sábado, 16 de mayo de 2015

Homilía del Séptimo domingo del Tiempo Pascual, la Ascensión, ciclo b

VII DOMINGO DE PASCUA
SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, ciclo b
17 DE MAYO DE 2015



            El único que nos puede dar fuerzas para cambiar de vida es el Señor. Sin embargo si echamos un vistazo en torno a las diversas realidades donde nos desenvolvemos no percibimos precisamente una sed de santidad: Que mi vecina que hace poco finalizó la carrera de estudios se ha ido a vivir con su novio; que bajando las escaleras de mi edificio suelo oír discutir, a pleno pulmón, al hijo con sus padres, llamándoles de todo; el poco criterio que se tiene a la hora de ponerse ante la televisión; la indiferencia ante lo religioso o incluso el desprecio; la no necesidad de trasmitir la fe a los hijos; aquel vecino que tiene la música a todo volumen sin importarle aquel otro vecino que trabaja de noche; no sé, un sin fin de hechos concretos cotidianos donde el relativismo y lo mediocre tienen la absoluta soberanía. Y claro, va un cristiano y les dice: «Hermanos, que tenemos que convertirnos. Susana, María, Juana, Saray, Malena...., o como se llame, y les dices con el ánimo de que les sirva para pensar: 'No es de cristianas ir a vivir en pareja'. -A lo que te contestan: 'Es mi vida y no te metas en mi vida'; O en el ascensor te encuentras a ese hijo que grita a sus padres y le dices: 'Bajando las escaleras me asusté al oír voces que salían de tu casa'- con un poco de suerte de te soltará una salvajada o una contestación muy desagradable; o paseando saludas a esos padres con hijos que han hecho la primera comunión y ya no habido ni una segunda, ni una tercera.... y les dices: 'Anímate y apunta a tus hijos a clase de religión y a las catequesis de post comunión', -y te lanza una mirada de desprecio llamándote de todo sin abrir él la boca. Ahora bien, en aquellas cosas que a ellos les interesan, bien se mueven y protestan». Seamos claros, por la calle nos encontramos a cristianos que están paganizados; a cristianos vacios de Cristo.  

            Ante esto yo pregunto con cierta angustia: «¿Soportará nuestra débil fe la violencia de la tormenta?» Cierto es que somos una Iglesia debilitada en una sociedad poderosa. Pero ni el cristianismo del pasado fue tan sólido como se cree, ni el actual es tan débil como parece. Estamos en plena tormenta, subidos en la nave de la Iglesia atravesando los mares y océanos de la increencia y la indiferencia. Sentimos que no somos fuertes, que nuestras rodillas se nos doblan y el nudo de angustia en la garganta se hace bien patente. Sin embargo no podemos caer en un discurso pesimista, ya que el Señor Jesús está detrás de todo esto.

            Jesucristo se les presentó a sus Apóstoles después de su Pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del Reino de Dios. ¿Por qué cuarenta días? Los cuarenta días significan un tiempo adecuado para conducir a los Apóstoles al pleno convencimiento de que estaba vivo. Esta referencia a los cuarenta días refleja algunos aspectos muy importantes: significa la madurez acabada; una generación; la edad que ha de tener un rabino para poder ser ordenado como tal y ejercer con plena autoridad propia. Esto significa, en el lenguaje judío utilizado aquí por Lucas, que los Apóstoles han recibido y alcanzado una madurez suficiente para ser los testigos autorizados de Jesús. Además, el número cuarenta indica ese tiempo durante el cual han recogido y obtenido todas las pruebas que necesitaban para adquirir la plena seguridad de que el Crucificado había Resucitado.

            Es verdad que este mundo no tiene una sed de santidad; pero de lo que no podemos dudar es que el Espíritu Santo en la Iglesia cuida de la fe de sus hijos, acuna la fe incipiente de los catecúmenos, alimenta con comida sustancial a los que han dejado de gatear para empezar a andar y que cura las heridas de los que vacilan. La fe es fruto de un encuentro personal con Jesucristo, pero fortalecido y respaldado por la comunidad cristiana. ¿Me siento respaldado por mencionada comunidad?

viernes, 15 de mayo de 2015

Homilía en la memoria de San Isidro Labrador 2015

SAN ISIDRO LABRADOR 2015

             En la vida nos encontramos a personas extraordinarias, pero no porque realicen prodigios o hagan cosas que nos hagan quedar ‘con la boca abierta’. Ellos, como todos, realizan sus tareas diarias, se desenvuelven en su ambiente, cumplen con sus obligaciones como podemos hacer cualquiera de nosotros. Entonces ¿donde reside su ‘ser extraordinario’?

