jueves, 24 de marzo de 2016

Homilía del Jueves Santo, ciclo c, 24 de marzo de 2016

HOMILÍA DEL JUEVES SANTO, ciclo c                                        24 de marzo de 2016
            No creo que haya palabra más manoseada que 'amor'. De tal modo que se emplea la palabra 'amor' cuando en realidad no se desea decir en verdad lo que se está viviendo. Sin embargo los que estamos intentando seguir a Jesucristo contamos con un bagaje de lo que es el amor porque acercándonos a la Palabra se nos va revelando su sentido más noble, pleno y auténtico. Muchos que han sido bautizados no entienden cómo un libro que tienen en la estantería- llenito de polvo- puede llegar a ser una fuente de conocimiento extraordinario para que uno pueda vivir en la verdad. Para muchos es incomprensible cómo es posible que Jesucristo siga teniendo influencia en el vivir de tanta gente. A lo más opinan que es la Iglesia quien se saca de la chistera, por intereses propios o para controlar conciencias, las cosas que los demás deben aceptar y asumir dócilmente. Como si fuera una mega superestructura de control que doblega las voluntades de las personas terminándolas de domesticar. Es entonces cuando se llega a concebir a la Iglesia como un mal a evitar o un enemigo al que hay que combatir.
            Hay personas que argumentan que lo importante no es '¡r a misa', sino el 'ser buenas personas'. A lo que yo les suelo responder que 'el ser buenas personas' no me va a salvar. Que quien me salva de la muerte es la fe en Cristo y a éste le encontramos en la Iglesia. A lo que estas personas, como con el afán de quedarse siempre con la última palabra ya contraatacan diciendo 'que los curas no sabemos atraer a las personas a la iglesia, y por eso se van'. A lo que yo suelo responder que la Iglesia no es un centro para entretener al personal. Que a lo que estamos es a anunciar a una persona, que se llama Jesucristo y es Jesucristo el que nos urge a la conversión. La dificultad no radica en que los curas atraigan o no atraigan, sino en el deseo auténtico de ser de Cristo y de manifestarlo en pasos decididos de conversión hacia su divina persona.
            A modo de ejemplo: la Iglesia es ese barco que en medio de la noche es ayudado por el faro para que sortee los arrecifes. Ese faro es la Palabra que nos ayuda a discernir y a la vez nos infunde la gracia necesaria para tomar decisiones con lucidez siendo fieles a la vocación que Dios nos ha encomendado. Si nos dejamos orientar por otros faros –llámese Internet, televisión, conversaciones inapropiadas, entre otros-, nos irán guiando por senderos alejados del Señor y nos van generando una especie de sedimentación ideológica, que primero aturde y luego convence, que nos aleja del ideal de santidad. Además es que resulta que lo prohibido es muy seductor y ‘digno de ser apetecido’ pero que enfría notablemente la frágil vida espiritual.
A nadie se le puede obligar a que ame. Sin embargo la calidad de la persona reside en el amor. El grado de exigencia en el amor es el que marca realmente la diferencia. Y ese grado de exigencia en el amor va de la mano con el hecho de morir a uno mismo.
Hace pocos días estaba llevando la Sagrada Comunión a los enfermos en el hospital. Entré en la habitación de un hermano trapense, él ya mayor y con serias dificultades de movimiento, con muchos achaques por su enfermedad. Siempre que he ido a visitarlo siempre estaba acompañado y asistido por los hermanos de su comunidad de la Trapa. La última vez que fui a llevarle la Sagrada Comunión estaban dos trapenses. Uno de ellos estaba vestido con el crériman, de tal modo que se identificaba claramente como presbítero católico. Este presbítero hablaba al enfermo con cariño, preocupándose por él, dándole conversación para que se sintiera como en casa. Es más, cuando llegué estaba dándole la merienda y limpiándole con la servilleta. Cuando le estaba entregando al Señor al enfermo reparé que ese presbítero tenía en la mano el anillo del Abad. Me alegré y di gracias a Dios por eso. Era el Abad de la Trapa quien estaba tratando con tanto amor a ese hermano de su comunidad. Es entonces cuando me vino a aquellas palabras del Señor: «Yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lc 22, 27b).
            Nuestro Dios nos ama. Hoy es el día del amor fraterno. Cuando sabemos que Dios nos ama es entonces cuando somos unas criaturas fuertes, seguras de nosotros mismos, alegres y llenos de vida porque «el Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob».(Sal 45, 4b). Pues eso es lo que quiere hacer con nosotros la Palabra de Dios; quiere devolvernos esa seguridad: La soledad del hombre en el mundo sólo se vence con la fe en el amor de Dios Padre. A modo de ejemplo: No me acuerdo dónde leí que un día un acróbata realizó un ejercicio. Se asomó al vacío desde el último piso de un rascacielos, apoyándose únicamente en la punta de sus pies y teniendo en brazos a su hijo. Cuando bajaron, alguien preguntó al niño sino había sentido miedo al estar en el vacío a aquella altura, y el niño, extrañado de la pregunta, contestó: "No, estaba en brazos de papá".

