lunes, 7 de marzo de 2011

Domingo, 6 de Marzo de 2011; 9º ord. A: Mt 7, 21-27

Domingo, 6 de Marzo de 2011; 9º ord. A: Mt 7, 21-27

Estas palabras son el final del sermón de la montaña. El apóstol y evangelista san Mateo, más que otros evangelistas, va agrupando en unos sermones las diferentes predicaciones que Jesús fue haciendo durante aquellos años en que convivía con los apóstoles. En este sermón de la montaña reúne el evangelista gran parte de la mentalidad de Jesús sobre el comportamiento de un buen discípulo suyo. Termina ahora con una gran proclamación: Para ser discípulo suyo no basta el suplicar mucho ni el alabar, sino que es necesario el cumplir la voluntad de Dios.

Esto lo plasma en una parábola del hombre sabio y el necio en el momento de hacer la fundación o los fundamentos para su casa. No basta ver las posibilidades concretas del presente, sino hay que atender a las dificultades que puedan sobrevenir. Y por eso, porque el sabio comprende que vendrán vientos fuertes y tiempos lluviosos, construye su casa sobre un buen fundamento. Cosa que no hace el necio atendiendo a la bonanza que en ese momento encuentra.

San Mateo está escribiendo su evangelio especialmente a cristianos provenientes del judaísmo y por eso acentúa más las palabras de Jesús que van contra los fariseos. Así es todo este sermón de la montaña, y así es el final. Los fariseos eran personas que cumplían con exactitud sus rezos, sus ayunos, y a veces hasta con exageración; pero no hacían la voluntad de Dios. Jesús en alguna otra ocasión les recordó lo que ya les habían dicho algunos profetas, como lo de “este pueblo me honra con los labios, pero no con el corazón”. Y para expresar mejor que honrar con el corazón es hacer obras agradables a Dios, les recordaba aquello de: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Aquí la palabra “misericordia” significa: obras de misericordia; y “sacrificios” significa: actos de culto, que son acciones externas en favor de Dios, pero que en realidad son acciones aparentes, porque, dichas en aquel contexto, sólo buscaban el orgullo personal, no la verdadera adoración a Dios que debe estar siempre unida al amor al prójimo y al cumplimiento de todos los mandamientos.

Por lo tanto la idea principal de hoy es que no basta el escuchar o creer en Dios, porque también lo hacen los demonios, sino que se debe cumplir la voluntad de Dios. Esta voluntad de Dios la podemos ver en los mandamientos de su Ley. También en los mandamientos de la Iglesia y en los deberes del propio estado o circunstancias de cada uno. Entre los mandamientos sabemos que lo más esencial que Jesús nos enseñó fue el amarnos unos a otros; y no de cualquier manera, sino como El nos amó.

En realidad hay que huir de dos extremos. Hay personas que sólo piensan en lo práctico y no se preocupan mucho de escuchar a Dios o de tener buenos ratos de oración. Estos acaban por hacer su propia voluntad y no la de Dios. Hay otros que sólo creen estar hablando con Dios para alabar y pedir, pero no actúan con actos de misericordia. En realidad no hablan verdaderamente con Dios, como les pasaba a los fariseos. Hay que escuchar y actuar. Esto se resume en esta frase: “La fe se realiza en las obras, pero las obras no valen nada sin la fe”.

Hacer la voluntad es cumplir los grandes compromisos que expresamos para con El. Es muy importante ser “un hombre de palabra”. Quiere decir que cumplamos lo que prometemos. Esto vale para toda vida social; pero mucho más en nuestra relación para con Dios. Hay cosas que prometemos en momentos lúcidos, especialmente en algunos sacramentos, como la penitencia o la comunión. Mucho más en sacramentos que se reciben una vez, como la confirmación, el matrimonio y el orden sacerdotal. Si fallamos es porque nos comprometimos como el hombre necio del evangelio o que luego no hemos seguido ayudando al “fundamento”. Dios sí cumple, es “fiel a la alianza”. Si queremos ser sabios ante Dios prometamos de verdad; pero luego seamos constantes cumplidores de esa promesa de amor y pidamos refuerzos al Amor.

Fuente: Presbítero D. Jesús Vigo Martínez


sábado, 5 de marzo de 2011

Quiero Ser Santo

IX Domingo del Tiempo Ordinario,cicloa

IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo a.