            Además, siempre que uno viene con una queja contra otro, por lo que sea, tiene una respuesta totalmente diferente de la que uno se puede llegar a esperar. Respuestas como... «hay que rezar mucho por él; ayúdale haciendo una penitencia para que él se convierte; amar a tu hermano al que no puedes ni tragar, te ayudará a crecer en el amor cristiano»; y lo más significativo de todo esto es que uno ve que eso que aconseja a los demás lo pone en práctica él mismo. ¿Donde reside su ‘ser extraordinario’?

            Personas que, como todos, tendrán sus momentos altos y bajos y que siempre –aun en medio del dolor- no pierden la paz como si algo distinto hubiesen descubierto que les confía, les otorga una confianza no alcanzada por la mayoría de la gente. ¿Dónde reside ‘su ser extraordinario’?

            Personas que, ante lo que puedan ver en la televisión o en aquellos ambientes donde estén se posicionan de modo muy distinto al resto de la gente; manifiestan un criterio propio sólido y que poco o nada les importa el desentonar con el resto. Que uno está en un grupal de un WhatsApp y uno de los integrantes empieza a subir videos o comentarios soeces y de contenidos indecentes para obtener la risa fácil del resto y esa persona no entra en ese juego. Esa persona ‘le para los pies’ exigiendo que se le respete no colocándole información que conducen al pecado. ¿Dónde reside su ‘ser extraordinario’?

            Personas que, ante las decisiones –ya sean trascendentes o irrelevantes- actúa siempre en conciencia, buscando siempre la verdad y el bien común de todos en vez de actuar atado a los afectos para no disgustar o enfadar a los que dicen ser amigos suyos. ¿Dónde reside su ‘ser extraordinario’?

            Matrimonios jóvenes que, con sus 34 años tienen tres hijos y que tan pronto como se enteran que van a tener a otro lo celebran por todo lo alto con gran alegría ante la incomprensión e incluso la burla de aquellos que le rodean. ¿Dónde reside su ‘ser extraordinario’?

            Universitarios y universitarias a los que les regalan unas entradas para el megabotellón de esa fiesta universitaria de Palencia llamada ITA, las cuales son muy escasas y muy cotizadas –muchos se han llevado gran desazón al no conseguirlas- y ellos rechazan esas entradas porque no quieren sentirse presionados por el ambiente a beber y hacer lo que ellos saben que les daña en su ser. ¿Dónde reside su ‘ser extraordinario’?

Su ser extraordinario reside en el trato personal con Jesucristo.

            Vivimos una dura situación de enfriamiento religioso. No podemos sentirnos tranquilos de conciencia sino buscamos con sinceridad lo que Dios desea de cada uno de nosotros; a lo que no encuentro otra respuesta más que esta: Dios nos llama a una vivencia intensa de fe con todas las consecuencias. No podemos dudar de la fuerza del Evangelio ni de la actividad fecunda e intensa del Espíritu Santo. No tenemos razones para desoír la llamada de Dios anclándonos en nuestras cómodas rutinas. San Isidro Labrador, es de esas personas extraordinarias que Dios nos regala, que supo vivir intensamente la fe. Pero no una fe de ‘boquita pequeña’, sino una fe de confiar plenamente en la voluntad divina tal y como confía, con alegría y serenidad, el niño recién nacido entre los brazos de su madre, esperando y confiando todo de ella.  

San Isidro Labrador, fruto de ese trato tan personal con Jesucristo fue adquiriendo esa sabiduría sobrenatural que iba manifestando en sus acciones y palabras ante sus conciudadanos. No es preciso dar discursos; el trabajo callado, constante, el silencio oportuno y la palabra acertada en su momento son las ocasiones propicias para sacar a la luz esa riqueza que ha ido adquiriendo en ese trato personal con el Señor.

sábado, 9 de mayo de 2015

Homilía del Sexto Domingo del Tiempo Pascual, ciclo b

DOMINGO VI DEL TIEMPO PASCUAL, 10 de mayo 2015
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48
Sal. 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. R: El Señor revela a las naciones su justicia
Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 4, 7-10
Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 9-17    

            En la cultura dominante podemos palpar una visión atea del mundo. Esta visión atea del mundo funciona como un dispositivo de inhibición de frecuencias que están ideados para impedir la comunicación o dejar 'fuera de cobertura' a Dios de nuestras vidas. Nada favorece la difusión del Evangelio, e incluso aquellos que vamos reptando o gateando -algunos dando algún tímido pasito- hacia Cristo nos sentimos atraídos, seducidos por lo mundano.