            Hoy Jesucristo nos regala tres cosas, el mandamiento del amor, la institución del sacramento del Orden Sacerdotal y el sacramento de la Eucaristía. Dios nos da infinidad de muestras de su amor. Nos escribe estas palabras tan bellas el Apóstol San Pablo: «¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?» (Rm 8, 35). A los que somos fieles nos van a perseguir, a calumniar, a atarcar....a lo que nosotros, ya en un clima de confianza con San Pablo le decimos: "No tengo miedo, estoy en los brazos de papá". 

sábado, 19 de marzo de 2016

Homilía del Domingo de Ramos, ciclo C, año 2016

DOMINGO DE RAMOS, ciclo C, año 2016
            Resulta altamente desconcertante cómo los ciudadanos y visitantes de Jerusalén, en un mismo día aclamen con palmas la entrada triunfal de Jesucristo montado en un pollino en la ciudad y después griten «¡crucifíquelo! ¡crucifícalo!». No es difícil darse cuenta de cómo aquel pueblo fue parcial en sus criterios y voluble en sus sentimientos, a la vista de lo sucedido en Jerusalén. Y que ese pueblo somos nosotros que, incluso en un día, podemos sacar lo mejor y lo peor de cada cual.
            Es necesario saber y reconocer que el mesianismo de Jesús pasa por la humildad, por el sufrimiento y sometido a la arbitrariedad de los juicios humanos, y además víctima de una sentencia injusta. A todas luces parece que el Maligno ha conseguido su cometido: aplastar con el zapato, como si fuera una hormiga, al mismo Cristo. El Demonio se diría: no he conseguido doblegar su voluntad durante toda su vida, por lo tanto, para quedarme con la mía, voy a manejar todos los hilos posibles para que pueda matarle. El Demonio se decía: como no he podido conseguirle para mi causa pues le mato y le quito del medio. Pero lo que el Demonio no sabía, y además ni contaba con ello, es que el supremo sacrificio de Cristo al entregar su vida en la cruz por amor suponía una victoria plena sobre el mal. El pecado debilita a la naturaleza humana y el hombre estaba bajo el yugo del pecado, pero al resucitar Cristo, aquellos que son de Cristo y permiten que Cristo reine en sus vidas, se pueden quitar mencionado yugo. Jesucristo en la cruz no desconfío del Padre sino que, tal y como nos dice San Pedro, «cuando era insultado, no respondía con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con rectitud» (1 P 2,23). El Demonio estaba deseando que Jesús en la cruz empezase a maldecir y a condenar a todo el mundo. Aunque 'lo que se hubiera llevado la palma' hubiera sido que Él se hubiera bajado de la cruz tal y como le tentaba los sumos sacerdotes y los escribas: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, ¡sálvate a tí mismo bajando de la cruz!» (Mc 15,29b-30). Sin embargo la respuesta ante estas gravísimas tentaciones era guardar silencio y perdonar por los que le estaban crucificando. El poder del Demonio sólo se limita al ámbito terrestre, durante la vida terrenal. Pretendía que Jesús, ante los latigazos, ante la cruel tortura sufrida dijera una palabra que denotara desconfianza en su Padre Dios y que renegara de la voluntad divina. Mas con esa actitud callada, confiando en la misericordia del Padre, sabiendo que el Padre Dios no le iba a abandonar no cedió ante las pretensiones del Maligno y murió. En ese momento el tiempo designado para que Satanás actuara se le acabó. Aparentemente la victoria era de Satanás, ya que el hijo del Altísimo que tanto le estaba incordiando 'ya estaba fuera de juego'. Es como si Satanás hubiera colocado una mega cúpula de fuerzas malignas y de perdición donde todos estuviésemos presos, capturados. Pero el amor, en sí mismo no se puede contener. Al amor no se le puede callar, ya que lleva en sí una potencia desbordante. Y aquel que entrega su vida por amor deja en los corazones de todos aquellos que le conocían un recuerdo imborrable. Cristo al ser resucitado por el Padre Dios y su Espíritu Santo generó una potencia infinita de vida capaz de hacer un magnífico socavón a esa mega cúpula de fuerzas malignas ofertando a toda la humanidad un modo de salir de esa situación de perdición simplemente fiándose de Jesucristo. A partir de ahora es posible la reconciliación con la esposa, con el esposo. A partir de ahora nadie está condicionado o condenado por un pecado cometido en el pasado, aunque este sea muy serio y grave. Si seguimos las huellas de Cristo, si nos fiamos totalmente de su palabra, si no nos dejamos engañar por las asechanzas del demonio, si ponemos nuestra vida en aquel 'que sabemos que nos ama', Dios Padre nos recompensará. Dios siempre ha querido darnos esa recompensa que es la Vida Eterna, pero no nos la podía entregar porque previamente había que hacer ese agujero . Como mencionado agujero en la cúpula fue realizado 'con ese amor hasta el extremo' de Jesús, todos aquellos que quieran salvarse, ahora sí lo pueden hacer. Recordemos que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, allí queda, él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12, 24).

