HOMILÍA DE LA INMACULADA
CONCEPCIÓN DE MARÍA
martes, 8 de diciembre de 2015
Homilía de la Inmaculada Concepción de María, ciclo c
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Virgen María
sábado, 5 de diciembre de 2015
Homilía del Segundo Domingo de Adviento, ciclo c
DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO.
Ciclo c
Lectura del Profeta Baruc 5, 1-9
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6 R. El
Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Lectura de la carta del Apóstol San
Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11
Lectura del santo Evangelio según San
Lucas 3, 1-6
Los creyentes vivimos en nuestra
cultura con cierta incomodidad. La fe está llamada a enraizarse en las diversas
realidades donde nos movemos y poder desarrollarse. Nadie puede olvidarse que
el Evangelio ha sido causa de escándalo para los judíos y locura para los
gentiles. Y que el Dios de Jesucristo no se parece a un carrito de la compra
donde uno va echando lo que más le conviene. Del mismo modo que uno no puede
arrancar las páginas de la Biblia que a uno no le convencen o le incomodan,
porque terminaríamos arrojando a la hoguera hasta las mismas pastas del libro
sagrado.
Tampoco podemos condescender con
determinados planteamientos de pensamiento o con determinados modos de entender
las relaciones sociales o familiares porque, aparte de perjudicarnos,
estaríamos distorsionando el Mensaje de Jesucristo. La Palabra nos exige
obediencia. Pero podemos pensar que la Palabra está escrita en un libro, que a
su vez está en una estantería y que somos nosotros los que estamos en el mundo
y que nos tenemos que apañar como podemos, muchas
veces muy zarandeados por el materialismo, por el relativismo, por la impiedad
reinante. Vivir cristianamente aquí y ahora significa vivir estando muy
espabilados. Hemos de tratar de discernir los elementos culturales en los que
nos movemos analizando si es compatible o no con las afirmaciones de la fe.
San Juan el Bautista hoy ya nos lo
está diciendo con gran claridad pidiéndonos la conversión: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del
Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y
colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale». Y preparamos el
camino del Señor escuchando su Palabra. La Palabra es la semilla que el
Espíritu Santo deposita en nosotros para despertarnos y avivar nuestra unión a
Cristo. Gracias al contacto directo y frecuente con la Palabra vamos cayendo en
la cuenta de que las cosas en nuestra vida no las tenemos tan bien como
pensábamos. Los planetas del sistema
solar cuando más alejado del Sol mas hielo aparece. Todos tenemos la
experiencia de creernos muy seguros de muchas cosas, de decir, yo en ese pecado
no voy a caer nunca. Pero... cuando uno va descuidando y alejándose del sol que es Cristo...cuando uno baja la intensidad en la oración,
empieza un poco a relajarse en las costumbres, uno cae donde no debería de
caer. Es decir, que cuando no dejamos actuar como tiene que actuar el Espíritu
Santo ya se encarga el Demonio de 'campar a sus anchas' dañando todo lo que
encuentra a su paso. Por eso San Juan el Bautista nos urge a la conversión para
hoy y ahora, porque tal vez mañana sea demasiado tarde.
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sábado, 28 de noviembre de 2015
Homilía del Primer Domingo de Adviento, ciclo c
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO Ciclo c
El Papa Benedicto XVI decía a los
jóvenes que «quien se entrega a Jesucristo no pierde nada, sino que lo encuentra
todo». Hace pocos días visitando las habitaciones del hospital me
encontré con unas catequistas de confirmación. Las mujeres estaban desazonadas
porque los chicos no les hacían ni caso y los padres aún menos. Querer que vivan como cristianos aquellos
que no creen o creen mal es golpear en hierro frío. Primero tiene que despertar a la fe. Si este
presbítero a esta altura de la película viene diciendo que entre todos los
presentes casi ni recolectamos un gramo de fe, tal vez alguno se pueda molestar
conmigo. De todos modos Jesucristo ya nos decía «porque yo os aseguro que si tenéis fe como un grano de mostaza, diríais
a ese monte: ’Desplázate de aquí a allá’, y se desplazará» (Mt 17, 20). Ahora
bien, cuando un cristiano empieza a despertar en la fe tiene que comenzar a
sentir que hay cosas que empiezan a sobrar en su vida. Si una persona va
paseando por la calle bajo el justiciero sol de pleno mes de agosto con un
abrigo y con bufanda alguna tuerca le falta. Es decir, uno caerá en la cuenta de
que empieza a tener fe cuando se empieza a despegar de muchas cosas. De todos
modos, hay que ser muy ingenio para llegar a pensar que esos niños de primera comunión
o esos chicos de confirmación vayan a
vivir como cristianos si ni se plantean personalmente el hecho de despertar a
la fe. Seamos claros, es una pérdida miserable de tiempo y de energías. De
hecho muchas parroquias podrán tener mucho dinero, pero poquita vida cristiana.