6 de marzo de 2011

Cristo nos pide que le sigamos. Esto supone un ejercicio de nuestra libertad personal. El hombre tiene muchos condicionamientos, pero por muchos condicionamientos que tenga culturales, personales, familiares, de salud, sociales o de cualquier otra índole terminarán condicionándole para decir sí o no a Cristo, pero no le determinan; al final es el propio hombre el que debe de elegir. Por ejemplo, fue el Padre Maximiliano María Kolbe el que elige en medio de aquel lugar terrible con esa experiencia del mal, del egoísmo y de la soberbia máxima que es Auschwitz. Es él el que decide determinarse por el amor y por la entrega por el prójimo; es él el que decide cambiar su vida por la de aquel preso que iba a ser ejecutado por los nazis. Dense cuenta de los graves condicionamientos que tenía el Padre Kolbe en aquel campo de concentración, pero él se determinó por el bien, él se determinó por el amor, él se determinó por cambiar su vida por la de aquel que había sido condenado a muerte. Lo cual manifiesta que somos libres.

Sin embargo una cosa es tener la capacidad y ese poder de determinarse y otra cosa es ejercerlo. Porque puede ser que uno tenga dentro de sí ese poder pero no lo ejercite, y a base de no ejercitarlo lo tiene medio atrofiado. Y esto pasa en otras cuestiones de la vida: Uno puede tener una capacidad intelectual teórica grande para poder memorizar, pero a base de no ejercitarla la tiene un poco atrofiada; no la ha ejercitado. En vez de haberse puesto a estudiar, a leer y haber trabajado su capacidad de memorización lo ha ido dejando y al final esa capacidad no la tiene fresca, no la tiene accesible, la tiene ahí ‘aletargada’. O supongan a una persona que tenga una gran capacidad muscular pero a base de no ejercitarla, a poco esfuerzo que haga, termina con unas agujetas serias, acaba con ese dolor muscular. Una cosa es tener la capacidad o el poder de determinarse, de ser libre y otra cosa es ejercerlo. Porque puede ser que esa capacidad de libertad por no ejercitarse se debilite. No seamos ingenuos, es más sencillo no ejercitarla, porque “¿donde va Vicente?, ¡donde va la gente!”, o esas frases que tantas veces han oído los padres de sus hijos adolescente, “¡es que todo el mundo lo hace, o es que todos los de mi clase tienen esto o lo otro!”. Y claro, es más fácil dejarnos arrastrar. ¿Esa persona que apenas ejercita la libertad es libre?, sí lo es, lo que sucede es que ‘se ha dejado arrastrar’ por lo que ‘el cuerpo le pide’ y parece que esas facultades las tiene como escondidas.

El ejercicio consciente y sacrificado de nuestra libertad para seguir a Cristo nos fortalece en esa capacidad de crecimiento y de maduración en la verdad y en la bondad. Cristo te dice: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca». Esta sociedad nuestra de la tiranía del consumo y ‘del tener de todo’ nos condiciona seriamente para decir ‘no a Cristo’. Sin embargo Cristo nos da la capacidad y su Espíritu para que le sigamos. Como decimos popularmente “la pelota está en nuestro tejado”, para que podemos ejercer esa libertad para pronunciar un rotundo ‘sí a Cristo’. Y un primer paso fundamental pasa ejercitar esa libertad, apostando por Cristo, es acudir a confesarnos en la Sede del Perdón que es el Confesionario.

jueves, 3 de marzo de 2011

Una oveja negra en la familia...

UNA OVEJA NEGRA EN LA FAMILIA... ¡QUE SE LE VA A HACER!.

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/01/castillayleon/1298981057.html

Palencia Según el obispo emérito

Nicolás Castellano: 'El Vaticano no es referente para nosotros los creyentes'

  • Dejó su cargo para dedicarse a las misiones en Bolivia
  • Critica la riqueza de algunos sectores de la Iglesia

