martes, 10 de enero de 2023

Funeral de mi padrino de bautismo

Funeral de Pedro García Gutiérrez

Paredes de Nava (Palencia) 11 de enero de 2023

 

Hermanos, el tiempo va transcurriendo y por el camino de la vida nos van dejando muchos seres queridos, los cuales se han ganado un lugar en nuestro corazón.

Esta tierra se ha ido forjando en el tiempo con personas con ese carácter castellano que han sabido sobrevivir en los malos tiempos con su trabajo. De tal modo que su trabajo, su sentirse cristiano y su experiencia acumulada nos han ayudado a ser lo que somos nosotros ahora.

Pedro había adquirido esa capacidad de soportar el dolor sin quejarse, sin lamentarse. Es una característica que han adquirido aquellos que se han ido curtiendo con la dureza de la vida.

Y es Dios quien llamó a la existencia a Pedro y es Dios quien ahora le reclama para sí.

            Hay personas que me dicen ‘¿por qué no han vuelto nadie del más allá para decirnos cómo se está allá?’. Lo dicen porque en el fondo no se creen esto de la resurrección de los muertos y lo ven como un cuento o una fábula. Yo sé que hay uno que sí que regresó de la muerte, porque los lazos de la muerte no tuvieron la suficiente fuerza como para poderlo sujetar: Esa persona es Jesucristo. La dificultad reside en que es complicado creerse esto de la resurrección si uno no tiene ardiente  y viva la llama de la fe, ya que las sombras del dolor tienden a desanimarnos y a caer en la angustia.

            Santa Teresa de Jesús nos comenta que «la vida es una mala noche en una mala posada» [Camino de Perfección, 40,9], ya que todo lo que uno sufre, si lo hace por amor, todo adquiere sentido de plenitud y ayuda a ascender hacia la presencia de Dios. Porque, como ella misma también nos dice: «Solo el amor es el que da valor a todas las cosas» [Exclamaciones 5,2].  Todo lo que hacemos en la vida tiene valor si lo hacemos con amor; Ya San Pablo nos lo recuerda: «Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que suena o címbalo que retiñe. (…) Si no tengo amor, nada soy» [Cfr. 1 Cor 13].

            Pedro es una persona, digo que es -hablo en presente-, porque no puede morir aquel que ha sido creado por el amor con mayúsculas, que es Dios. Dios es amor y el amor no muere; luego aquel que ha sido creado a base de amor no puede desaparecer, no puede morir, no puede desvanecerse. Es verdad que el mismo Jorge Manrique nos escribió en las ‘Coplas por la muerte de su padre’, diciéndonos aquellos versos bellísimos:

«Nuestras vidas son los ríos

que van a dar al mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

e consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

e más chicos;

i llegados, son iguales

los que viven por sus manos

e los ricos».

 

Pero más cierto aún es que aquellos nombres que han sido inscritos en el Libro de la Vida, resurgirán de sus cenizas y serán conducidos la presencia del Todopoderoso. De tal modo que todo lo que acá hicimos, allá tuvo su eco, y todo el sufrimiento de esta vida servirá como catarsis, purificación para alcanzar la otra vida. Recordad: el amor no puede morir, porque Dios, que es Amor, es Eterno y Dios es nuestro Garante y nuestro constante protector.

Pedro era una persona de iglesia. Amante de su cofradía de Jesús Nazareno y de la Quinta Angustia. Con quince años empezó a ser cofrade y ha querido a su cofradía hasta el último momento. Yo he sido testigo de cómo él quería a sus hermanos cofrades del mismo modo que ellos le quieren a él. Un cofrade fiel y bueno. Pedro es de esas personas religiosas castellanas que se sentía orgulloso de ser paredeño y cofrade. El ser cofrade era algo que había vivido desde pequeño y lo llevaba en la sangre.

Recuerdo con agradecimiento la alegría que me manifestaba cuando le visitaba o hablaba con él por teléfono. Esa alegría es algo que le caracterizaba porque era una persona que le gustaba estar con la familia y con los amigos. Siempre que tenía oportunidad presumía de sus nietos y se le veía rejuvenecer cuando estaba con ellos. Para él, Paula, Daniel, Marta, Rodrigo y Sandra siempre era un motivo para sonreír y sentirse orgulloso de ellos. Sus hijos le han mostrado siempre su cariño y él lo sabía, y de hecho disfrutaba con ellos.

Pedro, a parte de ser mi tío, era mi padrino de bautismo; luego yo era su ahijado. Y yo ahora, junto con todos vosotros y la oración que aportáis, le estamos despidiendo de esta vida terrenal ya que ahora está naciendo a la vida celestial.

Pedro, cuando encuentres y te reúnas con tu esposa Teodora, dile de parte de tus hijos, de tus nietos y de toda tu familia que los dos habéis sido para nosotros un bellísimo regalo de Dios.

Dale Señor el descanso eterno y brille para él la luz eterna. Amén.

sábado, 7 de enero de 2023

Homilía del Bautismo del Señor, año 2023

 

Bautismo del Señor en el Jordán, año 2023

8 de enero de 2023

            Hoy nos encontramos a Jesús con treinta años: Pasa de la vida privada a la vida pública con la que comienza su misión [Mt 3,13-17].

Jesús, que se encontraba en Galilea, al oír hablar de su primo Juan el Bautista se dirige hacia él, hacia el Jordán. Era prácticamente al otro lado del Jordán, en la zona oriental, la cual no dista mucho de Jericó. El cual fue el punto por el cual entró el pueblo de Israel para entrar a tomar posesión de la tierra prometida. Jesús y Juan se encuentran en la parte opuesta; y Juan, desde allí bautiza. Esto tiene un significado muy importante, porque significa que les está pidiendo que hagan otro éxodo, pero ya no de Egipto, sino de Israel. Les está diciendo que su vida es un auténtico desastre y deben de retomar su vida desde la raíz. Les está interpelando diciéndoles que ¿dónde está el espíritu de los verdaderos israelitas, de auténtico pueblo fiel de la alianza? Les está diciendo que vuelvan de nuevo al exilio y que una vez que hayan sido bautizados vuelvan de nuevo a la tierra prometida. Esta era la razón por la que los fariseos y saduceos estaban enfadados y por esta razón Juan el bautista les llamaba ‘raza de víboras’ ‘¿queréis huir de la ira de Dios?, ¡convertíos y dad frutos dignos de conversión!’.

