jueves, 30 de marzo de 2017

El Obispo de Palencia en medio de una peligrosa y envenenada encrucijada

El Obispo de Palencia abierto a modificar los estatutos de Hermandades de Cofradías Penitenciales de Semana Santa
            Dos grupos políticos con representación en la actual Corporación de la Diputación Provincial, "Ganemos Palencia" y "Ciudadanos Palencia" han pedido que se "cierre el grifo" de las ayudas hasta que la Hermandad de Cofradías permita que divorciados, personas que vivan en concubinato o tengan relación sexual con otra persona del mismo sexo puedan ser candidatos a presidir la Hermandad de Cofradías. Su razonamiento, desde fuera y a primera vista puede parecer correcto: Hay discriminación por razón de la condición sexual.
            Ha saltado a la palestra este asunto porque la figura del presidente de la Hermandad de Cofradías Penitenciales de la Semana Santa de Palencia ha de ser renovado. Mencionada decisión afecta, no sólo a la figura del presidente de la Hermandad, ni tampoco únicamente al conjunto de los hermanos cofrades, sino a todo el pueblo creyente. Las Cofradías Penitenciales de Palencia son asociaciones públicas de fieles. El canon 301 del Código de Derecho Canónico explicita las finalidades de las asociaciones públicas: «Corresponde exclusivamente a la autoridad eclesiástica competente erigir asociaciones de fieles que se propongan transmitir la doctrina cristiana en nombre de la Iglesia, o promover el culto público, o que persigan otros fines reservados por su naturaleza a la autoridad eclesiástica». Trasmitir la doctrina cristiana en nombre de la Iglesia y vivir en concubinato y rechazar la moral sexual de la Iglesia no es compatible.
            Respecto a la transmisión de la doctrina cristiana, el canon 759 del Código de Derecho Canónico establece que «en virtud del bautismo y confirmación, los fieles laicos son testigos del anuncio evangélico con su palabra y ejemplo de su vida cristiana; también pueden ser llamados a cooperar con el Obispo y con los presbíteros en el ejercicio del ministerio de la Palabra». Además el canon 305 §1 aclara acerca del papel del Obispo, la autoridad eclesiástica competente, diciendo: «Cuidar de que en ellas se conserve la integridad de la fe y de las costumbres y evitar que se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica». Esta vigilancia corresponde a la autoridad eclesiástica competente respecto a los fieles por separado y asociados.  Así al regular la función del Obispo diocesano en el seno de su Iglesia particular se explicita que debe defender «con fortaleza, de la manera más conveniente, la integridad de la fe (c.386 §2)», «promover la disciplina que es común a toda la Iglesia, y por tanto exigir el cumplimiento de las leyes eclesiásticas (c.392 §1)» y «vigilar para que no se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica (c.392 §2)».
            Es fundamental recordar todo aquello que se refiere al derecho común eclesiástico, en las normas sobre asociaciones públicas. El canon 316 determina unos requisitos para que un fiel pueda inscribirse en una asociación o bien pueda permanecer en ella una vez afiliado a la misma. La primera hipótesis que se contempla en el párrafo primero de aquella norma: «Quien públicamente rechazara la fe católica o se apartara de la comunión eclesiástica, o se encuentre condenada por una excomunión impuesta o declarada, no puede ser válidamente admitido en las asociaciones públicas». La situación canónica de quien rechaza públicamente la fe católica no se identifica necesariamente con la herejía y la apostasía. Comprende también una postura más amplia y menos grave.
            Por lo que se refiere a quien se aparta públicamente de la comunión eclesiástica, hay que decir que ello no se identifica necesariamente con el cisma. Puede comportar un proceder menos grave. Se trata de una conducta pública incompatible con la comunión eclesial, como se da en las hipótesis contempladas en el canon 915: los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de una pena, y  los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave. Así es como se apartan públicamente de la comunión eclesiástica. Luego una persona que viva en concubinato y una persona que tenga relación sexual con otra persona del mismo sexo realizan un acto de voluntad libre apartándose públicamente de la comunión eclesiástica. Por lo tanto, de no estar en la comunión eclesiástica, mencionado fiel no puede ser inscrito en una cofradía ni puede permanecer afiliado a ella.  Sólo desde esta perspectiva se puede entender la pretensión del Obispo de Palencia de modificar los estatutos de la Hermandad de Cofradías Penitenciales. Recordemos que es la autoridad eclesiástica, el Obispo quien nombra, confirma o remueve al presidente, con todas las responsabilidades inherentes. 

