Homilía Breve del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario,
Ciclo
A – Mt 14, 13-21
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Homilía Breve del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario,
Ciclo
A – Mt 14, 13-21
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
¿Estamos tomando nuestras decisiones sobre el amor con libertad o pensamos, deseamos y elegimos mucho más condicionados de lo que creemos? El noviazgo de los jóvenes de hoy se desarrolla entre dificultades muy reales: precariedad laboral, problemas para acceder a una vivienda, heridas afectivas, presión social, redes sociales, algoritmos y una cultura que presenta el compromiso estable como una pérdida de libertad. En este capítulo de Amar sin perderse abordamos por qué aprender a pensar, formar un criterio propio y comprender la realidad resulta indispensable para construir una relación de pareja madura. Porque amar bien no significa ignorar las dificultades ni dejarse arrastrar por ellas, sino aprender a discernir juntos qué merece verdaderamente orientar la propia vida.
¿Cómo se aprende a amar cuando la voluntad es débil, aparecen heridas, miedos o tentaciones y no basta simplemente con proponerse cambiar? En esta entrega de Amar sin perderse descubrimos cómo la gracia de Dios puede sanar y fortalecer la libertad sin sustituir nuestra responsabilidad. El noviazgo se convierte así en una verdadera escuela para aprender a pedir perdón, afrontar el miedo al compromiso, vivir la castidad, cuidar los límites, ordenar los deseos y dejarse acompañar por la comunidad cristiana. Porque una relación madura no se construye evitando toda caída, sino aprendiendo a levantarse, elegir nuevamente el bien y dejar que Dios sostenga una libertad capaz de amar de manera concreta y fiel.
Amar sin perderse
Madurez, noviazgo y vida compartida en
tiempos líquidos
Capítulo 3ºB
Cuando Dios despierta la libertad:
voluntad, gracia y amor concreto
¿Puede sostenerse una relación solamente con sentimientos y buenas intenciones? Amar también exige aprender a elegir el bien cuando no apetece, dominar los impulsos, cumplir la palabra dada y educar una libertad capaz de perseverar. En este capítulo de Amar sin perderse descubrimos por qué la voluntad, los hábitos y la disciplina son fundamentales para la madurez personal, el noviazgo y una futura vida matrimonial. A través de situaciones muy cotidianas —el móvil, las conversaciones aplazadas, los enfados, las pequeñas promesas o la oración— veremos cómo la verdadera libertad no consiste en hacer siempre lo que sentimos, sino en llegar a ser capaces de elegir aquello que nos permite amar mejor.
Amar sin perderse
Madurez, noviazgo y vida compartida en
tiempos líquidos
Capítulo 3ºA
La voluntad:
Aprender a elegir el bien cuando no apetece
¿Basta con conocerse psicológicamente para aprender a amar bien? Comprender nuestras heridas, miedos y dependencias es necesario, pero la vida cristiana abre una dimensión todavía más profunda: también necesitamos reconocer el pecado, dejarnos transformar por la gracia, aprender a rezar y descubrir nuestra vocación. En esta segunda parte de Amar sin perderse abordamos cómo la fe puede ayudar a madurar afectivamente durante el noviazgo, discernir el matrimonio y vivir después la convivencia cotidiana con mayor libertad, verdad y capacidad de perdón. Porque el matrimonio cristiano no une a dos personas perfectas, sino a dos personas llamadas a seguir creciendo, convirtiéndose y aprendiendo a amar juntas.
Amar sin perderse
Madurez, noviazgo y vida compartida en
tiempos líquidos
Capítulo 2ºB
Cuando
Dios afina la orquesta:
pecado, gracia, oración y vocación
¿Qué significa ser una persona madura dentro de una relación de pareja? Cumplir años no garantiza haber aprendido a gobernar los propios miedos, heridas, emociones, deseos o inseguridades. En este capítulo de Amar sin perderse descubrimos cómo influyen en el noviazgo la dependencia emocional, la autoestima, el miedo al compromiso, las heridas del pasado y la dificultad para tolerar la frustración. Madurar afectivamente no consiste en dejar de sentir, sino en aprender a comprender lo que sucede dentro de nosotros y elegir cómo responder. Desde una mirada humana y cristiana, este recorrido muestra por qué aprender a gobernarse a uno mismo es indispensable para poder amar al otro con libertad.
Madurez, noviazgo y vida compartida en tiempos líquidos
Capítulo 2ºA
Madurar no es cumplir años:
la orquesta interior