sábado, 13 de agosto de 2022

Homilía del Domingo XX del Tiempo Ordinario, ciclo c

 


Homilía del domingo XX del tiempo ordinario, ciclo c

14 de agosto de 2022

 

            Este evangelio está introducido con una expresión que es como una lanza profética que nos tiene que hacer reflexionar sobre el tono de nuestra vida. La expresión es la siguiente: «He venido a prender fuego en la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!». Es una expresión que parece ser formulada como un acicate contra la indiferencia.

            Alguien dijo que en nuestros días, así como en otros momentos, la estrategia del mal, la estrategia de Satanás se solía centrar especialmente en la difusión de determinados errores, en difundir herejías que rompían con la Iglesia católica, pues quizá en nuestros días su estrategia sea la de conquistar el mundo a través de la indiferencia. Hoy en día el problema fundamental que tenemos en materia de fe no es tanto la negación de un aspecto concreto de la fe o de un dogma, sino más bien una indiferencia general, una falta de adhesión firme. Este es el peor de los males, nos lo decía la Madre Teresa de Calcuta, que consiste en bostezar ante la Palabra de Dios, el  no sentir que la revelación de Dios sea una gracia para nosotros. Que nos supone que cada cual se encierre en su propia burbuja, sin que nos importe, sin sufrir, sin que vaya con nosotros lo que ocurra en el resto del mundo, o lo que ocurra a nuestro alrededor. ‘Quien ama, sufre’, y esto sin duda alguna. Porque el amor se implica y al amor conlleva un sufrimiento. Porque uno siente en sí mismo lo que siente la persona a la que se ama. Aunque hay algunos que por no sufrir, parece que renuncian a amar, y entonces se refugian en la indiferencia. A la cual contribuye mucho el relativismo ‘allá cada uno con su vida’; ‘yo ya tengo suficiente con lo mío’. Es una indiferencia ante la cual tenemos que reaccionar. El hecho de que no nos conmueva la Palabra de Dios ya es un problema. El hecho de que nos conmuevan pequeñas tonterías y que no nos conmueva lo que Dios nos ha dicho en el evangelio de hoy, quiere decir que algo está fallando en nuestra jerarquía de valores y en nuestra sensibilidad. El hecho de que no nos conmueva el sufrimiento del mundo es una señal. El Papa Francisco en su primera salida de Italia fuese a esa isla de la Medusa que se caracteriza por ser un campo de acogida de todos los inmigrantes que intentan entrar en Europa. Y el Papa lanzó un mensaje poniéndonos alerta sobre la globalización de la indiferencia, para que no nos acostumbremos a lo que nunca deberíamos de acostumbrarnos. No podemos dejar de sufrir por el mundo. Vemos muchos acontecimientos dolorosos, pero pasa el tiempo y cada cual se refugia en su propio mundo y se acostumbra o los olvida. ¿Sabéis cuántos jóvenes no saben quien fue Miguel Ángel Blanco o de los feroces asesinatos de la banda terrorista ETA? ¿Alguien se acuerda de la cantidad de niños huérfanos, de muertos y familias destrozadas ocasionadas en aquel tsunami de Tailandia del año 2004 con más de 250.000 personas muertas? ¿o de aquel niño que apareció muerto, de Aylán Kuyrdí, de tres años, muerto en una playa de Turquía, que falleció junto a su hermano de cinco y a su madre, que intentaban alcanzar la isla griega de Kos en el año  2015? Peor que la ignorancia es la indiferencia. No sé si sabéis aquel dicho, en el que uno le dice al otro ‘no sé qué es peor, si la ignorancia o la indiferencia’, a lo que el otro le responde ‘ni lo sé, ni me importa’.

            El primer significado de esta palabra del Señor, «He venido a prender fuego en la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!», es que nos duela el mundo. Que las alegrías del mundo sean las nuestras, que sus sufrimientos sean los nuestros, que podamos decir como san Pablo ‘¿Quién llora sin que yo no llore con él? ¿Quién ríe sin que yo no ría con él?’. Sentir el mundo desde el corazón de Cristo.