Digo esto porque de haber vida cristiana se notaría, tal y como se nota un
incendio en medio de un bosque en plena noche. Y si no hay incendio no hay
calor, ni fuego ni nada de nada. ¿Cómo van a vivir en cristiano un matrimonio
si no tienen referentes? ¿Cómo van a descubrir lo que supone ser cristiano en
el noviazgo sino tienen a quienes poder consultar a aquellos que lo han vivido
teniendo a Cristo en todo el medio? ¿Cómo van a trasmitir la fe a los hijos si
ellos mismos no valoran ni la fe, ni la pertenencia a la Iglesia y entienden su
ser cristianos como una sucesión de actos públicos socialmente reconocidos que
se han de hacer cuando o bien sea necesario o bien uno ‘lo sienta’? Es que
realmente no me extraña que estemos tan mal si los propios presbíteros tenemos
tan poco celo por la salvación de la almas.
Dice San Pablo a los de Tesalónica: «Habéis aprendido de nosotros como proceder para agradar a Dios». Cuando uno despierta a la fe descubre lo
que es el amor, empieza diferenciar entre las cosas que vienen
de Dios y lo que viene de Satanás. Y una vez que el cristiano está
encendido en el amor a Cristo es entonces cuando entra en escena la moral cristiana
como algo comprensible y deseable.
Si a uno le
empiezas a decir que no haga eso ni aquello otro, y lo que está pensando que ni
se le ocurra, te terminará cogiendo una rabia que ni te lo puedes llegar a
imaginar. Dios no dejaría de ser ‘alguien’ que ‘nos corta el rollo en todo
momento’ y la Iglesia es la madrastra malvada que atosiga al personal y de la
que uno se desea liberar lo antes posible.
Cristo es
consciente de nuestra gravísima mediocridad y de la escasa evangelización que
estamos llevando a cabo, ya que se sigue pensando que las cosas tal y como
están, aunque estén mal pues se deja pasar. Sin embargo el Señor nos dice: «levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Es decir, la liberación se acerca, pero
¿estaremos levantados y alzados? ¿Estemos levantados ante Dios o escondidos
entre los arbustos tal y como lo estaban Adán y Eva tras saberse desnudos?
sábado, 21 de noviembre de 2015
Homilía de Jesucristo, Rey del Universo
DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO
ORDINARIO, ciclo b
Solemnidad de Jesucristo,
Rey del universo, 22 de noviembre 2015
Un
signo característico de la presencia de Jesucristo es que es rey y uno
permaneciendo en su reinado es salvado. Pero resulta que el mundo se ha
separado de Dios. Nosotros éramos del mundo, ahora somos de Cristo aunque
estamos en esta tierra como desterrados. Y porque somos de Cristo también somos
ciudadanos del Cielo que tenemos temporalmente nuestra morada en esta tierra.
