domingo, 10 de enero de 2016

Homilía del Bautismo del Señor, 2016

EL BAUTISMO DEL SEÑOR, 2016
           
            Hoy la Iglesia nos trae a la memoria un hecho de gran trascendencia que nos sucedió hace ya unos cuantos años: Nuestro bautismo. Muchos han sido bautizados pero no viven conforme a ese don recibido. Supongamos que Jesucristo fuera el maquinista de un tren, un tren que le vamos a llamar 'el tren de la gracia'. Multitud de amigos, conocidos, familiares, de feligreses se subieron a ese tren. Esos hermanos nuestros dijeron que sí querían ser miembros del Nuevo Pueblo de Dios. Sin embargo vemos con lástima y contradicción, que a duras penas aguantan algunos kilómetros de andadura cristiana.
            Uno no puede seguir a Cristo conforme a uno le dé en gana. Pero seguir a Cristo a nuestro modo es simplemente no seguirle. Cristo es la Palabra encarnada. Es esa Palabra que llega a nosotros desde lo alto. Es una Palabra para escucharla. Pero no para escucharla y luego dejarla en el baúl de los recuerdos olvidada. Sino una Palabra que está para que edifiquemos nuestra vida teniéndola como plano. Para permanecer en ese tren o en esa locomotora que arrastra un sin fin de vagones no podemos estar cómodamente sentados jugando o mandando mensajitos con el móvil, sino que hemos de estar constantemente alimentando la caldera de la máquina para sacar fuerzas y encarar la vida en cristiano. Si no alimentamos esa caldera enseguida nos pararemos, el desánimo hará acto de presencia, empezaremos a caer en la cuenta de lo que nos cuesta hacer las cosas y terminaremos 'tirando la toalla'. Y la terminaremos tirando porque sólo valoraremos el esfuerzo personal y no tendremos presente cómo Dios nos ha estado asistiendo mientras nos esforzábamos. Y como necios pensaremos que todo lo hemos hecho nosotros.
            ¡Claro que es más sencillo un noviazgo a lo mundano!, muchas cristianas que luchan por ser fiel a Cristo, tendrían a muchos en torno a ellas; pero ellas quieren edificar su casa sobre roca, poner al Señor en el medio y que su Palabra sea luz para sus pasos. ¡Claro que es más sencillo mentir que decir la verdad!, sobre todo cuando uno está cómodo porque hace lo que le viene en gana.  ¡Claro que es más sencillo vivir un presbiterado descafeinado!, con tal que vayas despreocupando del celo pastoral y te vaya dando igual las cosas, te terminarás convirtiendo en un funcionario del culto y la comodidad que adquieres llamará a una mayor comodidad. Y ante esto, ¿quién evangelizará?. Recordemos lo que dice el Señor: Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará?.  Si no escuchamos su Palabra ni la acogemos nos estamos bajando del vagón, aunque estemos en mitad de la vía.

            La Palabra de Dios, la Eucaristía, el sacramento del Perdón, la oración personal son ese combustible del que precisamos para que podamos alimentar nuestra vida y vivirla conforme a los deseos de Cristo. Y siempre al lado de las antiguas locomotoras había un vagón o bien con carbón o madera para poderlo usar como combustible. ¿Quién nos proporciona ese carbón o madera para poderlo usar para nuestra salvación? Nos lo proporciona el Espíritu Santo de Dios. Es el mismo Espíritu del que bajó sobre Jesús en forma de paloma.  ¡Claro que los bautizados estamos inclinados al pecado!, pero con un deseo auténtico y sincero de vencer el pecado, de no quedarnos caídos en el fango pestilente de la muerte. Lo curioso de todo esto es lo que ya nos está contando el profeta Isaías, que aplicándolo a nuestra vida vendría a ser algo así: Sé de qué pie cojeas. Sé de la malas inclinaciones de tu corazón. Pero ten en cuenta que a pesar de tus rebeldías, de tus cabezonerías, de los numerosos plantones que me das porque te espero en la oración y allí no acudes... tú te mantienes a flote en este océano de perdición porque estoy ejerciendo la paciencia contigo. Tú eres la caña quebrada, tú eres el pábilo vacilante; una caña que no va a quebrar y un pábilo que no apagará. Si se mantiene la alianza de amor de Dios contigo no es por lo que tú hayas estado aportando, sino porque Dios ha hecho un sobreesfuerzo para que se mantenga. Esto es como un trabajo en equipo en la universidad. Como tengas la mala suerte de caer en un equipo de compañeros que sean unos zánganos o más cortos que la manga de un chaleco te va a tocar trabajar por todos, porque sabes que la nota que ponga el profesor a ese trabajo grupal te va a afectar a tí a título personal. A Dios no le afecta nuestros desaires o plantones, simplemente no desea que ninguno de nosotros se baje de ese ferrocarril y que en su corazón está el deseo de que mantengamos ardiente en el amor nuestro estar bautizados.  