Efe Palencia

Actualizado martes 01/03/2011 17:08 horas
El obispo emérito de Palencia Nicolás castellanos, que renunció a su cargo para dedicarse a las misiones en Bolivia y creó la Fundación Hombres Nuevos, ha asegurado que "la Iglesia hoy no es un referente" en los países desarrollados y que el Vaticano tampoco lo es para los creyentes.
En declaraciones a la Ser, Nicolás Castellanos ha asegurado que cuando vuelve de España lo hace "triste por la Iglesia".
En su opinión, "la Iglesia hoy no es un referente" en los países del Norte, mientras que en los países del Sur, como Bolivia, es la institución de mayor credibilidad.
Es más, ha agregado que "la Iglesia ocupa el último lugar en credibilidad en el mundo de los jóvenes", según los datos recogidos por la encuesta sobre los jóvenes de la Fundación Santa María.
Sin embargo, el obispo emérito de Palencia ha defendido el papel y el mensaje "liberador, sanador y humanizador" de la Iglesia pero ha asegurado que "hay que ver por donde conectamos con esa sociedad multicultural, plural, multirreligiosa para que el mensaje liberador de Jesús llegue a todos".
"El Vaticano no es el referente para nosotros, los creyentes", ha señalado, al tiempo que ha asegurado que sí lo es el Evangelio de Jesús y, en los últimos tiempos, el Concilio Vaticano II, al igual que en América Latina lo son las grandes asambleas de los obispos de Medellín, Puebla o Santo Domingo.
También ha criticado la riqueza de algunos sectores de la Iglesia, argumentando que "un discípulo de Jesús no puede vivir en un Palacio", sino que debe vivir lo más sencillamente posible.
"No acumulando, sino sencillamente compartiendo, que es la palabra clave en mi vida y todos los discípulos de Jesús, compartir y ser solidario", ha añadido.
En relación con el presidente de Bolivia, Evo Morales, el padre Castellanos ha asegurado que "nunca se ha interesado por el proyecto" que la Fundación Hombres Nuevos ha desarrollado en aquel país.
Asimismo, ha apuntado que el barrio de El Plan 3.000, que tiene 300.000 habitantes -el 60% pobres y 40% en la miseria- no ha visto ninguna mejora desde que está Morales. "Ni en este barrio ni en el país", ha subrayado.
La Fundación Hombres Nuevos, creada en 1999, trabaja en los barrios más marginales de Santa Cruz de la Sierra, capital de Bolivia, una ciudad habitada por un millón y medio de personas de las que el 70 por ciento viven en la más absoluta pobreza y donde hay más de 15.000 niños que viven en la calle.
En este tiempo Hombres Nuevos ha creado más de 60 escuelas, numerosas instalaciones deportivas y de ocio, una facultad de teatro y un vivero de microempresas con capacidad para 25 negocios.EFE

sábado, 26 de febrero de 2011

Domingo VIII del Tiempo Ordinario, ciclo a

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo a.

27 de febrero de 2011

Sólo se busca lo que se valora como necesario. Puede ocurrir que en corazones católicos haya más preocupación por el futbol, por la marcha de la bolsa, por la reducción de la velocidad en las autopistas de 120 a 110 Km/h., por la constante subida de los carburantes, y por otros muchos temas que por la vida cristiana.

El futbol, la economía, el precio del carburante,… son argumentos que tocan nuestra vida, que interesan a uno más y a otros menos, que incluso exigen una reflexión seria a la luz de los auténticos principios éticos. Pero para el cristiano un tema central, del cual depende la vida eterna de miles y miles de personas, es el de ‘estar en estado de gracia’, en plena amistad con el Señor. San Pablo, cuando escribe a la comunidad de Corinto les dice que «la gente sólo vea en vosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios». Y continúa diciéndonos que «en un administrador lo que se busca es que sea fiel». Y resulta que ser fiel es algo poco atrayente y es poco atrayente porque lo ‘cómodo’, ‘lo seductor’ es ser infiel.

Sin embargo Jesucristo derramó su preciosísima Sangre en el madero de la Cruz para entregarnos el manantial con el abundante caudal de la Salvación. Dios, en virtud de su entrañable misericordia, ha abierto para nosotros las compuertas de la gran presa que contiene el agua purificadora al entregarnos el Sacramento del Perdón. Mucho nos cuesta ser administradores fieles, mucho nos cuesta amar con la diligencia que deberíamos; mucho nos cuesta ejercitar la humildad para pedir perdón; mucho nos cuesta el educar nuestra mirada; mucho nos cuesta ser prudentes en nuestras conversaciones; mucho nos cuesta dar gracias a Dios cuando disfrutamos de prosperidad; mucho nos cuesta hincar nuestra rodillas en el Confesionario, darnos un golpe de pecho y confesar nuestros pecados ante el sacerdote para obtener la absolución de Dios. Y es que resulta que ser fiel a Dios es muy duro, no nos atrae y preferimos dejarnos arrastrar por la corriente de la mediocridad.

