sábado, 12 de marzo de 2016

Homilía del Domingo V de Cuaresma, ciclo c

DOMINGO V DE CUARESMA, Ciclo C
            Las primeras Comunidades Cristianas eran comunidades con muchos defectos. Encontramos en ella la envidia, las riñas, la ambición, la sexualidad descontrolada de algunos de sus miembros, etc. Son Comunidades que a pesar de sus defectos y de sus pecados tienen un talante, un estilo, un ánimo vital. Tienen una experiencia tan viva y tan fuerte de Cristo que se convierten en alternativas. Saben cuáles son sus problemas, sus pecados, su realdad concreta y tienen presentes todas las limitaciones. Sin embargo tienen capacidad de creer en el futuro a pesar de las dificultades, con ese impulso motor de creer, de fiarse, de ponerse en las manos del Resucitado.
            Las primeras Comunidades Cristianas conocían los textos sagrados del Antiguo Testamento y tenían conocimiento de cómo los capataces del faraón azotaban a los israelitas con látigos para que fabricasen ladrillos mezclados con paja, amargando así su vida. Parecía que todo estaba perdido porque el poderoso aplastaba al pobre, condenándole a la desesperación y a aceptar su situación sin visos de mejorarla. Los días trascurren, la rutina se hace patente y todo sigue igual con las altas dosis de amargura, de tristeza, de desaliento, como víctimas que sufren constantemente sin posibilidad de remontar el vuelo. Y en medio de este enorme valle de lágrimas, donde todo estaba perdido y cualquier intento de resistencia era inútil, en medio de este trágico panorama irrumpe la luz: DIOS INTERVIENE. A partir de ese instante hay un antes y un después. La dura esclavitud, los trabajos extenuantes, aquellos ladrillos con paja, aquella opresión ya iban a pasar a la historia. Y de hecho, pasaron. Antes no existía la alternativa, era sólo hacer ladrillos con paja con el miedo de los crueles latigazos. Ahora sí hay alternativa.
            En el Evangelio nos encontramos con una escena de bullicio y de tumulto. Unos exaltados maestros de la ley y fariseos traen de muy malos modos a una mujer adúltera ante Jesús. Nadie se pregunta qué trágicos y dolorosos sucesos ha tenido que padecer esta persona para arrastrarla a ese adulterio. ¿Nadie se ha preguntado que tal vez esté sufriendo una terrible injusticia por haber  sido repudiada por su esposo y ya no tuviera ni qué comer ni dónde refugiarse? ¿Nadie se ha preguntado que tal vez ese sea su particular fango de barro donde la han condenado a estar metida mezclando la paja para elaborar esos ladrillos? Esa mujer lo tenía todo perdido y más aún cuando ha sido sorprendida cometiendo adulterio. Cualquier intento de resistencia por parte de esta mujer era inútil. Ella sabía lo que 'la tocaba', es más, seguramente conocía a otras mujeres que habían ajusticiadas a pedradas. Ya no hay esperanza: sólo esperar la muerte que iba a llegar de modo inminente. Sin embargo, en medio de esta trágica situación irrumpe e  interviene CRISTO: «Aquel de vosotros que no tenga pecado, puede tirarle la primera piedra». Cristo ejerce su poder para sacar a esta hija de Israel del medio del fago donde estaba metida y del que no podía salir. Nos cuenta la Sagrada Escritura que «al oír esto se marcharon uno tras otro, comenzando por los más viejos, y dejaron sólo a Jesús con la mujer, que continuaba allí delante de él». La mujer podía haberse ido, sin embargo estaba sobrecogida esperando ser digna de recibir una segunda oportunidad. Ella con su mirada, temblándola las piernas de miedo, sintiéndose 'basura' y despreciada por aquellos exaltados, sabiéndose pecadora y doliéndola por comportarse como una adúltera, recibe la mejor noticia de las posibles: «Tampoco yo te condeno. Puedes irte y no vuelvas a pecar». Cristo ha intervenido y ahora sí existe alternativa para esta mujer.

            El comportamiento individual y comunitario de nuestras Comunidades esta llamado urgentemente a ser distinto al resto del mundo. Estamos llamados a ser Comunidades de contraste. Con un estilo alternativo, diferente. Un estilo que produzca interrogantes, que suscite preguntas. ¿Por qué este talante positivo? ¿Qué nos hace vivir de esta manera las frustraciones? ¿De dónde nos viene este animo ante el desaliento reinante? Yo os voy a decir de dónde: De Cristo. 

domingo, 6 de marzo de 2016

Homilía del Cuarto Domingo de Cuaresma, ciclo c

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA ciclo C                               6 de marzo 2016