Homilía de la Epifanía del Señor 2016

HOMILÍA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR 2016 (11h.Valoria del Alcor; 12h. Villerías)
            Cuentan de unos náufragos que estaban muertos de sed en su bote salvavidas. Las corrientes marinas habían llevado el bote hasta la desembocadura del río Amazonas. El bote estaba rodeado de agua dulce del inmenso caudal del Amazonas, pero los náufragos, sin saberlo, se morían de sed.
            Estamos rodeados por el cristianismo, pero éste no ha penetrado en nuestro corazón de piedra: como el canto rodado sumergido en el arroyo, que si lo partes, por dentro está seco porque el agua no le ha calado.
            Esta sociedad nos ha enseñado a vivir prescindiendo de lo divino. Pero tan pronto como el hombre quita a Dios del medio, enseguida no tarda en levantar un altar a los ídolos del dinero, del sexo y el poder. ¿Y qué es lo que hacemos? Pues como necios vamos corriendo y adorando a esos ídolos sin conseguir la felicidad. Corremos y corremos y nos cansamos, nos agotamos en vano. Como los galgos que corren tras la liebre mecánica sin alcanzarla jamás o como aquel que corre tras su sombra para alcanzarla sin conseguirlo. Al barrer a Dios de la vida empieza a crujir la vida familiar, fracasa el matrimonio, la juventud y los no tan jóvenes se esclaviza de la lujuria, o muchos negocios buscan enriquecerse a toda costa. De este modo esta sociedad, y los que en ella vivimos, estamos sumidos en las tinieblas, en la oscuridad. Jerusalén se encuentra en tinieblas; unas tinieblas que cubren toda la tierra. Pero Isaías le anuncia un tiempo en que amanecerá el Señor sobre ella y le comunicará su resplandor. De este modo Jerusalén, a su vez, se convertirá en luz que ilumine el caminar de los pueblos.
            Jerusalén no se convierte en luz por ’arte de magia’, ni porque dentro de ella tuviera algo especialmente extraordinario. Jerusalén se convierte en luz porque allí nace el Hijo de Dios que trae la salvación para todos los hombres, no sólo para los judíos, sino para todos, y de hecho así se manifiesta. Nos hemos acostumbrados a oír que Jesucristo nació en un pobre portal en Belén de Judá y que unos magos de oriente vinieron a rendirle tributos y adorarle. Esos magos siguiendo la estrella buscaban al Señor de los señores, y lo encontraron. Nosotros somos cristianos, decimos que seguimos a Cristo. ¿Realmente le seguimos? ¿Realmente se nos nota que somos de los suyos? ¿Realmente acogemos el auténtico regalo que es su divina presencia? Y si hemos acogido ese regalo que es su divina presencia ¿qué repercusión ha tenido éste acontecimiento en nuestro hogar, en medio de nuestra familia? Porque hermanos, podemos correr el serio riesgo de creer que somos cristianos sin necesidad de cambiar nada en nuestras vidas. Entonces ser cristianos quedaría reducido a estar en el mundo como cualquiera otra persona con la única diferencia de tener una inscripción en el libro de bautismos de la parroquia. ¿Dónde queda esa luz que Cristo nos entrega con su presencia? Estamos rodeados de su luz por todos lados, por los regalos que él nos entrega –unos padres, hermanos, una parroquia, una comunidad...-; por la luz que irradia de su Palabra –de la Biblia-; de la luz que nos ofrece de la Eucaristía y de la Penitencia. Estamos navegando en medio de un océano de luz, pero nosotros, esos náufragos estamos muertos de sed, pero de la sed del sentido de la vida. Pero estamos tan acostumbrados a las tinieblas que no buscamos convencidos que las tinieblas es lo único que se nos puede dar.
            Sin embargo, aquellos que se fían de Dios; aquellos que fruto del contacto frecuente con la Palabra de Dios en la oración van adquiriendo sabiduría para encarar, de modo muy distinto y magistral, los diversos desafíos que se le vayan presentando.