Recordemos que en Jerusalén había más de cien piscinas en torno al Templo en las que se realizaba este tipo de rito. ¿Os acordáis del paralítico que no podía entrar en la piscina cuando se removían las aguas porque siempre otro se le adelantaba?, la piscina de Betesda [Jn 5, 1-16]. En Jerusalén ya existía este tipo de ritos y ya había lugares preparados para hacerlos. Este pasaje nos remite al episodio de Naamán el Sirio cuando por siete veces se bañó en el Jordán por siete veces [2 Re 5]. Sin embargo, Jesús va al río Jordán, y en concreto en la zona de la galilea de los gentiles, que tiene un claro significado bíblico y que tiene relación con el éxodo. Es tanto como decirles que, aunque están en Jerusalén están viviendo como lo hacían en Egipto, con el pecado que les está esclavizando. Y les está diciendo que ellos, que son el pueblo de la Alianza, pero viven sin ser consecuentes con ello, van a empezar un nuevo éxodo; y es una urgente llamada a que empiecen de una vez a convertirse. Les dicen que les conviertan.

El pueblo llano sí que iba donde Juan el Bautista porque veían una coherencia en ese hombre que había estado formándose en el monasterio de Qumrán con los esenios y que había pasado un tiempo de formación y después se retiró al desierto. Y cuando esto lo oyó Jesús, Jesús se dirigió de Galilea a ese punto, a la Transjordania, la galilea de los gentiles, tierra de Zabulón y Neftalí. Esta era una tierra de paganos, no era precisamente la tierra santa. Jesús les está diciendo, venid aquí, a esta tierra pagana para volver a entrar en la tierra prometida, pero siendo otras personas, viendo como seres resucitados, permitiendo que el Espíritu more en ellos. Ellos, Jesús, Juan el Bautista y todos los que deseaban ser bautizados estaban en tierra pagana, y les dice que ‘ahora tienen que empezar una vida nueva’.

Cristo, que estaba por ahí, se pone en la fila de los pecadores, y esto fue un escándalo de Juan el Bautista: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, y ¿eres tú el que viene a mí?». Juan el Bautista, que todavía está haciendo su camino, no entiende que Cristo, el hijo de Dios se presente como el hijo del hombre, el Jesús de Nazaret que asume nuestra condición y se pone en la fila de pecadores, aun no siendo pecador, se solidariza con el género humano hasta ese punto. Y Juan el Bautista se queda escandalizado porque también Juan tiene que realizar un proceso de maduración en la fe. Es importante de resaltar al contestación que Jesús da a su primo: «Deja eso ahora; pues conviene que cumplamos lo que Dios ha dispuesto». Ese ‘deja eso’ nos remite a las tentaciones de Jesús en el desierto cuando Jesús dice al demonio que no le moleste, que le deje, que se aparte. E incluso al mismo Pedro cuando le reprende diciéndole ‘apártate de mí Satanás, tu piensas como los hombres, no como Dios’. Juan el Bautista está en ese camino de conversión al Señor y por eso el mismo Juan se escandaliza de la actuación de Jesús. Jesús le da a entender a Juan que se aparte, que no le impida que él realice su misión. El problema de fondo es que a Juan le costaba aceptar el proyecto de Dios en su vida; a Juan se resistía a creer aquello que nos dice la carta a los filipenses: «El cual, siendo de condición divina, no reivindicó su derecho a ser tratado igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre (…)» [Fil 2, 6-8].

Jesús es bautizado y Juan se queda perplejo. Juan el Bautista había recibido una revelación que le dijo ‘cuando veas al Espíritu Santo posarse sobre él en forma de paloma, ese es el hijo de Dios, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’ [Cfr. Jn 1, 32-34]. Y es más, cuando a Juan el Bautista cuando le encarcelan, mandará a sus discípulos para que le pregunten a Jesús ‘¿eres tú el que tiene que venir o tenemos que esperar a otro?’ [Cfr. Lc 7, 20]. Esto formaba parte del proceso de maduración en la fe del propio Juan el Bautista.

Jesús, al quedar sumergido en el río Jordán, es como si se solidarizara con el hombre viejo, el Adán, que muere en el río Jordán -las aguas representan la muerte- para pasar de una vida de esclavitud -el pecado- a una vida de libertad -la gracia divina-. Cristo sale de las aguas, no como Jesús de Nazaret, sino como el Hijo de Dios ‘este es mi Hijo muy amado’. Y Jesús se dirige después, con sus discípulos hacia la tierra prometida. Jesús, junto con sus discípulos, entra en la tierra prometida, entra en Israel, tal y como lo hizo el pueblo hebreo después de los cuarenta años peregrinando por el desierto tras salir de la esclavitud del faraón de Egipto.

Dios se nos da, sin que nosotros le busquemos, porque estamos muy distraídos. Porque estamos muy ocupados con nuestras cosas, con nuestros cumplimientos y todas esas cosas… y es el Señor quien se nos presenta y se nos ofrece y se nos revela a la humanidad. Y ahora la segunda parte es que nosotros nos despertemos y empecemos a ir con Él, detrás de Él, ¡que vayamos detrás de Jesucristo!


jueves, 5 de enero de 2023

Homilía de la Epifanía, Año 2023, Ciclo A


 Epifanía del Señor, año 2023, Ciclo A

            Hoy la Iglesia nos regala el capitulo dos de san Mateo [Mt 2,1-12] y nos invita a distanciarnos de todo aquello que nos pueda distorsionar su sentido más profundo. El evangelio nos habla de un rey, del rey Herodes, el cual era un rey ilegítimo. Era ilegítimo porque no tenía sangre judía en las venas y por lo tanto no podía ser rey de los judíos. Y era un rey tan sospechoso que pensaba que en cualquier momento alguien podía quitarle el trono, de tal modo que él mismo mando matar a sus propios hijos. Y en medio de este contexto de tensión aparecen unos magos diciendo «¿dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?».

Aparecen unos magos venidos de oriente. En aquel tiempo el término ‘mago’ se entendía como el adivino, el engañador, el astrólogo. De tal modo que era una actividad que venía prohibida en el libro del Levítico capítulo 19, de tal modo que en el primitivo catecismo cristiano ‘Didajé’ -palabra hebrea que significa enseñanza- el ejercer como mago estaba prohibido.

Por lo tanto, en cuanto paganos y en cuanto magos, desde el punto de vista del Antiguo Testamento eran los que estaban más alejados de Dios.  El evangelista quiere significar que el amor universal de Dios se extiende en todas partes y por todas partes: El amor de Dios es para todos y todos lo reciben con la misma calidad, incluso para aquellas personas a las que podríamos considerar despreciables.

Los magos vienen de oriente hacia Jerusalén. Y realmente los magos se confunden al ir a Jerusalén, la ciudad santa, porque Jesús no nació en Jerusalén, la ciudad santa. Jesús nace a las afueras de un pueblo llamado Belén, que significa en hebreo ‘casa del pan’. Recordemos que Cristo es el pan vivo bajado del Cielo y nace a las afueras de Belén como los excluidos, como los marginados.