            Cristo no se guardó la vida para sí, sino que se sacrificó en el madero de la cruz y todo lo hizo para que aquellos que quieran salvarse lo puedan hacer realidad.

sábado, 12 de marzo de 2016

Homilía del Domingo V de Cuaresma, ciclo c

DOMINGO V DE CUARESMA, Ciclo C
            Las primeras Comunidades Cristianas eran comunidades con muchos defectos. Encontramos en ella la envidia, las riñas, la ambición, la sexualidad descontrolada de algunos de sus miembros, etc. Son Comunidades que a pesar de sus defectos y de sus pecados tienen un talante, un estilo, un ánimo vital. Tienen una experiencia tan viva y tan fuerte de Cristo que se convierten en alternativas. Saben cuáles son sus problemas, sus pecados, su realdad concreta y tienen presentes todas las limitaciones. Sin embargo tienen capacidad de creer en el futuro a pesar de las dificultades, con ese impulso motor de creer, de fiarse, de ponerse en las manos del Resucitado.
            Las primeras Comunidades Cristianas conocían los textos sagrados del Antiguo Testamento y tenían conocimiento de cómo los capataces del faraón azotaban a los israelitas con látigos para que fabricasen ladrillos mezclados con paja, amargando así su vida. Parecía que todo estaba perdido porque el poderoso aplastaba al pobre, condenándole a la desesperación y a aceptar su situación sin visos de mejorarla. Los días trascurren, la rutina se hace patente y todo sigue igual con las altas dosis de amargura, de tristeza, de desaliento, como víctimas que sufren constantemente sin posibilidad de remontar el vuelo. Y en medio de este enorme valle de lágrimas, donde todo estaba perdido y cualquier intento de resistencia era inútil, en medio de este trágico panorama irrumpe la luz: DIOS INTERVIENE. A partir de ese instante hay un antes y un después. La dura esclavitud, los trabajos extenuantes, aquellos ladrillos con paja, aquella opresión ya iban a pasar a la historia. Y de hecho, pasaron. Antes no existía la alternativa, era sólo hacer ladrillos con paja con el miedo de los crueles latigazos. Ahora sí hay alternativa.
            En el Evangelio nos encontramos con una escena de bullicio y de tumulto. Unos exaltados maestros de la ley y fariseos traen de muy malos modos a una mujer adúltera ante Jesús. Nadie se pregunta qué trágicos y dolorosos sucesos ha tenido que padecer esta persona para arrastrarla a ese adulterio. ¿Nadie se ha preguntado que tal vez esté sufriendo una terrible injusticia por haber  sido repudiada por su esposo y ya no tuviera ni qué comer ni dónde refugiarse? ¿Nadie se ha preguntado que tal vez ese sea su particular fango de barro donde la han condenado a estar metida mezclando la paja para elaborar esos ladrillos? Esa mujer lo tenía todo perdido y más aún cuando ha sido sorprendida cometiendo adulterio. Cualquier intento de resistencia por parte de esta mujer era inútil. Ella sabía lo que 'la tocaba', es más, seguramente conocía a otras mujeres que habían ajusticiadas a pedradas. Ya no hay esperanza: sólo esperar la muerte que iba a llegar de modo inminente. Sin embargo, en medio de esta trágica situación irrumpe e  interviene CRISTO: «Aquel de vosotros que no tenga pecado, puede tirarle la primera piedra». Cristo ejerce su poder para sacar a esta hija de Israel del medio del fago donde estaba metida y del que no podía salir. Nos cuenta la Sagrada Escritura que «al oír esto se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos, y dejaron sólo a Jesús con la mujer, que continuaba allí delante de él». La mujer podía haberse ido, sin embargo estaba sobrecogida esperando ser digna de recibir una segunda oportunidad. Ella con su mirada, temblándola las piernas de miedo, sintiéndose 'basura' y despreciada por aquellos exaltados, sabiéndose pecadora y doliéndola por comportarse como una adúltera, recibe la mejor noticia de las posibles: «Tampoco yo te condeno. Puedes irte y no vuelvas a pecar». Cristo ha intervenido y ahora sí existe alternativa para esta mujer.

