nos ocurre en la vida cristiana. Cuando alguien dice ‘todo lo hago por amor a la Virgen’ o ‘todo lo hago por amor a Dios’ y luego en su vida cristiana o como ciudadano se comporta movido por soberbia, por ira, por odio o por cualquier otro pecado… lejos de amar a Dios o a la Virgen está perjudicando seriamente por su mala conducta y peor testimonio. La Virgen desea corazones ardientes que vayan esforzándose más y más en el seguimiento de su Hijo, porque en la vida cristiana si no se avanza se retrocede.
Sabemos que no podemos buscar recompensas en esta vida; que lo nuestro no es atesorar riquezas en esta tierra ni tampoco alabanzas ni aplausos. Que no nos buscamos a nosotros mismos, que no debemos hacer las cosas para que la gente nos pase la mano ni nos den palmitas por la espalda. Hermanos nosotros nos movemos en otras categorías distintas. El Espíritu del Señor conduce el corazón de sus fieles por los caminos del esfuerzo, del sacrificio y de la muerte del hombre viejo. Recuerden ustedes la palabras de Jesucristo: «Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran» (Mt 7, 13-14).
Ustedes conocen el mandamiento primero de la ley de Dios: ‘Amarás a Dios sobre todas las cosas’. Y el amor no es algo estático, sino dinámico, necesita constantemente regenerarse y reflorecer. Basta con observar a algunos matrimonios que han convertido la rutina y el alejamiento entre ellos en una constante en la convivencia. Ese amor es como el agua estancada que tiende a olor a putrefacto y dicho amor amenaza con la quiebra y debe de ser rescatado por Cristo médico de las almas y de los cuerpos. Basta con escuchar determinados comentarios que se dan por el pueblo, o escuchar expresiones de determinadas personas para darse cuenta que necesitamos ser rescatados, no económicamente, sino rescatados espiritualmente. Por eso, si nosotros dejamos que la Virgen María se acerque a nuestros oídos y nos susurre nos dirá las mismas palabras que pronunció en Caná de Galilea: «Haced lo que Él os diga», ¡haced lo que mi Hijo os indique!, ¡obedeced a mi Hijo!. Y en la medida en que hagamos caso a la Santísima Virgen María iremos comprendiendo la gran riqueza espiritual que podemos adquirir si hacemos todo por amor a Dios.

domingo, 22 de julio de 2012

Homilía del domingo XVI del tiempo ordinario, ciclo b

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo b

Cada vez que me acerco a leer a San Pablo me brota un sentimiento de felicidad. Escuchen esta expresión salida de su pluma: «Hermanos: Ahora estáis en Cristo». Quiere decir que el mundo futuro ha comenzado. Que no somos fruto ni del azar ni de la casualidad. Que en medio de todo el ajetreo, de la indiferencia del mundo, de la hostilidad de esta cultura, de la soledad de nuestras preocupaciones, de ser conciente de las propias limitaciones, uno adquiere la certeza de saber que todo tiene sentido con Cristo.

Es como si se tratase de un gran puzzle con piezas de colores muy similares. Uno no sabe dónde encajarlas ni el lugar que las corresponde en el mural. Simplemente va poco a poco y con paciencia haciéndolo, sabiendo que todas y cada una de las piezas forman parte de un bello retrato. Así es nuestra vida, un gran puzzle donde Dios es el gran director de nuestra historia.

Las preocupaciones, los ajetreos, los quebraderos de cabeza, los hijos, el marido o la mujer, el estudio, el trabajo, la parroquia, los feligreses y los problemas familiares hacen que la serenidad se eche de menos en nuestra vida. Es como si, bajo el sofocante calor del sol, andando por las dunas del desierto nos aplanase, nos faltara el aliento y la ilusión primera se fuera sofocando. Por eso Cristo, que nos conoce demasiado de bien, nos hace esta invitación: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». Jesucristo es como ese oasis que te permite regenerar tu alma, refrescar las ilusiones y cargar de alegría para afrontar los desafíos tan duros. ¡Con Cristo todo lo podemos!