            A parte esta palabra del Señor nos indica que tenemos una cierta corresponsabilidad con lo que pase a nuestros hermanos: El día en que nosotros no ardamos de amor, nuestros hermanos mueren de frío. Dios ha querido que exista una preocupación de los unos por los otros. Lo peor que podemos decir es eso de ‘¿acoso soy yo el guardián de mi hermano?’. Pues claro que lo eres; y si tu no ardes, si tu no vives tu vida con fervor, alguien va a padecerlo, porque Dios ha pensado en ti como un instrumento para llegar a otros. Si un no es el padre que debe de ser; si no uno es la madre que debe de ser; si uno no es el sacerdote que debiera de ser… esa carencia va a ser notoria en el Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. ‘Nada más frío que un cristiano que se despreocupa de la salvación de los demás’, decía San Juan Crisóstomo.

            Luego también el evangelio profetiza que de aquí también se derivan divisiones: «¿Pensáis que he venido a traer la paz a la tierra? No, he venido a traer división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa…». Se refiere a que cuando el Señor nos llama a su seguimiento, primero nos implica, al implicarnos nos complica y finalmente nos simplifica. Es decir que vivir el evangelio es también complicarse, porque cuando uno sigue a Jesucristo con coherencia saltan chispas, habrá incomprensiones. El evangelio que es muy sincero nos previene que habrá incomprensiones y habrá también un nivel de persecución por fidelidad al evangelio.

            Pero esto no nos debe de acobardar, porque sabemos bien a quien seguimos.

 

sábado, 9 de julio de 2022

Homilía del Domingo XV del Tiempo Ordinario, ciclo C

 Domingo XV del Tiempo Ordinario, ciclo C

10/07/2022

 


            Hoy la Palabra nos regala la parábola del buen samaritano [Lc 10, 25-37]. Y esta parábola está entroncada con el mandamiento principal de la Ley y nos ayuda a cómo ejercitarlo.

Que un culto teólogo –un maestro de la Ley- pregunte a un laico, a Jesús, por el camino de la vida eterna, era entonces tan desacostumbrado como lo sería hoy. No sabemos las razones que tenía este hombre en su corazón para hacer esta pregunta, si era una pregunta capciosa y con mala intencionalidad o simplemente este  hombre se sintió cautivado y turbado en su conciencia por Jesús. Y Jesús, de modo sorprendente, le muestra la acción como el camino de la vida. Todo el saber teológico no sirve de nada si el amor a Dios y al “compañero” no determina la conducta de la vida.

Por ejemplo, yo sé si soy un buen vecino –sobre en todo este tiempo que hemos vivido de pandemia-, si me he preocupado de cómo estaban de salud, si me he prestado a ayudarles a la hora de hacerles la compra, e incluso la comida por su debilidad, si he estado pendiente llamándoles por teléfono o hablándoles detrás de la puerta de la entrada; si les he dado un poco de conversación para que ellos pudieran sobrellevar su angustia y soledad; si he rezado por ellos… hay una infinidad de ejemplos para darnos cuenta de cómo el amor a Dios y al “compañero” determina la conducta de mi vida.     

            Porque “compañero” o “prójimo” no es mi compatriota, no es mi amigo o conocido. Por ejemplo, los fariseos se inclinaban por excluir del término “prójimo” a los no fariseos; los esenios exigían que se debía de odiar “a todos los hijos de las tinieblas”; una declaración rabínica enseñaba que a los herejes, delatores y renegados “se les arroje a una fosa y no se les saque”, y una extendida máxima popular excluía del mandamiento del amor al enemigo personal. Esta máxima popular decía: “Vosotros habéis oído que Dios ha dicho: Debes amar a tu compatriota, solamente a tu enemigo no tienes necesidad de amar”. Por lo tanto, a Jesús no se le pide una definición del concepto “compañero” o “prójimo”, sino que debe de decir dónde se encuentra los límites del deber del amor dentro de la comunidad del pueblo. ¿Hasta dónde alcanza mi obligación? Este es el sentido de la pregunta.

            Y Jesús da respuesta a esta pregunta de hasta dónde alcanza los límites del deber del amor contándonos una historia que enlaza con un hecho real. «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto». Hay una larga bajada solitaria de Jerusalén a Jericó –son 27 kilómetros-, muy famosa por los asaltos de los ladrones. Además nos dice la parábola que “le molieron a palos”, esto hace sospechar que la víctima intentó defenderse.