Los magos van a Jerusalén, pero no van al Templo. Esto es significativo: ¿dónde van a buscar al Dios que se revela? El pueblo judío buscaba a Dios en el Templo. Cristo se revelará como aquel que muere fuera del recinto sagrado, y será colgado del madero fuera de la ciudad santa. Pues Jesús nace también fuera de la ciudad santa, nace en Belén. Dios no se hace contemporáneo ni cómplice de aquel aparato religioso; ausente totalmente de aquel aparato de la jerarquía religiosa. Y van a buscarle al castillo de Herodes, y el mismo Herodes no sabe ni dónde ni cómo buscar a ese niño recién nacido. Serán las profecías las que indican esta revelación de Dios.

El evangelista contrapone a dos reyes: a Herodes y al niño recién nacido. Los magos dicen «hemos visto salir su estrella». Los magos han sido guiados por una estrella. Los magos eran sobre todo astrólogos y se dejaban guiar por la manifestación de la naturaleza, porque Dios también se manifiesta en la naturaleza; en todo lo creado. Los magos que venían de otras religiones buscan caminos para encontrar a Dios. Los magos no siguen los caminos habituales, como hubiera sido lo más normal al acudir al Templo de Jerusalén. Ellos van a preguntar a otro rey. Y el otro rey está totalmente desorientado porque Dios se manifiesta en el hombre, en los pobres, en la miseria, en la humildad. Ante esto se plantea una cuestión ¿dónde buscamos a Dios? ¿lo buscamos en la práctica religiosa del cumplimiento y lo excluimos tan pronto como salimos a la vida cotidiana?

Esa estrella no la van a encontrar en los cielos, sino en la tierra. En aquel tiempo se pensaba que cuando nacía alguien muy importante aparecía una nueva estrella en el firmamento. Dice la Palabra que cuando escuchó esto el rey Herodes se quedó turbado, se sobresaltó. El rey Herodes era un rey que había usurpado el trono y ahora tenía miedo de perderlo. Se cuenta que toda Jerusalén se sobresaltó con Herodes, porque Jerusalén había usurpado el papel de ser el pueblo de Dios. Jerusalén se había configurado a su imagen y semejanza el modo de cómo actuar ante Dios, como un negocio, como un intercambio, y Jerusalén tenía miedo de perder el Templo.  Y ese Templo presentaba una imagen de Dios falsa, el cual no corresponde para nada al Padre de Jesús.

Nos dice el evangelista que el rey Herodes dijo a los magos «id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Aquí vemos como el evangelista presenta una imagen del poder que siempre es mentiroso y asesino. Mentiroso porque impone su poder usando de las mentiras y del engaño; y asesino porque lo defiende con la violencia. El evangelista nos pone sobre aviso sobre el modo de cómo se ha de ejercer el poder: desde el servicio.

Una vez que los magos han descubierto al autor de la vida, se arrodillan y le adoran, «ellos vuelven a su tierra por otro camino». Los magos buscaban al rey de los judíos usando de la religiosidad natural con tintes idolátricos, pero ellos vuelven con una religiosidad evangélica. Uno, con la religiosidad natural, buscamos a Dios en las prácticas religiosas, pero hay ellos llenaron su vida con el contenido cristiano, por eso se fueron por otro camino. Los magos han descubierto que amando sin medida, que anunciando con su vida lo que ellos allí han sido testigos todo adquiere un nivel sobrenatural. Que donde antes estaba un horno de odio en el corazón, ahora se torna en amor. Que uno cuanta con la ayuda de Dios para amar sin reservas, que todo pecado tiene su perdón, que toda herida tiene su cicatrización, que todo error tiene su solución. Y cuando los magos han descubierto la belleza de este gran tesoro, ellos «se retiran a su tierra por otro camino». Jesús se manifiesta de un modo que nos cambia todos los esquemas.

El evangelista cuando usa el término «se retiraron a su tierra por otro camino». Esta es una expresión muy rara que nos encontramos en el primer libro de los Reyes [1 Re 13, 9s] donde se nos indica el santuario de Betel donde se adoraba al becerro de oro, a la idolatría. El evangelista quiere indicar que Jerusalén es la antigua Betel, una ciudad idólatra y ellos se deben de distanciar de ese lugar.


sábado, 31 de diciembre de 2022

Solemnidad Santa María, Madre de Dios, 2023 Ciclo A


Santa María, Madre de Dios, Solemnidad

1 de enero de 2023

            El primer día del año se abre con un deseo de buenas noticias. Y esta buena noticia que nos anuncia el evangelista Lucas es que todos aquellos que la religión consideraba más lejos de Dios, en realidad para Jesús son los que más cercanos están.  En el evangelio de hoy [Lc 2, 16-21] nos cuenta que «los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre». Los pastores eran considerados como personas impuras, apartadas por su actividad, eran considerados como marginados, excluidos como pecadores porque vivían de una manera fuera de la ley; su tarea de cuidar al rebaño les impedía asistir a los servicios del Templo, de la sinagoga. También se creía que cuando el Mesías llegara los tendría que castigar. Pero cuando el ángel del Señor entró en contacto con los pastores y les dijo «no temáis, yo os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David un salvador» [Lc 2, 10-11]. Es decir, que cuando se presenta el ángel a los pastores no les incinera en su ira, ni los destruye, ni les pasa por la espada, sino que los envuelve con su luz, es decir, con su amor. El evangelista niega la doctrina tradicional que premia el bien y que castiga el mal. Cuando Dios se encuentra con los pecadores, no les reprocha nada, no los castiga, sino que los envuelve con su amor.

            Nos sigue contando el evangelista que fueron corriendo hacia Belén y que al verlo, contaron lo que el ángel les había dicho de aquel niño. Ellos fueron sin demora y les encontraron en aquel pesebre. El Hijo de Dios que les había sido anunciado no había nacido en el Templo ni en un lugar digno, sino que nació en un lugar desapercibido, oculto. Y los pastores después de haberlo visto dieron testimonio de lo que les habían dicho del niño. El anuncio del ángel era que les había nacido el Salvador, no el justiciero ni el verdugo.

Es significativo que toda la gente que oía este testimonio anunciado por parte de los pastores «se admiraban», pero no hay ninguna reacción de alegría por parte de la gente. Ante esta noticia la gente del pueblo no se alegra, es algo que desconcierta sobremanera. ¿Por qué? Porque en la doctrina tradicional esos pastores tendrían que haber sido castigados por ese ángel y esto escandalizó a la gente del pueblo que se consideraba fiel a la Ley de Moisés. Lo que el ángel les está anunciando a los pastores es el escándalo de la misericordia de Dios: que Dios te quiere infinitamente con ternura, y ese es el hilo conductor de todo el evangelio de Lucas.