Stalin en un minuto

¿Modificar estatutos de la Hermandad de Cofradías para asumir criterios mundanos?

sábado, 25 de marzo de 2017

Homilía del Cuarto Domingo de Cuaresma, ciclo a

DOMINGO IV DE CUARESMA, ciclo a
            San Pablo en su epístola a los Efesios nos escribe diciéndonos: «En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor». Cuando uno camina por la calle a oscuras, en medio de la noche, ve siluetas de cosas o de personas que por allí pueden estar. Puedes tener a alguien detrás de ti y no saber de quién se trata, te entra el miedo porque te viene a la mente noticias o cosas horribles que has oído que sucedieron. La oscuridad no te permite reconocerlo. Puedes tal vez imaginar que se trate de una persona, pero no lo puedes garantizar. Pero si tienes la suerte de acercarte a una farola encendida puedes pasar de esa silueta confusa y temerosa a la realidad de lo que auténticamente es.  
            Así es nuestra vida: Cuando andamos en pecado, la oscuridad reina en nuestra vida, vemos siluetas pero no reconocemos a la persona que tenemos delante, ni su cariño, ni su entrega, ni su amor. Los tratamos mal porque el otro es para mí alguien del que tengo que obtener un beneficio, y si no responden a mis expectativas las cosas se ponen a malas. El pecado corrompe las relaciones humanas.
            En el evangelio de hoy nos muestra cómo Cristo recrea, hace nuevas todas las cosas. Nos hace ver las cosas tal cual son, y no en sus apariencias o meras siluetas. El evangelio de hoy hace un giño al libro del Génesis ya que nos evocan a este libro: Cristo 'hizo barro' con la saliva. El hombre fue sacado del barro, de la tierra. Esa es su naturaleza carnal, el hombre que sólo puede percibir sombras y figuras, siluetas en medio de la noche. Jesucristo se acerca a ese hombre empecatado. Y el Señor le dice: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Con Cristo ese hombre empecatado, destinado a la muerte, a generar daño a los demás -porque no se sentía ni amado ni aceptado por los otros, empieza a reconoce la verdad. Empieza a darse cuenta de cómo su proceder erróneo y pecaminoso era el origen de todos sus males.
            Suele pasar que personas que han fracasado en su vida matrimonial o en otras esferas de la vida al experimentar un proceso de conversión a Cristo caen en la cuenta del sinfín de decisiones equivocadas, de comportamientos inapropiados y de pecados cometidos que les han ido conduciendo al desastre personal. Al aceptar a Cristo en sus vidas, ya no ven siluetas, sino perciben la verdad tal cual es.  
            Realmente este texto evangélico joánico de hoy es una especie de catequesis para los que habían de ser bautizados. Se les muestra abiertamente para que den el paso al bautismo con libertad, cómo el recibir y vivir desde la luz de la fe les llevará necesariamente a enfrentarse con el misterio de las tinieblas de los que no aceptan a Jesucristo. Si uno no se enfrenta diariamente al misterio de las tinieblas es que tal vez, sin darse cuenta o dándose, haya pactado con el pecado.
Lecturas:
Lectura del primer libro de Samuel 16,1b.6-7.10-13a:
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,8-14
Lectura del santo evangelio según san Juan 9,1.6-9.13-17.34-38