            Las narraciones tripartitas, donde entra en escena tres personajes, lo que esperan los oyentes es que después del sacerdote y del levita apareciese un israelita laico. Por lo que para ellos es inesperado y ofensivo que el tercero, que cumple el mandamiento del amor, sea un samaritano. Las relaciones entre los judíos y los bastardos –así llamaban a los samaritanos- estaban bastante exacerbadas. Recordemos que en torno al año 6 al 9 después de Jesucristo, los samaritanos habían profanado el local del Templo durante una fiesta de Pascua, esparciendo huesos humanos. Entre ambas partes dominaba un odio irreconciliable. Por eso Jesús elige intencionadamente ejemplos extremos para que se den cuenta de lo ilimitado que ha de ser el mandamiento del amor.

            Probablemente sería un comerciante samaritano que llevaba consigo las mercancías sobre un asno o sobre un mulo y que él mismo estaba montado en un segundo animal. Dice que “echó aceite y vino a sus heridas”, el aceite para calmar y el vino para desinfectar y que le “vendó las heridas”. Difícilmente llevaría vendas consigo; desgarraría su pañuelo de cabeza o su vestido interior de lienzo. Y le montó “en su propia cabalgadura” y le llevó a una posada. Una posada de la que probablemente tuviese amistad con el posadero y anuncia su pronto regreso.

            Además, da al posadero “dos denarios”, cuando el pan necesario para un día costaba un doceavo de denario. O sea que tendría pan para 24 días. Ahora bien la pregunta clave: “¿Quién de los tres, crees tú, fue el prójimo del asaltado?”. Mientras que el doctor de la Ley pregunta por el objeto del amor -¿a quién tengo que tratar como compañero, como prójimo?-, Jesús pregunta por el sujeto del amor -¿quién ha obrado como compañero, como prójimo?-. El doctor de la Ley piensa a partir de sí, cuando pregunta: ¿dónde está el límite de mi deber?  Jesús le dice: piensa a partir del que padece necesidad, colócate en su situación, reflexiona: ¿quién espera ayuda de mí? Entonces verás que no hay límites para el mandamiento del amor.

sábado, 25 de junio de 2022

Homilía del Domingo XIII del Tiempo Ordinario, Ciclo C

 Homilía del Domingo XIII del Tiempo Ordinario, ciclo C

             Las lecturas de este domingo plantean un tema muy troncal en la vida espiritual: ¿Cuál es la relación que hay entre libertad y obediencia apostólica? ¿Cómo conjugar la libertad y el seguimiento a Jesucristo?

            Daros cuenta de la visión del mundo respecto a Cristo: Si uno tiene que seguir a alguien, en la medida en que se sujete a él, en la medida en que tenga una obediencia se va atando. Dios nos ofrece unos Mandamientos y Cristo se nos ofrece como Camino, Verdad y Vida; por lo tanto si es Camino y él nos ofrece su camino, uno se está atando. Y si uno se está atando es menos libre. Planteándolo así parece que Jesucristo no está fundando nuestra libertad, sino que más bien está condicionando nuestra libertad. Ésta es la visión del mundo, es la visión, desde la lógica mundada más extendida. La lógica mundana dice, yo no quiero atarme a unos mandamientos, yo quiero hacer en cada momento ‘lo que me venga en gana’. Esta es la concepción que el mundo tiene de libertad.

            Pero en la segunda lectura, en la carta de San Pablo a los Gálatas [Gal 5, 1. 13-18] nos dice que habéis sido llamados a vivir en la libertad, «vuestra vocación es la libertad; no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor». San Pablo nos da a entender que el concepto cristiano de libertad no coincide con ‘hace una cosa y su contraria’. Porque nosotros confundimos libertad con libre albedrío. El libre albedrío es el poder hacer una cosa y su contraria. Pero el concepto cristiano de libertad es otra cosa.

San Agustín definió la libertad de la siguiente manera: Es la capacidad del hombre de determinarse para el bien. Es la plena decisión de decir, entrego totalmente mi vida al bien. El que uno se determine para el mal no es libertad, sino libre albedrío, eso es destruir la libertad. La libertad es una capacidad que nos permite participar con Dios en el bien y en la entrega al bien. La libertad nos hace que no seamos simplemente receptores pasivos del bien, sino que también Dios te permite para que también ese bien esté descubierto por ti. Es la verdad la que nos hace libres, no es la falsedad la que nos hace libres.