María, por su parte, gozaba por esa novedad porque descubrió que Dios es misericordioso, que ama a sus hijos; y ella, por su parte «conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón», buscando el verdadero sentido de las cosas en su corazón. María también está desconcertada por esta novedad porque no corresponde con lo que ella siempre ha enseñado en la religión judía, pero ella no lo rechaza, se alegra por ellos. María es grande, no sólo porque ha dado a luz al Hijo de Dios, sino por tener el coraje de seguirlo y volverse su discípula, “discípula predilecta de Cristo”.

Nos dice el evangelista que «los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído». Hacen lo mismo que los ángeles, glorificar a Dios. Y glorificar a Dios es un privilegio de los ángeles y eso mismo hacían los pastores. Esta gente que era apartada y marginada estaban haciendo lo mismo que los ángeles de Dios en el cielo. Una vez que han experimentado el amor de Dios, son los que más cerca están de Dios. Pero este plan divino se encuentra con la resistencia de los hombres, la novedad traída por Jesús no será acogida por muchos.

El evangelista nos cuenta que cuando se cumplieron los ocho días prescitos para la circuncisión le hacen miembro del pueblo de Israel e hijo de Abrahán, pero ese niño había sido anunciado por el arcángel San Gabriel como Hijo del Altísimo. Hay una lucha interna entre el espíritu de la tradición hebrea y con la novedad que está irrumpiendo con Cristo, y esta novedad sale triunfante y queda plasmada cuando le pusieron el nombre de Jesús, «como lo había llamado el ángel antes de su concepción». Y el propio Jesús sabe, y así lo hará durante toda su vida, obedeciendo y escuchando a aquel que es su padre, Dios. 


domingo, 25 de diciembre de 2022

Homilía de Navidad 2022

 


Navidad 2022

            El transcurso del tiempo y la rutina de las cosas nos han ido deformando el modo de cómo debemos de descubrir la novedad de lo que vamos viviendo. Sin embargo, no olvidemos de un hecho incuestionable: Dios habla en medio de tu historia personal. Hay momentos en los que el Señor permite determinadas cosas, las cuales nos puede desencajar el corazón o generar un sufrimiento que se ancla en el ser y te va rasgando interiormente. Todo esto generaría una profunda desesperación y un deseo de ‘tirar la toalla’, de no seguir luchando porque uno puede considerar que la guerra la tiene uno perdida: Un matrimonio fracasado, un proceso de nulidad matrimonial que revela la realidad de lo que has vivido, un noviazgo roto, un empleo que nunca llega, unos problemas con los hijos de los que uno no sabe ni cómo resolverlos, una enfermedad que limita tus capacidades, una profunda decepción o un severo disgusto del que mana lágrimas... De tal modo que todos o cada uno de estos acontecimientos te van proporcionando la certeza de que lo vivido anteriormente es fruto de un fracaso, de una pérdida de tiempo, de un esfuerzo infructuoso. Por lo menos eso es lo que el Demonio quiere que creas; es más, desea que te convenzas que todo o la mayor parte de las cosas que haces no es más que una sucesión de fracasos y de decepciones. Te hace caer en la convicción de que nadie te quiere, que estas solo en medio de tu pecado, de tu tristeza, de tu angustia, de tu sufrimiento. Esta es la táctica del Demonio; aislarte para demolerte.

Sin embargo, aquel que tiene poder de sacar hijos de Abrahán de las piedras; aquel que creo la luz cuando nada existía; aquel que hizo salir agua de una roca en medio del desierto y que alimentó al pueblo de Israel en el desierto; aquel que es fiel en medio de nuestras infidelidades te dice: «Te quiero». Es entonces cuando eso que antes era imperdonable, dolorosísimo, ese severo disgusto que te arrastraba hacia la oscuridad con la suma violencia de un huracán va perdiendo intensidad y los nubarrones se van retirando permitiendo que los rayos solares lleguen a su destino. Me resuenan aquellas palabras del Papa San Juan Pablo II pronunciadas en 1987 en Chile: «¡Dios siempre puede más!».

            Si este Niño no hubiera nacido, toda nuestra vida se podría reducir a una simple hoja de un árbol caída al suelo, llamada a desaparecer sin importar a nadie: Todo para nada. Sin embargo, hoy celebramos que el Hijo del Altísimo se ha hecho carne y el amor es más fuerte que el odio o el dolor. «Sólo el amor es el que da valor a todas las cosas». Esta frase no es mía, es de Santa Teresa de Jesús. Ella sufrió muchísimo por parte de aquellos que deberían haberla apoyado, experimentó numerosas incomprensiones y persecuciones. Y apoyándose en el que es la Vida, salió triunfante de tales batallas. Y el amor es Cristo, y es Cristo, el mismo que te saca de la fosa de la muerte, te devuelve la dignidad, te seca las lágrimas de tus ojos, te cura la herida y pone a ángeles en tu camino para ayudar a recuperarte.

            Este Niño que hoy ha nacido tiene el poder de reconstruir lo que hemos destruido, de sanar lo que hemos herido, de reparar lo que hemos dañado. Dios siempre pone a ángeles que nos protegen en el camino. Siempre que Cristo ha entrado en escena en la vida de alguien, esa vida se ha recompuesto, se ha regenerado, se ha sanado. De tal modo que de un mal, teniendo a Jesús con nosotros, se revierte en un bien.


sábado, 26 de noviembre de 2022

Homilía / Comentario del Domingo Primero del Tiempo de Adviento, Ciclo A

Homilía del Domingo Primero de Adviento, Ciclo A

27 de noviembre de 2022

             Hermanos, para entender el evangelio de hoy [Mt 24, 37-44] es preciso entender el contexto. Jesús está sentado en el Monte de los Olivos, con sus discípulos, y está contemplando el maravilloso Templo de Jerusalén; y es aquí donde él pronuncia este mensaje. Se acerca la fiesta de Pascua y Jerusalén es un hervidero de peregrinos que van y vienen.

Recordemos que Jesús está hablando de un mundo que está por terminar. Y los discípulos entienden que no se refiere al mundo material: está hablando de otro mundo marcado por el pecado, del mal, de la injusticia, de la violencia. Jesús está anunciando un evento gozoso: El pecado nos ha ido degradado, nos ha ido devaluando, envileciendo llegando a convertir al hombre en bestias y que este mundo inhumano está destinado a desaparecer. Y para presentar este mensaje recurre al lenguaje apocalíptico que nos puede resultar un tanto enigmático. Jesús dice «el sol se oscurecerá, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestes se tambalearán» [Mt 24, 29]. No se trata del sol, de la luna y de las estrellas del firmamento que contemplamos. Se trata de las imágenes de las deidades celestiales que en el Medio Antiguo Oriente que todos adoraban y que eran los responsables de la vida del mundo y del destino de la humanidad: ‘Atón’ el dios de los egipcios que desde lo alto ilumina la tierra con sus rayos, del cual nació el faraón y su esposa Nefertiti. En Egipto adoraban al dios de la luna ‘Iah’; la diosa sumeria ‘Ishtar’, la estrella de la mañana. Y Jesús dice que el mundo viejo gobernado por los ídolos ha llegado a su fin. Que ese sol, esa luna y esas estrellas van a perder su esplendor. Ha venido el eclipse de todas las falsas divinidades que el hombre se había inventado. Y el creer en estas divinidades, de estos ídolos, se derivan todos los desastres en la vida.