            El Señor habla a Josué, y su palabra es como la lluvia que empapa la tierra y hace germinar la semilla. En el libro del Génesis nos cuenta cómo Dios dijo ‘hágase el cielo, la tierra, los continentes, el sol, las estrellas, los animales....’ y todo fue creado con su Palabra. Pues ahora el Señor habla a Josué y lo hace para crear algo nuevo: un pueblo en una tierra que sea luz para los demás pueblos. El Señor ha creado unos campos pensando en ellos; el Señor ha creado unos manantiales pensando en ellos; el Señor ha creado unos animales pensando en ellos. Hasta este momento ha sido el Señor quien les ha estado socorriendo con el maná, es ahora cuando empiezan a comer de los frutos de la tierra dada por el Señor. El Señor no solamente les ha dado el maná, sino también una Ley que les hace sabios ante los demás pueblos. Una Ley que les proporciona entendimiento y discernimiento ante las demás naciones. Luego el Señor no solamente se ha procurado el cuidado en lo corporal, sino también en lo espiritual. Y además les ha concedido la libertad; ya no son esclavos de los egipcios. Ya no son esclavos del pecado porque han aceptado la soberanía de Dios en sus vidas. Ahora son libres y gozan de esa libertad. Nos cuentan numerosos textos del Evangelio que los demonios conocían perfectamente quien era Jesucristo. Estas criaturas satánicas declaraban que Jesús era el hijo de Dios, el hijo del Altísimo, pero nunca le reconocieron como ‘el Señor’, como ‘el Kyrios’. Ellos jamás han dicho que ‘Jesucristo es el Señor’, porque de declararlo estarán aceptando su señorío sobre ellos y dejarían de ser ‘ángeles de las tinieblas’ para convertirse en ‘ángeles de la luz’.
            Nos dice San Pablo en la segunda epístola a los Corintios: «El que es de Cristo es una criatura nueva». El que acepta el señorío de Cristo es su vida es una nueva criatura. Es ahora cuando se hace más urgente el hacer caso a las palabras de San Pedro: «Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle firmes en la fe». Y es lógico, que el demonio quiere conquistar lo que aún no tiene conquistado.
El pueblo de Israel será libre en la medida en que reconozcan el señorío de Dios en sus vidas siendo Dios el Alfa y la Omega de su vida, la razón de su alegría y el fundamento de su existencia. La primera lectura nos ayuda a entender cómo Dios va cuidando con solicitud a su pueblo. Es más, el Salmo lo expresa con estas palabras: «Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias». El problema está cuando –fruto de nuestra impaciencia- queremos ser atendidos por Dios aquí y ahora. Y como no obtenemos lo pedido con la rapidez que exigimos entra en escena Satanás para inyectarnos su veneno diciéndonos: Mira, ¿ves como Dios no te hace caso? ¿Ves como Dios pasa de ti? ¿Te das cuenta cómo lo que tu esperas no va a llegar porque Dios te lo está privando? Y nos dejamos envenenar por el príncipe de la mentira y volvemos a fabricar aquel becerro de oro que el pueblo elaboró fruto de su extravío y de la tardanza de Moisés cuando estaba en la montaña. Recordemos que cuarenta años estuvo el pueblo de Israel por el desierto y durante todo este tiempo, muchos de ellos se estuvieron dedicando en criticar, ‘despellejar’, murmurar contra Moisés y contra Dios. Pero ¿acaso el pueblo murió en el desierto sin llegar a la tierra prometida? ¿Acaso el pueblo no consiguió ver y disfrutar de la promesa hecha a Abrahán? ¿Acaso el pueblo falleció fruto del desaliento, del abandono, de la desesperación, del hambre y de la sed? ¿Acaso el pueblo de Israel se extinguió formando parte únicamente del recuerdo de las mentes más preclaras?  Pues resulta que en la lectura de hoy nos cuentan que «los hijos de  Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán». O sea, que Dios permaneció a su lado y por eso ellos sobrevivieron.
Nosotros somos esos idólatras que hemos fabricado nuestro particular ‘becerro de oro’ poniendo nuestro corazón en otras cosas que no son Dios. Nosotros hemos formado parte de ese elenco de personas que nos hemos dedicado a murmurar contra Dios y contra Moisés porque las cosas no estaban saliendo como nosotros deseábamos. Nosotros somos ese hijo desagradecido que «juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y derrochó allí su fortuna viviendo perdidamente». Esos somos cada uno de nosotros. Y eso ¿por qué? Porque muchas veces echamos la gracia de Dios en saco roto, y porque aunque Cristo nos ha traído el hombre nuevo nosotros seguimos moviéndonos con los criterios del hombre viejo.

            Sin embargo, si hacemos caso a San Pablo y nos reconciliamos con Dios, las heridas ocasionadas por nuestros pecados empezarán a ser sanadas. Y son sanadas porque Dios nos ama con misericordia. Con un amor que abraza incondicionalmente nuestra pobreza y que nos dice que no estamos determinados por el error cometido. Cristo nos devuelve la dignidad perdida y nos anima cada día a emprender de nuevo el camino. 