En el evangelio hay escenas de gran exigencia evangélica en las que aquellos que quieran seguir a Jesús saben que aquellos que le sigan no van a tener ni donde dormir. ‘Las zorras tienen madriguera y los pájaros nido, pero el hijo del hombre no tiene ni donde reclinar la cabeza’. El Señor te dice, ‘¿quieres venir conmigo?, pero puede ser que esta noche durmamos debajo de un puente’. Tienes que tener plena disponibilidad; tienes que tener la obediencia apostólica de no hacer lo que a ti te apetece en cada momento. El seguimiento de Jesucristo tiene que tener la capacidad de superar los apegos. Es verdad que Jesús emplea una serie de expresiones que no hay que entenderlas al pie de la letra, cuando dice ‘voy primero a enterrar a mi padre’, y el Señor le responde ‘deja que los muertos entierren a sus muertos’. Esta expresión la Iglesia nunca la ha pretendido entender literalmente. Como aquella otra expresión que te dice ‘si tu mano te hace caer, córtatela, o si tu ojo te hace caer, sácatelo’. Son expresiones que la Iglesia no las ha interpretado literalmente, pero sí es un reflejo de la radicalidad necesaria para seguir a Jesucristo.

Seguir a Jesucristo es tener claro que hay que priorizar, y si uno tiene que priorizar uno ha de tener un corazón libre de apegos para poner a Dios lo primero en nuestra vida. Para ser libre hay que tener el corazón purificado de apegos. Si mi corazón está lleno de apegos, de apegos al dinero, apegos a personas determinadas, apegos a formas de ver la vida… entonces es muy difícil ser libre para seguir a Jesús, porque estás esclavizado a tus apegos. San Juan de la Cruz ponía un ejemplo muy gráfico: Esto es como un ave, un águila que está atada con una cadena a una roca. Y otra ave está atada con un fino hilo a una roca. Es verdad que es más difícil romper una cadena que un hilo fino. El hilo fino parece una pequeñez, pero hasta que no lo rompas no vuelas’.  Así también a nosotros, a veces, nuestra libertad está atrapada por grandes pecados o por grandes esclavitudes. Otras veces por pequeños hilos, apegos, que te parecerán pequeñeces pero que nos quitan la libertad para seguir a Jesucristo.

Os voy a hacer una pregunta para que ayudar a distinguir qué diferencia hay entre ‘quiero’ y ‘me apetece’. Es verdad que es una pregunta un poco compleja. ¿Qué diferencia hay entre ‘quiero’ y ‘me apetece’? Parece lo mismo, pero no es lo mismo. Vamos a ver, en los días de labor ¿a qué hora te levantas para ir a trabajar? Pues a las seis de la mañana. ¿Crees que apetecía levantarse a las seis de la mañana? A todas luces a nadie apetece levantarse a esas horas. Pero sin embargo lo aceptamos, lo queremos, porque de no querer no nos hubiésemos levantado. De hecho decidimos levantarnos pronto y lo hemos hecho libremente, aunque no apetecía. Nuestra libertad está en nuestro querer, no en nuestro apetecer. Necesitamos purificarnos de los apegos de la apetencia para ser libres, sino no lo seremos nunca. En esa distinción entre querer y apetecer nos va la vida. Hay que saber distinguir entre lo que uno quiere y lo que a uno le apetece. Esto es fundamental ya que es un signo de madurez. Por eso la segunda lectura, la lectura a los Gálatas es muy interesante porque nos descubre, nos revela cuál es el concepto cristiano de la libertad. Para que nuestra libertad sea la capacidad para disponernos y entregarnos para el bien, y hacer de nuestra vida una entrega en el seguimiento a Jesucristo.

sábado, 11 de junio de 2022

Homilía de la Santísima Trinidad 2022

 

Domingo de la Santísima Trinidad

12 de junio de 2021, Ciclo C

 


            Hoy celebramos a la Santísima Trinidad, que es el misterio de Dios, y el hombre tiene una cierta capacidad de conocer a Dios. Podemos deducir, a través de las obras, de las criaturas de las que estamos rodeados, la existencia de un creador. El hombre tiene una capacidad natural de conocer a Dios. Pero una cosa es conocer la existencia de un ser supremo, infinito, fuente de la creación y origen del mundo; y otra cosa distinta es conocerle en su interioridad, conocerle en su intimidad, el ¿cómo es Dios? Y claro está, el definir el cómo es Dios supera nuestra capacidad natural de conocimiento de Dios, y requiere de la misericordia de Dios el revelarse, y esto es la revelación.