            ¡Que sí!, que decimos que nos convence el proyecto de amor que Cristo nos plantea, pero la vista 'se nos nubla' cuando caemos en la cuenta de que uno se encuentra por la calle. ¡Que sí!, que decimos que sentimos gozo espiritual al sentirnos y sabernos perdonados por Dios, pero hay algo dentro de nosotros que nos arde por dentro cuando alguno nos la lía. ¡Que sí!, que decimos que deseamos vivir un tiempo libre sano, pero permitimos ser fuertemente tentados -y algunos hasta acceder a esa tentación- ante los botellones y ese ambiente nocivo. ¡Que sí!, que nos conmueve en el interior contemplar el dolor ocasionado por una desgracia de grandes dimensiones -un terremoto, una epidemia, una guerra donde miles de personas lo están sufriendo-, pero tan pronto como hacemos zapping con el mando a distancia y encontramos otra cosa que nos guste se nos pasa ese sentimiento. ¡Que sí!, me comprometo en educar en la fe a mis hijos, pero en mi vida familiar no se reza, no me muevo con los criterios cristianos, incluso no sé a qué parroquia pertenezco, los domingos los vivo como un pagano sin santificarlos. ¡Que sí!, que en mi parroquia se va a evangelizar y vamos a entrar en la dinámica que tanto insiste el Papa Francisco, pero luego todo se queda 'en papel mojado', las palabras se las lleva el viento, y se hace más de lo mismo. Como se pueden dar cuenta, ese inhibidor de frecuencias está funcionando a las mil maravillas, dejando totalmente 'fuera de cobertura' a Dios de nuestras vidas.

            Sin embargo, menos mal que hay rebeldes que ya se las apañan para no dejarse afectar por ese inhibidor de frecuencia. ¿Y que tienen esos rebeldes de especial para poder esquivar el efecto de ese inhibidor? Tienen a un gran aliado, al Espíritu Santo. Fue el Espíritu Santo el que puso en camino a Pedro a casa de Cornelio. Cornelio no era judío, era pagano, centurión romano. Antes sólo proclamaban el evangelio a los judíos, quedando los paganos al margen. Era como si el ya famoso inhibidor de frecuencias impidiese a los paganos escuchar el Mensaje de Cristo, pero viene el Espíritu Santo y desenchufa de la corriente el aparato que tanto ha estado incordiando. Y claro, al dejar de funcionar los paganos empiezan a escuchar la Palabra y se convierten a Cristo. De tal modo que Cornelio es el primer pagano que es recibido como cristiano por uno de los apóstoles, y esto es ya un hecho sin precedentes. En el momento en que ese pagano, Cornelio, escucha la proclamación del KERIGMA se le iluminan los ojos y adquiere un sentido de plenitud su vida y todos aquellos que le rodean.       

            Además, en la segunda lectura, de la primera carta del Apóstol San Juan ya nos lo repite: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de Él». Es decir, y aquí nos viene todo un dilema: ¿Se acuerdan ustedes de aquel juego de buscar a Wally todo él escondido en medio de un sin fin de imágenes y objetos? Sí, Wally, ese personaje de ficción vestido siempre con su jersey de rayas horizontales rojo y blanco, gafa, pantalón vaquero y su gorro de lana también de rayas. Pues aquí, deberíamos de hacer un ejercicio algo parecido: Buscar a Jesucristo en mi hogar, con los míos; buscar a Jesucristo en mi actividad profesional; buscar a Jesucristo en mi parroquia; buscar a Jesucristo es mis relaciones personales, etc. Y tal vez les pueda suceder que se den cuenta que en todos o en casi todos los aspectos de nuestra vida y en nuestras relaciones haya un gran ausente: Jesucristo. Porque atención: el hecho de estar en la Iglesia no supone que hayamos aceptado y estemos acogiendo a Cristo en nuestra vida. Porque podemos estar bautizados y estar totalmente sometidos y sumisos a ese inhibidor de frecuencias. Y ojo, de esto no nos salvamos ni los presbíteros. Sin embargo el simple hecho de empezar a echar de menos a Cristo ya es de por sí un fruto del Espíritu Santo.

            Cristo nos lo recuerda: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure».

            En la medida en que acojamos al Espíritu de Cristo que viene a nosotros nos iremos convirtiendo en potentes emisores que lancen las ondas del Evangelio allá en donde nos encontremos.

We are one, la canción en apoyo a los miles de cristianos perseguidos en...