            El comportamiento individual y comunitario de nuestras Comunidades esta llamado urgentemente a ser distinto al resto del mundo. Estamos llamados a ser Comunidades de contraste. Con un estilo alternativo, diferente. Un estilo que produzca interrogantes, que suscite preguntas. ¿Por qué este talante positivo? ¿Qué nos hace vivir de esta manera las frustraciones? ¿De dónde nos viene este animo ante el desaliento reinante? Yo os voy a decir de dónde: De Cristo. 

domingo, 6 de marzo de 2016

Homilía del Cuarto Domingo de Cuaresma, ciclo c

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA ciclo C                               6 de marzo 2016

            El Señor habla a Josué, y su palabra es como la lluvia que empapa la tierra y hace germinar la semilla. En el libro del Génesis nos cuenta cómo Dios dijo ‘hágase el cielo, la tierra, los continentes, el sol, las estrellas, los animales....’ y todo fue creado con su Palabra. Pues ahora el Señor habla a Josué y lo hace para crear algo nuevo: un pueblo en una tierra que sea luz para los demás pueblos. El Señor ha creado unos campos pensando en ellos; el Señor ha creado unos manantiales pensando en ellos; el Señor ha creado unos animales pensando en ellos. Hasta este momento ha sido el Señor quien les ha estado socorriendo con el maná, es ahora cuando empiezan a comer de los frutos de la tierra dada por el Señor. El Señor no solamente les ha dado el maná, sino también una Ley que les hace sabios ante los demás pueblos. Una Ley que les proporciona entendimiento y discernimiento ante las demás naciones. Luego el Señor no solamente se ha procurado el cuidado en lo corporal, sino también en lo espiritual. Y además les ha concedido la libertad; ya no son esclavos de los egipcios. Ya no son esclavos del pecado porque han aceptado la soberanía de Dios en sus vidas. Ahora son libres y gozan de esa libertad. Nos cuentan numerosos textos del Evangelio que los demonios conocían perfectamente quien era Jesucristo. Estas criaturas satánicas declaraban que Jesús era el hijo de Dios, el hijo del Altísimo, pero nunca le reconocieron como ‘el Señor’, como ‘el Kyrios’. Ellos jamás han dicho que ‘Jesucristo es el Señor’, porque de declararlo estarán aceptando su señorío sobre ellos y dejarían de ser ‘ángeles de las tinieblas’ para convertirse en ‘ángeles de la luz’.
            Nos dice San Pablo en la segunda epístola a los Corintios: «El que es de Cristo es una criatura nueva». El que acepta el señorío de Cristo es su vida es una nueva criatura. Es ahora cuando se hace más urgente el hacer caso a las palabras de San Pedro: «Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle firmes en la fe». Y es lógico, que el demonio quiere conquistar lo que aún no tiene conquistado.
El pueblo de Israel será libre en la medida en que reconozcan el señorío de Dios en sus vidas siendo Dios el Alfa y la Omega de su vida, la razón de su alegría y el fundamento de su existencia. La primera lectura nos ayuda a entender cómo Dios va cuidando con solicitud a su pueblo. Es más, el Salmo lo expresa con estas palabras: «Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias». El problema está cuando –fruto de nuestra impaciencia- queremos ser atendidos por Dios aquí y ahora. Y como no obtenemos lo pedido con la rapidez que exigimos entra en escena Satanás para inyectarnos su veneno diciéndonos: Mira, ¿ves como Dios no te hace caso? ¿Ves como Dios pasa de ti? ¿Te das cuenta cómo lo que tu esperas no va a llegar porque Dios te lo está privando? Y nos dejamos envenenar por el príncipe de la mentira y volvemos a fabricar aquel becerro de oro que el pueblo elaboró fruto de su extravío y de la tardanza de Moisés cuando estaba en la montaña. Recordemos que cuarenta años estuvo el pueblo de Israel por el desierto y durante todo este tiempo, muchos de ellos se estuvieron dedicando en criticar, ‘despellejar’, murmurar contra Moisés y contra Dios. Pero ¿acaso el pueblo murió en el desierto sin llegar a la tierra prometida? ¿Acaso el pueblo no consiguió ver y disfrutar de la promesa hecha a Abrahán? ¿Acaso el pueblo falleció fruto del desaliento, del abandono, de la desesperación, del hambre y de la sed? ¿Acaso el pueblo de Israel se extinguió formando parte únicamente del recuerdo de las mentes más preclaras?  Pues resulta que en la lectura de hoy nos cuentan que «los hijos de  Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán». O sea, que Dios permaneció a su lado y por eso ellos sobrevivieron.
Nosotros somos esos idólatras que hemos fabricado nuestro particular ‘becerro de oro’ poniendo nuestro corazón en otras cosas que no son Dios. Nosotros hemos formado parte de ese elenco de personas que nos hemos dedicado a murmurar contra Dios y contra Moisés porque las cosas no estaban saliendo como nosotros deseábamos. Nosotros somos ese hijo desagradecido que «juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y derrochó allí su fortuna viviendo perdidamente». Esos somos cada uno de nosotros. Y eso ¿por qué? Porque muchas veces echamos la gracia de Dios en saco roto, y porque aunque Cristo nos ha traído el hombre nuevo nosotros seguimos moviéndonos con los criterios del hombre viejo.