Y hay muchas realidades materiales que el hombre ha divinizado, ha ensalzado como ídolos y han colocado en el cielo, como ocurre con el dinero. Y cuando uno adora al dios dinero, nos adentramos en ese mundo inmerso en la oscuridad del egoísmo y que genera un sinfín de sufrimientos, dramas y de lágrimas. En el cielo no podemos colocar ni el dinero ni las cosas terrenales, ya que el Cielo es la morada del único Dios y todos los ídolos han de ser echados del cielo, han de caer del cielo y deben ser devueltas a la tierra. Y esto ya lo anunció el profeta Isaías [Is 65, 17], en el año 450 a.C., en una época de injusticias sociales, de degradación moral, de corrupción. Y en este contexto hay enviados de Dios para anunciar un mensaje de esperanza para los pobres diciendo que ‘el Señor creará un cielo nuevo y una tierra nueva’. Y Jesús se está refiriendo a esta espera del mundo nuevo y del cielo nuevo limpio de todos los ídolos que hasta entonces habían poblado el cielo de la humanidad. No es un lamento por el mundo perdido, sino el proyecto de un mundo nuevo que estamos llamados a construir. El discípulo está en la certeza de la promesa de Cristo se realizará, de esa desaparición el mundo viejo y la creación del mundo nuevo. De hecho, en la segunda carta de san Pedro se nos dice que «nosotros, sin embargo, según la promesa de Dios, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en que habite la justicia» [2 Pe 3, 13]. Este mundo de amor, de esperanza, de paz que estamos llamados a construir.

Ahora bien ¿quién va a dar inicio a este nuevo mundo? Jesús, por supuesto, y Él se presenta como ‘el Hijo del hombre’. La expresión ‘Hijo del hombre’ está recogido unas setenta veces en la boca de Jesús, ya que Él mismo se define como ‘el Hijo del hombre’. De hecho, en el evangelio proclamado hoy aparece tres veces esta expresión. Y Jesús se autodefine así, como ‘el Hijo del hombre’. Nos tenemos que remitir a una visión que está relatada en el capítulo 7 del libro de Daniel en el que nos relata que el profeta dice haber visto salir del mar -símbolo de todo lo que es contrario a la vida- salir cuatro bestias. La primera era un león, símbolo del imperio babilónico: Babilonia que despedazó a todos los pueblos, como hace los leones. Y su reinado duró hasta que llegó el oso que representa el imperio medo-persa. Luego vino un leopardo que representan a los persas ya que conquistaron pronto el medio antiguo oriente. Y finalmente llegó la bestia peor de todas que representa el imperio de Egipto. Todo son escenas de guerra, de desolación, de violencia, de masacres. Esto es un mundo de bestias, no es un mundo humano.

De hecho, después de las visiones de las bestias del profeta Daniel, entra en escena un anciano de vestiduras blancas como la nieve y sus cabellos como lana pura, símbolo de la luz pura de Dios. Y ese hombre anciano representa a Dios. Y en las nubes del cielo aparece un hijo del hombre que se acerca al anciano, en hebraico es ‘Ben adam’, que se traduce como ‘hijo de Adán’. Y después de todo ese escenario de guerra, de las cuatro bestias -que representan los imperios- que habían gobernado a la humanidad basándose en la violencia, entra al final en escena un hombre, no una bestia. Y el anciano da a este hombre el poder, la gloria y el reino y que todos los pueblos estarán sujetos a Él. Y en su reino no habrá más destrucción y que será eterno.

Jesús al calificarse como el ‘Hijo del hombre’ es para decir que con él se inicia en la humanidad nueva, capaz de amar. No para competir, no para aplastar al hermano. Una humanidad de corderos, una humanidad de hombres que donan la vida, que entregan la vida, que se desgastan por amor a los hermanos. Uno es hombre no cuando domina, sino cuando se sirve. El plan de Dios que quiere para la humanidad concluirá con el final del mar, de ese mar del que aparecieron las cuatro bestias del profeta Daniel.

Jesús hace un paralelo entre lo ocurrido en la época de Noé, cuando la gente comía, bebía, se casaba…ellos no hacían nada de extraño ni nada malo. Hacían lo que nosotros hacemos también. Pero hay dos formas de comer y de beber y dos formas de vivir la propia sexualidad. Hay quien sólo se alimenta pensando en sí mismo y dejando a lado a los otros y les hay también quien parte su pan con el hermano para ayudarle a quitar el hambre. Son dos formas diferentes de saciar sus necesidades orgánicas. Hay quien piensa en el propio placer y a quienes son felices haciendo felices a los otros.

El egoísmo es lo que caracteriza al mundo viejo y la atención al otro es lo que caracteriza el mundo nuevo. ¿Cuál el error cometido por la generación de Noé? Basta con leer el capítulo seis del libro del Génesis para entender el motivo del diluvio, porque era una humanidad que no entra dentro del diseño de Dios, porque no eran hombres, sino bestias. Dice que era una humanidad corrompida y estaba llena de violencia, y esto es lo que caracteriza la humanidad vieja. Es la tentación de esclavizar al más pobre y esta humanidad estaba destinada a desaparecer. Ellos deberían de haber entendido el signo profético de Noé cuando le veían construir el arca. Y ellos no lo quisieron ver y no quisieron entrar, embarcar en la nueva humanidad. Vino el diluvio y los arrastró a todos. Y Jesucristo dice «lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Y el Hijo del hombre viene hoy en el evangelio y nos dice que prestemos atención porque hoy se puede repetir lo mismo que les pasó a los paisanos de Noé cometiendo el mismo error que los de la generación del diluvio. El Hijo del hombre te propone un nuevo modo de vivir las cosas de tu vida cotidiana, el beber, el comer, el hacer la compra, el ir al trabajo, el relacionarte con los compañeros, la relación con tu esposa o esposo, con tus hijos… etc. Porque nosotros lo podemos vivir al modo antiguo -al estilo a los de la generación de Noé con planteamientos corrompidos, egoístas- o al modo que nos plantea el Hijo del hombre, vivirlo como hombres nuevos. Por eso Jesús nos dice que estemos atentos a esto: que no repitamos el error que se cometió en el pasado, porque quedaríamos fuera de la historia de Dios.