We are one, la canción en apoyo a los miles de cristianos perseguidos en Irak


El grupo británico Ooberfuse de pop-electrónico lanza una nueva canción, escrita para que los miles de desplazados por el Estado Islámico no se sientan solos ante el sufrimiento.

Se llama "We Are One”, reitera el hecho de que aunque muchos de estos refugiados hayan perdido sus casas en Irak y algunos de ellos sus vidas, nunca perderán el amor y la esperanza de Dios.

La nueva canción cuenta con connotaciones cristianas "en nuestra casa, en nuestra fe, en el amor, somos uno”, canta Cherrie Anderson, la cantante de Ooberfuse. "Usted no está solo en este sueño. Somos uno”, reitera.

El videoclip se ha rodado en el campo de refugiados de Erbil, un campo que da refugio a 70.000 personas en la capital del Kurdistán iraquí. Muestra escenas de la vida cotidiana de los refugiados y refleja la cantidad de tiendas que hay en el campamento.

"We are one”, en el fondo, es un grito de apoyo. Cuenta además con la lacolaboración del Arzobispo de Erbil, Bashar Mati Warda. La canción se ha convertido un himno para todos aquellos refugiados que sufren y viven  la persecución cada día. Una muestra más de lo que los cristianos pueden hacer por aquellos que están sufriendo. 

sábado, 2 de mayo de 2015

Homilía del Quinto Domingo del Tiempo Pascual, ciclo b

DOMINGO V DE PASCUA, ciclo b, 3 de mayo 2015

            No sé si fue el lunes o el martes de esta semana cuando me acerqué al fotógrafo para revelar unas fotos. La tienda estaba muy concurrida de padres y madres llevando a sus respectivos hijos, vestidos para la ocasión,  para hacerse el reportaje de fotos por la Primera Comunión.  Parecía un pase de modelos. Como tuve que esperar me estuve entreteniendo con un gran mural de la pared todo ello repleto de fotos de niños y niñas de Primera Comunión, realizadas allí en el estudio de esa tienda. En unas los niños o bien estaban con un fondo montañoso o de árboles, o bien sentados o recostados en el suelo con algún juguete y un montón de regalos; y las niñas bien colocadas para poderse lucir el vestido con algún complemento que de ningún modo remitía a lo que se iba a celebrar. En la tienda algunos padres hablaban entre sí manifestando la suerte que habían tenido al encontrar el restaurante para la comida de ese día, ya que la mayoría estaban reservados desde hace mucho tiempo. Y yo en mi interior preguntaba al Señor: «Señor, tú en todo esto, ¿dónde estas? Señor, no te veo».  

            Hace unos días paseando por la calle Mayor de Palencia me llamó poderosamente la atención a tantos jóvenes congregados en torno de una persona que estaba subida a una mesa. Eran tantos que literalmente taponaban el tránsito de las personas. Preocupado pregunté que sucedía y un joven me respondió que estaban vendiendo las últimas 300 entradas para una mega fiesta universitaria, la llaman “la ITA”. Por cierto, una fiesta donde uno de sus lemas es: «lo que pase en la ITA, en la ITA se queda». La lujuria, las borracheras y el reinado de los bajos instintos están demasiado presentes ahí. Pero da dinero y dicen que así se promociona la universidad. Y yo pensé: la mayoría de estos jóvenes aún tendrán la foto enmarcada de su primera Comunión en alguna pared de su casa. Simplemente, muy curioso. Y yo en mi interior preguntaba al Señor: «Señor, tú en todo esto, ¿dónde estas? Señor, no te veo». 

            Cosas de la vida acompañé a  una familia a la Misa de un cabo de año en un pueblo. Era domingo. Como presbítero concelebré. Yo creo que Miliki, Fofó y Fofito, los payasos de la tele, a poco, trabajan con mucha mayor profesionalidad, dedicación, cariño y entrega que aquel párroco que presidió aquella celebración. Lo denomino con el término celebración porque si eso es una Eucaristía yo declararía públicamente que ‘su Dios no es mi Dios, ni su iglesia es mi Iglesia’. Una cantidad de mamarrachadas, de tonterías, de papelitos, de papeles para leer a dos coros durante esa ‘Misa’; que sale unas personas a leer el Evangelio, sustituyen la Palabra de Dios por un poema, se dirige a los feligreses como si estuviese en show televisivo, entre una simbiosis entre Carlos Sobera y Boris Izaguirre; sin casulla y con una estola lo más parecida a una bandera del orgullo gay. Pasa por delante del Sagrario y como cualquier cosa, etc. El caso es que hay un sector de feligreses que lo aceptan. ¿Crecer en una relación personal con Cristo que me implique un serio proceso de conversión?; hermanos, éstos, éste tema, ni se lo plantean. Deben de creer que ni el infierno ni el purgatorio existen.  Y yo en mi interior preguntaba al Señor: «Señor, tú en todo esto, ¿dónde estas? Señor, no te veo». 