            Los magos de oriente sabían que todo esfuerzo, sufrimiento, alegría o experiencia vivida sin la visión trascendente y divina de las cosas se queda únicamente en ‘agua de borrajas’. ¿Qué sentido tiene estar amando a una persona que me resulta repelente si quito a Cristo del medio? ¿Qué sentido tiene el aceptar el sufrimiento si Cristo no está para redimirlo y poder usarlo como purificación de mi alma? ¿Qué sentido tiene la muerte de un ser muy querido si todo acaba bajo la fría losa del sepulcro?  Si Cristo no hubiese venido a nosotros todo lo haríamos en vano, el pozo sin fin del sin sentido nos tragaría sin piedad. Realmente el regalo que hoy se nos entrega tiene un valor infinito. Jesucristo ha hecho nuevas todas las cosas. 

domingo, 3 de enero de 2016

Homilía del Segundo Domingo después de Navidad

DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD
            El hombre moderno, el hombre de la calle, aquellos que han recibido una importante catequización por parte de la televisión, planteamientos ideológicos y que han sido bombardeados por mil y un frentes... tiene una conciencia muy clara de su libertad.  No quiere ser forzado ni chantajeado por nada ni por nadie en sus decisiones. Con su dinero puede hacer lo que crea oportuno, lo mismo con su familia, con la educación de sus hijos o en cualquier otro tipo de campo. Sin embargo sí que es sensible ante el dolor de los demás y a la necesidad de responder al amor con amor. Otra cosa es lo que dure ese sentimiento ante el dolor del prójimo y con qué tipo de amor se responde al amor.
            En los noticiarios suelen dar noticias indicando el alto nivel de contaminación ambiental en las ciudades. Se restringen el uso de vehículos, incluso el tránsito por las calles y se indica la necesidad del uso de mascarillas. Una contaminación que nos daña seriamente la salud. Nuestra alma está sufriendo las consecuencias de la contaminación del pecado. La percepción de las cosas está alterada. Hace unos días una señora de unos setenta años se mostraba feliz porque su nieta de veintiséis años había quedado embarazada de su novio. Esta chica y ese chico no son más que novios, sólo novios. No hay un amor consolidado simplemente una pasión desatada, a lo que la abuela se felicitaba.
            Muchos ciudadanos,  gran parte de ellos bautizados, han asimilado una serie de convicciones que son incompatibles con la fe cristiana y que les hace muy difícil vivir conforme con su fe así como poder sintonizar con las enseñanzas morales y doctrinales de la Iglesia. Resulta que un matrimonio –de los que alguna vez acuden a la Eucaristía, o incluso de los asiduos- ante el conocimiento de un embarazo donde el niño va a tener algún problema serio, optan sin pensárselo dos veces, por el aborto como su solución. O catequistas, o no digamos algún cura –que se dedica a vivir a costa de la iglesia- que plantean sin problemas los anticonceptivos y métodos artificiales para impedir la procreación, y lo hacen porque lo creen ético y así lo enseñan erráticamente confundiendo conciencias y dañando a las almas.
            Los cristianos debemos de despertar de nuestro letargo. Esta cultura tiene como eje fundamental el propio hombre, de tal manera que el hombre no debe su existencia a nadie ni debe de dar cuenta de su actuar ante un ser supremo. Se piensa que podemos disponer de nosotros ilimitadamente, sin tenernos que someter a nadie ni a nada. Que cada cual puede configurar su vida como le de en gana. De tal modo que nuestros deseos son nuestros derechos. Tenemos derecho a ampliar nuestra existencia y de ser felices como nos parezca mejor. Entonces cada uno crea su verdad, porque se niega que haya una verdad objetiva. Se niega la existencia de la ley natural. A la Iglesia se nos ataca de intolerantes y xenófobos por manifestar abiertamente nuestra más radical oposición que un niño sea tratado como una niña haciéndole vestir como niña para que descubra su identidad sexual. Se ataca de intolerantes, intransigentes, de malos ciudadanos a los cristianos por no aceptar que dos hombres se casen entre sí o que dos mujeres se casen entre sí y que encima adopten niños. Parece que aquí no hay leyes ni exigencias morales que nos liguen a nada ni a nadie por encima de nuestro propio bienestar. Se crean nuevos derechos que no tienen en cuenta la más mínima norma moral objetiva que pueda ser vinculante.  Es decir, vivimos en un constante espejismo. Nos pensamos muy seguros en esta mega estructura social, cimentada en el más puro relativismo y donde la creación de nuevos derechos no han tenido en cuenta la ley natural. Es que hemos mordido el anzuelo de Satanás. Y toda esta mega estructura empecatada tiene menos consistencia que una tela de araña ante el aguacero que le va a dar de lleno.  Esta mega estructura empecatada genera dolor, sufrimiento, desesperación, vacío existencial,...muerte eterna.
            El Salmo responsorial de hoy nos proclama que Dios «anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel». Y no sólo eso, sino que además, San Pablo nos abre la inteligencia anunciándonos que «Dios nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor». Por lo tanto, para un cristiano lo importante no es buscar su bienestar, no es moverse por la creación de unos derechos sustentados en el vacío del pecado. Lo nuestro es anunciar al que es la Palabra; proclamar con nuestro modo de ser, actuar, pensar y sentir que el Evangelio conecta con las aspiraciones más profundas del corazón del hombre, a la vez que muestra los errores del modo de interpretar la vida de esta sociedad.