sábado, 27 de febrero de 2016

Homilía del Tercer Domingo de Cuaresma, ciclo c

DOMINGO TERCERO DE CUARESMA, ciclo c
            El Evangelio nos narra cómo «un hombre había plantado una higuera en su viña». Es que resulta que en las viñas en Palestina están también plantadas con árboles frutales. Nos imaginamos que este hombre tenía su huerto, por donde paseaba y supervisaba los trabajos del hortelano. A lo que el dueño de la viña muestra su desagrado por la higuera que él mismo había plantado: «Ya hace tres años que vengo en busca de higos a esta higuera, pero nunca los encuentro». Nos dice la Sagrada Escritura que al árbol se le había concedido tres años. Pero esto realmente no es así, porque el libro del Levítico (Lv 19,23) establece, en primer lugar, «tres años para el crecimiento y durante este tiempo no se podrá comer de sus frutos». «En el cuarto año todos sus frutos serán consagrados festivamente al Señor. Y da un paso más el libro del Levítico diciendo que «en el quinto año ya se puede comer del fruto y almacenar su producto».  Por lo tanto esta higuera en cuestión ya tenía seis añoS desde su plantación. Seis años sin dar fruto, sin 'dar palo al agua'. Y además no hay esperanza de que de fruto. Ante esto surge la sentencia del dueño de la viña: «Así que córtala, para que no ocupe terreno inútilmente».  Podríamos pensar qué radical es este dueño. Es una persona que no tiene compasión de la pobre higuera, incluso podríamos llegar a disculpar a la higuera diciendo; «Pobrecita que no puede dar frutos». De pobrecita nada porque ella no está dispuesta a dar un paso en su periodo de conversión a pesar de las numerosas insistencia del dueño de la viña.
            Además, es preciso saber que esa higuera, lejos de aportar o enriquecer el terreno, lo que hace es absorber especialmente mucho alimento, a las cepas que le rodean les quita las sustancias nutritiva de la tierra. Es que resulta que cuando una persona no se plantea ni se pone 'manos a la obra' para convertirse es un auténtico estorbo para los demás. Una persona en una comunidad que no está dispuesta a convertirse es como un carro con una rueda bloqueda/inmovilizada. Porque el pecado personal impide que la gracia de Dios actúe con la plenitud que debería de actuar. Es como esa higuera que no daba fruto.
            Un ejemplo: Un hermano ante el modo de comportarse su hermano le realiza una corrección fraterna. Por cierto una corrección fraterna que es fruto del escrute de la Palabra y de la oración ante el Señor. El que recibe la corrección le responde de malos modos y además empieza albergar en su corazón un odio contra ese hermano. ¿No creen ustedes que la gracia de Dios ha caído en saco roto? Jesucristo quiere de nosotros frutos de conversión. Esa persona que ha sido corregida debería de haber reaccionado de un modo distinto fruto de todo lo que el Señor le hubiera aportado a su vida personal. Si reacciona de un modo violento es tanto como no tener en cuenta las sugerencias e indicaciones que Dios ha tenido para con él. Por eso se toma tantas molestias con cada uno.
            Lo curioso de todo esto es un elemento novedoso que entra en la parábola. En ningún pasaje del Antiguo Testamento se menciona el abono de una viña. Y menos aún que se tratase de abonar a una modesta higuera. El hortelano va a hacer, por tanto, lo desacostumbrado, y todo para intentar por todos los medios que dé fruto esa higuera.  Los pueblos semitas valoraban muchísimo la vegetación, los árboles, las plantas, justamente por el tipo de clima que tenían. De ahí que cortar un árbol es una desgracia. La imagen del árbol seco, caído o quemado aparece con frecuencia en la biblia como figura del pecador castigado. Y Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y que viva.
            Sigue diciéndonos el Evangelio: «Si al año que viene no ha dado fruto, la cortarás». Por lo visto Jesús conocía una historia, la historia de Ahiqar. Cuenta esta narración una lección magistral: «Hijo mío, tú eres como un árbol que no daba frutos, aunque estaba junto al agua, y su amo se vio obligado a cortar. Y él le dijo: 'Trasplántame, y, si entonces doy fruto, córtame'. -Pero su amo le dijo: 'Cuando estabas junto al agua no diste fruto, ¿cómo vas a dar fruto cuando estés en otro lugar?». Vamos a ver, estás en la Iglesia, que es tanto como decir que te encuentras al borde de la acequia donde el agua es abundante. ¿Piensas que fuera de la Iglesia, donde la sequía es agresiva, acaso crees que darás fruto?
            Sin embargo Jesús le da una nueva conclusión: la petición no es rechazada, sino concedida. Dios nos ofrece un tiempo de conversión, un tiempo que tiene sus días y horas contados....nos ofrece una segunda posibilidad para salvarme. Es verdad que voy a encontrar mil y una razones para no convertirme...Es que si mi trabajo fuera distinto; es que si mi jefe fuera más comprensivo; es que si mi mujer me entendiera más; es que si mi marido me escuchase de una vez por todas; es que.... es que.... siempre con escusas para no convertirnos durante el tiempo de prologa que Dios nos proporciona por generosidad.
            Cuentan que...
            «En un pueblo oriental vivía en la montaña un anciano que era muy conocido por su sencillez y su sabiduría. Pero en el pueblo cercano vivía un joven malicioso y envidioso de aquel anciano.
            Un día acompañado de un par de amigos decidió ir al encuentro de aquel anciano para dejarlo en evidencia. Se compró un pájaro y fue al encuentro del anciano. Cuando estuvo frente a Él, le dijo:
            - Buen anciano, todo el mundo habla bien de ti; yo quiero ponerte a prueba a ver si lo que dicen de ti es cierto. Este pájaro que llevo en la mano ¿qué pasará con él, cuando la abra?; ¿volará o caerá muerto?. (Porque el joven pensaba, si dice que volará, aprieto la mano, lo ahogo y caerá muerto, por el contrario, si dice que morirá abriré la mano y saldrá volando; este viejo, pensaba, no tiene escapatoria).
            El buen anciano se dio cuenta enseguida del mal de aquel joven y empezó a mirarle fijamente a los ojos para que reflexionase, pero el joven insistía: ¿Volará o caerá muerto?
            Finalmente el anciano le clavo sus ojos en los de Él y le dijo: DE TI DEPENDE.
            Fue suficiente, aquellas palabras le llegaron al fondo del corazón, abrió la mano, salió el pájaro libre y regreso junto con sus amigos en silencio al pueblo; parece que la lección de aquel anciano había servido de mucho». DE TÍ DEPENDE APROVECHAR ESTE TIEMPO DE CONVERSIÓN.