            Lo nuestro ha de ser el DESPERTAR LA FE. La lectura hoy proclamada en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 9,26-31) nos dice cómo Pablo contó a los Apóstoles ¡cómo había visto al Señor en el camino! Y no sólo Pablo había visto al Señor, sino que además el Señor le había hablado. Ver al Señor es tanto como atravesar una etapa; es una revolución interna de tanta trascendencia  que se podría incluso equiparar con un volver a aprender a leer, escribir, sumar y restar; supone, implica y exige un nacer de nuevo. Tu modo de entender la vida, las relaciones, las amistades, el trabajo, la familia, todo lo que tienes y eres se adentra en una crisis sin precedentes. Para poder crecer y hacer luz en medio de esa crisis es necesario pasar esa crisis dentro de la Iglesia, en concreto, en una auténtica comunidad cristiana viva, exigente y que te ayude a redescubrir tu propio bautismo. La Palabra nos dice que «para vivir hay que morir». No podemos seguir engañándonos creyendo que se puede ser cristiano de cualquier modo. La secularización y la mundanidad y tantas otras cosas han hecho que se olvide la fe.

            En la lectura de la primera carta del apóstol San Juan ya nos exhorta con toda la claridad: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras». Y nos sigue diciendo: «Quien guarda sus mandamientos permanece el Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio» (1ª San Juan 3,18-24).

            Ver al Señor y escuchar al Señor es poner ‘de patas arriba’ toda tu existencia. A modo de ejemplo: todos sabemos lo que es un dinamo en una bicicleta, del mismo modo sabemos para lo que se usa, generar luz. La rueda da vueltas y el dinamo al estar en contacto directo con la rueda genera la electricidad para que la bombilla se encienda. El Señor no nos proporciona esa electricidad, sino lo que nos proporciona es esa sabiduría –procedente del Espíritu Santo- de la cual va brotando unos nuevos planteamientos –planteamientos antes impensables-; modos de mirar a las personas que contrastan con el modo mundano de mirar; como dice San Juan, vamos haciendo las cosas que a Dios le agradan; interiormente nos vamos regenerando; uno se esfuerza por ser fiel a Cristo no porque Cristo ‘te de con el palo’, sino que uno se esfuerza porque valora, con todas sus fuerzas, esa amistad personal con Jesucristo; de tal modo que al igual que la bombilla de la bicicleta se enciende y da luz, así nuestra vida irradiará la imagen de Cristo a los hombres.

            Cristo es la vid (Jn 15, 1-8), nosotros somos los sarmientos. Pero no cualquier sarmiento, sino un sarmiento que permanece en Él. Además el Señor, que nunca nos engaña, ya nos lo dice: «El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada». De este modo podremos exclamar jubilosos: ¡Cristo verdaderamente ha resucitado y además, le veo!

sábado, 25 de abril de 2015

Homilía del Cuarto Domingo del Tiempo Pascual, ciclo b

DOMINGO IV DEL TIEMPO PASCUAL, ciclo b, 26 de abril de 2015

LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 4,8-12
SALMO 117
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN 3,1-2
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10, 11- 18

            Hermanos, todos sabemos diferenciar perfectamente a Dios de una «máquina expendedora de refrescos».  Sin embargo no demos nada por sentado. Lo digo porque hay personas que se relacionan con Dios como si fuera esa «máquina expendedora de refrescos». Le rezan buscando únicamente que les resuelva los problemas y les consiga caprichos. Consideran que el rezo es como la moneda que uno mete en la máquina para que automáticamente salga lo que se ha pedido. Y atención, desgraciadamente, todos en un momento o en otro, podemos caer en esta tentación.

            A lo largo de toda la Historia de la Salvación Dios ha dado múltiples pruebas de que es un Dios que se relaciona con el hombre; y además se relaciona de un modo muy personal. Dios llamó a Abrahán y le hizo la promesa; Dios se manifestó a Moisés; Dios, incluso llamó a Samuel cuando era niño y le despertó por tres veces aquella noche; Dios se ha manifestado en múltiples ocasiones, pero sobre todo en su Hijo Jesucristo. Es decir, a Dios 'le gusta alternar con los hombres', le encanta 'hacer vida social' con nosotros. Sin embargo hay que aclarar una cosa ya que podemos caer en el error: Nuestra relación con Dios no se debe de parecer a la de aquel que va con su cantimplora para poderlo llenar del agua de la felicidad que mana de un manantial inagotable. O como aquel medicamento que el médico me ha recetado que tome para cuando tenga bajo el hierro. Sería algo como el Sol: todos podemos aprovecharnos de su luz y calor, pero el Sol no nos envía sus rayos pensando personalmente en cada uno de nosotros. Los rayos de Sol que yo recibo son los mismos que puede recibir cualquiera.