            Cristo nos ha engendrado a una nueva vida. Dice el Evangelio: «Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios». ¡Hay que nacer del agua y del Espíritu de Dios!.  La Iglesia es una nueva creación, que está siendo asistida por el mismo Dios que  por medio de Cristo nos va mostrando la verdad más auténtica de cada cosa, circunstancia y situación.  El mundo dice odiar esta nueva creación, porque se ven denunciados en su proceder. Mas cuando se terminen desplomando y el océano se trague todo el armazón donde tienen ensamblado toda la concepción de su existencia podrán tener a la Iglesia que les pueda rescatar ya que  como madre, sabe acoger, sanar y perdonar. Dios no es rencoroso, ya que aunque él vino a los suyos y los suyos no le recibieron.... sin embargo si ahora nos arrepentimos y estamos dispuestos a acogerle sin reservas..., él vendrá a nosotros de nuevo. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

Homilía de la Sagrada Familia de Nazaret 2015

LA SAGRADA FAMILIA DE NAZARET 2015
            La Palabra de Dios de hoy nos ofrece mucha claridad. Vamos a ver: antes del reconocimiento jurídico existe la realidad. La unión del hombre y de la mujer que conforman con sus hijos una familia eso es así, no porque lo reconozcan unas leyes, sino que es una realidad pre jurídica. Antes del reconocimiento del derecho existía ya. Esto de la familia es anterior a todo reconocimiento por la autoridad pública, se impone a ella. Pero los cristianos tenemos que estar muy atentos, que 'no nos den gato por liebre'. ¿Por qué digo esto?, lo digo porque en la sociedad está reinando una concepción positivista del derecho. Con otras palabras: La concepción positivista del derecho viene a decir que son las leyes las que crean la realidad; o sea que son las leyes las fuentes de las realidades. De tal manera que todas las realidades han nacido de leyes que las regulan. También hay otra concepción del derecho, la del derecho natural que defiende que 'hay algo que es previo a las leyes' que son la realidad misma que las leyes están llamadas a tutelar, a ordenar. Pero atención, según la concepción del derecho positivista, una cosa es moral o inmoral dependiendo si está prohibida o si no está prohibida. O sea, lo que da la moralidad o inmoralidad a las cosas depende si está prohibido o no, o si está legalizado. Y así sucede que en un estado algo está prohibido y en el del lado eso mismo está legalizado. O sea, es como si las leyes mismas fueran las normas de la moral. Pero para los cristianos, y todos aquellos que tienen sentido común, la ley será fuente de la moral en la medida en que esa ley ha recogido algo que es de derecho natural. Los que defienden la concepción positivista de la ley, que una cosa es buena o mala según lo establezca la ley, defienden -de una manera solapada- que así es la democracia. Ellos afirman que esas leyes afirman en sentir de la mayoría y que esas leyes son una expresión popular. A lo que nosotros les refutamos que también las mayorías se pueden equivocar. Voy a poner un ejemplo: ahora va a resultar que el derecho a la vida de un niño que está en el seno de su