            Sin embargo, si hacemos caso a San Pablo y nos reconciliamos con Dios, las heridas ocasionadas por nuestros pecados empezarán a ser sanadas. Y son sanadas porque Dios nos ama con misericordia. Con un amor que abraza incondicionalmente nuestra pobreza y que nos dice que no estamos determinados por el error cometido. Cristo nos devuelve la dignidad perdida y nos anima cada día a emprender de nuevo el camino. 

sábado, 27 de febrero de 2016

Homilía del Tercer Domingo de Cuaresma, ciclo c

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA, ciclo c
            El Evangelio nos narra cómo «un hombre había plantado una higuera en su viña». Es que resulta que en las viñas en Palestina están también plantadas con árboles frutales. Nos imaginamos que este hombre tenía su huerto, por donde paseaba y supervisaba los trabajos del hortelano. A lo que el dueño de la viña muestra su desagrado por la higuera que él mismo había plantado: «Ya hace tres años que vengo en busca de higos a esta higuera, pero nunca los encuentro». Nos dice la Sagrada Escritura que al árbol se le había concedido tres años. Pero esto realmente no es así, porque el libro del Levítico (Lv 19,23) establece, en primer lugar, «tres años para el crecimiento y durante este tiempo no se podrá comer de sus frutos». «En el cuarto año todos sus frutos serán consagrados festivamente al Señor. Y da un paso más el libro del Levítico diciendo que «en el quinto año ya se puede comer del fruto y almacenar su producto».  Por lo tanto esta higuera en cuestión ya tenía seis añoS desde su plantación. Seis años sin dar fruto, sin 'dar palo al agua'. Y además no hay esperanza de que de fruto. Ante esto surge la sentencia del dueño de la viña: «Así que córtala, para que no ocupe terreno inútilmente».  Podríamos pensar qué radical es este dueño. Es una persona que no tiene compasión de la pobre higuera, incluso podríamos llegar a disculpar a la higuera diciendo; «Pobrecita que no puede dar frutos». De pobrecita nada porque ella no está dispuesta a dar un paso en su periodo de conversión a pesar de las numerosas insistencia del dueño de la viña.
            Además, es preciso saber que esa higuera, lejos de aportar o enriquecer el terreno, lo que hace es absorber especialmente mucho alimento, a las cepas que le rodean les quita las sustancias nutritiva de la tierra. Es que resulta que cuando una persona no se plantea ni se pone 'manos a la obra' para convertirse es un auténtico estorbo para los demás. Una persona en una comunidad que no está dispuesta a convertirse es como un carro con una rueda bloqueda/inmovilizada. Porque el pecado personal impide que la gracia de Dios actúe con la plenitud que debería de actuar. Es como esa higuera que no daba fruto.
            Un ejemplo: Un hermano ante el modo de comportarse su hermano le realiza una corrección fraterna. Por cierto una corrección fraterna que es fruto del escrute de la Palabra y de la oración ante el Señor. El que recibe la corrección le responde de malos modos y además empieza albergar en su corazón un odio contra ese hermano. ¿No creen ustedes que la gracia de Dios ha caído en saco roto? Jesucristo quiere de nosotros frutos de conversión. Esa persona que ha sido corregida debería de haber reaccionado de un modo distinto fruto de todo lo que el Señor le hubiera aportado a su vida personal. Si reacciona de un modo violento es tanto como no tener en cuenta las sugerencias e indicaciones que Dios ha tenido para con él. Por eso se toma tantas molestias con cada uno.