viernes, 19 de febrero de 2016

Homilía del domingo segundo de cuaresma, ciclo c

DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA, ciclo C
Gén 15,5-12.17-18; Sal 26; Flp 3,17-4,1; Lc 9,28b-36
           
Ninguno de los que estamos aquí tenemos garantizada la salvación eterna. No seamos tan ingenuos de llegar a pensar que por el hecho de ‘estar en la Iglesia’ tenemos una entrada reservada para que San Pedro nos abra el portón del Cielo. De lo que sí podemos estar seguros es que el Espíritu Santo nos asiste siempre y en todo momento. A modo de ejemplo, con todas las limitaciones que esto supone: Imaginemos que el Espíritu Santo fuera como la corriente eléctrica que corre por los cables de cobre. Al dar el interruptor permito que la corriente fluya y pueda encender la bombilla. La bombilla se enciende, no porque en sí misma resida la energía capaz de alumbrar prescindiendo del interruptor. La bombilla se prende gracias a la energía que ella recibe de fuera, no por la que ella pueda tener reservada o generada dentro. Es que te encuentras con novios que te dicen: ‘Es que lo hemos cortado porque se nos acabó el amor’, o incluso con matrimonios que te sueltan diciendo cosas tan sorprendentes como ‘lo nuestro se acabó porque ya no sentíamos nada, y estar con alguien al que no se quiere, pues como que no’. O ese presbítero que te dice ‘es que ya no tengo vocación y es mejor ser un padre de familia que un mal cura’. Pero vamos a ver ¡cómo pueden tener una visión tan pobre de su vida! Yo que sepa no somos unos juguetes con pilas con una determinada autonomía de movimiento o para hacer lo que haga ese juguete. Y cuando se acabe la pila, pues nada, ‘se nos acabó el amor’, ‘la vocación’, ‘el aguante’... o sea se acaba todo. Y estamos tan adoctrinados y catequizados por Satanás que lejos de acudir a la fuente de aguas vivas que es Cristo nos acostumbramos y sentimos como algo normal ser autosuficientes, soberbios y prepotentes que se reconoce como lo lógico lo enseñado por el Demonio.
Un cristiano que se esfuerza por mantener vivo su bautismo se asemeja a esa bombilla. Cristo te dice:  ¡vosotros sois la luz del mundo!, ¡tú eres la luz allá en donde te encuentres y con quien estés!.  Con la gran diferencia que uno sabe por experiencia que desconectado de la corriente del Espíritu Santo uno se comporta como un necio, un lujurioso, un ladrón, un mezquino. Nos tendemos a escandalizar de los casos de corrupción. Pero vamos a ver: Si a una persona se le presenta la ocasión de enriquecerse injustamente con la posibilidad de no ser pillado, pues lo aprovecha porque su ídolo es el dinero. Una persona en un cargo de responsabilidad del que dependen la adjudicación de obras, ‘puede dejarse querer por mucha gente’, aceptar regalos caros, costosas cestas de navidad, gratificaciones económicas, favores, etc., porque usa de ese cargo para su beneficio. No se lo dan porque sea el más guapo, el más listo o un fuera de serie. Se lo entregan por el cargo que ocupa, y el otro, lo acepta. O ese hombre entrado en años con su cachavita que uno se encuentra por la calle y pasa delante de él una joven. El milagro que acontece solamente por el giro repentino de 180 grados que da para poderla ver el trasero ya dice más que cualquier otra cosa. Esa mirada de lujuria es fruto de la desconexión con lo divino. Tan pronto como dejamos a Dios de lado aparecen los demonios y los espíritus del mal para colonizarnos.
Sin embargo el Evangelio de hoy nos cuenta que Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y fueron a lo alto del monte Tabor para orar. Y que mientras oraban, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de esplendor. Pedro, Juan y Santiago conocían las artes de la pesca, se desenvolvían muy bien en el trato con los demás, pero el Señor les quiso proporcionar una experiencia de lo trascendente. Una experiencia de lo divino que fuera un importante recordatorio, un hito fundamental de cómo la Gloria existe, aunque en el aquí y en ahora, en la sucesión de las horas y de los días, de los sufrimientos y problemas...uno tienda a olvidarla por experimentar lo terreno como propio. Esto que les había acontecido fue para ellos la constatación de la certeza de que Cristo es la medida de todas las cosas. Cuando uno abre los ojos y descubre el tesoro de la herencia que le espera, tiende a despegarse de las cosas de este mundo, a reconducir su vida, reubicar las cosas en su lugar porque anhela, con todo su ser, poder contemplar el rostro de Dios en el país de la Gloria.
            Ahora lo que les toca a estos tres apóstoles es confiar plenamente en la Palabra de Jesucristo, en su promesa, en su amor. Abrán se fío del Señor, el mismo Señor que le sacó de Ur de los Caldeos para darle en posesión esta tierra. Nosotros decimos que nos fiamos del Señor, pero tan pronto como vemos que no llega lo que deseamos con todo el corazón, empezamos a dudar, a protestar, a renegarnos y a buscar las soluciones a nuestro modo y manera terminando de estropear todo. Y lo estropeamos todo porque aquello que anhelamos lo elevamos a categoría de ídolo y todo queda descuadrado. Ante este serio descuadre ocasionado por este nuevo ídolo, ¿de dónde sacaré fuerzas ahora para no ser un embustero, un ladrón, un lujurioso o un mezquino? Porque resulta que me estoy quejando de los que se enriquecen con dinero injusto; porque resulta que estoy criticando a ese hermano que se aprovecha de su cargo para obtener sus beneficios....y yo ahora voy a estar peor que ellos porque he sido tan necio de quitar a Dios del lugar que le correspondía y he puesto en su lugar a un simple ídolo al que uno tributa culto de un modo u otro. Recordemos que esto atenta directamente contra el primer Mandamiento de la Ley de Dios. Por eso el Espíritu Santo no cesa de aporrear a la puerta de tu alma y de gritarte: ¡Conviértete! , ¡Tu que estas de pie, ten cuidado y no caigas!