            En la revelación hemos conocido que Dios es el amante, al amado y el amor. Dios Padre el amante; Dios Hijo el amado y Dios Espíritu Santo el amor. Y además, afirmamos que hemos sido creados a su imagen y semejanza; por eso nos importa mucho conocer cómo es Dios, conocer su intimidad, pues dado que hemos sido creados a su imagen y semejanza, difícilmente nos entenderemos a nosotros mismos sin conocer a Dios. Es como una persona que no ha podido conocer a sus padres y quisiera poder conocerlos, porque se da cuenta de que si no ha conocido a sus padres, él no llega a conocerse a sí mismo; su propia personalidad permanece oculta porque si no conozco a mis progenitores, yo mismo no termino de entenderme. Porque de nuestros padres hemos recibido una gran heredad espiritual, no sólo un parecido físico. Por eso aplicando este ejemplo a lo que es nuestra relación con Dios, nosotros queremos conocer a nuestro Padre que es Dios, el cual nos ha hecho a su imagen y semejanza. Y si no le conocemos, nosotros no terminaremos de conocernos porque Él ha puesto su sello en nosotros.

Y ese sello que Dios ha puesto en nosotros tiene una característica muy especial, porque Dios no es un ser solitario, ni un ser aislado ni individual. Dios es un ser comunitario, es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo: es comunión de amor. Y esto que pertenece a la esencia de Dios está marcado, como un sello, en nosotros. El hombre tiene una vocación a la comunión de amor. Y es paradójico observar que en la medida que en nuestra cultura se ha secularizado, precisamente una de las consecuencias de esa secularización ha sido el perder ese sentido comunitario que tenemos. El hombre secularizado se ha aislado y vive mucho más aislado que el hombre religioso. Más aislado de la propia familia, es una familia menos extensa, es más nuclear, tiene menos relaciones familiares; más aislado de la propia Iglesia, el hombre tiene una religiosidad en la que la vida de Iglesia no le identifica; más aislado de la sociedad, donde las relaciones sociales son mínimas y cada uno vive aislado en pequeña burbuja. El hombre secularizado tiende a aislarse porque al alejarse de Dios va perdiendo la huella que Dios ha inscrito en nosotros a vivir en comunión, a ser imagen y semejanza del Dios que es comunión. Vivir menos en familia, vivir menos en Iglesia, vivir menos en sociedad es fruto de la secularización. Dios no ha querido que seamos autosuficientes, no nos ha hecho autosuficientes; nos ha hecho seres en comunión, con una misteriosa relación entre nosotros, muy superior a la que podemos percibir visualmente.

sábado, 21 de mayo de 2022

Homilía del Domingo VI del Tiempo Pascual, Ciclo C



Homilía del Domingo VI del Tiempo Pascual, ciclo c

22 de mayo de 2022 [Jn 14, 23-29]

             Hoy en el Evangelio hemos escuchado las últimas palabras, puestas en los labios de Jesús, antes de ascender al Padre. Jesús se presenta como el misionero del Padre: El Padre le ha enviado, él ha hecho una misión en el mundo y ahora retorna al Padre. El misionero vuelve a la casa de la que partió.

Y en el momento de su despedida Jesús subraya lo principal. Pero ¿qué es lo principal? En primer lugar subraya la obediencia al Padre, el que seamos obedientes, que cumplamos su palabra; el que ama a Dios guardará la Palabra, el que ama a Dios cumplirá los mandamientos. Jesús nos pide ese voto grande de la obediencia a Dios. En medio de un mundo que ofrece libertad, pero que luego esclaviza, sin embargo Jesús pide obediencia a la Ley de Dios para que luego uno pueda ser plenamente libre. Es una paradoja que es muy importante que cada uno de nosotros descubra en su vida. El mundo ofrece libertad para luego esclavizarnos, y Jesús nos pide que cumplamos los mandamientos del Padre que nos hacen plenamente libres. Por eso en el momento de la despedida les dice ‘cumplid mi palabra, guardad mis mandamientos’. Y esto es importante en nuestra cultura porque valoramos la religiosidad en la medida en que nos sintamos bien o me ayuda para sentirme bien, de tal modo que uno puede pretender, en vez de ser servidor de Dios, el tener a Dios a su servicio. Y terminar creyendo en un dios que nos hemos hecho a nuestra imagen y semejanza. La espiritualidad no es un recurso para sentirse bien, sino que es el conocimiento del Dios verdadero y el seguimiento de Jesucristo y el servicio a Dios. La verdadera religiosidad es la que procura la conversión del hombre desde la búsqueda de la voluntad de Dios. ‘¿Señor, qué quieres de mí?, ¿qué camino me muestras para llegar a Dios?’ La primera palabra que Jesús nos da es ser obedientes, cumplid mi palabra, guardad mis mandamientos.