Y sobre todo hermanos, tenemos que afinar el oído para escucharle, porque constantemente nos está enseñando. Es cierto que ahora no nos enseña como antes, cuando estuvo por aquí sentado en una barca ni en lo alto de un monte ni comiendo como convidado en una casa… ahora nos enseña en el silencio de la oración y con la Palabra de Dios. El Señor nos quiere nutrir con su palabra y calentar nuestra alma con su presencia.

San Pablo nos deja una idea importante. Nos cuenta que gracias a la sangre derramada por Cristo en la cruz, ahora estamos cerca los que antes estábamos lejos. Hagamos un ejercicio de imaginación: Supongan ustedes dos montañeros. Uno de ellos ha sufrido un accidente al caerse por un terraplén, está herido. Es el montañista sano el que tiene que ir tirando con cuerdas y poleas de su compañero para poderlo rescatar. El accidentando depende totalmente de su compañero, de su habilidad, de su destreza y de su fuerza. Nosotros no estábamos heridos, sino moribundos. Con nuestras propias fuerzas no podíamos hacer nada. Éramos como esos coches cuyas ruedas están constantemente patinando en el barro sin poder mover avanzar los neumáticos. Sin embargo Jesucristo nos ha rescatado de la muerte, nos ha sacado ‘del pozo del sin sentido’, nos ha sanado las heridas profundas ocasionadas por el pecado. Y recordemos que el precio que Jesucristo ha pagado por cada uno de nosotros ha sido extremadamente algo: su sangre… hemos sido comprados a precio de su sangre. Somos propiedad de Cristo. Dejemos que el timón de nuestra existencia sea llevado por tan gran Señor.

miércoles, 18 de julio de 2012

18 DE JULIO DE 2012 Residencia de Santa Eugenia de Cevico de la Torre

18 DE JULIO DE 2012

Residencia de Santa Eugenia de Cevico de la Torre

Estimada Amada, Pilar y demás componentes del equipo directivo de esta querida residencia, queridos ancianos y trabajadoras de esta importante institución, hermanos y hermanas todos en Cristo.

Es muy complejo condensar en cuatro líneas todo el agradecimiento de este pueblo ceviqueño hacia esta fundación benéfica. Realmente es un regalo bastante valioso. Como en todos los lugares nos encontramos con dificultades pero siempre son subsanadas encontrando el modo más acertado de atender a nuestros mayores.

Nuestro benefactor, don Pedro Monedero, tal y como nos lo recoge su testamento, quiso que de sus bienes y rentas se edificase una Casa de Beneficiencia en Cevico de la Torre. Que se tendrían en cuenta las dimensiones de mencionada casa para que pudieran contener a ochenta ancianos y que mencionados mayores tuviesen una capillita para las atenciones religiosas. Don Pedro Monedero ya manifestaba que estos lugares de cultos habían de ser preferentes. Y tiene mucha razón porque si quitamos a Dios del medio, si arrinconamos a Dios… ¿con qué nos quedamos? Nuestra sociedad sufre una gran anemia de fe. Si alguien eliminase la fe de su vida se quería reducido a un sin sentido. Cuando uno porta a Cristo en su alma el anciano que uno tiene delante lejos de ser una carga es un regalo de Dios porque amando a esa criatura estás amando al Creador.

D. Pedro Monedero podía haber empleado su dinero para otros fines distintos… porque realmente no tenía ninguna obligación. De hecho todos tenemos la experiencia de lo que cuesta dar dinero. Pero por amor optó dejar sus posesiones pensando en los pobres. Incluso pensó en las raciones de pan y legumbre tanto de los pobres como de los trabajadores y parientes pobres.

Cuando uno entra en esta capilla enseguida se percata de la claridad que entra por las vidrieras del techo. Los rayos solares atraviesan los cristales policromados para proporcionarnos esta luminosidad. Nuestra alma se debería de asemejar a estas cristaleras. El sol que es Cristo debe de incidir en nuestra alma para iluminar las realidades cotidianas con la luz de la fe. Y es más, de hecho Cristo se empeña día y noche en ofrecernos sus rayos… pero depende de nosotros el permitirlos pasar o cerrar su paso.