San Pablo en la epístola de hoy ya nos lo dice con toda claridad: «Porque –como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos- hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; sólo aspiran a cosas terrenas». Por eso y por muchas cosas más se sincera con nosotros y nos da una palabra de cercanía y de aliento: «Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos».  Somos ciudadanos del Cielo donde aguardamos a un Salvador, mas son tiempos recios por lo tanto con cuánta más razón para ser amigos fuertes del Señor. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN! – Anne Graham

Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN! – Anne Graham

En la entrevista que le hicieron a la hija del respetado conferencista Internacional Dr. Billy Graham en el EARLY SHOW, Jane Clayson le pregunto: ¨¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?¨ (Se refería al ataque del 11 de septiembre)
Anne Graham, dio una respuesta llena de sabiduría.
Dijo:¨Al igual que nosotros, creo que Dios esta profundamente triste por este suceso, pero durante años, hemos estado diciéndole a Dios que se salga de nuestras vidas….
Siendo el caballero que es, Dios se ha retirado, entonces, ¿Cómo podemos esperar que Dios nos de su bendición y su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?¨
A la luz de los sucesos recientes creemos que todo comenzó cuando Madeleine Murris O´hare se quejo de que no quería que se orara en las escuelas y dijimos que estaba bien, ella fue asesinada y hasta hace poco se descubrio su cuerpo.
Luego alguien dijo que mejor que no se leyera la biblia en las escuelas. La Biblia dice: ¨No matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo¨. Y dijimos que estaba bien.
Luego el Dr. Benjamín Spock dijo que no debíamos pegarles a nuestros hijos cuando se portan mal porque sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima.
Concluimos que los expertos saben lo que están diciendo…. Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN.
El hijo del Dr. Spock se suicido.
Luego alguien dijo que los maestros y directores de escuelas no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se protaban mal. Los administradores de las escuelas dijeron que más valía que ningún miembro de la facultad de las escuelas tocará a ningún miembro de la facultad de las escuelas tocara a ningún estudiante que se portara mal, porque no queremos publicidad negativa y porque no queremos que nos demanden(Hay una diferencia entre disciplinar y golpear, cachetear, humillar, patear, etc..)
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Luego alguien dijo:¨Dejemos que nuestras hijas aborten si quieren y ni siquiera tienen que decírselo a sus padres¨….
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Luego, uno de los miembros del Consejo Administrativo de las escuelas dijo:¨Ya que los muchachos y las chicas ¨lo van hacer¨demos le condones a todos los muchachos para que puedan divertirse al máximo y no tenemos que decirles a sus padres que se los dimos en las escuelas.
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Después alguien dijo: ¨vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que es arte ¨una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo¨…
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Y luego, alguien más, llevo mas allá esa apreciación, publicando fotografías de niños desnudos, llevándolas aun mas allá cuando las colocó en Internet.
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Ellos tienen derecho a su libertad de expresión….
Luego , la industria de las diversiones dijo: ¨Hagamos un show por televisión y películas que promuevan lo profano y la violencia, el sexo ilícito¨….
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Grabemos música que estimule las violaciones, el uso de las drogas, los suicidios, los temas satánicos y las depresiones…..
Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Ademas agregamos: No es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que ¡adelante! Y DIJIMOS QUE ESTABA BIEN
Ahora nos preguntamos:
·¿por qué nuestros niños están tan alterados, parecen no tener conciencia y no tener capacidad de distinguir entre el bien y el mal?
·¿por qué no les preocupa tratar mal a sus compañeros de escuela?
·¿por qué no respetan a sus padres ni a sus autoridades en la escuela?
·¿por qué tenemos tanta juventud violenta viciosa y muchos de ellos deseando suicidarse?
·¿por qué hay tantas familias deshechas, Adulterios, engaños, etc..? Probablemente, si lo pensamos bien y reflexionando, encontraremos la respuesta.
Tiene mucho que ver con que ¨LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS¨
Es curioso como la gente simplemente manda a Dios a la basura y luego se pregunta por qué el mundo esta en proceso de destrucción.
Es curioso ver como creemos lo que dicen los periódicos, la televisión, pero cuestionamos lo que Dios dice en su palabra. La Biblia.
Es curioso comprobar como hay artículos lujuriosos, crudos, vulgares y obscenos que circulan libremente por el ciberespacio…. Pero la conversación con Dios en público se suprime en las escuelas, en los lugares de trabajo y a veces hasta en el hogar.
Es curioso ver como nos preocupa más lo que piensan los demás de nosotros, que lo que Dios piensa de nosotros.