            Lo curioso de todo esto es un elemento novedoso que entra en la parábola. En ningún pasaje del Antiguo Testamento se menciona el abono de una viña. Y menos aún que se tratase de abonar a una modesta higuera. El hortelano va a hacer, por tanto, lo desacostumbrado, y todo para intentar por todos los medios que dé fruto esa higuera.  Los pueblos semitas valoraban muchísimo la vegetación, los árboles, las plantas, justamente por el tipo de clima que tenían. De ahí que cortar un árbol es una desgracia. La imagen del árbol seco, caído o quemado aparece con frecuencia en la biblia como figura del pecador castigado. Y Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y que viva.
            Sigue diciéndonos el Evangelio: «Si al año que viene no ha dado fruto, la cortarás». Por lo visto Jesús conocía una historia, la historia de Ahiqar. Cuenta esta narración una lección magistral: «Hijo mío, tú eres como un árbol que no daba frutos, aunque estaba junto al agua, y su amo se vio obligado a cortar. Y él le dijo: 'Trasplántame, y, si entonces doy fruto, córtame'. -Pero su amo le dijo: 'Cuando estabas junto al agua no diste fruto, ¿cómo vas a dar fruto cuando estés en otro lugar?». Vamos a ver, estás en la Iglesia, que es tanto como decir que te encuentras al borde de la acequia donde el agua es abundante. ¿Piensas que fuera de la Iglesia, donde la sequía es agresiva, acaso crees que darás fruto?
            Sin embargo Jesús le da una nueva conclusión: la petición no es rechazada, sino concedida. Dios nos ofrece un tiempo de conversión, un tiempo que tiene sus días y horas contados....nos ofrece una segunda posibilidad para salvarme. Es verdad que voy a encontrar mil y una razones para no convertirme...Es que si mi trabajo fuera distinto; es que si mi jefe fuera más comprensivo; es que si mi mujer me entendiera más; es que si mi marido me escuchase de una vez por todas; es que.... es que.... siempre con escusas para no convertirnos durante el tiempo de prologa que Dios nos proporciona por generosidad.
            Cuentan que...
            «En un pueblo oriental vivía en la montaña un anciano que era muy conocido por su sencillez y su sabiduría. Pero en el pueblo cercano vivía un joven malicioso y envidioso de aquel anciano.
            Un día acompañado de un par de amigos decidió ir al encuentro de aquel anciano para dejarlo en evidencia. Se compró un pájaro y fue al encuentro del anciano. Cuando estuvo frente a Él, le dijo:
            - Buen anciano, todo el mundo habla bien de ti; yo quiero ponerte a prueba a ver si lo que dicen de ti es cierto. Este pájaro que llevo en la mano ¿qué pasará con él, cuando la abra?; ¿volará o caerá muerto?. (Porque el joven pensaba, si dice que volará, aprieto la mano, lo ahogo y caerá muerto, por el contrario, si dice que morirá abriré la mano y saldrá volando; este viejo, pensaba, no tiene escapatoria).
            El buen anciano se dio cuenta enseguida del mal de aquel joven y empezó a mirarle fijamente a los ojos para que reflexionase, pero el joven insistía: ¿Volará o caerá muerto?
            Finalmente el anciano le clavo sus ojos en los de Él y le dijo: DE TI DEPENDE.
            Fue suficiente, aquellas palabras le llegaron al fondo del corazón, abrió la mano, salió el pájaro libre y regreso junto con sus amigos en silencio al pueblo; parece que la lección de aquel anciano había servido de mucho». DE TÍ DEPENDE APROVECHAR ESTE TIEMPO DE CONVERSIÓN.


viernes, 19 de febrero de 2016

Homilía del domingo segundo de cuaresma, ciclo c

DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA, ciclo C
Gén 15,5-12.17-18; Sal 26; Flp 3,17-4,1; Lc 9,28b-36
           