Cuando andamos por el terreno de lo religioso nos tenemos que descalzar, porque es una realidad que nos supera, que nos trasciende. Enseguida cuando alguna opinión es diferente o disgusta a algunas personas se levanta una gran polvoreda sin tener en cuenta el daño ocasionado por el escándalo. Todos nos necesitamos y todos podemos aportar pero para poderlo hacer es preciso hacer un discernimiento a la luz de la fe por medio de la oración serena y pausada. San Agustín decía esta máxima preciosa: «En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad».

Si don Pedro Monedero se hubiera dejado llevar por el desánimo, las críticas lanzadas contra su persona, las veces que le habrían llamado tonto por dejar el dinero a los pobres…ahora mismo el pueblo de Cevico no podría presumir de esta nuestra institución.

Dios es el Señor de la Historia, y todo lo que nos ocurre es un constante diálogo entre Él y cada uno de nosotros. Si eliminamos la fe de nuestra vida cotidiana todo se torna en hostil y reinará la constante crispación.

Don Pedro Monedero sabía que el mejor de los legados que podría dejar era una herencia totalmente impregnada de amor….aquí la tenemos y ahora la disfrutamos. Por eso, desde esta capilla le damos gracias a Dios por habernos colocado en el camino de la historia de este pueblo a tan importante benefactor.

sábado, 14 de julio de 2012

Homilia del domingo XV del tiempo ordinario, ciclo b

Domingo XV del tiempo ordinario, ciclo b

La Palabra de Dios siempre nos ofrece esa lucidez que procede de lo Alto para comprender nuestra propia realidad.

La primera de las lecturas tomada del profeta Amos es muy breve pero muy intensa. El profeta Amos lanza un mensaje al pueblo judío que no ha perdido actualidad a lo largo de los siglos. Él gozaba de una visión profética que le llevó a leer por dentro acontecimientos y situaciones que externamente solo hablaban de bienestar y prosperidad. Pero no valen estas situaciones, aparentemente benéficas, cuando todo está construido sobre el abandono de las más decisivas exigencias de la fe en el Señor. El profeta Amos nos dice que no puede haber religiosidad sin ética. Dicho con otras palabras: Sólo podremos ofrecer un culto agradable a Dios cuando nuestros comportamientos estén orientados en orden del bien. San Pablo lo dice empleando otras palabras: «Si alguno dice yo amo a Dios, y odia su hermano, es un mentiroso (1 Jn 4, 20a)». Cuando la ética no existe, cuando una persona obra al margen de lo que es bueno, la fe resulta algo vacío y el culto se convierte en una coartada sin eficacia. Porque hermanos, podremos engañar a las personas, sin embargo a Dios no se le puede engañar. Amos era muy claro, decía al pueblo judío lo siguiente: es cierto que el pueblo hebreo es el pueblo elegido por Dios para ser de su divina propiedad, pero a punto y seguido les recordaba la urgente responsabilidad que habían adquirido. Esto que nos enseña Amos es totalmente aplicable para cada uno de nosotros.

Muchos de los problemas que tenemos en nuestros pueblos es porque se ha generado una fractura entre el comportamiento y el culto agradable ante Dios. Es porque se ha generado un convencimiento de que no pasa nada cuando uno ‘despelleja al hermano’ y después acude, como si nada, al templo.

San Pablo en la carta a los Efesios, en la segunda de las lecturas, nos expone unas ideas bellísimas. He entresacado una: «Y nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria». Aquí San Pablo nos gradúa nuestra visión desenfocada. Primero: estamos esperando a Cristo, luego nuestra alma está siendo acondicionada para acogerle y ‘apenas llame poderle abrir’. Implica que toda la fuerza de nuestra obrar, pensar y decir está encaminada hacia el bien, más aún, hacia la santidad. ¿Cabe aquí las críticas, la crispación, la murmuración, el sembrar cizaña, el enfrentamiento, la amenaza y la división?, claramente que no caben. Y la segunda de las ideas: Del mismo modo que una lámpara sin el aceite no puede cumplir su cometido de alumbrar, tampoco un cristiano puede ofrecer un culto agradable a Dios sino está repleto del aceite de la caridad fraterna. Sólo daremos alabanza a Dios cuando se abandone determinados hábitos reinantes que dañan la fraternidad cristiana.