domingo, 10 de enero de 2016

Homilía del Bautismo del Señor, 2016

EL BAUTISMO DEL SEÑOR, 2016
           
            Hoy la Iglesia nos trae a la memoria un hecho de gran trascendencia que nos sucedió hace ya unos cuantos años: Nuestro bautismo. Muchos han sido bautizados pero no viven conforme a ese don recibido. Supongamos que Jesucristo fuera el maquinista de un tren, un tren que le vamos a llamar 'el tren de la gracia'. Multitud de amigos, conocidos, familiares, de feligreses se subieron a ese tren. Esos hermanos nuestros dijeron que sí querían ser miembros del Nuevo Pueblo de Dios. Sin embargo vemos con lástima y contradicción, que a duras penas aguantan algunos kilómetros de andadura cristiana.
            Uno no puede seguir a Cristo conforme a uno le dé en gana. Pero seguir a Cristo a nuestro modo es simplemente no seguirle. Cristo es la Palabra encarnada. Es esa Palabra que llega a nosotros desde lo alto. Es una Palabra para escucharla. Pero no para escucharla y luego dejarla en el baúl de los recuerdos olvidada. Sino una Palabra que está para que edifiquemos nuestra vida teniéndola como plano. Para permanecer en ese tren o en esa locomotora que arrastra un sin fin de vagones no podemos estar cómodamente sentados jugando o mandando mensajitos con el móvil, sino que hemos de estar constantemente alimentando la caldera de la máquina para sacar fuerzas y encarar la vida en cristiano. Si no alimentamos esa caldera enseguida nos pararemos, el desánimo hará acto de presencia, empezaremos a caer en la cuenta de lo que nos cuesta hacer las cosas y terminaremos 'tirando la toalla'. Y la terminaremos tirando porque sólo valoraremos el esfuerzo personal y no tendremos presente cómo Dios nos ha estado asistiendo mientras nos esforzábamos. Y como necios pensaremos que todo lo hemos hecho nosotros.
            ¡Claro que es más sencillo un noviazgo a lo mundano!, muchas cristianas que luchan por ser fiel a Cristo, tendrían a muchos en torno a ellas; pero ellas quieren edificar su casa sobre roca, poner al Señor en el medio y que su Palabra sea luz para sus pasos. ¡Claro que es más sencillo mentir que decir la verdad!, sobre todo cuando uno está cómodo porque hace lo que le viene en gana.  ¡Claro que es más sencillo vivir un presbiterado descafeinado!, con tal que vayas despreocupando del celo pastoral y te vaya dando igual las cosas, te terminarás convirtiendo en un funcionario del culto y la comodidad que adquieres llamará a una mayor comodidad. Y ante esto, ¿quién evangelizará?. Recordemos lo que dice el Señor: Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará?.  Si no escuchamos su Palabra ni la acogemos nos estamos bajando del vagón, aunque estemos en mitad de la vía.

            La Palabra de Dios, la Eucaristía, el sacramento del Perdón, la oración personal son ese combustible del que precisamos para que podamos alimentar nuestra vida y vivirla conforme a los deseos de Cristo. Y siempre al lado de las antiguas locomotoras había un vagón o bien con carbón o madera para poderlo usar como combustible. ¿Quién nos proporciona ese carbón o madera para poderlo usar para nuestra salvación? Nos lo proporciona el Espíritu Santo de Dios. Es el mismo Espíritu del que bajó sobre Jesús en forma de paloma.  ¡Claro que los bautizados estamos inclinados al pecado!, pero con un deseo auténtico y sincero de vencer el pecado, de no quedarnos caídos en el fango pestilente de la muerte. Lo curioso de todo esto es lo que ya nos está contando el profeta Isaías, que aplicándolo a nuestra vida vendría a ser algo así: Sé de qué pie cojeas. Sé de la malas inclinaciones de tu corazón. Pero ten en cuenta que a pesar de tus rebeldías, de tus cabezonerías, de los numerosos plantones que me das porque te espero en la oración y allí no acudes... tú te mantienes a flote en este océano de perdición porque estoy ejerciendo la paciencia contigo. Tú eres la caña quebrada, tú eres el pábilo vacilante; una caña que no va a quebrar y un pábilo que no apagará. Si se mantiene la alianza de amor de Dios contigo no es por lo que tú hayas estado aportando, sino porque Dios ha hecho un sobreesfuerzo para que se mantenga. Esto es como un trabajo en equipo en la universidad. Como tengas la mala suerte de caer en un equipo de compañeros que sean unos zánganos o más cortos que la manga de un chaleco te va a tocar trabajar por todos, porque sabes que la nota que ponga el profesor a ese trabajo grupal te va a afectar a tí a título personal. A Dios no le afecta nuestros desaires o plantones, simplemente no desea que ninguno de nosotros se baje de ese ferrocarril y que en su corazón está el deseo de que mantengamos ardiente en el amor nuestro estar bautizados.  

