lunes, 6 de febrero de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
Los socialistas españoles son todo menos demócratas
viernes, 3 de febrero de 2012
Homilía del quinto domingo del tiempo ordinario,ciclo b
DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo b
Nos encontramos hoy a Jesucristo en medio de su labor cotidiana. Al levantarse, de madrugada, se va al descampado y allí se pone a orar. Una vez que se ha dispuesto a ofrecer su jornada a Dios Padre empieza el ajetreo diario. Llegan sus discípulos presentándole la agenda del día. Su agenda es anunciar la buena noticia del Reino curando a los enfermos y predicando para que aquellos que escuchan se conviertan y crean en Dios. Luego nos lo encontramos visitando a una enferma, preocupándose por su enfermedad y restituyéndola su salud. Un poco más tarde se dedica a expulsar demonios y a transmitir el amor misericordioso de Dios. Suponemos que el Señor encontraría tiempo para comer y al final de la jornada, va otra vez a mantener un diálogo sereno con Dios Padre y con Dios Espíritu Santo, o esa, termina el quehacer cotidiano tal y como lo empezó, rezando.
Los sacerdotes somos ‘otros Cristos’, porque en realidad, en palabras del apóstol San Pablo «No soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). Es Cristo el que a través de los sacerdotes derrama en la humanidad todo el tesoro de bien que Él ha venido a traer a la tierra. Los sacerdotes somos como un pincel en manos del artista y el artista es Dios. Empezamos nuestro quehacer diario rezando a Dios para pedirle ayuda y su constante protección viviendo en todo momento en su presencia. Luego hacemos frente a nuestra particular agenda para anunciar a una persona cuyo nombre es Jesucristo, unas veces en la Eucaristía, otras veces en las catequesis, otras veces con nuestro comportamiento. Nos diferenciamos de Cristo porque Él no tuvo pecado, sin embargo nosotros sí y precisamos del sacramento de la reconciliación. Nosotros también curamos enfermos pero no en el cuerpo, sino en el espíritu. Liberamos de la fiebre que pueda sufrir el alma de los pecadores y una vez sanada el alma la gracia divina ayuda a encauzar la vida del penitente para dar amor cuando uno reciba ingratitudes y pueda ser un fiel soldado de Cristo. Predicamos la Palabra de Dios no para “calentar los bancos de las iglesias”, expresión usada por un compañero sacerdote, sino para incitar a seguir a Jesucristo introduciéndonos en un proceso de conversión. También los sacerdotes, siguiendo a Cristo, visitamos a los enfermos y les reconfortamos con la Sagrada Comunión y con el sacramento de la unción de los enfermos para consolar al alma que va a dejar este mundo para ir hacia la casa del Padre. No expulsamos demonios de una manera tan espectacular como lo hacía el Maestro, nosotros los expulsamos con la fuerza del Espíritu Santo en el sacramento del perdón, de la penitencia o de la reconciliación. Y por supuesto, lo más importante, celebrar la Eucaristía, porque se hace presente Aquel del cual estamos todo el rato anunciando.
Y el sacerdote es puesto por un sucesor de los Apóstoles para que sea pastor y guía de la comunidad encomendada. Anima a la comunidad cristiana en la fe y en la caridad. Tiene como cometido fortificarlas en Cristo, arraigar la vida de cada uno en Cristo.
Cristo sana los corazones destrozados y nos sostiene a todos y a cada uno de los presentes. Atravesamos épocas muy frías para la fe, sin embargo no temamos. Fijémonos en la naturaleza; en el gélido invierno los árboles parecen estar como muertos pero sus raíces bien adentradas en tierra aseguran que tan pronto como rebrote el calor primaveral las ramas se vistirán de hojas y flores hermosas.
Echemos raíces en Cristo que ya vendrá la primavera de la fe.
Alter Christus - Español - 3
Alter Christus - Español - 2
Alter Christus - Español - 1
miércoles, 1 de febrero de 2012
S A N V A L E N T I N
Nr. 57 Febrero 2012
WWW.PAREJAJOVEN.COM
E d i c i ó n d i g i t a l
PAREJA Y PAREJAS
I N V I E R N O
El 14 de Febrero es San Valentín, patrón de los enamorados, un día especialmente significativo, por influjo, quizá, del mundo del negocio. No hay documentos de garantía sobre su figura y patronazgo. Centurión romano, que protegió a un soldado casado o que iba casarse, o sacerdote cristiano, parece que murió mártir en el siglo III.