Sin
embargo no olvidemos que antes éramos como todo el mundo, siguiendo las
sugerencias del Demonio. Antes profesábamos con nuestros labios nuestra total
adhesión a Dios como el único Señor y Rey de nuestras vidas, mientras
ofrecíamos incienso a otros dioses en los que teníamos puesto nuestro corazón y
las esperanzas. Decíamos que éramos monoteístas, pero éramos politeístas
prácticos. Ahora, tal vez sigamos cayendo en ese pecado mortal del politeísmo y
de la idolatría, pero ahora con la diferencia de conocer dónde están nuestras
debilidades para evitarlas refugiándonos en el Señor. Nos dice Jesucristo: «Nadie
puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a
uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt
6,24). Y le respondemos al Señor que estamos totalmente de acuerdo y que Él es
el único que ocupa todo nuestro corazón. Pero es que resulta que uno ha
prestado algo de dinero para comprar algo o para hacer un favor a alguien y
está esperando recuperarlo lo antes posible. Y el tiempo pasa y el dinero no
llega y uno empieza a hacer juicios contra el hermano, se le envenena la sangre
y está en 'un sin vivir' en tensión ansiando tener entre sus manos ese dinero.
Recuerdo
a esa madre de familia, que vivía con una mísera pensión, con el marido en el
paro, con niños a su cargo, que va a los ultramarinos del pueblo para adquirir
los alimentos básicos para su familia y va dejando a deber cada vez más con el
ánimo de poder saldar las cuentas tan pronto como ella pueda. Es que encima
mucha gente sintiéndose con derecho a juzgarla, a criticarla, murmurar de su
esposo llamándole zángano y no cortándose 'ni un pelo' para humillarla. A lo
que se sumaba que el dueño de la tienda de ultramarinos iba poniendo muchos
reparos en darle la comida a esa pobre mujer, llegando casi a mendigárselo y
los vecinos que conocían su precaria situación se burlaban a sus espaldas y
nadie era capaz de ayudarla como los cristianos deberían de hacerlo, ya que
hubo ya alguien que lo hizo por cada uno de nosotros. Sin embargo, bien acuden
al culto pero su corazón está muy lejos del Señor. ¿Acaso en esta situación
de precariedad y de injusticia se está dejando a Jesucristo que ejerza su
reinado? No se le está permitiendo porque las fuerzas de Satanás se oponen
con todas sus ganas. Lo curioso de todo esto es que la mayoría de la gente
encarcelan a Cristo en el templo no permitiéndole que su reinado traspase ese
pórtico, soltando a los demonios para que anden a su aire y se pavoneen por las
calles y casas.
Nosotros
vivíamos antes según el proceder de este mundo. Nosotros nos elaborábamos
nuestra particular verdad para afrontar la vida cotidiana, engañándonos a
nosotros mismos y así acostumbrarnos a la oscuridad de las tinieblas. Es cierto
que conocíamos el parecer del Señor en la mayoría de las cosas que nos
acontecían, pero siempre buscábamos la vía intermedia para no romper con Dios y
seguir conviviendo con nuestra mediocridad. Y de este modo andábamos en la
mentira ya que al no seguir las inspiraciones de Dios nos estábamos aliando al
mal. Y Cristo hoy te dice que Él ha venido para ser testigo de la verdad y que todo el que es de la verdad, escucha su
voz. Ahora bien ¿somos conscientes cuando no escuchamos su voz? La respuesta a
esta pregunta va acompañada de otra pregunta: ¿vivimos según el proceder de
este mundo? ¿Lo que mueve nuestro corazón son aquellas cosas que llegan a entristecer
el corazón de Cristo? Un castigo terrible caerá sobre aquellos que no permitan
que Cristo reine en su ser. Un castigo terrible que es buscado con entera
libertad ya que uno mismo ha impedido que la gracia sanante de Cristo entre
dentro de él.
Si
el agua purificadora de Cristo no nos empapa, si el Espíritu Santo no anida en
nuestras almas habremos matado nuestro propio bautismo, y lo único que nos
quedará será un papel con la partida de bautismo. Ante esto surge una cuestión
¿en qué consiste en ser cristiano hoy?, ¿acaso no basta con cumplir asistiendo
a Misa como se ha hecho toda la vida?, ¿en qué consiste? Consiste en que se
realice en nosotros el amor de Cristo. Y, ¿en qué consiste el amor de Cristo?
El amor de Cristo consiste en amar a tu enemigo. Jesucristo nos dice: «Amaos
los unos a los otros como yo os he amado. Amad a vuestros enemigos, rezad por
quienes os persiguen». Y claro, como siempre estamos buscando tres pies al
gato, nos brota inmediatamente la pregunta espontánea: ¿Quien es mi enemigo?