Homilía de la Epifanía del Señor 2016

HOMILÍA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR 2016 (11h.Valoria del Alcor; 12h. Villerías)
            Cuentan de unos náufragos que estaban muertos de sed en su bote salvavidas. Las corrientes marinas habían llevado el bote hasta la desembocadura del río Amazonas. El bote estaba rodeado de agua dulce del inmenso caudal del Amazonas, pero los náufragos, sin saberlo, se morían de sed.
            Estamos rodeados por el cristianismo, pero éste no ha penetrado en nuestro corazón de piedra: como el canto rodado sumergido en el arroyo, que si lo partes, por dentro está seco porque el agua no le ha calado.
            Esta sociedad nos ha enseñado a vivir prescindiendo de lo divino. Pero tan pronto como el hombre quita a Dios del medio, enseguida no tarda en levantar un altar a los ídolos del dinero, del sexo y el poder. ¿Y qué es lo que hacemos? Pues como necios vamos corriendo y adorando a esos ídolos sin conseguir la felicidad. Corremos y corremos y nos cansamos, nos agotamos en vano. Como los galgos que corren tras la liebre mecánica sin alcanzarla jamás o como aquel que corre tras su sombra para alcanzarla sin conseguirlo. Al barrer a Dios de la vida empieza a crujir la vida familiar, fracasa el matrimonio, la juventud y los no tan jóvenes se esclaviza de la lujuria, o muchos negocios buscan enriquecerse a toda costa. De este modo esta sociedad, y los que en ella vivimos, estamos sumidos en las tinieblas, en la oscuridad. Jerusalén se encuentra en tinieblas; unas tinieblas que cubren toda la tierra. Pero Isaías le anuncia un tiempo en que amanecerá el Señor sobre ella y le comunicará su resplandor. De este modo Jerusalén, a su vez, se convertirá en luz que ilumine el caminar de los pueblos.
            Jerusalén no se convierte en luz por ’arte de magia’, ni porque dentro de ella tuviera algo especialmente extraordinario. Jerusalén se convierte en luz porque allí nace el Hijo de Dios que trae la salvación para todos los hombres, no sólo para los judíos, sino para todos, y de hecho así se manifiesta. Nos hemos acostumbrados a oír que Jesucristo nació en un pobre portal en Belén de Judá y que unos magos de oriente vinieron a rendirle tributos y adorarle. Esos magos siguiendo la estrella buscaban al Señor de los señores, y lo encontraron. Nosotros somos cristianos, decimos que seguimos a Cristo. ¿Realmente le seguimos? ¿Realmente se nos nota que somos de los suyos? ¿Realmente acogemos el auténtico regalo que es su divina presencia? Y si hemos acogido ese regalo que es su divina presencia ¿qué repercusión ha tenido éste acontecimiento en nuestro hogar, en medio de nuestra familia? Porque hermanos, podemos correr el serio riesgo de creer que somos cristianos sin necesidad de cambiar nada en nuestras vidas. Entonces ser cristianos quedaría reducido a estar en el mundo como cualquiera otra persona con la única diferencia de tener una inscripción en el libro de bautismos de la parroquia. ¿Dónde queda esa luz que Cristo nos entrega con su presencia? Estamos rodeados de su luz por todos lados, por los regalos que él nos entrega –unos padres, hermanos, una parroquia, una comunidad...-; por la luz que irradia de su Palabra –de la Biblia-; de la luz que nos ofrece de la Eucaristía y de la Penitencia. Estamos navegando en medio de un océano de luz, pero nosotros, esos náufragos estamos muertos de sed, pero de la sed del sentido de la vida. Pero estamos tan acostumbrados a las tinieblas que no buscamos convencidos que las tinieblas es lo único que se nos puede dar.
            Sin embargo, aquellos que se fían de Dios; aquellos que fruto del contacto frecuente con la Palabra de Dios en la oración van adquiriendo sabiduría para encarar, de modo muy distinto y magistral, los diversos desafíos que se le vayan presentando.

            Los magos de oriente sabían que todo esfuerzo, sufrimiento, alegría o experiencia vivida sin la visión trascendente y divina de las cosas se queda únicamente en ‘agua de borrajas’. ¿Qué sentido tiene estar amando a una persona que me resulta repelente si quito a Cristo del medio? ¿Qué sentido tiene el aceptar el sufrimiento si Cristo no está para redimirlo y poder usarlo como purificación de mi alma? ¿Qué sentido tiene la muerte de un ser muy querido si todo acaba bajo la fría losa del sepulcro?  Si Cristo no hubiese venido a nosotros todo lo haríamos en vano, el pozo sin fin del sin sentido nos tragaría sin piedad. Realmente el regalo que hoy se nos entrega tiene un valor infinito. Jesucristo ha hecho nuevas todas las cosas. 