Sin embargo es más que necesario resurgir de en medio de esta gran crisis de valores y de principios. Cristo en el Evangelio nos exhorta a que “busquemos el Reino de Dios”. Pero ¿cómo buscar el Reino de Dios cuando “nos meten por los ojos” todas aquellas cosas y pensamientos que nos alejan de Dios?. ¿Cómo suspirar por la santidad cuando las cosas mezquinas y sucias se nos regalan con un precioso papel de envoltura y además que nos atrae?. El Santo Cura de Ars que conocía los muchos pecados de sus feligreses, constantemente les estaba remitiendo al Sagrario. Y les decía: «Cuando no podamos ir a la iglesia orientémonos en la dirección del sagrario. El Señor no tiene muros que le detengan». Y del mismo modo, con esta expresión tan acertada, el Santo Cura de Ars, exhortaba a sus feligreses a cuidar con gran esmero la vida espiritual: «Nunca deberíamos interrumpir la presencia de Dios, igual que no interrumpimos la respiración». Ya que, según este gran santo nos instruía, «por muy grandes que sean nuestras ocupaciones siempre podemos rezar sin que se dañen nuestros asuntos».

VII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo a

VII Domingo del Tiempo Ordinario
20 de febrero de 2011

Si el Señor Jesús hubiera estado enfrentado a unas elecciones, el mitin del evangelio de hoy sería la peor propaganda y le quitaría la mayoría absoluta y la minoría… Se quedaba a cero en las urnas. Porque hablarnos del amor a los enemigos, cuando hoy todos, y en todo el mundo tenemos, los recuerdos de los múltiples, y de diferente origen, rencores, odios y malos entendidos, la fórmula de Jesús es como para quedarse sin público. Y no nos dice que perdonemos, que ya es difícil, porque no es cristiano decir que “perdono pero no olvido”, pero tampoco es cristiano “perdono, pero no amo”, porque el Señor dice “amar”.

Creo que a lo que más llegamos con dificultad es a prescindir de la persona enemiga, que es lo mismo que pensar que no existe, pero ya me diréis si uno que prescindiese de su madre o de su padre, y viviera como si no existieran, si los amaría. Cuando uno debe de amar y no ama está haciendo un pecado de OMISIÓN. Jesús dice amar.

Sólo un amor totalmente desinteresado puede amar así. Ninguna utilidad tuvo para Dios crear el mundo y a nosotros. No buscó su bien al enviar a su Hijo para que diera su vida por nosotros. Es totalmente un Dios que llueve sobre justos y pecadores y hace salir el sol sobre buenos y malos. Yo creo que lo que no sabemos nosotros es lo que es amor y mucho menos amor infinito.

Dios que es amor, no tiene enemigos por su parte. No puede tener enemigos porque el que declara que es enemigo de alguien ya se ha infectado del odio que ese enemigo le tiene a él. Y un amor infinito de Dios no puede infectarse con el odio. El que siente enemistad tiene que ser sincero y admitir que está lleno de odio, rencor y venganza. Y eso no cabe en Dios. Y como no cabe en nuestro Padre Dios, no debe caber en nosotros que tenemos los genes de Dios y somos en verdad hijos de Dios.

Jesús nos mandó perdonar setenta veces siete, es decir, siempre… que es decirnos que en nuestro perdón nunca debe haber una última vez. Y sin embargo nuestro lenguaje está lleno de esos ultimátum hacia nuestros enemigos: “no aguanto más”, “me las vas a pagar”, “de esta no paso”, “se va a enterar”, “ya recibió su merecido”, es lenguaje del ojo por ojo y diente por diente, y así nos metemos en el espiral de odio, que siempre crea más odio. Se busca justicia por venganza y la venganza atrae más odio.

El Señor no nos pide que dejemos inmunes los delitos, ni mucho menos que convirtamos la ley en mera protección de los asesinos, como ya está ocurriendo. Lo que nos pide es que no añadamos leña al fuego, echando al odio nuevo odio hasta que la hoguera nos consuma a todos.

Jesús murió en la cruz asesinado por sus enemigos. ¿Qué dijo Jesús de ellos? A Judas, en el Huerto de los Olivos le llamó “amigo”, “amigo a que has venido” Y en la cruz pide a su Padre: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. No los llama malos, ni pecadores, les llama simplemente ignorantes.

En una frase de una película muy antigua se decía: “a trescientos metros de distancia el enemigo es un blanco a dar, a tres metros es un hombre”. Pues pongamos a nuestros enemigos a tres metros de la Cruz de Cristo y a esa distancia mi enemigo es hermano de sangre, de una misma sangre, la de Cristo que murió por él, por mí.