            En la espiritualidad cristiana nuestra relación con Dios es muy diferente. Dios no se ha limitado a crear y regir el mundo, sino que además nos conoce a cada uno de nosotros y a la perfección, tratándonos de manera personalizada. Así lo expresa el Salmo 138: «Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma». Dios nos escucha, está atento a nuestras súplicas, nos asiste personalmente con su Espíritu, sana nuestras heridas particulares. En el Salmo Responsorial de la Eucaristía de hoy, cada uno de nosotros le damos las gracias a Dios porque siempre se toma la molestia, y se toma todo el tiempo del mundo con cada uno de nosotros, y se lo decimos con estas palabras del Salmo: «Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación».  En cambio las máquinas expendedoras de refrescos o el Sol no escuchan, se limitan a dar indiscriminadamente cosas que no nos conducen a la salvación.

            La clave de que Dios sea un Dios personal y que dedique su tiempo con cada uno de nosotros -y no sólo que esté físicamente a nuestro lado, sino que comprenda las cosas que nos hacen sufrir; que nos entienda a cada cual con su propia historia de aciertos y equivocaciones; que no tenga únicamente apuntado en su mega agenda todo lo que le pedimos sino que además se lo sepa de memoria y se acuerde hasta dónde se lo hemos pedido; etc.- pues la clave de todo eso es que nos ama. Aún me acuerdo el enfado monumental que se cogió una novia con su respectivo porque el chico no se había acordado del aniversario de cuando empezaron a salir. Pues para nuestra tranquilidad Dios tiene mucha memoria.

            Ni el Sol ni las máquinas aman, por eso no se comunican de corazón a corazón con nosotros. Y cuando digo máquinas y Sol estoy metiendo en el mismo saco a todos nuestros ídolos y aquellas cosas o personas que pensamos que nos pueden salvar. Y lo más importante: Dios nos ha hecho con amor, nos ayuda con amor y nos espera en el Cielo con amor, pero no es un amor que fuerce nuestra libertad, sino que nos deja que cada cual sea responsable de su vida.

sábado, 18 de abril de 2015

Homilía del Tercer Domingo del Tiempo Pascual, ciclo b


TERCER DOMINGO DEL TIEMPO PASCUAL,  ciclo b, 19/04/2015

            Cuando estaba preparando esta Palabra ha generado dentro de mí un impulso hacia la esperanza. Os voy a comentar el por qué. La Sagrada Escritura, fuente incesante de sabiduría nos dice que «En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: –Israelitas, ¿de qué os admiráis?, ¿por qué nos miráis como si hubiésemos hecho andar a éste por nuestro propio poder o virtud?». Pedro se dirige ante esas personas que se habían congregado allí y les dice que el único que tiene poder para arrancar de cuajo las cadenas del pecado que nos ata y poder para destrozar íntegramente los grilletes que nos esclavizan es Cristo Jesús. De tal modo somos esclavizados por Satanás que nos ha podido llegar a domesticar. Este mundo está domesticado por Satanás. ¿Acaso un pájaro que desde siempre ha estado en su jaula, que ha nacido en cautiverio y en cautiverio morirá, puede llegar a soñar volando lo más alto del cielo? ¿Cómo puede un cristiano, enjaulado en su particular pecado, poder exclamar jubiloso que 'Cristo ha resucitado' si convive amigablemente con su pecado?