La segunda palabra que nos da es que esa petición de obediencia no es al modo de cómo un amo se lo ordena a un esclavo, esa obediencia no es una obediencia en una moral de esclavos, sino en una moral de hijos. Dios te pide que le obedezcas y te está ofreciendo su intimidad. Jesús quiere que tengamos plena intimidad con él, por eso en el evangelio de hoy nos dice ‘el que guarde mi palabra, el que me obedezca, vendremos a él y haremos morada en él’. Dios te promete intimidad con Él. Jesucristo te promete intimidad con él en esta vida antes de llegar al cielo. Estamos llamados a que la intimidad a la que estamos llamados a vivir en el Cielo, la vivamos ya en esta vida. Dios es más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad; relación personal con Dios, amistad con Él. Jesucristo, en el evangelio de este domingo, nos promete la inhabitación, que Dios vive en nosotros. ¿Queremos tener intimidad con Él? ¿Queremos gozar de esa relación personal que Dios quiere tener con nosotros?.

Por último, este mensaje de Jesús, el misionero, el que retorna al Padre que nos pide que le obedezcamos y nos ofrece su intimidad, nos dice `yo os voy a dar el Espíritu Santo’, ‘no vais a quedar solos’, ‘en medio de las dificultades vais a tener la inspiración de ese Espíritu que camina en medio de las dificultades de vuestra vida’, ‘que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde’, dice el evangelio de hoy. Habrá muchas dificultades y problemas, pero el Espíritu te va a iluminar, te va a sostener en todo momento.

En este discurso de despedida Jesús nos da sus últimas palabras, antes de subir al Padre, porque Él, aún estando en la diestra del Padre, nos ha prometido ‘yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’.


sábado, 14 de mayo de 2022

Homilía del Domingo V del tiempo de Pascua, ciclo C [Jn 13,31-33a.34-35]

 Domingo 5º de Pascua, ciclo C

 


            El Evangelio que hoy se proclama está tomado de ese discurso que Jesús pronunció después de la última cena, antes de ser prendido. Y el contexto es clave para poder entender el mensaje. Empieza el evangelio diciendo ‘cuando salió Judas del cenáculo’… cuando Judas sale del cenáculo, Jesús se queda con los suyos y comparte sus últimas voluntades con los suyos porque sabe que esa noche va a ser entregado y sorprendentemente dice ‘ahora es glorificado el Hijo del hombre’. Pero lo curioso es que nosotros percibimos que en ese ‘ahora’ viene el momento más oscuro ya que viene la pasión. Sin embargo Jesús dice ‘ahora es glorificado el Hijo del hombre’. Es como si Jesús quisiera subrayar que la glorificación acontece ya en la pasión. Es como si fuera un error pensar ‘a ver cuando pasa la pasión de la cruz para que se inicie el proceso de la glorificación’. Pero es que resulta que la glorificación acontece ya en medio de la cruz.

            Esto es una gran enseñanza para nosotros porque nosotros podemos vivir el misterio de la cruz en nuestra vida sin esa conciencia, como esperando a ver cuándo pasa ese momento de sufrimiento y llega la resurrección. Alguien decía que en el momento de la cruz lo que había que hacer era ‘abrir el paraguas y esperar a que escampe’. Es verdad que esto es un consejo básico en la vida espiritual, sin embargo Jesús aquí nos dice algo más, no solamente nos dice que en el momento de la turbación hay que permanecer firme y no huir, el no bajarse de la cruz…, sino que nos parece que Jesús nos dice algo más; ‘mira que a la luz de la fe, por encima de esos nubarrones, se ve ya el sol’, ‘aparece ya la gloria en medio de la cruz’. Por la manera de cómo Jesús vive su pasión, por esa capacidad que tiene Jesús de sufrir perdonando a los que comenten contra él todas esas injurias. Por esa paz y ese señorío con el que Él puede abrazar la cruz, por eso la glorificación está aconteciendo ya. Acordaros de aquel centurión que viendo cómo Jesús moría dijo: ‘verdaderamente este hombre es hijo de Dios’. Los padecimientos de Jesús manifiesta que está aconteciendo ya una glorificación.