Ninguno de los que estamos aquí tenemos garantizada la salvación eterna. No seamos tan ingenuos de llegar a pensar que por el hecho de ‘estar en la Iglesia’ tenemos una entrada reservada para que San Pedro nos abra el portón del Cielo. De lo que sí podemos estar seguros es que el Espíritu Santo nos asiste siempre y en todo momento. A modo de ejemplo, con todas las limitaciones que esto supone: Imaginemos que el Espíritu Santo fuera como la corriente eléctrica que corre por los cables de cobre. Al dar el interruptor permito que la corriente fluya y pueda encender la bombilla. La bombilla se enciende, no porque en sí misma resida la energía capaz de alumbrar prescindiendo del interruptor. La bombilla se prende gracias a la energía que ella recibe de fuera, no por la que ella pueda tener reservada o generada dentro. Es que te encuentras con novios que te dicen: ‘Es que lo hemos cortado porque se nos acabó el amor’, o incluso con matrimonios que te sueltan diciendo cosas tan sorprendentes como ‘lo nuestro se acabó porque ya no sentíamos nada, y estar con alguien al que no se quiere, pues como que no’. O ese presbítero que te dice ‘es que ya no tengo vocación y es mejor ser un padre de familia que un mal cura’. Pero vamos a ver ¡cómo pueden tener una visión tan pobre de su vida! Yo que sepa no somos unos juguetes con pilas con una determinada autonomía de movimiento o para hacer lo que haga ese juguete. Y cuando se acabe la pila, pues nada, ‘se nos acabó el amor’, ‘la vocación’, ‘el aguante’... o sea se acaba todo. Y estamos tan adoctrinados y catequizados por Satanás que lejos de acudir a la fuente de aguas vivas que es Cristo nos acostumbramos y sentimos como algo normal ser autosuficientes, soberbios y prepotentes que se reconoce como lo lógico lo enseñado por el Demonio.
Un cristiano que se esfuerza por mantener vivo su bautismo se asemeja a esa bombilla. Cristo te dice:  ¡vosotros sois la luz del mundo!, ¡tú eres la luz allá en donde te encuentres y con quien estés!.  Con la gran diferencia que uno sabe por experiencia que desconectado de la corriente del Espíritu Santo uno se comporta como un necio, un lujurioso, un ladrón, un mezquino. Nos tendemos a escandalizar de los casos de corrupción. Pero vamos a ver: Si a una persona se le presenta la ocasión de enriquecerse injustamente con la posibilidad de no ser pillado, pues lo aprovecha porque su ídolo es el dinero. Una persona en un cargo de responsabilidad del que dependen la adjudicación de obras, ‘puede dejarse querer por mucha gente’, aceptar regalos caros, costosas cestas de navidad, gratificaciones económicas, favores, etc., porque usa de ese cargo para su beneficio. No se lo dan porque sea el más guapo, el más listo o un fuera de serie. Se lo entregan por el cargo que ocupa, y el otro, lo acepta. O ese hombre entrado en años con su cachavita que uno se encuentra por la calle y pasa delante de él una joven. El milagro que acontece solamente por el giro repentino de 180 grados que da para poderla ver el trasero ya dice más que cualquier otra cosa. Esa mirada de lujuria es fruto de la desconexión con lo divino. Tan pronto como dejamos a Dios de lado aparecen los demonios y los espíritus del mal para colonizarnos.
Sin embargo el Evangelio de hoy nos cuenta que Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y fueron a lo alto del monte Tabor para orar. Y que mientras oraban, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de esplendor. Pedro, Juan y Santiago conocían las artes de la pesca, se desenvolvían muy bien en el trato con los demás, pero el Señor les quiso proporcionar una experiencia de lo trascendente. Una experiencia de lo divino que fuera un importante recordatorio, un hito fundamental de cómo la Gloria existe, aunque en el aquí y en ahora, en la sucesión de las horas y de los días, de los sufrimientos y problemas...uno tienda a olvidarla por experimentar lo terreno como propio. Esto que les había acontecido fue para ellos la constatación de la certeza de que Cristo es la medida de todas las cosas. Cuando uno abre los ojos y descubre el tesoro de la herencia que le espera, tiende a despegarse de las cosas de este mundo, a reconducir su vida, reubicar las cosas en su lugar porque anhela, con todo su ser, poder contemplar el rostro de Dios en el país de la Gloria.
            Ahora lo que les toca a estos tres apóstoles es confiar plenamente en la Palabra de Jesucristo, en su promesa, en su amor. Abrán se fío del Señor, el mismo Señor que le sacó de Ur de los Caldeos para darle en posesión esta tierra. Nosotros decimos que nos fiamos del Señor, pero tan pronto como vemos que no llega lo que deseamos con todo el corazón, empezamos a dudar, a protestar, a renegarnos y a buscar las soluciones a nuestro modo y manera terminando de estropear todo. Y lo estropeamos todo porque aquello que anhelamos lo elevamos a categoría de ídolo y todo queda descuadrado. Ante este serio descuadre ocasionado por este nuevo ídolo, ¿de dónde sacaré fuerzas ahora para no ser un embustero, un ladrón, un lujurioso o un mezquino? Porque resulta que me estoy quejando de los que se enriquecen con dinero injusto; porque resulta que estoy criticando a ese hermano que se aprovecha de su cargo para obtener sus beneficios....y yo ahora voy a estar peor que ellos porque he sido tan necio de quitar a Dios del lugar que le correspondía y he puesto en su lugar a un simple ídolo al que uno tributa culto de un modo u otro. Recordemos que esto atenta directamente contra el primer Mandamiento de la Ley de Dios. Por eso el Espíritu Santo no cesa de aporrear a la puerta de tu alma y de gritarte: ¡Conviértete! , ¡Tu que estas de pie, ten cuidado y no caigas!