Hay dos modos de vivir el beber, el comer, el vivir la sexualidad…uno egoísta y el otro guiado por el amor y de la alegría por ver al otro feliz. Por Jesús dice: «dos hombres estarán en el campo, a uno se le llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán». Jesús da ejemplos para mostrar que hay dos modos diversos de llevar la propia actividad profesional y personal. Una es la que no han aceptado el Reino de Dios y la propuesta del hombre nuevo que Jesús hace y la otra es la que a aceptado el Reino de Dios y ha entrado en la dinámica del mundo nuevo. Jesús recoge lo que hacían sus paisanos, los hombres al campo y las mujeres se quedaban en casa moliendo el grano para elaborar la harina y hacer el pan.

Empieza diciendo que un hombre que esta en el campo será tomado porque está involucrado en la nueva propuesta del hombre nuevo y toda su actividad está orientada según el hombre nuevo que acepta el mensaje de Jesús. Y el otro hombre se quedará, se perderá. Cuando el Evangelio entra en la vida de una persona el trabajo que antes hacía lo planteas y vives de un modo diferente, con diferentes objetivos. A modo de ejemplo, cuando Jesús se encuentra con el publicano, Jesús no le dice que deje de cobrar los impuestos, porque es un servicio que debe hacerse. Pero puede ser llevado a cabo de dos maneras: Una es la en la que se piensa enriquecerse aprovechándose la propia posición y la otra manera es la que lleva de un modo justo porque quiere que ese dinero sirva para el bien de toda la comunidad. Juan el Bautista no dice a los soldados que tiren sus armas y abandonen su profesión, ya que son necesarias para poder mantener el orden en la sociedad, pero pueden vivir su profesión de modo diverso: Una es el aprovecharse de su fuerza intimidad y cometer abusos y el otro modo es que lo vive como un servicio para el bien común, para el orden común. Y esto es aplicable a nosotros, cada cual en su situación particular.

Hay dos formas de vivir: una es la que ha entrado el mundo nuevo que acoge ya hace suya la propuesta planteada por Jesucristo y la otra es la que piensa sólo en el propio interés. Un ejemplo: un profesor que imparte una asignatura. Él puede dar la clase casi sin prepararla, no teniendo en cuenta a los alumnos que precisan más atención, y mostrándose irascible con los alumnos por no entender las cosas. El otro modo es el profesor que se prepara su clase, se toma su tiempo para prestar atención a las necesidades de sus alumnos, ejercitando la paciencia y ayudándoles a entenderlo. Son dos modos diversos de plantearse la profesión. Es cierto que la amistad, la paciencia, el trabajo extra que te generan los alumnos y el ser afable no entra dentro del contrato, pero ha entrado a formar parte del mundo nuevo porque ha acogido el mensaje de Jesucristo y viven pensando en la necesidad del hermano y vive en el amor… ese es el que se llevado. Pero el otro, que vive para sí, envuelto en su egoísmo, se queda y se pierde. Pero en el fondo lo que Jesús nos plantea es la alternativa entre si quieres vivir como un ser humano o no serlo.

Habrá dos monjas rezando en la capilla, a una se le llevarán y a otra le dejarán. Habrá dos sacerdotes celebrando la Eucaristía, a uno le llevarán y a otro le dejarán. Habrá dos obispos reunidos en asamblea….Depende si uno vive para sí o vive desde el planteamiento del Reino de Dios.

Tú no puedes perderte la oportunidad de acoger el Reino de Dios. Dice la Palabra «estad alerta, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». Es importante recordar que ese ‘viene el Hijo del hombre’, aunque está planteado en términos de futuro acontece en el aquí y ahora. Y es aquí y ahora cuando, del mismo modo que los contemporáneos de Noé veían cómo él construía el arca, nosotros ahora sí que reaccionemos optando por los valores del Reino de Dios. El Señor con su Evangelio viene hoy a ti para que aceptes ser ese hombre nuevo y tienes que ser vigilante para no perder la oportunidad de participar en el Reino de Dios. Y para urgir a esta vigilancia Jesús utiliza la imagen del ladrón cuando dice «comprended si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abriera un boquete en su casa».  La imagen del ladrón no era usada por los rabinos, sin embargo era una imagen que los cristianos entendían para estar atentos y vigilantes.

Ahora bien, ¿cómo mantenerse despiertos?, ¿cómo estar en vela? Cultivando la reflexión y el silencio en toda esta confusión que nos rodea. Cultivar la sensibilidad y los valores evangélicos no dejándonos engañar por la publicidad de la moda, de la moral actual, del pensamiento líquido e insulso que se ha colado en todos los rincones -la iglesia no se salva de esto-, luchando contra el relativismo moral o hago lo que me place y me auto justifico en mi actuación. Estar vigilante es prestar atención, saber discernir entre lo que te hace como verdadero hombre y entre aquello que te deshumaniza, aunque sea aprobado por toda la mayoría. Ahora bien ¿serán muchos o pocos los que estén en vela? Sin lugar a dudas serán pocos, tal y como pasó en los tiempos de Noé. Sin embargo, no te quite la paz esto: tú estate vigilante para no perder la oportunidad de tu vida.


domingo, 20 de noviembre de 2022

Homilía del Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario, ciclo C, CRISTO REY DEL UNIVERSO

 

Homilía del Domingo XXXIV del tiempo ordinario, ciclo c

Cristo Rey del Universo

            Estamos en el último domingo del tiempo litúrgico dedicado al evangelio de san Lucas. El evangelio de san Lucas, desde el principio se nos habla de una buena noticia y es esto es confirmado hasta el final, porque no existe una situación imposible, porque en toda situación, aunque sea muy trágica, siempre se puede esperar la certeza de que el amor de Dios, como escribe San Pablo, permanece, ya que nada nos puede separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús [Cfr. Rom 8].

            Jesús está en Jerusalén y es ahí donde el propio Jesús anuncia la ruina de esta ciudad porque lejos de convertirse al Señor siguen pensando y actuando al modo mundano. Han pervertido la relación con Dios al vivirlo como un comercio, como un trueque y no como una entrega total por amor al Padre. No han hecho caso a aquellas palabras de ‘hay que nacer de nuevo del agua y del Espíritu de Dios’, y que ‘Dios quiere misericordia y no sacrificios’.

            Pues ahora el contexto está en que Pilato entrega en manos de los judíos para ser entregado al suplicio de la crucifixión porque era necesario difamar a Jesús, ya que deseaban que muriese como un malhechor, como una maldición divina, tal y como dice el libro del Deuteronomio. Era preciso que Jesús muriese de esta manera para no dar a entender al pueblo judío que Jesús es un mártir de la causa hebrea. Y es un hombre, Jesús, que está en el patíbulo al que no demostraban ni un mínimo sentimiento de compasión: recordemos que los soldados se burlaban de Jesús. Y la violencia contra Jesús, y eso que estaba en la cruz, va a aumentando hasta niveles insufribles. Ante esto Jesús no se lamenta, no se enfada, no abría la boca, ‘como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, permanecía mudo, no abría la boca’, tal y como dice el profeta Isaías. Más sorprendentemente la única palabra que salió de Jesús fue una palabra de perdón, de justificación: ‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen’. Y eso no era una única expresión, sino que resumía todo lo que había sido su vida. Ra una aplicación práctica al amar a nuestros enemigos. A la maldición responde con bendición, tal y como dice la primera de san Pedro: «No devolváis mal por mal, ni ultraje por ultraje; al contrario, bendecid, pues habéis sido llamados a heredar la bendición» [1 Pe 3, 8]. Es la respuesta que da Jesús es una oferta constante y continua de amor.