madre depende de lo que diga la mayoría. La mayoría dirá lo que crea oportuno decir, pero ese niño tiene ese derecho a la vida y no puede depender de una votación. Como también sería ridículo que dependiera la existencia de Dios del resultado de un referéndum, como si la existencia de Dios la creásemos nosotros o nosotros la fuéramos a suprimir. Esta concepción positivista de las leyes se contrapone totalmente con la concepción cristiana. La concepción cristiana es la creencia en la ley natural; y no es el hombre el que crea la moralidad con sus leyes. El matrimonio es una institución pre jurídica. Hay gente, en los debates políticos o en los televisivos, que atacan a la Iglesia diciendo que la concepción judeo cristiana del matrimonio se desea imponer. Pero lo que no saben es que esto del matrimonio es mucho anterior a la Iglesia.
            Estamos celebrando el nacimiento del Hijo de Dios. Y lo nuestro es acoger tanto al que viene como el mensaje que nos trae. Somos alumnos y alumnas de la escuela de Jesucristo. Desde el momento en que fuimos bautizados nos inscribimos para aprender a ser cristianos en este momento histórico concreto que nos ha tocado estar.  Nos dice el Evangelio que «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres». Esa es nuestra tarea, eso es lo que 'tenemos entre manos', crecer en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres'. Pero al pensamiento reinante no le interesa que tu crezcas; te quiere pequeño, reducido, sumiso y sin criterios. En gran parte porque creen conocer lo que es el cristianismo y con dos ideas mal formadas se dan por satisfechos.
            Los que estamos matriculados en esta escuela de Jesucristo se nos pide una cosa bien clara: Obediencia a la Palabra. El Evangelio nos cuenta que la Santísima Virgen María «conservaba todo esto en su corazón». Si al corazón le nutrimos de encuentros frecuentes con la Palabra de Dios, al corazón le vamos formando y educando en esa escuela taller del Maestro. Nuestra ley es el precepto del amor y vamos concretando ese amor en el aquí y ahora siendo ayudados por el Espíritu Santo que va moldeando nuestro sentir, obrar y pensar.
            En muchas de las casas de los pueblos en el tiempo frío se prenden las estufas. Esas estufas de hierro fundido precisan de carbón o madera para poder hacer frente a las bajas temperaturas. Sólo así, reponiendo el carbón o la madera, se consigue estar a gusto en esa casa y huele a hogar. El corazón del hombre es muy caprichoso y enseguida se deja seducir por cualquier cosa: enseguida se queda, no frío, sino helado, un cubito de hielo. Como no sea alimentado frecuentemente de ese particular carbón que es la Palabra de Dios, en vez de ser una fuente de la que irradie calor se convierte en una cámara frigorífica de potentes bombas que refrigeran todo lo que pille. Si mi alma está fría, descuidada, desnutrida por la escasez de la Palabra divina, resultará que la otra persona es un obstáculo para mis pretensiones, una molestia para mi comodidad, un elemento a eliminar porque ya no me es útil...y cada uno de nosotros nos alzamos como auténticos tiranos de los demás.