            Es preciso pedir a Dios esta luz de la fe para poder percibir cómo Dios está presente en medio de las circunstancias que nosotros llamaríamos que son pasión en nuestra vida. Pedir la gracia de cómo nuestras pasiones nos ayudan a ser más humildes, que eso me configura más con Jesús, de cómo eso me purifica interiormente; de tal modo que ya estoy siendo glorificado en medio de la pasión.

           

 

 

domingo, 8 de mayo de 2022

Homilía del Cuarto Domingo de Pascua, ciclo C

 Domingo IV del tiempo Pascual

08/05/2022

 


            En este domingo cuarto del tiempo pascual estamos celebrando el domingo del Buen Pastor. Fijaros que tuvo y tiene importancia la imagen del buen pastor que en el primer siglo, las primeras imágenes, las primeras iconografías que conservamos de Jesucristo y en las catacumbas y en otros lugares…no son las del Cristo crucificado, sino que las primeras imágenes que hicieron fueron las de Jesús buen pastor.

            Es importante esta imagen del buen pastor porque nuestra fe no se puede concluir creyendo en que Dios es Padre es Padre en cuanto sólo nos ha creado y nos ha traído a este mundo. Su paternidad va mucho más allá: no solo creemos que Él nos ha creado, sino que también en todo momento nos ha acompañado y que también que camina junto a nosotros, es pastor, nos cuida, nos guía, nos alienta, nos indica el camino. En esta cultura racionalista en la que vivimos se creen en Dios a modo de un ‘dios relojero’, entendido esa imagen como un ingeniero que construye un reloj, pero una vez construido le pone una pila y se desentiende del reloj, y ya no tiene relación con el reloj, lo lanza al mercado, se vende y el relojero no sabe ya donde está el reloj que él mismo ha creado. Dios no es así. Dios no sólo nos ha creado, sino que nos ha dado a cada uno de nosotros un proyecto de vida, una vocación, un plan personal de amor y nos acompaña, nos guía de una forma apasionada.

Además Dios nos quiere tanto que hasta nos dedica su tiempo. Porque la imagen del buen pastor nos indica a alguien que dedica su tiempo a cuidar a las ovejas. Y desde nuestra mentalidad racionalista le diríamos: ¡pues hombre, pongamos un pastor eléctrico, o a un robot, o llenemos todo de videocámaras porque es mucho dedicar a una persona 24 horas al día a cuidar de las ovejas. Es como demasiada dedicación… pero es que ser pastor consiste en decir ‘yo no tengo nada mejor que hacer que cuidar de mis ovejas, es lo más importante’.

Esa imagen traslada a Dios supone que su principal quehacer es amarnos y cuidarnos. Y ese cuidarnos lo hace personalmente con cada uno. Al mismo tiempo esa imagen que dedica su tiempo y que su vida es amarnos. Y claro está, esto supone tener una respuesta por nuestra parte. Pero ¿qué es ser oveja de Cristo? Me acuerdo que una vez dando catequesis comenté que Jesús quería de nosotros que fuésemos ovejas y no cabras. Y una niña me dice, ‘¿y qué diferencia hay entre oveja y cabra?’. Y yo le respondí que ‘las ovejas suelen ir juntas, van en familia y las cabras van por libre; y los que seguimos a Jesús tenemos que formar una familia y la fe la compartimos y la vivimos juntos; y además las ovejas suelen ir por un camino, mientras que las cabras tienden a subirse por las peñas y por los riscos más peligrosos’.  Es cierto que ante la dedicación del Buen Pastor con nosotros, tenemos que responder como ovejas, como seguidores suyos, poniendo el pie donde Él lo ha puesto antes: caminar detrás de Él es poner nuestros pies en sus huellas, en las huellas que Él ha ido dejando en el camino, como cuando uno va a la playa y pone las huellas donde otro ha ido antes. Ser seguidor de Jesucristo es poner las huellas en el mismo lugar donde Cristo las ha puesto.