Surge esta pregunta porque de alguna manera nos intentamos disculpar ante Dios.
Pues tú enemigo y el mío es aquel que hace lo que yo no quiero que haga. Aquel
que no piensa como yo, aquel que con su forma de ser me siento desafiado y ‘me
saca de mis casillas’, ese es mi enemigo y a ese yo le tengo que amar. ¿Y por
qué le tengo que amar si no le puedo ni soportar? Le tengo que amar porque,
como dice San Pablo, «llevando siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús para
que se vea en nuestro cuerpo que Cristo está vivo, resucitado». Porque si
Cristo no estuviese vivo dentro no podríamos extender los brazos en la cruz.
Vamos a ver, pensemos, ¿cómo llevas tú el morir de Jesús?, pero en cosas
concretas, aterrizando en lo concreto. ¿Te dejas crucificar por los defectos de
tu hermana que a veces te resulta hasta insoportable?
Dios
nos ha destinado para hacer una obra enorme que es conducirnos a la santidad.
Cristo es el Santo, Cristo es el rey, Cristo es el Señor. Abandonémonos en Él
con infinita confianza.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Homilía de la Solemnidad de Todos los Santos 2015
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS
SANTOS 2015
A lo largo de nuestra vida nos encontramos
con muchos momentos de desaliento. Circunstancias o situaciones que nos generan
gran desasosiego, ya sea porque las cosas no salen como pensábamos, bien sea
porque las fuerzas empiezan a escasear en la lucha cotidiana. Además combatir
el combate de la fe y luchar por ser fiel a Jesucristo es algo que termina
agotando, ya que experimentamos en nuestra propia carne que un tesoro tan
valioso lo llevamos en vasijas de barro y que la fuerza no procede de nosotros
mismos, sino de Dios.
Si
Dios nos quitase la debilidad nos volveríamos unos soberbios y no
llegaríamos a obtener el conocimiento de la verdad. Y sabemos muy bien de
nuestra fragilidad, sabemos muy bien que somos vasos de barro porque conocemos
cuales son nuestros pecados. Sabemos que somos perezosos, que juzgamos con gran
facilidad. Cada cual conoce su debilidad. Y Dios ha puesto el tesoro de su
mensaje; Dios ha puesto su Palabra en nuestras vidas, ha instalado su particular
tienda de campaña en el santuario de nuestra alma porque así lo ha considerado
Él oportuno. Y yo me digo, ¿cómo es posible que el Todopoderoso coloque en
nuestras manos pecadoras un Mensaje tan sublime, tan extraordinariamente tan
importante ya que en Él mismo reside nuestra propia salvación? ¿Por qué Dios
actúa así? Dice el iniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Arguello que «desde lejos la luna brilla, pero si te
acercas ves que la luna es toda polvo». Y es una verdad como un templo.
Tal
vez encuentres a una religiosa, a un presbítero, a un Cardenal o a un padre de familia magnífico, de esos
ante los cuales ‘uno se quita el sombrero’, pero convives con ellos, vas
conociéndole más en el trato frecuente y dices: Si la gente supiese como es ese
presbítero, o esa religiosa o padre de familia...
se escandalizaría. ¡Cómo me siento tan defraudado de ellos! Es que todos somos
barro, como ese barro de la luna.
Sin embargo Dios, a pesar de nuestras
miserias, traiciones, deslealtades, de los pecados de los que reincidimos una y
otra vez... a pesar de todo esta miseria de nuestro ser, a pesar de eso Dios
sigue depositando su Palabra en nuestros corazones para que nos demos cuenta
que la fuerza viene de Dios, que este amor viene de Dios. ¿Cómo es posible que
una esposa perdone la infidelidad de su esposo si no tiene la fuerza que le
asiste de lo alto? ¿Cómo es posible que un inútil como un servidor pueda estar
proclamando la palabra de Dios? ¿Cómo es posible? Es posible porque Dios está
con nosotros y como reza el salmo, «por eso estamos alegres». Los presentes
tenemos experiencia de que Dios actúa y damos fe de la existencia de Dios
porque Él ha ido dejando sus huellas dactilares a lo largo de muchos momentos
de nuestro existir.