            Lo nuestro es 'dejarnos de bobadas' y de 'quitarnos esos aires de grandeza' que nos suelen rondar para ser humildes ante Dios. Y lo primero de todo es reconocer que, cristianamente hablando, tenemos poco o ninguna idea. Un padre o una madre de familia -tanto en su matrimonio como con los hijos-, o no digamos nada si es un presbítero, una religiosa o un obispo...cuando se presentan las situaciones cotidianas uno tiene que empezar a dar pasos en cristiano. Y si somos sinceros estamos bastante ciegos, porque nuestro pecado nos nubla la visión. Realmente estamos como ciegos. De esos invidentes que pasean por las calles de nuestras ciudades ayudados de su bastón. Gracias a esa herramienta táctil esta persona puede notar sobre qué tipo de superficie está caminando y le va proporcionando información acerca de su ubicación. Nuestro particular bastón es la Comunidad cristiana, la Palabra de Dios, la Penitencia y la Eucaristía. Depende de nosotros aceptar la docilidad de la Virgen que 'guardaba la Palabra de Dios' en su corazón o la del impío que establece lo que está bien o mal a su conveniencia.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Homilía de Noche Buena 2015

NOCHE BUENA 2015
            Tal día como hoy se nos cuela en muchos de nuestros hogares un señor barrigudo, vestido de colorado que viene en un trineo tirado por renos valoradores. Pues que a mi casa no venga que le pongo un cepo en toda la chimenea y pega un brinco que sale escopetado por donde ha entrado. Muchos niños -de esos que han sido bautizados por sus padres- no se ilusionan por el nacimiento de Jesús, sino porque el señor ese barrigudo les deja, o bien debajo del árbol de Navidad o colgado en un enorme calcetín navideño los esperados regalos. Este es un ejemplo muy claro de lo mismo que les pasó a San José y a la Virgen, cuando nerviosos, por la inmediatez del momento, nadie se dignó en abrirles las puertas de las posadas. La Palabra se cumple aquí y ahora. San José y la Virgen vuelven a llamar apresuradamente a nuestras puertas y se encuentran que no tienen respuesta porque muchos esperan a un gordinflón colorado en vez del Hijo de Dios encarnado.
            Muchos padres hacen dejación de sus funciones a la hora de educar en la fe a sus hijos y esto es un problema sumamente serio porque las raíces cristianas se van perdiendo y con ellas los valores que van insertos. La fe no es algo exterior o añadido a nuestra cultura, sino que es un fermento dentro de ella que la purifica y perfecciona. Somos cristianos por opción fundamental. Cierto que algunos tienen únicamente de cristianos la partida de bautismo inscrito en su parroquia respectiva. Nosotros deseamos ser de aquellos que experimentan el gozo profundo en el alma por tener a Jesucristo a nuestro lado. San Pablo cuando escribe a Tito -uno de sus más cercanos colaboradores- le dice que al acoger el mensaje y a la persona de Cristo han entrado en una dinámica existencial totalmente nueva: que la fe ha de reestructurar totalmente todo. Y cuando digo todo es todo. Hay que empezar a redimir toda nuestra parcela social y cultural a la luz de la fe. Tal vez estemos tan mal- espiritualmente hablando- que creamos que estamos bien. Si nadie nos ha urgido a la conversión para que rompamos con nuestros actos y pensamientos de impiedad ni que nos alejemos de los deseos mundanos, tal vez pensemos que todo está en orden. Pero tan pronto como a Jesucristo le permites que nazca en tu hogar vas facilitando y abriendo una puerta de acceso para que entre un nuevo modo de entender tu existencia con la sabiduría procedente de Dios. Y lo primero que va a hacer va a denunciarte: La Palabra de Dios te denuncia por tu pecado, y eso escuece, y no poco.
            Pero claro, esto nos puede pasar lo mismo que suele suceder con esos fascículos para aprender idiomas. Al principio lo tomas con ganas y entusiasmo, pero van a apareciendo otras cosas más urgentes para hacer y la desgana y la pereza van haciendo de las suyas, ...pues uno termina dejando que esos fascículos duerman 'el sueño de los justos'. Uno puede ilusionarse al descubrir algo novedoso al sentir la aportación que Cristo le hace en su relación familiar...pero al sufrir la dificultad que implica ser fiel a Cristo hace que uno lo vaya dejando al sufrir por la falta de aliento. Por eso los hermanos son fundamentales para poder vivir la fe en comunidad y personalmente. No nos podemos conformar con la celebración dominical o asistir a la Iglesia cuando toque, sino que habría que dar un paso nuevo, decisivo y valiente: crear comunidades que se viva la fe dentro de las parroquias, y de este modo las parroquias fueran comunidad de comunidades. Sólo de este modo los cristianos podremos rehacer la visión del mundo y sus formas de convivencia adecuándolas a las exigencias y posibilidades de la vida cristiana que nace de la fe.              
             No olvidemos que el Señor nos quiere para que seamos miembros de su pueblo. Y esto yo no me lo saco de la chistera, lo dice con toda claridad la Palabra de Dios y en concreto lo saca a colación San Pablo: «Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras».