Y el Evangelio va en la misma línea. El objetivo de los cristianos es anunciar la buena nueva del Reino de Dios. Y en concreto, aplicándolo a los presbíteros, proponer y nunca imponer la Palabra de Dios, siempre respetando la libertad de las personas, ahora bien, si el nombre de Cristo no es escuchado ni amado estamos dispuestos a sacudirnos el polvo de los pies y marchar a otros lugares.

sábado, 7 de julio de 2012

Homilía XIV del tiempo ordinario, ciclo b

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

(Ez 2,2-5; 2ºCor 12,7-10;Marcos 6,1-6)

Hoy en el Evangelio nos hemos encontrado a Jesús en su tarea de enseñar de pueblo en pueblo. Cualquier oportunidad es aprovechada por Jesús para anunciar la buena nueva, ya sea en las sinagogas, en las plazas o en el campo. Jesús se encuentra con mucha oposición e incluso con personas que se llegan a reír de Él. Curiosamente cuando el Maestro va a las sinagogas es cuando más oposición e incredulidad se encuentra. Por ejemplo, hoy está en la sinagoga de Nazaret y la gente en vez de examinar su sublime doctrina y su conducta intachable, llegan a dudar de Él, murmuran y desconfían. Y hermanos lo que resulta más chocante de todo esto es que las personas que acudían a la sinagoga son los que podríamos llamar como “practicantes”, o sea que son “gente de asistir al culto”. Gente que en principio deberían de haber descubierto algo de todo esto de la fe.

Hermanos nosotros corremos el mismo riesgo que estos judíos paisanos de Jesús. El hecho de participar en la Eucaristía y de estar físicamente en este lugar santo nos exige a mantener una actitud constante de seria conversión. Es más, asistir a la Santa Misa y encontrarnos a Jesucristo, cara a cara, en la Sagrada Forma, y no dar pasos hacia la santidad es un auténtico escándalo. Dios no quiere ni sacrificios ni holocaustos ni que le digamos con los labios que le queremos mucho y que nos ‘comemos a besos a su Santísima Madre’…. porque esto son tonterías. Dios quiere que nuestra alma esté constantemente calentada y alimentada por su divina y suprema presencia. Y una consecuencia de esto es vivir teniendo en cuenta el perdón, la reconciliación, el amor y la comprensión.

Pero atención, porque el ejercicio de estar en sintonía con Dios, el hecho de poner en acción la vocación cristiana, el ponernos ‘manos a la obra’ para responder a lo Jesucristo quiere de nosotros es imposible con nuestras solas fuerzas. El Señor nos dice, con toda la claridad posible, que nosotros no podemos permanecer en pie delante de Él. Y menos aún, levantarnos para cumplir la misión que Dios nos encomienda, a no ser que recibamos la fuerza del espíritu divino.

En la primera lectura el profeta Ezequiel nos lo deja muy claro a todos. El hombre recupera su verticalidad, el hombre está en pie, el hombre actúa con dignidad y lucidez cristiana gracias a la fuerza de Dios que lo lanza a la acción. Y es más, que aunque luchemos por ser fieles a Cristo siempre tendremos alguna espina clavada entre la piel que con el dolor que nos genera nos recuerda que nuestros ojos han de estar clavados en el Señor esperando su misericordia. Y el Señor que es el médico de los cuerpos y de las almas nos sana con el sacramento de la reconciliación.

Jesús enseñaba de pueblo en pueblo, y ahora el Señor se nos ofrece para impartirnos clases particulares… sólo Él y tú. Y lo único que tienes que hacer para asistir a mencionadas clases es arrodillarte ante el Sagrario, tomar entre tus manos la Biblia, hacer silencio ante su divina presencia, acudir con arrepentimiento sincero al confesionario y acoger a Cristo que viene en la Eucaristía. Así sea.