domingo, 3 de enero de 2016

Homilía del Segundo Domingo después de Navidad

DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD
            El hombre moderno, el hombre de la calle, aquellos que han recibido una importante catequización por parte de la televisión, planteamientos ideológicos y que han sido bombardeados por mil y un frentes... tiene una conciencia muy clara de su libertad.  No quiere ser forzado ni chantajeado por nada ni por nadie en sus decisiones. Con su dinero puede hacer lo que crea oportuno, lo mismo con su familia, con la educación de sus hijos o en cualquier otro tipo de campo. Sin embargo sí que es sensible ante el dolor de los demás y a la necesidad de responder al amor con amor. Otra cosa es lo que dure ese sentimiento ante el dolor del prójimo y con qué tipo de amor se responde al amor.
            En los noticiarios suelen dar noticias indicando el alto nivel de contaminación ambiental en las ciudades. Se restringen el uso de vehículos, incluso el tránsito por las calles y se indica la necesidad del uso de mascarillas. Una contaminación que nos daña seriamente la salud. Nuestra alma está sufriendo las consecuencias de la contaminación del pecado. La percepción de las cosas está alterada. Hace unos días una señora de unos setenta años se mostraba feliz porque su nieta de veintiséis años había quedado embarazada de su novio. Esta chica y ese chico no son más que novios, sólo novios. No hay un amor consolidado simplemente una pasión desatada, a lo que la abuela se felicitaba.
            Muchos ciudadanos,  gran parte de ellos bautizados, han asimilado una serie de convicciones que son incompatibles con la fe cristiana y que les hace muy difícil vivir conforme con su fe así como poder sintonizar con las enseñanzas morales y doctrinales de la Iglesia. Resulta que un matrimonio –de los que alguna vez acuden a la Eucaristía, o incluso de los asiduos- ante el conocimiento de un embarazo donde el niño va a tener algún problema serio, optan sin pensárselo dos veces, por el aborto como su solución. O catequistas, o no digamos algún cura –que se dedica a vivir a costa de la iglesia- que plantean sin problemas los anticonceptivos y métodos artificiales para impedir la procreación, y lo hacen porque lo creen ético y así lo enseñan erráticamente confundiendo conciencias y dañando a las almas.
            Los cristianos debemos de despertar de nuestro letargo. Esta cultura tiene como eje fundamental el propio hombre, de tal manera que el hombre no debe su existencia a nadie ni debe de dar cuenta de su actuar ante un ser supremo. Se piensa que podemos disponer de nosotros ilimitadamente, sin tenernos que someter a nadie ni a nada. Que cada cual puede configurar su vida como le de en gana. De tal modo que nuestros deseos son nuestros derechos. Tenemos derecho a ampliar nuestra existencia y de ser felices como nos parezca mejor. Entonces cada uno crea su verdad, porque se niega que haya una verdad objetiva. Se niega la existencia de la ley natural. A la Iglesia se nos ataca de intolerantes y xenófobos por manifestar abiertamente nuestra más radical oposición que un niño sea tratado como una niña haciéndole vestir como niña para que descubra su identidad sexual. Se ataca de intolerantes, intransigentes, de malos ciudadanos a los cristianos por no aceptar que dos hombres se casen entre sí o que dos mujeres se casen entre sí y que encima adopten niños. Parece que aquí no hay leyes ni exigencias morales que nos liguen a nada ni a nadie por encima de nuestro propio bienestar. Se crean nuevos derechos que no tienen en cuenta la más mínima norma moral objetiva que pueda ser vinculante.  Es decir, vivimos en un constante espejismo. Nos pensamos muy seguros en esta mega estructura social, cimentada en el más puro relativismo y donde la creación de nuevos derechos no han tenido en cuenta la ley natural. Es que hemos mordido el anzuelo de Satanás. Y toda esta mega estructura empecatada tiene menos consistencia que una tela de araña ante el aguacero que le va a dar de lleno.  Esta mega estructura empecatada genera dolor, sufrimiento, desesperación, vacío existencial,...muerte eterna.
            El Salmo responsorial de hoy nos proclama que Dios «anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel». Y no sólo eso, sino que además, San Pablo nos abre la inteligencia anunciándonos que «Dios nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor». Por lo tanto, para un cristiano lo importante no es buscar su bienestar, no es moverse por la creación de unos derechos sustentados en el vacío del pecado. Lo nuestro es anunciar al que es la Palabra; proclamar con nuestro modo de ser, actuar, pensar y sentir que el Evangelio conecta con las aspiraciones más profundas del corazón del hombre, a la vez que muestra los errores del modo de interpretar la vida de esta sociedad.

            Cristo nos ha engendrado a una nueva vida. Dice el Evangelio: «Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios». ¡Hay que nacer del agua y del Espíritu de Dios!.  La Iglesia es una nueva creación, que está siendo asistida por el mismo Dios que  por medio de Cristo nos va mostrando la verdad más auténtica de cada cosa, circunstancia y situación.  El mundo dice odiar esta nueva creación, porque se ven denunciados en su proceder. Mas cuando se terminen desplomando y el océano se trague todo el armazón donde tienen ensamblado toda la concepción de su existencia podrán tener a la Iglesia que les pueda rescatar ya que  como madre, sabe acoger, sanar y perdonar. Dios no es rencoroso, ya que aunque él vino a los suyos y los suyos no le recibieron.... sin embargo si ahora nos arrepentimos y estamos dispuestos a acogerle sin reservas..., él vendrá a nosotros de nuevo.