            Ese pequeño niño que hoy colocamos en el portal, junto a San José y a la Virgen María, ha venido para ofertarte una palabra que regenerará tu vida siempre que le dejes actuar a Él.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Homilía del Segundo Domingo de Adviento, ciclo c

DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO. Ciclo c
Lectura del Profeta Baruc 5, 1-9
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3, 1-6

            Los creyentes vivimos en nuestra cultura con cierta incomodidad. La fe está llamada a enraizarse en las diversas realidades donde nos movemos y poder desarrollarse. Nadie puede olvidarse que el Evangelio ha sido causa de escándalo para los judíos y locura para los gentiles. Y que el Dios de Jesucristo no se parece a un carrito de la compra donde uno va echando lo que más le conviene. Del mismo modo que uno no puede arrancar las páginas de la Biblia que a uno no le convencen o le incomodan, porque terminaríamos arrojando a la hoguera hasta las mismas pastas del libro sagrado.
            Tampoco podemos condescender con determinados planteamientos de pensamiento o con determinados modos de entender las relaciones sociales o familiares porque, aparte de perjudicarnos, estaríamos distorsionando el Mensaje de Jesucristo. La Palabra nos exige obediencia. Pero podemos pensar que la Palabra está escrita en un libro, que a su vez está en una estantería y que somos nosotros los que estamos en el mundo y que nos tenemos que apañar como podemos, muchas veces muy zarandeados por el materialismo, por el relativismo, por la impiedad reinante. Vivir cristianamente aquí y ahora significa vivir estando muy espabilados. Hemos de tratar de discernir los elementos culturales en los que nos movemos analizando si es compatible o no con las afirmaciones de la fe.

            San Juan el Bautista hoy ya nos lo está diciendo con gran claridad pidiéndonos la conversión: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale». Y preparamos el camino del Señor escuchando su Palabra. La Palabra es la semilla que el Espíritu Santo deposita en nosotros para despertarnos y avivar nuestra unión a Cristo. Gracias al contacto directo y frecuente con la Palabra vamos cayendo en la cuenta de que las cosas en nuestra vida no las tenemos tan bien como pensábamos.  Los planetas del sistema solar cuando más alejado del Sol mas hielo aparece. Todos tenemos la experiencia de creernos muy seguros de muchas cosas, de decir, yo en ese pecado no voy a caer nunca. Pero... cuando uno va descuidando y alejándose del sol que es Cristo...cuando uno baja la intensidad en la oración, empieza un poco a relajarse en las costumbres, uno cae donde no debería de caer. Es decir, que cuando no dejamos actuar como tiene que actuar el Espíritu Santo ya se encarga el Demonio de 'campar a sus anchas' dañando todo lo que encuentra a su paso. Por eso San Juan el Bautista nos urge a la conversión para hoy y ahora, porque tal vez mañana sea demasiado tarde. 