                                                                                              26 de marzo 2017

sábado, 18 de marzo de 2017

Homilía del Tercer Domingo de Cuaresma, ciclo a

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA, ciclo a
            Estamos ahora aquí porque alguien nos ha convocado. Porque alguien quiere encontrarse con cada uno para hablarle al corazón. Ese alguien que es Cristo, conoce dónde reside tu sufrimiento. Te habla al corazón y se adentra en la misma entraña de tu herida para sanarla.
            Todos los días nos toca hacer las mismas tareas y trabajos, con sus horarios y rutinas. Desde que uno se levanta hasta que se acuesta siempre liado y atareado. Desde fuera uno puede pensar que las personas nos encontramos bien porque acudimos a nuestros trabajos profesionales y vamos desempeñando las diversas tareas encomendadas durante la jornada: en la escuela, en la oficina, en las tareas domésticas, con los niños y el esposo o esposa, en la parroquia, etc. Pero hay algo en nuestro interior y en nuestra historia personal que nos hace perder la alegría y aparecer el desaliento.
            Al igual que el pueblo de Israel atravesó aquel desierto, atravesó aquel lugar de la prueba, cada uno de los presentes también lo estamos atravesando. Una prueba que nos hace perder la alegría y aparecer el desaliento. Y empezamos a protestar porque la vida tiene en sí un peso insoportable y nos desazonamos porque no conseguimos aquello que deseamos, ya sea porque no tenemos un amor correspondido debidamente, porque nos encontramos solos ante las situaciones dolorosas y que nos agotan, porque la nostalgia y la depresión asoman amenazando, o porque nos sentimos incomprendidos y fracasados.
            Nos pasa lo mismo que al pueblo judío en Masá y en Meribá, donde el pueblo empezó a tentar al Señor y a tener disputas y altercados. Allí tenían mucha sed y empezaron a añorar aquellas cebollas de la esclavitud de Egipto. Podemos pensar, si yo no hubiera estado en la iglesia no hubiera tomado determinadas decisiones que me han condicionado tanto; podría haber tenido aquel trabajo tan deseado, hubiera mantenido aquellas amistades con aquellas juergas que eran auténticos desmadres, seguramente estaría con aquel hombre o con aquella mujer que tanto me atraía moviéndome por las sendas de la lujuria y del pecado al margen de Dios; si yo me hubiera quedado en la esclavitud de Egipto, bajo el dominio del Faraón, ahora mismo estaría sin sed y sin atravesar este desierto tan angustioso. Porque ¿para qué me sirve la libertad, haber salido de Egipto, si estoy ahora solo, sin un trabajo bien remunerado, sin un amor que me quiera, con esta enfermedad que me asedia, con esta depresiones que me hunden o esta angustia que no sofoco? ¿para qué me sirve ahora la libertad? Parece que no compensa la libertad y preferimos lo que teníamos seguro en aquella tierra del Faraón. Cristo conoce dónde reside tu sufrimiento.
            Aquella mujer de Samaría era una fracasada. Se encontraba tan hundida, ella estaba sufriendo profundamente en su interior. Esta mujer ni siquiera acudía con el resto de las mujeres a sacar el agua del pozo, sino que lo evitaba acudiendo a una hora en la que iba a tener la certeza de no encontrarse con nadie, con todo el calorazo. Su alma estaba reseca y angustiada. No encontraba una salida a su situación. Se encontraba abocada a vivir una vida sin fundamento, vacía, con hastío. ¿Cómo es posible encontrar agua en medio del desierto siendo aplastado con el sol inmisericorde? A lo que el Señor, en medio de aquella situación tan tensa y angustiosa, dijo a Moisés: «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los anciano de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.» Y Moisés lo hizo y brotó el agua.  En las dificultades y adversidades no estamos solos, Dios nos acompaña, aunque no podemos exigirle que se manifieste como nosotros quisiéramos.
            Esa agua que manó de aquella roca nos remite al agua que brotó del costado de Cristo al ser atravesado por la lanza del soldado en la cruz. La tentación de regresar al Egipto seductor es muy fuerte. Y es precisamente en el desierto de tu vida donde el Señor sale a tu encuentro para reparar así tus fuerzas y puedas así retomar el camino de la libertad, sin mirar atrás, siempre con la mirada hacia delante.




Lecturas:
Lectura del libro del Éxodo 17,3-7:
Sal 94,1-2.6-7.8-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5,1-2.5-8
Lectura del santo evangelio según san Juan 4,5-42
19 de marzo de 2017