San Pablo en la epístola de hoy ya nos lo dice con toda claridad: «Porque –como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos- hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; sólo aspiran a cosas terrenas». Por eso y por muchas cosas más se sincera con nosotros y nos da una palabra de cercanía y de aliento: «Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos».  Somos ciudadanos del Cielo donde aguardamos a un Salvador, mas son tiempos recios por lo tanto con cuánta más razón para ser amigos fuertes del Señor. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN! – Anne Graham

Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN! – Anne Graham

En la entrevista que le hicieron a la hija del respetado conferencista Internacional Dr. Billy Graham en el EARLY SHOW, Jane Clayson le pregunto: ¨¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?¨ (Se refería al ataque del 11 de septiembre)
Anne Graham, dio una respuesta llena de sabiduría.
Dijo:¨Al igual que nosotros, creo que Dios esta profundamente triste por este suceso, pero durante años, hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras vidas….
Siendo el caballero que es, Dios se ha retirado, entonces, ¿Cómo podemos esperar que Dios nos de su bendición y su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?¨
A la luz de los sucesos recientes creemos que todo comenzó cuando Madeleine Murris O´hare se quejo de que no quería que se orara en las escuelas y dijimos que estaba bien, ella fue asesinada y hasta hace poco se descubrio su cuerpo.
Luego alguien dijo que mejor que no se leyera la biblia en las escuelas. La Biblia dice: ¨No matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo¨. Y dijimos que estaba bien.
Luego el Dr. Benjamín Spock dijo que no debíamos pegarles a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima.
Concluimos que los expertos saben lo que están diciendo…. Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN.
El hijo del Dr. Spock se suicido.
Luego alguien dijo que los maestros y directores de escuelas no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se protaban mal. Los administradores de las escuelas dijeron que más valía que ningún miembro de la facultad de las escuelas tocará a ningún miembro de la facultad de las escuelas tocara a ningún estudiante que se portara mal, porque no queremos publicidad negativa y porque no queremos que nos demanden(Hay una diferencia entre disciplinar y golpear, cachetear, humillar, patear, etc..)
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Luego alguien dijo:¨Dejemos que nuestras hijas aborten si quieren y ni siquiera tienen que decírselo a sus padres¨….
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Luego, uno de los miembros del Consejo Administrativo de las escuelas dijo:¨Ya que los muchachos y las chicas ¨lo van hacer¨demos le condones a todos los muchachos para que puedan divertirse al máximo y no tenemos que decirles a sus padres que se los dimos en las escuelas.
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Después alguien dijo: ¨vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que es arte ¨una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo¨…
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Y luego, alguien más, llevo mas allá esa apreciación, publicando fotografías de niños desnudos, llevándolas aun mas allá cuando las colocó en Internet.
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Ellos tienen derecho a su libertad de expresión….
Luego , la industria de las diversiones dijo: ¨Hagamos un show por televisión y películas que promuevan lo profano y la violencia, el sexo ilícito¨….
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Grabemos música que estimule las violaciones, el uso de las drogas, los suicidios, los temas satánicos y las depresiones…..
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Ademas agregamos: No es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que ¡adelante! Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Ahora nos preguntamos:
·¿por qué nuestros niños están tan alterados, parecen no tener conciencia y no tener capacidad de distinguir entre el bien y el mal?
·¿por qué no les preocupa tratar mal a sus compañeros de escuela?
·¿por qué no respetan a sus padres ni a sus autoridades en la escuela?
·¿por qué tenemos tanta juventud violenta viciosa y muchos de ellos deseando suicidarse?
·¿por qué hay tantas familias deshechas, Adulterios, engaños, etc..? Probablemente, si lo pensamos bien y reflexionando, encontraremos la respuesta.
Tiene mucho que ver con que ¨LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS¨
Es curioso como la gente simplemente manda a Dios a la basura y luego se pregunta por qué el mundo esta en proceso de destrucción.
Es curioso ver como creemos lo que dicen los periódicos, la televisión, pero cuestionamos lo que Dios dice en su palabra. La Biblia.
Es curioso comprobar como hay artículos lujuriosos, crudos, vulgares y obscenos que circulan libremente por el ciberespacio…. Pero la conversación con Dios en público se suprime en las escuelas, en los lugares de trabajo y a veces hasta en el hogar.
Es curioso ver como nos preocupa más lo que piensan los demás de nosotros, que lo que Dios piensa de nosotros.