sábado, 28 de noviembre de 2015

Homilía del Primer Domingo de Adviento, ciclo c



PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo c
            El Papa Benedicto XVI decía a los jóvenes que «quien se entrega a Jesucristo no pierde nada, sino que lo encuentra todo». Hace pocos días visitando las habitaciones del hospital me encontré con unas catequistas de confirmación. Las mujeres estaban desazonadas porque los chicos no les hacían ni caso y los padres aún menos. Querer que vivan como cristianos aquellos que no creen o creen mal es golpear en hierro frío. Primero tiene que despertar a la fe. Si este presbítero a esta altura de la película viene diciendo que entre todos los presentes casi ni recolectamos un gramo de fe, tal vez alguno se pueda molestar conmigo. De todos modos Jesucristo ya nos decía «porque yo os aseguro que si tenéis fe como un grano de mostaza, diríais a ese monte: ’Desplázate de aquí a allá’, y se desplazará» (Mt 17, 20). Ahora bien, cuando un cristiano empieza a despertar en la fe tiene que comenzar a sentir que hay cosas que empiezan a sobrar en su vida. Si una persona va paseando por la calle bajo el justiciero sol de pleno mes de agosto con un abrigo y con bufanda alguna tuerca le falta. Es decir, uno caerá en la cuenta de que empieza a tener fe cuando se empieza a despegar de muchas cosas. De todos modos, hay que ser muy ingenio para llegar a pensar que esos niños de primera comunión o esos  chicos de confirmación vayan a vivir como cristianos si ni se plantean personalmente el hecho de despertar a la fe. Seamos claros, es una pérdida miserable de tiempo y de energías. De hecho muchas parroquias podrán tener mucho dinero, pero poquita vida cristiana. Digo esto porque de haber vida cristiana se notaría, tal y como se nota un incendio en medio de un bosque en plena noche. Y si no hay incendio no hay calor, ni fuego ni nada de nada. ¿Cómo van a vivir en cristiano un matrimonio si no tienen referentes? ¿Cómo van a descubrir lo que supone ser cristiano en el noviazgo sino tienen a quienes poder consultar a aquellos que lo han vivido teniendo a Cristo en todo el medio? ¿Cómo van a trasmitir la fe a los hijos si ellos mismos no valoran ni la fe, ni la pertenencia a la Iglesia y entienden su ser cristianos como una sucesión de actos públicos socialmente reconocidos que se han de hacer cuando o bien sea necesario o bien uno ‘lo sienta’? Es que realmente no me extraña que estemos tan mal si los propios presbíteros tenemos tan poco celo por la salvación de la almas.
            Dice San Pablo a los de Tesalónica: «Habéis aprendido de nosotros como proceder para agradar a Dios». Cuando uno despierta a la fe descubre lo que es el amor, empieza diferenciar entre las cosas que vienen de Dios y lo que viene de Satanás. Y una vez que el cristiano está encendido en el amor a Cristo es entonces cuando entra en escena la moral cristiana como algo comprensible y deseable.
Si a uno le empiezas a decir que no haga eso ni aquello otro, y lo que está pensando que ni se le ocurra, te terminará cogiendo una rabia que ni te lo puedes llegar a imaginar. Dios no dejaría de ser ‘alguien’ que ‘nos corta el rollo en todo momento’ y la Iglesia es la madrastra malvada que atosiga al personal y de la que uno se desea liberar lo antes posible.
Cristo es consciente de nuestra gravísima mediocridad y de la escasa evangelización que estamos llevando a cabo, ya que se sigue pensando que las cosas tal y como están, aunque estén mal pues se deja pasar. Sin embargo el Señor nos dice: «levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Es decir, la liberación se acerca, pero ¿estaremos levantados y alzados? ¿Estemos levantados ante Dios o escondidos entre los arbustos tal y como lo estaban Adán y Eva tras saberse desnudos?