En tiempo de crisis, y recientes aún los regalos de Navidad y de Reyes, sería bueno “honrar a San Valentín” con UN PAR DE REGALOS muy personales y de gran calidad “para enamorar”. Tienes para elegir:
¿Qué sería nuestra tierra sin los inviernos? ¿Sin las grandes lluvias y las nieves que llenan los acuíferos para el resto del año? ¿Y qué sería sin los fríos y heladas que liquidan de bichos las tierras fértiles? ¿Y qué sería del hombre sin periodos de interioridad?
¿Sin tiempos de buscar y cuidar sus raíces y de mirar lo profundo de su corazón?
Los inviernos con sus días cortos y sus noches largas nos invitan el recogimiento, a la vida “en el hogar”, a más relaciones personales y familiares, a encontrar el sentido y el fundamentos
de nuestra actividad y expansión exterior.
La relación de pareja - y de amistad - precisa del cuidado y cultivo de las raíces, de la iluminación
del corazón, de ver sus perlas y brillantes y s u s heridas y durezas.
Del i n t e r i o r b r o t a vuestra vida.
1.- Escuchar: de verdad, sin interrumpir, bostezos ni críticas; con todo el cuerpo y el corazón.
2.- Cariño y ternura: abunda en besos, abrazos, caricias, miradas vivas y tiernas.
3. Sonrisas. Sonríe y ríete con frecuencia; y juntos.
4.- Notas y/o cartas de amor, con sentimientos, deseos, y sueños para vuestra relación.
5.- Cumplidos, simples y sinceros,
que sean valoraciones auténticas.
6.- Favores, detalles, servicios. Gratis, sin buscar la recompensa.
7.- Soledad y silencio: tiempo para estar a solas ...
8.- Buenas formas. Saludos.
Gracias. Ceder la vez … etc. etc.
sábado, 28 de enero de 2012
Homilías del cuarto domingo del tiempo ordinario, ciclo b
IV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo b
Hoy día vivimos inundados de palabras. Cada mañana nos despertamos con las palabras que oímos en la radio o en la televisión, palabras que leemos en los periódicos. Demasiadas palabras… Sufrimos una auténtica “inflación verbal”. Es más, se tiende a huir del silencio y del recogimiento interior. Sin embargo hay una palabra de la que debemos estar deseosos y que debemos de afinar nuestros oídos: La Palabra de Dios. Por eso el salmo 94 manifiesta este profundo deseo: «Ojalá escuchéis hoy su voz».
Muchas veces da la sensación de que las personas estamos predispuestas a hacer caso de los cotilleos y de las críticas. Puede parecer que hay determinados comentarios que ‘calan’ más en nosotros; es como si hubiera determinados temas que tienen un nivel de influencia muy alto. Por eso el Señor nos está pidiendo que “no endurezcamos el corazón”. A modo de ejemplo, y siempre salvando las distancias, las conversaciones poco apropiadas que se pueden dar entre nosotros se pueden parecer al colesterol en nuestras arterias. El exceso de colesterol endurecen las arterias haciendo que se queden rígidas. En la vida cristiana no podemos permitir que el colesterol de los comentarios poco afortunados sean los dominantes. Es más, el propio San Pablo cuando escribe a la comunidad de los Efesios les recomienda vivamente el siguiente consejo: «Que no salgan de vuestra boca palabras groseras; si algo decís, que sea bueno, constructivo y provechoso para los que os oyen. Y no causéis tristeza al Espíritu Santo de Dios (…)» (Ef. 4, 29-30). Por eso es importante para nuestra salud espiritual hacer una dieta muy baja en este tipo de colesterol. La medicina a tomar o el tratamiento médico a aplicar no son pastillas ni el acatar una dieta. Los cristianos, para ir purificando el ambiente e ir saneando nuestra vida espiritual debemos de pasar por tres filtros que nos regeneran desde dentro: acudir a confesarse, participar en la Eucaristía y dejarse iluminar con la lectura frecuente de la Palabra de Dios.
Nos dice la Sagrada Escritura que Jesucristo hablaba con autoridad. Y habla con autoridad, porque confirma con sus hechos lo que pronuncian sus labios. Cristo es una persona totalmente coherente. Cuando uno es coherente en su vida cristiana se constituye en lámpara que genera mucha luz a todos aquellos que están alrededor; es que resulta que si uno tiene vida espiritual, eso se nota, y mucho. En ese esfuerzo de unirse más a Dios va ayudando a los demás a irle descubriendo. Estamos llamados a ser guías de Cristo para nuestros hermanos.
Sólo una cosa es importante: Dios. Sólo una palabra tiene que tener resonancia e influencia en nuestra vida: La Palabra de Dios. Como nos indica el apóstol San Pablo en su carta a los Corintios, lo que nos interesa es tener un trato fluido con el Señor. Así sea.