Necesitamos, hoy más que nunca, modelos de referencia, un pastoreo en nuestra vida, porque la mayor pobreza en nuestra cultura es la orfandad moral. La mayor pobreza es la carencia de sentido y necesitamos en quien poner nuestros ojos. Alguien a quien se le pueda decir ‘síguele’. Síguele, porque siguiéndole a él encontraras el camino que Dios ha pensado para ti, y para tu vida. Necesitamos referentes morales y eso es lo que la iglesia nos presenta en los santos y, por supuesto, es lo que la Iglesia nos presenta en Jesucristo en este domingo del Buen Pastor.

jueves, 14 de abril de 2022

Homilía del Jueves Santo 2022

 


Jueves Santo 2022

            Hoy es Jueves Santo. Nosotros los cristianos tenemos una dificultad que debemos de superar: Estamos acostumbrados a ver las cosas ya sea desde la barrera hasta las gradas más altas, pero evitamos el ruedo, es decir, donde se cuecen los acontecimientos fundamentales, donde los toros salen bravíos por la puerta de los toriles. Luego ¿qué es la Semana Santa para aquellos que la viven desde la barrera hasta las gradas más altas?, no será de ser más que un momento de encuentro emotivo ante los pasos procesionales, un asistir a los cultos y un reunirse con los familiares durante estos días. Y yo os lanzo una cuestión: Esto que estamos celebrando, que es la muerte y resurrección de Cristo, que es lo más importante de nuestra fe y en dónde se juega toda nuestra salvación ¿genera en mí un dinamismo de conversión, de tener sed del Dios vivo, de romper con mis planes para seguir los planes que Dios tiene para mí? Aparte de lo emotivo que puedan tener estos días ¿sientes que Cristo te llama a que entregues toda tu vida por amor a tus hermanos? ¿Te das cuenta si de algún modo Cristo tiene algún tipo de influencia en tu vida? ¿Estás satisfecho con tu vida, con tu familia, con tu trabajo, con tus relaciones personales, familiares, laborales, sociales y eclesiales? Porque si te encuentras satisfecho de lo que eras y de cómo vives es porque aún no te has planteado ni la posibilidad de iniciar un proceso de conversión y te encontrarás muy cómodo en las gradas más altas de esa plaza taurina. Pero te recuerdo, que tu salvación está en juego.

            Pero si optas por estar en el ruedo, donde se cuece estos acontecimientos salvíficos de Jesucristo, todo va cambiando. Nos sucederá como esos pasatiempos de los periódicos donde nos retan a que encontremos las siete diferencias entre dos dibujos muy semejantes o que nos plantean que descubramos los errores en las imágenes para superar los acertijos/retos visuales. Al estar al lado de Cristo, Cristo te pone en la verdad para que descubras cómo tu pecado te está condicionando/perjudicando en todas las facetas de tu vida y tú ni te has percatado de ello, porque el Demonio te ha domesticado con sus constantes mentiras. Por ejemplo, durante esta cuaresma ¿qué grado de generosidad has tenido a la hora de dar limosnas, a la hora ayunar y de hacer oración –sobre todo por tus enemigos? Esta cuaresma ¿te ha servido para amar de corazón a tu esposo o esposa, perdonándole aunque sepas de antemano que la otra persona no tiene la razón? ¿O te has estado moviendo esta cuaresma en un ambiente de confort, de comodidad, sin complicarte la existencia? Porque si has estado viviendo durante estos cuarenta días sin complicarte la vida, se podría entender que ni te planteases estar ahora mismo en el ruedo de la plaza taurina.

            Hoy Cristo nos regala tres dones, totalmente necesarios para nosotros, la institución del Orden Sacerdotal, la institución de la Eucaristía y el mandamiento del Amor fraterno. Y si has vivido estos cuarenta días de preparación para la Pascua con intensidad te estarás dando cuenta que tienes a Jesucristo como tu principal aliado contra tu propio pecado, y que amando sin reservas a los demás es como descubrirás la Vida que sólo Dios te puede conceder.

 

14 de abril de 2022