Dios permite que tengamos
tribulaciones, sufrimientos. Dios nunca se recrea de nuestro sufrimiento, es
más, no quiere nuestro dolor, sólo que toda nuestra vida sea una constante
ofrenda agradable ante Él. Tendremos tribulaciones y sufrimientos pero una cosa
nunca podremos olvidar: Estaremos atribulados por todas partes, «pero no abandonados». Nos perseguirán,
nos podrán matar los hombres de cualquier modo o forma, pero no estaremos nunca
abandonados por Dios. Nos dice San Pablo que
estamos «abatidos, pero no aniquilados, llevando siempre en nuestro
cuerpo el morir de Jesús para que se manifieste en nosotros su resurrección».
Ser cristiano es algo magnífico. Cuando
nosotros aceptamos ser tratados injustamente, aceptando ser calumniados,
perseguidos, por no tener dinero, por ser fiel a Cristo ante planteamientos
políticos y morales, «el mundo recibe la vida» porque ve en nosotros la luz de
Cristo resucitado.
Y en medio de este particular desierto,
donde los alacranes, las serpientes y escorpiones nos muerden en los talones
aparece Dios con una palabra que se nos dirige a cada uno en particular: « ¡Ahí
de mí si no anunciase el Evangelio! ». Los Padres del Desierto nos dicen que
cómo la serpiente repta por la tierra y siempre está dispuesta a atacar al
talón, para morder e inyectar su mortífero veneno. Mas si te has puesto el
calzado para anunciar el Evangelio no te morderán porque has cubierto el talón
y te protege totalmente. Por muy largos y afilados que sean los mortíferos
dientes nunca podrá llegar a perforar ese calzado para anunciar el Evangelio.
No te pueden morder las serpientes siempre que tengas celo por anunciar el
Evangelio. Esa fue el modo de proceder de los santos y a ese modo de proceder
estamos llamados todos a imitar.
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miércoles, 28 de octubre de 2015
Holywins Chiclana 2015
jueves, 22 de octubre de 2015
Homilía del Domingo XXX del Tiempo Ordinario, ciclo b
DOMINGO XXX
del Tiempo Ordinario, ciclo b, 25 de octubre de 2015
Jer 31,7-8
Sal 125
Heb 5,1-6
Mc 10, 46-52
«Maestro, que pueda ver».
Ésta es la súplica clara y directa que Bartimeo lanza a Jesucristo. Bartimeo
sabía muy bien dónde residía su gran problema; era ciego. Y no solamente sabía
cuál era su problema sino que además sabía quién le podía socorrer para poder
ver, y por eso se pone donde se pone, sentado al borde del camino, pidiendo
limosna.
Cristo, tanto a ti como a
mí nos dice: « ¿Qué
quieres que haga por tí?» Y tal vez nos surjan tantas peticiones con
las cuales esperamos calmar la inquietud de nuestro corazón. Muchas de ellas
serán muy legítimas y muy pertinentes, pero no por lanzar muchos dardos a la
diana hemos conseguido acertar en todo el centro. Es decir que no hemos
respondido al Señor porque no hemos entendido el sentido auténtico de sus
divinas palabras. Cristo cuando se dirige a ti y te plantea la pregunta « ¿Qué quieres que haga
por tí?» te está planteando que
si conoces realmente la verdad de tu vida. Cristo te interroga ¿te has
acostumbrado tanto a mentirte a ti mismo que ya la mentira es lo habitual ya
pasando por verdad? A modo de ejemplo: El
vecino de un amigo engaña a su mujer. Bueno, creo que una habitación de la casa
está toda la pared llenita ‘de cuernos’. Él se las idea de tal modo que, haciendo uso
de las mentiras, siempre sale victorioso para que no le pillen con su amante.