            Estamos en una sociedad enferma. Y ni yo ni tú estamos sanos. No estamos sanos porque cuando veo que se acerca ese hermano, ese vecino, ese compañero que me causa desagrado, yo le evito; No estoy sano porque cuando me tocan el bolsillo, el monedero, descubro que tengo más apego al dinero de lo que yo pienso; No estoy sano porque cuando tengo que posicionarme ante determinadas conversaciones, algunas de ellas subiditas de tono, o charlas cuyos participantes llegar a herir la sensibilidad de un cristiano, pues yo me callo no sea que se vayan a meter encima conmigo; No estoy sano porque estoy siendo testigo de un comportamiento indigno de una persona, yo 'me hago el loco', me desentiendo del tema porque no quiero tener problemas alegando que 'nadie me ha dado vela en este entierro', etc. Nuestro pecado nos impide poder andar con rectitud, por eso cuando Pedro y Juan, al entrar en el templo miran a aquel paralítico que les estaba llamando la atención para que le dieran limosna, ellos -Pedro y Juan-, le miraron fijamente con atención.  Son capaces de distinguir, de separar el obrar pecaminoso de la propia persona, son capaces de lanzar una mirada a lo más noble de ser humano. A lo que Pedro le dijo: «No tengo ni plata ni oro; pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar». Pedro y Juan pusieron sus ojos fijos en aquel paralítico de nacimiento que todos los días le llevaban y le colocaban junto a la puerta Hermosa del templo para pedir limosna; pues bien, ese paralítico eres tú. ¡Tu pecado te genera esa parálisis!  

            Esa parálisis es sanada en ti por Cristo. De tal modo que, si dejas que el Espíritu obre en tí -no poniéndole resistencias ni obstáculos-, tú mismo irás descubriendo todas aquellas cosas que tu propio pecado no te permitía disfrutar. Pero lo que sucede es que los malos hábitos, el mal proceder, el pensar retorcido, el apego al dinero, el desorden de los afectos, el resentimiento que se ha enquistado en el corazón, todo esto que viene de Satanás, ha echado profundas raíces malvadas en nuestro ser personal concreto. ¿Cómo permanecer en la lucha contra el pecado sin 'tirar la toalla', sin darnos por derrotados, manteniéndonos firmes ante el desaliento?¿de dónde sacar la suficiente humildad y dolor por el pecado cometido para rogar el perdón por algo de lo que previamente había jurado y perjurado no volver a caer de nuevo? Una cosa sí que os puedo asegurar, del mismo modo que los enfermos hospitalizados en las habitaciones precisan de la atención de los médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, celadores, servicio de limpieza, capellanes y demás del personal del hospital para que ese enfermo con gran calidad humana y profesional para poder ser sanado, así también cada uno de los creyentes necesitamos, y con gran urgencia, de una Comunidad Cristiana para poder avanzar por las sendas de la conversión sincera del corazón y así, con la ayuda de Dios ir arrancando de cuajo esas profundas raíces de maldad.

            Esa experiencia de sentirse sanado del pecado -y uno se va dando cuenta de esto ya que su corazón se inclina hacia las cosas de Dios y adquiere discernimiento, así como voluntad firme para perseguir las cosas del Espíritu-; cuando uno se siente sanado -el paralítico se puso en pié y empezó a saltar- es cuando uno reconoce a Cristo que está vivo y que está actuando ya que ha dejado impresa su huella en tú ser. Y los demás, que se dan cuenta de todo, se preguntarán: ¿este no es el que había metido en juicio a su hermano y se había quedado con sus tierras?, ¿cómo es posible que ahora estén tratándose como auténticos hermanos?; ¿no es aquella esa chica que estaba liada cada vez con uno?¿cómo es que ahora se mete religiosa?; ¿no es aquella jovencita la que quedó embarazada y que le dejó el novio?¿cómo es posible que haya tenido a su hijo y se la vea radiante de alegría? ¿Cómo es posible que ese matrimonio tenga tantos hijos y en su casa tengan de todo y no les falta de nada? ¿cómo es posible que ese muchacho que le veíamos borracho a la puerta del bar ahora vaya bien vestido, trabaje en un banco y no haya vuelto a beber? Pues estas cosas y más son posibles porque Cristo Resucitado ha actuado, actúa y actuará. Depende que cada uno de nosotros se lo permitamos.

            Estoy totalmente convencido que la Nueva Evangelización pasa necesariamente por la creación de Comunidades Cristianas al estilo de las de los primeros cristianos. Esto supone no un reajuste o poner un remiendo -al estilo de los remiendos en la ropa-. Esto implica pasar página a un modo determinado de ser cristiano para empezar a escribir empleando el mismo tintero que se usó para redactar todos los documentos del Concilio Vaticano II. No nos engañemos, en las Pequeñas Comunidades Cristianas -y las Parroquias deberían de ser comunidad de comunidades- es donde uno puede tener la experiencia de ser sanados de nuestro pecado avanzando por las sendas de la conversión, siempre con fidelidad al Magisterio de la Iglesia y de la mano de los sucesores de los Apóstoles.

domingo, 12 de abril de 2015

Homilía del SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA, ciclo b, DOMINGO DE LA MISERICORDIA


DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA, ciclo b, 12 de abril de 2014