            El evangelista Lucas vincula la crucifixión de Jesús a las tentaciones del desierto. El demonio quería que Jesús se salvase, que bajase de la cruz para que el poder de Dios no se manifestase. De hecho, en las tentaciones del desierto, el evangelista emplea una frase un tanto sibilina diciendo que ‘el diablo se alejó de él hasta el momento oportuno’, hasta la ocasión propicia para seguir tentándolo. Y esta ocasión propicia llega cuando le dicen a Jesús ‘a otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios’. Y Jesús responde abandonándose a Dios. Y continua Lucas que le ofrecieron vinagre. Mientras el vino, en la Biblia es signo de amor, la vinagre es signo del odio, ya nos lo expresa el salmo 69 “me pusieron veneno en la comida, me dieron a beber vinagre para mi sed” [Sal 69, 22]. Con la vinagre demuestran el odio que le tenían, mientras el diablo estaba allí sacando lo peor de cada cual en ese momento.

            Había allí un letrero que ponía “Este es el rey de los judíos”, lo cual estaba escrito en latín, que era la lengua de los dominadores, de los romanos; en griego que era la lengua universal en aquel momento y en hebreo que era la lengua de Jerusalén. Era un modo de burlarse de Jesús.

            Jesús no solamente estaba siendo objeto de las burlas y de los crueles ataques por parte de los sacerdotes judíos, de los soldados y del pueblo, sino también uno los crucificados le insultaba, le despreciaba diciéndole ‘¿no eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros’. Esas palabras del malhechor crucificado es la tercera vez, en ese espacio que acontece estos acontecimientos, que tientan a Jesús diciéndole que baje de la cruz. Esta tercera vez, este número tres en la simbología numérica hebraica significa lo total, lo definitivo, lo completo es la suprema tentación: ‘si eres el Cristo, si eres el Mesías usa de tu capacidad para salvarte de esto’. Pero Jesús, su capacidad la usa para salvar a los otros. Sin embargo el otro que estaba siendo crucificado reprendía al otro diciéndole «¿ni siquiera temes tú a Dios estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo» [Lc 23, 35-43]. Y se presenta la ocasión, incluso estando en los últimos instantes de su vida, para que en palabras de San Lucas: «Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él» [Hch. 10, 38]. Y ese ladrón crucificado le pide a Jesús: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Y en medio de los insultos, calumnias y gritos, hay uno que reconoce en Jesús una cualidad, una realidad diversa. Y lo reconoce una persona religiosa o un sacerdote, los cuales sólo reconocían como sagrado las cosas religiosas, y sin embargo a uno que no tenía méritos, ni virtudes, que era considerado como alguien despreciable es el único que reconoce en Jesús el ser divino y ruega por su protección. Destacar el coraje, la esperanza de este crucificado. Y es aquí donde Jesús le entrega lo que uno sólo puede soñar o esperar, ya que no sólo le recordará, sino que lo llevará consigo. Es el ejemplo vivo del pastor que echa a los hombros la oveja perdida [Lc 15, 1-7]. Y Jesús para destacar la solemnidad de este momento y de la alegría de haber encontrado a esa oveja perdida usa una expresión relevante: «En verdad yo te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». Jesús no se acodará de él estando en el paraíso, sino que ya le lleva consigo, sobre sus hombros, al paraíso.

            El Dios que se manifiesta en Jesús no es el Dios que se le gana con los méritos, sino que se abre y está disponible a aquellos que a él acudan y Dios les concede el amor como un premio, como un regalo, tal y como hizo Jesús. Ésta es la única vez que el evangelio utiliza el término ‘paraíso’ para hablar de la vida que continúa tras la muerte en la resurrección. De tal manera que, en el evangelio de Lucas, la primera persona que entrará en el paraíso con Jesús será un pecador, un canalla, un bandido. Esto supone que, a partir de este momento, las puertas del Paraíso, de la salvación están abiertas de par en par para todos aquellos que reconocen a Jesús como aquel que tiene poder de cuidarnos, sea cual sea su pasado, incluso para los del último momento, como es el caso de este crucificado. Recordemos que Jesús dijo que había venido a buscar a los enfermos y pecadores.

El hecho de que Jesús permita entrar en el cielo a un pecador puede ser algo que nos pueda escandalizar, porque no le pide ni un mínimo de penitencia y tampoco le pregunta si está arrepentido de lo que hizo, ni tampoco le dijo que se iba a quedar unos cuantos siglos en el purgatorio…sino que le dice que él, de ahora en adelante, estará en el Paraíso porque ha reconocido a Jesús como rey.

Este hecho de que entrase en ese condenado en la cruz en el Paraíso era algo que inquietaba a la primera comunidad cristiana ya que ellos eran muy rigurosos y bastante severos, sobre todo porque ese hombre ni siquiera había hecho penitencia ni se había convertido. De ahí surgió la urgencia de santificarlo y decir que era el ‘buen ladrón’ llamándole ‘Dimas’ pasando a ser el patrón de los ladrones moribundos. El evangelio que es bueno y justo hace que ninguna persona sea excluida de tener una buena muerte.


sábado, 5 de noviembre de 2022

Homilía del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, ciclo C -La vida que genera Dios no desaparece-

 


Homilía del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario, ciclo C, 6 noviembre 2022

Lc 20, 27-38 -La vida que genera Dios no desaparece-

 

            Hermanos estamos ya en la conclusión del año litúrgico.

Primero, para poder entenderlo, es preciso contextualizarlo: Éste es el penúltimo domingo. Después tenemos el domingo XXXIII -donde se nos entregará el discurso escatológico, el discurso de los últimos tiempos- y posteriormente la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo con el que se concluye el año litúrgico. Estamos acercándonos a la conclusión del año litúrgico y tenemos que relacionarlo con las celebraciones que hemos tenido últimamente, el día de todos los Santos y los fieles difuntos. Y el evangelio de hoy hay que encuadrarlo en este contexto porque el tema de este domingo es la resurrección. Y hablar de la resurrección al estar concluyendo este tiempo litúrgico es tanto como decir que estamos viviendo en la esperanza de la realidad futura que tiene que venir. Por eso empezaremos el próximo nuevo año litúrgico con el tiempo de adviento que es la invocación del ‘Maranatha’, ‘ven Señor Jesús’.