Además, tanto él como esa mujer toleran, aceptan y permiten todos los actos
deshonestos que realizan. El tiempo trascurre y conviven alegremente con su
pecado sin hacerse el más mínimo problema. A uno se le ocurre decirles que
están cometiendo adulterio –que para remate fiesta así uno no se va
precisamente ‘ganando amigos’- y ellos
no lo entienden porque según sus categorías mentales eso que están haciendo no
es pecado porque está permitido por los dos interesados. Es decir, viven
creyéndose su propia mentira. Pero si ellos caen en cuenta de su pecado, luchan
contra la tentación, hacen lo posible para no ponerse en ocasión de pecado y
permiten que Cristo les ponga la verdad de su vida ante sus ojos, llegará un
momento en que ellos ante la pregunta del Señor « ¿Qué quieres que haga por tí?»,
ellos respondan «Señor, quiero salvar mi
matrimonio».
Es
cierto que el caso que les acabo de presentar es bastante alarmante, sin
embargo, si hacemos un ejercicio serio de sinceridad, cada cual sabe ‘de qué
pie cojea’ y a partir de cómo el Señor te ilumina tu existencia puedas
responder y decirle a Jesucristo aquella cosa que necesites para avanzar por la
senda de la santidad.
Dense cuenta de lo que nos
proclama el versículo del Aleluya, tomado de la segunda carta a Timoteo: «Nuestro Salvador
Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio»
(2Tim 1,10). Nosotros permitimos que
Cristo destruya nuestra muerte cuando el Evangelio va teniendo influencia en
nuestra vida. El hombre sumergido en su pecado está rodeado de oscuridad y
llega a actuar como si la oscuridad fuera lo normal, lo asumido como lo
habitual. El pecado genera pecado y se piensa con categorías de pecado para que
con la voluntad se realice ese pecado: Es una dinámica destructiva que genera
dolor.
Los
cristianos deberíamos de aprender de los filtros de papel de las cafeteras. El
filtro impide que el café molido se cuele en el tanque de café. Nuestro
particular filtro de papel es la
Palabra de Dios. El agua es el contexto social donde uno se
desenvuelve habitualmente –la escuela, el taller, la universidad, el hogar, el
alternar por los bares, etc.- y el café molido es el cúmulo de planteamientos
políticos, consumistas, sindicalistas, filosóficos, hedonistas, materialistas,
etc. que están pululando continuamente por el ambiente y van creando poso consistente
en las conciencias de las gentes y de los pueblos. El particular filtro de
papel que es la Palabra de Dios nos ayuda a adquirir un
discernimiento sabio, una prudencia digna de elogio, y nos inclina a pensar y
sentir como Dios siente y piensa, de tal forma que el modo de estar, sentir,
pensar, razonar y amar se vaya depositando como líquido en esa particular
jarra, siendo y constituyéndonos en testigos de Dios para los demás hombres. Esto
es posible porque el Espíritu de Dios está trabajando constantemente y no se
toma ni un día de ‘asuntos propios’.
Ahora
viene lo exigente. Cuando uno su vida como esposo o esposa, como joven
universitario, como hijo, como consagrada, como presbítero... la va filtrando con
el filtro de la Palabra
de Dios, le tiemblan las piernas a uno, porque al permitir que Cristo te ponga
la verdad de tu vida ante tus ojos nos va a decir cosas duras, que no nos va a gustar y nos escocerá ya que
romper con los apegos siempre supone dolor. Pero es un dolor purificador,
liberador. Será entonces cuando sepamos
qué es lo que debemos de pedir a Jesucristo.
Y concluye el Evangelio diciéndonos: «Y al momento
recobró la vista y lo seguía por el camino».
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sábado, 17 de octubre de 2015
Homilía del Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, ciclo b
DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo b, 18 de octubre de 2015
Lectura del Profeta Isaías
53, 10-11
Sal. 32, 4-5. 18-19. 20
y 22 R: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de
ti.