            La Sagrada Escritura, durante este tiempo pascual, nos muestra los efectos de la resurrección de Cristo en los discípulos. Tal es el cambio radical que operó en los discípulos la fe en la Resurrección que Juan en su primera carta nos anima a los cristianos de todos los tiempos a vivir esta experiencia como ‘un nuevo nacimiento’ que es obra de Dios y nos capacita para ‘vencer al mundo’. Hermanos, se trata de un nuevo nacimiento; nuestro modo de entender la vida,  la labor cotidiana, el trabajo, todo lo que nos va envolviendo durante las cosas que son cotidianas ha quedado desfasado. Todo esto nos ha servido hasta ahora, pero a partir de ahora todo es distinto porque Cristo nos ha abierto las puertas de un horizonte infinito, de vida eterna; puertas que antes, si bien sabíamos que existían no nos lo terminábamos de creer.

            Nuestro mundo no cree en el hecho real de la resurrección de Jesucristo, porque el modo de actuar sigue siendo el mismo de siempre, o sea, más de lo mismo. Ya no nos debería de importar nuestras seguridades; ya no nos debería de importar nuestras posesiones porque sabemos con la certeza que es real, que Cristo Jesús al resucitar de entre los muertos saldrá a nuestro encuentro para que nosotros también resucitemos con Él. Hay cristianos, de esos que tienen su bautismo muerto, que declaran que ‘ellos, alguna vez va a Misa, por si acaso hubiera algo en el más allá’. ¿Para qué va un padre o madre de familia a ‘trasmitir la fe a sus hijos’ si viven muy felices con sus posesiones, con sus amistades, con sus seguridades, es decir que conviven en gran armonía y complicidad con sus propios ídolos? Llega el niño donde su padre y le dice: «Papa, me han puesto la catequesis el mismo día que tengo música», -y como el padre tiene menos discernimiento que el burro de mi antigua la vecina del pueblo,  que no brillaba precisamente por su lucidez le dice: «Vete a música, que cada clase me vale cara y queda mucho tiempo aún para tu Primera Comunión». Y tan fresco se queda el padre creyendo que ha ejercido su autoridad con un esplendor digno de elogio. Realmente un rebuzno de aquel burro es más sabio que las palabras de este señor.

            Cristo Resucitado nos capacita para ‘vencer al mundo’. Sacar adelante una vocación matrimonial, presbiteral, consagrada –no nos engañemos- es bastante duro y muy exigente. Y que el mundo con su mentalidad intenta ganar terreno tanto en nuestras mentes como en nuestros corazones. Aparentemente es lo mejor, lo que más apetece, lo más fácil, lo más atractivo y que nos seduce a primera vista. De tal modo que llegamos a pensar que podemos vivir como nos de la gana y nos olvidamos de nuestra realidad; y nuestra realidad es que somos como una flor campestre, que por la mañana florece y por la noche se pone mustia.

            Nosotros hemos sido consagrados por Cristo; nosotros somos templos del Espíritu del Señor y nuestro destino es ser testigos de la resurrección del Señor. «A vino nuevo, odres nuevos». Si somos testigos es porque ha habido algo que nos ha cambiado por dentro nuestra existencia. Todos estamos experimentando ese ‘nuevo nacimiento’ que no es otra cosa más que redescubrir la riqueza insondable e inabarcable que nos genera nuestro bautismo. Y esa riqueza que brota incesantemente del bautismo nos orienta, nos posiciona para ir viviendo desde las posiciones de ese nuevo nacimiento sobrenatural. Lo curioso es que, como consecuencia de ese nuevo nacimiento, uno se siente denunciado en muchas cosas, ya que comportamientos que uno llevaba a cabo en el pasado se nos revelan como impropios de un cristiano.

            Los Apóstoles gozaron de esa experiencia tan trascendental que supone el ser llamados a una vida que jamás terminará. Cuando uno sabe esto y tiene experiencia de esto se comporta del mismo modo que aquel de aquella parábola del Señor que vendió todo lo que tenía para comprar aquel campo para tener así la joya preciosa. Es ese padre de familia que ama con la integridad de su cuerpo y alma a la esposa, y viceversa, permiten que Cristo esté en medio de su hogar, se esfuerzan en trasmitir su fe a los hijos y con su forma de estar, pensar y comportarse esté haciendo presente a Cristo porque su sola presencia ya evangeliza.

            Todos tenemos que estar a la escucha del Espíritu –afinando mucho los oídos- para poder tener el discernimiento suficiente –a la luz de la Palabra- para ir naciendo a esa vida nueva en Cristo.