            Recordemos que habíamos dejado a Jesús en Jericó [Lc 19, 1-10], es decir a las puertas de Jerusalén. En este domingo vemos ya a Jesús en Jerusalén [Lc 20, 27-38]. Semanas antes de la pasión y muerte de Jesucristo tienen lugar las llamadas disputas de Jesús con los fariseos, los saduceos, los herodianos y con algunos otros más. Esas disputas son las que empujan el proceso de capturar a Jesús y de condenarlo a muerte. Tienes disputas Jesús por cuestiones de la Ley, por cuestiones del Templo, de la observancia. Cuando Jesús tiene las disputas con los fariseos. Los fariseos eran la clase judía más observante y eran los mejor vistos por la gente, eran personas que vivían la observancia de la Ley y no pertenecían a la institución sacerdotal. Eran gente honesta y cumplidora, eran escrupulosamente cumplidora, muy diferente de lo que nosotros entendemos por el término ‘fariseo’. Sin embargo, la gente no aguantaba a los saduceos. Los saduceos eran los que formaban parte de la institución sacerdotal, eran de la alta sociedad y eran los que ‘cortaban el bacalao’ de todo el dinero que se recaudaba para el Templo. Los saduceos vivián a costa del dinero del Templo.

            Y Jesús, después de tener disputas con los fariseos tendrá disputas con los saduceos. Cuando Jesús hizo callar a los fariseos, fueron inmediatamente los saduceos para plantearle cuestiones delicadas para ponerlo a prueba. Los saduceos estaban que rabiaban con Jesús, porque Jesús estaba atacando la mamandurria, ya que ellos vivían del cuento, sin hacer nada. Los saduceos se la tenían jurada por todo lo que les hizo en el Templo al volcarles las mesas de los cambistas, hizo un látigo con las cuerdas y les echó a todos [Cfr. Jn 2, 13-17]. Cuando Jesús dijo que ‘habéis convertido mi casa en cueva de ladrones’, pues eso iba dirigido sobre todo a los saduceos que son los recaudadores. Jesús era para ellos un serio problema porque les estaba atacando lo que a ellos les daba de comer.

Y por este motivo los saduceos en una de las disputas que tienen con Jesús le presentan la cuestión de la resurrección. Porque mientras los fariseos habían aceptado la tradición que hacía referencia a los Macabeos, que es el texto de la primera lectura de hoy, [2 Mac 7,1-2,9-14] de la resurrección, el volver otra vez a la Vida. Sin embargo, los saduceos se mofaban de esta creencia de los fariseos. ¿Por qué? Porque se encontraban muy satisfechos de su situación económica, eran los que ‘cortaban el bacalao’ y no les interesaba a ellos la vida de después. A los saduceos les interesaba la vida en el momento presente. Los saduceos querían sobre todo vivir el culto, atraer la bendición de Dios sobre el pueblo y sobre ellos mismos, porque eso les generaba unos ingresos económicos bastante considerables. La bendición de Dios conllevaba la prosperidad material y la abundancia de los hijos, en la línea de lo prometido a Abrahán ‘tu descendencia será tan abundante como las estrellas del cielo’. Por lo tanto, a los saduceos no les importaba, para nada, el más allá. Una vez que se morían se acababa todo. Los saduceos se mofaban abiertamente de esto de la resurrección. ¿En qué se basaban los saduceos para afirmar esto? En el Pentateuco, es decir en la Torah. Los saduceos no hacían tanto caso a los profetas. Mientras que para los fariseos era importante toda la sabiduría y toda la tradición profética, para los saduceos principalmente era la Torah, los cinco libros del Antiguo Testamento, sobre todo el Levítico y el Deuteronomio. Estos eran sus libros de referencia. Y mira por dónde, los saduceos hacen referencia a esos libros cuando hablaban con Jesús en la disputa para argumentar que no existe resurrección: Los saduceos hacen referencia a Moisés diciendo que no existe resurrección. Y los saduceos ponen el ejemplo de la mujer viuda de siete maridos, que al final murió la mujer. Y le preguntan los saduceos a Jesús: «¿de cuál de ellos será la mujer?». Es entonces que ponen ese caso porque tienen presente el caso de Tobías y su mujer, Sara [Tob 7, 6-14]. En ese caso de Sara que había estado casada con siete maridos y los siete murieron en la cámara nupcial durante la noche.

Los saduceos sacan a la luz ese caso y dicen que, si ha tenido siete maridos, en la resurrección de los justos ¿de quién será la esposa? Esta pregunta está haciendo referencia a la ley de Moisés del levirato. Si moría un hombre dejando a la mujer sin descendencia el hermano tenía que casarse con ella para dar descendencia a la familia y sobre todo para los temas de la herencia, para que el dinero no saliera de casa, acumular los capitales.

Y entonces Jesús haciendo referencia al libro del Levítico -libro que los saduceos admitían- les dice que el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob no es Dios de muertos, sino de vivos. La imagen que Dios les trasmite, iluminando e interpretando la imagen que han recibido del Antiguo Testamento, es que en el momento en que Dios es ‘el Dios de Abrahán’, ‘de Isaac’ ‘y de Jacob’, está diciendo que Dios no es el Dios de una nación en el sentido geográfico, sino que es el Dios de un pueblo en el sentido personal. Es un Dios que ama personalmente y que es el Dios quien les da la vida.

Y Jesús da un paso más para clarificar cuando dice que ya no estarán casados ni solteros, sino que serán ‘como los ángeles de Dios’ porque han nacido de Dios.  Aquí está la cuestión: han nacido de Dios. Los ángeles son generados por Dios, no tienen vida biológica, les genera Dios y por lo tanto es el amor. El amor y la elección de Dios va más allá del aspecto biológico, les genera como los ángeles. El amor de Dios no sólo nos ha proporciona una vida biológica, sino que su propio amor nos genera como lo hace con los ángeles. Ese amor hace imposible que mueran. El amor de Dios es lo que nos impide morir, porque el amor no muere. Es el amor de Dios el garante de nuestra vida, hasta el punto que no puede permitir que una cosa amada desaparezca. El amor de Dios genera vida y la vida que genera Dios no desaparece.

No es el dios de las otras civilizaciones como las egipcias o de la civilización griega o romana. No es el dios del panteón. No es un Dios geográfico, es un Dios personal que ama a las personas y a las cuales, aunque parezcan que están muertas, si Dios los ha amado quiere decir que no pueden desaparecer. Por eso hace referencia a los ángeles de Dios porque han sido generados por Él y no biológicamente. No pueden estar muertos porque han vivido en el amor de Dios y el amor de Dios no conduce a la muerte. Y el ejemplo lo tenemos en Cristo que fue entregado a la muerte, pero la muerte no podría tenerlo ni retenerlo como prisionero.