Lectura de la carta a
los Hebreos 4, 14-16
Lectura del santo
Evangelio según San Marcos 10, 35-45
Los cristianos estamos llamados a
reconstruir el mundo querido por Dios. Y se reconstruye desde el servicio,
muriendo a uno mismo, desgastándose por amor a Dios y a los demás. Resulta
llamativo cómo la Palabra se cumple: Se presentan ante Jesús los hijos de
Zebedeo, Santiago y Juan pidiéndole unos asientos/puestos de honor en la
gloria, uno a la derecha y otro a la izquierda. Ellos van a lo que van, a
ocupar los puestos relevantes para servirse a sí mismos, o sea para poner a su
servicio el cargo que desempañan. Esto es igualito, pero igualito ahora: «Si
quieres conocer a Fulanito, dale un carguito». Uno sabe que es el mismo porque
lo pone el Documento Nacional de Identidad y por poca cosa más. Por eso es
preciso sacudirnos nuestras rutinas, luchar contra nuestras tentaciones,
conocer nuestras debilidades para pedir fortaleza en el Señor. Jesucristo nos
pone la verdad de nuestra vida personal ante nuestros ojos. Jesucristo nos
señala con su dedo los lugares donde se hayan nuestras debilidades, en aquellas
cosas en las que flaqueamos. Es verdad que el Señor 'se podía callar la boca',
guardar silencio y no decirnos nada, pensando él de cada de uno de nosotros, «ya
es mayorcito para saber lo que hace», pero por amor, teniendo experiencia que
mencionado amor muchas de las veces no es correspondido, él sigue permaneciendo
a nuestro lado. Cristo conoce nuestras debilidades y pecados. A modo de
ejemplo; las debilidades que el Señor nos muestra ante nuestros ojos se asemeja
a las corrientes de aire que se producen en las habitaciones cuando las puertas
y ventanas están abiertas. Si uno permanece en la corriente se termina
acatarrando o cosas peores. Uno sabe lo que tiene que hacer para evitar las
corrientes de aire, ya que cerrando las ventanas y las puertas queda el
problema solucionado. Cristo nos muestra nuestra debilidad para que cerremos
las puertas a Satanás, para estar más en guardia y con una actitud más
vigilante. Recordemos lo que reza el Salmo Responsorial de hoy:
«Nosotros aguardamos al Señor:
Él es
nuestro auxilio y nuestro escudo».
Hace poco cayó en mis manos una
hojilla de una parroquia de la capital donde se enumeraba un elenco de
actividades parroquiales, en las cuales no percibí ni la impaciencia
evangélica, ni el celo para salir hacia los alejados, ni el deseo de iluminar
la vida de la comunidad desde el Evangelio, sino el conformismo y la
espiritualidad de mínimos. Daba la sensación que con las catequesis de Primera
Comunión, de Confirmación, los cursos pre-matrimoniales, el equipo de lectoras,
el coro parroquial, un grupo de oración y Cáritas ya estaba despachado todo lo
despachable dando respuesta a la ardua tarea de la evangelización. Y yo
pensaba, si Cristo se hubiera conformado con asistir a la sinagoga los sábados
y cumplir los preceptos de los judíos ¿hubiera muerto en la cruz?, ¿hubiera
sido el Camino, la Verdad y la Vida? Si el Concilio Vaticano II es el concilio
de la renovación espiritual, de la nueva evangelización, ¿cómo es posible que
nos quedemos en lo teórico y en lo estético y no recuperemos el fervor, la
fuerza y el entusiasmo de los primeros tiempos apostólicos? ¿Qué precio tan
alto están pagando los fieles cristianos al tener parroquias tibias,
conformistas y tan afectadas por los aires de la secularización?
Estamos llamados a dar respuesta a
la vocación divina. Estamos llamados a evangelizar el mundo contemporáneo.
Estamos expuestos a que nos den bofetadas en la cara por anunciar a Cristo -o
cosas peores-, pero estaremos, como les pasó a los apóstoles que «salieron del
Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús» (Hch
5,41). Una madre de familia y un padre de familia que viven amándose entre
ellos y que cada cual antes de pensar en sí mismo piensa en el otro ya actúa en
consecuencia ya apostando por la instauración del Reino de Dios en ese hogar. Lo
nuestro es poner todos los medios para que allá donde nos encontremos podamos
instaurar los principios del Reino de Dios; lo nuestro es hacer apostolado. Recordemos
que nuestra diócesis y España entera es terreno de misión. Además con un
agravante serio, que no esperéis encontrar muchos agradecimientos porque nos
encontraremos con personas que dicen conocer todo aquello que nosotros les
vayamos a anunciar, y 'no hay peor sordo que aquel que no quiere oír'.
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